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      <title>POR LAS AZOTEAS - TRABAJO FINAL by Alejandra NCC</title>
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      <description>Alejandra Nicolle Cusi Cáceres</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-11-25 01:29:33 UTC</pubDate>
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         <title>1. POR LAS AZOTEAS</title>
         <author>alejandracusi03</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-11-25 01:34:30 UTC</pubDate>
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         <title>2. JULIO RAMÓN RIBEYRO</title>
         <author>alejandracusi03</author>
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         <pubDate>2021-11-25 01:37:19 UTC</pubDate>
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         <title>3. CUENTO</title>
         <author>alejandracusi03</author>
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         <description><![CDATA[<div>  No pasó mucho tiempo hasta que la lluvia volvió a escasear. El peso del agua en los viejos sillones y las pequeñas lagunas que se formaban en mi reino desaparecieron pero yo no fui capaz de verlo. Pensaba frecuentemente en mi amigo y en que los gatos debían de estar muy tristes por haber perdido a su rey. Estaba seguro de que podía escuchar sus lamentos en las noches, llorando a coro como fieles devotos que eran.<br><br></div><div>  Los primeros dos bimestres escolares pasaron como rayos frente a mis ojos y mi madre se olvidó de su deber como guardia. No había subido a las azoteas desde hace tiempo pero estaba seguro de que todo permanecía igual a la última vez que subí. Seguía siendo mi reino de las alturas donde podía escapar de las reglas de la tierra que tanto querían absorberme.<br><br></div><div>  Un día, por allí de junio o julio, no pude aguantar más la intriga y con pasos ligeros me escabullí a los techos con una capucha negra como única compañía. El aire se sentía igual a la ultima vez que estuve aquí, aunque más silencioso. Recorrí los techos vecinos asegurando mi completa autoridad, recopilé información sobre los nuevos residentes, les di luto a los viejos que habían perecido por las lluvias y me compadecí de los enfermos. Me fui acercando al lugar del hombre de la perezosa enterándome de que ya no necesitaba saltar el perchero para cruzar la empalizada. Ya estaba entrando a la pubertad de seguro.<br><br></div><div>  Al igual que ese día de lluvia, la sillona estaba desarmada contra un catre oxidado y la sombrilla replegada justo al lado, como un trono sin rey, guardado en un desolado palacio. Me acerqué a la escupidera de loza que daba a la casa de mi amigo. Ahora no había luz que delatara vida en su interior, justo como en la azotea. Sólo podía ver las siluetas de viejos muebles bajo sábanas de horrible estampado que apenas se asomaban curiosas a mi presencia.<br><br></div><div>  Me devolví con torpeza me pasee por largas horas entre los trastos que acababa de decidir que se los dejaría a mi amigo como exequias fúnebres y armé la vieja sillona. La acomodé tal y como recordaba que se mantenía mientras el hombre de la perezosa se quejaba por el sol infernal y me alejé un poco. La imagen de la tupida barba de mi compañero de verano pasó como un recuerdo fugaz.<br><br></div><div>  Cuando volví a casa, el acostumbrado coro empezó con sus lamentos nocturnos y yo no visité la azotea de mi amigo hasta el siguiente fin de semana, esta vez, decidí que quería conocer más de él. Por segunda vez me asomé a la trampilla de la casa del hombre de la sillona y noté como habían desaparecido la mitad de los tímidos muebles. Alguien se había atrevido a hurtar en los aposentos de mi amigo.&nbsp;<br><br></div><div>  Lo siguiente que pasó es que de alguna manera me escabullí por la destartalada reja por la que alguna vez subió el hombre y me aventuré en sus dominios. Recorrí habitación por habitación sigiloso como felino, —todas estaban tan vacías como la anterior— hasta que encontré una sala del tesoro. El cuarto, más grande que los demás, tenía libros que llegaban al techo, un par de enormes lámparas que parecían iluminar como mil soles y un cuadro justo en medio de estas. Apenas pude reconocer a mi amigo.<br><br></div><div>  El rey de los gatos —y de las gallinas del costado—, también era un rey de las azoteas.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-12-01 00:43:05 UTC</pubDate>
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         <title>4. POEMA</title>
         <author>alejandracusi03</author>
         <link>https://padlet.com/alejandracusi03/porlasazoteas/wish/1921664098</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-12-01 00:43:23 UTC</pubDate>
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         <title>5. CARTA</title>
         <author>alejandracusi03</author>
         <link>https://padlet.com/alejandracusi03/porlasazoteas/wish/1921664674</link>
