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      <title>Ciclo de vida del ser humano by Gómez lopez Kensy Daniela</title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>Infancia</title>
         <author>kensydanigl</author>
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         <description><![CDATA[<p>la infancia nos conduce inevitablemente a revisar nuestras historias, aún cuando nada hay más alejado de nuestra conciencia que nosotros mismos. Pero como para vivir es necesario atreverse a enfrentar los fantasmas o las sombras que nos bordean, allá vamos… invitando a cada uno o cada una, al leer estas páginas, a rever su biografía, y a su luz direccionar el sentido de lo escrito y comprenderlo adjundicándole un significado propio y particular. Resulta importante saber acerca de nosotros mismos, de ese piso real y simbólico sobre el que se asienta la subjetividad y constituye a la niñez en “infancia”. Para ello, es útil preguntarse: “¿Quién soy? ¿Cómo llegué a ser ese que soy? ¿Quién fui? ¿Quién quiero ser? ¿Cómo creo que me ven? ¿Cómo me veo? ¿Cuáles creo que son mis fortalezas? ¿Cuáles mis debilidades? ¿Cuál es mi sueño? ¿Cuáles mis fantasmas?” o nos veremos constreñidos a vivir en algún borde de lo que podríamos llegar a ser, por fuera de nuestra zona potencial de máximo desarrollo. Es esencial realizar esta tarea con otros, con otros significativos que otorguen múltiples versiones de nuestra historia. Que funcionen a modo de espejo multiplicador, que completen, en la medida de lo posible, agujeros negros de la memoria. Que nos canten aquellas canciones de cuna, rondas, juegos, que poblaron nuestros primeros años, nos muestren algún juguete que antes fue nuestro compañero, nos cuenten esos cuentos que hayan podido acunar el sueño. Desde cualquiera de los roles que se aborde a un sujeto, sea madre, padre, maestro, profesional o terapeuta, siempre que se establece un vínculo con algún niño o lo infantil de un adulto, hay que animarse a ver al otro en el otro, así como a mí mismo en mí, a fin de lograr diferenciarse y establecer algún vínculo reconociendo la singularidad de cada uno. Y luego, tratar de mirar al otro y verlo, diferenciándonos, así como también conociéndolo y reconociéndonos a través de su mirada a fin de posibilitar la disociación que se instrumenta en la labor profesional entre personas. Dicho mecanismo permite a los profesionales que trabajan con niños y niñas, especialmente en educación y salud, diferenciarse y abordar la tarea con la distancia óptima para operar, como un Otro que pueda funcionar como referente frente a un niño singular o con el niño interior de los adultos.</p><p>Referencia: Graciela Fregtman, M. (2020). <em>Infancia como un relicario: </em>( ed.). Eudeba. <a rel="noopener noreferrer nofollow" href="https://elibro.net/es/ereader/umg/153608?page=13">https://elibro.net/es/ereader/umg/153608?page=1</a></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>Niñez</title>
         <author>kensydanigl</author>
         <link>https://padlet.com/kensydanigl/jodcb1jg6qhbskso/wish/3363821629</link>
         <description><![CDATA[<p> En los niños, la resiliencia se manifiesta como: e Un tipo de temperamento característico, particular y único de ese niño. La resiliencia parece estar vinculada a los temperamentos dóciles y afectuosos. Generalmente con niños apacibles y cariñosos, aquellos que presentan ciclos regulares y previsibles, que no se disgustan con facilidad, que aprenden con rapidez, que son alegres, sociables, equilibrados, autónomos y activos pero sin perder la tranquilidad Todo ello configura por los atributos mencionados, un factor de protección en sí mismo. Es necesario recalcar que la resiliencia puede darse en todo tipo de niños. Si bien, temperamentos con características irascibles o intro- vertidas, van a encontrar más dificultades, en tanto son más vulnera- bles al momento de enfrentar adversidades. En ellos es posible tam- bién la resiliencia, debido a las razones ya explicadas. Será más difí- cil pero no imposible.</p><p>Referencia: Rosales, G. E. (2008). <em>Niñez - Resiliencia - Creatividad: </em>( ed.). Editorial Brujas. <a rel="noopener noreferrer nofollow" href="https://elibro.net/es/ereader/umg/78011?page=34">https://elibro.net/es/ereader/umg/78011?page=34</a></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>Adolescencia</title>
         <author>kensydanigl</author>
         <link>https://padlet.com/kensydanigl/jodcb1jg6qhbskso/wish/3363821630</link>
