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      <title>Escenas y configuraciones de la autoridad en tiempos de crisis by Manuela Cartolari</title>
      <link>https://padlet.com/manucartolari/o3i1nnzh6fh7arp0</link>
      <description>Reformulación 3.9.21: En los tres grupos conformados la clase pasada (quienes estuvieron ausentes pueden sumarse a alguno ya conformado, a su gusto):
Elaborar un texto que reformule la respuesta ya escrita en clase a la siguiente pregunta también reformulada ¿EN NOMBRE DE QUÉ PRINCIPIO(s) ACEPTAMOS CREEMOS POSIBLE Y ÉTICO POSICIONARNOS HOY COMO AUTORIDAD (pensándose USTEDES como futuros docentes) EN LAS RELACIONES ASIMÉTRICAS Y JERÁRQUICAS  PEDAGÓGICAS? 
REQUISITOS DE ELABORACIÓN DEL TEXTO: 
•	El texto tendrá entre 500 y 800 palabras (máximo). 
•	En el mismo, incorporen a su elección 4 de las siguientes ideas o conceptos (2 de los apartados de Benasyag y Schmit y 2 de los apartados de Beatriz Greco), desarrollándolas o definiéndolos, según sea el caso (ver consigna completa enviada por mail).
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-09-01 17:21:08 UTC</pubDate>
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         <title>Fragmento:</title>
         <author>manucartolari</author>
         <link>https://padlet.com/manucartolari/o3i1nnzh6fh7arp0/wish/1710618857</link>
         <description><![CDATA[<div>A la inversa, el principio de autoridad se diferencia del autoritarismo en que representa una suerte de base común para los dos términos de la relación: en nombre de ese fundamento compartido, está claro que uno representa a la autoridad, mientras que el otro obedece; pero al mismo tiempo queda establecido que los dos obedecen a ese principio común que, por así decirlo, prefigura la relación desde el exterior. De modo que el principio de autoridad se funda en la existencia de un bien compartido, de un mismo objetivo para todos: yo te obedezco porque tú representas para mí la invitación a encaminarse a ese objetivo común, porque yo sé que esa obediencia te ha permitido a ti mismo convertirte en este adulto de hoy, como yo lo seré mañana, en una sociedad con el futuro asegurado. </div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-01 18:28:02 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>manucartolari</author>
         <link>https://padlet.com/manucartolari/o3i1nnzh6fh7arp0/wish/1710619977</link>
         <description><![CDATA[<div>Pero ese futuro ya no tiene nada de seguro. Y cuando el joven pregunta por qué debe obedecer, una gran mayoría de los adultos se encuentra en la incapacidad de responder claramente <em>Porque soy tu padre</em>... <em>Porque soy tu profesor...</em> Si el joven no está seducido o dominado, entonces no ve ninguna razón para obedecer al otro, ese semejante que pretende merecer respeto... ¿en nombre de qué? Es justamente en esta pregunta donde se cristaliza el problema de la autoridad: ¿en nombre de qué? ¿En nombre de qué principio común será aceptada una relación jerárquica o de autoridad por las dos partes de una situación, sin que esa relación derive y se transforme en autoritarismo? Hablar de la crisis es precisamente hablar de la crisis de esta relación.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-01 18:28:38 UTC</pubDate>
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         <title>Bizcochitos dulces (Pisani, Nielsen, López Gastón) Rta a la Consigna</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>En nuestra primera respuesta mencionamos el principio de normalización y acostumbramiento (por ejemplo, que desde que somos niños se nos enseña a hacer y respetar lo que el adulto dice). Éstos no difieren mucho del concepto de “par autoridad-anterioridad” de Basayag y Schmit . Este se refiere a que las relaciones de autoridad preexisten a los jóvenes, a los alumnos. Así, desde el momento en que nacen, ellos están circunscritos en relaciones de autoridad, basadas en que son fundamentales para la transmisión y reproducción de la cultura. Como bien expresan los investigadores <em>“Si ello ha sido, si lo que vivimos es, entonces, en el futuro será”&nbsp; (p.34).&nbsp; </em>Consecuentemente, la discusión en torno a los principios de normalización y acostumbramiento de y a las relaciones de autoridad, encuentra una importante sintonía y justificación. Suponemos que, como ya era así, siempre lo fue, y no se cuestiona.