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      <title>Todos los Caminos Conducen al Barrio by Angie Dímas</title>
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      <description>Todos los caminos y todas las historias me han llevado al Barrio y siempre he querido comprender la naturaleza del espacio en un sentido poético, estético, social y urbano, desde sus inicios. Ese es mi rumbo: conocer los comienzos del barrio, por qué hoy es lo que es y por qué creo que está condenado a desaparecer. </description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2024-04-04 21:48:50 UTC</pubDate>
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         <title>El relieve de la insignificancia </title>
         <author>angieldimas</author>
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         <description><![CDATA[<p>Conocí a mi esposo cuando lanzó su primer libro: Calle Escombros, resultado de la investigación <em>El relieve de la insignificancia</em>, un proyecto que traza un mapa de navegación narrativa sobre la investigación-creación en torno a la <em>Calle,</em> una calle anónima, pisoteada, lavada de lluvia. Calle Escombros está lleno de historias sobre el Barrio Antioquia, historias que hoy escucho de boca de mi suegro y que en un momento leí del libro de quien entonces era solo un escritor que admiraba.  </p><p><br></p><p>El imaginario que tenía del Barrio, como un lugar peligroso e infame, se desdibujó a través de cafés, lecturas y conversaciones. </p><p><br></p><p>Inicié mi camino al Barrio hace casi siete años. Hoy, el Barrio no es lejano, ni es imaginario. El barrio es ir a visitar a mi suegro, Caliche. Es almorzar frijoles donde la Ñata. Es ir a darle la liga a la tía Milena. Es llevar el carro a la 25A para que El Jipi lo arregle y Ronald lo lave. Es ir a comprar bobadas baratas al Chinito en toda La 25. Es ir a La 65 a desayunar el mejor y más barato calentado de la ciudad en el Restaurante Pan y Agua. Es ir a las misas de cumpleaños que el primo Carlos hace cada año en La Santísima Trinidad. </p><p><br></p><p>Si bien encontré poesía en el habitar del barrio, y le puse rostro a los personajes que leí en Calle Escombros, pese a los lugares y personas que aún se mantienen, creo que el Barrio está condenado a desaparecer. </p><p><br></p><p>Más allá de la poética o estética que el barrio signifique, este es un lugar que es habitado por personas de muchas índoles, con una especie de dualidad como característica prima, dos realidades que son paralelas y han convivido y probablemente sigan conviviendo sin medidas. Los matones nunca se meten con la mamá de nadie, y los estudiantes siguen adelante creyendo con vehemencia que hay una mejor perspectiva de barrio.  En las calles, en las esquinas, en las panaderías, en los remates, en las prenderías, los bares y heladerías, restaurantes y mercados, en las tiendas y puestos de comida rápida, este maniqueísmo se encuentra y halla la forma de continuar la escritura silenciosa del barrio. Gente que dice con gusto que vive allá y gente que no ve la hora de largarse, personas de todas las edades configurando su propia idea de Barrio Antioquia, un lugar con tantas historias que son perpendiculares a una linealidad que continua impávida al paso del tiempo. Imperturbable a los ladrillos que pone la policía en cada casa expropiada.</p><p><br></p><p>Lentamente, el barrio es testigo de su propio destino, el destino labrado entre las calles y callejones por tantas personas y diversas situaciones y hechos, cada casa que cae se erige sobre sus cenizas como una bodega o un local y cada vez menos gente remodela sus casas, muchos van cediendo a la tentación de la especulación inmobiliaria, que otorga al Barrio un carácter de céntrico, accesible, plano, bastante bueno para sacar un provecho socialmente aceptable. No sé en cuántos años, el barrio Antioquia dejará de ser habitable y se vuelva la antítesis de ciudad del río que de siderúrgica pasó a ser un barrio habitable, en este caso, la incertidumbre de qué pasará con un barrio que en su esencia está fragmentado hace muchos años, no podrá opacar la alegría que se puede respirar en el barrio, las diferentes personalidades que lo tratan a uno como en casa.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-05 02:48:03 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>A esto me suena El Barrio. </p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-05 03:22:27 UTC</pubDate>
