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      <title>Presentación de diapositivas by Fukencio Wasausky</title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2025-02-08 04:08:57 UTC</pubDate>
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         <title>Zippo el travieso</title>
         <author>fukenciowasausky</author>
         <link>https://padlet.com/fukenciowasausky/kwlcgc8eohyw1owz/wish/3320624462</link>
         <description><![CDATA[<p><br></p><p>En un bosque encantado, vivía una sabia tortuga llamada Tula y un travieso zorro llamado Zippo. Tula siempre enseñaba a los animales la importancia de cuidar su hogar, pero Zippo, con su energía desbordante, prefería jugar y divertirse sin preocuparse por el medio ambiente.</p><p><br></p><p>Un día, mientras Zippo corría por el bosque, tropezó con una montaña de basura. Intrigado, siguió explorando y se encontró con ríos contaminados y árboles enfermos. Asustado, corrió a buscar a Tula</p><p><br></p><p>"¡Tula, Tula! El bosque está muriendo" gritó Zippo.</p><p><br></p><p>Tula, con su calma habitual, le respondió: "Este es el resultado de no cuidar nuestro hogar, Zippo. Cada vez que dejamos basura o maltratamos la naturaleza, le hacemos daño".</p><p><br></p><p>Conmovido, Zippo decidió cambiar sus hábitos. Organizó a los animales del bosque y juntos limpiaron los ríos, plantaron nuevos árboles y reciclaron los desechos. Poco a poco, el bosque comenzó a sanar.</p><p><br></p><p>Sebastián Molina</p><p><br></p><p><br></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-02-08 04:10:18 UTC</pubDate>
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         <title>El buhito y la luna.</title>
         <author>fukenciowasausky</author>
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         <description><![CDATA[<p>Alejado de la ciudad, en un hermoso y acogedor bosque, existía un pequeño pueblo donde todos los animales vivían. Tenían pequeños negocios para sustentarse y llevar una vida mejor. El pueblo era alegre y lleno de luces; todos compartían y vivían en armonía. Sin embargo, a la medianoche, todos dormían, se apagaban las luces y el silencio reinaba en el lugar.</p><p>Un poco alejado del pueblo, había una casita que se encendía justo a esa hora. Allí vivía un pequeño búho, muy alegre, que cada vez que despertaba salía volando con entusiasmo en busca de alguien con quien hablar. Pero cada noche, al llegar al pueblo, ya no encontraba a nadie: todo estaba apagado y cerrado. Esto le rompía el corazón, pues no tenía amigos y anhelaba encontrar a alguien como él.</p><p>Aun así, era optimista y cada noche decidía limpiar el pueblo para que, cuando los demás despertaran, lo encontraran limpio y hermoso. Mientras limpiaba, su única compañía era el reflejo de la hermosa Luna, con quien siempre conversaba.</p><p>—Hoy llegué tarde otra vez, amiga —le decía—. No encontré a nadie en el pueblo, pero me alegra verte de nuevo. Tú siempre me iluminas y estás para mí. Me gustaría algún día visitarte. Créeme que lo he intentado, pero no he logrado volar tan alto. Pero nada es imposible, y te prometo que algún día podremos estar juntos.</p><p>Cuando vio los primeros rayos del Sol, el Buhito se despidió de la Luna y regresó a su casa a dormir. Mientras tanto, cuando los animales despertaron y vieron el pueblo limpio, creyeron que era obra del Sol y lo agradecieron con fervor.</p><p>En el pueblo, la Señora Ciervo tenía un puesto de tartas de bayas junto a su pequeño hijo, Astro, un cervatillo juguetón y curioso. A él le intrigaba la noche y esa estrella brillante que alcanzaba a ver antes de dormirse. Quería descubrir más, así que decidió que se quedaría despierto para contemplarla.