<?xml version="1.0"?>
<rss version="2.0">
   <channel>
      <title>SIMÓN RADOWITZKY by Martin Balderrama</title>
      <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221</link>
      <description>HIJO DEL PUEBLO</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2018-04-25 14:18:57 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2023-02-07 15:15:22 UTC</lastBuildDate>
      <webMaster>hello@padlet.com</webMaster>
      <image>
         <url></url>
      </image>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837080</link>
         <description><![CDATA[<div>Ese primero de mayo de 1909 amaneció frío pero con sol; luego hacía el mediodía se iría nublando como presagiando tormenta. Tormenta que no sería de truenos y relámpagos sino de balazos, sangre y odio.&nbsp;<br>&nbsp;<br>&nbsp;Los diarios no traían muchas novedades, salvo el nacimiento de Juliana, la princesa heredera de Holanda, y del estreno en el Odeón de “Casa paterna” con Emma Grammática como primera actriz. Pero más de un lector habrá leído con un poco de zozobra dos pequeños anuncios que parecían tener pólvora en cada una de sus letras. Se anunciaban dos actos obreros: uno organizado por la Unión General de Trabajadores (socialistas), que cita a las 3:00 p.m.: hablarán A Mantecón y Alfredo L palacios: el otro, es el de la FORA (anarquista) que invita a la concentración en Plaza Lorea para marchar por Avenida de Mayo, Florida hasta Plaza San Martín y de allí por Paseo de Julio hasta la Plaza Mazzini.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Con los socialistas no va a pasar nada, ya es sabido, pero… ¿y los anarquistas?<br>&nbsp;<br>&nbsp;El país vive una situación interna bastante difícil. Gobierna Figueroa Alcorta un mundo que se va y una irrupción incontenible: la masa de la nueva raza argentina, la inmigración y sus descendientes. Las bombas, el cientificismo, las ideas económicas, todo repercute en Buenos Aires que se está estirando cada vez más, que cada vez más se parece a una ciudad Europea.<br><br></div><div>Enseguida después de mediodía La Plaza Lorea comienza a poblarse de gente extraña al centro: mucho bigotudo, con gorra, pañuelo al cello, pantalones parchados, mucho rubio, algunos pecosos, mucho italiano, mucho ruso y bastantes catalanes. Son los anarquistas. Llegan las primeras banderas Rojas: ¡Mueran los burgueses! ¡Guerra a la burguesía! Son los primeros gritos escuchados. Llegan estandartes rojos preferentemente con letras doradas. Son las distintas “asociaciones” anarquistas. A las 2 de la tarde la plaza ya está bien poblada. Hay entusiasmo, se oyen gritos, vivas, cantos y un murmullo que va creciendo como una ola. El momento culminante lo constituye la llegada de la asociación anarquista “Luz al Soldado”. Parece ser la más belicosa. Han llegado por la calle Entre Ríos y según los partes policiales a su paso han roto vidrieras de panaderías que no cerraron sus puertas en adhesión al Día del Trabajo, han bajado a garrotazos a guardas y motoristas de tranvías y han destrozado coches de plaza y soltado los caballos.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Pero falta la otra piedra del yesquero para que se origine la chispa. En avenida de Mayo y Salta se detiene de improvisto un coche. Es el coronel Ramón Falcón, jefe de policía. La masa lo reconoce y ruge: ¡Abajo el coronel Falcón! ¡Mueran los cosacos! ¡Guerra a los burgueses! Las banderas y los estandartes se agitan.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Falcón se yergue. Su rostro impasible mide la masa. No es un gesto de cinismo no de compadrada. En ese momento está calculando las fuerzas enemigas, como un general en la batalla. Falcón es un militar de los de antes, un sacerdote de la disciplina. Severo, impertérrito, incorruptible, “Es un perro”, dirán los subordinados que pertenecen a la categoría de los flojos. Pero lo dirán con miedo. Falcón, en una oportunidad, como única respuesta a un petitorio de suboficiales de policía, los reúne a todos en el patio del departamento central, le arranca las jinetas al cabecilla y lo saca a empujones a la calle para que nunca más vuelva. Así es Falcón. Es viudo, sin hijos, no tiene vicios ni lujos. No habla nunca de sí mismo. Sólo de vez en cuando le gusta decir que él es descendiente de moros y que su apellido tiene dos cualidades guerreras: falcón es una especie de cañón usado antiguamente y a la vez quiere decir halcón.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Ahí está el hombre enjuto, sin carnes, de mirada de halcón frente a esa masa que a su criterio es extranjera, indisciplinada, sin tradiciones, sin orígenes, antiargentina.<br><br></div><div>Los insultos caen sobre el rostro de Falcón como una lluvia fina que apenas moja. Hay oficiales que se muerden los labios de rabia por no poder emprenderla a palos contra la turba. Falcón habla brevemente con Jolly Medrano, jefe del escuadrón de seguridad, y se retira. Minutos después ocurre el choque. Como siempre, las versiones serán contradictorias. La policía dirá que fue atacada por los obreros y los obreros dirán que la represión comenzó sin previo aviso. Pero lo cierto es que el es una de más grandes tragedias de nuestras luchas callejeras. Alguien prende la mecha y dispara un tiro. Se desata el tiroteo. Se lucha a balazo limpio. Ataca la caballería. Los obreros huyen, pero no todos. Hay algunos que no retroceden, ni siquiera buscan el refugio de un árbol. Luchan a cara limpia. Es una época donde muchos son los trabajadores que quieren ser mártires de las ideas.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Después de media hora de pelea brava la plaza queda vacía. El pavimento esta sembrado de gorras, bastones, pañuelos… y 36 charcos de sangre. Son recogidos tres cadáveres y 40 heridos graves. Los muertos son: Miguel Bech, español, de 72 años, domiciliado en Pasco 932, vendedor ambulante; José Silva, español, de 23 años, Santiago del Estero 955, empleado de tienda, y Juan Semino, argentino, de 19 años, peón de albañil. Horas después morirán Luís Pantaleone y Manuel Fernández, español, de 36 años, guarda de tranvía. Los heridos son casi en su totalidad de nacionalidad, española, italiana y rusa.<br><br></div><div>A medida que avanzan las horas se va notando que el paro sólo tiene un éxito parcial. Se suceden los hechos de violencia: motoristas de tranvías con atacados y malheridos y un capataz de la playa de los mataderos es asesinado por los huelguistas. En Cochabamba 3055 es asaltada la fábrica Vasena por un grupo de obreros, pero éstos son rechazados. Cinco mil personas se agrupan frente a ka morgue para reclamar los cadáveres de los anarquistas muertos.