         <description><![CDATA[<p>La adolescencia se extiende desde el final de la infancia hasta la consecución de la madurez, sí, ¿pero a qué categoría de madurez nos referimos? Podríamos aludir, en primer lugar, a una madurez biológica, entendido como la culminación del desarrollo físico y sexual. Esta madurez está relacionada con la llegada de la pubertad y, de hecho, los cambios biológicos se utilizan como criterio de inicio de la adolescencia. Sin embargo, pubertad y adolescencia no son conceptos sinónimos. Entendemos pubertad como el conjunto de transformaciones físicas que conducen a la madurez sexual y, por lo tanto, a la capacidad de reproducirse. La adolescencia incluye, además, transformaciones psicológicas, sociales y culturales significativas. En segundo lugar, podríamos apuntar a una madurez psicológica, caracterizada por la reorganización de la identidad. La construcción de esta nueva identidad –que implica un nuevo concepto de uno mismo, la autonomía emocional, el compromiso con un conjunto de valores y la adopción de una actitud frente a la sociedad– se extiende a lo largo de toda la adolescencia. En tercer lugar, podríamos hablar de una madurez social vinculada al proceso de emancipación que permite que los jóvenes accedan a la condición de adultos. Esta madurez social –cuyos índices serían la independencia económica, la auto administración de los recursos, la autonomía personal y la formación de un hogar propio– marcaría el final de la adolescencia y juventud y el ingreso de pleno derecho en la categoría de persona adulta. Hoy, si tomamos como criterio la emancipación económica y el hogar propio, el estatus de persona adulta puede lograrse después de los 30 años. Si nos ceñimos a los varios aspectos relacionados con el concepto de madurez, las edades cronológicas que establecen los límites de la adolescencia son susceptibles de variaciones derivadas de las características individuales de cada persona o de las condiciones sociales, culturales e históricas en las que se desarrolla. Con todo, la ausencia de estos criterios cronológicos universales, atemporales y precisos no desposee la adolescencia de su naturaleza singular dentro del desarrollo humano. El número, la magnitud y la amplitud de los cambios que se suceden a lo largo de esta etapa proporcionan a la persona una nueva organización corporal, psicológica y social.</p><p>Referencia: La adolescencia se extiende desde el final de la infancia hasta la consecución de la madurez, sí, ¿pero a qué categoría de madurez nos referimos? Podríamos aludir, en primer lugar, a una madurez biológica, entendido como la culminación del desarrollo físico y sexual. Esta madurez está relacionada con la llegada de la pubertad y, de hecho, los cambios biológicos se utilizan como criterio de inicio de la adolescencia. Sin embargo, pubertad y adolescencia no son conceptos sinónimos. Entendemos pubertad como el conjunto de transformaciones físicas que conducen a la madurez sexual y, por lo tanto, a la capacidad de reproducirse. La adolescencia incluye, además, transformaciones psicológicas, sociales y culturales significativas. En segundo lugar, podríamos apuntar a una madurez psicológica, caracterizada por la reorganización de la identidad. La construcción de esta nueva identidad –que implica un nuevo concepto de uno mismo, la autonomía emocional, el compromiso con un conjunto de valores y la adopción de una actitud frente a la sociedad– se extiende a lo largo de toda la adolescencia. En tercer lugar, podríamos hablar de una madurez social vinculada al proceso de emancipación que permite que los jóvenes accedan a la condición de adultos. Esta madurez social –cuyos índices serían la independencia económica, la auto administración de los recursos, la autonomía personal y la formación de un hogar propio– marcaría el final de la adolescencia y juventud y el ingreso de pleno derecho en la categoría de persona adulta. Hoy, si tomamos como criterio la emancipación económica y el hogar propio, el estatus de persona adulta puede lograrse después de los 30 años. Si nos ceñimos a los varios aspectos relacionados con el concepto de madurez, las edades cronológicas que establecen los límites de la adolescencia son susceptibles de variaciones derivadas de las características individuales de cada persona o de las condiciones sociales, culturales e históricas en las que se desarrolla. Con todo, la ausencia de estos criterios cronológicos universales, atemporales y precisos no desposee la adolescencia de su naturaleza singular dentro del desarrollo humano. El número, la magnitud y la amplitud de los cambios que se suceden a lo largo de esta etapa proporcionan a la persona una nueva organización corporal, psicológica y social. </p><p>Referencia: Moreno Fernández, A. (2015). <em>La adolescencia: </em>( ed.). Editorial UOC. <a rel="noopener noreferrer nofollow" href="https://elibro.net/es/ereader/umg/113757?page=11">https://elibro.net/es/ereader/umg/113757?page=11</a></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>vejez</title>
         <author>kensydanigl</author>
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         <description><![CDATA[<p>En la sociedad rural de la España del Antiguo Régimen la población que alcanzaba la edad de la vejez no parece haber representado, en ningún momen- to, un grave problema demográfico o político, si se me permite el empleo de este último adjetivo, quizá algo anacrónico. Es cierto que el envejecimien- to constituía una experiencia personal y familiar, a veces dramática, para los pocos que vencían las enfermedades, hambres y penurias de todo tipo que amenazaban a niños y adultos; que, con carácter general, en los tratados de medicina y de moral y en las obras de literatura aparecen reflexiones al res- pecto, realizadas desde perspectivas muy diferentes, y que los vocabularios y diccionarios suelen definir las diversas edades por las que transcurría la vida de las personas, utilizando a menudo los criterios de los hipocráticos.