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      <title>Mi padlet molón by Esly Paola Cruz Gonzáles</title>
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      <description>Hecho con un aura de misterio</description>
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      <pubDate>2021-08-04 21:48:42 UTC</pubDate>
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         <pubDate>2021-08-04 21:51:56 UTC</pubDate>
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         <pubDate>2021-08-04 21:52:21 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[<div>CIUDAD DEL VATICANO, 25 oct (ZENIT.org).- La audiencia general de esta mañana se ha desarrollado a las 10 de la mañana en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre ha encontrado a grupos de peregrinos y fieles llegados de Italia y de todo el mundo. En su discurso el Papa ha tratado el tema «La Eucaristía abre al futuro de Dios» . Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la catequesis del Santo Padre.<br>1. En la liturgia terrena participamos, pregustándola, en la celeste» (SC n.8; cfr GS n. 38). Estas palabras tan límpidas y esenciales del Concilio Vaticano II nos presentan una dimensión fundamental de la Eucaristía: su ser «futurae gloriae pignus», prenda de la gloria futura, según una bella expresión de la tradición cristiana (cfr SC n. 47). «Este sacramento –observa Santo Tomás de Aquino– no nos introduce enseguida en la gloria pero nos da la fuerza para llegar a la gloria y por esto se llama “viático”»» (Summa Th. III, 79, 2, ad I). La comunión con Cristo que ahora vivimos mientras somos peregrinos y viandantes en los caminos de la historia anticipa el encuentro supremo del día en que «nosotros seremos semejantes a él, porque lo veremos como él es» (1 Job 3,2). Elías, que está en camino en el desierto se derrumba sin fuerzas bajo un enebro y es revigorizado por un pan misterioso hasta alcanzar el encuentro con Dios (cfr 1Re 19,1-8), es un tradicional símbolo del itinerario de los fieles, que en el pan eucarístico encuentran la fuerza para caminar hacia la meta luminosa de la ciudad santa.<br>2. Es este también el sentido profundo del maná dado por Dios en las estepas del Sinaí, «alimento de los ángeles», capaz de procurar toda delicia y satisfacer todo gusto, manifestación de la dulzura (de Dios) hacia sus hijos (cfr Sap 16,20-21). Será Cristo mismo quien ilumine este significado espiritual de la vivencia del Exodo. Es él quien nos hace gustar en la Eucaristía el doble sabor del alimento del peregrino y alimento de la plenitud mesiánica en la eternidad (cfr Is 25,6).&nbsp;<br>3.- Este aspecto que abre la Eucaristía al futuro de Dios, aún dejándola anclada en la realidad presente, es ilustrado por las palabras que Jesús pronuncia sobre el cáliz del vino en la última cena (cfr Lc 22,20; 1Cor 11,25). Marcos y Mateo evocan en aquellas mismas palabras la alianza en la sangre de los sacrificios del Sinaí (cfr Mc 14,24; Mt 26,28; cfr Es 24,8). Lucas y Pablo, en cambio, revelan el cumplimiento de la “nueva alianza” anunciada por el profeta Jeremías: «He aqupí que vendrán días –dice el Señor– en los que con la Casa de Israel y de Judá yo haré una nueva alianza, no como la alianza hecha con vuestros padres» (31,31-32). Jesús, en efecto, declara: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre». «Nuevo» en el lenguaje bíblico, indica normalmente progreso, perfección definitiva.<br>4.- El cuarto evangelista, Juan, exalta esta tensión de la Eucaristía hacia la plenitud del reino de Dios en el discurso sobre el «pan de vida», que Jesús tiene en la sinagoga de Cafarnaum. El símbolo por el tomado como punto de referencia bíblica es, como ya se sugería, el del maná ofrecido por Dios a Israel peregrino en el desierto. A propósito de la Eucaristía, Jesús afirma solemnemente: «Si uno come de este pan vivirá eternamente (…). Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día (…). Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron. Quien come de este pan vivirá para siempre» (Juan 6,51.54.58). La «vida eterna», en el lenguaje del cuarto evangelio, es la misma vida divina que traspasa las fronteras del tiempo.