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Ante el pedido obrero de que renuncie Falcón, el presidente Figueroa Alcorta responde en forma contundente: “Falcón va a renunciar el 12 de octubre de 1910, cuando yo termine mi período presidencial”.<br><br></div><div>La policía informa que fueron detenidos “nueve rusos nihilistas” y “La prensa” relata en forma patética las declaraciones de la esposa del anarquista Fernández, muerto en Plaza Lorea. Dice Antonia Rey de Fernández que ya hace tres años que se había separado de su esposo debido a las “ideas violentas de éste”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;A medida que pasan los días se va desinflando el paro general. Los anarquistas demuestran que son anarquistas hasta en la organización. Pero eso sí, los políticos y las clase alta y media son sorprendidos por la extraordinaria manifestación de duelo constituida por la columna de 60.000 obreros que acompañan al cementerio los restos de los compañeros caídos<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:04:54 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837080</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837220</link>
         <description><![CDATA[<div>Radowitzky asistió a las reuniones que condenaban la acción de Falcón y la actitud del gobierno que le aseguraba impunidad al comisario, acercándose a los grupos que propiciaban “la propaganda por el hecho”, partidarias de la acción directa y de planificar el “ajusticiamiento” del coronel Falcón.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Tras varios meses de preparativos, todo estaba listo la mañana del 14 de noviembre. El joven Simón salió poco antes de las once de su casa de la calle Andes 394. Tomó el tranvía 17 y descendió en la esquina de Callao y Quintana. Caminó por Quintana hacia el cementerio de la Recoleta y esperó unos minutos. De pronto vio salir un coche Milord. En su interior, el coronel Falcón charlaba con su secretario, Juan Lartigau. La conversación lo tenía tan ensimismado que no advirtió la extrema cercanía de aquel joven vestido de negro, que sin mediar palabras le arrojó un paquete que fue a dar al piso del coche entre sus piernas. Falcón no tuvo tiempo de reaccionar, un terrible estruendo rompió el rodado y lo arrojó junto a su acompañante sobre el empedrado de Quintana. Sus piernas quedaron destrozadas al igual que las de Lartigau. Para cuando llegó la asistencia pública, los dos estaban prácticamente desangrados. Fueron trasladados de urgencia al Hospital Fernández, donde morirían horas después.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Tras arrojar la bomba, Simón Radowitzky corrió por Callao hacia el Bajo, pero fue perseguido por policías y civiles que lo arrinconaron contra una obra en construcción. Al verse acorralado, extrajo un revólver y tras gritar con un inconfundible acento ruso “viva la anarquía”, se disparó un tiro sobre la tetilla izquierda. Los nervios le jugaron una buena pasada y sólo se produjo heridas leves. Tras el disparo sus perseguidores se arrojaron sobre él y lo condujeron casi a la rastra hasta la comisaría 15, donde fue salvajemente torturado en sucesivos interrogatorios. Radowitzky se negó a hablar y sólo decía: “tengo una bomba para cada uno de ustedes” y “viva la anarquía”. Nunca dirá el nombre de los compañeros que colaboraron en el atentado. Con el tiempo se supo que fueron al menos cuatro.&nbsp;<br>&nbsp;<br>&nbsp;Cuando todo indicaba que iba a ser sumariamente condenado a muerte, un tío de Simón, Moisés Radowitzky, de profesión rabino, aportó su partida de nacimiento que determinaba que era menor de edad, lo que evitó el fusilamiento. Se sustanció un proceso de una rapidez inusitada para los tiempos de la justicia argentina y se dictó una sentencia que no registraba antecedentes: se lo condenó a prisión por tiempo indeterminado y a ser sometido a pan y agua durante veinte días cada año al cumplirse los aniversarios del atentado.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:05:34 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837220</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837338</link>
         <description><![CDATA[<div>El dictamen del agente fiscal, doctor Manuel Beltrán, es por demás claro de lo que aquí se quería hacer con el preso. “Simón Radowitzky -dice el fiscal- pertenece a esa casta de ilotas que vegetan en las estepas rusas arrastrando su vida miserable entre las inclemencias de la naturaleza y las esperanzas de una condición inferior”. Y no hay perdón para el extranjero: “En su primera indagatoria el detenido se presentó al juez de Instrucción soberbio, resuelto a resistirse a toda interrogación sobre su identidad personal; se niega a contestar las preguntas que se le dirigen pero, contrastando con ese propósito, se apresura a confesarse autor del hecho que se investiga jactándose de su origen y celebrando que el señor Lartigau haya fallecido también”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Al tosco herrero lo hacen aparecer como un asesino sutil y refinado: “La sangre fría y la altanería con que se expresa demuestran el propósito exhibicionista, la pose del sectario en esta primera confesión, en que el orgullo de la hazaña lucha visiblemente con el temor de la sanción. Por eso se jacta del hecho que no puede negar y oculta, el mismo tiempo, los antecedentes de su persona, creyendo que de este modo podrá dificultar la instrucción”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Y esa es una tremenda contradicción del agente fiscal. Porque Radowitzky está diciendo la verdad: tiene 18 años. Más todavía: reconoce que él solo ha cometido el crimen, encubriendo a un compañero que estuvo en Callao y Quintana a la hora del atentado pero que jamás se podrá determinar su identidad.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Sigue el informe del fiscal: “La fisonomía del asesino tiene caracteres morfológicos que demuestran bien acentuados todos los estigmas del criminal. Desarrollo excesivo de la mandíbula inferior, prominencia de los arcos cigomáticos y superciliares, depresión de la frente, mirada torva, ligera asimetría facial, constituyen los caracteres somáticos que acusan a Radowitzky el tipo de delincuente”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;El fiscal ve en Radowitzky a un criminal nato, como esos que asesinan para robar. No reconoce que es un hijo de la desesperación, nacido en una tierra donde reina la esclavitud y el látigo para el pobre, donde el castigo es terrible para el desobediente al régimen absolutista de los zares. Aunque tiene unas palabras de descargo por el origen racial del preso, lo hace con un profundo desprecio y asco: “Parias de los absolutismos políticos de aquel medio, sometidos a los poderes discrecionales del amo, perseguidos masacrados por la ignorancia y fanatismo de un pueblo que ve en el israelita a un enemigo de la sociedad, emigran al fin, como Radowitzky, después de sufrir condenas por el solo hecho de profesar ideas subversivas”. Está última frase del Dr. Beltrán no concuerda con lo que exige párrafos más adelante. Pide que “a los efectos de la profiliaxis social” los juicios “sean verbales y de rápida aplicación”.