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      <title>DAR CLASE by Carina Ana De Giorgi</title>
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      <description>Regresando de mi práctica docente inicial.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2020-12-06 18:58:50 UTC</pubDate>
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         <title>El eco de las palabras- Jennifer Azcurra</title>
         <author>azcurrajennifer4</author>
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         <description><![CDATA[<p>Eugenia era nuestra profesora de Literatura, una mujer delgada, de gestos suaves, cuya voz tenía el poder de llenar el aula sin necesidad de elevar el tono. En cada clase, nos llevaba a mundos lejanos y cercanos a la vez, presentándonos novelas y cuentos que se sentían como descubrimientos personales. Ese día, nos tocaba adentrarnos en<em> “El Martín Fierro" </em>de José Hernández, una obra que había sonado siempre lejana para nosotras, pero que ella lograba acercar con solo una mirada, con esa<em> “mirada pedagógica” </em>de la que habla Fontana. No se trataba solo de enseñarnos el poema, los versos, sino de hacernos ver la relación entre el gaucho y nuestra propia identidad, de manera casi imperceptible, vinculando las palabras de Hernández con nuestras experiencias cotidianas.&nbsp;</p><p>Ella planteaba preguntas abiertas por ejemplo para la lectura del ensayo escrito por Domingo Faustino Sarmiento <em>“Facundo o Civilización y barbarie”, </em>las historias de Cortázar, y nos hacía discutir entre nosotras como si estuviéramos en una mesa redonda. Cada vez que hablábamos, ella escuchaba atentamente, pero sin imponer respuestas. Así nos permitía formar nuestras propias conexiones con el texto. Sabíamos que había preparado la clase, que detrás de esa aparente libertad de interpretación había una planificación cuidadosa, como dice Fontana: <em>“la clase es planificada, pensada, cuidadosamente elaborada”(p. 3)</em>. Sin embargo, nunca nos hacía sentir que seguíamos un guión. La lectura de <em>“Cien años de soledad” </em>de García Márquez, por ejemplo, fue un viaje emocional, y ella nos guiaba por ese mundo mágico con una destreza que parecía espontánea, aunque claramente tenía el control.</p><p>Uno de los momentos más impactantes fue cuando nos presentó a Cristina Lozada, una autora poco conocida en ese momento. Sin previo aviso, simplemente nos leyó el primer párrafo de <em>“El revés de las lágrimas”.</em> Todas quedamos en silencio, con la sensación de que algo nuevo había surgido en el aula. Recuerdo la mirada de la profe Eugenia, ella sabía que ese silencio no era un vacío, sino el resultado de una transmisión efectiva, de esas <em>“operaciones pedagógicas”</em> que menciona Fontana, donde el acto de enseñar trasciende el contenido y se convierte en algo vivo, algo que ocurre en el presente, pero que permanece. Así era cada clase con ella, una invitación a descubrir el poder de la Literatura y su capacidad de eco en nuestras propias vidas.</p><p>En  el año 2010, cuando casi no se hablaba de feminismo, mucho menos en un colegio católico, se atrevió a abrir ese espacio en nuestra aula, una escuela de mujeres donde estos temas parecían invisibles. A través de los versos de Alfonsina Storni y su poema<em> “Tú me quieres alba”,</em> nos mostró una visión crítica de los roles de género y las exigencias sociales hacia las mujeres. En una época donde pocas docentes abordaban estos temas, nos hizo ver, desde la poesía, la realidad de las expectativas impuestas y la resistencia de las mujeres a través de la literatura. Al leer los versos<em> “tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar”,</em> nos hizo reflexionar sobre el control sobre los cuerpos femeninos y cómo, a través de la palabra, podemos romper esos moldes. Ella nos enseñaba no solo a leer, sino a pensar críticamente, y lo hacía de manera sutil, integrando lo que el currículum no decía, pero que ella sabía que necesitábamos escuchar.</p><p><br></p><p><em>Escrito por Jennifer Azcurra</em></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-29 16:05:35 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;El arte silencioso de Enseñar&quot; Laura Benavides.</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Tal como lo dice el artículo "Dar Clases" de Adriana Fontana, los docentes planifican una clase, tienen una estructura para realizarla, pero esto es solo una guía, cuando uno está en el aula muchas veces las cosas cambian. Ya que no es solo el maestro los que guían las clases, muchas veces es el/ los estudiantes los que marcan el hilo conductor del tema que vamos a trabajar. ¿Cómo? Con preguntas, con curiosidades, con aprendizajes previos del tema, con más ganas de conocer.