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         <title>Pesquisas sobre El Barrio</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <description><![CDATA[<p>Me cuenta mi suegro que Mario Morales es un personaje vagamente recordado en el barrio. Era un cura de tradición católica y se sabe poco de él más allá de su férrea convicción de volver a erigir la iglesia de La Santísima Trinidad. </p><p><br/></p><p>Era oriundo de Liborina y sus primos segundos lo recuerdan como un hombre muy ilustrado. En su fuero, el clero, todos lo desafiaban por tal convicción, se burlaban de él, lo mofaban y entre sus amigos intentaban disuadirlo de tal proyecto porque incluso la iglesia como institución expresaba su consideración en relación con la alta corrupción dentro del barrio. Aun contra todo impedimento, logró su cometido y la actual parroquia de La Santísima Trinidad se establece como gran prueba de que es así, allí descansan sus “reliquias”.</p><p><br/></p><p>Este hombre es importante en la medida que buscó llevar a la comunidad todos estos nuevos elementos sociales que surgieron y al residir una población en su mayoría feligreses católicos, que expresaron la necesidad de un guía espiritual, y sus acciones ayudaron a determinar la configuración de otra dimensión que siempre ha estado paralela a la del caos, la corrupción moral y la marginalización. </p><p><br/></p><p><strong><em><mark>Fronteras: los dos lados.</mark></em></strong></p><p><br/></p><p>Esta dimensión nos lleva a retomar la ubicación de la parroquia y la “división” simbólica del Barrio Antioquia. Si bien La Santísima Trinidad congrega a las personas del barrio sin importar si es de arriba o abajo, en términos no tanto estructurales sino sociales, dar un paseo por ambas partes denota la gran diferencia básica entre ambas.</p><p><br/></p><p>El lado de arriba, de la 65 a la 68 (ahora llamada 66b) siempre ha sido más caótico que el lado de abajo. Ambas partes han tenido combos y grupos delincuenciales igual de poderosos, en este sentido, no hay sino vagas diferencias. Hacemos referencia a las dinámicas sociales como la forma de relacionarse, la convivencia y la posibilitación de ciertas condiciones básicas para considerarlo un vividero. </p><p><br/></p><p>De todas formas, la dimensión que este padre fomentó entre las personas que vivían aquí, pero nunca tornaron sus ojos en las nalgas de las putas, sus manos en los diablos que se fuman, y el corazón en la plata del tráfico, se puede evidenciar en cualquier parte de las fronteras del barrio, porque entre los ladrones más peligrosos, vivían personas que tenían trabajos aceptados, con conductas morales aceptadas aportando a la comunidad un ejemplo de otros caminos que eran posibles a pesar de la generalizada condición paupérrima que vivía mucha gente del barrio.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-05 03:35:17 UTC</pubDate>
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         <title>Padre Mario Morales</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2024-04-19 17:27:13 UTC</pubDate>
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         <title>Diálogo - habitar: “la vieja guardia” del barrio.</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <description><![CDATA[<p>En esta parte del camino que me ha conducido al Barrio, me permito re-contar lo que las personas con las que me he topado han contado desde su experiencia como madres, padres, amas de casas, mecánicos, trabajdores comunitarios, fundadores de "plazas", bandidos reivindicados, etc.  Me ahorro algunos nombres y fotografías, en primer lugar, porque a las afueras del Barrio es complejo sacar el celular a tomar fotos sin alertar a los campaneros, dar visaje o entrar en conflicto. En segundo lugar, muchas personas no se sienten cómodas siendo retratadas ni nombradas, aunque está de acuerdo con que comente su historia en este trabajo. Así que, aquí va lo que he logrado rescatar de las conversaciones con los personajes del Barrio: </p><p><br/></p><p>Entre los diálogos con personajes del Barrio, hubo una palabra que usaron muchas personas de “la vieja guardia”: camaradería. </p><p><br/></p><p>A lo largo de los 60, 70, 80 y 90 en el Barrio se gesta una mancomunidad que entre el surgimiento y auge del tráfico, la gran bonanza y la pobreza extrema, configuran una idea de “vecino” loable. </p><p><br/></p><p>Doña Mima relata que ella nunca se fue del barrio