&nbsp;<br>5.- A esta luz –como decía sugestivamente un teólogo ruso, Sergej Bulgakov– «la liturgia es el cielo sobre la tierra». Por esto en la Carta Apostólica Dies Domini, retomando las palabras de Pablo VI, he exhortado a los cristianos a no descuidar «este encuentro, este banquete que Cristo nos prepara en su amor. ¡Que la participación en él sea al mismo tiempo dignísima y alegre! Es el Cristo, crucificado y glorificado, quien pasa en medio de sus discípulos, para arrastrarlos juntos en la renovación de su resurrección. Es el culmen, aqui abajo, de la alianza de amor entre Dios y su pueblo: signo y fuente de alegría cristiana, etapa de la fiesta eterna» (Gaudete in Domino, conclusión; Dies Domini 58).</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 21:53:24 UTC</pubDate>
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         <author>2009560</author>
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         <description><![CDATA[<div>La gente va menos a Misa que hace unos años. ¿Por qué? "Creo que depende<br>mucho de la experiencia y tradición familiar y social de la que participa cada<br>persona", dice una mujer que comenzó a ir con sus padres a Misa y que<br>después, al profundizar en la fe, vio que "empezaba a tener otro sentido, un<br>sentido de compromiso, me sentí más implicada... descubrí el valor de la<br>Eucaristía como un encuentro con Cristo..."<br>En nuestra sociedad, cuando ya no hay quien controle quien va a Misa y<br>quien no, la asistencia a Misa: ¿depende de la costumbre del entorno familiar,<br>o de estas motivaciones de fe? Lo cierto es que, al no ir a Misa las familias,<br>los hijos pierden la oportunidad de participar en estas motivaciones de fe. Y,<br>cuando se asiste a Misa -en acontecimientos sociales o fiestas principales- al<br>no saber "qué pasa ahí" se convierte en algo que se ve desde fuera, no se<br>ahonda en su sentido profundo de memorial de Jesús resucitado, la fiesta de<br>los cristianos, y entonces la gente se viste de fiesta sin saber celebrar la<br>fiesta, así como no puede saborear un plato exquisito quien tiene el gusto<br>estragado, al no poder gustar del misterio cristiano no puede desearlo y<br>amarlo.<br>Por eso, no puede participar en la Misa plenamente quien no sabe realmente<br>que por la fe tenemos una relación viva y personal, maravillosa, con Jesús.<br>Qué lástima, ver a tantos y tantos que escuchan palabras y cantos, prueban<br>emociones estéticas en la música o en la belleza de alguna de las<br>celebraciones, pero se quedan en unos signos externos, no viven la esencia<br>de la Misa y de la comunión...<br>Muchas veces vamos por la vida buscando la felicidad, y no la encontramos...<br>más tarde, nos damos cuenta de que estaba allí al lado, en las cosas<br>pequeñas de cada día, en las cosas obvias (que son las que olvidamos más<br>facilmente, y así nos va...) como el sentido religioso, su sentido trascendente. (olvidamos las cosas que no tienen sentido de beneficio práctico con la<br>excusa de que "no sirven para nada", cuando son las que más sirven).<br>Cuentan de una araña que se dejó caer por uno de sus hilos desde un árbol,<br>para echar los soportes alrededor de un árbol y tejer su telaraña, esa malla<br>que va engrandeciéndose con sucesivas vueltas, hasta completar su obra.<br>Entonces, paseándose por su territorio, orgullosa de su realización, mira el<br>hilo de arriba y dice: "éste es feo, vamos a cortarlo", olvidando que era el hilo<br>por donde empezó todo, el que sustentaba todo.<br>La religión pertenece a las cosas importantes de la vida. Cuentan de un<br>barquero que llevaba gente de un lado a otro de un gran río, y un día subió<br>un sabiondo que empezó a increparle diciéndole: "¿conoces las<br>matemáticas?" -"no", contestó el barquero. -"Has perdido una cuarta parte de<br>tu vida. ¿Y la astronomía?" -"¿Esto se come o que?", contestó el pobre.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 22:01:26 UTC</pubDate>
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