<br><br></div><div>Termina su presentación pidiendo la pena de muerte para el anarquista. Sólo se le opone el “pequeño” inconveniente de la edad. Para los menores de edad, las mujeres y los ancianos no hay pena de muerte en la Argentina de aquellos tiempos. Pero el Dr. Beltrán encuentra un método original para encontrarle la vuelta a la dificultad. Hace calcular la edad del preso por “peritos médicos”. Algunos calculan que tiene 20 años de edad, y otros 25. Entonces el fiscal dice: 20 más 25 son 45, la mitad es de 22 y medio. Radowitzky tienen 22 años y medio. Es decir, está maduro para el pelotón.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Con toda tranquilidad dará su dictamen: “Debo manifestar aquí que no obstante ser la primera vez que en el ejercicio de mi cargo se me presenta la oportunidad de solicitar para un delincuente la pena extrema, lo hago sin escrúpulos ni vacilaciones fuera de lugar, con la más firme conciencia de deber cumplido, porque entiendo que nada hay más contraproducente en el orden social y jurídico que las sensiblerías de una filantropía mal entendida”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Y para terminar con los pruritos que pudieran tener los pusilánimes, Beltrán finaliza: “En las consideraciones de la defensa social debemos ver en Radowitzky un elemento inadaptable cuya temibilidad está en razón directa con el delito perpetrado, y que sólo puede inspira la más alta aversión por la ferocidad del cinismo demostrando, hasta el extremo de jactarse hoy mismo de ese crimen y de recordarlo con verdadera fruición”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Todo venía mal para Radowitzky. Nadie quería creer en sus 18 años. La prensa, influida por los sectores poderosos de la población, pedía la pena de muerte. Así estaban las cosas hasta que un buen día apareció en escena un personaje singular, con algo de rabino y ropavejero. Dijo llamarse Moisés Radowitzky y ser el primo del terrorista. Envuelto con papel de estraza en forma de rollito tenía un documento que iba a dar un vuelco de 180 grados al proceso. Era la partida de nacimiento de Simón Radowitzky. Un documento extraño, escrito con caracteres cirílicos.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:06:05 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837338</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837502</link>
         <description><![CDATA[<div>Ese mismo año se decide y se lleva a cabo el traslado del anarquista al penal de Ushuaia. Será la última vez en su vida que pise tierra porteña. Jamás podrá volver a su pieza del conventillo de la calle, Andes 194 (hoy José Evaristo Uriburu) de donde salió aquella mañana de noviembre de 1909 para cometer el atentado.<br> <br> Nos imaginamos lo que debe haber sido un transporte de presos a la Patagonia en 1911. Un guardiacárcel -Martín Chávez- relató muchos años después -en 1947-, en ocasión de levantarse el penal, un trasporte semejante. Parece entresacada de una novela de Dostoiewsky. La serie fue publicada por el diario Clarín en marzo y abril de 1947, transcribimos algunos párrafos:<br> <br> “Hacia dos meses que había sido nombrado para ocupar un puesto de celador en el penal de Ushuaia permaneciendo adscripto al personal de la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, hasta que estuviera en condiciones el transporte “Chaco”, que me llevaría al lejano sur. En esa aburrida espera me consumía en la penitenciaría cuando una tarde fui notificado que tenía cuatro horas para arreglar mi equipaje. A las 18 estuve de vuelta. Media hora más tarde se realizó la acostumbrada formación para el recuento y encierro en las celdas de los reclusos. No veía por ningún lado al contingente que iba a ser trasladado al sur. Una hora más tarde me incorporé a una comisión de empleados y con más de cincuenta guardianes nos internamos en los pabellones. Fuimos abriendo celdas, a las que penetraban dos soldados que sacaban al “candidato” llevándolo rumbo a la Alcaldía. El ruido de las lleves en las fuertes puertas de hierro ponía sobre aviso a todos los “vecinos” que proferían gritos de insulto. Así recorrimos cinco pabellones y al regresar a la Alcaldía, ya estaban allí mis compañeros de viaje: “62 números”, sentados en largos bancos colocados junto a las paredes. Se pasó lista y se les ordeno desnudarse. Si alguno no hacía caso o demorara en cumplirla, los guardianes se les acercaban amenazantes y los “ayudaban” a quitarse la ropa. Sesenta y dos sombras. Sesenta y dos fantasmas quedaron en el gran salón. Dos practicantes de la enfermería revisaron minuciosamente el cuerpo de los viajeros. Ningún contrabando puede pasar, las limas y cualquier otro objeto cortante es peligroso. Vestidos de nuevo, entra en funciones el herrero. Las argollas se cierran en el tobillo y se las une con una barra de hierro de 20 cantímetros de largo, que luego se remacha a golpes de martillo”.<br> <br> “¡Pom, pom, pom!” Resuenan los golpes como si estuvieran remachados ataúdes. En el silencio de la noche esos tres golpes sobre el negro remache suenan como una campana que dobla por la vida de los que ya no son. El alarido del llanto los acompaña.<br> <br> Algunos parecen más fuertes y miran la operación con indiferencia: es porque no conocen lo que son los grillos y caen cuando quieren dar un paso; entonces ellos tam bién sienten los tres golpes del martillo sobre el corazón.<br> <br> “Luego, en un carro celular rumbo al puerto. Allí la vigilancia es más estrechada y dos guardias se responsabilizan del penado entregado a su custodia. En 125 se evadieron 114 penados amotinándose en la bodega del “Buenos Aires”. Nunca se pudo establecer con exactitud cuál fue el penado que logró romper los grillos y luego libertad de ellos a sus demás compañeros. Se atribuye tal hazaña a Brasch, el alemán. Lo cierto es que los 114 penados se amotinaron en la bodega y a golpes de puño se abrieron paso y fugaron. Entonces les era más fácil, no vestían el uniforme a rayas, podían confundirse fácilmente en las calles. Casi todos volvieron a ser detenidos. Desde esa época se toman toda clase de medidas de precaución: guardianes de abundancia y hasta potentes reflectores que iluminan las siluetas de los fantasmas que bajan a la bodega del trasporte que antes del alba, como si tuvieran vergüenza de su carga, pone su proa rumbo a Tierra del Fuego”.