porque era el único lugar donde bajo cualquier circunstancia, encontraba ayuda a cualquier hora. Los vecinos se ayudaban y transformaban entre sí. Si doña Claudia veía al hijo de Doña Mima en malos pasos, le decía y así en muchos casos, la comunicación efectiva entre todos, buscando mejores caminos para las nuevas generaciones generaba unos procesos de formación colectiva que deben ser mencionados también. </p><p><br/></p><p>Dentro del barrio siempre han existido canales para orientar a la juventud a otras perspectivas de la vida, tal vez no determinantes, pero constantes. Ser un habitante del barrio Antioquia no representa estar condenado a una vida particular de drogadicción, expendio, robo y tráfico. Los muchachos pueden elegir, aunque las condiciones de pobreza en algunos casos extrema terminen por orientarlos a las salidas ilegales, no por fáciles, principalmente, por rápidas. A pesar de esto, los caminos que se pueden tomar se han multiplicado en la medida que el barrio dejó de ser un extramuro.</p><p><br/></p><p>Dicen los vieja guardia que el Barrio Antioquia actual dista mucho del Barrio Antioquia de las décadas anteriores al nuevo milenio. Si bien, el Barrio ha tenido grandes baños de sangre por culpa de las cruentas guerras de los combos que luchan por el control, la dinámica social ya no tiene como lema la camaradería. Por tanto, aunque se sostiene como un barrio con situación de orden público relativamente normal, refiriendo la tasa de asesinatos y de robo que es mucho menor a barrios con mejor hoja de vida. A pesar de esto, dentro del barrio hay nuevas caras y ellos, desconocedores de la filosofía urbana que se gestó en el barrio en tiempos de paz y guerra, le restan simbolismo a la importancia del servicio al otro en su carrera frenética por conseguir dinero.</p><p>Mnecionan también que, ahí, lastimosamente, cala el problema de la migración incontrolable de los ciudadanos venezolanos que abundan por miles en el barrio y ellos ayudaron a revivir en alguna medida situaciones parecidas a las que trajo consigo el decreto 517; es importante notar este fenómeno no por su carácter de extranjeros o aludiendo a los mitos urbanos que se han tejido en torno a la idea de “veneco” sino porque hace muchos años no se veía un proceso de reconfiguración social tan grande en el barrio. Los venezolanos, en su mayoría, llegaron al barrio en busca de la bonanza que siempre ha prometido el negocio de las drogas. Las escuelas y el centro de salud de nuevo están desbordados y la vivienda y sus precios se especularon.</p><p>El crimen organizado aprovecha el afán y les ofrece salidas simples lo que desemboca en una gesta de poder entre los habitantes actuales y quienes van llegando. El barrio siempre se ha caracterizado por la abundancia de extraños, pero esos extraños siempre iban, como los mismos habitantes lo describen “de entrada por salida”. Ahora estos extraños se quedan e instalan sus propias dinámicas mezcladas con las dinámicas más fáciles de aprehender en el barrio; el más bravo es el que sobrevive. El problema no sólo debe atribuirse a los venezolanos, también a los jóvenes que ya optan por estos caminos por lo fáciles. Antes se podía hablar de rapidez, pero lo cierto es que este mundo resulta tan atractivo para una parte de los "muchachos", y esto se puede ver en cada esquina, o en las fiestas nocturnas del barrio, siguen un estatus donde el respeto que profiere el dinero es lo más importante y para eso, se tiene que hacer lo que se tenga que hacer. </p><p>A estos muchachos no se les puede culpar de fungir roles en relación con algo que se ha gestado por más de medio siglo, hacer juicios de valor no es el trabajo, pero una vez se interioriza el trasegar histórico del Barrio, se pueden comprender los caminos que ellos emprenden como una especie de tradición que el contexto les ha legado. Con figuras del Barrio como el cantante de reguetón "Blessd" y su opulencia, los jóvenes solo aspiran a adquirir ese mismo estilo de vida. </p><p><br/></p><p>Sin embargo, hoy en día, en relativos tiempos de paz, el barrio sigue siendo solvente en intentos de ofrecer otras perspectivas a los jóvenes que, como malos, se pueden encontrar los buenos, los que tienen beca y estudian, los que interpretan instrumentos en la sinfónica de Medellín y los que se perfilan como líderes comunitarios.