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      <title>Literatura, política y sociedad. by Eduardo Montaña</title>
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      <description>Posible podcast y futuros trabajos. </description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2024-08-21 16:39:51 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
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         <description><![CDATA[<p>La vida me ha permitido vivir en diversas ciudades. En mi infancia, crecí en la fría Bogotá. No me refiero solo al clima, que para mí es ideal, sino a una frialdad más profunda: la recuerdo árida, sin alma, llena del sonido de los frenos chirriantes en la calle 19, de bocinas de carros y de indigentes despertados por la policía con tasers. Es una ciudad hostil, llena de oportunidades para adultos, pero, en mi opinión, pésima para un niño.</p><p><br></p><p>A los 9 años, mi madre, con quien vivía entonces, decidió regresar a nuestra tierra natal, Cali. Para mí, fue la mejor decisión. Dentro del conjunto residencial, pude jugar policías y ladrones, escondite, "tin tin corre corre", y aprendí a montar bicicleta. Mi casa siempre ha olido a cera de piso y palo santo, y existe un sonido peculiar de la nevera que nunca olvidaré.</p><p><br></p><p>Con el tiempo, conocí diversos lugares, como el centro de Cali, el Boulevard, el conservatorio, la Biblioteca Departamental, la cual es fría gracias a su aire acondicionado, y la panadería Quinta con Quinta, con panes tradicionales, pero tiesos e insípidos. Sin embargo, puedo prescindir de todos estos sitios. Me considero un ciudadano sin fronteras, con ganas de conocer, viajar, probar comida y vivir otras culturas. Tal vez, en una vida pasada fui gitano. Sin embargo, nunca dejaría atrás las casas en las que me crié, ya que esos son mis lugares preferidos.</p><p><br></p><p>Al viajar, solo busco hospitalidad, conocer la cultura a través de su lenguaje, sus formas de preparar comida, sus chistes, su política y sus deportes. Y en mi concepto, este tipo de temáticas, solamente se presentan en la sala de una casa o a la hora del almuerzo. A medida que he ido creciendo, me doy cuenta de que el lugar del que no puedo prescindir son mis ideales, mis sueños, mis placeres, mis males y claramente la casa y familia que siempre me acompañará.</p><p><br><br><br><br><br><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-08-21 17:27:24 UTC</pubDate>
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         <title>IDK</title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
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         <description><![CDATA[<p>Mi relación con mi ciudad es estrecha, aunque me siento distante de muchas de sus tradiciones. No me refiero a estar alejado de costumbres como disfrutar un pandebono por las tardes, la omnipresente salsa o la amabilidad característica de la gente. Me siento más apartado de sus festividades, ruidos, deportes, problemáticas y ciertos platillos. Como mencioné en escritos anteriores, me considero un ciudadano sin fronteras, y solo me siento cercano a mi familia y a las personas que realmente me rodean. Esto no significa que desprecie la sociedad en la que vivo; al contrario, estudio para mejorar mi entorno inmediato y ayudar a quienes lo necesitan.</p><p><br></p><p>Sin embargo, no soy como Jairo Varela en su canción "Cali Pachanguero," donde escribe una carta de amor a su tierra como si fuera una mujer. Me identifico más con Andrés Caicedo en ¡Que viva la música!, donde la ciudad se retrata con desdén y una especie de amor-odio, tal vez con la esperanza de un futuro mejor.</p><p><br></p><p>Mi comunidad inmediata se compone de mi universidad, mi hogar y dos amigos de Pasto. Vivo en una ciudad donde, incluso dentro de la universidad, la gente te juzga por tu apariencia, el diseño de tu sonrisa, el carro que manejas, dónde vives o en qué cafetería comes. Quisiera formar parte de un entorno donde lo importante no sea lo que visto, sino lo que pienso, lo que amo, o incluso mis errores. O tal vez el problema sea mi elección de entorno. Pero deseo que me vean como persona, como Eduardo, no como esta carcasa efímera que algún día se convertirá en polvo de estrellas.</p><p><br></p><p>De esta ciudad solo tengo anécdotas tristes y crudas, aunque a veces las romantizo, o momentos tan breves que parecen un sueño o una situación embriagante. Recuerdo que vivía en Bogotá y, durante las vacaciones, venía a visitar a mi papá, Alex. Eran vacaciones cortas o medianas; sin embargo, esta ciudad fue el lugar donde monté bicicleta por primera vez. Fue en un parque del barrio Salomía, lleno de césped para evitar que me lastimara. Logré hacerlo en un solo día y me sentí un ganador. Pero, en el fondo, siento que fue mi padre quien creó la situación, no el entorno. La experiencia fue más una expresión de su amor y apoyo que un reflejo de lo que este lugar me ofrecía.</p><p><br><br><br><br><br><br><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-08-27 22:02:17 UTC</pubDate>
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         <title>Figuras retoricas</title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
