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      <title>Crónicas by Proyecto1 UMET</title>
      <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni</link>
      <description>Crónicas de la vida y la educación en la pandemia</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2020-06-02 19:32:04 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2025-11-21 03:04:12 UTC</lastBuildDate>
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         <title>Crónica de mi cuarentena</title>
         <author>ceciliakadener</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/607938818</link>
         <description><![CDATA[<div>Cecilia Kadener<br>Las horas dejaron de tener un sentido estricto de organización de mis tareas, cocino a la madrugada, duermo a mediodía, estudio a la mañana, me baño a media tarde y cada algunos días y sin entender bien como ni porqué, esos horarios se dan vuelta, se entrecruzan y las actividades continúan luego de barajarse y volver a repartirse. Entonces mi compañero pasa por al lado mío, me acaricia la espalda y me dice – te extraño. Estamos 24 horas al día juntos, hace más de 70 días, conviviendo en la misma casa desde que arrancó la cuarentena y mi viejo, después del anuncio, me dijo, - ¡llámalo ya a Francisco y que se venga, no va a pasar la cuarentena solo!<br>Y acá estamos, juntos y aun así nos extrañamos, nos extrañamos en nuestra rutina anterior, en nuestro contarnos lo que hicimos, en nuestro compartirnos nuestros mundos exteriores, nuestras aventuras cotidianas. <br>El departamento en el que vivo por suerte es grande y cada uno pudo construir su espacio personal, mi viejo su cuarto y su estudio, Mi hermano su cuarto y su aparatito de realidad virtual, Fran se trajo la compu y se armó un mini estudio en un rincón del living cerca del ventanal, el necesita luz, yo soy más vampiresa. Sabiamente elegimos dormir separados, así que ahí está el en el cuartito, como le llamamos a la pequeña habitación que oficia, además, de depósito de embalajes de mi mini empresa gastronómica. Y yo en mi cuarto y la cocina, parece irónico que en medio de tanto feminismo, yo que soy una activa luchadora por los derechos, me autoasignara la cocina, pero bueno es en definitiva, no solo un lugar que disfruto, sino que mi lugar de trabajo. Entonces ahí me escapo, cuando las diez materias de la facultad en las que me anoté empiezan a provocarme dolores en el cuello y en la espalda por tantas horas sentada en posturas raras, mirando el monitor, leyendo, presenciando clases y haciendo trabajos prácticos.<br><br></div><div>Confieso que al principio, cuando me metí en esta trampa de tantas materias, creí que iba a ser pan comido, creí en el ilusorio beneficio de poder manejar los horarios y que no importara la superposición de asignaturas que, tan mal, planifica la universidad. Pero no, me retraso con las entregas, me peleo con la conexión a Internet, me mareo con los contenidos, me organizo, avanzo y vuelvo a perderme… Así es mi vida académica desde finales de marzo, así, con expectativas y desorden los primeros 15 días, con incertidumbre y desorden los segundos 15. Al mes comenzó la angustia y el desorden continuó, a los dos meses el desorden empezó a mezclarse con desesperación y ganas de dejar la facultad. Finalmente en los últimos 15 días logré ordenarme, un poco ¡tampoco exageremos! y remontar casi todas las materias y enviar las tareas pendientes. En el medio fui descubriendo que es lo que me sirve, como organizarme, como encontrar contención en los encuentros más cercanos a lo presencial, que se da en las videoconferencias, con algunos profes que entienden la coyuntura y nos alientan a seguir. Y también reafirmé que es fundamental el apoyo entre compañeros, compañeros con los que ya nos conocíamos y compañeros nuevos, compañeros con los que extraño compartir un mate, una discusión acerca de contenidos, risas y momentos de socialización que dan sentido a cualquier experiencia académica. Así que fuimos encontrando maneras de encontrarnos, el chat, la llamada virtual, el mensaje o el drive nos acercan, pero necesito hacerme caras con Vicky, necesito que Cristina me mire, pidiéndome una síntesis de lo que intentó explicar el vueltero de Saraiva, necesito conocer en persona la sonrisa de Paula y hablar de poemas y otras yerbas, necesito lo presencial, lo que solo se sintetiza en abrazos y miradas cómplices que se me complican un montón monitor mediante.<br><br></div><div>Salen del horno los budines, aquellos que me encargaron, luego de tener que reestructurar todo el menú para remontar mi pequeña empresa, que al principio de esta realidad extraordinaria parecía que iba a ser derrotada por el virus y pudo seguir. ¿Quién me iba a decir que parte de mi economía iba a resistir gracias a la pastelería? tan rígida e inamovible… pero acá estoy, con mi versión de cosas con y sin azúcar, porque cada cosa dulce que sale del horno para vender, debe acompañarse, casi obligatoriamente, por su versión apta para padre y novio diabéticos.<br>Mientras desmoldo los budines respondo un mensaje acerca de una tematización para la autobiografía de una compañera, mientras mi viejo me manda un meme sobre Mirta Legrand desde su cuarto, que está a 5 metros de distancia y viene apenas me escucha reír, para comentarlo y que riamos juntos y terminemos hablando de la novela que está escribiendo, mientras disfruta de esta prejubilación que le regaló el Covid 19. Cada dos o tres días, sí o sí, debemos apersonarnos con Fran en el sector TV y compartir junto a él una película una serie o algún espectáculo de Les Luthier, hay un compromiso firmado en el aire acerca de eso y lo cumplimos los tres con mucha responsabilidad. Es nuestro pequeño refugio familiar<br>Así como lo son las video llamadas con mis sobrinos, ese espacio que encontramos para remplazar nuestras salidas, nuestras revolcadas en la cama o en el pasto, un lugar donde nos contamos cuentos, dibujamos juntos, inventamos juegos y hacemos planes para cuando podamos volver a abrazarnos y llenarnos de besos. Con Emma, que tiene 4 años estamos aprendiendo a escribir, es una mezcla de gordito japonés con barra-brava que maneja una verborragia tremenda para su edad. Con Violeta, la mayor de las niñas, hacemos la tarea juntas, dos veces por semana, al principio costaba bastante, entender a su maestra (que a mi criterio es bastante corta llevando esta situación) motivar a Viula, y hacer que no se distraiga cada dos minutos, pero lo transformamos en nuestro juego preferido, jugamos a la maestra por video llamada y creo que tener su propia escuela personalizada la hizo engancharse más con sus contenidos y actividades, trato de estar atenta a las señales que me da, y si la noto cansada, cortamos, hacemos otra cosa y luego retomamos. También respondo algunas consultas desde Puerto Madryn, donde a mis dos sobrinos varones los agarró la pandemia cambiando de etapa educativa. Nahuel el niño (Ya no tan niño) que me transformó en tía, arrancó, en esta situación particular, el CBC vía UBA XXI y si bien es “la oveja blanca de la familia” el único que eligió una ciencia exacta, hablamos mucho de la situación y de los avances que va haciendo en su recorrido, el cual encaró con muchas ganas y así continúa.<br>Uriel tiene 12 años, arrancó el secundario, es, de mis 4 sobris, el más parecido a mí, un chanta súper inteligente que conoce sus fortalezas y se aprovecha de ellas, para hacer lo menos posible, razón por la cual mi hermano y mi cuñada delegaron en mí la tarea de ayudarlo con la escuela, porque ¡no me vengas a mí con técnicas teatrales, que tengo casi 35 años de taco gastado en el escenario! Nos divertimos mucho estudiando juntos, y compartiendo historias, en las que nos encontramos muchísimas similitudes.<br><br></div><div>Mi mejor amigo me manda un audio larguísimo, gritándome porque mis horas dedicadas a la facultad hacen que no participe en el grupo asiduamente o que me haya perdido alguna reunión por zoom. Tiene razón, le pido disculpas, le digo que lo amo, que lo extraño, dejo el teléfono de lado, abro un Word y escribo… Crónica de mi cuarentena. </div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-03 01:06:20 UTC</pubDate>
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         <title>Síntesis de crónica de mi cuarentena (Sol)</title>
         <author>solfariasrp</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/609876544</link>
         <description><![CDATA[<div>Nuestra cuarentena comenzó el 16 de marzo, digo nuestra porque somos tres los que estudiamos. Mi hermano, el que me sigue, Jon, en su primer año del Profesorado en Educación Física en la UNLP, mi hermana la mas chiquita de los cinco, en 5to año de secundaria. Y esos 14 días en casa, sin ir a la facu o escuela, se hicieron 78. </div><div>La semana anterior, había charlado con un profesor en la UMET sobre las materias. Estaba segura que iba a ser una travesía viajar a Capital por la tarde y volver de noche pero, ya tenía todo planeado, los movimientos y las formas de viajar. Mi mama no estaba de acuerdo: - intentaste que los horarios sean por la mañana? acordate que en junio oscurece muy temprano!-</div><div>-Si, pero quiero cursar la materia anual y solo es por la noche, me conviene hacer todas en ese horario. A la mañana quiero trabajar.-</div><div>Mi mama no  tuvo que preocuparse, ni tener miedo, ni pedirle a Dios que me cuide. Desde el 16 de marzo curso desde casa. </div><div>“Se suspenden las clases hasta un nuevo aviso” y Bren, mi hermana, se alegró que no me iba a ir. El martes era su cumpleaños y sus amigas vendrían a comer algo. Si me iba a cursar, me perdía ese momento. Al final, esto de la cuarentena no es tan malo.Ese martes desayunamos todos juntos a eso de las 11 de la mañana. Por la tarde llovía, las personas en las redes hablaban de que “si salis te contagias”, las amigas de Bren no vinieron pero cantamos el cumple por videollamada (uno de los primeros que se dieron), ese día fue raro. </div><div>Esa primer semana fue una verdadera montaña rusa. Por un lado pensaba: -bueno, el sabado vi a mis primas, el domingo vi a mis amigos y tomamos mates, tengo un libro que me prestaron y ahora, tiempo de sobra para el. Mi papa se queda en casa porque tiene mas de 60 años. Mis hermanos estan aca y con ellos no me aburro nunca. Mi mama no va a trabajar vamos a pasar mas tiempo juntas. Seguramente que van a ser días  buenos.