</p><p><br/></p><p>Finalmente, después de estar sumida dentro del barrio, en compañía de los viejos amigos de mi suegro, de algunos familiares y de muchos miembros de la comunidad abarcando desde los ilegales, los atípicos hasta los moralmente correctos y los estetas verdaderos que nos venden la idea de barrio que no existe (políticos). Podría concluirse que el barrio Antioquia tiene hechos que pasan al segundo plano por culpa de la dinámica hegemónica; el consumo y expendio de drogas. Esto, sin embargo, no representa un status quo. Por otra parte, la comunidad del barrio Antioquia, en su mayoría, no se identifican con el estigma que se ha aunado a la condición socioeconómica del barrio, a diferencia de otros tiempos, uno de los mayores problemas sociales de la contemporaneidad (la soledad) abunda entre los habitantes. Instituciones como el INDER o la Red de Música continúan generando procesos de relación entre los jóvenes de esta comunidad más, los eventos netamente comunitarios han entrado en decadencia. La acción comunal entró en detrimento desde principios de esta década, las canchas y los parques fueron reformados y allí los niños siguen nutriendo sus sueños de ser futbolistas. Y en las esquinas los muchachos que encierran o matan, siempre serán reemplazados, las mafias suelen dar la impresión de una presencia más férrea en asuntos sociales que el estado. Lo cierto es que como antes, no se percibe un eje de identidad con el cual los habitantes se puedan identificar, esto se presta para la desintegración del sentido de pertenencia, más allá de poseer un inmueble, ya ni siquiera los afectos y las pasiones imprimen una imagen identitaria a este espacio que todavía tiene tanto por contar.</p><p><br/></p><p>En el imaginario del Barrio Antioquia, mal o bien, gris o negro, santo o puta, siempre tañe lo más profundo de las personas que tienen la oportunidad de habitarlo y los transforma a todos, incluso a los que sólo van por drogas o de visita. Todos los caminos conducen al Barrio Antioquia.</p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-19 17:44:39 UTC</pubDate>
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         <title>Recuerdos de los vieja guardia</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <pubDate>2024-04-19 21:35:33 UTC</pubDate>
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         <title>Entre conversaciones, recuerdo de recuerdos</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <pubDate>2024-04-19 21:38:28 UTC</pubDate>
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         <title>Un barrio en construcción</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <pubDate>2024-04-19 21:39:03 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica: La plata viene armada</title>
         <author>angieldimas</author>
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         <description><![CDATA[<p>Cuando llegué al barrio acompañada de <em>Trece</em>, el hijo de Juancho, y me dirigía a la casa del Greñas, me entró una llamada y la tomé;</p><p>&nbsp;-Aló? –&nbsp; contesté</p><p>- niña será que me colabora guardando el celular por favor, me dijo el joven con voz de <em>nea </em>y mirada desafiante que se me acercó y no me dejó escuchar nada de mi llamada. Colgué de inmediato, mientras el hijo de Juancho se reía y me decía: tranquila, <em>párchese</em>. Llegué a la casa del Greñas, sabiendo que no me dirigía a hablar con cualquiera.&nbsp;</p><p>Saludé primero a Juancho, porque ya lo conocía, luego, me presenté con El Greñas, él, muy amable y con un tono relajado dijo: “qué hubo niña, ¿cómo está?, siéntese, bien pueda. Sacó unas sillas, y nos sentamos afuera de su casa, empezamos a conocernos contándonos historias.&nbsp;</p><p><br></p><p>En una de esas historias, cuentan el Greñas y Juancho, que ellos se criaron juntos en El Barrio Antioquia, desde pelados hacían todo a la par. Asistían al mismo, y único colegio público que tenía la zona. Por allá, en los 80s, ambos se retiraron en décimo; porque, según ellos, estaban mamados, se dieron cuenta que la academia no era lo suyo. Aclararon que no es que fueran brutos, que simplemente estudiar se les hacía aburridor.</p><p><br></p><p>&nbsp;Juancho contó que él empezó a hacer domicilios en la panadería del barrio, los dueños del negocio eran los papás de La Zarca, que hoy en día es madre de <em>Trece</em>. El Greñas, empacaba bareta para un duro del barrio. Ahí conoció a El Chileno, “ese si era chileno de verdad”, añadió El Greñas entre risas.