         <description><![CDATA[<div>Querido rey de las azoteas,<br><br></div><div>Voy a contarte otro cuento, tal vez este sí te guste. «Había una vez un hombre opulento que podía predecir el futuro. Con su gran sabiduría advertía a sus compañeros sobre sus desgracias. Pero estos eran ingratos y le culpaban cada que sus profecías se cumplían, tachándolo de loco y brujo, pero manteniéndolo cerca para que la desdicha no cayera en ellos. Un día, predijo que a su sobrino le iban a venir dos desgracias antes de que cumpla los 30, pero que luego de estas sería pleno. Y su familia lo presionó para que dijera más, pero él decía que no sabía de qué hablaban, así que se alejaron de él. Todos enloquecieron al año por la intriga y sólo le hablaban al hombre para decirle que se alejara. Dos años después, cuando el sobrino tenía 28 el hombre murió y como últimas palabras dijo: “Yo nunca he provocado nada, son ustedes mismos que no se dan cuenta que la desgracia no siempre se relaciona con lo material”. Y murió. Dejó su diario a su sobrino con un último aliento y este mismo se dio cuenta de que la primera desgracia era darse cuenta de lo malo que había sido con su tío y la segunda que nunca pudo disculparse. Sin embargo, la plenitud que vendría a ser su alivio no llegó ni por mas tiempo que pasara. Fue sólo a los 30, en medio de la sala familiar que se dio cuenta de que la plenitud no era para él, sino para su tío que al final dejó de ser el loco de la familia».<br><br></div><div>Es mi cuento más largo, niño, y tal vez el último. El Sol me derrite y como ya no me visitas no tengo con qué distraerme. Estoy cerca de la tumba, pero espero que me recuerdes.<br><br></div><div>Tu viejo amigo, el rey de los gatos.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-12-01 00:43:46 UTC</pubDate>
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         <title>6. FINAL ALTERNATIVO</title>
         <author>alejandracusi03</author>
         <link>https://padlet.com/alejandracusi03/porlasazoteas/wish/1921665141</link>
         <description><![CDATA[<div>El hombre de la perezosa parecía consumirse. Bajo su parasol, lo veía cobrizo, mudo, observando con ansiedad el último asalto del calor, que hacía arder la torta de los techos.<br><br></div><div>&nbsp;—¡Todavía dura! —decía señalando el cielo—. ¿No te parece una maldad? Ah, las ciudades frías, las ventosas. Canícula, palabra fea, palabra que recuerda a un arma, a un cuchillo.<br><br></div><div>Ya parecía hablar sandeces.&nbsp;<br><br></div><div>No lo visité hasta la semana siguiente cuando, con la cara más vieja que antes, me dio una mohosa caja de cartón pintarrajeada con crayones:<br><br></div><div>—Deberías ver lo que un viejo aburrido podría hacer —suspiraba con pena—. ¡Pobre de mí! Me parezco a un niño cada vez.<br><br></div><div>La caja estaba llena de cerámica mal horneada en forma de cuencos y posavasos que cubrían un libro viejo, también pintarrajeado con un azul sucio que me ensució las manos.<br><br></div><div>—Tengo tantos que ya no sé que hacer. He tirado la vajilla buena para darle uso. ¡Pero quién me manda a ser tan terco! Espero que no te moleste que te dé los mal hechos… ni el sabor a barro.<br><br></div><div>Los dejé en la cocina, esperando que mi madre supiera aprovecharlos. Tuve que mentirle diciéndole que los había hecho yo para que no me regañara. En esos días, ella dejó los cuencos mal hechos como adornos de sala, los horneó otra vez y les pintó patrones como los de los telares incas.&nbsp;<br><br></div><div>Se lo conté a mi amigo, pero demoró mucho en reaccionar. Estaba cada vez más tieso, casi derretido incluso.<br><br></div><div>—¿Crees que la lluvia llegue con las clases? Te ocuparás entonces y no me visitarás, pero al menos veré la lluvia.<br><br></div><div>Los siguientes días me pregunté si lo que tenía era nostalgia. Cada vez que bajaba mi madre me recibía con pláticas sobre el nuevo año, sobre matriculas y uniformes demasiado cortos. Hablaba y hablaba, al igual que el señor de la perezosa. Hablaban y hablaban y yo pensaba en el tiempo que pasé conquistando territorio. ¿Debería de dejar a mi amigo a cargo en mi ausencia? ¿Sabría él la gran responsabilidad que le dejo en manos?<br><br></div><div>Quedaban apenas unos días para las clases y yo pasaba más tiempo en la azotea, inspeccionando mis dominios y poniendo reglas a mi suplente, que mejoraba y empeoraba de a momentos. Tenía buenas ideas para mantener a raya a los intrusos. Pensaba en ojos enormes que los ahuyentaran, unas rejas de hechos de antiguos ladrones. Fueron buenos días.<br><br></div><div>Miércoles. Jueves. Viernes. Sábado. El domingo mi padre llegó finalmente con el nuevo uniforme y me hizo probármelo para que mi madre pudiera tomarme fotos en él. Yo recordé el traje de un rey en ese momento, cuando va a la guerra y se ausenta por meses, años, o no vuelve nunca.<br><br></div><div>Fui a la escuela al día siguiente, mi vida se llenó de cuadernos, lápices, tinta roja y plumones de pizarra. Incluso en ese tiempo no llovió ni una vez, aún si las nubes hacían breve saludo. La seguridad de casa se volvió más restrictiva y con ello no subí a las azoteas hasta el siguiente mes. Ansioso por ver el estado de mis terrenos, ese día arribé a casa con la intención de escaparme por las escaleras, cogí una capucha ligera y una linterna porque ya estaba oscureciendo y crucé la división entre el mundo de los problemas y mi mundo.<br><br></div><div>Nada había cambiado más de lo necesario. Estaban los mismos trastos, los mismos gatos. Seguí paseando, inspeccionando cada rincón con ojo obsesivo. Pasee y pasee hasta llegar al techo del hombre de la perezosa.<br><br></div><div>Él estaba allí, tirado en la loza con la panza medio descubierta, con la misma apariencia de derretido de antes, pero más tranquilo. Lo observé un rato, pensando en regañar su falta de interés por cuidar las tierras hasta que empezó una leve garúa que me tomó desprevenido.<br><br></div><div>La lluvia empezó pronto y el hombre se despertó, casi bailando bajo ella mientras yo lo veía algo más joven que en el último mes.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-12-01 00:44:01 UTC</pubDate>
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