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      <title>Medicina Narrativa Grupo D 2023-2 by Julia Mariana Díaz Santa</title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2023-09-28 20:34:03 UTC</pubDate>
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         <title>Sergio Campo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Hace unos meses, empecé a sentir un malestar constante en el la nariz que me preocupaba cada vez más. La incomodidad aumentaba gradualmente y decidí consultar a mi médico de cabecera. Después de una serie de exámenes y análisis, me diagnosticaron que tenía una septoplastia aguda y me programaron para una cirugía. La espera antes de la operación fue una experiencia aterradora, llena de incertidumbre y ansiedad. Sin embargo, el equipo médico fue muy profesional y atento, lo que me brindó cierta tranquilidad antes de la intervención. Finalmente, la cirugía fue exitosa y, aunque la recuperación fue un proceso desafiante, me sentí aliviado de estar en manos de profesionales de la salud competentes y dedicados.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:31:44 UTC</pubDate>
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         <title>María Camila Escobar </title>
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         <description><![CDATA[<div>Hace tres años tuve un accidente automovilístico que me dejó con miedo a conducir por dos años. Iba con una amiga y los medicos estaban bastante sorprendidos de que las secuelas que tuvimos fueron bastante leves teniendo en cuenta la magnitud del accidente.&nbsp;<br><br></div><div>Cuando las ambulancias llegaron por nosotras, es de suponerse que deben llevarnos al hospital más cercano, teniendo en cuenta que nos encontrábamos en el sur de la ciudad, ellos querían llevarnos a una clínica del norte, ya que les pagaban más. Sin embargo mi madre estaba muy enojada y discutió con ellos haciendo que nos llevaran al más cercano.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:37:00 UTC</pubDate>
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         <title>Mariana Gómez</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Cuando tenia 6 años luego de una noche de lluvia, con mis amigos decidimos jugar en el barro, y sin querer manche la camisa de uno, así que le dije que fuéramos a limpiar la camisa, mientras lo hacia mi pie izquierdo se doblo, y me caí en la canaleta, y me abrí la ceja izquierda, recuerdo mirar la sangre y quedar paralizada, y mi amigo también, ambos nos echamos a llorar, pero no corrimos a decirle a ningún profesor, luego de unos minutos ya el trajo ayuda y fui llevada al hospital donde chistosamente me atendió la mama de una de mis amigas, finalmente me cosieron los puntos y tuve un parche como si fuera un pirata por bastante tiempo. Ahora solo tengo una pequeña cicatriz</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:37:16 UTC</pubDate>
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         <title>Mariana Cuéllar Medina</title>
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         <description><![CDATA[<div>Un día en el cole, me pasó algo súper raro. De la nada, me senté justo encima del aguijón de un alacrán. Para colmo, sin querer, por la reacción que tuve al sentirlo en mi cola, me clavé también su aguijón en la pierna. En ese momento, mi mayor preocupación no era el dolor, sino el miedo al regaño que me esperaba en casa y el hecho de pensar que tenia veneno de un alacrán circulando por mi sangre. Estaba convencida de que mi mamá me iba a tildar de "desubicada". Toda esta locura me hizo pensar en cómo la vida nos lanza situaciones inesperadas.<br><br></div><div><br>Ahora, te cuento las preguntas que me colapsaron la cabeza en ese momento. ¿Cómo terminé encima de un alacrán? ¿Por qué mi pierna se topó con su aguijón para colmo de males? Y, la más importante, ¿Cómo voy a lidiar con el posible regaño de mi mamá? Estas incógnitas me hicieron ver que la vida tiene un toque de imprevisibilidad total, y a veces nuestras acciones involuntarias nos meten en líos inimaginables.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:37:30 UTC</pubDate>
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         <title>Isabella Tovar </title>
         <author>isabellatovarossa</author>
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         <description><![CDATA[<div>Cuando tenia como 6 años estaba jugando con mi hermana en el balcón del cuarto de mis padres, en donde teníamos un columpio, y demás juegos. En un momento empezamos a turnarnos para usar el columpio, entonces primero yo empujaba a mi hermana y después ella a mi, pero en un momento cuando me tocaba a mi empujarla no me di cuenta de que no se había montado todavía y cuando empuje el columpio mi hermana estaba al frente y le pegue con este en la cara, y le abrí una herida en la ceja. Con sus gritos mis padres llegaron y nos llevaron a urgencias, donde nos pasaron super rápido y le cocieron 6 puntos a mi hermana, donde ahora tiene una cicatriz. </div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:37:37 UTC</pubDate>
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         <title>Paloma Castaño</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Cuando tenía 10 años por primera vez fui al hospital debido a un episodio de asma, nunca me había pasado algo así y para mí no fue algo tan grave, solo sentía que me dolían las costillas y se me dificultaba respirar un poco mientras jugaba con mis primos. Mi mamá me dijo que no jugara más porque me veía ahogada, pero seguí jugando porque me pareció normal, hasta que mi mamá vio que me desmaye.</div><div>Llegue al hospital y me dijeron que no era nada grave solo era un pequeño episodio, ahí empezó la historia de mis problemas respiratorios y de alergia y mi mama siempre era mi compañera pero cada vez me llevaba al hospital más nerviosa que la vez anterior; en este momento de mi vida tengo 18 años y mi asma desapareció hace varios años, solo sufro de alergias y me someti a un tratamiento para esto. </div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:38:14 UTC</pubDate>
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         <title>Maria Paula Rico</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Me encontraba en la sala de espera, afuera del servicio de vacunación. El día anterior ya había consultado los horarios de la jornada, la enfermera me había mirado a los ojos al decirme que se llevaría a cabo a las 11:00 de la mañana y justamente ese día volvió a confirmarme el hecho.<br><br>En la sala de espera me encontraba yo, sentada en la primera fila de aquellas sillas incómodas del hospital. Se encontraba la cantidad de gente que uno esperaría en un hospital a esas horas de la mañana, una madre con su hijo, no más de 7 años puedo asegurar y un hombre con la mirada fija en su celular.<br><br>Seguí esperando, pasaron 10 minutos, luego fueron 20 hasta que terminaron siendo 30, me cuestionaba si realmente habría una jornada de vacunación, si tal vez yo habría malinterpretado todo y esperaba incómodamente fuera de lugar en la sala, incluso llegando a pensar en irme. Pasaron otros 10 y 15 minutos, la enfermera por fin abre la puerta para hacerme pasar, mientras yo agradezco mentalmente que mi tiempo si valió la pena.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:38:53 UTC</pubDate>
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         <title>Valeria Arias </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>En un soleado día de julio, me encontraba sentada en la sala de espera de la clínica médica. mis manos temblaban ligeramente mientras hojeaba una revista arrugada. Había llegado a la consulta junto a mi mama con una mezcla de nerviosismo y esperanza. La razón de mi visita eran mis constante crisis de asma, una afección que me había acompañado desde que era una niña pequeña.&nbsp;<br>La enfermera llamó a  mi nombre, y con un suspiro profundo me levante  y seguí  a la enfermera hacia la sala de consulta del doctor. El consultorio estaba limpio y lleno de luz, lo que brindaba un ambiente relajante. El doctor García, un hombre amable con una larga experiencia en el tratamiento del asma, me recibió con una sonrisa cálida. me senté  en la camilla, y el doctor García comenzó a hacer preguntas a mi mama y a mi sobre mi  historial médico y mis síntomas actuales. le conté sobre los episodios de tos intensa y falta de aliento que la habían afectado en las últimas semanas, es un milagro que el asma haya desaparecido como por arte de magia. </div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:40:15 UTC</pubDate>
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         <title>Santiago Gómez</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Todo comenzó hace un par de meses cuando de repente, estando en reposo, sentí mi corazón acelerarse de forma alarmante. Antes no había sentido nada parecido. Mi pulso se disparó como caballo desbocado, llegando a 130 o 140 latidos por minuto. Al principio pensé que se me pasaría, pero la taquicardia persistió por más de media hora. Me empecé a preocupar, pues mi ritmo cardíaco suele ser de 60 a 80 lpm normalmente. Intenté relajarme pero no funcionó. Decidí llamar a mi médico , quien me recomendó acudir a urgencias para descartar cualquier cosa seria. En el hospital me atendieron rápidamente muy amable y paciente .Tras hacerme un electrocardiograma y algunos análisis, determinaron que se trataba de una taquicardia sinusal, generalmente benigna. Me explicaron que pueden existir desencadenantes como el estrés, Me tranquilizó saber que no era&nbsp;nada grave</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:40:19 UTC</pubDate>
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         <title>Daniela Hormaza</title>
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         <description><![CDATA[<div>Hace varios años, sufrí una lesión en el codo luego de haberme caído de un pasa manos y caer encima del brazo. El dolor agudo y la incapacidad de mover el brazo me hicieron ir a ver al medico. Me diagnosticaron fractura de cabeza radial por lo que me enyesaron el brazo por un mes aproximadamente. Durante este tiempo, tuve que aprender a tener mucha paciencia ya que no es fácil trabajar, ni escribir ni hacer actividades con una sola mano cuando toda tu vida has estado acostumbrada a usar ambas manos. Pasado el mes con el yeso, me lo quitaron y sentí una sensación muy extraña en el brazo porque lo sentía muy flácido, pero eso es normal. Luego de esto, me toco volver a recuperar la fuerza y la movilidad en el brazo.  <br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:40:32 UTC</pubDate>
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         <title>Daniela Fajardo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Una noche de fin de semana, mis padres tenían una reunión y me dejaron al cuidado de mi abuela y mi tía. Esa noche, todos mis primos estábamos en casa, y como es típico para niños de 9 o 10 años, decidimos jugar. Optamos por jugar a las escondidas, aprovechando el tamaño gigante de la casa de mi abuela. Fue una experiencia muy divertida. Sin embargo, en una de las rondas del juego, un primo, quizás sin quererlo o tal vez con algo de travesura, me puso el pie de manera inoportuna. Caí al suelo y me golpeé la cabeza, provocando una herida que comenzó a sangrar. Mi tía, quien estaba presente en ese momento, se sintió muy preocupada y no sabía qué hacer. Yo, por otro lado, no paraba de llorar y tenía la camisa empapada de sangre. Dado que ya era tarde y mis padres aún no regresaban, mi tía estaba visiblemente asustada y se sentía impotente ante la situación. Solo me repetía que no me durmiera, y eso me generaba aún más temor. Estaba triste porque no podía seguir jugando con mis primos y, además, tenía miedo de que mis padres me regañaran cuando llegaran a casa o, peor aún, de que si me quedaba dormida, no despertara jamás, como mi tía me advertía con preocupación.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:42:34 UTC</pubDate>
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         <title>Mi pasado medico-Diego Suaza</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Me encontraba sentado en la sala de espera del hospital, con la mirada perdida en el suelo y las manos inquietas. La espera se había vuelto interminable. Había llegado allí debido a un dolor persistente en mi pecho, uno que me había mantenido despierto por las noches y me había llenado de preocupación.<br><br></div><div>Cada segundo que pasaba se sentía como una eternidad. El eco de las conversaciones a mi alrededor parecía distante mientras mi mente se inundaba de temores y preguntas. ¿Qué estaba causando este dolor? ¿Era algo grave o simplemente una molestia pasajera? Anhelaba desesperadamente respuestas.<br><br></div><div>Finalmente, una enfermera pronunció mi nombre y me indicó que la siguiera hacia una pequeña sala de consulta. Mi corazón latía con fuerza mientras caminaba por el pasillo. La ansiedad se apoderaba de mí, y el deseo de saber lo que ocurría en mi interior se hacía más intenso a cada paso que daba.<br><br></div><div>El médico me recibió con una sonrisa tranquilizadora, pero mi angustia no se desvaneció. Me realizó un examen físico completo y pidió una serie de pruebas. Mientras esperaba los resultados, mi mente se llenaba de pensamientos turbulentos. Quería saber si esto era algo que cambiaría mi vida de manera irreversible o si podría ser manejado con facilidad.<br><br></div><div>Días después, el médico finalmente me llamó para dar los resultados. Mi corazón latía con ansiedad cuando contesté la llamada. Estaba listo para conocer la verdad, sin importar cuán incómoda pudiera ser. La angustia y la necesidad de saber lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo se habían convertido en una urgente necesidad de tomar control de mi destino médico.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:43:34 UTC</pubDate>
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         <title>Paulina Carabali </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Era la primera vez que enfrentaba a ese tipo de exámenes médicos, tenía que realizarme un examen de rutina para el chequeo de la salud sexual (prueba de sífilis)  y lo único que podía pensar era en ese consultorio lleno de adolescentes reunidos ahí por la misma razón, la situación me resultaba embarazosa y puedo apostar que no era la única que tenía ese sentimiento.<br><br>Al pasar el tiempo de espera vino la enfermera hacia mi y tomó mi dedo para la muestra de sangre, hasta ese momento solo podía ver el terror en la cara de algunos de los presentes, mi conciencia de aquel entonces no comprendía porque debería o no estar preocupada, después de esperar  30 minutos el resultado solo pude comprender que para muchos de los que estaban en la sala ese era un momento decisivo.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:43:41 UTC</pubDate>
