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      <title>Palabras y gestos por la paz. by Joaquin Soult</title>
      <link>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4</link>
      <description>Alumnos de 2 º de ESO.
Curso 2014/2015</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2015-01-28 17:29:38 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2025-03-31 16:38:18 UTC</lastBuildDate>
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      <item>
         <title>PALABRAS DE PAZ/ GESTOS DE PAZ</title>
         <author>jsoult</author>
         <link>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4/wish/47687155</link>
         <description><![CDATA[<p>Los relatos aquí escritos han sido realizados por alumnos y alumnas de 2º de ESO del instituto San Isidoro de Sevilla.</p>]]></description>
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         <pubDate>2015-01-28 17:35:36 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Teresa Rodríguez Lanceta / Gestos de Paz&amp;nbsp;&amp;nbsp;2 C ESO</title>
         <author>jsoult</author>
         <link>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4/wish/48797751</link>
         <description><![CDATA[<p>
</p><p>El último trozo de hielo se derritió. Con él las últimas
ilusiones desaparecieron. La falsa esperanza se esfumó.</p>
<p>El mundo se había convertido en una mezcla de agua salada y
dulce infinita. La gente había empezado a vivir en la superficie marina. Los
adultos habían desarrollado escamas por todo el cuerpo, todas de tonos dorados
resplandecientes. De los niños y niñas sobresalía una larga cola de pez, en las
zonas más cercanas al ecuador de colores rojizos y en las zonas más cercanas a
los polos, intensos colores azules.</p>
<p>Desde que el Sol había empezado a acercarse lentamente a la
Tierra, todas las personas sabían nadar, los adultos moviendo a la vez piernas
y brazos, y los niños, agitando sus largas colas coloridas. Eran capaces de
aguantar bajo el agua minutos y minutos sin la necesidad de salir a la
superficie. La biodiversidad había pasado a componerse de humanos y especies
animales acostumbradas a nadar. Y en los lugares más habitados por los animales
más peligrosos, la raza humana había empezado a desaparecer.</p>
<p>El último trozo de hielo había sido la guía de la subida de
temperaturas, de la proximidad del Sol. Si en pocos años el hielo había pasado
a ser agua, en pocos años ese agua se evaporaría, en pocos años la piel de las
personas empezaría a secarse y deshidratarse. Y el mundo se convertiría en
terreno seco y agrietado.</p>
<p>Los científicos debían investigar sin abusar de la
contaminación, ya que eso solo aceleraría la subida de las temperaturas.</p>
<p>Las personas se alimentaban de algas y peces crudos que
atrapaban con algunas redes que no habían ido a parar al fondo del mar, como
casi todo.</p>
<p>Los niños no eran conscientes de todos los cambios que se
habían producido, ni de lo que era capaz de producir cualquier nuevo cambio,
simplemente se divertían yendo de una lado a otro, nadando junto a los peces y
enseñando a los demás los vivos colores de sus colas.</p>
<p>Los adultos empezaron a agobiarse con tanta agua a su
alrededor y sentirse inseguros de las bestias que la habitaban. Y, poco a poco,
eran consumidos por la locura, necesitaban un orden, un orden  que era imposible conseguir. Los adultos se
mordían con sus nuevos afilados colmillos adaptados a las condiciones, se
autodestruían o atacaban por sorpresa a cualquiera que se encontrase cerca.
Pero siempre surgían las peleas entre las personas más mayores, y no entre los
niños que estaban aterrados e intentaban agruparse entre ellos para no ser
atacados.</p>
<p>En la superficie se hallaban miles de cuerpos desangrados,
con múltiples heridas. Muchas veces la locura llevó a muchas personas a
arrancarse sus propias escamas, sin piedad de ellos mismos.</p>
<p>Con tablas de madera que habían quedado en las profundidades
marinas, los niños trabajaron para construir una cabaña donde refugiarse y
hacer planes.</p>
<p>Pero eran demasiadas imágenes terribles las que quedarían en
las cabezas de los más pequeños.</p>
<p>Un día, Diana, una niña de tan solo 10 años, vio como su
hermano temblaba en un rincón de la cabaña, agarrándose las piernas con los
brazos.</p>
<p>“ Esto no puede seguir así, los mayores morirán consumidos
en la locura y los más pequeños de miedo.”</p>
<p>Y así, junto a muchos niños que pensaban igual que ella,
puso muebles de las profundidades unos encima de otros, hasta conseguir formar
una plataforma por encima del mar.</p>
<p>Todos la miraban, sorprendidos. Cuando consiguió captar la
atención de todos los que le rodeaban, agitando sus extremidades para
mantenerse en el agua y escucharla, empezó a hablar:</p>
<p>- Creo que no debo de ser la más sabia de los presentes,
pero soy de los pocos que se han dado cuenta del desastre al que nos ha llevado
estar todo el día en el agua. Deberíamos pensar, intentar buscar soluciones a
este gran problema, en vez de matarnos a nosotros mismos. Podríamos agrupar
muchos más muebles del fondo del mar para formar una pequeña ciudad.</p>
<p>Con pocos días de trabajo sería suficiente, ya que casi
todos los humanos yacen muertos en la superficie y quedamos pocos por morir.</p>