</p><p>&nbsp;</p><p>El primer recuerdo que se me vino a la mente al leer este artículo fue el de mi seño Nene, quien me daba clase de&nbsp; matemática en quinto grado de la primaria, hasta ese entonces esta era una materia que no me gustaba para nada, cuando comencé sus clases mis gustos fueron cambiando, Nene tenía una forma muy particular de dar sus clases, ella te explicaba hasta el mínimo detalle, nos llevaba juegos para poder entender lo que trabajábamos y todo tema que aprendimos nuevo ella lo asociaba a cosas cotidianas de nosotros, por ejemplo, recuerdo que para trabajar fracciones para la primer clase nos llevó una torta y fuimos dividiendo las porciones y anotando las fracciones. Desde ese año la matemática me comenzó a gustar mucho más. Ella tenía esa mirada que todo lo comprendía, cada gesto parecía estar perfectamente calculado y creo que era así con los años que llevaba dando clases, enseñar era como un arte que dominaba muy bien, ella camina por el aula con pasos silenciosos, observando, acompañando con pequeños gestos.</p><p>Es uno de los pocos recuerdos que tengo de mi paso por la primaria, en sus clases se podía sentir la magia de la “transmisión”, cuando damos clases no solo transmitimos conocimientos, también generamos confianza, enseñamos con la mirada, con la contención, nos aseguramos que la clase sea lo más motivadora posible, que los estudiantes tengan el deseo seguir conociendo sobre el tema.</p><p>Es bueno recordar que más allá de ser muy importante tener una planificación previa de lo que vamos a trabajar en el aula, las cosas pueden ir cambiando en el proceso y que eso está bien. Que si una clase no sale como nosotros esperamos la podemos modificar en el momento, las clases no son lineales, y me quedo con lo que generaba la seño Nene, que la enseñanza no solo de trata de trasmitir conocimiento; es una conversación entre miradas, un acto de paciencia y entrega.</p><p>&nbsp;</p><p>Escrito por, Benavides Laura.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-30 00:14:37 UTC</pubDate>
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         <title>Mi primer maestra - Malena Diaz </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Hay personas que pasan por nuestras vidas sin dejar huella alguna, que con el transcurso del tiempo se van borrando. Y hay otras, que por el contrario se vuelven inolvidables.</p><p>En mi vida he pasado por varios lugares y entre todos ellos, la escuela se volvió el segundo lugar en el que transcurría todos los días cotidianamente durante varios años. Allí conocí a varias personas que pasaron por mi camino, pero la única que se juntó a mi andar, al menos por unos instantes, fue mi maestra de primer grado, Verónica, la misma que me dio el punta pie para jugar a lo que ella hacia a “dar clases”. Luego de varios años al llegar a sexto grado tuve la dicha de volverla a ver dentro de mi aula, por lo que fue mi primer y ultima docente en la educación primaria.</p><p>Recuerdo que una mañana me daba clases de matemática, repasábamos un tema para una evaluación que aún no lograba comprender y me frustraba mucho por ello, ella viendo mis nervios se acerco a explicarme nuevamente, pero mi mente estaba nula, intento tranquilizarme y me dijo que después iba hablar con mi mamá. Me imagine cualquier cosa, pero de todas ellas, la que menos me esperaba era que me invitara a su casa para explicarme y ayudarme. Era una tarde y fui aun con más nervios, pero apenas me vio me sonrió, me hizo pasar y me trasmitió el saber. Ese pequeño momento me marco para siempre.</p><p>En una clase podemos sentir la magia de la “transmisión” (Hassoun, 1996) y también el frío de la indiferencia, la desazón, el vacío, cuando “no pasa nada”. En ese momento entra en juego los vínculos, las miradas que define, habilita u obtura, que hace lugar o inhibe. Mi maestra pudo a ver ignorado mis frustraciones, y seguir con la clase, pero decidió hacerme un pequeño lugar en su día para ayudarme. En ese momento no podía reconocer por mi ignorancia la gran pasión que tiene al enseñar.</p><p><em>“Todos pueden aprender, pero no todos el mismo día ni de la misma manera”</em></p><p><em>Escrito por Malena Diaz</em></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-30 16:11:17 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;Desde el baúl de los recuerdo.: Mi comienzo por el mundo de la lectura&quot;.- Riva, Martina. </title>