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         <title>Federico Arizabaleta Naranjo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Era un día como cualquiera, me había levantado temprano para dirigirme al colegio, me bañe, vestí y desayune, estaba en clase cuando algo interrumpió mi tranquilidad, fue un dolor intenso acompañado de malestar general y vomito; la enfermera no sabía que era, lo más probable es que fuese una intoxacion simple y nada más, así que me mando a la casa a reposar; una vez en mi casa todo siguió igual, me dio fiebre y el malestar solo parecía empeorar, mi madre una mujer trabajadora no llegaba a la casa si no hasta tarde en la noche así que decidí dormir.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Cuando llego mi mama vio mi estado, y rápidamente me llevo a la clínica, un lugar un poco extraño y tenebroso para un simple niño de 6 años, los médicos me examinaron sin saber que tenía, fue un proceso largo y extenso hasta que descubrieron que era una apéndice inflamada, debido a su estado les toco llevarme de emergencia a cirugía en donde todo salió exitoso, pero mi estadía en el hospital duro una semana más pues el apéndice había alcanzado a perforarse, luego de unos cuantos antibióticos regrese a mi casa y solo me quedo una cicatriz de ese día.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:43:56 UTC</pubDate>
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         <title>Laura Giraldo </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Recuerdo la vez que llegué a la sala de urgencias de la clínica por un fuerte dolor abdominal, la señora de del mostrador le pregunto a mi mamá la razón de nuestra visita, y en un intento de ella de que me atendieran rápido, recuerdo que exageró todos mis síntomas, incluso llegó a decir que me sentía una masa en el abdomen. Cuando me pasaron a la sala de espera de pediatría, me vi en el reflejo de la puerta de vidrio y me pareció que me veía cansada, llevaba puesto una camiseta color vinotinto y un jean azul oscuro, que me toco intercambiar por una bata del hospital para que pudieran realizar en mi los respectivos procedimientos médicos que mis doctores sugerían.&nbsp;<br>Recuerdo que para uno de ellos tuve que tomarme toda una botella de liquido blanco en intervalos de 30 minutos que tintaría mis órganos temporalmente para que se pudieran ver bien en la imagen que iban a tomar. En su momento pensé que el sabor se asemejaba mucho al del Tampico y aunque su aspecto parecía horrible, era soportable.&nbsp;Finalmente, el estudio mostró que tenia una inflamación de los ganglios linfáticos del abdomen (adenitis mesentérica) y que sus síntomas no eran graves, por lo que podía irme a casa después de que me dieran medicamentos. </div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:49:27 UTC</pubDate>
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         <title>Juan Camilo Ayala</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Cuando tenía 4 años me encontraba en una clase de equitación, actividad que había realizado durante alrededor de un año en ese momento, aunque por mi edad no tengo un recuerdo exacto sobre ese escena, en mi mente aún tengo claro que ese día el caballo se encontraba más inquieto de lo que usualmente estaba y yo al ser un niño que no sabía detectar ese tipo de comportamientos en un animal, no tuve precauciones a la hora de tratar con él cuando me estaban subiendo sobre el animal y antes de que el instructor pudiera ponerme los seguros de equitación, el caballo comenzó a saltar y tuve una fuerte caída. Aunque solo tuve unas pequeñas raspaduras, desde ese momento no volví a montar a caballo hasta 10 años después.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 22:49:56 UTC</pubDate>
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         <title>Isabella Urrego Manchola</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Habían transcurrido dos meses desde mi cumpleaños número 2, y papá había planeado mi primer visita a la playa. Fue una salida que se había retrasado por la ausencia, quizás el ruido del dolor de la pérdida que aún retumbaba su vida se olvidaba de los detalles y constantes requerimientos de salud en la fragilidad de una bebé en aquel entonces. La madre siempre ha sido una figura indispensable de cada ser humano y un recuerdo difícil de olvidar. El transcurso de los días era lento y difuso pero debía continuar por el amor a su esencia y un homenaje a la vida de servicio por la que el mundo la conocía. De repente parecía como si el mundo restara de importancia y que todos los asuntos se hicieron a un lado como una respuesta inquietante al dolor.&nbsp;<br>Una infección urinaria inesperada se propagó como respuesta al duelo, mi sufrimiento entonces fue una representación de un silencio agotador que se había traducido en una patología clínica, la cuál acabó internándome por una semana en la Clínica Valle del Lili. La pérdida de sentido de una familia unida cobraba sus consecuencias. El miedo a la irreversibilidad de la fragilidad de la vida se hacía cada vez más desgastante y&nbsp;opacada por la tristeza. Pero la vulnerabilidad de mi  vida en aquel estado, fue un motivo para seguir. Fue la excusa que mis padres necesitaban para luchar por lo que aún permanecía, mientras se apreciaba cada día como si fuera el último, como ella hubiera querido. Aquel impulso detonante de amor y la ruptura humana misma, hizo que el calor de hogar de mi familia me alentara a recuperarme pronto, para que al salir de ese lugar sombrío repleto de tristezas y vacíos le reencontráramos un sentido a la vida , al tiempo que lo esencial se volvía excusa para encontrar en la oscuridad un aliento para seguir y enorgullecerla de su fruto de luz y paz que nos había dejado.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 23:03:17 UTC</pubDate>
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         <title>Santiago José Rojas</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Cuando tenía 4 años, estaba jugando en el parque de la abuela de mi unidad. Justo mientras que me balanceaba en la barra colgante, una niñera de una amiga de ese entonces me empujo para darme impulso (bajo mi petición), sin embargo, por mi falta de fuerza me solté y caí sobre mi brazo. Me partí la ulna y radio completamente; recuerdo que lo primero que pensé cuando lo vi, fue que mi brazo parecía una pista de patinaje, y que seguramente estaba bien porque no me dolía en lo absoluto.&nbsp;<br><br></div><div>Mi nana me llevó al hospital, a donde después llegaron mis tíos, abuelos y papás, recuerdo que, al pasar el efecto adrenérgico, el dolor que sufrí fue indescriptible. Algo que me marco, fue el momento en donde me tuvieron que sacar una radiografía, pues cada mínimo movimiento del brazo era una sensación dolorosa horrible para mí. Finalmente me operaron, me pusieron clavos, y me dejaron ir a mi casa. Durante mi paso en el hospital me preguntaba porque me pasaba eso a mí, y aún más, culpaba a la niñera de mi amiga por haberme empujado; sin embargo, después entendí que todo fue mi responsabilidad, que yo fui quien le había pedido que me empujara mas duro, dando como consecuencia el terrible desenlace.&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 23:03:29 UTC</pubDate>
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         <title>La Estadía en el Hospital </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Alrededor del tiempo en que estaba aprendiendo a sumar y restar, me tuvieron que llevar al hospital por dificultades respiratorias. Estuve el tiempo suficiente como para acostumbrarme a la luz fría del lugar y a la diversidad de los colores del cuarto donde me quedé. Había muchos juguetes, para todos los gustos y de todos los tipos y de los doctores parecían brotar las buenas intenciones, haciendo que&nbsp;para mí la estadía en el lugar no resultase abrumadora. Mis papás por el contrario no se encontraban a ellos mismos, los veía desesperados dando vueltas por el lugar y recibiendo múltiples llamadas a las que sólo respondían “no sabemos, hay que esperar”. Su expresión facial consistía en un ceño fruncido que se alternaba con un rostro que parecía estar apagado y en el que resaltaban los ojos hinchados, ahora entiendo lo que pudieron haber estado sintiendo en ese momento. Los remedios eran múltiples y ninguno parecía dar con la etiología del problema, haciendo que cada vez se generara un aumento en la tensión de la habitación y que las restricciones de lo que podía y no podía hacer aumentaran. Un día alguien logró dar solución a la incógnita, apaciguando las emociones de mis papás pero haciendo que sugieran en mí los sentimientos de angustia y tristeza: tenía que renunciar a lo que más aman los niños y aunque esté equivocada y no sea lo que más aman, si era lo que yo más amaba en el momento.&nbsp;Mi estadía  en el hospital ya no era tan agradable. <br><br>Laura Sofía Acosta&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 23:08:16 UTC</pubDate>
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         <title>Maria Camila Moreno</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Recuerdo cuando tenía 6 años, estaba en casa, jugando como cualquier niña curiosa. Mis padres me habían advertido que no tocara ciertos objetos, pero la curiosidad ganó. Había una caja antigua (como medio oxidada de color café) que me intrigaba. Mis manos, impulsados por la curiosidad, intentaron abrirla, pero tropecé y la caja se cayó, y se abrió esparciendo su contenido por el suelo. En la confusión, caí sobre una pieza pequeña de vidrio, la cual me dejo una herida algo profunda en mi pierna derecha, causando un dolor intenso y miedo, al ver la sangre recorriendo mi pierna. El miedo a que mis padres me regañaran me hizo ocultar la herida y tratar de curarla sola, lavándome con jabón y ocultarla bajo la ropa. Pero el dolor persistía y sabía que necesitaba ayuda. Finalmente, decidí contarles a mis padres lo sucedido. Aunque estaban preocupados, me brindaron el apoyo y cuidado que necesitaba. En esa ocasión, mi papá, siendo cirujano plástico, vio la herida y decidió suturarla en casa ya que teníamos equipo de primeros auxilios. Sin embargo, no contábamos con anestesia, lo que hizo que el proceso fuera doloroso y difícil de olvidar.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-28 23:08:18 UTC</pubDate>
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         <title>Juliana Villalobos</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Por algún motivo, de manera poco sorprendente, tuve que acompañar a mi mamá a una cita de mi hermana con neurología. Fue la primera vez que me dió miedo escuchar una noticia terrible por un médico que no me estuviese atendiendo. Ella le decía (estando en tercero de primaria, con 9 años) que sufría mucho de dolores de cabeza. Ya no la dejaban ir a a la enfermería del colegio por la frecuencia de su recurrencia. No la ayudaba estar estresada por cómo se relacionaba la profesora titular de su salón. Tal fue el caso, que le dijeron que fuera al médico.&nbsp;</div><div><br></div><div>Mi hermana hablaba, y hablaba. Mi mamá se preocupaba cada vez más, mientras que yo solo miraba sin poder hacer nada. El médico solo asentaba con la cabeza y le hacía más preguntas. Después de algunos minutos, procedió a hacerle un examen físico. Al final, viéndole el uniforme, le dijo que el hijo de él también estudiaba en el mismo colegio y le dijo “se me hace familiar esa historia. Es tu profesora quien te genera el dolor de cabeza; ella no ha pasado desapercibida por mi consultorio”. </div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-29 00:16:07 UTC</pubDate>
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         <title>Clase 2</title>
         <author>juliadiaz_santa</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2023-10-05 21:06:43 UTC</pubDate>
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         <title>Lectura</title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <pubDate>2023-10-05 21:20:00 UTC</pubDate>
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         <title>ESTÉTICA</title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2023-10-05 21:58:27 UTC</pubDate>
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         <title>Lina Marcela Mina Mezu</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Estábamos celebrando el cumpleaños numero 60 de mi abuela toda mi familia estaba reunidos. Había risas, música y comida era un ambiente acogedor que hace tiempo no disfrutábamos en familia. Recuerdo que en ese entonces tenia 9 años, era una niña curiosa que deseaba acomodar todo, jugar y saltar por varios lugares; en un momento recuerdo que me acerque a mi abuela con el motivo de que me regalara de la torta que estaba comiendo, me precaví de que Tommy el perrito de la casa estaba muy pendiente de lo que estaba comiendo mi abuela, me pareció algo molesto así que lo cogí para que se moviera y dejara comer tranquila a mi abuela, sin embargo fue un error, Tommy de un solo estirón se abalanzo hacia mi cara con furia&nbsp; y me mordió, en ese momento quede en chock solo recuerdo la sangre que corría de mis manos que posaban en la lesión y el grito de terror y angustia de mis familiares que poco a poco se acercaban a mi para tratar de auxiliarme.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-05 23:02:36 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <pubDate>2023-10-12 20:57:58 UTC</pubDate>
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         <title>PALABRAS Y EMOCIONES</title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <pubDate>2023-10-12 20:59:10 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <pubDate>2023-10-12 21:01:21 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <pubDate>2023-10-12 22:03:38 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <pubDate>2023-10-12 22:03:58 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica literaria - Primera persona</title>
         <author>juliadiazam</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:06:38 UTC</pubDate>
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         <title>Maria Paula</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>La palabra "Saudade" palabra dada por el rey portugués, la cual se asejema a la añoranza por una persona a la que se tiene mucho afecto, aunque mi interés se inclina más por su significado en cuanto a aquella vía de falsa nostalgia, donde se da dicho sentimiento de extrañar u recordar situaciones/recuerdos que realmente no sucedieron, relacionado más con el sentimiento actual de "soñar despierto"</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:07:50 UTC</pubDate>