<p>“Lo que hoy nos cueste, mañana será lo que sonreiremos.”</p>
<p>Y se acercó las manos a la boca, dio un beso en ellas y
sopló, como si ese beso fuese dirigido a todo ser vivo. Como si fuera un gesto
de paz. Como si aquella frase hubiera sido la clave para salir de aquel
infierno.</p>

<p></p>]]></description>
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         <pubDate>2015-02-05 17:31:40 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4/wish/48797751</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Nicolás Martínez Pérez / Palabras de paz</title>
         <author>jsoult</author>
         <link>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4/wish/49076612</link>
         <description><![CDATA[<p><span style="font-size: 13px;">Año 2124. Por fin, había terminado </span><span style="font-size: 13px;">la tercera guerra mundial. Una auténtica masacre. Todo empezó cuando las grandes potencias aprovecharon sus materiales  nucleares para amenazar a las demás y después atacándolos. &nbsp;Los </span><span style="font-size: 13px;">Yihadistas a los Estados Unidos, Corea a Rusia… </span></p><p>Ni una ciudad se libró de los estallidos producidos por las bombas. Una verdadera matanza entre seres de la misma especie. En los oídos de las personas sólo se escuchaban disparos y estallidos.</p><p>Todo esto ya había terminado. La OMP, &nbsp;Organización Mundial de Pacifistas, le había propuesto al pequeño grupo de seres humanos que había sobrevivido que se hablara lo menos posible de la guerra y todo lo relacionado con esta.</p><p>Nadie hablaba ya del tema y mucho menos los propios Pacifistas.
Uno de ellos era el rey Heimanz II de &nbsp;Liechtenstein, pero este no había seguido lo
acordado. Le contaba todo lo que había peleado por el fin de la guerra a su hijo Check XXVII, las típicas batallitas, y como había sido la guerra. Su hijo sabía historias de la guerra y lo que era la guerra, pero nunca le habían contado que era la paz. Su padre solo hablaba de la guerra y como terminó, pero que terminara no significaba que hubiera paz. El príncipe quería saber a qué le llamaba la gente “paz”, y que no solo se lo contara su padre. Por ello propuso a hacer un concurso para todos los habitantes de Nueva Tierra, para poder saber exactamente que era la paz. Él quería algo objetivo. Los participantes deberían traer cualquier cosa fabricada por ellos que le pudiera
enseñar lo que era la paz, ya que su duda y su frustración eran inmensas.</p><p>Jovetick&nbsp; O´kak era un habitante de las afueras del barrio donde se encontraba el castillo. Era un hombre bajito y rechoncho. &nbsp;Era medio calvo, es decir, pelo largo por los lados y una calva por arriba. Tenía unas gafas gruesas que no paraban de caérsele &nbsp;porque tenía una nariz muy pequeña. Tenía rasgados ojos marrones igual que el poco pelo que tenía. Se dedicaba a hacer figuras de madera. Cogía la madera de los bosques de los alrededores y la pintura en el mercado de la ciudad. Vivía en una cabaña con un perro que siempre le acompañaba. Uno de los días que iba a comprar pintura a la ciudad se encontró con uno de los muchos carteles que el príncipe había colgado por las calles: </p><p>SE ORGANIZA CONCURSO </p><p>El príncipe&nbsp; busca la inspiración p<span style="font-size: 13px;">ara saber qué es la paz.</span></p><p><span style="font-size: 13px;">El ganador se llevará 100.000 K.</span><br></p><p><span style="font-size: 13px;">Se busca algo que sea sólido. Debe </span><span style="font-size: 13px;">de ser algo objetivo.</span></p><p>¿Cómo podría explicar la paz objetivamente? Porque la paz era algo muy subjetivo. No podría hacer ninguna escultura de madera, eso era demasiado subjetivo. Din, din, din, se le encendió la bombilla en lo alto de la cabeza. Cogió un trozo de cuero, un taco de folios, una pluma y empezó a escribir. Iba a crear un diccionario sobre la paz. En la primera página puso “El conjunto de todas estas palabras forman la paz”. Empezó a escribir palabras y sus respectivas definiciones en las siguientes páginas: amistad, solidaridad, justicia, respeto, empatía, igualdad…&nbsp;&nbsp;</p><p>Fue una idea estupenda, no había nada más objetivo que un diccionario.</p><p>Allí estaba a primera hora de la mañana el día del concurso. Se abrieron las puertas del castillo. </p><p>En la sala de espera, mientras Jovetick estaba sentado esperando su turno, todos los demás concursantes andurreaban intranquilos cada uno con sus trabajos: gente recitando poemas,&nbsp; cantando canciones, &nbsp;leyendo historias…</p><p>Llegaba el momento de Jovetick y las puertas del salón se le
abrían.<span style="font-size: 13px;">&nbsp;</span></p><p>Buenos días – decía el rey, sentado en el trono real
junto a su hijo el príncipe.</p><p>Buenos días. Aquí os dejo mi trabajo – le decía
Jovetick mientras le daba el diccionario y le hacia una reverencia</p><p><span>
</span>¡Perfecto, esto es justo lo que buscaba! – decía el
príncipe tras haber dedicado un tiempo a leérselo entero.</p><p> – Enhorabuena, eres el ganador.</p><p><b>FIN</b></p>]]></description>
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         <pubDate>2015-02-08 19:07:22 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4/wish/49076612</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Teresa Rodríguez Lanceta / Palabras de paz, gestos de paz.</title>
         <author>jsoult</author>
         <link>https://padlet.com/jsoult/w9v3pw94tv4/wish/49902942</link>
         <description><![CDATA[<p>                                                 
El último trozo de hielo se derritió. Con él las últimas ilusiones desaparecieron. La falsa esperanza se esfumó.