</p><p>Esa noche, cuando todo quedó en silencio, Astro se levantó con emoción y salió sin hacer ruido. Por fin podía ver la gran estrella brillar. La encontraba majestuosa. Entre su asombro, notó que, a lo lejos, había una casa iluminada. Creía que estaba abandonada, pues por las tardes siempre permanecía oscura. Pero, para su sorpresa, vio a alguien salir de ella.</p><p>Decidió acercarse y hablarle. Cuando el pequeño búho lo vio, se emocionó enormemente. Creía que esta vez sí había despertado a tiempo para conocer a alguien del pueblo. Voló feliz hacia Astro.</p><p>—¡Hola! Mi nombre es Buhito. ¡Mucho gusto!</p><p>—Hola, Buhito, soy Astro. Un gusto conocerte.</p><p>Charlaron por un rato hasta que Astro preguntó:</p><p>—Buhito, ¿por qué nunca sales de día?</p><p>—Bueno, cuando veo al Sol, me da mucho sueño y no puedo evitarlo.</p><p>—¿No te da miedo estar solo en la noche?</p><p>—¿Solo? Yo no estoy solo. Tengo a mi gran amiga la Luna, que siempre me hace compañía. Es hermosa.</p><p>—Sí, es bellísima. Me encanta contemplarla, aunque casi no la vea, porque a esa hora ya estoy dormido.</p><p>—Mi sueño más grande es ir con la Luna. Ella nunca me deja solo; siempre ilumina mi camino.</p><p>Astro se quedó confundido con la respuesta y preguntó:</p><p>—¿Y tus papás?</p><p>—¿Papás? Desde que tengo conciencia, he estado solo. Pero nunca he sentido su ausencia, porque la Luna siempre está para mí.</p><p>—Espero que algún día puedas cumplir tu sueño…</p><p>Siguieron conversando hasta que aparecieron los primeros rayos del Sol. Buhito se despidió y se fue a dormir. Así continuaron durante varias semanas: contemplaban la Luna y hablaban de sus sueños. Una noche, mientras jugaban, Astro dijo:</p><p>—Tú eres la Luna y yo soy el Sol.</p><p>A Buhito le pareció gracioso.</p><p>—¡Sí! Pelearemos con todo para estar juntos y hacer que los días no nos separen.</p><p>Los años pasaron y un día Astro pasó todo el día confeccionando unos sombreros con forma de la Luna y el Sol para regalárselos a Buhito. Estaba ansioso por la noche para mostrárselos.</p><p>Pero cuando llegó la medianoche y fue a su encuentro, vio la casa apagada. Le pareció extraño, pero esperó… y esperó… y esperó. Buhito nunca llegó.</p><p>Intrigado, fue hasta su casa y lo encontró dormido. Se le hizo raro, pues Buhito dormía de día, pero esta vez era diferente. No quiso despertarlo y, en un susurro, dijo:</p><p>—Buhito, hice estos sombreros para nosotros. Espero que cuando despiertes te gusten.</p><p>A la noche siguiente, Astro volvió a su lugar de encuentro, pero su amigo nunca llegó. Regresó a su casa y lo encontró dormido, con el sombrero puesto. Astro sintió una gran tristeza. Buhito era su único amigo.</p><p>A su lado, había una carta. Tembloroso, la leyó:</p><p><em>"Hola, Astro. Te escribo esta carta porque he ido en busca de mi amiga la Luna. Como te dije, es mi sueño. No quiero dejarte, así que espero volver pronto y contarte cómo es la Luna y todo lo que hablamos. Prometo que hablaré con ella para que tú también puedas venir. Con cariño, Buhito."</em></p><p>Astro, emocionado, decidió esperar pacientemente su regreso para que juntos fueran a la Luna.</p><p>El tiempo pasó, Astro formó una familia, pero cada noche a las 12 iba al mismo lugar a esperar a su amigo.</p><p>Una noche, su hija Isa lo vio salir y lo siguió.</p><p>—Papá, ¿qué haces despierto?</p><p>—Hola, pequeña. ¿Qué haces aquí?</p><p>—Papá, ¿por qué siempre vienes a este lugar en la noche? ¿A quién esperas?</p><p>Astro suspiró y sonrió.</p><p>—A mi amigo Buhito. Me prometió que algún día iríamos con su amiga la Luna. Por eso vengo siempre. Aunque cuando veo la Luna, veo su reflejo y sé que él me está mirando desde arriba con ella. Me hace feliz saber que Buhito pudo cumplir su sueño de conocer a su gran amiga la Luna.</p><p><br/></p><p>Britney Bernal</p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-02-08 04:35:23 UTC</pubDate>