- Y, de pronto, la parte en bajada de la montaña.-Quiero leer y no puedo concentrarme, quiero pasar tiempo sola pero no encuentro el momento. Como voy a entender lo que me mandan de la facultad?Yo necesito alguien que me explique. Justo había empezado a caminar por la tardecita- Muchas preguntas surgieron. Muchas inquietudes. ¿Es posta lo que está pasando o estamos en un capítulo de Black Mirror? </div><div>El lunes 23 tuve mi primer clase virtual. Cree una cuenta de zoom. Ya había entrado al campus y me familiarize con ese formato. El entusiasmo y ansiedad por empezar algo nuevo siempre va acompañado de vergüenza e  inseguridad. Pero, terminò siendo una clase que, aunque no reemplaza en lo mas mínimo a la presencial, disfrute mucho. Ese mismo dia habia terminado el libro que me prestaron. “El  lunes también puede ser un buen día” pensé. </div><div>En el 2019 trabaje y solo leí libros por mi cuenta. Este 2020 sin trabajo y teniendo que leer para las materias fue difícil organizarme. Le pedí acompañamiento a mi hermana y ella me pedía a mi con sus materias. La aplicación classroom fue sencillo de usar para ella pero  hacer  tarea en un google doc, descargarlo y luego enviarlo fue un nuevo aprendizaje.</div><div>- Igual, no nos ponen fecha de entrega, así que no lo voy a hacer, otro dia lo hago- decía Bren cuando charlabamos a las 2:10 AM como si fuesen las 2 de la tarde. No haciamos cosas que nos cansen como para dormir temprano. Ni siquiera las tareas que mandaban eran tan demandantes. Jon nos acompañaba en esas madrugadas porque a él no le habían mandado nada, ni siquiera sabía si iban a empezar. Mi hermano mayor, David, vive en su casa pero es el mismo terreno. Se sorprendía de  las modalidades y las formas que teníamos de estudiar. Yo me pasaba la tarde desde las 16:30 hasta las 20:00 hs en mi  pieza, sentada en la mesita que armo mi papá con la netbook que aún funciona y fue mi aliada en esta pandemia. No salió porque quería terminar todo y me costaba. Bren traía su carpeta a la mesa después de que cenábamos </div><div>-¿Estas son horas de hacer tarea? Te tenes que levantar temprano y estudiar- le decía mi mamá, mi papá aprobada con la cabeza.</div><div>-Es lo mismo si lo hago ahora o después- respondía. Y tenía razón, el día y la noche no tenía un horario definido, solo era el tiempo que elegías para hacer tareas y ya. </div><div>A mediados de abril, se habilitó el campus virtual de la UNLP. Estaba sentada al lado de Jon cuando el se registraba y comenzaba este nuevo trayecto. </div><div>-Re feo tener que estudiar asi, yo no voy a entender nada-rezongaba. -Encima vos usas la compu todo el dia, no se en que momento voy a hacer la tarea yo. </div><div>-Hasta las 18 te la presto, a esa hora tengo un clase. Llega, no?-</div><div>-No, ni ahí, yo tardo una banda en leer. Mejor lo hago cuando  vos terminas</div><div>Trato hecho. Jon usa la compu durante la madrugada. Bren la pide con anticipación y el resto del tiempo, la estoy usando yo. Y es hasta el dia de hoy, la cantidad de mini infartos que sufri cuando algo tardO mucho o cuando me salio un cartel amarillo “Actualización de NORTON URGENTE” o cuando sentía olor a quemado y verificaba que no sea el cargador. </div><div>Bren tiene una clase de una materia de la orientaciòn PSD (Prácticas corporales y deportivas en el ambiente natural)el próximo miércoles por google meet. Hoy va a probar la app con sus compañeras. Es el segundo encuentro que va a tener en este tiempo,el primero fue por zoom y de matemática, pero ella sostiene que  -  prefiero mil veces ir a la escuela con barbijo y que no tengamos recreo- es una idea que  escuchò en algún lugar o tal vez lo leyo en twitter - a seguir por classroom -. Es una materia práctica y, cuando se pone negativa o triste, Jon comparte sus sentimientos. </div><div>-A esta altura del cuatrimestre yo tendría que saber nadar- </div><div>-y nosotros íbamos a tener un campamento-</div><div>-y bue, ya fue-</div><div>-si, ya fue-</div><div>Terminamos la charla de nuestros estudios. Jugamos al truco y nos ponemos a recordar tiempos en la escuela primaria. Si que tenemos buenos recuerdos juntos. Ahora mismo siguen creándose nuevos. Y aunque fueron 78 días que extrañamos compartir con nuestros pares o nos parecio extraña la nueva normalidad,  entendimos o al menos yo, que solo iba a ser posible pasar esta pandemia si estábamos juntos. Y menos mal que lo estamos. </div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-03 22:08:41 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica - Luz González</title>
         <author>gonzalezluz95</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/610013196</link>
         <description><![CDATA[<div>Hace dos meses y quice días aproximadamente que las horas ya no tienen tanta importancia como solían, los días se ven pasar rápido y todos iguales. Nos acomodamos a esta nueva realidad que no es una simulación, sino una pandemia que mantiene en casa a la humanidad entera. Empezó en diciembre en el hemisferio contrario del mundo y se llevó millones de víctimas alrededor de él. Y mientras tratamos de acomodar nuestras actividades a esta realidad por la tele nos disparan información sin definir un futuro concreto.</div><div>Por mi lado en gran parte me obligué a pensar que es fácil llevar este encierro visto que en mi vida normal -pasada- cuando estaba fuera de casa solo pensaba en volver a ella. Y pienso, agradezco, haber dejado ese trabajo en el aeropuerto unas semanas antes de que el virus arribará al país para poder inscribirme en la facultad a último momento.</div><div>Me encanta estar entre frazadas cuando empieza a hacer frío, no necesito salir y menos cuando me encuentro al lado de mi novio. Estoy en su casa desde el confinamiento optativo y me hacen sentir una mas de la familia, sin embargo por mi gran vergüenza encuentro difíciles algunas situaciones. Somos cuatro en la casa pero en el depto de al lado hay otras tres personas de la familia. Trato de no ocupar mucho tiempo el baño ahora bien ya me agarró el ataque de cuarentena y me decoloré y teñí el pelo y en consecuencia estoy a puro tratamiento para revivirlo. </div><div>No estoy acostumbrada a convivir con tanta gente puesto que en mi casa somos dos, mi mamá y yo, pero creo que eso es lo que me gusta tanto de estar acá, siempre hay movimiento. Hablo con mi mamá por mensajes, estamos a dos cuadras y nos encontramos en el supermercado sin arreglarlo. Un día también pasé a verla, a ella y a mi perra, agarré ropa y la abracé con la mirada.</div><div>Avisan que las clases presenciales no van a empezar y la facultad cierra justo cuando pensaba ir a pedir ayuda para inscribirme de forma personal ya que me aparecían muchas materias que creía que no eran de mi cuatrimestre. Después de un par de mails e investigación del programa, y ya habiéndome anotado y hecho tareas de materias que no me correspondían por las dudas, logré inscribirme a las que sí lo hacían.</div><div>La rutina que adoptamos para despejarnos y al día de hoy seguimos manteniendo es subir a la terraza antes de almorzar, por la tarde cuando se posa una bandada enorme de pájaros en una antena y a veces por la noche. En ocasiones nos sentamos a tomar sol, o vitamina D como digo yo, por momentos miramos hacia la calle y a veces también nos visita un gato muy mimoso que no sabemos de donde viene pero le dejamos comida por las dudas.</div><div>Estábamos recién a principio de Abril, le contesto una historia a mi prima que muestra el mail con un planteo de un alumnito, ella es maestra de grado y también alumna en el profesorado, entre risas me cuenta lo cansada que está “me succionan la juventud” me dice. Después de unas semanas vuelvo a hablar con ella y me cuenta que le dijeron que tiene que dar las clases al horario de cursada por la mañana, y al minuto me manda que recién se entera que tiene una tarea para el otro día. Lo único que se me ocurre responder es que estoy para lo que sea que necesite, menos acercarme a su casa claro, esas cosas que se sobreentienden en estos momentos.</div><div>También estuve hablando en esas primeras semanas con mi otra prima que está en el segundo año de Diseño de Indumentaria en la UBA, se que a ella no le gusta parar un segundo por tanto supongo que se le debe estar haciendo difícil. Me dice que ojalá ella tuviera tarea para hacer y agrega “Yo básicamente no estoy haciendo nada, este año curso cuatro y son todas teóricas (también tienen práctico pero es más teórico) y una profesora mandó un mail con tres textos cortos y ahora ya pasaron como tres/cuatro semanas y nunca mas apareció, después otra me mando PowerPoint que ya estaba todo resumido así que es lo mismo que nada, y otras dos mandaron como hola en unos días le van a llegar los pdfs para leer pero todavía no llego nada. Y por videollamada creo que no llegas a aprender porque qué tan detalladamente podes ver esa prenda desde la cámara? La idea es que la prenda parezca realmente un producto comprado, y por videollamada no podes ver las terminaciones o las costuras, entonces no entiendo que terminas aprendiendo si no podes tener una corrección real”</div><div>Para mi, al principio tener tarea era un momento de despejar, y las clases un momento de encontrar a otra gente en la misma sintonía. Me encanta sentir que vuelvo a incorporar conocimientos nuevos después de haber dejado de estudiar por tres años, siempre me acordaba lo lindo que era emocionarse con alguna clase e ir a contárselo a algún ser querido después. </div><div>Uno creería que es fácil estar en casa todo el día. Al final no es lo que todos deseamos cuando estamos afuera de acá para allá? Pero encerrado te das cuenta que los pensamientos aprietan, vuelve esa ansiedad que tenía olvidada y se vuelve presión en el pecho y asfixia, a veces viene con lágrimas y otras no. Respiro y cuento hasta diez. Mientras tanto para disfrazar eso busco salidas, un rato comida, en otro Netflix, un poco de vino por las noches y abrazos. Duermo mucho mas de lo que debería para aplacar todo eso también.</div><div>Hoy después de dos meses no creo todo lo que aprendí incluso en esta modalidad no obstante por momentos me pesan los trabajos, a veces no encuentro el impulso para sentarme a hacerlos y me hundo en la cama. Me imagino como sería estar en el aula, dónde se que encuentro el estímulo de debatir y dejar de lado la timidez que me inhibe en las clases de zoom, y agradezco que mis compañeros hayan hecho grupos de whatsapp para ayudarnos cuando los trabajos abruman.</div><div>Hablo con Cande, mi mejor amiga, ella estudia cosmetología en la UBA y me cuenta que justo este cuatrimestre eligió cursar microbiología y aunque tenga el cuadernillo y el profesor le mande tarea cada semana ella está aprendiendo mucho gracias a videos de youtube.</div><div>Y la que se volvió mi mejor amiga esta cuarentena es Isabella, la primita de mi novio que tiene dos años, por la mañana miramos capítulos de peppa pig y comemos galletitas. Ella a partir de nuestras acciones entiende que las cosas cambiaron y asimismo le explicamos que no puede acompañarnos a comprar a “Moni” porque esta el virus afuera. Cuando nos ponemos la campera es la primera en alcanzarnos los barbijos y cuando llegamos corre a agarrar las toallitas desinfectantes. Esta es la nueva realidad.</div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 00:52:59 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica de mi vida en cuarentena</title>