         <author>martinaalejandrariva</author>
         <link>https://padlet.com/caridegiorgi/lc9q8zzgcskyvr87/wish/3147083572</link>
         <description><![CDATA[<blockquote><p><em>Dice Jorge Larrosa, qué en español "clase" significa dos cosas: un espacio y un tiempo. Es el lugar fundamental del oficio, como si dijéramos el taller del profesor, el lugar esencial de su hacer (p.59). Agrego: un hacer que empezó en otro tiempo y lugar y que espera continuar. Las clases necesitan ser preparadas con anterioridad y también en su continuidad. Ese momento previo es el de la paleta del pintor, las palabras del poeta, el momento en el que componemos nuestra obra: qué colores, qué palabras, qué documentos, películas, libros, simuladores, experimentos, ejercicios. Independientemente de la materia que sea y del lugar y el tiempo en el que  damos clases, los docentes componemos nuestra obra en "la clase". Y tenemos un privilegio, la clase nos devuelve "algo", una energía que nos realimenta (p.06).  </em>                                                                                                                </p></blockquote><p>La seño Ivon  fue una guía excepcional en mi quinto grado. Su pasión por la lengua era contagiosa y sus clases siempre eran enriquecedoras.</p><p>Comenzábamos cada jornada con un saludo cálido y una pregunta estimulante que nos invitaba a reflexionar.  Ella tenía una habilidad especial para crear un ambiente de confianza en el aula, donde nos sentíamos cómodos para expresar nuestras ideas y opiniones.</p><p>La dinámica de sus clases hizo que mi favorita fuera la de analizar diferentes tipos de textos, a redactar con claridad y precisión, y a apreciar la belleza de la literatura. Una de las actividades que más disfrutábamos era nuestra visita semanal a la biblioteca escolar. Nos permitía elegir un libro que nos llamara la atención, para llevarlo a casa, leerlo  y luego al regresar a clase, compartir nuestras impresiones con el resto de nuestros compañeros. Cada uno de nosotros descubría nuevos mundos, personajes inolvidables y aventuras emocionantes. Compartíamos nuestras opiniones sobre la trama, los personajes y el estilo del autor, las partes que hacían al libro. A veces, incluso organizábamos debates sobre nuestros libros favoritos. </p><p>Desarrollamos estrategias que hoy en día, por lo menos en mi caso, considero como las mas importantes, la lectura fluida, comprensiva, en voz alta, la aplicación de ciertos ritmos y entonaciones. La búsqueda de significados sobre palabras desconocidas, la apropiación de ellas y el poder de  pararse al frente a compartir con los demás sin miedo, con convicción sobre lo que quiero contar y transmitir. </p><p><br/></p><blockquote><p><em>Cuando la escuela es escuela ofrece tiempo y espacio para estudiar, para que  los jóvenes puedan “apropiarse” del mundo en términos culturales; tiempo y espacio para que puedan  “atenderlo”. Cuando la escuela es escuela se interesa por lograr una disposición particular de tiempos,  espacios y materiales, donde los niños y los jóvenes puedan ser expuestos a la compañía de “algo” del mundo de un modo específico (p.10). </em></p><p><em>En el marco de esta perspectiva, se necesitan algunas operaciones pedagógicas para que ello  ocurra: </em></p><p><strong><em>Producción de la igualdad:</em></strong><em> todos los niños y jóvenes, en la clase, son estudiantes.  Independientemente de sus contextos familiares, culturales, religiosos, socioeconómicos. A todos por igual se le abre el mundo, se les ofrece la materia de estudio.</em></p><p><strong><em> Producción de la confianza: </em></strong><em>en cada clase que damos apostamos a la posibilidad de que cada  uno de los estudiantes que allí está pueda “alzarse sobre sí mismo”. Por eso generamos las mejores  condiciones para que todos puedan estudiar, habilitándolos en ese acto de estudiantes; autorizándolos  en el acto de la transmisión de las palabras autorizadas. </em></p><p><strong><em>Producción de comunidad:</em></strong><em> en las clases escolares se estudia con otros, no son clases individuales  aunque oportunamente -como lo propone Meirieu- la pedagogía pueda diferenciarse. Sin embargo en  la clase se estudia con otros y los otros tienen un papel relevante en ese proceso que es grupal. Se construye así grupalidad y un sentido social&nbsp;compartido (p. 12). </em></p></blockquote><p><mark>Escrito por : Riva, Martina. </mark></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-30 20:37:17 UTC</pubDate>