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         <description><![CDATA[<p><strong><em>Identificación de los elementos retóricos:</em></strong></p><p><br></p><p><strong><em>Zaira:&nbsp;</em></strong></p><p><br></p><ul><li><p><strong><em>Paradojas: el espacio y el tiempo están conectados, pero no de la manera que uno espera. En vez de ser un lugar que simplemente está ahí, el espacio de la ciudad está tejido con los eventos del pasado. O sea, los lugares y las distancias en la ciudad no son solo medidas físicas, sino recuerdos y relaciones que le dan otro significado. Lo que ves de la ciudad hoy en realidad está lleno de cosas que pasaron antes, y eso crea una tensión entre el presente y lo que fue.</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Metáforas: No utiliza metáforas, utiliza litotes, es decir atenúa debido a que se contrapone con Kublai.</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Enumeraciones: Hay un amplio listado de objetos, unos que son meramente objetos para describir y otro son los objetos que están vivos gracias a la memoria. Respecto a los objetos están; Los peldaños, chapas de zinc, tejados. Por otro lado están los objetos que tienen memoria, por ejemplo; la distancia del suelo de una farola y los pies colgantes de un usurpador ahorcado, o las guirnaldas que decoran las calles para el paso de la reina.&nbsp;</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Personificación: La ciudad tiene memoria propia, o eso es la característica que el autor le impone.&nbsp;</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Ironías: La ironía del texto es que todo tiene carga de memoría o de recuerdos, sin embargo Zaira es una ciudad sin vida, sin nada, uno mismo es el que le da la calidez a los objetos.</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Imágenes sensoriales: Hay un muelle que evoca viento, olor a pescado, sol y sonido del agua.&nbsp;</em></strong></p></li></ul><p><br></p><p><strong><em>Zora.&nbsp;</em></strong></p><p><br></p><ul><li><p><strong><em>Paradojas: </em></strong>Esta ciudad, ecesita mantenerse completamente igual para ser recordada claramente. Pero, al intentar mantenerse fija en la memoria, la ciudad acaba desapareciendo de la realidad. La ciudad se esfuma porque el intento de preservarla en la memoria la lleva a no existir en el mundo real.</p></li><li><p><strong><em>Metáforas: Zora es como una “partitura musical”. Esto para mi significa que la ciudad tiene un orden y secuencia precisos, como las notas en una canción. En la memoria, todo sigue un patrón pues que no se puede cambiar y que puede llegar a ser más fácil recordarla pero la hace rígida y fija.</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Enumeraciones: Algunos son simplemente elementos descriptivos como el reloj de cobre, el toldo a rayas del peluquero, la fuente de los nueve caños, la torre de cristal del astrónomo, el puesto del vendedor de sandías, la estatua del ermitaño y el león, el baño turco, el café de la esquina y el atajo al puerto. Sin embargo, también existen objetos que llevan consigo una carga de memoria, como la distancia del suelo de una farola, los pies colgantes de un usurpador ahorcado, o las guirnaldas que adornan las calles para el paso de la reina. Estos objetos no solo describen la ciudad, sino que también evocan recuerdos y significados especiales.</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Personificación: &nbsp;Zora tiene el poder de mantenerse constante y resistir el cambio, como si tuviera voluntad propia. Esto muestra ciertos rasgos de las personas.&nbsp;</em></strong></p></li><li><p><strong><em>Ironías: CCreería que cuando se trata de visitarla en realidadc, la ciudad ha desaparecido. El esfuerzo por hacer que Zora sea inmortal en la mente hace que no pueda existir físicamente.</em></strong></p></li></ul><p><strong><em>Imágenes sensoriales: </em></strong>Sólo identifico una&nbsp; imagen sensorial como&nbsp; el café de la esquina, donde se desprende el aroma del café y los murmullos de las conversaciones</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-18 17:30:13 UTC</pubDate>
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         <title>Texto 1 </title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
         <link>https://padlet.com/eduardomontanacarvajal/ok5gd64e5bbvnw9p/wish/3143808289</link>
         <description><![CDATA[<ol><li><p>Para llegar a la ciudad, debemos cruzar montañas de arena, navegar por aguas dulces llenas de plantas que, al moverse, generan luz, y finalmente jugar con los animales para obtener su aprobación. La esencia de Vera se encuentra en la comida, en los festines que se celebran en el centro, sobre todo en la plaza de mercado. Los puestos están hechos de troncos antiguos que susurran secretos de nuestros ancestros al viento, y las frutas brillan como si estuvieran bañadas por la luz de la luna y del sol combinados. Los aromas de especias exóticas se elevan en montañas de sabor, mezclándose con el suave canto de los vendedores, envueltos en telas que cambian de color según la hora del día y el temperamento del comensal para lograr hacerlos sentir comodos. En el centro, una fuente en forma de chakana, llena de agua cristalina que brota de un manantial, cae en espirales imposibles, mientras los faroles flotan en el aire al anochecer, transformando la plaza en un lugar donde el tiempo parece detenerse y la realidad se difumina. Todo gira alrededor de la hoguera de la plaza de mercado. De noche, auroras boreales iluminan las calles hechas de plata. Nunca estarás solo, pues los grillos, con voces tan bellas que parecen una orquesta de violines, llenan el aire con su canto. El ambiente huele a jazmín nocturno, y el clima es perfecto: ni frío ni caliente. Niños, mujeres, ancianos y hombres viven sin preocupaciones donde la tranquilidad abunda y ees tal que uno puede escuchar los latidos de su propio corazón.</p></li></ol>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-28 16:44:08 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