&nbsp; Por supuesto, tenemos en cuenta los importantes cambios y rupturas que se dan en la sociedad de hoy. No obstante, creemos que esta cuestión de la anterioridad sí permanece en las relaciones pedagógicas, y lo consideramos lo suficientemente ético.&nbsp;</div><div>Por otro lado, existe un apartado que nos relata algo muy interesante. <em>“El futuro depende en buena medida de lo que sepamos hacer en el presente” (p.24). </em>Tenemos que tener en cuenta que tanto el pesimismo como el optimismo son cosas muy subjetivas e imaginarias.</div><div>Las “pasiones tristes” no son más que impotencia, generada a partir del fin de la idea positivista en el siglo XX. En aquel siglo, se generó una incertidumbre que muchos creían aniquiladora, pero es todo lo contrario. Permite el desarrollo de racionalidades no deterministas. En nuestra opinión, esto significa que no tenemos que desestimar lo que para nosotros antes era una certeza, sino que ahora hay que tenerlo mucho más en cuenta, ya que actualmente podemos superar esa incertidumbre o tristeza que teníamos. Al no existir un futuro cierto, que es visto más como amenaza constante (en contraposición al&nbsp; inicio del siglo XX donde se lo tenía como una promesa esperanzadora), podemos moldearlo y empezar a enfrentarnos a él según lo que hacemos ahora, en el presente. Y qué mejor manera para ello que adquirir herramientas a través de la educación, la cual es una de las armas más&nbsp; poderosas que uno puede tener. Por ende,&nbsp; como a ella se accede principalmente mediante un docente que te guía y acompaña, hay un motivo muy&nbsp; crucial y ético para&nbsp; que el maestro se posicione como autoridad.&nbsp;</div><div>En adición, creemos que un principio para que los alumnos no vean al docente como una autoridad dominante o que solo está para depositar saberes en ellos es hacerlos sentir valorados y tratarlos no como pares pero sí dejando de lado la relación jerárquica que siempre hubo entre profesor y alumno. Así, generamos un acercamiento más empático y por el cual lograr el interés de no solo aquellos que por sí solos participan y son parte de las clases, sino también de quienes son segregados o por distintas razones sociales o familiares no llevan la escolaridad de la misma manera. Como podemos apreciar en el texto de Greco, cuando se da una atención diferente, y se cambia el foco de la clase y la relación de autoridad tradicional del docente estos alumnos van a la par de los demás. Consecuentemente, se produce un ambiente académico más dinámico aprendiendo en un ámbito de mayor “igualdad” para con el profesor y sus compañeros.</div><div>Esto no quiere decir que el profesor ya no tenga autoridad o que deba dejarla de lado para poder llegar a sus alumnos. Sino que una autoridad pedagógica emancipadora puede propiciar un lazo con el alumnado que lleve a un ambiente académico más ameno en el cual todos los alumnos sientan un apoyo e incentivo del docente. No solo que aprendan lo que se les está enseñando, sino que se interesen, porque alguien les está prestando atención y quieren saber lo que piensan y cómo desarrollan sus pensamientos en base a la información que se les está brindando. Pues no tener atención en casa, o de nuestros pares, o de gente a la cual nos gustaría tenerla puede desarrollar distintos problemas. Opinamos que el rol del docente debe ser tanto de autoridad y de guía, par simétrico que da lugar a la palabra, que escucha y confía en el estudiante. Tiene que utilizar su experiencia, sus saberes, su propia trayectoria educativa, dándole acompañamiento a aquellos a quienes les enseña. Descansando en este principio,&nbsp; la autoridad es mucho más que ética.&nbsp;</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-08 18:38:44 UTC</pubDate>