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         <title>La seño que incentivó a sus alumnos a cumplir sus sueños- Magdalena Rivarola</title>
         <author>lilianarivarola933</author>
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         <description><![CDATA[<p>Cuando comencé la escuela primaria no sólo llevaba una mochila cargada de útiles porque en ella llevaba: ilusiones, deseos, miedos, incertidumbre de cómo sería mi vida en la escuela primaria, en ese mundo mágico y nuevo que aparecía en mi vida.</p><p>Tuve la suerte de ser una niña muy curiosa, hiperactiva e interesada por la lectura y la seño Claudia (que hoy ya no está entre nosotros) fue la primera seño que se dio cuenta de mi amor por las letras y las aulas y me dijo una frase que aún sigo recordando: "Para ser maestra sólo necesitas: la vocación y el deseo de enseñar". Claramente, sus palabras hicieron un click en mí que enseguida decidí que quería ser esa "seño" que empuja a sus niños a cumplir sus sueños.</p><p>Del artículo "Dar clase" coincido en que  dar la clase no es sólo planificar y pensar un tema, es ir más allá: los docentes no enseñan solamente un determinado tema; también deben pensar en los sujetos a quienes enseñar, en los contextos en los que viven, en las realidades que atraviesan y también en los imprevistos que pueden surgir durante las clases. Mi deseo es que la profesión docente se valore más y que deje de ser tan juzgada y que todos los niños puedan tener una "seño Claudia" como yo que los aliente a seguir sus sueños y a luchar por sus convicciones.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-09-30 22:47:29 UTC</pubDate>
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         <title>Recuerdo de una clase (Micaela vilchez)</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>La señora Martínez, nos llevó a explorar el mundo de la poesía a través de un ejercicio inusual. En lugar de simplemente analizar poemas clásicos, nos pidió que cerramos los ojos y escucháramos el sonido de la lluvia que caía contra la ventana. Su voz suave nos guiaba, invitándonos a conectar con nuestras emociones y a plasmar esas sensaciones en versos. A medida que la lluvia aumentaba, la atmósfera se llenaba de creatividad y vulnerabilidad, y muchos de nosotros, incluso los más reservados, nos animamos a compartir lo que habíamos escrito.</p><p>A lo largo de la clase, la señora Martínez no solo impartía conocimiento, sino que también creaba un espacio seguro para la expresión personal. Su capacidad para fomentar un ambiente de confianza fue fundamental; ella escuchaba atentamente cada palabra, validando nuestras experiencias y a profundizar en nuestras ideas. En sus ojos brillaba una mezcla de pasión y empatía que iluminaba la sala, y era evidente que su objetivo iba más allá de enseñarnos a analizar versos,quería que descubriéramos la belleza en nuestra propia voz.</p><p>Al final de la clase, al ver las hojas llenas de versos y emociones, la señora Martínez nos recordó que la poesía no es solo una forma de arte, sino un medio de conexión. Sus palabras resonaron en mí mucho después de aquella lección, recordándome que el oficio docente es, en esencia, un acto de amor y dedicación. Aquella experiencia no solo enriqueció nuestro aprendizaje, sino que también cultivó en nosotros el valor de la vulnerabilidad y la autenticidad, cualidades que llevamos con nosotros mucho después de salir del aula.</p><p><br/></p><var> Micaela vilchez</var>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-01 01:25:23 UTC</pubDate>
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         <title>¿Qué hace que una clase sea clase?Eliana Argüello</title>
         <author>elianaarguello05</author>
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         <description><![CDATA[<p>Luego de leer el artículo de la autora Adriana Fontana "Dar Clase", haciendo hincapié en sus aportes hacia las operaciones pedagógicas, recordé la película <em>“El último vagón”</em> (la cuál recomiendo) que visibiliza la situación de maestros rurales -de México- quienes muchas veces son subestimados debido a la precariedad del sistema educativo.</p><p>El films entre sus tantos aspectos, muestra a una docente que en sus clases no sólo hace una transmisión del saber sino que también pretende inspirarles a sus estudiantes un amor por el mundo, un modo singular de acercarse a él que solo la escuela puede ofrecer.