         <author>lescanoaldana97</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/610057266</link>
         <description><![CDATA[<div>Aldana Lescano<br><br>Primero le pasó a los otros países, pero lo vimos lejano, porque pensamos que no nos iba a pasar a nosotros. Hasta que llegó y se instaló la cuarentena. Me quedé en casa y no fui más a trabajar. Sentí alivio por evitar exponerme y preocupación: hasta cuándo, cómo será todo esto y qué medidas pondrá el gobierno. Días después, cerraban las escuelas. Justo cuando decidí empezar una carrera en la facultad, volver a tener contacto con lo educativo, y conocer gente nueva en ese entorno. Mis sobrinos contentos porque no tenían dimensión del problema que causa el virus, lo tomaban como vacaciones. Tiempo para acercarse y estar en familia. Tiempo para reencontrarse y reconocerse: tener el desafío de convivir 24 horas con mi mamá. El tiempo pasa distinto, nos entretenemos distinto. Empezaron las clases virtuales y no contaba con los elementos necesarios para poder cursar. Mi teléfono se rompió y tuve que pedir prestada una computadora para ponerme al día. No debo ser un caso aislado. Varias veces pensé -Bueno, no tengo ni computadora ¿Cómo voy hacer para estudiar así? Lo dejo para el año que viene-. </div><div>Poder tener todos los recursos es una cuestión de privilegio. El departamento pedagógico se contactó conmigo por mail y pude ponerme al día con la mayoría de las materias. Pudieron orientarme y ayudarme en el campus virtual. El mundo y la pandemia hace visibles de nuevo las desigualdades.  </div><div>Nuestras rutinas cambiaron completamente. Los horarios de almuerzo, los desvelos por las noches. Incluso me costó mucho poder acomodar mis horas de sueño, mirando películas o leyendo un libro para poder distraerme. Me generaba mucha ansiedad. Mi mamá siempre que se levantaba a la madrugada para ir a trabajar decía -Aldi, todavía estás despierta? Hija te va hacer mal desvelarte todos los días-. Y yo le contestaba frustrada que todavía no tenía sueño, que no podía dormir. Y en esas horas sin poder dormir, se generaban pensamientos oscuros y la incertidumbre de saber cuándo va a terminar esto. Cuando voy a dejar de ver por la ventana, mirando el sol y no poder disfrutarlo del todo porque lo tapan los edificios. Cuando voy a poder disfrutar de ir a un parque con mis amigas y las reuniones con mi familia, los asados de domingo y las fiestas de cumpleaños. Cuando mis sobrinos van a poder pasear conmigo para jugar con mi perra, y que puedan correr por todo el parque. Que no implique solo salir a dar la vuelta manzana. Que podamos sentirnos libres, volver a conectar con la naturaleza.  </div><div>Pude ver como los vecinos hicieron costumbre salir a sus balcones y aplaudir a las nueve pm. Ver como otros ponían la marcha peronista para que la escuchen todos y escuchar al vecino quejándose, discutiendo sobre sus posiciones, sobre el presidente actual y el presidente anterior. Haciendo cacerolazos. Aun estando encerrada en mi casa pude escucharlos discutir sobre cuestiones políticas.  </div><div>Escribo esto preguntándome si realmente lo que estoy poniendo es lo correcto, si estaré redactando bien o si será entretenido leerlo. No está siendo nada fácil poder conciliar con la facultad, sobre todo el poder concentrarme sin que las redes sociales atrapen toda la atención. Terminé la secundaria hace varios años y no estoy al ritmo, mucho menos en una modalidad nueva, una modalidad virtual. En la que todos estamos aprendiendo, tanto profesores como alumnxs. Solo espero que esto termine pronto, que todos los proyectos que visualizamos durante esta cuarentena se puedan realizar de alguna manera, siento que va ser un gran desafío para mi volver a lo social, el encontrarme de nuevo con la modalidad de clases presenciales o hasta encontrarme con gente que no veo hace mucho. Seguramente con diferentes normas a las que ya todos estamos acostumbrados, con diferentes pensamientos. En fin, espero poder seguir llevando la cuarentena lo más tranquilo posible, poder aprender a organizarme y poder seguir comprendiendo estos nuevos aspectos de vida que se presentan día a día, sin que me gane la ansiedad. Termino de escribir esta crónica y vuelvo a mi rutina preferida del día: escuchar música y tomar mate. Por suerte nunca hay horario para poder disfrutar de esos placeres. </div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 01:43:37 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica de una cuarentena</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/610068716</link>
         <description><![CDATA[<div>Cristina Solís<br><br>El futuro inmediato es una incógnita, pero el presente sólo es para cuidarse. El coronavirus ya ha matado a miles de personas en todo el mundo.<br><br></div><div>Esos días de marzo, en que las calles deberían estar llenas de chicos yendo a la escuela, de pronto cambió el paisaje. El presidente habla en cadena nacional el alcance de la cuarenta.<br><br></div><div>Se suspenden las clases y los primeros días estuvieron buenos, almuerzos compartidos, charlas, anécdotas viejas y risas nuevas. Cambia la forma de saludar y de comprar. Pasar trapos con lavandina por todos lados, saludos de coditos y distancia social. Lo que más me impresionó es ver toda la gente con barbijo, eso antes no se me hubiera pasado por la cabeza, era foto de algún país de oriente que me parecía exagerado, pero no, es Argentina 2020.<br><br></div><div>Comenzaron los memes,  geniales, ¡el argentino sí que es creativo! , recitales y vivos de nuestros artistas preferidos, maratones de películas y series. No hay tiempo de aburrimiento.<br><br></div><div>La casa se ha llenado de home office, llamadas vía zoom, grabando videos para mis alumnos, contestando sus dudas, chats de mamas, video-llamadas a la familia, en especial a Juampi, mi nieto que lo extraño horrores, me parece que crece a paso acelerado.<br><br></div><div>La tarde me encuentra haciendo tareas con mis hijos y la noche terminando mis trabajos prácticos, lecturas de textos, no pudiendo ponerme al día. Es difícil estudiar en éste contexto emocional endeble, cada vez me cuesta más concentrarme.<br><br></div><div>Mi hija mayor, Camila, va al UNA estudia arte, se suspendieron todos los cursos porque bueno el tema de dibujo tiene que ser sí o sí presencial. Morena, está en 4to de secundaria, tiene una plataforma classroom donde le van subiendo todos los trabajos de cada materia, tiene posibilidad de preguntar, los profesores le envían videos explicativos y luego le corrigen con nota. Algunos profes les mandan audios con la devolución de sus trabajos. Otros les preguntan cómo se sienten, como van llevando la cuarentena y una profesora le envía frases y videos de cantantes argentinos, para un día de lluvia,  para levantar el ánimo, son gestos que sin duda marcan la diferencia.<br><br></div><div>Felipe está en 6to grado. La maestra manda tarea pero no explica nada, solo manda sus interminables PDF. Yo trato de hacer videos explicativos y audios para ayudar a los compañeros de mi hijo.<br><br>La educación es un hecho vincular y que al ser virtual, los educadores deberían chequear y verificar de manera casi constante que el estudiante esté siguiendo la clase. La imposibilidad de conectividad que tienen algunas familias, algunos un solo celular o  una  sola computadora para todos, o no tienen datos para mandar la tarea. Es realmente triste que ésta pandemia haya venido a traer más desigualdad.<br><br></div><div>La situación desatada a raíz de la crisis del coronavirus está interpelando a la escuela de modo urgente sobre su capacidad de responder a un desafío con el que hace años la educación viene lidiando: la digitalización.<br><br></div><div>Los aciertos y errores de hoy servirán de aprendizaje para seguir repensando los sentidos de la educación del mañana.<br><br></div><div>El pasado fin de semana, fue el más terrible para Avellaneda, en el barrio Villa Azul, a siete cuadras de mi casa, las autoridades decidieron cerrarlo, luego de detectar un foco con 53 casos.<br><br></div><div>Al principio, la consigna era tomar las medidas necesarias, tranquila, no va a pasar nada. Pero los infectados van en aumento y cada vez están más cerca.<br><br></div><div>La curva que logramos achatar hasta ahora, se predice para junio en subida. Debo confesar que me han surgido las primeras grietas por donde se cuela el miedo, el desconcierto y la preocupación. Trato de ver pocas noticias.<br><br></div><div>La pregunta es ¿Qué dirá la historia? ¿Tomamos la decisión correcta? Creo que sí. La vida está sobre la economía, les contesto a los anti-cuarenta por Facebook .<br><br></div><div>Si algo me ha dejado ésta pandemia, es a vivir con poco, a valorar lo que se tiene y a cuidar a la familia, que es lo más importante en la vida.<br><br></div><div> Va a haber un antes y un después de éste maldito coronavirus y espero que sea para mejor.