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         <title>“CUANDO EL RÍO CALLÓ” </title>
         <author>fukenciowasausky</author>
         <link>https://padlet.com/fukenciowasausky/kwlcgc8eohyw1owz/wish/3320633007</link>
         <description><![CDATA[<p>En el corazón de un bosque antiguo, donde los árboles más viejos guardaban los secretos del tiempo y los ríos cantaban dulces melodías al alba, vivía una comunidad de animales en perfecta armonía. Cada criatura tenía su lugar, su propósito y su responsabilidad dentro del ciclo de la naturaleza. El bosque florecía con la energía de la cooperación y la confianza mutua, y el río, cristalino y sereno, reflejaba la unidad de quienes lo habitaban.&nbsp;</p><p><br></p><p>Los Guardianes del Equilibrio&nbsp;</p><p>El búho Orión, con su plumaje gris moteado y sus ojos dorados como la luna, era el sabio del bosq</p><p>ue. Desde lo alto de los robles, aconsejaba a los habitantes en momentos de duda y tomaba decisiones que aseguraban el equilibrio. La Ardilla Bunia, de pelaje corto y movimientos veloces, era la encargada de esparcir semillas por todo el bosque, asegurando que nuevos árboles y arbustos crecieran, fortaleciendo el ciclo de la vida. El lobo Argos, con su impotente figura y su mirada severa, mantenía el orden, protegiendo a los más pequeños y asegurando que la caza no rompiera el delicado balance de la vida.&nbsp;</p><p><br></p><p>El ciervo Élan, con su elegante acercamiento y pasos silenciosos, guardaba a la manada en busca de pastizales, respetando los límites del bosque y nunca sobrealimentando la tierra. La tortuga sabia, anciana y paciente, recorría lentamente los senderas del bosque, contando historias de tiempos antiguas y recordando a todos a importancia del pasado, Cada criatura tenía su lugar y su papel, y así, el bosque prosperaba generación tras generación&nbsp;</p><p><br></p><p>La confianza reinaba entre ellas, y el bosque triunfaba, las estaciones llegaban y se iban, las frutas brotaban y caían y la vida continuaba su danza cíclica en perfecta armonía.&nbsp;</p><p><br></p><p>Pero un día, un forastero llega al bosque. Un viajero solitario que, con su presencia, cambiaría todo.&nbsp;</p><p><br></p><p>El forastero y su Plan&nbsp;</p><p><br></p><p>El visitante era un zorro de pelaje rojizo y ojos astutos llamado Knox. Había viajado a través de muchos bosques, enfrentando la dureza del mundo con astucia e ingenio. Su vida había sido una constante lucha por la supervivencia, donde la confianza no tenía cabida y sólo los más astutos lograban sobrevivir.&nbsp;</p><p><br></p><p>"Este bosque es diferente a los que he conocido", pensó mientras observaba a sus habitantes. “Aquí todos confían demasiado en el otro, como si el mundo fuera justo y ordenado. Pero yo sé que el mundo pertenece a los más astutos". Con su aguda inteligencia, Nox ideó un plan. No usaría la fuerza ni el miedo, sino algo mucho más peligroso: la duda.&nbsp;</p><p><br></p><p>&nbsp;&nbsp;</p><p>Las semillas de la Desconfianza&nbsp;</p><p>Al principio, Nox, se mostró amigable. Se acercó a Bunia y, con una voz suave, le dijo:&nbsp;</p><p>-He escuchado que los búhos, por sabios que sean, también son cazadores. ¿No te preocupa que Orión algún día decida que las ardillas también puedan formar parte de su dieta?&nbsp;</p><p><br></p><p>Bunia, que siempre había respetado a Orión, se quedó pensando. Nunca había considerado aquella posibilidad, pero ahora la idea había sido sembrada en su mente.&nbsp;</p><p><br></p><p>Más tarde, Nox se acercó al lobo Argos.