</p><p>Además la narrativa incluye un mensaje sociocultural donde las condiciones organizacionales, el encuadre político institucional no son determinantes para “la clase” pero sí inciden en las planificaciones que los docentes preparan o desean abordar. En este caso, podría mencionarse la imposibilidad del acceso a internet como falta de inversión en el sistema educativo. </p><p>Pero siguiendo a Fontana (2019), cuando la escuela es escuela y busca posibilitar en los niños ese "alzarse sobre sí mismos" a través de la distribución del saber, hace justamente público el conocimiento que era o podría ser privativo de algunos sectores.</p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-01 01:34:48 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;La sembradora de sueños&quot;</title>
         <author>melisariva11</author>
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         <description><![CDATA[<p>Era el primer día de clases en 5° grado. Hoy conoceremos a la seño de Lengua, la seño Pity. Cuando ingresa al aula se presenta, toma lista y también nosotros nos presentamos. Nos entrega una fotocopia para que realicemos una actividad diagnóstica. Comienza a explicar punto por punto: repasaremos sustantivos,  adjetivos, sinónimos, </p><p><br/></p><p>antónimos, verbos, expresó. Mientras explicaba, las dudas comenzaron a surgir, el desconcierto se podía ver reflejado en nuestros rostros. Bastó con que la maestra observara nuestras expresiones para que supiera que desconocíamos de lo que hablaba. El silencio del aula incomodaba. ¿Qué pasa chicos?, preguntó preocupada.  Y con la mirada gacha y casi murmurando, un compañero respondió: no sabemos nada de todo lo que está diciendo. Ella suspiró y con mucha templanza nos dijo: vamos a encontrar una forma de hacer que todo esto sea interesante para ustedes, así van a aprender todo lo que tengo para ofrecerles. De esta manera la Seño Pity comenzó a "Dar clases", con esa mirada pedagógica, como lo expresa Adriana Fontana, observando atentamente a los alumnos, sus acciones y reacciones a lo que ella explicaba, interpretando reflexivamente y analizando aquello que percibía para comprender las necesidades y potencialidades de los alumnos. La seño ajustó el enfoque según las necesidades de los estudiantes, asumiendo con responsabilidad, compromiso y dedicación la transmisión de información, centrándose en el proceso de aprendizaje. </p><p>Nos ofrecía producciones de igualdad, las cuales alimentaban nuestra confianza en nosotros mismos, aprendimos de ella y con ella. El camino recorrido de la mano de la Seño Pity fue realmente una promoción de la justicia, ya que sin importar la mochila que cada uno cargaba, ella supo ofrecernos todo el saber acumulado en la cultura e hizo público el conocimiento del que se nos había privado años anteriores.</p><p>Hoy, con 37 años, no tengo más que palabras de agradecimiento para esa gran MAESTRA,  que supo dejar una huella en la historia de nuestras vidas.  </p><p>Donde quiera que estés  ¡GRACIAS Seño Pity!</p><p>Melisa Riva.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-01 04:40:28 UTC</pubDate>
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         <title>Un lugar de confianza-Florencia Cortés</title>
         <author>cortessflorr</author>
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         <description><![CDATA[<p>Durante mi vida pasé por muchos momentos, algunos buenos y otros no tanto. El cuarto año de secundaría fue un antes y un después de lo que era y lo que soy hoy en día. Cuando iba a la primaria y los primeros años de secundaria, era una niña extrovertida que nada me daba miedo o vergüenza, hasta que fui creciendo y ya no me sentía de esa manera.</p><p>En marzo del 2017 comenzaba el cuarto año, recuerdo ese primer día, llegué al colegio y me formé en la última fila con algunos de mis compañeros, como si tratara de esconderme. La directora dio el saludo de bienvenida y comenzaron a izar la bandera. Apenas comenzó a sonar el aurora mis manos comenzaron a sudar y me costaba respirar. La docente de matemática, Sonia, con la que teníamos la primera hora de aquel día, se dio cuenta de la situación. Ella me sacó de la fila y me llevó al baño del colegio, me acompañó hasta que yo estuviera tranquila, ya que estar en esa situación me ponía muy nerviosa, no entendía lo que me estaba pasando. Recuerdo que me hablaba, me decía que todo iba a estar bien y que ella me entendía porque pasaba por situaciones parecidas y me abrazó muy fuerte. Cuando logré tranquilizarme volvimos al aula y cada tanto me preguntaba cómo me sentía.