</p><p>Referencia: En la sociedad rural de la España del Antiguo Régimen la población que alcanzaba la edad de la vejez no parece haber representado, en ningún momen- to, un grave problema demográfico o político, si se me permite el empleo de este último adjetivo, quizá algo anacrónico. Es cierto que el envejecimien- to constituía una experiencia personal y familiar, a veces dramática, para los pocos que vencían las enfermedades, hambres y penurias de todo tipo que amenazaban a niños y adultos; que, con carácter general, en los tratados de medicina y de moral y en las obras de literatura aparecen reflexiones al res- pecto, realizadas desde perspectivas muy diferentes, y que los vocabularios y diccionarios suelen definir las diversas edades por las que transcurría la vida de las personas, utilizando a menudo los criterios de los hipocráticos.</p><p>Referencia: En la sociedad rural de la España del Antiguo Régimen la población que alcanzaba la edad de la vejez no parece haber representado, en ningún momen- to, un grave problema demográfico o político, si se me permite el empleo de este último adjetivo, quizá algo anacrónico. Es cierto que el envejecimien- to constituía una experiencia personal y familiar, a veces dramática, para los pocos que vencían las enfermedades, hambres y penurias de todo tipo que amenazaban a niños y adultos; que, con carácter general, en los tratados de medicina y de moral y en las obras de literatura aparecen reflexiones al res- pecto, realizadas desde perspectivas muy diferentes, y que los vocabularios y diccionarios suelen definir las diversas edades por las que transcurría la vida de las personas, utilizando a menudo los criterios de los hipocráticos.</p><p>Referencia: García González, F. (2005). Vejez, envejecimiento y sociedad en España, siglos XVI-XXI: ( ed.). Cuenca, Spain: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. Recuperado de <a rel="noopener noreferrer nofollow" href="https://elibro.net/es/ereader/umg/57264?page=37">https://elibro.net/es/ereader/umg/57264?page=37</a>.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>Conclusión</title>
         <author>kensydanigl</author>
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         <description><![CDATA[<p>La vida es un viaje, y cada etapa tiene su propio ritmo, sus aprendizajes y sus momentos inolvidables.</p><p>En la <strong>infancia</strong>, todo es descubrimiento: los primeros pasos, las primeras palabras, el amor incondicional de quienes nos cuidan. La <strong>niñez</strong> es un mundo de juegos, imaginación y aprendizajes que nos van dando forma. Luego llega la <strong>adolescencia</strong>, una montaña rusa de emociones y cambios, donde buscamos entender quiénes somos y hacia dónde queremos ir. La <strong>pubertad</strong> nos sacude con transformaciones físicas y emocionales, a veces confusas, pero esenciales para crecer.</p><p>La <strong>adultez</strong> nos enfrenta a retos y responsabilidades, pero también nos da la oportunidad de construir nuestra historia. Y cuando llega la <strong>vejez</strong>, es el momento de mirar atrás con orgullo, de compartir la sabiduría con quienes vienen detrás, de disfrutar con calma lo que tanto costó construir.</p><p>Cada etapa es única, llena de momentos dulces y difíciles, pero todas tienen un propósito: ayudarnos a vivir plenamente. Lo importante es abrazarlas con amor y aprovechar cada instante, porque el tiempo no se detiene, pero los recuerdos y las experiencias quedan con nosotros para siempre.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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         <title>Pubertad</title>
         <author>kensydanigl</author>
         <link>https://padlet.com/kensydanigl/jodcb1jg6qhbskso/wish/3363821636</link>
         <description><![CDATA[<p>en las niñas y el aumento del tamaño testicular entre los 9-12 años en los niños. Para esto tomaremos en cuenta a Sandra G. Hassink, MD, (2015) La revista Healthy children, sobre la salud del adolescente. Indican que para definir esta etapa es necesario visualizarla como el período entendido entre la niñez y la adolescencia, se puede afirmar que cae dentro de la adolescencia temprana. Si queremos situar las edades que compren- den podemos decir que está entre los 8 y 12 años de edad aproximadamente. Es preciso señalar que cada ser humano adquiere el paso de esta etapa de forma distinta, desde el mismo camino por los rasgos físicos, el llamado estirón, el ensanchamiento de la nariz, entre otros. Este período es determinado por diversos estudiosos del desarrollo humano, como una etapa completamente sana, donde se da inicio a los cambios físicos diferenciadores de la niñez y la adultez. Diversos estudios han comprobado que las niñas, suelen iniciar la pubertad antes que los niños.</p><p>Referencia: Rodríguez, D. &amp; Tejada Betancourt, L. (Il.). (2020). <em>Desarrollo humano II: </em>( ed.). Universidad Abierta para Adultos (UAPA). <a rel="noopener noreferrer nofollow" href="https://elibro.net/es/ereader/umg/175896?page=22">https://elibro.net/es/ereader/umg/175896?page=22</a></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-13 02:24:56 UTC</pubDate>
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