<br><br></div><div>“Se nos había informado que para llegar a Ushuaia eran suficientes 15 días de navegación. Nuestro viaje duró 29, en el mes de marzo de ese año. Yo iba con la oficialidad del trasporte y un día bajé al entrepuente a ver a los penados. Jamás olvidaré la impresión que recibí. Aquello era un infierno. Humedad, calor y pústulas. En Bahía Blanca se había detenido la embarcación para cargar carbón que iba depositado en la bodega ubicada debajo del entrepuente donde viajaban los presos. El polvillo del carbón se filtraba imperceptible, persiste, como una maldición sobre los hombres engrillados. Se les pegaba en la cara, lo respiraban, lo escupían, ponía máscaras en los rostros acentuados las orejas.<br> <br> “Fantasmas, espectros, no sé lo que vi. Salí de esa cámara de tortura con el alma dolorida, preguntándome si los directores del penal, si los jueces, si los ministros no tendrían noticias de ese bárbaro suplico. Pero el destino me reservaba comprobación más amarga aún”.<br> <br> “En el puerto de Ushuaia nos esperaba el director del penal, algunos empleados y muchos guardianes, los que tomaron posiciones estratégicas para el desembarco de los penados. Y los espectros salieron al aire libre, a la luz después de 29 días. ¡Cómo salieron! Sucios y enfermos es poco para dar una idea del estado de esos 62 hombres. Flacos, con la barba crecida, llagados los tobillos a causa de los aros de los grillos, cos escoriaciones sangrantes en los muslos, la ropa deshecha como pañuelos o toallas”.<br> <br> “Habían llegado al infierno blanco, mil veces preferible a la bodega de transportes”.<br> <br> Cuando Radowitzky llega al penal de Ushuaia hace ya nueve años que ha sido colocada su piedra fundamental y comenzado a construirse íntegramente por los penados. Ha sido la obsesionada idea del ingeniero Catello Muratgia la que ha hecho realidad al que será famoso penal de reincidentes de Ushuaia. Con muy poco dinero y el trabajo de los condenados se ha ido levantando esa mole de cemento y piedra destinada a mantener bajo custodia a los criminales más feroces y a todos aquellos denominados “reincidentes”, es decir, los que han repetido tres veces hachos delictuosos. Por ello los compañeros de Radowitzky serán no sólo los homicidas sino también los rateritos incorregibles, los estafadores y toda la hez de la sociedad. Pero, por supuesto, en más de una oportunidad, las puertas del penal se abrirán para presos políticos.<br> <br> Los que leen “La casa de los muertos” o “El sepulcro de los vivos” de Dostoiewsky y sufren con el autor los padecimientos de los condenados no sospechan tal vez que en territorio argentino existió un lugar exactamente igual de donde son muy pocos los que salieron con vida o retornaron a la sociedad con sus facultades mentales normales.<br> <br> Pasan muchos años para el ex hombre de Radowitzky. Todos iguales. Cuando se aproxima el 14 de noviembre, los terribles veinte días de calabozo aislado, a pan y agua, con frío húmedo del cemento que penetra en los doloridos huesos. ¿Y la conciencia? ¿Lo ablandan a Radowitzky los interminables castigos, la vida sin sentido junto a todas esas fieras? ¡Si por los menos tuviera algo que leer! Pero desde Buenos Aires lo persigue un chisme inventado por algún jefecito de turno de la penitenciaría. “Radowitzky quiere leer Denle la Biblia” Así es, en Ushuaia también. Cuando Radowitzky quiere aislarse de ese submundo y pide algo de leer, le traen la Biblia. Y todos lo gozan, los carceleros y los penados también.<br><br></div><div>En el capítulo “La sodoma fueguina” el autor acusa al subdirector Palacios de haber hecho cometer delitos sexuales contra Radowitzky y más adelante detalla los castigos a que fue sometido éste por los guardicárceles Alapont, Cabezas y Sampedro: “Estando en el calabozo Simón Radowitzky, desearon los tres experimentar la histérica sensación de ver sufrir a un hombre y se llegaron hasta el encierro del mártir”, de aquel que en aras del ideal sacrificó su vida, de ese hombre generoso y santo; fueron hasta su dolor para acrecentarlo más. Estaba aislado en un calabozo sin aire, luz ni sol, sin comida. ¿Qué había hecho? ¡Nada! Se le castiga siempre por ser quien es, no precisa dar motivos. Estaba debilitado por el ayuno, cuando llegaron los bárbaros a consumar su acción heroica. Lo agredieron por detrás, los taleros le abrieron el cráneo y los puños mancillaron aquella faz sagrada. Corrió la sangre del cautivo, pero no la hicieron brotar como él con valentía en su hecho inolvidable; ellos lo hicieron en montón, armados, contra un hombre desfallecido y sin fuerzas. Lo dejaron tendido en el suelo, agónico, exánime, tras la feroz paliza. Semejaba un cadáver, lívido y tendido en el suelo; entonces al verlo así, Cabezas, el infame, desnudó su arma y le apuñalo un brazo. Con esto se retiró satisfecho y triunfal, a contar la hazaña y a celebrarla con otros tan viles, tan infames como él. Levantar la mano contra un hombre en ese estado, contra un individuo como Radowitzky, es una profanación infame que nunca, ni por nada, podré perdonar, por ello les grito mi reproche en estás líneas; por ello los acuso de viles y cobardes, arrojándoles mi maldición tremenda, mi maldición justiciera”.<br><br></div><div> <br><br></div><div>un guardicárceles de origen español que había servido durante años en el penal de Ushuaia y que le relató diversos aspectos de la vida que hacía Radowitzky allá. Sin proponérselo, el anarquista era un hombre muy peligroso: a él recurrían todos los presos cuando eran castigados a tenían algún problema. Se arreglaban para verlo en el taller o le trasmitían sus cuitas por intermedio de otro penado. Radowitzky siempre escuchaba a todos y era una especie de delegado de los hombres de trajes de rayas. En la primera oportunidad exponía el problema ante el director o ante algún visitante del gobierno. Lo hacía en forma clara y convincente y siempre traía algún problema para las autoridades o los carceleros. Cuando no lograba su propósito organizaba la resistencia por medio de hambre, de brazos caídos o de coros de protesta. Por supuesto venían las represalias y él siempre era la víctima. Aguantaba cualquier castigo y nunca le lograron quebrar el ánimo ni tampoco pidió perdón o misericordia. Era un personaje extraño, dostoievskiano, siempre rodeado de un halo místico y una inconmensurable predisposición para el dolor. Una mezcla de campesino ruso y rabino de ghetto. Eso sí, siempre de buen humor dispuesto a responder cordialmente a cualquier pregunta.