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         <title>Diego Suaza</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Uno de los aspectos importantes es el poder de la imaginación sobre las emociones, el como solo por recordar vivencias pasadas pueden mejorar o empeorar nuestra salud emocional, el cómo la mente respecto a los recuerdos y empatía juega un papel fundamental en lo que sentimos.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:15:33 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Camila Escobar </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Nostalgia</strong> <br><strong>Nóstos</strong> vuelta a casa <br><strong>Algia</strong> de algos que significa dolor&nbsp;<br>Me parece muy interesante como explica el hecho de que la imaginación tiene un poder tremendo en nuestra realidad, explicándolo mediante este término&nbsp;<br>Explica que un médico logró curar a un soldado nostálgico simplemente pidiéndole a otro conversar con el sobre cosas que le permitieran recordar las cosas que extrañaba. Es impresionante como este sentimiento (extrañar) puede tener tal impacto en nuestro cuerpo <br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:20:43 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Santiago Rojas</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Es muy interesante poder apreciar el peso que tienen las emociones en la salud de las personas; el poder comprender la relación cuerpo, mente y emociones, que siempre ha estado ahí influyendo, pero que a su vez se ha ignorado por parte de la medicina actual y el vértigo del día a día. Es maravilloso el ver como lo que hagamos con nuestro cuerpo influye positivamente sobre nuestras emociones y mente, y como las emociones afectan positiva o negativamente de forma directa sobre nuestro bienestar corporal.  </div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:21:35 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Alexandra Angulo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Saudade triste: que es cuando el recuerdo nos hace extrañar o recordar a ese amigo que ya no está.<br><br>Saudade placentera: recordamos los momentos buenos del pasado, pro ejemplo: recordar los momentos agradables que se vivieron con los seres que ya no están.<br><br>Otra cosa es que es muy cierta es que conectamos con otros por medio de las emociones que es algunos casos se ven físicamente o logramos identificar mediante lo que nos expresa verbalmente. Conectamos mucho más al ser empáticos y escuchar abiertamente a la otra persona sin juzgarla.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:24:59 UTC</pubDate>
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         <title>Paloma Castaño</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Creo que lo que mas me impacto fue el hecho de que los sentimientos puedan tener efecto directamente en la salud de las personas, no solo mental sino fisicamente tambien. Ya habia escuchado algo asi antes, a lo que llamamos somatizas, creo que todo va de la mano, por eso hay que escuchar a nuestro cuerpo y a nuestra mente cuando nos habla.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:25:20 UTC</pubDate>
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         <title>Isabella Urrego Manchola</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Un aspecto que me pareció muy relevante a lo largo del podcast es que las emociones cumplen un papel fundamental dentro de la representación sensible y vulnerable de la realidad, lo que posibilita la capacidad del ser humano para expresar lo que siente a manera de liberación de la valencia emocional que le pudo causar un evento determinado y adicionalmente es capaz de otorgarle un sentido lógico a su trauma, lo cual le permite establecer una relación intrínseca entre su mente y su cuerpo. De esta forma, el individuo logra discernir entre el origen de sus emociones y los eventos que se relacionan con ellas y a modo de desahogo se refugia en la expresión de las mismas como un mecanismo estratégico para compartir su trauma, profesar su tristeza y encontrar en el sufrimiento una característica compasiva de sanación integral del ser mismo.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:27:28 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Federico Arizabaleta</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>La palabra nostalgia surge de un grupo de personas que sufre una profunda tristeza al alejarse de su tierra, lo que los conduce a una enfermedad; la palabra viene de dos conceptos griegos “nosotros” que significa vuelta a casa y “algia” que significa dolor. A raíz de esto se descubrieron muchos más casos como estos, en donde personas al estar lejos de casa se enfermaban y una vez se les daba, aunque fuera una esperanza de volver a este sitio, su recuperación se lograba de manera rápida. Esto nos permite ver cómo tanto la mente como el cuerpo están profundamente conectados, y que el concepto de enfermedad y salud va más allá del bienestar físico.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:30:10 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Isabella Tovar </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744280640</link>
         <description><![CDATA[<div>Este podcast proporciona una valiosa información sobre la importancia de las emociones en la salud y la felicidad humanas. Igualmente destaca la conexión entre el cuerpo, la mente y las emociones, enfatizando en cómo las emociones pueden afectar significativamente la salud física y mental.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:30:42 UTC</pubDate>
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         <title>Juliana Villalobos</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744280656</link>
         <description><![CDATA[<div>Las emociones dentro del movimiento del mundo son cruciales para poder entenderlo y vivirlo. Ya sean con una causa triste, feliz o de incertidumbre, es el hecho de darles un nombre lo que las hace importantes y significantes para el desarrollo y vivencias emocionales que implica superar en el día a día. Su reconocimiento permite liberarse, de cierta forma, de estar atrapado entre el mundo y la mente, mostrando de lo contrario cómo es que se vuelven verdaderos problemas de salud.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:30:44 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Mariana Cuéllar Medina</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744282080</link>
         <description><![CDATA[<div>Uno de los aspectos más importantes que logre identificar en este podcast se basa en que el día a día es un escenario complejo donde nuestras emociones y salud están intrínsecamente entrelazadas. Las emociones que experimentamos en nuestra vida cotidiana pueden tener un impacto MUY relevante tanto en nuestra salud mental como física, por eso es importante controlar nuestras acciones y pensamientos hasta el punto que podamos, y sino, es absolutamente necesario buscar una ayuda adicional (esto no solo refiere a situaciones-emociones-pensamientos negativos, también se incluyen los positivos).</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 22:33:28 UTC</pubDate>
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         <title>Laura Acosta </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744282121</link>
         <description><![CDATA[<div>Una de las ideas que más me llamaron la atención sobre el texto es que el hecho de que pensar que algo es posible nos hace cambiar la forma de sentir, por lo que se hace la introducción de la palabra "saudade" como el entendimiento acerca de la la influencia que tiene tanto la realidad como la imaginación en el establecimeinto de las emociones y que a su vez pueden estar ligadas a las condiciones de salud física y mental por las que se esté atravesando en un momento dado.&nbsp;También, me pareció muy interesante que factores como las barreras del lenguaje, la falta de convicción o la debilidad del cuerpo puedan tener tanto peso sobre la naturaleza de la emoción que pueda darse. </div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2023-10-12 22:33:32 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Daniela Hormaza</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744286089</link>
         <description><![CDATA[<div>Una de las ideas que llamo mas mi atención fue el hecho de que las emociones son una parte esencial de nuestra experiencia humana, y las vivimos a través del lenguaje, utilizando palabras para expresar y comprender lo que sentimos en nuestro interior. A menudo, tendemos a asociar las emociones con las expresiones faciales, pero su alcance es mucho más amplio y complejo, abarcando la forma en que hablamos, el tono de voz y nuestra capacidad para comunicar lo que experimentamos. Además, las emociones ejercen una influencia poderosa en nuestra salud física y mental. &nbsp;<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2023-10-12 22:41:23 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Maria Camila Moreno</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744298251</link>
         <description><![CDATA[<div>Me parece importante notar cuánto afectan nuestras emociones a nuestra salud. Si entendemos cómo nuestro cuerpo, mente y emociones están conectados, podemos mejorar nuestro bienestar. Es gratificante ver cómo nuestras acciones y cómo cuidamos nuestro cuerpo pueden hacer que nos sintamos mejor emocionalmente y mentalmente. También es claro que nuestras emociones influyen directamente en cómo nos sentimos físicamente.&nbsp;</div><div>Una idea interesante que destaca&nbsp; el podcast es que creer que algo es posible puede cambiar cómo nos sentimos. Entender cómo la realidad y nuestra imaginación afectan nuestras emociones es fundamental. Estas emociones están relacionadas con nuestra salud física y mental en un momento dado. También es intrigante pensar en cómo cosas, como no poder comunicarnos bien, dudar o sentirnos físicamente débiles pueden afectar qué emociones experimentamos en nuestro alrededor.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 23:06:09 UTC</pubDate>
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         <title>Juan Camilo Ayala</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2744328488</link>
         <description><![CDATA[<div>El aspecto que más llamó mi atención, es el hecho de que las emociones se pueden sentir mediante un pensamiento, una ambición, una expectativa, un recuerdo, una proyección a futuro o una situación planteada por nuestra propia imaginación. Esto me pareció especialmente interesante porque resalta la profunda conexión entre la mente y las emociones, demostrando cómo nuestra percepción puede generar respuestas emocionales significativas. Además, a nivel personal muchas veces suelo pensar que las emociones son respuestas automáticas a eventos externos, como una reacción a una buena noticia o una mala noticia, y por lo tanto, olvido que nuestras emociones son mucho más complejas y pueden ser influenciadas por nuestros propios pensamientos.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-12 23:52:54 UTC</pubDate>
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         <title>Mariana Cuéllar Medina</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755263472</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>"Un viaje al borde de la vida: Entre Estambul y un milagro en Cali"<br></strong>Hace un año y medio, me encontraba en Estambul, Turquía, junto a mis abuelos en un viaje que recordaría para siempre. Mi abuelo, Fernando, un médico reumatólogo, recién había salido de una cirugía de corazón abierto. Lo primero que hizo al sentirse bien fue planear un viaje para un congreso medico sobre enfermedades autoinmunes y recuerdo muy bien su frase: "Agh, no me va a pasar nada, yo ya estoy perfecto, ademas soy médico y se como tratarme" convencido de que la inmortalidad se ocultaba tras su bata blanca, decidió emprender aquel viaje. Sin embargo, en medio de este, su salud se convirtió en un complicado rompecabezas médico.</div><div><br>Además de su enfermedad cardiovascular, lidiaba con problemas en la próstata que le causaban obstrucción urinaria. Durante nuestra estancia en Estambul, sufrió una obstrucción que logró manejar con una sonda durante dos angustiosos días. Pero pronto la situación se tornó incontrolable, y lo que brotaba de la sonda era puro horror, sangre que parecía no tener fin.</div><div><br>Nos encontrábamos en un país ajeno, rodeados de un idioma desconocido para nosotros, y la desesperación nos envolvía. Fue un jueves 16 de junio de 2022, cuando, a las 4 a.m., nos aventuramos a las calles en busca de un taxi que pudiera llevarnos al hospital más cercano, pues mi abuelo se desangraba frente a nuestros ojos. Pero, a pesar de nuestros esfuerzos, ninguno de los taxistas parecía comprender la urgencia de la situación, incluso usando traductores y hablándoles en inglés, lo único que hacían era manotear por la frustración de no entendernos, tanto así que inferimos que preferían que nos bajáramos del carro.</div><div><br>Finalmente, un taxista comprendió nuestras palabras, aunque no quedó claro que estábamos enfrentando una emergencia médica. Nos condujo a un hospital público, situado a 50 minutos de la ciudad, en el que solo había un médico, incapaz de comunicarse en español o inglés. Mostré fotos de sondas urinarias para intentar explicarle la condición de mi abuelo, pero fue en vano. De nuevo, nos vimos obligados a emprender un viaje hacia el hospital más cercano, a tan “solo” 20 minutos de distancia.</div><div><br>Al llegar allí, nos dimos cuenta de que la inexperiencia del personal médico era un nuevo desafío. Asumiendo un rol inesperado, me vi obligada a ayudar a la auxiliar a introducirle la sonda urinaria. Finalmente, mi abuelo pudo orinar, pero el hospital se asemejaba a un escenario de pesadilla. Personas vomitando, gritando, llorando, algunas completamente ensangrentadas; era una visión terrorífica.</div><div><br>Nuestra odisea aún no había terminado. Con mi abuelo exhausto y débil, tuvimos que regresar de urgencia a Colombia. Durante el agotador viaje de 15 horas, mi abuelo no pudo entrar el baño NI una sola vez, lo que terminó de agravar su salud. Finalmente, llegamos a Cali, donde fue ingresado en la UCI. Su salvación, en ese punto, parecía un milagro de Dios.</div><div><br>Esta experiencia en Estambul se convirtió en un recuerdo indeleble de cómo la fragilidad de la salud puede poner a prueba incluso a los más valientes. A través de la confusión de un país lejano, los desafíos lingüísticos y las condiciones desgarradoras de un hospital extranjero, aprendimos que la fortaleza y la determinación de mi abuelo, mi abuela y yo, junto con un toque de divina intervención, le permitieron superar este episodio aterrador que nunca olvidaremos.</div><div>&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-19 22:33:05 UTC</pubDate>