&nbsp;</p><p><br></p><p>-Eres fuerte y poderoso, Argos. Pero dime, ¿Por qué permites que los venados crezcan en número sin control? Un día, cuando falte alimento, ellos serán los primeros en huir y te dejarán sin caza.&nbsp;</p><p><br></p><p>El lobo, que siempre había regulado su caza para mantener el equilibrio, empezó a dudar. ¿Y si Nox tenía razón?&nbsp;</p><p><br></p><p>Día tras día, el zorro sembró pequeñas dudas en el corazón de los habitantes del bosque. Lo hizo con palabras suaves, con sonrisas calculadas y con una habilidad que hacía parecer que él solo estaba haciendo preguntas inocentes.&nbsp;</p><p><br></p><p>Pronto, el bosque empezó a cambiar. Bunia ya no confiaba en Orión y comenzó a evitar los árboles donde el búho solía posarse Argos, impulsado por la duda, cazó más de lo necesario, provocando que los venadas se volvieran nerviosas y se alejaran. la Tortuga sabia dejó de contar historias, pues los animales ya no creían en las lecciones del pasado. Otros animales también empezaron a mirarse con recelo, temiendo que, en cualquier momento, los lazos de confianza que los unían se rompieran.</p><p><br></p><p>El río, reflejo de la armonía del bosque, dejó de cantar con la misma alegría, su cauce se tornó más oscuro y pesado, como si la misma naturaleza sintiera la tensión que se apoderaba de sus habitantes.&nbsp;</p><p><br></p><p>El despertar de la Verdad&nbsp;</p><p><br></p><p>Una noche de luna llena, el Buha Onon convocó a todos los animales a una asamblea en el Gran Claro. Su mirada era profunda y su voz, aunque serena, tenía un matiz de tristeza.&nbsp;</p><p><br></p><p>-Amigos míos, he observado con pesar cómo nuestro hogar ha cambiado en los últimos días. Antes. Cada uno de nosotros comprendía su papel en el ciclo de la vida. Ahora, la desconfianza nos ha dividido. Los amiales intercambiaron miradas incómodas, sabían que tenía razón, pero no querían admitirlo.&nbsp;</p><p><br></p><p>-¿Qué fue lo que nos llevó a este punto?- continuó el búho&nbsp;</p><p><br></p><p>-¿Acaso nuestras vidas no eran armoniosas antes de que la duda se instalara en nuestros corazones? Hubo un largo silencio. Entonces, la Ardillo Bunia se atrevió a hablar.&nbsp;</p><p><br></p><p>-Fue Nox quien nos hizo pensar en cosas que nunca antes nos habíamos cuestionado.</p><p><br></p><p>El lobo Argos gruñó, dándose cuenta de que había caído en la trama de la manipulación. Todos voltearon a ver al lobo, quien, lejos de asustarse, simplemente sonrió.</p><p><br></p><p>La restauración del Bosque&nbsp;</p><p>A partir de ese día, los habitantes del bosque trabajaron juntos para recuperar la armonía, Bunia volvió a esparcir las semillas con alegría, Argos reguló su caza con prudencia, la Tortuga sabia retomó sus relatos y Orión compartió su sabiduría con más fuerza que nunca.&nbsp;</p><p><br></p><p>El río, como reflejo del alma del bosque, recuperó su armonía, las hojas danzaban con el viento y la luna iluminaba un hogar donde la confianza volvía a florecer.&nbsp;</p><p><br></p><p>Nox, en cambio, partió con una lección aprendida: la verdadera fuerza no estaba en la astucia ni en la manipulación, sino en la unidad de aquella que trabajan juntos.&nbsp;</p><p><br/></p><p><br/></p><p>Rafaela Vélez</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-02-08 04:37:32 UTC</pubDate>
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         <title>Saltos de Terquedad y Huellas de 

Sabiduría </title>
         <author>fukenciowasausky</author>