<br><br></div><div>En 1925 -7 años después de la fracasada huída- un periodista del diario “La Razón” logra entrevistar a Radowitzky en Ushuaia. Es interesante la descripción que hace el cronista: “Simón Radowitzky es un sujeto de mediana estatura, delgado, frente despejada y alto calvo, quijada prominente, cejijunto y ojos pequeños, vivos. El rostro es pálido y en los pómulos se le observan algunos vetas rojas. Tiene 34 años y hace 16 que está en el presidio, en el que trabajo de todo. Su celda es modelo de limpieza y en ella se ven algunos retratos de familia. Cuando lo vemos se encuentra algo afiebrado y tiene envuelta en el cuello una bufanda de color azul. Es voluntarioso para hablar, casi diríamos locuaz, pero a ratos, por falta de hábito de mantener conversaciones largas, repite lo que ya ha dicho. Es sencillo en sus expresiones y de tanto en tanto de le escapa una palabra en el argot criollo pero lo corrige en seguida y reclama disculpas. Sabe que como ácrata continúa gozando de popularidad y que sus compañeros de ideas han tejido sobre él una corona de mártir, pero dice que tales manifestaciones le molestan y que no mató a Falcón para hacerse célebre sino a impulsos de sus convicciones. En víveres y medicamentos, especialmente tónicos, recibe socorros del grupo de Afinidad”.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:06:58 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837502</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837695</link>
         <description><![CDATA[<div>En enero de 1930 ocurre el naufragio del “Monte Cervantes” en los canales fueguinos. Los náufragos -en gran parte personas de los sectores influyentes de Buenos Aires- son alojados en Ushuaia y los presos demuestran un comportamiento ejemplar al compartir frazadas y comida con el inesperado contingente. El diario “Crítica” envía al Sur a uno de sus mejores cronistas, Eduardo Barbero Sarzabal, con el barco que traerá a los náufragos. El periodista aprovecha las pocas horas en que el buque estará en Ushuaia para dirigirse al penal y allí se las ingenia para conseguir una entrevista que dará lugar a un reportaje que resultará sensacional. Damos la experiencia de Barbero Sarzabal: “este enviado especial consiguió una orden escrita para hablar con los presos. El alcaide interior, señor Kammerath -que actúa hace 20 días-, ordena:<br>&nbsp;<br>&nbsp;– Que venga a la alcaidía el penado 155.<br>&nbsp;<br>&nbsp;A la izquierda del hall de entrada está el despacho del alcaide. La ventana deja pasar débilmente la luz. La máquina fotográfica escondida al entrar en los bolsillos es luego ocultada debajo de la gorra de viaje y puesta encima de un sillón. Solo con el alcaide estaba el representante de “Crítica”. Radowitzky demora en llegar. Hasta que el eco de unos pasos fuertes por un largo corredor de madera que muere en la puerta de la alcaidía anunciaban la llegada. La voz fuerte del carcelero anunció:<br>&nbsp;<br>&nbsp;“– Aquí está el 155 ¿Puede pasar?<br><br></div><div>“– Sí.<br><br></div><div>“Radowitzky, sorprendido, franqueó la puerta, llevando el casquete entre las manos. Y avanzó resuelto, vestido con su traje color cebra, azul y amarillo, con grandes números en el saco y pantalón. El 155. Es de estatura mediana. De gesto enérgico. La cabeza erguida, la cara de rasgos firmes en la que se destacan sus gruesas cejas. El pelo corto, tirando a negro, descubre algunas canas. La frente amplia fuertemente, con grandes entradas. Y al expresársele que es un redactor de Crítica quien desea hablar con el, extiende la mano que aprieta fuertemente. Sonríe más bien escéptico. En breves palabras le dimos la sensación de que era un redactor verdadero de ‘Crítica’ quien hablaba con él”.<br><br></div><div>Hace pocos días, Barbero Sarzabal nos contaba que la palabra mágica para despertar la confianza de Radowitzky fue “le traigo saludos de Apolinario”. Aquel Apolinario Barrera -intendente de “Crítica”- protagonista de su huida en 1918.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Continuemos con el reportaje: “Las palabras de Radowitzky sonaban dentro de la alcaldía como un martillo. Radowitzky impresiona por la sensación de dinamismo hombruno. Cuando habla parece que mascara las palabras. Y ellas salen, breves, concisas, como de un percutor. Sus mandíbulas parecen que fueran de hierro. Es que hay en él, desde cualquier punto de vista que se juzgue su personalidad, un recio espíritu desbordante. Tiene individualidad propia. Dice a ‘Crítica’:<br>&nbsp;<br>&nbsp;”– Me es muy grato poder hablar por su intermedio a los camaradas que se interesan por mí. Yo me hallo relativamente bien. Tengo aún un poco de anemia a pesar que desde un año no me infligen penas. Es que durante los meses de noviembre y diciembre hicimos 20 días de huelga de hambre como protesta por la actuación inhumana de un inspector llamado Juan José Sampedro, quien castigó a causa de un altercado sin importancia a un penado a quien lastimó”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;(Es el mismo Sampedro que propinó la paliza a Radowitzky a principios de 1918.)<br>&nbsp;<br>&nbsp;“La protesta manifestada con la huelga de hambre -continúa el penado- dio resultados. Sampedro está suspendido”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;”El alcaide que escucha la entrevista, asiente. Y agrega Radowitzky:<br>&nbsp;<br>&nbsp;“– No deseo los choques entre obreros, En estos episodios siempre hay un provocador policial que actúa de instrumento. Yo viví intensamente aunque era muy joven, el dolor de la jornada trágica, de la matanza de aquel 1º de mayo que puso tristeza eterna en muchos hogares proletarios. Quise hacer justicia.<br>&nbsp;<br>&nbsp;”A Radowitzky parece torturarle el recuerdo de los sacrificios que por él realizan desde hace cuatro años sus compañeros. Y luego de breve silencio, agrega:<br>&nbsp;<br>&nbsp;“– Sí, diga Ud. a los camaradas trabajadores que no se sacrifiquen por mí. Puede expresar también que me hallo bien… que se preocupen por otros compañeros que sin estar en la cárcel o en ellas, merecen también ayuda, quizá más que yo.<br>&nbsp;<br>&nbsp;“Esta evocación la hace Radowitzky dulcemente, pugnando por hacer áspera la característica recia de su voz y continúa:<br>&nbsp;<br>&nbsp;”– Hace poco recibí 500 pesos.<br>&nbsp;<br>&nbsp;“– Es exacto -subraya el alcaide<br>&nbsp;<br>&nbsp;“–Lo he empleado entre los enfermos del penal. Uno estaba mal del hígado y requería especiales cuidados. El otro, pobrecito, llamado Andrés Baby, está loco. Los cuidados que les hemos propiciado con esta ayuda financiera determinaron la mejoría del primero. Ahora a Baby lo llevarán al hospicio.<br>&nbsp;<br>&nbsp;“–La biblioteca nuestra es pésima. Hacen falta más libros. Los pocos que tenemos los conocemos de memoria de tanto releerlos.