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         <description><![CDATA[<p>La ciudad de Isabella se revela solo a quienes están dispuestos a escuchar los murmullos del viento. Desde lejos, parece una llanura interminable de arena pálida, pero cuando cruzas la frontera invisible, la ciudad se despliega bajo tus pies, una red de túneles y patios secretos que susurran historias olvidadas. Los habitantes de Isabella no construyen con piedra ni madera, sino con los recuerdos de sus ancestros. Cada casa, cada calle, es una extensión de los pensamientos de quienes allí vivieron antes, y los nuevos habitantes deben aprender a escuchar antes de poder habitar el lugar.</p><p>En Isabella, el tiempo no fluye de manera lineal. Los relojes no existen y el amanecer puede llegar antes que la noche, dependiendo del ritmo del corazón de quien mira. Los viajeros que llegan por primera vez deben pasar tres noches conversando con los árboles de hojas plateadas que rodean la ciudad; solo entonces las puertas se abren, revelando sus secretos. Algunos dicen que Isabella no existe fuera de las mentes de los que la sueñan, pero todos coinciden en que una vez que has estado en Isabella, nunca te vas realmente. Una parte de ti siempre quedará atrapada en sus túneles de viento.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-05 03:53:12 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
         <link>https://padlet.com/eduardomontanacarvajal/ok5gd64e5bbvnw9p/wish/3154345903</link>
         <description><![CDATA[<p><br/></p><p>Abril es una ciudad que florece y desaparece con el cambio de las estaciones. Cuando llegas en primavera, las casas parecen construidas con ramas entrelazadas que se abren como flores. Los habitantes te reciben con una sonrisa, pero sus ojos siempre están enfocados en el horizonte, como si esperaran algo que tú no puedes ver. En verano, la ciudad crece en altura, los edificios se alzan como árboles que alcanzan el cielo, y los caminos entrelazados se multiplican, creando un laberinto en el que solo los nativos pueden orientarse.</p><p>Sin embargo, en otoño, Abril comienza a desmoronarse. Las ramas se secan, las hojas caen, y las plazas, antes llenas de vida, se cubren de un manto de melancolía. Los habitantes siguen sus rutinas, pero ya no hablan; sus voces han sido tomadas por los vientos fríos que bajan de las montañas. En invierno, Abril es un susurro. Las casas se convierten en sombras, y los pocos que aún la habitan parecen fantasmas, recordando los días en que la ciudad florecía.</p><p>Aun así, los viajeros siguen llegando, atraídos por la promesa de una primavera que nunca deja de volver. Dicen que en Abril siempre hay una segunda oportunidad para empezar, pero solo quienes son capaces de esperar el ciclo completo lo comprenden.</p><p><br/></p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-05 03:53:44 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>eduardomontanacarvajal</author>
         <link>https://padlet.com/eduardomontanacarvajal/ok5gd64e5bbvnw9p/wish/3154346056</link>
         <description><![CDATA[<p>En Julieta, el amor es el principio y el fin de todas las cosas. La ciudad se construye y se destruye según los latidos de quienes la habitan. Sus calles están trazadas en forma de espiral, y cada camino conduce de nuevo al centro, donde una plaza cubierta de rosas marca el corazón de la ciudad. Los viajeros que llegan a Julieta lo hacen buscando algo perdido, un amor no correspondido, una promesa no cumplida, una ausencia que pesa en el alma. Aquí, las historias de desamor se inscriben en las paredes, en los bancos de los parques, en las piedras que forman las plazas.</p><p>Pero Julieta no es una ciudad triste. Los habitantes creen que la belleza está en la imperfección, en lo que no se tiene. Por eso, las estatuas que adornan las calles nunca están completas: una mano, un rostro, un ala. El resto de la figura debe ser imaginado por quien las mira. Cada visitante lleva consigo un pedazo de la ciudad cuando se va, y deja algo a cambio. Nadie sabe cuánto tiempo dura Julieta para quienes la habitan. Algunos dicen que basta con un día para enamorarse de sus plazas de mármol y sus fuentes que cantan, mientras otros aseguran que han vivido allí toda su vida sin encontrar el final de sus callejones.</p><p>En Julieta, nada es permanente, excepto el deseo de volver, aunque solo sea&nbsp;en&nbsp;los&nbsp;sueños.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-05 03:54:16 UTC</pubDate>
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