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         <title>Maria Paula Rico Barragán</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755269288</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Una hora por unos minutos<br></strong><br></div><div>Entré al centro comercial en busca de la sede de mi EPS, donde había solicitado una consulta odontológica. Era la primera vez que usaba la consulta, ya que era relativamente nueva en Cali, con la mudanza y todas esas cosas engorrosas que implican cambiar de ciudad. Apenas había prestado atención a este detalle.<br><br></div><div>Caminé por los pasillos, consulté a un guarda, me subí a un ascensor y me encontré frente a la puerta de la sede. Pensé que había sido mucho más fácil de lo que esperaba, lo cual fue un gran alivio. Dado mi pobre sentido de la orientación, esperaba que me llevara más tiempo.<br><br></div><div>Me acerqué a la mesa de recepción para confirmar mi cita. Eran las 9:21 de la mañana, y mi cita estaba programada para las 9:30. Llegar unos minutos antes nunca está de más, me recordé, siguiendo el consejo de mi padre. La recepcionista me indicó el número del consultorio y me pidió que tomara asiento, diciéndome que ya me llamarían.<br><br></div><div>La sala de espera no era muy diferente de otras; aunque no había estado en muchas a lo largo de mi vida, nunca fui de visitar el hospital con frecuencia. No tenía nada de especial, solo un montón de sillas en hileras frente a una pared con una pantalla que transmitía una presentación de PowerPoint sobre la importancia de la planificación, algo que yo nunca había hecho por cierto, sintiéndome total ajena a ello.<br><br></div><div>Elegí un rincón en la tercera hilera de sillas, dejando un asiento vacío a mi lado. Frente a mí, había una señora con quien asumí era su hijo, que no debía tener más de 5 años. A su lado, una muchacha de mi edad, o quizás 21 años como mucho. En la esquina opuesta, un señor mayor con el tapabocas mal puesto.<br><br></div><div>No me considero una persona impaciente, pero ya eran las 9:45, y al principio pensé que unos minutos de retraso no eran un problema, otra enseñanza de mi padre. Sin embargo, a las 10:00, comencé a cuestionarme si ya me habían llamado y mi distracción era la culpable, a pesar de eso, seguí esperando. Finalmente, a las 10:32, mi nombre se anunció en un megáfono de llamada que apenas se entendía de la mala calidad que tenía. Me levanté de mi asiento y me dirigí al consultorio número 2, como me había indicado la recepcionista.<br><br></div><div>Al entrar, la odontóloga me recibió con su lindo gorro de Hello Kitty, el cual me pareció muy lindo, aunque nunca tomé el valor para comentárselo, al sentir aquella distancia de ser dos desconocidas, incluso siendo paciente y dentista. Se presentó y me indicó que tomara asiento.<br><br></div><div>Me hizo las típicas preguntas sobre mi dieta y mi rutina de cepillado, luego me acostó en la camilla. En tiempo récord, me volví a sentar porque ya había terminado de examinarme. Me envió a hacer una radiografía para revisar mis cordales o muelas del juicio, de hecho nunca supe porque las llamaban así, pero todo el mundo lo hacía, programó una limpieza y se despidió.<br><br></div><div>Salí de la consulta y miré el reloj. Eran las 10:47, y el primer pensamiento que pasó por mi mente fue que había esperado una hora para una consulta que duró 15 minutos<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-19 22:43:55 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Valeria Arias </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755293699</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Venciendo el aliento </strong><br><br></div><div>Todos los días, me despierto con la sensación de tener una pesada carga en el pecho. El aire se escapa difícilmente de mis pulmones, como si estuviera atrapada en una habitación pequeña y sin ventilación. Es el asma, una condición que ha marcado mi vida desde que era niña y como por arte de magia desapareció, de repente ya no tengo más crisis, pero siempre recuerdo como mi madre y yo la pasábamos constantemente en las clínicas. Ella a mi lado y yo con una mascarilla en el rostro recibiendo tratamiento cada que tenía una” falta de aire” como yo decía.<br><br></div><div>Las crisis asmáticas son una parte constante de mi día a día. A veces, vienen sin previo aviso, dejándome sin aliento y luchando por cada bocanada de aire. Otros días, puedo sentir cómo se acerca, una opresión incómoda en mi pecho que me advierte que algo malo se avecina.<br>Cuando llega el momento de ir a consulta, me invade una mezcla de esperanza y ansiedad. Sé que el médico me brindará las respuestas y el alivio que tanto necesito, pero también me preocupa que mi condición haya empeorado desde la última vez. Emprendo mi camino junto a mi mama hacia la clínica, respirando con dificultad mientras intento mantener la calma.<br>Una vez en la sala de espera, miro a mi alrededor y observo a otros pacientes que también luchan contra sus propias batallas. En ese momento, me siento conectado con ellos, sabiendo que todos estamos aquí buscando respuestas y soluciones para nuestras dificultades respiratorias. No sabia muy bien interpretar sus sentimientos o emociones cuando me los cruzaba por los pasillos del hospital, pero si notaba incomodidad en sus rostros y tal vez algo de tristeza.&nbsp;<br>Finalmente, llega mi turno y entro en la consulta del médico. Él me saluda con una sonrisa tranquilizadora y me hace sentir cómoda mientras revisa mi historial médico y escucha atentamente los síntomas que he experimentado últimamente.&nbsp; Personal de salud en conjunto, elaboran un plan de tratamiento para abordar mi asma de manera efectiva. Me proporciona medicamentos y me brinda pautas para controlar mi entorno y evitar desencadenantes que puedan desencadenar una crisis asmática, mientras a doña Liliana mi madre le dan información para que cese un poco su preocupación.&nbsp;<br>A medida que salía del consultorio, sentía un peso levantado de mis hombros. A pesar de que el asma era una parte recurrente y desafiante de mi vida, me sentía esperanzada de que, con el apoyo adecuado y las herramientas necesarias, podía mantener mi condición bajo control. En el camino de regreso a casa, respiraba más fácilmente, sabiendo que tenía un equipo médico y familia a mi lado que me apoya en esta lucha diaria, un lugar al cual acudía. Sabía que habría días difíciles, pero también tenía la certeza de que había un camino hacia la vida plena y sin restricciones, incluso con el asma como compañero constante. Y con esta confianza renovada, sigo adelante, orgullosa de cómo enfrento y supero las adversidades que se me presentan en mi vida diaria. Creo que hasta ahora no había interiorizado tanto las situaciones y momentos que me hizo pasar esta afección.&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-19 23:21:11 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Sergio Campo</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755297356</link>
         <description><![CDATA[<div><br>El autocontrol emocional es la capacidad de gestionar nuestros sentimientos y comportamientos para expresar nuestras emociones de manera adecuada. Es una habilidad fundamental para tener una vida plena y satisfactoria, ya que nos permite:<br><br></div><ul><li>Tomar decisiones acertadas, incluso cuando estamos bajo presión.</li><li>Construir relaciones saludables.</li><li>Manejar el estrés y la ansiedad.</li><li>Alcanzar nuestros objetivos.</li></ul><div><br>Apreciando el podcast nos ofrece una serie de consejos prácticos para mejorar el autocontrol emocional, incluyendo:<br><br></div><ul><li>Reconocer nuestras emociones.</li><li>Identificar nuestros desencadenantes emocionales.</li><li>Desarrollar estrategias de afrontamiento saludables.</li><li>Practicar la atención plena.</li><li>Destaca la importancia de la atención plena como herramienta para mejorar el autocontrol emocional.</li><li>Ofrece una serie de ejercicios prácticos para ayudar a los oyentes a desarrollar su autocontrol emocional.</li></ul>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-19 23:26:38 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Sergio campo </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755300552</link>
         <description><![CDATA[<div>"La Fuerza de la Esperanza: Mi Viaje con la Esclerosis Múltiple"<br><br>Hace años, la palabra "enfermedad" era simplemente una parte del lenguaje común para mí, algo distante y ajeno. Nunca pensé que un día se convertiría en la dueña de mis días y noches, una sombra persistente que se interponía entre mi antigua vida y yo.<br><br>Fue en una fría mañana de otoño cuando recibí el diagnóstico. El médico pronunció esas palabras con calma, pero sus efectos resonaron en mi cabeza como un trueno ensordecedor. "Tienes esclerosis múltiple", dijo, y de repente, mi mundo se convirtió en un torbellino de emociones y preguntas sin respuesta.<br><br>Los primeros meses fueron los más difíciles. Me sentía atrapado en un cuerpo que ya no respondía como solía hacerlo. Cada día era una batalla, no solo contra los síntomas físicos, sino también contra la incertidumbre y el miedo que se aferraban a mi mente como garras afiladas.<br><br>Pero con el tiempo, aprendí a vivir con mi enfermedad. Descubrí la fuerza en las pequeñas victorias: levantar un vaso sin derramar su contenido, caminar unos pasos más lejos de lo que lo hice ayer, o simplemente levantarme de la cama por la mañana. Estas pequeñas hazañas se convirtieron en mis triunfos personales, recordándome que, a pesar de la enfermedad, aún tenía el control sobre mi vida.<br><br>El apoyo de mi familia y amigos se convirtió en mi roca. Sus sonrisas y palabras de aliento me dieron fuerzas para seguir adelante incluso en los días más oscuros. Aprendí a apreciar la belleza de la vida de una manera que nunca lo había hecho antes. Cada puesta de sol se volvió más vibrante, cada risa se convirtió en una sinfonía de alegría que llenaba mi corazón.<br><br>La enfermedad se convirtió en mi maestra, enseñándome lecciones de paciencia, gratitud y resistencia. Aprendí a valorar cada momento, cada respiración, como si fuera un regalo precioso. En lugar de enfocarme en lo que no podía hacer, me concentré en lo que aún podía hacer, encontrando alegría en las cosas simples que la vida tenía para ofrecer.<br><br>Así que aquí estoy, navegando por la marea de la vida con una enfermedad como compañera constante. Aunque a veces las olas son altas y el viento sopla fuerte, sé que tengo la fuerza para resistir. Mi historia es un testimonio de la capacidad del espíritu humano para encontrar la luz incluso en los momentos más oscuros, y por eso, cada día, elijo enfrentar mi enfermedad con valentía y esperanza. Después de todo, soy mucho más que mi enfermedad: soy un ser humano lleno de amor, determinación y una inquebrantable voluntad de vivir.&nbsp;<br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-19 23:31:48 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Isabella Tovar Ossa</title>
         <author>isabellatovarossa</author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755309520</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Aprendiendo a Ser Paciente con las lecciones Inesperadas de la vida<br></strong><br></div><div><strong>&nbsp;</strong></div><div>La experiencia de ser paciente en un servicio de salud puede variar enormemente a lo largo de la vida y experiencias, y a veces, se puede aprender mucho de situaciones inesperadas. Aunque mi primer encuentro con la atención médica no fue este, es el que más recuerdo, por lo que aún resuena en mi memoria como una lección que me ha acompañado a lo largo de mi vida.<br><br></div><div>En aquel momento tenía 6 años al igual que mi hermana, y estábamos en el balcón de la habitación de mis padres, que para nosotras era un pequeño paraíso, repleto de juegos y risas. Aquí había un columpio, el cual era particularmente nuestra mayor felicidad junto con una cocinita que nos habían regalado una navidad. Mi hermana y yo nos turnábamos para balancearnos en el magnífico columpio, lo cual era supremamente divertido para cualquiera de las dos, sin embargo, hubo un momento donde me tocó empujar a mi hermana, y no me percaté de que ella no se había montado aún. En mi inofensiva acción ella recibió el golpe de frente, abriéndole una larga herida en la parte superior de la ceja izquierda.<br><br></div><div>Los gritos de mi hermana atrajeron y preocuparon a mis padres, los cuales llamaron inmediatamente a urgencias y nos llegó una visita que jamás antes había tenido en mi vida, donde la atención que recibimos me dejó perpleja. El personal médico actuó con rapidez y profesionalismo, priorizando la salud y el bienestar de mi hermana, y en un abrir y cerrar de ojos, le habían cosido seis puntos en la ceja, donde con los años esa cicatriz se convirtió en un recuerdo permanente de ese día.<br><br></div><div>Esta experiencia, aunque breve en duración, me dejó reflexionando sobre la importancia de la atención médica y la necesidad de una respuesta rápida y precisa en momentos de crisis. También me enseñó la importancia de la empatía y el apoyo en situaciones de angustia, ya que a pesar de no ser yo la “herida” directamente fue un momento que me preocupo mucho, incluso a mi corta edad, donde probablemente no entendía lo que estaba pasando, pero si sentía una sensación de culpa, la cual los paramédicos me ayudaron a calmar junto con mis padres.<br><br></div><div>En retrospectiva, esta experiencia como “paciente” a una edad tan temprana me inculco la idea de que, en cualquier momento de la vida, la atención médica puede convertirse en un aspecto crucial de nuestra existencia. Más allá de la cicatriz visible, esta experiencia me recordó que la salud es frágil y valiosa, y que los profesionales de la salud desempeñan un papel fundamental en el bienestar tanto físico como mental de las personas.<br><br></div><div>En conclusión, esta experiencia me recordó la importancia de la empatía, la rapidez de acción y la valoración de la salud en todas las etapas de la vida, la cual nos presenta giros inesperados, y a menudo, son esos momentos los que nos brindan las lecciones más profundas.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-19 23:44:09 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Paloma Castaño</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2755569098</link>