<br>&nbsp;<br>&nbsp;“– En Buenos Aires tengo un primo llamado Moisés. Los demás miembros de la familia están en Norteamérica. Me refiero a los que están unidos a mí por lazos de consaguinidad porque a los compañeros trabajadores que sufren la injusticia de la sociedad actual, los considero también muy míos. Yo integro, pese al encierro, la familia proletaria. Mi ideal de redención está siempre latente”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;El enviado de “Crítica” logrará un mensaje por escrito de Radowitzky: “Compañeros trabajadores: aprovecho la gentileza del representante de “Crítica” para enviarles un fraternal saludo desde este lejano lugar donde la fatalidad se ensaña con las víctimas de la sociedad actual”. Luego la firma: la letra despareja, rasgos duros, una escritura torpe. Pero lo sorprendente es el contenido: a pesar de los veinte años de prisión no se le han borrado los conceptos fundamentales de su ideología.<br>&nbsp;<br>&nbsp;El reportaje, dado a toda página tiene amplia repercusión. Ya nadie duda de que Radowitzky tendrá que ser indultado. Los anarquistas no se ahorran medios: a través de las organizaciones hermanas de Estados Unidos logran localizar a los padres de Radowitzky y éstos escriben al presidente Yrigoyen: “Antes de morir -dicen los ancianos- queremos ver a nuestro hijo en libertad”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Las radicales que rodean a Yrigoyen aconsejan que lo indulte dos o tres días antes de las elecciones del 2 de febrero de 1930, de diputados por la capital. Si lo hace es seguro que la mayor parte de los obreros votarán a los radicales. Yrigoyen escucha en silencio. Por otro lado sabe que hay mucha inquietud en el ejército y en la policía por el asunto del indulto. Los días pasan y el presidente no toma ninguna determinación. Llega el dos de febrero y caen derrotados los radicales por los socialistas independientes. Los radicales se desesperan: otra vez el viejo ha dejado pasar una oportunidad.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Pero el “peludo” sabe lo que hace. El tiene buena memoria y se acuerda que en 1916 antes de su primera elección a presidente de la República prometió a una delegación de anarquistas que indultaría a Radowitzky. Y él cumple las promesas. Claro… es un poco lento, han pasado ya 14 años. Ha elegido la oportunidad: nadie le podrá decir nada. Pero ahora comienzan los mismos correligionarios a decirle: “Doctor, ahora convendría indultar a Radowitzky… hay mucha inquietud entre los militares”<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:07:31 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837695</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837851</link>
         <description><![CDATA[<div>El 14 de mayo de 1930 llega a la rada del puerto de Buenos Aires el transporte nacional de la armada “Vicente Fidel López”. A su bordo está simón Radowitzky. El capitán espera órdenes de Buenos Aires. Están a la altura del kilómetro 40. Las luces de Buenos Aires se aprietan en el horizonte. Y de allí viene avanzando otra luz. Es el remolcador “Mediador”. A su bordo viajan el oficial Carlos Armendáriz y los marineros Alejandro Corbalán e Ireneo Ojeda, de la prefectura. Radowitzky he pedido ser desembarcado en Buenos Aires pero se da cuenta de que algo extraño ocurre. El oficial sube a bordo y habla con el capitán. Luego llaman a Radowitzky. Le dicen que tendrá que embarcarse en el “Mediador”. Radowitzky insiste: quiere ir a Buenos Aires a fin de visitar a sus amigos y compañeros. El oficial le dice que no podrá desembarcar en Buenos Aires y que tiene órdenes de llevarlo a Montevideo. Pero aquí hay otra jugada de mala fe contra el ex penado. No le han dado documentos. El director del penal de Ushuaia los pidió a la policía de la Capital. La policía contestó con una carta burocrática. Pero había la consigna de ignorarlo. Para la policía argentina el señor Radowitzky no existe: murió en 1909 porque debió ser fusilado.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Mientras Radowitzky viajaba desde Ushuaia al Río de la plata su nombre había originado un tremendo conflicto en la sociedad Uruguaya. La prensa ataca y defiende al anarquista, igual que la opinión pública. El diario “La Mañana” escribe que “los argentinos nos mandan de regalo al indeseable porque no saben qué hacer con él, y nosotros los uruguayos tenemos que prestarnos a resolver sus problemas”. Los sectores de derecha presionan al presidente Campisteguy para que haga uso de su facultad del artículo 79 de la Constitución y no acepte al viajero. Pero el Uruguay tiene toda una tradición. “La tierra más libre del mundo”, señala “El País” del 14 de mayo. “Sagrario del derecho de asilo”. Y el Dr. Campisteguy, espíritu liberal, cristiano y bondadoso, señala que Radowitzky podrá desembarcar en “tierra charrúa”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Antes de dejar el “Vicente Fidel López” y embarcar en el remolcador “Mediador”, Radowitzky solicita se le conceda un minuta de tiempo para “lavarse las manos”, pues el aseo en el trasporte no podía mantenerse mucho tiempo por el humo que lo ennegrece todo.<br>&nbsp;<br>&nbsp;El “Mediador” está en alerta y cuando a las 23:30 ve deslizarse como un collar de luces por medio del Río enfila hacia Buenos Aires. Es la “Ciudad de Buenos Aires”, vapor de la carrera a Montevideo. En el kilómetro 29 las dos embarcaciones se juntan y asciende Radowitzky al paquete junto con los tres hombres de la prefectura. Casi todo el pasaje se ha ido a dormir, pero quedan algunos hombres curiosos en la cubierta. Cuando sube Radowitzky le dan la mano y le hacen preguntas. El desterrado saluda a todos y contesta con cortesía hasta que el comisario de a bordo le comunica que tendrá que sacar el pasaje. Ante tal ridícula imposición, Radowitzky no protesta, al contrario saca de su bolsillo el dinero -proveniente del último envió de sus compañeros de Buenos Aires- y saca de tercera clase. Se disculpa ante quienes lo rodean y se dirige a la estación de radio donde envía dos telegramas: uno al capitán y tripulación del “Vicente Fidel López” agradeciéndoles el trato y otro a Montevideo, al anarquista Capurro, señalando la hora de llegada.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Los pasajeros que acaban de hablar con Radowitzky se miran un poco decepcionados: ¿Y éste es Radowitzky? Se lo han imaginado con lago demoníaco, tenebroso, un personaje de terrible mirada y gesto demoledor. Y la verdad es que sólo se trata de un hombre tosco, con manos y cara de albañil, que sonríe, pide disculpas y responde amablemente.