<br><br></div><div>31 de mayo. 72 días de confinamiento y contando…<br><br></div><div> <br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 01:57:17 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica de una necesidad personal</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div> </div><div>Tatiana Cano </div><div><em>Todo comenzó el día 18 de abril del año 2020 y hacia frío . Eran las 22:40 de la noche y todavía puedo recordar el aroma en el aire, se sentía la humedad de la brisa que venía de la Avenida Sanfe y Coronel Díaz. Volvía del trabajo un poco cansada de la rutina que parte mi psiquis todos los días, saturada de las personas que eran incapaces de responsabilizarse de sus actos, de soportar a las personas que sacaban el valor de las cosas que hacia, pero, esa era la realidad, mi realidad. </em></div><div><em>El día comenzó para mí, a las 08:00 hs de la mañana, era un día soleado, volví hacer mi rutina durante el dia, todo parecía “normal” , hasta que el presidente, de mi país dió un comunicado; lo que pude entender es que hacía referencia a que había un virus que se descubrió en China, Wuhan. Dice, que el mismo virus se llama coronavirus, nombraba que se propaga a con el aire, a lo que tuve que concurrir a la cuarentena obligatoria en toda la Argentina. Desde ese día cambiaron muchas cosas, no sólo a nivel económico, sino que nos afectó a manera emocional, laboral y espiritual.</em></div><div><em>Y yo autosuficiente me dije desde el primer momento de encierro” virus, no te voy a dar el gusto. No voy a marcar calendarios que indiquen los días de mi prisión. No estoy ahí, mi mente y mi cuerpo son libres,la cosa es momentánea”. </em></div><div><em>Pero el virus siempre gana. Gana en la calle, gana las casas, gano los pulmones, gana en la memoria, gana las voluntades, gana en la carencia, gana los conteos. </em></div><div><em>Hoy tuve que mirar la fecha de ayer para saber cuánto tiempo llevo encerrada. </em></div><div><em>Y, ¡ Que dato! Chau autosuficiencia, hola fragilidad. </em></div><div><em>Vuelvo al asustó del tiempo y el espacio porque la pandemia me puso reiterativa, dispersa, labil, desconectada y pérdida en la inmensidad del caos. Suena a ciencia ficción apocalíptica. Ninguna alusión resulta más perfecta al mundo en el que vivimos, a la tal realidad que tenemos.</em></div><div><em>Si; ya lo dije lo dije un montón de veces. El efecto del virus puede ser un volverse tedioso.</em></div><div><em>Así me sentía hoy. Así arranque el ejercicio. Así tomé el desayuno en estos días, así seguí las rutinas marcadas para ganarle a la atmósfera inespecífica en que vivo. Otra forma de trazar palitos para ir tachando; hacer la cama, hacer la comida.</em></div><div><em>La cosa es mantener el orden externo para que no se desestructure el interior. </em></div><div><em>Nunca tuve mi casa más limpia. Nunca tuve mis pensamientos más enmarañados y difusos.</em></div>]]></description>
         <pubDate>2020-06-04 03:19:56 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica de mi cuarentena</title>
         <author>rosario234576</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/610401120</link>
         <description><![CDATA[<div>Rosario Fernández<br><br>Mis días dejaron de ser como normalmente eran. Mis horarios cambiaron relativamente y las cosas que hacía antes ya no las hago a menudo. Respecto a mis hábitos diarios los dejé de hacer por el simple hecho de que ya no tengo la misma motivación que antes; a mi día a día lo manejo de distintas maneras con horarios salteados, relativamente tomaron un giro repentino. </div><div>Mis tareas, el horario en que me levanto, la hora en que desayuno, almuerzo, ceno, y el repentino cambio del horario en el que me duermo, etc… De cierta forma en la madrugada hago más cosas que en el transcurso del día: estudio, hago tareas que me faltaban, como más de lo que comería de tarde, me ducho en ocasiones. En conclusión, mis días se volvieron demasiados diferentes de lo habitud con todas las actividades que hacía, el cual ocasionalmente realizo.</div><div>De mis amigos... ¿Qué puedo decir?.. Siempre o en ciertas oportunidades cuando realizamos algún video llamado tratando de no dejar la comunicación que teníamos antes, nos contamos demasiadas cosas que hubiéramos hecho si todo esto no hubiera pasado. Obviamente nos extrañamos mucho, y siempre deseamos que todo esto acabe rápido y de una vez. Pero más que eso nos contamos lo que veníamos haciendo, de lo que  hacemos constantemente  por parte de lo que estudiamos y así… lo típico, no? .Es más, por más que sigamos en contacto ya no es lo mismo. No nos comunicamos tanto como antes, como lo haríamos si todo esto no hubiera pasado. </div><div>Algunas veces nos da la idea de vernos un rato aunque sea con barbijos, pero realmente es complicado, y lo posponemos y posponemos y al final no hacemos nada y respetamos el estar en casa.</div><div>En el edificio en donde vivo… más bien…  todos los que vivimos en el edificios somos muy cuidadosos con el tema de la higiene, nos cuidamos entre todos, llevando alcohol preocupándonos  de pasarle  a las cosas que tocamos todos, y de verdad, estamos demasiado bien como para ser vecinos. </div><div>Dentro de mi departamento con mi familia no hacemos nada especial o en más algo relativamente interesante-me refiero- . Con mi hermano mayor no hablamos mucho, pero si respetamos el tema de que cada uno tenga su espacio, algunas veces nos sacamos dudas mutuamente ya que vamos a la misma universidad y vamos viendo que nos dan a cada uno… mínimo lo teórico que nos dan… siempre me cuenta que le está costando demasiado todo por una computadora. Ya que siempre nos explicaban las cosas presencialmente; por parte de mi hermana, la diferencia es que duermo en la misma habitación y convivo más y hago más cosas interesantes ; como jugar juegos con el celular, tomar mate y más… ¿ y mis padres ¿ pues ahí andan... Todos los días levantándose a la 7am para ir a trabajar, ya que la ocupación que ellos tienen en su trabajo lo tienen al frente de donde vivo y  los dos se dedican a ser encargados de edificios. Obviamente tienen permiso para trabajar, pero no obligación de estar siempre para todos los que viven dentro del edificio. </div><div>Las tardes me dedico a organizar mis cosas, o mayormente  hacer recetas de comida o intentar... No soy buena en eso, pero doy lo mejor y me creo la mejor repostera; pero como la vida no es color de rosa a veces no me dan ganas de hacer eso, y soy de ponerme a hablar con mis padres o estar con el celular siempre, a veces compartimos más cosas, otras menos cosas pero realmente hacemos casi todos los días lo mismo: tomar mate, mirar la televisión, jugar las cartas. Nada en especial, más que eso.</div><div>Desde que entré la facultad nunca pensé que pasaría todo esto y tan rápido literalmente,  realmente es todo demasiado diferente para mí; pero de a poco me van dejando en ocasiones dolores tremendo de cabeza de estar tanto tiempo en el mismo sitio escribiendo y viendo a la pantalla sin descanso, sacando obviamente los dolores de espalda y de cuello por estar sentada en el mismo lugar. Cuando comencé a anotarme a las materias que elegí de la carrera pensé que iba a hacer algo más fácil y más divertido pero ya opino lo contrario. </div><div>De verdad nunca pensé que las clases virtuales o las actividades que me dejan los profesores sean tan complejas y largas. Tengo materias que nunca vi en mi vida y se me están complicando demasiado ya que no es lo mismo darlo presencialmente y que el profesor te lo explique en persona, que por una simple pantalla.</div><div>Todo esto es súper nuevo para mí. Y más porque es el primer año que estoy en una facultad estudiando algo que me ayudara bastante en el futuro, de verdad todo es muy agobiante.</div><div>Con los trabajos que dan, a veces me retraso porque me agarra como las ganas de no hacer nada. Y los hago todos a último momento y no los entrego a tiempo. No soy la más organizada en ningún aspecto, soy de mezclar todo junto y de estresarme mucho. Y terminar haciendo nada.</div><div>Van pasando los días y sigo siendo igual;  a veces más, a veces menos pero todavía no me llego a acostumbrar a todo esto virtualmente. </div><div>En mi cabeza tenía todo planeado con expectativas muy altas que todo iba a hacer súper fácil, pero me equivoque enormemente. Pero después de todo aunque sea la primera vez lo llevo bien. Con retrasos pero bien. </div><div>Siguen pasando los meses... Y yo sigo igual, con las mismas rutinas de siempre, levantarme tarde, comer tarde, dormir tarde... Hacer todo tarde en conclusión.</div><div>Voy… hago cosas para comer ,me estreso , lo vuelvo a intentar hasta que me salga bien , porque después de todo no puedo hacer más que divertirme con lo que me gusta aunque no me salga como espero, a veces intento cambiar y hacer alguna otra actividad.. Como ejercitarme y así... Pero es muy complicado ya que no soy de hacer esas cosas,  soy muy perezosa en todos sentidos.</div><div>En el tema de la facultad voy tomando más encuenta la ayuda que nos hacemos sin conocernos. Ya que nos tenemos por los menos “cerca”… por así decirlo.</div><div>De verdad, ya necesito salir, compartir con mis amigos, hacer cosas que hacía antes que me hacían sentir demasiado bien aunque no era de salir tanto. Pero bueno, realmente me arrepiento de no hacer las cosas que tenía pensado antes de que pasara todo lo de la cuarentena. Ya es oficial.</div><div>Tengo a mis abuelos lejos de mí, y me súper preocupa mucho el hecho de que estén solos y sin ayuda; mi abuelo se está arriesgando y es por eso que siempre que podemos hacemos llamada, pero no video llamada porque no son buenos en eso. Les cuesto como voy con la facultad, o lo que estaba haciendo en el momento en que le estaría llamando. Me encanta estar en contacto y saber que están bien.</div><div>Pasan y pasan los días y se me ocurrieron nuevas cosas para hacer en mi casa, había una máquina de coser bastante vieja que con mi papa pudimos arreglar y ahora de a veces cosemos cosas para probar como: barbijos, pantalones y más… no somos muy profesionales pero lo intentamos.</div><div>Con mis amigos seguimos con el video llamado compartiendo risas, mates virtuales y charlando de todo lo que vamos viviendo con el paso del tiempo, todo sigue siendo muy extraño pero ya se está haciendo una costumbre del  cada día. Ellos como yo misma encontramos dentro de nosotros/as cosas que ni sabíamos que teníamos y lo íbamos poniendo aprueba todos los días. Pero fin.. Siempre lo mismo.</div><div>Con la facultad y las materias, me voy poniendo más en costumbre en preguntar si necesito algo o si no  llego entender algo, porque verdaderamente como era un lugar nuevo se me hacía difícil mostrar lo que soy, pero con el tiempo ya voy lanzándome a quien verdaderamente soy. Sigo con el mismo desorden…  terminando todo a último momento, pero lo sigo intentando.</div><div>De igual manera con mi hermano tratamos de ajustarnos bien a las tareas que mandan para no causar alguna situación que pueda atrasar las cosas o las clases virtuales. lo vayamos bastante  bien entre lo que consta , somos muy distraídos al momento de estudiar , ya que todo lo que nos rodea nos atrae , aunque sea una mínima cosa que nos interesaba, de verdad ahora usamos todo como distracción o excusa para no tratar de hacer otra cosas que no mirar una pantalla.</div><div>Pero en fin. Todo lo que voy logrando con estos días me hicieron pensar y verdaderamente valorar y aprender cosas que no tenía antes o que no sabía antes como hacer. Sigo teniendo días malos, como buenos pero siempre son las mismas rutinas de siempre. A veces hablando con amigos, otras creyéndome cocinera y etc…</div><div> </div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 07:32:01 UTC</pubDate>