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         <description><![CDATA[<p><br/></p><p>El sonido de los árboles moviéndose suavemente, los ríos cristalinos y animales mágicos iluminados por el sol a temprana mañana, ese era el bosque encantado en el que todo animal anhelaba estar. Se escuchaban sonidos provenientes de lejos; parecía una carrera de animales jugando. Todos, asombrados, comenzaron a acercarse para ver quiénes eran los causantes de aquel ruido. A la vista de todos, un conejo brillante, el más feliz y más ruidoso, estaba corriendo a toda velocidad, pero detrás de él venían más animales corriendo y riendo.</p><p><br></p><p>Al ver aquella escena, algunos animales estaban felices; otros ya estaban cansados del ruido, que era muy repetitivo. Aquel conejo, al ser tan travieso y juguetón, fue detenido por una gran trampa que lo terminó encerrando en una pequeña caja. Bufó de frustración: sabía de quién era esa típica trampa y lo confirmó al escuchar la voz de su mejor amigo, el zorro.</p><p><br></p><p>—¿Vas a seguir haciendo alboroto todo el tiempo y molestando a los vecinos, conejillo? —dijo aquel zorro, un poco frustrado.</p><p><br></p><p>Aquel conejo solo se rió. Al ser liberado de la caja, se limpió la suciedad que tenía en sus patas, suspiró y miró al zorro.</p><p><br></p><p>—Vaya, encantado de poder verte otra vez, mi gran amigo zorro. Deberías cambiar de trampa, ya me tiene cansado. Y, respondiendo a tu pregunta… sí. Sabes cómo soy, y no es por molestarles, pero esos animales disfrutan competir contra mí. Saben que soy el mejor.</p><p><br></p><p>El zorro suspiró, cansado de la actitud de su amigo. No quería enfrentarlo otra vez, ya que este siempre se creía superior por su velocidad o por su manera de convencer a los animales menores de participar en carreras peligrosas. Comenzó a disculparse con los animales vecinos, que estaban enojados y preocupados por sus hijos. Al terminar de pedir disculpas, obligó al conejillo a pedir perdón, aunque sabía que este era necio y volvería a hacer aquellas carreras peligrosas.</p><p><br></p><p>Las reglas de ese bosque eran muy claras: cualquier ser que atrajera o causara peligros, tanto para los animales como para la naturaleza del bosque, sería expulsado definitivamente. Aquel zorro, sabio, amable e inteligente, sabía que tenía que hacer cambiar de actitud a su amigo el conejo para que no lo expulsaran en el futuro.</p><p><br></p><p>El ambiente del lugar comenzó a ser más alegre, tranquilo. Cada animal realizaba sus actividades con amor y humildad. Nuevamente se escuchaban las risas y gritos de alegría. Pero el conejo era muy terco. Esta vez, la carrera que organizó con otros animales resultó desastrosa: algunos animales pequeños se lastimaron gravemente, mientras que otros desaparecieron entre los bosques.</p><p><br></p><p>Aquel conejo sintió, por primera vez, miedo. Sabía que esta vez ya no había escapatoria ni nadie que lo salvara. Los gritos desesperados de los padres de aquellos animalitos comenzaron a resonar en el bosque, y el conejo solo pudo correr y correr, muy lejos de aquel lugar.</p><p><br></p><p>Pasaron las horas. Todo era silencio. Se escuchaban solo las hojas de los árboles moviéndose fuertemente por el viento. Aquellos pajaritos que siempre cantaban, desaparecieron. Todos buscaban al conejo, incluso su amigo zorro.</p><p><br></p><p>Pasaron dos días hasta que el zorro, con su astucia, logró encontrarlo escondido en una cueva lejana. Al verlo, suspiró y dijo:</p><p><br></p><p>—¿Piensas que escapar es la única forma de arreglar tus errores? Te he dicho un millón de veces que no vuelvas a hacer esas carreras, y mira las consecuencias —dijo el zorro, frustrado.</p><p><br></p><p>—Lo lamento demasiado… Fui un terrible necio, causé muchos problemas y tengo que sufrir las consecuencias —dijo el conejo, bajando sus orejas y su cabeza.</p><p><br></p><p>—A mí no me pidas disculpas. Tenemos que ir para que decidan qué harán contigo. Si quieres salvarte, pide disculpas a todos —dijo el zorro, comenzando a caminar.