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Pero los pasajeros no serán los únicos decepcionados…<br>&nbsp;<br>&nbsp;El “Ciudad de Buenos Aires” atraca en Montevideo. Allí están: cerca de cien compañeros que han podido ser avisados de su llegada. Entre ellos hay gente de Buenos Aires: Berenguer, de “La Protesta”, Eusebio Borazo que estuvo también en Ushuaia, Cotelo y otros. Hay piquetes de agentes policiales a pie y acaballo.<br><br></div><div>Simón Radowitzky pisa tierra uruguaya. Él, ahí, con su sombrero orión, es rodeado por un mar de hombres con gorra, pañuelo al cuello y alpargatas. El cuadro es un poquito desigual. El hombre mito, el mártir, el vengador, estaba allí, de cuerpo entero. Sonreía, agradecía con gestos torpes. Luego, las primeras declaraciones periodísticas, el primer error: dice que quedará unos días en Uruguay y luego viajara a Rusia. ¿A Rusia? Los dirigentes anarquistas se miran. ¿Es que acaso no conoce la masacre de los marineros anarquistas de Kronstadt? ¿Ignora que los anarquistas son calificados de enemigos del Estado?<br>&nbsp;<br>&nbsp;Es que Radowitzky sale de la cárcel con su intención ingenua de conversar con todos los dirigentes del proletariado y unirlos. No sabe que entre socialistas, comunistas, trotzkystas y anarquistas hay mucha sangre y mucho odio de por medio y que ya es algo que nadie podrá unir. Siguen las preguntas y a todo Radowitzky responde con diligencia. Hasta que, con sonrisas, pero con decisión es llevado por los altos jefes anarquistas hasta un taxi. Y de allí, a las casa de la calle Justicia 2058. El taxi parte. Radowitzky sigue saludando con la mano a los obreros que lo aplauden.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Ha comenzado a desinflarse el mito: comienza a volver a la vida del hombre, el obrero, el autodidacta limitado por 21 años de encierro. Ironías de la vida, ahora Radowitzky vive en la calle Justicia y allí van los periodistas a entrevistarlos. Pero claro, sus temas de conversación son muy limitados. Le brillan los ojos al relatar el día en que se conoció el indulto en Ushuaia. Hubo gran algarabía entre los presos; todavía se quedó siete días entre ellos -como quien permanece en su casa- a la espera del trasporte de la Marina. Al salir del penal y bajar los escalones de la pequeña escalinata lo esperaban más de cincuenta marineros de cuatro avisos de la Armada que estaban en Ushuaia. Lo felicitaron y armaron un poco de alboroto, tanto que el comisario creyó que se trataba de una sublevación cuando vio que se aproximaba Radowitzky a la comisaría rodeado de marinos. Radowitzky tiene a demás sensibles palabras sobre los niños de Ushuaia. ¡Claro, había estado 21 años sin ver rostros infantiles!<br>&nbsp;<br>&nbsp;Pero en los diálogos con los periodistas y curiosos con el ex penado vuelve siempre al penal y repite: “La separación de mis compañeros de infortunio fue muy dolorosa”. No habla mucho sobre sus sufrimientos pero se le ensombrece el rostro cuando recuerda el período del administrador Juarr José Piccini. “Me hacia despertar cada media hora poniéndome la linterna en la cara. El invierno es horroroso. El edificio, hecho con cemento armado, es extremadamente frío. Solo teníamos dos frazadas como abrigo”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Sobre su libertad tiene una frase escrita que saca del bolsillo y la lee: “Mi libertad la ha hecho el proletariado universal y el Dr. Yrigoyen al firmarla ha hecho un acto de justicia que el pueblo reclamo”.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Pasadas las primeras horas de curiosidad. Radowitzky sufrió un período de agobiamiento y nerviosidad. El tránsito y el bullicio lo asustan. Se siente indefenso ante la vida como un monje que después de veinte años de convento lo trasplantan al centro de una ciudad. Pero se fue adaptando y, en vez de aislarse, encontró poco a poco el ritmo de la nueva vida.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Terminados los agasajos a Radowitzky se le buscó un trabajo. No podía ser otro que el de mecánico. Trababa liviano porque sus pulmones no le permitían mucho esfuerzo. Así pasaron varios meses. Pero el cambio de clima desmejoró notablemente la salud del anarquista. Por eso, sus amigos resolvieron que hiciera trabajos aún más livianos. Esos trabajos “livianos” serán los que luego darán pábulo a la policía para sospechar e intervenir. Radowitzky hará varios viajes a Brasil. “Para descansar y distraerse”, dirán sus amigos anarquistas. Para llevar mensajes y coordinar acciones, dirá la policía.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:08:15 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255837851</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255838007</link>
         <description><![CDATA[<div>El desafío de Francisco Franco el 18 de julio de 1936 a la República Española es tomado por los anarquistas de todo el mundo como una cuestión de honor, de vida o muerte. Y todos hicieron la larga marcha: Madrid será el lugar de la cita. Y entre ese grupo de hombres venido de Argentina, Brasil y Uruguay que como único bagaje traen la decisión y coraje está Simón Radowitzky. Vienen a dar la vida, a enfrentar esta vez cara a cara a sus enemigos. El ex penado de Ushuaia, prestará valioso trabajo en los servicios de ayuda a las tropas anarquistas en los diferentes frentes. Estaba casi siempre en Madrid, adscrito al comando anarcosindicalista. Radowitzky cree que la guerra civil española ha convertido en realidad su viejo sueño de ver juntos a todos los hombres de izquierda. Hasta que en 1939 es testigo de una lacerante verdad: en Madrid, en Valencia y en Barcelona comienzan los fusilamientos de anarquistas. Pero no son los rebeldes de Franco. Son los propios comunistas que “para evitar indisciplinas” y forzar el comando único en sus manos eliminan sin piedad a todo aquel que tenga olor a anarquista. Centenares de muchachos y hombres curtidos en todas las luchas son obligados a cavar su propia tumba y luego son fusilados por sus propios aliados. Así, sin juicio previo. Esos no dan ninguna oportunidad, Radowitzky más de una vez debe haber pensado que la burguesía por lo menos le dio la oportunidad de un juicio, la presentación de una partida de nacimiento, y que un presidente calificado de caduco, débil, irresoluto, le dio el indulto contra todos y a pesar de todos.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Al terminar la guerra son muy pocos los anarquistas que quedan. Apenas un grupito logra pasar los Pirineos, llegar a Francia y embarcarse luego a Méjico. Simón Radowitzky seguirá incansable a su estrella, a su idea. Pero eso idea ya sólo le da para vivir de recuerdos y para editar revistas de pequeña circulación. En Méjico tendrá lugar para hacer periódicos viajes a Estados unidos y visitar a sus parientes y a la vez intercambiar impresiones con organizaciones anarquistas de ese país. En Méjico, el poeta uruguayo Ángel Faco lo empleará en el consulado donde era titular. Radowitzky cambiará de apellido y se llamará simplemente José Guzmán y compartirá su pieza de pensión con una mujer, la única que se le conoció en su vida.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:08:53 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255838007</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255838110</link>