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         <title>Crónica de mis días en cuarentena</title>
         <author>florenciasoza65</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/611128210</link>
         <description><![CDATA[<div>Victoria Soza<br><br><strong>19 de  marzo del 2020</strong></div><div><br></div><div>Jueves, un día común, lo que se podría decir “un día más” (Hasta ese momento). Esa mañana me encontraba con mi amiga, ella me acompañaba a hacer un análisis de sangre, por mis chequeos anuales, luego de eso fuimos a almorzar, charlamos, nos reímos un poco, mirábamos la gente pasar por la ventana de Mc Donalds, recorrimos algunas tiendas de ropa, nos probamos jeans, remeras, buzos, luego, cerca de las 18 hs nos despedimos, la acompañé a la parada del colectivo que la llevaría hacia su casa y nos dijimos “Nos vemos amiga, avisame cuando llegues”.</div><div><br></div><div><strong>20 de marzo del 2020</strong></div><div><br></div><div>La noche anterior, con mi familia vimos por las noticias que empezaría la cuarentena obligatoria  en nuestro país, y que terminaría  el 31 de marzo, a causa de un virus llamado Covid-19, el cual hasta el momento no se encuentra cura, ésto no me impactó tanto porque tendría “11 días de descanso” esos días me la pasé frente a la pantalla del celular, hablando con mis amigos, mirando videos en Youtube, mirando fotos en Instagram, escuchando musica,  parecido a lo que hacía un domingo, luego pasaron días, meses ya que cuando iba a  finalizar  la cuarentena empezaba otra vez  y así sucesivamente, cada etapa tenía sus modificaciones respecto a la gente que podía salir y quienes deberían permanecer en  casa, esto me ocurrió a mí, que solo soy estudiante universitaria por lo que desde el 20 de marzo no salgo, solo a veces para hacer las compras y pasear a mi perro, cuando salgo veo solo ojos, ya que todos llevamos él barbijo, todos tenemos unos mirada de miedo, algunos de desesperación, cada vez que nos cruzamos con alguien caminamos lejos de esa persona, tambien veo muchos policías, veo personas con guantes de médicos, barbijos de todos los colores, y no veo niños caminando, cuando entro a mi casa hago una especie de protocolo, limpio todo, dejo mis zapatillas afuera y  si compro algo lo limpio. Comencé a usar mucho el alcohol y la lavandina, ahora salir con él alcohol en gel se transformó en algo mucho más necesario que mi celular, tiempo atrás si me olvidaba el celular aunque llegara tarde a algún lado regresaba a buscarlo. </div><div>Mis horarios cambiaron…. son las 3 am, hora de hacer mis tareas, lo único que necesito ahora es mi computadora, y nada más, mi salon de clases se convirtió en mi cama, en el sillón o la mesa del comedor si es que nadie la estaba ocupando, ya que mis clases tomaron un formato virtual y todo cambio, nos comunicamos por videollamadas, por lo que solo a pocos de los profesores los pude ver, mis compañeros se convirtieron en usuarios, mis libros son archivos PDF, todo es raro, diferente, algo que nunca me pasó y ahora trato de asimilarlo.</div><div><br></div><div><strong>28  de abril de 2020</strong></div><div><br></div><div>Se me fue el internet, me sentí desconectada del mundo, sentí que estaba perdiendo la carrera… entonces... pensé que me estaba volviendo loca y así lo era, todo depende de un simple aparato, estos tantos días concurridos no son tiempos de descanso, sino que es un encierro en él que convivo con mis ideas, mis salida es un camino de la cocina al comedor, del comedor al cuarto y viceversa, mi casa es pequeña, ya me siento con poco espacio, mi ventana terminó siendo el espacio más reconfortante, creo que ya empecé a enfadar a mi perro por hablarle tanto, y a mi mamá le veo en los ojos miedo, él mismo miedo que tengo yo, cuando ella sale a trabajar, el simple hecho de tomarse el colectivo es un riesgo que toma todos los días. Luego de charlar con migo misma por varias horas… regresó  él internet, pude conectarme al aula virtual, sentí que ya estaba “perdida”, avisé lo sucedido, comencé abriendo los PDF, vi el video que mandó el profesor y cuando empecé a escribir solo podía pensar en lo que estaba pasando en mi casa y en la casa de mis familiares, el riesgo que mamá toma todos los días para ir al trabajo, él temor de ir a hacer las compras, pienso en la cantidad de gente afectada que veo en los noticieros, mis primos más pequeños, Martina y Marcos que aprendieron a hacer todo solos, ya que su mamá está poco tiempo en casa y llega cansada, pero siempre con una sonrisa para no asustar a sus hijos de todo lo que sucede afuera, mi madrina que vive sola, que pasó su cumpleaños lejos de todos, mis primos más grandes acá en Buenos Aires  y sus papás en Jujuy, mis amigos estresados porque no llegan a tener un buen desempeño, el cual esperaban en éste cuatrimestre, entonces, no podía concentrarme, simplemente estaba en otro lado, por lo que decidí apagar la computadora y arrancar al otro dia.</div><div><br></div><div><strong>22 de mayo del 2020</strong></div><div><br></div><div>Hoy se levantó a las 7 am para hacerle compañía a su mamá antes de ir al trabajo, le deseo suerte y comenzó a realizar sus tareas ya que  Martina es una niña muy aplicada que concurre a segundo año de secundaria, ella sabía que no podía dejar una tarea para después porque rapidamente se le acumularian, y menos hoy, que  tiene el cumpleaños de su tía Elena por zoom, algo que no se podría perder ya que ella, a  modo de sorpresa organizó todo la “fiesta”, se encargó de mandar un tutorial de cómo bajar la aplicación y usarla a toda la familia, que no entiende mucho del tema,  por esta razón esta pequeña “encargada del salon” realizo las tareas correspondiente a ese dia, y  revisó  la casilla de mensajes porque hace dos días mandó algunas preguntas a la profesora sobre los textos que ella había mandado, pero hasta ahora no había recibido respuesta y ésta tarea  tenía que realizarse antes de las 18hs, un poco frustrada, hizo lo mismo que siempre, pedir ayudar a alguien de la familia, vía WhatsApp, ya que su madre trabaja hasta tarde y sabe que solo la puede llamar si es una urgencia.</div><div>Ya son las 12pm, se levanta su hermano, le hace el desayuno mientras que ella almuerza, (los horarios de cada uno fueron alterados por la cuarentena), luego, era el turno de Marcos de usar la computadora, tenía que enviar tareas por  word, programa  que ellos no tienen en su computadora, por lo que  mandó un mail al profesor, a lo que él contestó que él prefiere que lo manden por word así que vea la manera de entregarlo en ese formato, pasaron horas y Marcos seguía utilizando la computadora para los otros tres trabajos por realizar y Martina  empezó a leer un libro que le habían mandado,  por su celular, el cual tiene una pantalla muy pequeña, por lo que a veces tiene que hacer grandes pausas entre capítulos porque es mucho más agotador  que leer  en papel o desde la computadora pero en su casa solo hay una y tambien la usa Marcos.</div><div>Son las 18hs, llega su mamá, los saluda de lejos y corre al baño a bañarse y dejar la ropa para lavar, luego  les pregunta cómo les fué, a lo que  Marcos  comenta que casi no pudo entregar una tarea, su mamá un poco molesta casi por regañarlo Martina cuenta que le mandaron un mensaje a su profesor por lo sucedido con el programa,  entonces su mamá decide hablar con él profesor para comentarle que en la casa cuentan con una sola computadora y que no tienen word porque es pago, y preguntó si había otra manera de enviarle los trabajos por otro programa o una foto de la carpeta,  a lo que le contesta el profesor que él pensaba que era gratuito y que sí, los que no lo tienen, lo pueden mandar mediante otro formato.</div><div>Por suerte que Martina le dijo lo sucedido a su  madre porque si ella no hablaba y contaba la situación, Marcos volvería a tener los mismos problemas al mandar futuros trabajos. </div><div>En su colegio nunca le mandaron un  cuestionario de los dispositivos tecnológicos que hay en su casa,  tampoco en los programas que tienen,  o una guia de materiales que  se necesitan en la computadora a la hora de realizar trabajos, tampoco si  hay adultos en la casa para poder ayudarlos. Simplemente empezaron a mandar tareas y tampoco les preguntan cómo van.</div><div>Son las 21hs, Martina nunca recibió respuesta de la profesora por el trabajo que finalizó a las 18hs por lo que lo mandó sin entender la mayoría. </div><div><br><br><br></div><div><strong>25 de mayo del 2020</strong></div><div><br></div><div> Martes, se anunció que la cuarentena se alargaría hasta el 7 de junio.  </div><div><br></div><div>Tuve una clase por zoom, vi a todos con un rostro agotador, con tristeza, con inquietudes, con nervios de cómo terminará este cuatrimestre. Hay muchos factores, contando los anímicos que son uno de los más importantes para mí, que afectan en esta nueva manera de seguir aprendiendo, hay estrés por parte de todos, cada uno con sus realidades pero hay una que nos une, que es ese temor por algo que mata a seres queridos, y que a algunos no nos deja poner todos los sentidos en el estudio, y quizás por ello fracasarán unos cuantos. </div><div><br></div><div><strong>1 de junio del 2020</strong></div><div><br></div><div>Hace un poco más de dos meses, que  no veo  a mi amiga, ese dia tan insignificante en mi vida, él 19 de marzo terminó siendo él ultimo dia que sali a la calle, que salí sin miedo, que salí sin barbijo, ultimo dia en él  que pude compartir una charla con mi amiga mirándonos frente a frente  y reirnos a la par. Ahora, ese día para mí, fue maravilloso, ahora no puedo repetir nada de lo que ese dia hice, algo que antes era común, insignificante, “un dia mas” en mi vida,  porque  ya  hace 72 días para ser más exactos que empecé a vivir con incertidumbre, sin saber que va a pasar conmigo y con todos, sin saber que planear. Ese “nos vemos amiga”, esas palabras tan frecuentes, se desvanecieron al pasar los días.</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 14:27:42 UTC</pubDate>