</p><p><br></p><p>Así fue como ambos regresaron al bosque, donde todos los animales afectados estaban reunidos. El conejo se convirtió en el centro de atención, pues él era el causante de todo. Se echó al suelo en señal de disculpa y comenzó a suplicar perdón.</p><p><br></p><p>—¡Lo siento mucho! ¡Perdónenme, por favor! Sé que he sido un necio, un ruidoso, y causé muchos problemas. ¡Por favor, les suplico perdón! —exclamó el conejo delante de todos los padres afectados.</p><p><br></p><p>Por suerte, su mejor amigo, el zorro, pudo tranquilizar a los animales. Les dio una charla sobre cómo el rencor y el odio no eran buenos. Todos decidieron perdonarlo, pero sabían que la confianza ya no sería la misma.</p><p><br></p><p>Lamentablemente, a los pocos días, aquel conejo desobediente, terco y necio volvió a organizar carreras peligrosas por décima vez. El zorro, ya cansado, no pudo hacer nada, pues el mismo conejo comenzó a halagarse a sí mismo, presumiendo su velocidad y su aspecto.</p><p><br></p><p>El zorro, harto, le preguntó:</p><p><br></p><p>—¿Acaso no te das cuenta?</p><p><br></p><p>—Mira, soy un conejo que merece ser libre, ser feliz, y sobre todo, soy muy bueno en todo lo que hago. Mi velocidad es la más rápida de todas, mucho más que la de esos animales tontos. Deberías sentirte afortunado por tenerme. Nadie podría tener una amistad conmigo sin que lo pisotee.</p><p><br></p><p>El zorro quedó totalmente sorprendido y decepcionado al escuchar esas palabras. Su amigo conejo nunca había hablado mal de otros animales, mucho menos sentirse superior a ellos.</p><p><br></p><p>—¿Pero qué te pasa? No puedes ser doble cara y sentirte superior —dijo el zorro, decepcionado.</p><p><br></p><p>—¿Acaso me estás contradiciendo? Tú, zorro, no tienes derecho a hablarme así. Que me hayas salvado aquella vez no significa que puedas sentirte superior a mí —respondió el conejo, enojado.</p><p><br></p><p>—No, eso no es lo que qu—</p><p><br></p><p>El conejo lo interrumpió y lo empujó hacia un río.</p><p><br></p><p>—No quiero volverte a ver. No quiero ser tu amigo. No eres lo suficientemente bueno para tener una amistad conmigo —dijo el conejo, riéndose mientras veía cómo el zorro era arrastrado por las olas del río.</p><p><br></p><p>El conejo comenzó a saltar lejos, riéndose, hasta desaparecer entre los árboles.</p><p><br></p><p>Pasaron tres días y tanto el zorro como el conejo desaparecieron.</p><p><br></p><p>El conejo, ensimismado en su propio mundo, ya no era el mismo, hasta que fue atrapado por una trampa. Se sorprendió, pues nunca había visto algo así. Fue entonces cuando el zorro salió de su escondite, totalmente vivo y sano, sin ninguna herida.</p><p><br></p><p>—¡¿Sigues vivo?! ¡¿Qué haces!? ¡SUÉLTAME! —gritó el conejo, furioso por ver que su ex amigo siempre era tan sabio e inteligente.</p><p><br></p><p>El zorro lo ignoró y lo llevó de vuelta al bosque. Sus huellas resaltaban en cada paso. Al llegar, los animales abrieron paso. Estaba el jefe León, acompañado de otros animales que tomaban decisiones.</p><p><br></p><p>—¿Te arrepientes de tus acciones, conejo? —habló firme el león, dejando un silencio incómodo.</p><p><br></p><p>—No, no me arrepiento. ¡Todos ustedes se creen superiores, pero el único superior aquí soy yo!</p><p><br></p><p>—Entonces está decidido. A causa de tus acciones, estás totalmente expulsado para siempre —dijo el león, con calma, antes de retirarse.</p><p><br></p><p>Aquel conejo fue expulsado. Nadie lo defendió. Ni siquiera su ex mejor amigo se atrevió a mirarlo para decirle: "Te lo dije".</p><p><br/></p><p>Grace García</p><p><br></p>]]></description>
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