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         <title>Grupo Cheesecake</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>- Del futuro promesa al futuro amenaza y las pasiones tristes&nbsp;<br><br></div><div><br></div><div>Los autores Benasayag y Schmidt proponen en su texto "Las pasiones tristes" un cambio del signo del futuro. Tal cambio, marcado por la ruptura de la modernidad y del mesianismo científico, causó que el humano pase de creer en la promesa de futuro a sentirse amenazado e incluso hostigado por el mismo.</div><div>La visión pesimista de Freud produjo un inevitable cambio en la cotidianeidad de la sociedad y la cultura occidental, pasando de la esperanza de tener un futuro mejor a la concientización de que el futuro sería cada vez más incierto, aumentando nuestra ignorancia respecto al saber global y distanciandonos de la supuesta libertad que ese saber traería.</div><div>La llamada "época de las pasiones tristes" refiere a la caída de dicha esperanza, pero hay que saber resaltar que no es una pérdida completa para la humanidad.</div><div>Como autoridades, como profesores&nbsp; tenemos que remarcar lo siguiente: el aumento de lo desconocido no significa un fracaso asegurado para el futuro, sino que da lugar a un aumento de curiosidad y de desarrollo de la racionalidad.</div><div>Debemos posicionarnos como autoridades en nuestras relaciones pedagógicas para poder transmitir está mentalidad, y acompañar (diferente a liderar) a los alumnos en lo que pueden hacer en el presente.</div><div><br><br></div><div><br>-La crisis del sentido: si todo parece posible, entonces ya nada es real.<br><br></div><div><br>La sociedad contemporánea vive sumergida en la tecnología. Tareas que antaño realizábamos de manera manual hoy en día se reducen a presionar un botón de un artefacto tecnológico. Esto ha logrado un aumento de efectividad con respecto al tiempo gastado y al resultado obtenido masivo, pero a cambio ha aumentado la variante de complejidad con la que lidiamos día a día.<br><br></div><div><br>El avance de las tecnociencia ha permitido a la humanidad avanzar tecnológicamente pero nos ha sacado algo que nos identificó como especie durante el siglo pasado: el hambre de conocimiento. No nos preocupa como el lavarropas funciona internamente, como logra desde el presionar de un botón lograr el movimiento centrífugo para lograr su cometido. No nos interesa cómo funciona el mecanismo interno del celular que usamos todo el tiempo, solo nos interesa que cumpla su función. Ésta inconsciente exposición a lo desconocido ocurre cada vez con más frecuencia, en especial con los jóvenes.<br><br></div><div><br>Como autoridades educativas debemos posicionarnos desde un punto de vista más inclusivo frente al inminente avance de la tecnociencia: en vez de alienar el potencial pedagógico que poseen las tecnologías se deberían formular alternativas educacionales que reemplacen el procedimiento contemporáneo. Muchos jóvenes se encuentran cómodos cuando están expuestos a una pantalla, borrar la línea que divide el estudio y el ocio mediante ésta metodología puede convertir el proceso demandante y tedioso que puede ser el aprendizaje en uno en dónde el que aprende puede divertirse al mismo tiempo.<br><br></div><div><br></div><div><br>-De la autoridad fundada en el saber-poder del maestro a la autoridad fundada en la relación maestro-alumno en sí misma como acto emancipatorio<br><br></div><div><br>&nbsp;<br><br></div><div><br>La autora hace énfasis en cómo cambiaron las cosas en los últimos tiempos en relación al maestro-alumno. Antes, había una relación poder-sumisión entre el maestro y alumno. El maestro exigía disciplina y obediencia, apropiándose de una imagen impositiva, rígida, y autoritaria. El alumno era un receptor pasivo del conocimiento y objeto de la acción del maestro. Ahora, el alumno es considerado un igual junto al maestro. Pero, según la autora, si las inteligencias son iguales, no haría falta un maestro; si éste es ignorante, no tendría nada para enseñar; si la atadura a la inteligencia del maestro destruye la inteligencia del alumno, habría que prescindir del lugar del maestro; y si el alumno hace al maestro, es que éste no tiene existencia por sí mismo. Sin embargo, lejos de ser este pensamiento una negación del lugar del maestro y de su autoridad, nos provoca a pensar de otro modo este lugar y a aceptar la paradoja de un tipo particular de relación: ofrecer un lazo para que pueda ser desatado, enlazarse a otro para, en el mismo movimiento, liberarse.<br><br></div><div><br>La autora menciona al “maestro ignorante”. El rol del maestro ignorante no es ausencia, ni indiferencia, ni desinterés, ni ignorancia, ni silencio. Por el contrario, el maestro ignorante se hace presente ante el alumno con su palabra, sus preguntas, su deseo, su ignorancia, su camino recorrido, sus propios interrogantes genuinamente postulados, su propia emancipación. También guarda silencio, escucha, espera, da la palabra, pide explicaciones, da tiempo cuando la voz del alumno no se escucha, la palabra no surge o es inconveniente para el trabajo en común.