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      <title>El poblamiento de América by Nicolas Baiotti</title>
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      <description>1° Cs Sociales. San Luis.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2018-04-12 14:23:31 UTC</pubDate>
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         <title>Relato: El último mamut. </title>
         <author>nicolasbaiotti</author>
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         <description><![CDATA[<div><br><br>Si me hubiesen contado esta historia, yo creería que es una leyenda o un mito. Pero como me sucedió a mí, Uruk, puedo atestiguar de su veracidad. Hace 10 años atrás yo era un joven&nbsp; inexperto en asuntos de mayores, como la caza. Solía quedarme con mi mamá y hermanos y hermanas, mientras los hombres de nuestra tribu se disponían a viajar en busca de el sostén de nuestra vida: el gran mamut. Mi madre solía llorar y despedir a mi padre con lágrimas en los ojos, ya que muchos hombres no regresaban de tal misión. El frío extremo, las lágrimas de mi mamá, el viento soplando fuerte. Si recurro a mis recuerdos, casi los puedo tocar con mis manos. Mi padre era el líder de nuestra tribu, esto se había decidido por su habilidad como guerrero y cazador. Como tal, debía mostrar entereza y ser fuerte. "Siempre que tengas miedo, recuerda que eres mi hijo y aprieta esto con fuerza", fueron sus palabras antes de partir.&nbsp; Mi regalo era un colmillo de Mamut, el cual todavía conservo. Supongo que hubiese elegido otras palabras para despedirse de mí como "te quiero" o "nos veremos pronto, hijo". Pero su rol y el destino que me esperaba eran más importantes. Dependía de ese grupo de hombres y el resultado de la cacería que siguiéramos existiendo.&nbsp;<br>Nuestra vida era muy dura. Las pieles de los mamuts nos brindaban abrigo en las largas temporadas congeladas. El frío hacía que casi no sienta mis pies y que el tacto sea algo distante, lejano. De vez en cuando, recorremos junto con las otras familias de la tribu , largas distancias a través del paisaje blanco.&nbsp; Mi tarea es mantener el fuego encendido. Mi abuelo me enseñó la técnica para encenderlo. El decía que era un regalo de los dioses y, que si se apagaba, el gran gato de colmillos largos se enteraría y vendría a la aldea. Una vez vi a uno. Nuestro fuego lo ahuyentó, y entonces descubrí el poder que los dioses nos habían dado: soy el espanta monstruos, el protector de la aldea.&nbsp;<br>Pasaron dos noches desde que mi papá se fue. A la mañana siento el ladrido de los perros que nos acompañan. Una caravana de hombres se acercan festejando. En medio de ellos, arrastrado por cuerdas, viene el derrotado: El mamut había caído ante las lanzas y las rocas de los humanos. Entre los hombres distingo a uno que viene en una especie de camilla hecha de troncos y pieles. Descubro, a lo lejos, las botas de cuero de mi padre, adornadas con tejidos de mi madre. "No te preocupes", me dice un cazador mientras me sostiene para contenerme. "Es solo una herida superficial. Tu padre es fuerte, el más fuerte".&nbsp;<br>Caída la noche, entré en su tienda a escondidas. Estaba dormido. "Papá", le susurre. "Soy yo, Uruk".&nbsp;<br>Levantando su mirada al techo, casi inconsciente me dijo: "Cuida a la tribu como si fuese tu familia, hijo. Aprende de los mayores. Cuando tengas miedo, acuérdate de quién eres. Piensa en mí y ahí estaré".&nbsp;<br>Nunca supe que serían sus últimas palabras. Luego de su muerte, hicimos un ritual para que su llegada al mundo de los muertos sea exitosa. Solíamos sacrificar animales y hacer ofrendas de frutos que solíamos recolectar.&nbsp;<br>"Ahora es su turno". "No tiene experiencia, ¿ Qué podemos esperar?". Escuchaba esos susurros entre la gente que acompañaba el rito funerario de mi padre. Todas las miradas recaen sobre mí. Ya podía sentir el peso de ser el hijo de mi padre.&nbsp;<br>El día llegó. Iba a ser puesto a prueba. Solíamos ser puestos a exigentes pruebas. Hasta llegar a la final: la búsqueda del gran mamut.&nbsp;<br>Emprendo mi camino. Luego de superar pruebas cada vez más complejas, he llegado al reto final. La noche dibuja un paisaje de soledad y silencio. Pienso en mi padre, en mi infancia, en mi responsabilidad. La carga la siento sobre mis hombros y mis pasos son cada vez más pesados. De repente, oigo poderosos estruendos en el suelo. Mi instinto me inclina a acercarme hacia el temblor. Aunque hace frío, sudor se desliza por mi cara. Ahí estaba yo, solo frente a la noche y sus peligros. El mamut que había acabado con la vida de mi padre, era el inicio de mi vida como adulto. De mí dependía el legado que había confiado mi padre. Siento la respiración del animal cada vez más cerca. De repente dos brillos iluminados por mi antorcha me miran fijo, desafiandome. En esos 10 segundos pensé en las palabras de mi padre: "piensa en mí. Aprieta fuerte el colmillo y ahí estaré". Sujetando el colmillo y con mi lanza en la mano, me enfrento al animal con los primeros rayos del amanecer. Se notaba agotado, ya que la vegetación era escasa por las capas de nieve y hielo que cubrían el suelo. Yo no estaba en mejores condiciones. Mis reservas de alimento se habían agotado.Estaba débil y hambriento. Cuando lanzo la primera estocada, el animal me arroja por los aires. Puedo agarrar un resto de leña encendida y acecho al animal nuevamente. Esta vez, casi agotado, huye. Corro detrás de él. Cuando estoy a punto de alcanzarlo, un gran puente de hielo salva al animal casi acorralado por el precipicio de una gran caída. Me detengo. El animal huye, y casi como en muestra de respeto, se da vuelta para mirarme a los ojos por última vez.&nbsp;<br>Vuelvo con mi tribu, La sangre en mi lanza son pruebas de mi enfrentamiento con la bestia. Más allá de la tregua entre los dos, el último mamut que íbamos a ver me mostró nuestra salvación: el puente de hielo que nos condujo a nuevas y mejores tierras.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2018-04-12 15:47:07 UTC</pubDate>
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         <pubDate>2020-05-29 17:38:32 UTC</pubDate>
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         <pubDate>2020-06-03 14:25:57 UTC</pubDate>
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