El mundo se había convertido en una mezcla de agua salada y dulce infinita. La gente había empezado a vivir en la superficie marina. Los adultos habían desarrollado escamas por todo el cuerpo, todas de tonos dorados, resplandecientes. De los niños y niñas sobresalía una larga cola de pez, en las zonas más cercanas al ecuador de colores rojizos y en las zonas más cercanas a los polos, intensos colores azules.

Desde que el Sol había empezado a acercarse lentamente a la Tierra, todas las personas sabían nadar, los adultos moviendo a la vez piernas y brazos, y los niños, agitando sus largas colas coloridas. Eran capaces de aguantar bajo el agua minutos y minutos sin la necesidad de salir a la superficie. La biodiversidad había pasado a componerse de humanos y especies animales acostumbradas a nadar. Y en los lugares más habitados por los animales más peligrosos, la raza humana había empezado a desaparecer.

El último trozo de hielo había sido la guía de la subida de temperaturas, de la próximidad del Sol. Si en pocos años el hielo había pasado a ser agua, en pocos años ese agua se evaporaría, en pocos años la piel de las personas empezaría a secarse y deshidratarse. Y el mundo se convertiría en terreno seco y agrietado.

Los científicos debían investigar sin abusar de la contaminación, ya que eso solo aceleraría la subida de las temperaturas.

Las personas se alimentaban de algas y peces crudos que atrapaban con algunas redes que no no habían ido a parar al fondo del mar, como casi todo.

Los niños no eran conscientes de todos los cambios que se habían producido, ni lo de lo que era cspsz de producir cualquier nuevo cambio, simplemente se divertían llendo de una lado a otro, nadando junto a los peces y enseñando a los demás los ivos colores de sus colas.
Los adultos empezaron a agorbiarse con tanta agua a su alrededor y sentirse inseguros de las bestias que la habitaban. Y, poco a poco, eran consumidos por la locura, necesitaban un orden, un orden  que era imposible conseguir. Los adultos se mordían con sus nuevos afilados colmillos adactados a las condiciones, se autodestruían o atacaban por sorpresa a cualquiera que se encotrase cerca. Pero siempre surgían las peleas entre las personas más mayores, y no entre los niños que estaban aterrados e intentaban agruparse entre ellos para no ser atacados.

En la superficie se hallaban miles de cuerpos desangrados, con múltiples heridas. Muchas veces la locuara llevo a muchas personas a arrancarse sus propias escamas, sin piedad de ellos mismos.

Con tablas de madera que habían quedado en las profundidades marinas, los niños trabajaron para construir una cabaña donde refugiarse y hacer planes.

Pero eran demasiadas imagenes terribles las que quedarían en las cabezas de los más peuqeños.

Un día, Diana, una niña de tan solo 10 años, vio como su hermano temblaba en un ricón de la cabaña, agarrandose las piernas con los brazos.

“ Esto no puede seguir así, los mayores moriran consumidos en la locura y los más pequeños de miedo.”

Y así, junto a muchos niños que pensaban igual que ella, puso muebles de las profundidades unos encima de otros, hasta conseguir formar una plataforma por encima del mar.

Todos la miraban, soprendidos. Cuando consiguió captar la atención de todos los que le rodeaban, agitando sus extremidades para mantenerse en el agua y escucharla, empezó a hablar:

- Creo que no debo de ser la más sabia de los presentes, pero soy de los pocos que se han dado cuenta del desastre al que nos ha llevado estar todo el día en el agua. Deberíamos pensar, intentar buscar soluciones a este gran problema, en vez de matarnos a nosotros mismos. Podríamos agrupar muchos más muebles del fondo del mar para formar una pequeña ciudad.

Con pocos días de trabajo sería suficiente, ya que casi todos los humanos yacen muertos en la superficie y quedamos pocos por morir.
“Lo que hoy nos cueste, mañana será lo que sonreiremos.”

Y se acercó las manos a la boca, dió un beso en ellas y sopló, como si ese beso fuese dirigido a todo ser vivo. Como si fuera un gesto de paz. Como si aquella frase hubiera sido la clave para salir de auqel infierno.

</p>]]></description>
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         <pubDate>2015-02-13 17:18:46 UTC</pubDate>
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