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      <title>Las ideas sobre la mujer en esos tiempos by 737 Revista</title>
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      <description>En los tiempos de la revolución, las mujeres según su pertenencia de clase eran consideradas por los pensadores de distintas maneras, pero rara vez como seres humanos con derechos. </description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2020-06-19 14:24:10 UTC</pubDate>
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         <title>Nieta del lodo</title>
         <author>737revista</author>
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         <description><![CDATA[<div>Ya  desde la Edad Media la diferencia de sexos era una cuestión biológica. Para la Iglesia, institución absolutamente dominante durante todos esos siglos, las mujeres eran seres débiles, moralmente, ya que constituían la imagen de la puerta del pecado; y físicamente, debido a la menstruación, que se entendía como lo sucio y diabólico que salía de ellas.<br><br></div><div>A finales del siglo XVII el jesuita Garau, del Santo Oficio, sostenía: <br><br></div><div><em><mark>“Bien conocida es la debilidad dese Sexo. Nieta del Iodo: hija de la carne de Adán, y de un pequeño hueso... soys un compuesto de pasiones que os inclinan a mil defectos... pronta en la ira, lo que le falta de fuerza en las manos, lo tiene de veneno en la lengua... la fragilidad de su sexo, ni de ordinario, la capacidad de su mente, les permite manejar las glorias del valor, ni del saber”.</mark></em><em><br></em><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-19 14:28:55 UTC</pubDate>
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         <title>Docilidad</title>
         <author>737revista</author>
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         <description><![CDATA[<div>El pensamiento ilustrado que se consolidó en Europa durante el siglo XVIII y en el que se formó Belgrano en su estadía en España, con todas las transformaciones  sociales y culturales que generó, tuvo sin embargo, entre sus grandes contradicciones, la forma en cómo consideraba a las mujeres. Russeau, un autor leído por Belgrano, sostenía por ejemplo:<br><br></div><div><em><mark>«Por lo mismo que la conducta de la mujer está sometida a la opinión pública, su creencia está sometida a la autoridad. Toda muchacha debe tener la religión de su madre y toda mujer la de su marido. Aunque esa religión sea falsa, la docilidad que somete madre e hija al orden de la naturaleza borra ante Dios el pecado de error. Como no están en situación de ser ellas mismas jueces, deben recibir la decisión de los padres y de los maridos como la de la Iglesia»</mark></em><mark>.<br></mark><mark><sub><br></sub></mark><strong><sub>Jean-Jacques Rousseau</sub></strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-19 14:34:23 UTC</pubDate>
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         <title>Mujer ¡despierta!</title>
         <author>737revista</author>
         <link>https://padlet.com/737revista/ry9b88jleiq0ldxw/wish/633637922</link>
         <description><![CDATA[<div>Los eventos de la Revolución Francesa de 1789 impactaron en Belgrano, según cuenta en su autobiografía: <em><mark>«(…) se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuere donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente».</mark></em><em><br></em><br></div><div>¿Habrá conocido nuestro prócer la “<em>Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana</em>” escrita en 1791 por Olympe de Gouges? <br><br></div><div>Marie Gouze, su  verdadero nombre, planteaba allí que <em><mark>“(…) la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos”</mark></em><mark>. Proponía, en el art 6°, </mark><em><mark>“La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos (…)</mark></em><mark>”. Y terminaba enfáticamente: </mark><em><mark>“Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuándo dejaréis de estar ciegas? [...] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo</mark></em><mark>”.</mark><br><br></div><div>Los revolucionarios no estaban exentos de posturas ambivalentes. Por caso Sylvain Marechal un activista político, socialista utópico, que en 1796 compuso un "Manifiesto de los Iguales" <em>(“¡La Igualdad! ¡Primer deseo de la naturaleza, primera necesidad del hombre y principal vínculo de cualquier asociación legítima!</em>), en 1801 mostraba las limitaciones de ese igualitarismo al escribir un <em>"Proyecto de ley para evitar que las mujeres aprendan a leer</em>" donde sostenía que <em>“La Razón quiere que las mujeres que se obstinen en escribir libros no se les permita tener hijos”.<br></em><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-19 14:39:43 UTC</pubDate>
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         <title>Ir a misa y rezar</title>
         <author>737revista</author>
         <link>https://padlet.com/737revista/ry9b88jleiq0ldxw/wish/633666955</link>
         <description><![CDATA[<div>“El desarrollo económico, social y cultural de la América hispánica y portuguesa había sido desigual. Se combinaban distintas culturas, distintas formas de producción y de explotación de la mano de obra. También la educación había seguido un desarrollo desigual entre las regiones y sectores sociales, étnicos, culturales y lingüísticos. La población indígena combinaba escasamente sus formas de educar tradicionales con las que aplicaban y difundían los clérigos y maestros laicos europeos. El panorama era un mosaico de modelos educacionales. La expulsión de los jesuitas produjo un vaciamiento de educadores. (…) Con las reformas borbónicas, las escuelas elementales sufrieron cambios. Se multiplicaron distintos tipos de establecimientos, aunque solamente para varones. Como decía Mariquita Sánchez de Thompson, <em>“</em><em><mark>nosotras sólo sabíamos ir a misa y rezar, componer nuestros vestidos y zurcir y remendar"”.</mark></em><em> </em>(Puiggros, 2006: 21)<br><sub>Mariquita Sánchez de Thompson</sub></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-19 15:03:26 UTC</pubDate>
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