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         <title>Educación en cuarentena</title>
         <author>7mogradoens7</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/611301311</link>
         <description><![CDATA[<div>Paula Glancszpigel <br><br>Iara tiene un poco más de cuarenta años, dos hijos: uno de 6 y otro de 2 años. Es maestra y profesora de Lengua y Literatura, enseña materias vinculadas con la lectura y la escritura en la educación superior en provincia y da clases en una primaria CABA. También tiene dos cursos del secundario.<br><br></div><div>Su computadora es de 2011, se la dio el suegro. La de Conectar igualdad se la robaron. La verdad es que no tiene plata para comprar una nueva. Está terminando de pagar el crédito que sacó para comprar las placas antihumedad y hacer arreglos en la cocina. Además, paga la hipoteca del tres ambientes y el colegio del barrio del más chico. Es un privado porque conseguir una vacante en Inicial para pibitos tan chicos es imposible en CABA.<br><br></div><div>Iari quiso bajarse Zoom, pero la máquina es muy lenta. Entonces empezó a usarlo por el celular. Hizo una clase on line con lxs chicxs de un segundo año. Hablaron de tipos textuales. Estaban estudiando la narración. Les había dejado un par de cuentos para leer. Repasaron eso durante la clase virtual. Pero, en realidad, los chicxs tenían ganas de saludarse, de contarse en qué andan, que se extrañan. Todo el tiempo diciendo “Cuando vuelvan las clases, profe”, “Cuando vuelvan..:”.<br><br></div><div>En realidad, lxs chicxs estuvieron muy comprensivos porque los nenes de mi amiga iban y venían por toda la casa. El más grande quiso hacer caca, tuvo que cortar dos veces, se metía a preguntar quiénes eran los alumnos, cómo se llamaban… Más que nada, fue un hacer que daban clase<strong>. </strong>La verdad, la verdad…, que no dieron ninguna clase, porque no todos hablaban ni alcanzaba el tiempo para que lo hicieran. Son 34 pibes. Igual pudo dejarles una tarea de escritura.<br><br></div><div> </div><div>A la tarde bajó las entregas de la actividad que había enviado on line la semana pasada para el curso de ingreso a uno de los terciarios. Cuarenta y seis trabajos. Alumnxs entusiasmadxs que recién comienzan. Iara los conoce y comprende, por eso se exceden en todas las consignas agregando cosas que no son necesarias, ni pertinentes y que sacan de Internet, así que tiene que corregir chequeando si hay plagio, eso lo hace perder mucho tiempo, además del de corregir.<br><br></div><div>Cuando termine de corregir, como la cuarentena no habrá finalizado, tiene que armar una clase de devolución de esos trabajos. Es para el próximo viernes. No cree que pueda corregir bien cada uno de los 46 trabajos. Se le van a cruzar con las redacciones que les dejó a los del secundario. Su compañero, Matías, le dice para qué los manda a hacer redacciones, que son insoportables de corregir, porque los pibes escriben cualquier boludez, no saben armar las oraciones, no ponen una sola coma. Pero a Iara le grabaron a fuego esto de “producir, producir, producir”, como si lxs chicxs fuera obrerxs de la época fordista.<br><br></div><div>La asesora pedagógica de la escuela, que escribe peor que lxs pibes, es muy insistente con las habilidades del siglo XXI, y dice que las habilidades comunicativas de lectura y escritura son fundamentales para el desempeño en la vida social, así que hay que escribir y escribir y escribir. Iara, pobre, a gatas puede corregir una redacción por trimestre. Pero, además, cuando corrige se da cuenta de que debería enseñar algunas cosas más básicas antes de escribir largos textos: por ejemplo, usar las comas o estudiar algo de análisis sintáctico para que lxs chicxs puedan organizar bien una oración. Pero la asesora no quiere saber nada con eso, porque para ella y el proyecto educativo lo importante es que lxs chicxs escriban, que ya aprenderán solos la gramática. Iara sabe que eso no es así, lo comprobó con su propia experiencia docente, pero mejor no le discute nada, a ver si pierde el trabajo. Justo en la cuarentena.<br><br></div><div>Cuando hoy la llamé no pudo darme mucha bola. Yo quería preguntarle algo sobre una reunión que habíamos pactado para armar un material. Me hablaba y de fondo se oía el ruidito del whatsapp web, insoportable, uno detrás del otro. El hijo mayor que, me parece, estaba pateando una pelota y una sirena que parecía de bomberos. Yo pensé: qué quilombo. Iba a decirlo, pero me ganó de mano. Me contó algo desesperada que está estresadísima con la mitad de su trabajo. Que ahora la directora de colegio secundario va a pedirle que ya empiecen a dar contenidos, no solo actividades. Parece que una madre llamó al colegio para preguntar si su hijo no va a tener matemática, que necesita ver funciones, que eso le van a tomar en el ingreso a la universidad en la que quiere presentarse a una beca y que la profesora de Matemática está estudiando una nueva aplicación para ver cómo la instrumentan.<br><br></div><div>Por supuesto que, mientras que la profesora instrumenta la aplicación, también sigue dando clases por Zoom y corrigiendo polinomios on line. <strong>La escuela no quiere que lxs xadres se enojen porque no están teniendo clases, </strong>así que Iara va a tener que sumar el trabajo de armar el Power Point, buscar videos, bajarse programas para grabación.<br><br></div><div><em>Tiene razón, yo la entiendo. No podemos explicar contenidos sin apoyos gráficos. Lo que sí va a pasar es que va a atrasarse, seguramente, en las correcciones, como nos está pasando a todxs.<br></em><br></div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 15:43:59 UTC</pubDate>
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         <title>Con las alas cortadas</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div>Selene Ayala<br><br>Era un jueves por la tarde del día 19 de marzo. Estaba sumergida en mis cosas, con el celular en la mano definiendo dos cosas: con quién y a donde salir a bailar al día siguiente y a qué hora vendría a visitarme mi novio el sábado. <br><br></div><div>Venía haciéndome ruido el tema del coronavirus, pero lo tomaba como la mayoría de la gente de mi edad: viendo memes (imágenes con frases en forma de broma) y videos del tema de como la comunidad china había provocado todo esto. <br><br></div><div>Alrededor de las 19:00 horas mi papá me toca la puerta y me dice que vaya a ver la tele con él. Ya estaban anunciando la posibilidad de una posible cuarentena, de esas como en las películas apocalípticas. En mi cabeza ya me había hecho toda la película, ya esperaba que anunciaran algo que se le asimile a un toque de queda, pero no. <br><br></div><div>A las 22:30 de ese mismo día, el Presidente anunció el “Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio”. En ese momento solo pensé que tenía que cancelar mis planes hasta nuevo aviso, pero no fue hasta unos días después que surgió en mí una sensación de pánico como nunca tuve cuando escuche pasar por enfrente de mi casa una patrulla de policía con el alto parlante diciendo que nos quedáramos en nuestras casas por nuestra prevención, y muchas cosas más. Fue en ese instante que mi corazón se estrujó y caí realmente en lo que estábamos pasando, en que no era una película y que realmente estábamos ante una situación crítica a nivel mundial.<br><br></div><div>Perdieron risa para mí esos chistes referidos al tema. Dejé de ver videos que hablaban de eso y volví a caer en una especie de pozo depresivo por dos cuestiones: mi papá entraba en ese famoso “grupo de riesgo” con la edad que tiene y la tenía a mi mamá a 1600 km exactamente de mí y en una provincia con el segundo registro de más casos.<br><br></div><div>Mi papá encargado de edificio, con un oficio que no perjudicaba su regularidad que se mantuvo firme en la limpieza y cuidado del mismo. Mi mamá, una ama de casa que una semana antes que arranque esto se fue de viaje al Chaco a visitar a mi abuela que no veía hace 2 años. Mis pilares de alguna u otra manera, los sentía que estaban en peligro y día tras día me aferraba más a la religión para pedir por ellos. <br><br></div><div>Paso la primera fase de la cuarentena con una Selene desganada y aturdida de todo lo que estaba pasando. Entrando a la segunda me puse firme conmigo misma y comencé a usar mis energías en las materias en las que me había anotado. Fue en este momento que mi novio no aguanto más y tomó coraje para venir a mi casa (apenas nos separan 15 cuadras, pero por cómo estaba la situación, te daba miedo asomar la nariz a la calle). Ingeniamos un plan tanto para que no venga por las calles más transitadas y para cuando llegue a mi edificio (para que nadie lo viera). Fueron 20 minutos de miedo hasta que lo vi con un tapabocas fabricado por él, asomarse por la puerta del edificio. Fue cuando lo vi, que recuperé un poco de paz mental. <br><br></div><div>En la tele anunciaban de posibles permisos para ir a buscar a los familiares varados en otras provincias y no dudamos ni un segundo con mi papá para pedirlo e ir por mi madre. Paso tan rápido el tiempo que de un momento al otro ya nos encontrábamos en ruta, pasando el puente de Zaraté, pasando Entre Ríos. La seguridad en el camino era tan rigurosa que pueblo por pueblo nos paraban pidiendo permisos y haciéndonos control de temperatura... aunque no lo crean, fue tan agobiante. <br><br></div><div>Todo iba bien hasta que, en Corrientes, el plan se pinchó. El auto se nos rompió en un pueblo a 80 km de Corrientes Capital. Fueron 4 días que estuvimos en un hotel sin internet y sobreviviendo con la poca plata que contábamos hasta que, al fin, la grúa llegó y empezamos el viaje de vuelta a casa, pero sin mamá. Me acuerdo que el primer tramo no me aguante las lágrimas y mi papá (que fue mi principal pilar en todo esto desde que arrancó) me calmaba. <br><br></div><div>Un momento que voy a atesorar de todo esto, fue como nos unimos más mi papá y yo, ya que convertimos en hábito encontrar una buena película en la tele y mirarla juntos, reírnos juntos. Situación que ya habíamos dejado en el olvido, esto nos sirvió para revivirla. <br><br></div><div>Volvieron a dar los permisos para buscar familiares y nuevamente emprendimos viaje. Esta vez, ya me encontraba cansada pero sentada en el asiento de atrás viendo la ruta con la silueta de mi padre y mi madre en los asientos delanteros. Respiré profundo y me dormí con una tranquilidad plena. Al fin estábamos los tres juntos. <br><br></div><div>Estando al día 70 y pico de cuarentena, ya con mis padres conmigo y con las visitas momentáneas de mi novio, debería sentirme bien pero mi cabeza no descansa, mis pensamientos me encierran y me reprimen de alguna manera. Aun no entiendo que me pasa, hasta ya siento que me afectó a nivel corporal esta sensación de no tener ganas de nada con mis faltas de apetito (que me hicieron perder 4 kilos), mis desvelos nocturnos y mis momentos de sueño eternos. <br><br></div><div>Le doy batalla a esta situación interna mía, sé que no puede conmigo y tiene que volver la Selene que era antes, pero me entiendo a mí misma que como toda sagitariana, extraña su libertad.</div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 16:21:42 UTC</pubDate>