         <description><![CDATA[<div>LA REVELACIÓN DE UN SUSPIRO &nbsp;</div><div><br></div><div>A los 10 años, por primera vez, fui al hospital por un episodio de asma. Nunca me había pasado algo así y no fue tan grave, solo sentía que me dolían las costillas y se me dificultaba respirar un poco mientras jugaba con mis primos. Mi mamá me dijo que no jugara más porque me veía ahogada, pero seguí jugando porque me pareció normal, hasta que mi mamá vio que me desmaye.&nbsp;</div><div>Esa fue la primera vez que fui a un hospital además de mi nacimiento; me pusieron oxígeno y estuve menos 7 horas en pediatría de urgencias, me dijeron que no era grave solo un episodio, ahí empezó la historia de mis problemas respiratorios, también de mi curiosidad y gusto por los hospitales y mi mamá siempre era mi compañera, pero me llevaba a la clínica más nerviosa que la vez anterior, a diferencia de mí que me iba con más ansias. En este momento de mi vida tengo 18 años y mi asma desapareció hace varios años, solo sufro de alergias y me sometí a un tratamiento para esto, pero de ahí nació mi gusto a la medicina. &nbsp;</div><div>Llegó un punto en el que los doctores y las enfermeras me conocían, esto era impresionante para mis doce años, me encantaba todo, el olor, la espera, las agujas, los exámenes y la sensación de alivio cuando salía de ahí. Desde ese momento supe que quería vivir en un ambiente clínico y quería que las personas sintieran ese alivio que yo sentía al salir de ahí sin ahogarme como cuando llegaba. &nbsp;</div><div>Para mi madre era un alivio que ya no tuviera que ir a urgencia una vez cada tres meses, para mí era triste. Sin embargo, seguía teniendo problemas respiratorios, pero se los atribuía a la alergia, ya no tenía sensación de ahogarme ni me desmayaba, pero seguía yendo al hospital a que me hicieran varias pruebas y exámenes. Mi mamá no entendía mi gusto por los hospitales, yo lo veía como una oportunidad de estar en ese ambiente que a veces era frio, pero me hacía sentir de cierto modo en mi zona de confort. &nbsp;</div><div>Siempre me pregunté si mi destino era escoger una carrera que me permitiera estar en estos lugares y ayudar a las personas hasta que tuve que estar a mis dieciséis años cada mes, por un año en la clínica valle del Lili acá en mi ciudad, en ese momento empecé un tratamiento de vacunas contra la alergia, en este caso ya tenía contacto con otros pacientes y con más personal pero no era un ambiente tan tenso como la sala de urgencias, ahí hablaba todo el tiempo con ellos y les preguntaba cosas, creo que eso me hizo entender que amaba definitivamente ser paciente, pero aun así me cuestiono si quiero vivir en un hospital pero ya no como paciente sino como médico.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-20 02:57:20 UTC</pubDate>
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         <title>Maria Camila Moreno J.</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>"Déjame ser fuerte contigo"<br><br></strong>Hace seis años, mi padre, quien es médico, sufrió un episodio que cambió su vida para siempre y nosotros (su familia) lo vivimos a su lado.&nbsp;</div><div>Todo comenzó en unas vacaciones en Aruba. Mi padre, alguien tan saludable, se vio afectado por fuertes dolores. Las noches se convirtieron en pesadillas, despertares a causa del dolor que recorría su espalda y orinando sangre. Pronto, el dolor nos llevó a regresar a casa, a Cali, y a una madrugada en la que las lágrimas no podían contenerse más. A las 3 de la mañana, en busca de alivio, él solo se dirigió al hospital.&nbsp;</div><div>Efectivamente el diagnóstico del cual sospechábamos, fue el correcto: cálculos renales.&nbsp;</div><div>El dolor no era solo físico, sino también emocional. Pasé horas en la sala de urgencias, y las palabras de mi padre resonaron en mi mente: "Nos veremos cuando salga de la cirugía, todo saldrá bien". Pero al parecer, la vida tenía otros planes. La cirugía, no fue lo que esperábamos.&nbsp; Mi padre no volvió a casa esa noche.&nbsp;</div><div>Al siguiente día, fui y le pregunte a mi mamá: <em>“¿qué paso con papá? ¿Por qué no ha vuelto?”</em>. Con solo una mirada llena de tristeza, me pude imaginar su respuesta. La sala de cuidados intensivos se convirtió en un lugar al que temía ir, pero sabía que tenía que enfrentar. Ver a mi papá, que siempre vi con una sonrisa y lleno de humor, en ese estado, era desgarrador. Cables conectados a su cuerpo por su falla renal, su piel pálida y su voz débil eran una imagen que me rompía el corazón. Luché por evitar llorar, pero era imposible. La desesperación se unía con la realidad, y la idea de perder a mi papá se apoderó de mí.&nbsp;</div><div>Los días y noches iban pasando en una mezcla de angustia, temor y pero con algo de esperanza. Mi mamá, se volvió nuestro pilar. Sus ojos rojos y su rostro lleno de tristeza mostraban preocupaciones compartidas. Las visitas al hospital se volvieron restringidas, y mi mundo se redujo a esperar a que mi mamá regresara con noticias. En ese momento, mi vida se llenó de incertidumbre.&nbsp;</div><div>Las semanas pasaron, y las palabras de mi papá antes de la cirugía resonaban en mi cabeza, y deseaba que la promesa de su regreso a casa se hiciera realidad.&nbsp;</div><div>Finalmente, el día llegó, después de meses de lucha, mi padre dejó el hospital. Lo recibí con un gran abrazo, y me dijo “Haz sido muy fuerte, déjame también ser fuerte contigo”.&nbsp;</div><div>Aunque los recuerdos de aquellos días difíciles todavía me hacen llorar, también me recuerdan la importancia de enfrentar los desafíos con amor y esperanza. Aprendí que la enfermedad no solo es un evento médico, sino una experiencia compartida que nos cambia y nos moldea de maneras profundas.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-20 21:31:35 UTC</pubDate>
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         <title>Maria Camila Escobar </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Una Odisea Navideña<br></strong><br></div><div>Ese diciembre fue una tortura. El dolor que sentía aún era insoportable, aunque ya llevaba una semana en el hospital, me seguía sintiendo bastante mal. Para ese entonces no estábamos pasando por el mejor momento económico. Recuerdo bien que un viernes llego a la habitación el medico de turno y le explico a mi mama que debían trasladarme a un hospital de menor nivel y que no podían seguir tratándome ahí porque teníamos unos días de mora en la prepagada. Yo aun no entendía muy bien, pero si sentía en mi mama el desespero y la angustia por lo que le habían dicho, pues desde que murió mi papa esos primero 3 años fueron difíciles en todos los sentidos.&nbsp;<br><br></div><div>El transporte hasta ese hospital fue eterno y el conductor, muy poco interesado en mis quejidos no intentaba hacer el viaje con más cuidado, solo me decía “tranquila niña, ya estamos cerca”, lo cual era claramente una mentira. Con la cantidad de huecos que hay en Cali, el dolor de mis riñones era insoportable, cada hueco se sentía como una apuñalada en la espalda. Nunca me han apuñalado, pero era un dolor punzante, como si me estuvieran enterrando un cuchillo (sin exagerar) y menos para una niña de 11 años, es horrible. Cuando llegamos al otro hospital, que solo se que era muy… lejos de mi casa, se veía de todo, antes de ubicarme me llevaron a un consultorio que tenía una pequeña humedad en la esquina del techo y un tapiz de dibujos de niños. Me pusieron en una habitación, además compartida, que parecía de una película de miedo, o no se si mi realidad estaba distorsionada por los medicamentos. Pasé la noche ahí y cada hora iban a chequearme los signos vitales asi que no dormí mucho, eso duro varios días.&nbsp;<br><br></div><div>Estuve una semana mas hospitalizada, me perdí casi todas las novenas familiares, una de mis actividades navideñas favoritas hasta el día de hoy. Por poco también me pierdo el 24. Aun que estaba bastante triste, las enfermeras de este lugar me trataban mejor y con mas cariño que las del hospital anterior, que actuaban bastante frías y distantes, tal vez por la rutina de su trabajo que a mi parecer les hizo perder el amor a su profesión. Por estar en vísperas navideñas fueron diferentes personas a tratar de animar a los pacientes. Llevaron un “espectáculo de clown” que debo admitir hizo más amena mi estadía en el lugar, incluso me dieron regalos.&nbsp;<br><br></div><div>Fui mejorando con los días y gracias a una amiga de mi mamá logramos pagar todas las cuentas del hospital y me dieron de alta justo el 24 de diciembre, pensé que no iba a lograr recibir mis regalos en casa. Me enviaron hospitalización en casa, pero no necesitaba nada más que eso, mi casa. Cuando vinieron por mí, mi mama y su amiga me recibieron con un “furby” un pequeño juguete que estaba de moda que se suponía ser una mascota, lo ame. Ahora viendo hacia atrás no se si me encanto el juguete por lo que era, sino por lo que significaba. Finalmente, en mi hogar, estaba mi familia esperándome con mucha alegría y yo feliz de por fin estar en donde debía en temporada navideña.&nbsp;<br><br></div><div>&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-21 02:00:14 UTC</pubDate>
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         <title>Daniela Fajardo Guerrero </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>El renacer de la esperanza.&nbsp;<br><br></div><div>A mis 5 meses de nacida era el centro de atención de mis padres y toda mi familia, gozaba de muy buena salud y todo en mí parecía ir de la mejor manera. Sin embargo, un día todo cambió. Empecé a mostrar signos de malestar. Mi madre, preocupada, notó que no comía con las mismas ganas y que lloraba con más frecuencia. Al principio, pensaron que podría ser una simple molestia estomacal, pero mi estado empeoró rápidamente.<br><br></div><div>Mi madre, desesperada, me llevó a varios médicos, pero ninguno podía identificar la causa de mi malestar. Las noches se volvieron largas y agotadoras, mi madre cuidaba de mí sin descanso. La preocupación y la impotencia eran los sentimientos del día a día, pues ella no sabía qué hacer.&nbsp;<br><br></div><div>Un día, decidió llevarme por urgencias al Club Noel en la ciudad de Cali, al entrar a consulta el Doctor de inmediato se dio cuenta de que estaba en grave peligro. Diagnosticó una intususcepción, una condición médica en la que una parte del intestino se pliega sobre sí misma, obstruyendo el flujo sanguíneo y poniendo en peligro la vida del paciente.<br><br></div><div>Mi madre estaba asustada, pero agradecida de que finalmente se hubiera encontrado un diagnóstico. El Doctor inmediatamente programó una cirugía de emergencia para corregir la intususcepción y salvar mi vida.<br><br></div><div>La operación fue un éxito y después de la cirugía, mi recuperación fue lenta pero constante. Pasaron semanas cuidándome con amor y paciencia.<br><br></div><div>Finalmente, a medida que crecía, demostraba ser una niña fuerte y valiente, superando los obstáculos desde una edad temprana. Aquel capítulo oscuro en mi vida se convirtió en una historia de esperanza y perseverancia. Mi madre y el Doctor se convirtieron en unos héroes para mí.&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-21 17:17:59 UTC</pubDate>
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         <title>UN NUEVO SOL, MI SOL (Por: Yeimi Paulina Carabali Carabali)</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Tenía 25 años cuando la vida me dio la más importante prueba que yo había podido atravesar. A lo largo de mi vida nunca me preocupé más que por un refriado común. Solo recuerdo ese tarde de miércoles linda, soleada, tarde en donde solo pensaba en llagar a casa para descansar como el día donde tuve que repensar parte de la vida que tenía, replantear si podría seguir en una vida con un futuro aparentemente incierto.&nbsp;<br><br></div><div>Esa tarde el medico me confirmó el diagnostico de falla renal crónica. No sabía que hacer, pensé en mi hija y lo único que sabia era que tenía que vivir para verla crecer, tenía que poder seguir sintiéndome yo, aunque mi corazón me decía q que no iba a ser una tarea sencilla. Ese día el medico fue honesto conmigo y jamás me cansaré de agradecerle eso, él puso como dicen coloquialmente las cartas sobre la mesa, pero sobre todo me alentó a no desistir ante la evidente lucha que estaba iniciando. Entré en shock, la negación no me permitía llorar.&nbsp;<br><br></div><div>La convicción de que la vida sería mejor siempre estuvo ahí. Solo el tiempo podría responder mis preguntas y así fue. No salía de mi cabeza la idea de que un día mi teléfono sonaría y el mensaje seria que había un riñón para mí, recuerdo la noche en que recibí la llamada que cambio mi vida, curiosamente días antes había estado hablando mucho con Dios y al parecer el me escuchó. Sentía que mi corazón iba más rápido de lo normal. Ya tenia muchas cosas listas solo me quedaba despedirme de mi familia y abrazar la vida que me esperaba sabiendo que me iba a enfrentar a una cirugía compleja.&nbsp;<br><br></div><div>Llamada que, por supuesto significó no perderme de ese camino llamado vida, no perderme de mi hija y desde luego significó aprender a sonreír de las desavenencias&nbsp; de la vida. Decidí titular mi tiempo en lista de espera del riñón como “la incertidumbre” porque eso es lo que representaba netamente para mí.&nbsp;<br><br></div><div>Aunque la vida no fue igual, dejé de ser la enfermera que sabia reconfortar y me convertí en la paciente que necesitaba esperanza. Me sentía diferente y por supuesto no era para menos, tenia una nueva vida, un nuevo sol, mi sol.&nbsp;<br><br></div><div>Yo aprendí de la vida, siendo esta y el tiempo mis mejores maestros. Empecé a escribir para liberar las cargas de mi alma y sin lugar a duda las de mi corazón. &nbsp;<br>...<br>Gracias por llegar hasta aquí :)<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-21 17:58:19 UTC</pubDate>
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         <title>Federico Arizabaleta Naranjo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>La Sorpresiva Aventura de Mi Apendicitis Inflamada<br><br></div><div>Mi día comenzó como cualquier otro, siguiendo mi rutina matutina de prepararme para la escuela: me levanté, me duché, desayuné y me cepillé los dientes antes de salir a esperar el autobús escolar. Como niño pequeño, no tenía ni idea de que este día se convertiría en uno de los más inolvidables de mi vida.<br><br></div><div>Al llegar al colegio, me encontré con todos mis amigos, compartimos risas y juegos, y la clase transcurrió normalmente. Sin embargo, todo cambió drásticamente durante el recreo cuando de repente me sentí agotado y experimenté un dolor agudo en el estómago, acompañado de malestar y unas náuseas tan intensas que eran prácticamente insoportables. Me retorcía del dolor, y mi esperanza de que la enfermera del colegio pudiera aliviar mi malestar era incalculable.<br><br></div><div>La enfermera, desconcertada, se esforzó en busca de una solución, pero el dolor y el malestar persistieron, y para mí, parecía que sus poderes mágicos de curación habían desaparecido. Finalmente, decidió enviarme a casa con la creencia de que se trataba de una simple intoxicación.</div><div>De regreso a casa, mi condición empeoró significativamente, pasé toda la tarde sintiéndome enfermo y adolorido, lamentando que aquel día se hubiera convertido en el peor de mi vida, ya que ni siquiera tenía energías para mirar caricaturas. Mi madre, una mujer trabajadora, no llegó a casa hasta tarde en la noche, y fue entonces cuando decidí descansar.<br><br></div><div>Al ver mi estado, mi madre se alarmó y me llevó de inmediato a la clínica, su instinto materno le decía que algo andaba muy mal. Para un niño de seis años, el lugar resultó extraño y un poco aterrador. No comprendía quiénes eran los señores con batas blancas ni por qué había tantas máquinas extrañas y agujas por todas partes.<br><br></div><div>Los médicos realizaron una serie de exhaustivos exámenes sin llegar a una conclusión sobre la causa de mis síntomas. La incertidumbre se prolongó durante una larga noche de pruebas médicas hasta que finalmente descubrieron que tenía una apendicitis inflamada. La situación requería una cirugía de emergencia, que felizmente resultó exitosa. Sin embargo, mi estadía en el hospital se extendió una semana más, ya que mi apéndice había llegado a perforarse. Tras recibir una serie de antibióticos, regresé a casa solo con una cicatriz como recuerdo de esa batalla, una cicatriz que enorgullecidamente exhibí durante mucho tiempo en el colegio.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-21 20:02:16 UTC</pubDate>