&nbsp; De esta manera, la autoridad queda así desplazada de su tradicional plano de superioridad, interrumpida la jerarquía que le ha otorgado siempre un lugar “por encima de” aunque continúa sosteniendo una asimetría fundante, propia de toda transmisión. Diferencia de lugares que se sostiene pero no eclipsa el trabajo de cada uno sobre sí mismo.</div><div><br></div><div><br>-Autoridad como mandato / autoridad como garantía<br><br></div><div><br></div><div>La autoridad como mandato en la relación alumno-maestro por un lado nace por una posición externa que dota al maestro de una sabiduría y poder que le da legitimidad a sus acciones. Por otro lado, el maestro puede no disociar los conceptos de transmisión de voluntad y de inteligencia que provocaría en el alumno, el no llegar a su emancipación. Por lo tanto, la autoridad como garantía nace en lo que hace y dice el maestro en el acto, velando el nacimiento de la emancipación del alumno.&nbsp;</div><div><br><br></div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-08 19:46:38 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>https://docs.google.com/document/d/10YM8Gym3SYMaXzdMyPQ3MYryXSdwjlaeLpyn_L7iMnc/edit</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-08 22:16:23 UTC</pubDate>
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         <title>Grupo bizcochitos salados </title>
         <author>Guille_1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Cuando buscamos dilucidar aquel principio que nos avala como autoridad en las relaciones pedagógicas contemporáneas encontramos, en ideas recuperadas por Benasayag y Schmit, que el fin del siglo XX (teñido de una ilusión de progreso y omnipotencia) ha sido reemplazado en la actualidad por el pesimismo y la incertidumbre.&nbsp;</div><div>Los adultos, que históricamente y en diferentes roles, se han encargado de mentorear y contener a los jóvenes hoy se encuentran tan perdidos como ellos. Cada vez se destila más inconformismo, infelicidad e incertidumbre; o, como Benasayag y Schmit lo denominan, <em>pasiones tristes</em>. Esta nueva realidad que desequilibra a los adultos muchas veces los limita a la hora de cumplir sus funciones, y los vuelve deudores ante los jóvenes; quienes pueden sentirse desprotegidos y sin contención. Esta promesa de protección que se rompe lleva a los jóvenes a pensar las relaciones con los adultos en términos de simetría y negociación; por lo que la autoridad ya no es conquistable desde el simbolismo, sino desde la coerción y la seducción mercantil.&nbsp;</div><div>Por otra parte, esta rebelión que encarnan los jóvenes contemporáneos, dicen Benasayag y Schmit, no ha de compararse con aquella fomentada por movimientos emancipatorios y libertarios del pasado; aquellos eran movimientos colectivos, mientras que lo actual son rebeliones individualistas y emocionales. No tienen como objetivo la justicia, sino la exteriorización de un padecimiento o frustración, de una protesta frente a un “abandono” por parte de los adultos. Esta subversión individual se condice con el individualismo característico de la época.</div><div>Entonces, si la figura docente perdió su simbolismo, ¿Qué le confiere verdadera autoridad? Nosotros creemos que quizá, y aquí retomamos el texto de M.B. Greco, lo que avala al docente como autoridad es el hecho de cargar con una propuesta: ofrecer a los estudiantes un anti-método. Es decir,diversas formas de aproximarse al conocimiento, siempre desde el diálogo y con el estudiante como participante activo. Para lograrlo, el docente utiliza lo que Rancière denomina <em>la lógica de la política</em>, en tanto supone la autoridad en igualdad.&nbsp;</div><div>En otras palabras, los docentes encarnan una figura de autoridad en tanto disruptores del funcionamiento del <em>orden social de dominación naturalizado</em>. Los docentes vienen a reconocer al estudiante, y a darle una oportunidad para expresarse en un espacio diferente; donde la palabra de todos es importante independientemente de dónde vengan y el rol social que les haya sido asignado.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-15 12:14:20 UTC</pubDate>
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