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         <title>Mi cuarentena </title>
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         <description><![CDATA[<div>Julieta Fischer<br><br>Todo comienza en Marzo, revolución en los noticieros, el corona-virus había llegado a Argentina, mis papas cada vez mas asustados, mi hermana triste por que no iba poder aprovechar su primer año en la secundaria, yo bajoneada por que es mi primer año en la facultad y me estaba gustando el curso de ingreso, conocer gente nueva, desayunar con las chicas en el bar de la facu. Fueron dos semanas de orientación y la verdad que me había acostumbrado a levantarme, maquillarme, plancharme el pelo y tomarme el subte. Llegar a la facultad me hacia sentir tan orgullosa de mis logros, de poder haber terminado la secundaria, de por fin haber encontrado algo que de verdad me gusta. Mis mañanas comenzaban a ser cada vez mas interesantes teníamos charlas orientativas de la carrera, hubo mañanas que me escapaba de las charlas para desayunar con mi abuelo, que se iba hacer análisis casi todos los días a la clínica de enfrente.<br>El 19 de marzo, se decreto la cuarentena obligatoria, yo estaba en lo de mi novio, mi mama me llama preguntándome asustada si me iba a quedar ahí o me iba a ir para mi casa, le respondí diciéndole que en un rato iba para allá que no se asuste que iba a estar todo bien. Cuando llego a mi casa nos sentamos todos en familia, a hablar de todo lo que iba a pasar, yo me enoje me puse triste, por que no iba a poder ver a mis amigos, a mi novio, a mis abuelos.<br>Con mi hermana empezamos a sacar cuentas y teníamos pensado que todo iba a terminar en abril, ya que la facultad me había mandado un mail diciéndome que la suspensión de clases iba a ser hasta el trece de abril. <br>Pasan los días, hace una semana que no veo a mi novio y es el primer fin de semana que no voy a escobar a ver a mis abuelos, y a mis amigos, si todos los fin de semana los iba a ver, comíamos asado en familia y después salia a bailar con mis amigos, hacíamos juntadas, tomábamos mates, o mateábamos como decían ellos. Me parecía raro un viernes a la noche estar en mi casa y no haberme ido a escobar con mi familia, quería que todo pase rápido, quería abrazos y mimos de mis abuelos, mis tías, mi novio, juntadas con mis amigos. <br>Un mes de cuarentena obligatoria, ya arranque clases virtuales, en el campus se iban agregando de apoco las materias, era raro. Comenzaron los profes a dar textos, trabajos. Mi rutina cambio por completo,ya no me levantaba a las 7 para desayunar y prepararme, con el transcurso de los días me iba acostando cada vez mas tarde, y mi desayuno paso a ser mi almuerzo, me levantaba a las 2 de la tarde, almorzaba, y me sentaba en la compu a ver si habían agregado algo nuevo al campus, me ponía a leer, pero algo siempre me distraía, me enojaba conmigo por que no podía leer sin distraerme o sin quedarme dormida en mi cama con la computadora encima. Me empece a dar cuenta que la modalidad virtual no me gusta para nada, que si o si tengo que imprimir los textos para leerlos y no leerlos a través de una pantalla, por que cualquier mínima cosa me distrae, o simplemente por que a las dos horas ya tenia dolores de cabeza horribles. Mi mama siempre me dijo desde un principio que las clases presenciales eran mejores, mas fáciles, ahora entiendo por que, yo siempre le decía que no, que prefería clases  virtuales, podía organizar mis tiempos para leer y mas si es a través de una pantalla, mucho mas fácil, si me arrepiento, no es todo como pensamos. Comencé a fotocopiar algunos textos que enviaban para facilitarme las cosas, y comencé a organizar mis tiempos, trataba de levantarme medianamente a la una, luego leer y hacer los trabajos que tenia que hacer. <br>Va pasando el tiempo, seguimos en cuarentena obligatoria, trato de ayudar a mi hermana con trabajos del colegio, y a mi novio que esta terminando el secundario, son distracciones que me hacen bien, me cuesta mucho pensar nada va a ser como antes, que falta todavía para ver a mis abuelos, a mis tías, a mi ahijada, a mis primitos, a mis amigos, a mi novio. Por suerte hablo con ellos casi siempre, mis abuelos cada vez que puedo los llamo par decirles que los amo y es imposible no llorar, y tener ese miedo de que les pase algo, mi ahijada tiene tres años, paso su cumpleaños en cuarentena, fue lo mas triste por que no pude estar con ella mientras soplaba la velita y gritaba como loca que cumplía años, con mis amigos cada tanto hacemos video llamada, jugamos al tutti frutti, nos contamos cosas, o simplemente nos ponemos a tomar mates mientras hablamos, con mi novio hablo todo el día, es difícil después de cuatro años no poder vernos por 2 meses, por que prácticamente vivíamos juntos, me acompañaba en todo, ahora también, pero de manera virtual.  <br>Creí que iba a ser mas fácil, creí que lo iba a poder sobre llevar bien, pero a veces la angustia me mata, necesito esos abrazos fuertes que me dan mis abuelos cada vez que los voy a ver después de una semana, necesito esas salidas para despejarme con mis amigos, son muchas cosas, es difícil, que por un rato caigo al vació, sin saber que hacer, pero tengo lo mas importante que son mis papas y mi hermana, que nos ayudamos mutuamente para salir adelante, hacemos recetas, tiktoks, yoga o solo nos acostamos los cuatro en una cama pensando en todo lo que vamos hacer cuando termine esta cuarentena, y tiramos muchas buenas energías para que todos estemos sanos que es lo mas importante.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 17:38:02 UTC</pubDate>
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         <title>Melancolia. Mariana Romero</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/611736609</link>
         <description><![CDATA[<div>Pensé que durante este 2020 mi vida no sería muy diferente de lo que fue el 2019, hasta que el 16 de marzo me tomó por sorpresa. Ese día había ido a trabajar al hospital como cualquier otro, hasta que llego mi jefa y me dijo :- Mariana al finalizar la jornada estate atenta que seguro decretan la cuarentena, yo pensaba bueno serán algunos días nada más y después volveremos a la normalidad, hoy ya llevamos más de 60 días.<br><br></div><div>Ese día me abracé por última vez con mi compañera de trabajo, Tamara, hoy extraño tener discusiones laborales, desayunar juntas con la radio de fondo, hacer estudios, salir y quedarnos horas extras afuera charlando porque parece que nunca terminan los chismes.<br><br></div><div>Llegué a mi casa y esperé a ver si anunciaban la tan temida cuarentena, no por el hecho de aislarnos sino porque teníamos al virus en la puerta de nuestras casas y con eso nos traía aparejada una nueva realidad social. <br><br></div><div>Unos días después de decretada la cuarentena, empezaban a llegarnos actividades de la facultad, digo llegarnos porque curso junto con mi hermano menor Fernando. Y como en ese momento solo hacia el tan conocido home office creí que sería más llevadera la cursada. Cosa que días más tarde  notaria que no.<br><br></div><div>A las tres semanas de comenzada la cuarentena me llamaron del trabajo para que vaya a dar una mano en las postas de vacunación, y fui. Ya no estaba como antes, tranquila, ahora tener que salir de casa me daba temor. Ese día me levante temprano tipo 7 de la mañana, tomé un yogurt, me peiné, me puse mi ambo, un barbijo y Salí. Al llegar a la posta de vacunación me encontré con una realidad rara, nadie se tocaba, nadie se saludaba con un beso, cuanto más lejos estuviéramos mejor, yo ya sabía que esto sería así pero vivirlo fue muy raro.<br><br></div><div>Llegaba a mi casa tipo 17 hs, y con mi llegada realizaba toda una ceremonia, me sacaba las zapatillas en la puerta, no tocaba nada dentro de mi casa y pasaba directamente al baño a bañarme y dejar toda mi ropa en el lavarropas, luego tenía que desinfectar mi mochila y mi celular, estas cosas me llevaban varios minutos, tipo 18 hs recién podía decir que llegaba a mi casa, saludaba a mis 4 mascotas (3 perros y un gato) y saludaba a mi familia pero ya no con un beso sino de lejos, por las dudas. Me ponía a hacer cosas de mi trabajo diario y después recién me sentaba a hacer cosas de la facultad.<br><br></div><div>Mi hermano mayor Daniel que casi nunca está porque viaja todo el año (vive de eso) compró unos días después de iniciada la cuarentena una play station para que pudiéramos pasar tiempo juntos. Al realizar una actividad de la facultad, vi una película, la única película que vi en toda la cuarentena fue La sonrisa de Mona Lisa, lloré. Desde que comenzó la cuarentena tengo los sentimientos a flor de piel.  En casa dicen que es porque estoy muy estresada, debe ser. Estos días de cuarentena me están agotando más que si estuviéramos en días “comunes”.