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         <title> Santiago José Rojas Ramírez</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Una Caída Por Una Lección<br><br>Cuando tenía apenas cuatro años, solía pasar tardes enteras jugando en el parque de la unidad de mi abuela. Una de esas tardes, en compañía de mis amigos de ese entonces, me encontraba balanceándome en la barra colgante que usualmente se encuentra en todos los juegos de niños; una barra que según recuerdo era roja, un poco oxidada, pero divertida sin lugar en duda. En medio de las risas y los juegos, le pedí a la niñera de una amiga que me diera un empujón para alcanzar una mayor altura mientras me balanceaba. Sin embargo, con forme más subía, más fuerza iba necesitando, y con mis escasos años, no contaba con mucha esa; fue entonces cuando llegué a mi limite y sin aviso alguno salí volando gracias a la velocidad a la que me estaba balanceando. Aun recuerdo que fue un momento en cámara lenta, yo era consciente de que estaba en el aire, y lo único en lo que pensaba era en cómo iba a caer. En respuesta a mis reflejos y aparente sentido común, decidí poner mi brazo sobre mi pecho para amortiguar la caída, decisión que hoy en día agradezco, pues de no haberlo puesto, el desenlace habría podido ser mucho peor.&nbsp;<br><br></div><div>Tras la caída, me levanté y sacudí sin ningún problema, solo observaba como todos me veían a mi alrededor sin entender, pues yo me sentía bien. Fue en ese momento cuando bajé la mirada y vi que algo no estaba bien. Mis huesos, la ulna y el radio (los dos huesos del antebrazo) se habían fracturado por completo. Curiosamente, en ese momento, no experimenté dolor alguno; tal vez la sorpresa y la confusión opacaron cualquier sensación; pero de lo que si podía ser testigo, era de como mi brazo se asemejaba en forma a una pista de skateboarding.&nbsp;<br><br></div><div>Mi nana actuó con rapidez y me llevó al hospital, donde me esperaban ansiosos mis tíos, abuelos y padres. Poco a poco, el efecto del shock se desvaneció, y entonces llegó de forma implacable el dolor. Cada movimiento, por más pequeño que fuese, desencadenaba una punzada aguda que me dejaba sin poder respirar. Uno de los momentos más difíciles fue cuando me llevaron para tomarme una radiografía; cada ajuste, cada mínima manipulación del brazo, me sacaba una lagrima y un grito de dolor; sin embargo, fue necesario para entender la magnitud de la lesión. Tras unos minutos llegó el doctor, y me explicó a mi y mi familia que se me habían partido los dos huesos del antebrazo, y que para poder remediarlo tenían que ponerme clavos de fijación los cuales permitieran anclar mis huesos de forma correcta.<br><br></div><div>Finalmente, llegó la hora de la operación. Los doctores trabajaron con precisión para colocar los clavos y estabilizar los huesos fracturados; para mí, fue como una siesta de la cual no me acuerdo nada. Después del procedimiento, me permitieron regresar a casa, donde comenzaría un largo pero exitoso proceso de recuperación.&nbsp;<br><br></div><div>Durante mi estancia en el hospital, las preguntas llenaron mi mente. ¿Por qué me había pasado a mí? ¿Por qué pedí que me empujaran más fuerte? Al principio, culpé a la niñera de mi amiga por el empujón que desencadenó todo esto. Sin embargo, con el tiempo y madurez, comprendí que la responsabilidad recaía en mis propios actos. Fui yo quien había buscado ese impulso extra, sin considerar las consecuencias. Esta experiencia se convirtió en una lección invaluable, pues aprendí sobre la importancia de tomar decisiones conscientes y de asumir la responsabilidad de mis acciones.&nbsp;<br><br></div><div>&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-21 20:56:57 UTC</pubDate>
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         <title>Daniela Hormaza</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong><em>Un testimonio de paciencia y resiliencia&nbsp;</em></strong></div><div><br></div><div>Alrededor de mis 7 años, mi vida dio un giro inesperado cuando sufrí mi primera lesión en el codo que cambió mi rutina diaria y me llevó por un camino de paciencia y recuperación. La experiencia que viví durante aquel período me dejó una valiosa lección sobre la importancia de la perseverancia y la adaptabilidad en momentos de adversidad.</div><div><br></div><div>Todo comenzó con una caída aparatosa. Un desafortunado encuentro con un pasa manos me llevó a caer directamente sobre mi brazo, desencadenando un dolor agudo que me dejó sin aliento. La incapacidad de mover el brazo fue inmediatamente evidente, y sabía que necesitaba atención médica con urgencia. Una visita al médico reveló un diagnóstico desalentador: fractura de cabeza radial (uno de los huesos que se encuentra en el antebrazo) . El tratamiento requería la inmovilización de mi antebrazo en un yeso, una perspectiva que me llenó de inquietud.</div><div><br></div><div>Durante el mes que pasé con el antebrazo enyesado, tuve que aprender a vivir una realidad que nunca antes había experimentado. La pérdida de la movilidad y la independencia que había dado por sentado toda mi vida se convirtió en un desafío constante. Las tareas cotidianas, como vestirse, comer, bañarse y escribir, se volvieron arduas y frustrantes, por lo que me llevó a un nivel de paciencia que nunca había conocido.</div><div><br></div><div>El proceso de adaptación a esta nueva realidad me enseñó a apreciar cada pequeño avance. Cada día, me esforzaba por encontrar formas de superar los obstáculos. Aprendí a apreciar la ayuda de amigos y familiares, quienes se convirtieron en un sólido sistema de apoyo emocional y práctico. La importancia de la paciencia se hizo evidente mientras esperaba ansiosamente el día en que finalmente se retiraría el yeso.</div><div><br></div><div>Cuando finalmente llegó el momento de que el yeso fuera retirado, experimenté una sensación muy extraña en mi antebrazo. Era como si mi extremidad hubiera perdido toda su fortaleza y tono muscular. La flacidez era evidente, pero me aseguraron que esto era normal y que la recuperación requeriría tiempo y esfuerzo.</div><div><br></div><div>La etapa de rehabilitación marcó el comienzo de una nueva travesía. Recuperar la fuerza y la movilidad en mi antebrazo fue un proceso gradual y desafiante. A medida que pasaban las semanas y los meses, noté mejoras significativas en mi antebrazo. Cada pequeño logro, como la capacidad de levantar objetos ligeros o realizar movimientos antes imposibles, se convirtió en una fuente de satisfacción y motivación. La paciencia que había cultivado durante mi período de inmovilización se convirtió en un recurso invaluable mientras perseveraba en mi camino hacia la recuperación completa.</div><div><br></div><div>Mi experiencia como paciente me dejó con una profunda apreciación por la resiliencia del cuerpo humano y la importancia de la adaptabilidad. Aprendí a valorar cada pequeño logro en el proceso de recuperación y a no dar por sentadas las habilidades y la independencia que disfrutamos en la vida cotidiana. Además, esta experiencia me dejó una lección duradera sobre la importancia de la paciencia y la determinación en tiempos de dificultad.</div><div><br></div><div>En retrospectiva, mi lesión en el codo y el proceso de recuperación que siguió fueron una prueba de resiliencia y un recordatorio de que, a menudo, la adversidad puede ser una oportunidad para el crecimiento personal. A pesar de las dificultades, esta experiencia me permitió redescubrir mi fuerza interior y la capacidad de adaptarme a situaciones desafiantes.</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-21 21:27:52 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>El relato de una perdida.</strong><br>Durante mi niñez, fueron escasas las oportunidades que tuve&nbsp; de enfrentarme a la situación de ser paciente, eso justifica la razón del porque los&nbsp; recuerdos de mis estancias en el hospital son pocos. Por lo tanto&nbsp; esta historia no les hablaré de mis estancias en los pasillo del hospita,les hablaré de lo que siente el familiar de un paciente. En mi infancia tuve un experiencia que marcó mis recuerdos, pase por esa situación de estar en la incertidumbre de no saber que pasara después de escuchar el diagnóstico.</div><div><br></div><div>En el año 2011,estaba sentada junto a mamá esperando la llamada de mi tía para informarnos sobre el abuelo,no sabía qué hacer para que mamá no se sintiera triste,recuerdo que estaba mirando hacia el suelo y en sus manos sujetaba el teléfono;(<em>¡Ring ,Ring!</em>)sonó el teléfono de mamá,ella contesta:-Alo, Hola Maria, ¿que les dijeron?- mire a mamá para tratar de comprender con sus gestos si eran o no buenas noticias,ella es una mujer que suele ser muy expresiva,conocía si estaba furiosa,feliz o triste solo por su gestos no necesitaba decir alguna palabra para yo saberlo.Por eso comprendí que no eran buenas noticias,mamá salió de la habitación,tal vez para que yo no escuchara. Minutos después,ella entra de nuevo a la habitación,esta vez la noto un poco apurada&nbsp; y nerviosa,-Que le pasar al abuelo?¿Va regresar? -le pregunto;-No lo se,tengo que viajar a verlo al hospital y a reemplazar&nbsp; a tu tía esta noche-Me respondió mamá.Hora después mamá se fue,recuerdo que esa noche no pude dormir bien pensando en si el abuelo volveria,si lo volvería a sentado en su banca junto al lavadero, si volvería para enseñarme las tablas de multiplicar como lo prometió,esa noche&nbsp; me pregunté¿para qué vivir si algun dia voy a morir?.</div><div><br></div><div>Al siguiente día fui a la escuela como de costumbre,jugué con mis amigos y me sentía nerviosa por la tarea que no había hecho.A las 12:00 salí del colegio,recuerdo que papá me fue&nbsp; recoger,se me hizo extraño ya que casi siempre me recoge mi tia.Ese dia papá y yo fuimos al parque y compramos un helado,estaba muy feliz por el helado,cuando papá me dice lo siguiente:-Don Daniel acaba de fallecer,por eso tu tía no te recogió hoy-&nbsp; No le creí,papá me hacía muchas bromas,pero esa expresión de consuelo.-Enserio?-le pregunté-Si,la bacteria que él tenía había avanzado mucho y no lo soporto.Mamá está en el hospital &nbsp; para arreglar unas cosas,cuando llegué trata de no llorar. Fue duro para mi familia la pérdida de mi abuelo, pero se que ya era hora de dejarlo ir, él estaba sufriendo. Hablando ahora&nbsp; con mamá, me contó de que cuando el abuelo murió pensó que fue lo mejor para él, recordó cuando&nbsp; a causa de su enfermedad él pidió que le amputaron su pierna derecha no soportaba el dolor,mamá me contaba de que ya ni la morfina le ayudaba con su dolor.-El día que el doctor me dijo que ya no había esperanza, pensé que ya no volvería a verlo sufrir y eso fue algo que me consoló, pero&nbsp; me dolió mucho mucho dejarlo ir.</div><div>-Lina Marcea Mina Mezu<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 02:00:23 UTC</pubDate>
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         <title>Miranda Muñoz </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Sonrisa renacida: todo al final sana&nbsp;</strong></div><div><strong>&nbsp;</strong></div><div>Todo empezó un día cualquiera, nadie, mucho menos yo, podia imaginar lo que la vida tenía preparado para mí y para mi familia. Un día me levanté con un espantoso dolor de garganta, no le di mucha importancia pues pensaba que era una simple gripa, paso el día y llegó la noche y que terrible noche. Al día siguiente me levanté con los labios, boca y garganta llenos de aftas, lo cual me preocupó por completo. Fui al médico me dijeron que no era nada grave y solo me mandaron los respectivos medicamentos y me fui a mi casa más tranquila.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Pasaron alrededor de 6 días, ya estaba mucho mejor y pensaba que ya todo había sanado y terminado. Ese día decidí ir a visitar a mi abuela, estuve todo el día con ella, comimos juntas y hablamos, ya cuando llegó la tarde noche nos pusimos a ver su novela favorita cuando de repente siento un dolor punzante por mi cachete derecho cerca de mi oreja, un dolor inimaginable, algo que nunca había sentido antes. Solo lloraba del dolor y la única solución que se nos ocurrió en el momento fue ponerme hielo.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>A los pocos minutos de sentir ese dolor intenso, llego mi papá y al verme con el hielo adolorida, su única reacción fue tratar de hacerme reír y claro mi papa lo logró, pero de la nada él se empieza a reír aún más y de su boca sale la siguiente pregunta entre carcajadas “¿Por qué no se te mueve un lado de la cara?” Instantáneamente dejo de reírme y voy corriendo a verme en el espejo, vuelvo y rompo en llanto cuando me doy cuenta de que lo que dice mi papá es cierto, no se me estaba moviendo un lado de la cara, me asusté demasiado, pero opté por creer que la mezcla entre el dolor y la situación con mi cara eran porque probablemente me estaban saliendo las cordales (en ese momento de estrés era lo único que me hacía lógica. Al otro día junto a mi madre, decidimos ir a una cita con mi dentista de urgencia porque aún no se me movía la cara y cada vez sentía más dolor, cuando llegue me recibió con una cálida sonrisa que me hizo pensar que todo se iba a solucionar, me recosté en la silla y fue cuestión de 1 minuto para que la sonrisa de mi dentista se desvaneciera, con una cara seria de preocupación nos dijo a mi madre y a mi “esto no es nada de los dientes, tienen que irse ya para urgencias”. Eso fue lo que hicimos, salimos prácticamente corriendo a urgencias.</div><div>&nbsp;</div><div>Cuando llegamos me hicieron los exámenes de rutina, luego ya en el consultorio, el médico solo tuvo que ver mi cara para saber el diagnostico, nos miró a mi madre y a mí y nos dijo “el diagnóstico es una parálisis de bell probablemente provocada por estrés o por algún virus” no sabía cómo reaccionar, no sabía que seguía despues de esto, si me iba a recuperar, tenía catorce años como es posible que me estuviera sucediendo esto a mí. Simplemente no lo podia creer, se me hacía muy injusto y tenía muchísimo miedo de que mi cara se quedara inmóvil por el resto de mi vida.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Empecé con mi proceso, con dolorosos exámenes y distintos medicos. Un examen que nunca olvidaré constaba de varias agujas insertadas en mi cara, con tubos conectados a una máquina que diría cuanto porcentaje de paralisis tenía. Luego de ponerme las agujas, el médico, pasaba corriente por medio de un dispositivo en mi cabeza para que mi cara reaccionará, el resultado dio 75% de paralisis, mis ánimos nuevamente cayeron al piso. Estuve con un neurólogo y con un biomedico simultáneamente, era exhaustivo pero eficaz, todos los días me hacían acupuntura y me ponían sueros de colágeno y neurobión. Mi parálisis estaba diagnosticada para 1 año, gracias a todos los medicamentos, fisioterapia y doctores me logré curar en 3 meses.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Fue un proceso muy duro, con muchos bajones, pero tambien con muchos aprendizajes, lastimosamente debido a esta enfermedad perdí un año escolar y mi vida cambio por completo, perdí amigos y me di cuenta quienes eran los verdaderos y lo más importante de todo creo que fue la experiencia que más formó mi carácter. Ahora que he sobrepasado toda la situación, superado todos los obstáculos y sanado todas las secuelas puedo decir que es algo que me tenía que pasar para aprender y poder convertirme en la persona que soy hoy en día, no haría nada diferente.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 02:04:03 UTC</pubDate>