&nbsp;</p><p>A medida que iban pasaban los días, estas situaciones seguían (sabía que lo que tenía eran ataques de pánico), lo que me llevó a no querer ir a la escuela, dejar de comer, no participar en los actos escolares, quedarme en cama casi todos los días, entre otras cosas. Esto me preocupaba porque yo no era así y no quería seguir así.&nbsp;&nbsp;</p><p>Un día estaba en mi casa y sonó el teléfono, era mi profesora de matemáticas. Ella me preguntó cómo estaba y me contó lo que habían hecho en clase ese día. Me explicó la tarea que debían realizar para el próximo encuentro, se despidió y me dijo que me esperaba y que cualquier duda la llamara. Recuerdo que siempre tuve muy buena relación con ella, durante los años anteriores si yo tenía alguna duda la llamaba para que me explicará. Una vez estaba practicando algunos problemas en mi casa ya que al otro día rendía, pero no me salían, llame a la profe, me explico el problema y me dijo <em>-Deja un rato eso, merenda, despejate y seguro mañana te va bien-.&nbsp;</em></p><p>Se podría decir que la profe Sonia y muchos docentes más me acompañaron en ese proceso que estaba pasando, me dieron esa confianza en mí misma que había perdido y me brindaron su atención, lo que me hizo sentir especial y no como una más. Les estoy muy agradecida por ponerse en mi lugar y darme un espacio de contención en la escuela. Hoy en día reconozco que gracias a ellos y a mi esfuerzo por mejorar para no volver a sentirme así, hicieron que fueran unos años menos complicados.&nbsp;</p><p><br/></p><p><em>Narrado por Flor Cortés.&nbsp;</em></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-01 14:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;La huella que dejaste en mi&quot; por Milagros López</title>
         <author>mimisoledadlopez2002</author>
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         <description><![CDATA[<p>Era por allá, en 2019, un día lunes durante la primera hora de mi quinto año de secundaria. Ese día comenzabamos las clases de lengua y literatura, materia que nunca me gustó pero a la que le ponía mucho esfuerzo. Las docentes de años anteriores nunca lograron que de verdad sintiera gusto de aprender algo de esta asignatura. Hasta ese día.</p><p>Ese día ingresó al aula nuestra nueva docente. La profesora Scheherezade. No recuerdo su nombre pero los estudiantes de la escuela le decíamos así por el parecido a la actriz de la novela “Las Mil y una Noches”. No era una persona muy alta, era pelinegra, delgada, con un rostro angelical. Tenía una voz muy dulce y sus looks nunca defraudaban. Gracias a ella encontré un gran amor por la lectura y la escritura. Gracias a ella, aprendí que leer no era aburrido, sino que era algo sumamente asombroso, que podía recorrer todos los mundos que quisiera y hasta conocer culturas y costumbres de otros lugares sin la necesidad de viajar. Mediante la escritura ella me enseñó que cualquier voz puede tomar poder, si hablamos desde el corazón y la verdad.</p><p>Siempre esperaba los días lunes y viernes para tener clases con ella. Sacando el hecho de que soy una persona bastante tímida, dentro de su clase me sentía escuchada y valorada.&nbsp;</p><p>La profesora Scheherezade compartía con nosotros varías historias, contagiándonos así de su pasión por la lectura. Algunas de las historias&nbsp; que recuerdo eran “El túnel” de Ernesto Sábato, “El matadero” de Esteban Echeverría, “Facundo” de Sarmiento, “El Martín Fierro” de José Hernández, “Como agua para chocolate” de&nbsp; Laura Esquivel Valdés, entre otros libros.</p><p>Durante estas lecturas, ella nos llevaba a diferentes partes de la escuela para que saliéramos del aula y pudiéramos vivir esta experiencia de manera diferente.&nbsp;</p><p>Al finalizar una lectura ella solía preguntarnos de qué iba la historia, y luego nos preguntaba si había alguna situación de la vida real que pudiéramos comparar con los hechos planteados en esas historias. Ella solía explicarnos que a menudo algunos hechos en las historias suelen tener un significado metafórico en la vida real, y que solo había que aprender a leer, de manera audaz, esos hechos.</p><p>La profesora de Lengua y Literatura, siempre trataba de que nos llevaramos algo significativo de su clase, ya sea para utilizar dentro de la institución&nbsp; como fuera de ella.&nbsp;</p><p>Para poder utilizarla en nuestra vida. Ella logró lo que muchos profes&nbsp; no pudieron, nos formó para la atención, para tratar de comprender el mundo que nos deparaba, y tratar de inspirarnos amor hacia él. Logró que el curso se terminase volviendo un grupo. Se crearon fuertes lazos que hasta el día de hoy son inquebrantables.