&nbsp;</p><p><br></p><p>Su sobrenombre no era un despropósito, él llegó a Medellín voleando dedo desde Chile, todo un verraco; el caso es que él ya llevaba más de un año en la ciudad y era cliente fiel de la bareta que El Greñas le empacaba al principio y que, luego se la empezó a vender. Pasó mucho tiempo desde que El Greñas le vendiera varias bolsas para que se hicieran parceros y lo prendieran por primera vez juntos.&nbsp;</p><p><br></p><p>El Greñas ya le había presentado a El Chileno a Juancho, contaron que un día, casualmente, mientras ellos estaban parchados al lado del lavadero, llegó Juancho a entregar el pedido diario del duro en la Suzuki DS80 que le prestaban para hacer los domicilios. Recuerdan que apenas le bajó el gato a la moto, El Chileno ya le estaba diciendo que se quedara un ratico, que lo iban a prender, a lo que Juancho respondió, como siempre, que sin mente. En esas El Chileno se sacó del bolsillo “una vaina toda rara”, junto con la bolsa con la bareta y unos cueros; mientras metía todo eso en esa maquinita tan rara, dice El Greñas que tuvieron una conversación como la siguiente:</p><p>&nbsp;– cucho, qué es esa vuelta – preguntó Juancho, sorprendido. – Es la <em>l'octogone lt parís</em> – contestó El Chileno, con naturaleza. – quedé en las mimas, cucho, le digo honestamente - respondió Juancho. En palabras cristianas, dijo El Chileno - eso es un armador de cigarrillos, pero yo solo lo uso pa’ armar la bareta porque el tabaco no es que me guste de a mucho. &nbsp; – ¿qué? – interrumpió Juancho mientras miraba al Greñas con astucia - ¿vos sos guevón o qué? ¸ ¿Por qué no había mostrado esa vuelta antes?... Ahí está, papi, eso era lo que necesitábamos – gritó El Greñas mientras saltaba de la emoción y se chasqueaba los dedos, correspondiendo las miradas de astucia de Juancho.&nbsp;</p><p>Ahí empezó todo, Juancho dejó el trabajo de domiciliario tirado, aunque claramente, siguió saliendo con La Zarca. </p><p><br></p><p>Junto con El Greñas y El Chileno le propusieron al duro una idea de empresa, ellos estaban motivados, tenían una idea que nadie más había tenido (no en el barrio) y contaban con el material para hacerlo, solo le faltaban los recursos, y claro, como dijo Juancho, no se iban a hacer matar por empezar un negocio sin la aprobación de los que mandaban.&nbsp;</p><p><br></p><p>Ambos reconocen que “los de la vuelta” pueden ser muy malos, pero, para los negocios son muy firmes, tanto los de la vuelta de ese entonces, como los de ahora. Así que los duros, se convirtieron en sus socios e inversionistas. No les podían dañar el negocio, pero si ofrecerles una idea de algo que nadie más en el volteo hacía: vender la bareta armada, ya rascada, pegada y lista “pa meterle los plones”, nada de bolsitas con cogollos.&nbsp;</p><p><br></p><p>Desde que esos tres se asociaron con los duros y empezaron a voltear con baretos armados, no había plaza en ese barrio que vendiera más que la de ellos, por unos pesitos de más, los clientes se ahorraban un montón de pasos para poder disfrutar de su viaje. Ellos la tenían clara, las ventas se dispararon, los clientes cada vez eran más y el negocio dio sus frutos por un muy buen tiempo. Las otras plazas se demoraron mucho en conseguir un armador, y para el tiempo que los otros consiguieron uno, los muchachos ya tenían cinco.</p><p><br></p><p>El negocio se fue transformando y lentamente El Greñas fue tomando la posición de “duro”. Cuando el negocio pasó de vender solo bareta a otras sustancias como el perico, cuenta Juancho que después de haberse enloquecido por ese polvo, estar los primeros años de su hijo encanado, y de perder a La Zarca decidió salirse del volteo y rebuscárselas de otra forma, se volvió taxista. El Greñas siguió ahí, vendiendo en mínimas cuantías a los de siempre y, abrió un lavadero (de carros y de plata) para no meterse en problemas,  pesar de ser un hombre relajado, dice que allá todos lo respetan porque él no se mete con nadie.&nbsp;</p><p><br></p><p>El Greñas y Juancho tomaron caminos y decisiones diferentes, pero siguen siendo mejores amigos. Algo curioso que ambos compartieron es que, ellos hicieron muchos torcidos en sus vidas y lo siguen haciendo, pero, ahí mismo, en presencia de <em>Trece, </em>comentaron que voltear es una vida muy difícil y vacía y que ellos no quisieran eso para sus hijos “ni a bala”.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-19 23:11:43 UTC</pubDate>
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