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         <title>Miranda Muñoz</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Hace dos meses, en la casa de una amiga despues de pasar una tarde agradable fui atacada por su perro, me mordió desde el pómulo derecho hasta la mandíbula. Sin saber como reaccionar, fui a urgencias de la Fundación valle de Lili.<br><br>No podía sonreír o mostrar cualquier expresión porque mi cara sangraba. La doctora me reviso y me pregunto que si estaba vacunada, me limpiaron la herida y cada vez mi ojo estaba mas hinchado y yo estaba mas adolorida.&nbsp;<br><br>No fue nada grave, ni de suturas, pero no pude comer bien ni hablar por 1 semana y media y mi ojo se puso completamente morado.&nbsp;<br>Sane por completo y solo me quedo una pequeña cicatriz en el pómulo. </div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 02:12:03 UTC</pubDate>
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         <title>Mariana Gómez Rivera </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>La dulce herencia</strong>&nbsp;<br><br></div><div>Desde que tengo memoria, la sombra de la diabetes ha rondado a mi familia paterna como un fantasma silencioso, dejando un rastro de sufrimiento a su paso. Mi abuela y sus hermanos lucharon valientemente contra esta enfermedad, pero en muchas ocasiones, fueron vencidos por sus letales garras.<br><br></div><div>Mi abuela, con su cabello plateado y su voz suave, solía contarme historias de su juventud. Sin embargo, detrás de sus relatos de días felices, se escondían recuerdos de inyecciones diarias de insulina, dietas restrictivas y visitas constantes al médico. A pesar de su fortaleza, la diabetes finalmente la venció, dejando un hueco en mi corazón que nunca se ha llenado por completo.<br><br></div><div>Mi padre, consciente de la sombra que acecha nuestra familia, ha estado peligrosamente cerca de caer bajo su influencia. Aunque siempre ha sido un hombre fuerte, la predisposición genética lo ha mantenido en constante alerta. Los cambios en su estilo de vida se convirtieron en un ritual diario; correr temprano en la mañana, llevar un contador de carbohidratos a todas partes y evitar los dulces como si fueran veneno. Observar a mi padre sacrificarse por su salud me llenaba de orgullo y, al mismo tiempo, me inquietaba.<br><br></div><div>Y luego, está mi constante espera. Desde que era una niña, mi madre me ha llevado a una serie interminable de pruebas médicas, como si fuera una especie de rito de paso. Cada pinchazo de aguja y cada muestra de sangre parecían ser el precio que debía pagar por pertenecer a esta familia marcada por la diabetes. A menudo, me encontraba mirando los resultados con un nudo en la garganta, temiendo el veredicto.<br><br></div><div>Pero, al final, todo parece en vano. La sombra de la diabetes continúa acechando, sin importar cuánto nos esforcemos por escapar de ella. Mis temores son compartidos por mi madre, cuyos ojos reflejan la preocupación constante por mi salud. Ella, que ha sido testigo de la lucha de mi abuela y de la determinación de mi padre, teme lo que pueda deparar el futuro.&nbsp;<br><br></div><div>La diabetes es un enemigo insidioso que no respeta lazos familiares ni barreras generacionales. En mi familia, hemos experimentado su devastador impacto de cerca, y aunque hacemos todo lo posible para evitar que nos alcance, a veces parece que estamos luchando contra un destino inevitable. La ironía trágica ha persistido en nuestra debilidad por lo dulce. Parece como si amar tanto algo que literalmente nos ha matado se convirtiera en nuestro karma.<br><br></div><div>A medida que el tiempo avanza, continúo siendo evaluada y monitoreada, manteniendo la esperanza de que la ciencia y la medicina finalmente encontrarán una manera de liberarnos de esta sombra oscura. Mientras tanto, recordamos a mi abuela y su valiente lucha, aprendemos de la perseverancia de mi padre y nos aferramos a la esperanza de que, de alguna manera, esta historia familiar pueda tener un final diferente.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 14:43:42 UTC</pubDate>
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         <title>Juan Camilo Ayala</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Entre Caidas y Decisiones: Un Eco en la Infancia<br><br>A los 5 años, la equitación era mi mundo. Durante un año, montar a caballo se había convertido en una rutina casi diaria, una actividad que esperaba con ansias, y cada tarde, don Raúl, un hombre amable con un origen complicado aunque desconocido para mi, y que mis padres habían contratado, estaba a mi lado, debido a que ellos no disponían del tiempo suficiente para hacerlo por sus horarios de trabajo.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Debido a mi corta edad mi memoria es un poco borrosa en cuanto a muchos detalles, pero hubo un momento que aún recuerdo con relativa claridad y me parece valioso poder contarlo. El caballo que usualmente me asignaban en la academia se veía inusualmente inquieto, aunque yo, siendo un niño sin experiencia en el comportamiento equino, no presté atención a las señales, por lo tanto, no tuve precauciones a la hora de tratar con él cuando me estaban subiendo sobre el animal y antes de que el instructor pudiera ponerme los seguros de equitación, el caballo comenzó a saltar frenéticamente y tuve una fuerte caída.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>En ese momento, las raspaduras en mi piel eran lo de menos, debido a que lo que me hacía llorar era un dolor intenso en mi brazo derecho, razón por la cual don Raúl me llevó al hospital y llamó a mis padres para informarlos de mi accidente. En el hospital me realizaron exámenes preliminares y posteriormente me llevaron al área de imágenes diagnósticas para realizar una radiografía en mi brazo que ya se encontraba muy inflamado.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Pasaron horas, y mis padres finalmente llegaron al hospital. En sus rostros se reflejaban la angustia y la conmoción por la situación, pero también recuerdo algo de furia en sus expresiones que evidentemente no podían ocultar, seguramente hacia Don Raúl, a quien seguramente culpaban por mi accidente y que para ese momento ya no estaba a mi lado. Finalmente me dieron un diagnóstico, tenía una fractura compuesta en el radio y un alto riesgo de avulsión.&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Estuve internado en el hospital durante 2 semanas hasta que me dieron de alta y pude regresar a mi casa para continuar con mi recuperación. Durante esos días no tuve ninguna noticia de don Raúl, hasta que decidí preguntarle a mis padres cuando lo vería nuevamente, ellos solo respondieron de forma cortante que ya no nos iba a poder acompañar más, debido a que su madre se encontraba muy enferma y él había tenido que dejar de trabajar para ir a cuidarla.</div><div><br><br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 18:29:32 UTC</pubDate>
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         <title>Laura Sofía Acosta Rodas </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>&nbsp;<strong>La Búsqueda<br>&nbsp;</strong></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;El 2020 fue un año espeluznante, donde la muerte se sentía muy cerca. Que habían tantas defunciones en tal país, que el esposo de Roberto estaba en el hospital por un fluido extraño en el pulmón, que ya no se podía ir al colegio, ni al trabajo, ni a la universidad, ni al centro comercial, ni al supermercado. Yo estaba muy asustada.&nbsp;</div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;El 01 de junio de ese año, cuando ya se podía salir, tuve una cita en la peluquería. Era la primera vez que salía a algún lugar desde la cuarentena. En aquel sitio empecé a sentir un dolor difuso que parecía originarse en la zona lateral de la nuca y se extendía hacia la región mastoidea y&nbsp; mandibular. En el momento pensé que no tenía ninguna importancia y le atribuí su inicio a la posición incómoda que adopta tu cuerpo cuando te lavan el cabello en el salón de belleza.&nbsp;</div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Pasaron los días y el dolor persistía, era un dolor agobiante por constancia más que por su intensidad. Después de dos semanas con dolor, decidí buscar ayuda médica. Mi primer destino en la interminable lista de especialidades, fue la oficina del médico general. Allí estuve alrededor de 20 minutos que consistieron en chequeo físico y una conversación basada en cuestionamientos sobre mi estilo de vida. El médico no estaba seguro, me formuló acetaminofén y me recomendó ir al otorrinolaringólogo, seguramente pensaba que esa era la rama más apta para abordar el problema.&nbsp;</div><div>	Fui a dos otorrinolaringólogos, el primero no me inspiró confianza porque dudaba mucho, se contradecía en su diagnóstico y terminó diciendo que seguramente el dolor era causado por un cuadro de reflujo. No le creí. La otorrinolaringóloga que me atendió después tampoco tenía una idea clara de lo que podía estar ocurriendo, pero al igual que el médico anterior, sospechaba de un problema a nivel gastrointestinal. Esta vez pensé que si dos profesionales tenían la misma sospecha, era probable que la búsqueda del diagnóstico estuviese encaminada hacia dicha suposición. Fui al gastroenterólogo, me mandó una endoscopia que salió en condiciones normales. Empecé a desesperarme, ¿entonces qué era lo que tenía?.&nbsp;</div><div>	Un mes después del inicio del dolor solicité una cita con un neurólogo por recomendación del gastroenterólogo. Es la cita que más recuerdo. Siempre me había llamado mucho la atención la neurología, pero la fascinación por la materia se desvanece un poco cuando se siente cercana la probabilidad de que ocurra en tu cerebro todo eso que sabes que puede salir mal.&nbsp;</div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; La sala de espera estaba casi vacía. Había un niño junto a la que asumí era su madre, ambos se veían tranquilos, al parecer estaban acostumbrados a ese tipo de consultas. También había dos secretarias vestidas con pijamas quirúrgicas negras que combinaban con la paleta de tonos fríos de la habitación, frío que no se comparaba con la notoria disminución de la temperatura que había en el lugar. Estaba temblando. Luego de unos minutos el médico me llamó por mi apellido para indicarme que ya podía entrar, agarré mis cosas y entré a un consultorio que parecía ser una extensión de la sala de espera. El médico era extranjero, quizá era peruano. También era alto y tenía el cabello plateado, se veía de más o menos 65 años.&nbsp;</div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Primero empezó a hacerme las preguntas que en ese punto ya había empezado aprenderme. Respondí todo y luego me hizo un exámen neurológico que no duró más de 8 minutos. Me volví a sentar frente a su escritorio. Después, sin ningún exámen o prueba previa y basándose solo en esos 8 minutos me dijo: “tenemos que hacerte una resonancia magnética para descartar patologías como la esclerosis múltiple”. Salí del consultorio y me senté en el carro a llorar, me aterraba la idea de que esa fuese una posibilidad.&nbsp;</div><div>	Desde ese comentario del neurólogo empecé a sentir cuadros de ansiedad que se somatizaban con dolores en el pecho. Tuve que pedir una consulta con el cardiólogo, todo esto aún con el dolor en la nuca y mientras esperaba los resultados de la resonancia. Llegaron. Todo estaba bien, no había nada extraño. Sentí el alivio más grande que había experimentado en mi vida. Sin embargo, el dolor en la nuca seguía ahí y mi ansiedad después de que apareció empezó a agravarse, ¿entonces qué era lo que tenía?. Ningún médico parecía poder darme una respuesta.&nbsp;</div><div>	Mi travesía terminó cuando un amigo ingeniero de mi familia le recomendó a mis papás que fuera a un fisioterapeuta, pues él había tenido dolores similares y se le habían ido con un par de terapias. Solicité la valoración y después de tres sesiones mi dolor empezó a desaparecer.&nbsp;</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 19:04:34 UTC</pubDate>
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         <title>El ritmo de la maquina</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Los últimos dos años no han sido fáciles para mí. Me detectaron insuficiencia renal crónica y desde entonces tengo que venir al hospital tres veces por semana para someterme a sesiones de diálisis. Es un proceso agotador, tanto física como mentalmente.</div><div>Cada sesión dura unas cuatro horas en las que tengo que permanecer recostado, conectado a esa enorme máquina que extrae y limpia mi sangre. El pitido constante de los monitores y el zumbido del dializador se han convertido en la banda sonora de mi nueva realidad.</div><div>Lo que hace más llevaderas estas interminables horas son las visitas de mi querido nieto. Cada día que tengo diálisis, él viene puntual con un nuevo juego o libro para entretenerme. Su voz llena de vida y sus ocurrencias me alegran el día.</div><div>Ver la dedicación con la que me cuida me llena de orgullo. Aunque solo tiene doce años, demuestra una madurez y compasión conmovedoras. Ha sido un apoyo fundamental para mí en este difícil camino. Él es mi motor para seguir adelante.</div><div>Pero hoy algo cambió. Un malestar repentino, un dolor agudo en el pecho. Luces y sombras borrosas a mi alrededor. Las alarmas de los monitores ensordecedoras. Todo se nubla rápidamente.</div><div>De pronto, siento que toman mi mano. Escucho la voz de mi nieto diciéndome que todo estará bien. Quisiera creerle, pero la vida se me escapa vertiginosamente.</div><div>Lo miro a los ojos una última vez y le transmito sin palabras lo orgulloso y agradecido que estoy con él. Lamento tener que dejarlo tan pronto, pero sé que seguirá adelante. Es joven y fuerte; tiene una larga vida por delante.</div><div>Mientras las sombras avanzan, le dedico un último pensamiento. Adiós, mi querido nieto. Gracias por todo.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 20:29:10 UTC</pubDate>