&nbsp;</p><p>Ella confió tanto en nosotros que al final cada uno pudo confiar en sí mismo. Yo pude hacerlo. Su gran amor por la enseñanza y al no ver la vida como algo caótico, sino como algo hermoso y esperanzador, dejaron una gran huella en mi.</p><p>Solo espero que cuando sea docente, pueda contagiar a mis estudiantes de curiosidad, amor y cariño como ella lo hizo conmigo.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-01 14:56:31 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;Historias que Liberan: El Poder Transformador de las Palabras&quot; por Victoria Fernandez                                       </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Recuerdo una clase que marcó un antes y un después en mi vida, aquella en la que mi profesora de lengua nos sorprendió al traer una película: "Escritores de la libertad". Desde el primer momento, sentí que aquella proyección iba mucho más allá de lo académico. Mientras la trama se desarrollaba, las palabras de mi profesora resonaban en mi mente. Ella siempre decía que una clase debía ser un espacio para nuestras vivencias, un lugar donde cada uno de nosotros pudiera encontrarse y descubrir algo nuevo.</p><p>En la película, la maestra Gruwell se enfrentó a un grupo de estudiantes con realidades complejas, pero encontró una forma de conectar con ellos a través de un acto simple pero poderoso: les dio diarios para que expresaran sus historias. Esa acción, casi mágica, abrió un camino de comunicación que derribó las barreras que los separaban y les permitió explorar su identidad en un entorno seguro. Como explica Fontana, el acto de "dar clase" no puede reducirse a un simple ejercicio de transmisión de saberes, sino que implica abrir espacios para que las experiencias y las voces de los estudiantes tengan un lugar. De este modo, las clases se convierten en un proceso afectivo y de transformación que trasciende los contenidos.</p><p>Al finalizar la película, mi profesora nos miró con una sonrisa iluminadora y pronunció una frase que quedaría grabada en mi corazón: “Escribir es una forma de salvarse, de encontrarse”. En aquel momento, comprendí que ella no solo nos estaba enseñando sobre la lengua, sino que nos ofrecía una lección sobre la vida misma. Como también menciona Fontana, las clases están llenas de “pequeñas alegrías” que no siempre se pueden prever, pero que dejan huellas profundas.</p><p>La enseñanza que me dejó fue clara y contundente: el verdadero significado de “dar clase” radica en crear espacios donde las voces de los estudiantes puedan ser escuchadas y respetadas. Al igual que en “Escritores de la libertad”, la escritura puede convertirse en un refugio y una herramienta de transformación. Gracias a esa clase, he aprendido que las palabras tienen el poder de liberar y conectar, tanto en el aula como en la vida.                              Escrito por Fernandez, Victoria</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-01 15:40:30 UTC</pubDate>
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         <title>Aquí leyendo...</title>
         <author>caridegiorgi</author>
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         <description><![CDATA[<p>Recorrí y aprecié cada una de sus intervenciones, invito a las dos compañeras que no han sumado sus voces a que lo hagan. Sin necesidad de romantizar a la escuela y a nuestra tarea, definitivamente coincido con uds. en que nuestro trabajo conmueve, llega, deja huellas, acerca o aleja, construye o destruye...como lo hemos conversado en clase.Valoro mucho que me acompañen en cada convocatoria con la calidad que las caracteriza y que hayan leído también las vivencias de sus compañeras.Les dejo una reflexión "prestada", para que sigamos pensando:</p><p><strong><em>La matriz de la esperanza es la misma de la educabilidad del ser humano: lo inacabado de su ser, de lo que se hizo consciente. Sería una contradicción grosera si, inacabado y consciente de estar inacabado, el ser humano no se insertara en un proceso permanente de búsqueda esperanzadora. Este proceso es la educación.</em></strong> Paulo Freire, “Educación y esperanza” en Pedagogía de la indignación.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-10-12 22:27:24 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;Una maestra cariñosa y comprensiva&quot; Esper Malena</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2024-10-15 17:25:29 UTC</pubDate>
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