<br><br></div><div>Para las clases virtuales siempre tengo tiempo, me preparo un taza de té o café, mi hermano baja y nos conectamos a las clases vía zoom o jitsi, lo único que no soy muy amiga de mostrar lo que sucede en mi intimidad y como vivimos en un departamento relativamente pequeño y  somos muchos, no enciendo la cámara para las clases, cosa que me trae algunas desventajas, por ejemplo en una clase quería participar, había levantado la mano pedí la palabra al profesor encendiendo mi micrófono pero nunca me escuchó,  terminó la clase y yo me quedé con las palabras en mi boca. Hasta damos la sensación de no estar en las clases, pero estamos. En algunas no tenemos reuniones, solo mandan actividades sin parar con fecha de entrega, cosa que hasta me mareo y me llevó a dejar una materia para el cuatrimestre que viene. Algo similar le pasó a mi hermano mayor, Daniel, a quien esta situación lo enojó un poco porque se anotó para terminar de cursar y en la materia que se anotó, no recuerdo cual es, la docente le envió un montón de trabajos, se puso al día, los entregó y cuando los entregó le llovieron otro tanto de trabajos por hacer, más las correcciones que debía hacer a los anteriores, la dejó de cursar.<br><br></div><div>Con mis compañeros de trabajo para no extrañarnos tanto hacemos algunas video-llamadas cada tanto. Con mis compañeras de la facu no nos vemos mucho salvo cuando algún profe hace reuniones por zoom sino tampoco las vería pero sé que están ahí acompañándome. Al escribir esta crónica empecé a notar que extraño viajar con mi hermano hasta la facu e ir comentando lo que leímos o ir repasando para alguna clase, extraño comprar los pancitos que se, le gustan a Checha y que traiga cada tanto algo rico de lo que cocina, como la pastafrola de  batata que me gusta y que te ayude con lo que no entiendas, extraño los mates de Sele, extraño los comentarios positivos de Cris cuando ve que estas aflojando, extraño que Vicky haga comentarios en clase que me hacen reir. <br><br></div><div>Otra cosa que extraño ya que hablo de eso, es merendar y charlar con mi mamá, ya no me doy el tiempo para ver una peli o una serie,  no me doy tiempo para compartir con mi familia, es como que dentro del mismo departamento me aislé de ellos para tratar de seguir cumpliendo con todo el resto. Extraño estas cosas, extraño además ver a mis tías y primos, con quienes cada domingo que podíamos nos juntábamos en alguna casa a comer asados y charlar, hoy solo hablamos por teléfono<br><br></div><div>Hoy con mis 7 materias, bah 6 en realidad porque dejé una, trataré de aislarme más de la computadora y de mi celular, mis aliados por estos días, ya que desde que todo comenzó me alejé un poco de mi familia y hasta de mi misma.</div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 18:57:01 UTC</pubDate>
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         <title>El tiempo pasa... </title>
         <author>CFerRomeroFlo</author>
         <link>https://padlet.com/proyecto1umet/kr8vsqzyy83awnni/wish/611738136</link>
         <description><![CDATA[<div>de Fernando Romero<br><br></div><div>El 14 de marzo, me reuní con mi familia a la tarde, para festejar el cumpleaños de la tía Irma en la casa de mi tía Ana. Hablamos del Coronavirus, que parecía una enfermedad muy lejana a nuestra realidad. Escuché, que en la mesa sobre el tema, mi prima Jenny se quejaba de que las noticias en los medios, por lo general eran sobre coronavirus ya que es de países desarrollados,  no sobre dengue u otras enfermedades más locales. Unos  parientes asintieron y continuaron hablando sobre sus cosas.  Otros, yo también,  mirábamos “<em>Esperando la carroza” </em>en la tele. Con mis primos comentábamos cómo nos fue con la cursada en la facultad el año pasado y decíamos nuestros objetivos para este. También nos lamentábamos de que se terminaran las vacaciones y nos preguntábamos si las clases en algún momento se suspenderían, como en aquella vez por la gripe porcina. Antes de que llegara la torta, a mi hermana le llega un mail en donde dice que las clases se suspendían, con eso me sentí aliviado, tendría más vacaciones pensé, perfecto.<br><br></div><div>Al primer mes de cuarentena, no lo disfruté. La policía me corría de la calle. No me dejaban salir más allá de 5 metros de mi puerta con los perros, pero si me dejaban ir a comprar a donde sea. Las vacaciones extra de la cuarentena duraron poco. A los pocos días de empezada la misma, nos enviaron tarea. Las fui haciendo de a poco, pero las entregué a tiempo, me preguntaba por qué para algunas materias no tienen actividades para hacer. Y me preocupaba que una sea tan mal llevada, con todos los contenidos para la unidad 1 volcados y desordenados, con actividades sin fecha de entrega y sin una presentación. Pero me alegraba porque las otras materias tenían actividades fáciles de hacer, nos daban los contenidos por partes como en una clase normal, y por lo menos en una tenia una clase virtual por zoom. Me daba y me da una variación, una rareza dentro de mi rutina, que consiste en dormir hasta las diez, luchar por levantarme, prender el teléfono, escuchar mensajes o leerlos, ver las noticias de Autoblog, mirar que hay en Instagram, a veces desayunar o directamente almorzar, jugar al Fortnite desde las 15 hasta las 16, hacer la tarea hasta la hora de la cena, cenar y dormir (sumando 2 de los paseos de los perres que me tocan).  Y digo rareza porque no soy de hacer video llamadas (o de hablar por audios siquiera) y menos para escuchar o participar en una clase.<br><br></div><div>Al segundo mes de la cuarentena la policía ya no me corre. Casi que hago lo mismo que hacía en mi normalidad, pero cuando se trata de tener que caminar más de una cuadra, la cosa cambia. Por ejemplo, ya no tengo que ir al rapipago de la estación constitución, que está a cuadra y media, por fin logré convencer a mi mamá de que los servicios (como el agua) y las deudas de tarjeta los paguemos desde el celular con una aplicación. Igualmente todavía desconfía. En todas las materias, tengo tareas pendientes, tengo clases por zoom, meet o jitsi en la mayoría una vez por semana, las condiciones de evaluación están mas claras y no me cabe duda de que esta situación da para largo. En lo familiar, la situación es normal, peleas bobas y reconciliaciones al día siguiente porque una de las partes necesita algo de la otra, que después devuelve el cariño al hogar. Lo que no ayuda es el ruido y si es nuevo, es que ahora la casa solo se calla desde las 12 de la noche hasta las 8 de la mañana, cuando todos duermen, porque el resto del día con 6 adultos, 3 perres y un gato es un bullicio constante. Hace un par de días, ya más amigado con la cámara, le desee un feliz cumpleaños a mi amiga Florencia. Primera vez que no nos juntamos en su casa a comer torta de chocolate y jugar al chin, primera vez en los años que la conozco que no me preocupo por buscar algo que regalarle. En la charla, salta el tema del estudio, me cuenta que desde el primer día de cuarentena que tienen tarea y clases del profesorado, pero que oficialmente no tiene tareas que le manden desde la UBA. Eso me interesaba, para hacer la comparación con mi situación en la UMET. Una clase de las mías consiste en tener suerte de que el WIFI no se corte (dos veces me pasó), esperar a que se sume alguien más, si es que somos pocos, saludar, dejar que el profesore hable y nos invite a hablar sobre la tarea que ya debía estar hecha, por lo general en esa parte se escucha el silencio un buen rato hasta que une valiente habla, después mas silencio, y después otre valiente. Me pasa de pensar que lo que voy a decir es una pavada o algo poco relevante para la cursada, por eso a veces evito hablar. Pero ante la amenaza o comentario (por parte del profesore) de que la participación en clase vale mucho en especial en esta circunstancia, opté por tener un vaso de agua a mano, imagino que cambio de persona y aprieto el botón para levantar la mano y luego el de hablar. Después el profesore dice algo sobre el tema, responde alguna duda, dice lo que va a subir al campus, y luego nos despedimos, en eso no habrá pasado más de una hora y tanto.  <br><br></div><div>Ya empezado el tercer mes de la cuarentena, me sentí en crisis, pensé en dejar la carrera y ponerme a trabajar (ya no). Me encuentro con más tareas atrasadas y mi hermana con la que estudio y me alienta a seguir, perdió fuerzas, creo yo porque se estresa, y terminó internada en caballito. Cuando me enteré de que la hicieron quedar en la guardia, me pidió que le llevara una mochila con sus cosas. Me puso nervioso pensar que no tengo permiso oficialmente para salir de mi casa y tener que lidiar otra vez con la policía, pensé que iba a terminar preso de tantos controles que nos pasamos con el taxista. Todo terminó bien, ahora Mariana está, y tratamos de que no se estrese más.   <br><br></div><div>Hoy escribiendo estas palabras, volví a hablar con Florencia, le compartí esto que estás leyendo y le pedí, su opinión y si podía que me escribiera específicamente como está tomando sus estudios virtuales. A continuación te comparto sus palabras:<br><br></div><div><em>“De por sí, en situaciones normales, soy bastante ermitaña, por lo que la cuarentena no me afectó ni me afecta de la misma forma que a la gente que sí le gusta festejar sus cumpleaños, hacer juntadas y estar a la luz del Sol. Sin embargo, con la facultad ocurre algo distinto. Tenía muchas ganas de estudiar, de escuchar a los profes (incluso extraño las aulas y esas sillas duras, duras) de tener ese cable a tierra, de volver a mi rutina. El aislamiento obligatorio venía a romper mi estructura y al principio eso me pegó mal. Fue gracias a los emails de les profesores, quienes parecían esforzarse por construir un vínculo (cosa que en algún punto me conmovió) y que de a poco fueron organizando la cursada y las clases virtuales que logré ponerme a tono y motivarme para seguir. <br></em><br></div><div><em>Lo que aún me cuesta mucho, y está relacionado con mi ser irrevocablemente ermitaño, es activar el micrófono y la cámara, por sobre todo la cámara. Entiendo que debe ser incomodo para el profesor hablarle a una pantalla en negro, ser visto y escuchado por alguien que ni ve ni escucha pero aun sabiéndolo no puedo aliviar la ansiedad o el nerviosismo que me genera esta nueva modalidad. Y por más que digan “por favor, activen la cámara así nos vemos todos” no van a conseguir que lo haga, solo van a conseguir que acreciente mis ganas de huir. (Risas)”<br></em><br></div><div>Gracias por leerme.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-06-04 18:58:01 UTC</pubDate>
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