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         <title>Laura Giraldo </title>
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         <description><![CDATA[<div><strong>"Reflejos de Amor en la Sala de Urgencias"</strong></div><div>Recuerdo la vez que llegué a la sala de urgencias de la clínica por un fuerte dolor abdominal, venia varios días molestando a mi mama con lo mismo, y ella desde su punto de vista médico creía que no era mayor cosa, hasta que un día cedió y decidió hacerme revisar. Cuando llegamos, la señora del mostrador le pregunto a mi mamá la razón de nuestra visita, y en un intento de ella de que me atendieran rápido, recuerdo que exageró todos mis síntomas, incluso llegó a decir que me sentía una masa en el abdomen (haciendo referencia a un posible tumor). Cuando me pasaron a la sala de espera de pediatría, me vi en el reflejo de la puerta de vidrio y me pareció que me veía cansada, llevaba puesto una camiseta color Vinotinto y un jean azul oscuro, que me toco intercambiar por una bata del hospital para que pudieran realizar en mi los respectivos procedimientos médicos que mis doctores sugerían. Estuve exactamente 24 horas en el hospital y recuerdo que me asignaron una habitación pequeña donde apenas cabía una cama y una silla al lado de esta. A las pocas horas, me vinieron a colocar en el brazo un sello con una ajuga que iba a permanecer ahí por las próximas 12 horas y que me iba a provocar un dolor insoportable que me despertaría en la madrugada, cuando voltee a ver a mi derecha, vi a mi mama durmiendo en una posición incómoda en la silla, su cuello no tenía apoyo y se veía cansada. No pude evitar sentirme culpable por hacerla dormir ahí, por no poder ponerla más cómoda, me sentí triste porque me dolía ver su estado, porque si pudiera, le hubiera dado la cama en la que me encontraba. Con un dolor en el pecho, me volví a dormir. A la pocas horas me realizaron otro procedimiento donde tuve que tomarme toda una botella de líquido blanco en intervalos de 30 minutos, el cual tintaría mis órganos temporalmente para que se pudieran ver bien en la imagen que iban a tomar. Durante esas horas vi lo cansada que estaba mi madre, pero como aun así, me ayudó a bañarme, vestirme y consolarme por el dolor en el brazo. Finalmente, el estudio mostró que tenía una inflamación de los ganglios linfáticos del abdomen (adenitis mesentérica) y que sus síntomas no eran graves, por lo que podía irme a casa después de que me dieran medicamentos. Después de compartir mi historia con mis amigos, ellos me ayudaron a entender que mi madre había hecho todo eso por amor, que no había sido algo que hubiera podido controlar, y que no debería sentirme triste por eso, por lo decidí soltar mi tristeza y tome la situación como una muestra de su amor, sintiendo que debería valorar más todas las cosas que hace por mí.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 21:22:27 UTC</pubDate>
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         <title>Alexandra Angulo Caicedo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>EN AQUEL DICIEMBRE<br></strong><br></div><div><em>Historia basada en hechos reales.<br></em><br></div><div>&nbsp;<br><br></div><div>Era el mes de diciembre y se acercaba el fin de año, una fecha muy esperada por muchos, incluyéndome, es un día lleno de encuentros y emociones porque se acaba el año y empieza uno nuevo. Es un día para compartir y disfrutar junto a todos nuestros seres queridos, por ejemplo, yo me encontraba muy emocionada, sentía como nostalgia, alegría, incertidumbre, de todo un poquito, porque mi hijo, nuera y nieta llegaron a mi casa y no los veía desde hace dos años ya que ellos viven en Estados Unidos y yo acá en Cali. Estábamos muy alegres organizando los preparativos para el 31 luego llega un grupo de jóvenes al barrio, unos eran hinchas del Cali, otros del América, estaban alegando y&nbsp; de repente escuchamos un sonido muy fuerte, pensábamos que era el sonido de las pólvoras, pero no. Escucho el grito de mi nuera a lo lejos, no sabía que ocurría, fui corriendo y ya estaba cerca, cuando veo sangre regada por el piso, quedé en shock, mi hijo tenía una herida de bala en la cabeza, no sabía que hacer, se supone que soy Enfermera pero... no sabía que hacer justo en ese momento, al paso de unos segundos lo único que hice fue llamar la ambulancia, tartamudeando casi sin poder decir mucho, traté de explicar lo sucedido, dando finalmente la dirección para que llegaran al sitio, al pasar el tiempo y ver que no llegaba la ambulancia, lo único que se me vino a la mente fue llevarlo por mis propios medios al hospital, ahora que lo pienso, no se de donde saqué tantas fuerzas que agarré a mi hijo como pude y por inercia lo bajé por las escaleras, claro, con un poco de ayuda de mis vecinos, que muy amables ellos lo terminaron de bajar y nos llevaron a Urgencias. Apenas llegamos lo atendieron, lo entraron a cirugía y estando allí en la sala de espera reaccioné y me di cuenta de que, quien estaba ahí entre la vida y la muerte era mi hijo, justo en ese momento me desesperé, grité y lloré tanto pero tanto, es un dolor que no se le desea a nadie, mi corazón latía tan fuerte, que al final caí al suelo, cuando desperté mi hijo ya había salido de cirugía. Todo había salido bien gracias a Dios, mi hijo se recuperaba bien, hasta que presentó una infección, lo entraron de nuevo a cirugía, es un sentimiento horrible, es como si estuvieras perdiendo todo lo que tiene sentido en tu vida, me desanimé por un tiempo pero tenía que darle alientos a mi hijo, Dios nos ayudó con este proceso,&nbsp; que aunque fue difícil puedo decirles con orgullo que mi hijo salió de eso con ayuda de Dios. Hoy en día es una persona que aunque perdió la capacidad de hablar y de moverse sigue en la lucha con su hija, la ve crecer y la acompaña durante cada una de sus etapas. Y yo también acompaño a mi hijo por esta nueva etapa, trato de brindarle la mayor comodidad posible para que él se sienta a gusto. Con esto, quisiera dar el mensaje de que aunque hayan muchos problemas en la vida, siempre habrá una luz, una esperanza y que no debemos rendirnos y a todas las madres que luchen por sus hijos porque el amor de una madre puede con todo.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 21:26:53 UTC</pubDate>
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         <title>Isabella Urrego Manchola</title>
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         <description><![CDATA[<div><strong><em>Luces de esperanza contrarreloj: el poder del amor y la fe intacta.<br></em></strong><br></div><div>Era una mañana de abril del 2023. Mi papá ya estaba encendiendo el motor del auto y yo aún no estaba lista. Le eché la culpa a la alarma, aunque reconociera mi demora intencional. Esos minutos de sueño extra eran sagrados. Me monté de afán a eso de las 5 am como de costumbre. La ciudad apenas empezaba a funcionar. Las autopistas llenas de carros apurados por llegar a sus trabajos la mantenían viva. Sin embargo, aún faltaban al menos 50 minutos de recorrido. Alisté mi almohadita del cuello de ositos que cargo conmigo siempre y dormí de camino a mi examen parcial. Estaba ansiosa y se me dificultó conciliar el sueño. Me resigné a cerrar los ojos. Parecía que me aislara del mundo, aunque estuve atenta a cada sonido de la calle y reconocía el camino que seguía el auto. Podía percibir todo lo que pasaba allá fuera. Todo se me hacía familiar. El timbre de una llamada repentina me llenó de angustia. Los sollozos de mi tía se extendían por el auto. Al bajarme del carro no hubo comentarios. No saludé ni di abrazos con mi llegada. Mis amigos parecían desconocerme.<br><br></div><div>Tenía rabia. Me habían ocultado la verdad. Al almuerzo no comí nada. Parecía sin fuerzas para la evaluación. Quería dejar todo e irme corriendo. Nada era más importante que mi familia. Solo quería llegar a casa y enterarme de todo. El malestar de no haber comido me tenía mareada. Todo me daba vueltas.&nbsp;<br><br>Abrí la puerta del auto y me quejé. Esperaba respuestas. Aunque éstas terminaron de derrumbarme. Nos dirigimos a la clínica donde había sido ingresado. La sala de espera fue agobiante. No había respuesta. Una bebé de unos 8 meses lloraba desesperada en brazos de su madre, mientras ésta ponía compresas en su frente para aliviar la fiebre. A mi costado derecho un niño con uniforme deportivo gritaba por una gran raspadura en su pierna derecha y una mujer embarazada parecía incrementar su frecuencia de contracciones cada vez más dolorosas. Mientras tanto el pie de mi abuelo no parecía de tanta importancia. Pues no se quejaba ni gritaba del dolor como otros lo hacían. La osteomielitis "parecía" tratable e inofensiva. No sugería peligro para el personal de salud. Por lo tanto, no se consideró urgente.&nbsp;<br><br></div><div>Unas 2 horas más tarde llegó el médico. Tenía cabello blanco y lentes grandes. Solo se limitó a decir que debía amputar hasta su rodilla. Sugirió solo consultarlo en familia y socializar la decisión con él en poco tiempo. No analizó algún otro método de tratamiento. Ni midió el impacto de sus palabras. Su falta de empatía me dio impotencia. Me dirigí al baño al otro lado de un pasillo blanco. Me encerré a llorar por unos 15 minutos. No quería que mi abuelo me viera así. A él no le gustaba verme triste. Entonces intenté componerme para él. Decidida llegué a decirle a mamá que debíamos sacarlo de allí. La complicación ulcerosa del pie diabético es un riesgo de infección grave. La necrosis tisular es inminente. No hay tiempo que perder nunca. 10 años atrás ya habían hecho resección de la falange distal y medial del dedo V. Aunque esta vez parecía más extenso el compromiso óseo. Más compleja la cirugía. Más sufrimiento. Los procedimientos para el traslado eran demorados. Los cafés del hospital escaseaban con la alta demanda de pacientes y las quejas de mala atención nunca faltaron. Llegar a considerar la idea de llevar a cabo la cirugía era desgarrador.<br><br></div><div>Instauramos una petición exitosa a la Superintentendencia de Salud que tardó 5 días. Nos trasladamos en una ambulancia al otro lado de la ciudad. Siempre había tenido curiosidad de ver una por dentro. Aunque las circunstancias no fueron las apropiadas. Le pusimos su gorro gris y sus guantes negros favoritos que llevaba a su diálisis. Intentaba sonreír con más calma. Me hacía sentir más tranquila. La evaluación de su caso más detenidamente por la junta de la clínica consideró otras opciones. Se le administraron 2 antibióticos durante 30 días de hospitalización y se realizó la resección de su falange distal y proximal del dedo I, aquel que tenía un compromiso necrótico irremediable. El tratamiento fue exhaustivo. Estar encerrado en 4 paredes por tanto tiempo resultaba agotador pero siempre hubo esperanza para una nueva oportunidad de vida. La fe y el amor de nuestra familia nos hizo más fuertes y nos llevó a superar un nuevo obstáculo juntos. Uno que nos haría comprender la crudeza de la existencia misma.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-22 23:58:21 UTC</pubDate>
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         <title>Juliana Villalobos</title>
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         <link>https://padlet.com/juliadiazam/qch40kfb68ku7aes/wish/2758368133</link>
         <description><![CDATA[<div><strong><em>Cuando el aprendizaje duele </em></strong><br><br>Por algún motivo, de manera poco sorprendente, tuve que acompañar a mi mamá a una cita de mi hermana con neurología. Fue la primera vez que me dio miedo escuchar una noticia terrible por un médico que no me estuviese atendiendo a mí. Normalmente, soy yo quien se imagina los peores escenarios en las consultas médicas, pero, en este caso, era lo único que no quería hacer.&nbsp; Le decía ella, al doctor, con varias intervenciones de mi mamá que, estando en tercero de primaria, sufría mucho de dolores de cabeza. Ya no la dejaban ir a la enfermería del colegio por su alta frecuencia y no la ayudaba estar estresada por la mala relación que tenía con la profesora titular de su salón. No podía resistir el dolor, pero tampoco le daba tranquilidad el hecho de que se volviera menos fuerte solo por un rato. Tal fue el caso, que le dijeron que fuera al médico.<br><br></div><div>Pasó por pediatría, psicología, nutrición, hasta que llegó a neurología. A mi solo me resonaba esa idea de que mi hermana podría estar teniendo algo terrible. El hecho de ver que cada vez que iban a la clínica salían con más y más exámenes nos preocupaba a todos; solo generaba más estrés. Recuerdo que le hicieron exámenes del sueño, tomografías, resonancias y pruebas de todo. Y todo salía normal. Eso era lo que más me angustiaba: que pasaba algo, pero no aparecía nada raro.<br><br></div><div>La profesora la mantenía regañando, diciéndole que hablaba mucho y que mantenía distraída, incluso cuando sabíamos que no era cierto. Le decía que, si quería sacar buenas notas, debía empezar a esforzarse; se lo decía como si nunca hubiese sacado reconocimientos de excelencia. Se quejaba de ella en las citas con mis papás, diciendo que era desjuiciada y que tenia varias notas perdidas, en especial las que veía con ella en matemáticas. Y todos los días era lo mismo, una y otra vez.<br><br></div><div>Llegaba mi hermana del colegio, casi llorando, demasiado triste para estar tan pequeña. Me dolía verla enojada, llena de rabia y frustración. No se notaba el esfuerzo que hacía en prestar atención y sacar buenas notas; o eso era lo que pensaba. Ya no quería volver. Mis papás solo se angustiaban cada día que veían que se repetía la misma escena. Hablaban con el colegio, pero solo decía que estaba estresada y que debía seguir esforzándose, y le volvían a decir que fuera al médico; como si allí estuviese la solución que necesitaba.&nbsp;<br><br></div><div>Finalmente, llegó el día de la consulta con el neurólogo pediatra. En la cita, mi hermana hablaba, y hablaba, contándole por qué estaba allí. Mi mamá se preocupaba cada vez con más impronta a medida que pasaba el tiempo, mientras que yo solo miraba, sin poder hacer nada; no quería pensar. El médico asentaba con la cabeza y le hacía más preguntas. Después de algunos minutos, procedió a hacerle un examen físico. Al final, viéndole el uniforme, le dijo que el hijo de él estudiaba en el mismo colegio, le pregunto en qué grado estaba y le dijo “tu profesora es el dolor de cabeza”.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-23 03:39:27 UTC</pubDate>
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