         <description><![CDATA[<div>Al terminar la guerra son muy pocos los anarquistas que quedan. Apenas un grupito logra pasar los Pirineos, llegar a Francia y embarcarse luego a Méjico. Simón Radowitzky seguirá incansable a su estrella, a su idea. Pero eso idea ya sólo le da para vivir de recuerdos y para editar revistas de pequeña circulación. En Méjico tendrá lugar para hacer periódicos viajes a Estados unidos y visitar a sus parientes y a la vez intercambiar impresiones con organizaciones anarquistas de ese país. En Méjico, el poeta uruguayo Ángel Faco lo empleará en el consulado donde era titular. Radowitzky cambiará de apellido y se llamará simplemente José Guzmán y compartirá su pieza de pensión con una mujer, la única que se le conoció en su vida.<br>&nbsp;En México pedirá trabajar en una fábrica de juguetes para niños. Así transcurrirán los últimos dieciséis años de su vida entre el trabajo y las charlas y conferencias que daba a sus compañeros de ideas.&nbsp; Siempre sostuvo, hasta el fin, que la gran revolución humana sólo la podía hacer el socialismo libertario, hasta lograr la paz eterna y la igualdad entre los pueblos.&nbsp;<br>&nbsp;Así fueron deslizándose sus 16 últimos años: entre el trabajo, las charlas y conferencias con los compañeros de ideas, y su hogar. Hasta que el 4 de marzo de 1956 -tenía 65 años de edad- cayó fulminado por un ataque cardíaco; murió sin darse cuenta. Sus amigos le pagaron una sepultura sencilla.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Tal vez al morir, cerró ese capítulo tan extraño y a veces tan inexplicable de los anarquistas que buscan conmocionar a la sociedad con bombazos indiscriminados. Y tan extraño es que todavía hay su nombre es execrado -principalmente en la policía, cuya escuela de cadetes se denomina precisamente Ramón L Falcón- y venerado por los pocos que todavía se sientes solidarios con el ideario anarquista.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Cosa extraño. Simón Radowitzky es de esas apariciones que muestran la contradictoria que es la vida, el ser humano, la razón misma de ser.<br>&nbsp;<br>&nbsp;Mató por idealismo ¡Qué dos contraposiciones! Lo malo y lo bueno, lo cobarde y lo heroico. El brazo artero, movido por una mente pura y bella.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-26 21:09:25 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255838110</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255839619</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="http://www.revistasudestada.com.ar/articulo/667/simon-radowitzky-un-mito-anarquista/" />
         <pubDate>2018-04-26 21:18:00 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255839619</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255934935</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Simón Radowitzky</strong> (en ucraniano,&nbsp; Stepánivtsi (hoy en la óblast de Dnipropetrovsk), Nueva Rusia, Imperio ruso, 10 de septiembre o 10 de noviembre de 1891 – México, D. F., 29 de febrero de 1956) fue un militante obrero anarquista ucranio-argentino de origen judío.&nbsp;<br><br></div><div>Radowitzky procedía de una familia obrera de origen judío. Creció en la ciudad de Ekaterinoslav, en la región de Nueva Rusia, donde la familia se había trasladado para posibilitar a los niños el acceso a la educación primaria. Abandonó los estudios a los 10 años para iniciar su aprendizaje como herrero; la hija de su maestro fue quien lo inició en el anarquismo. Cuatro años más tarde, ingresó como jornalero en una metalúrgica; en una manifestación reclamando una reducción en la jornada laboral, fue herido por un sable cosaco, que lo confinó en cama durante seis meses. Tras la convalecencia, fue sentenciado a cuatro meses de prisión por repartir prensa obrerista.<br><br></div><div>Fue segundo secretario del sóviet de la fábrica en la que trabajaba cuando los eventos de la revolución rusa de 1905. Tras la represión zarista, debió exiliarse en Argentina para no ser condenado a prisión en Siberia.<br><br></div><div>Llegó a la Argentina en marzo de 1908; se afincó en Campana, donde trabajó de obrero mecánico en los talleres del Ferrocarril Central Argentino. Mantuvo estrechos contactos con la creciente comunidad anarquista local, leyendo <em>La Protesta</em>, el periódico de la Federación Obrera Regional Argentina; a través de la Federación, entró en contacto con un grupo de intelectuales anarcosindicalistas de origen ruso, entre los que se contaban Pablo Karaschin autor de un atentado en ocasión del funeral de Carlos de Borbón— José Buwitz, Iván Mijin, Andrés Ragapeloff, Máximo Sagarín y Moisés Scutz. Se trasladó a Buenos Aires, donde residiría con algunos de estos mientras ejercía como herrero y mecánico.<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2018-04-27 09:03:37 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255934935</guid>
      </item>
      <item>
         <title>LOMBROSO Y LA CRIMONOLOGIA </title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255938330</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="https://www.youtube.com/watch?v=_1Jtu-NAg6c" />
         <pubDate>2018-04-27 09:21:46 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255938330</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Vigilar y Castigar</title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255939361</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="https://www.youtube.com/watch?v=j92hSpoG8Ho" />
         <pubDate>2018-04-27 09:26:31 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255939361</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255942868</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="https://padlet-uploads.storage.googleapis.com/224536952/3ca4739b536277a3b0e2ae6a3890341d/falcon.jpg" />
         <pubDate>2018-04-27 09:45:16 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/255942868</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>martinbalderrama84</author>
         <link>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/258214228</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
         <enclosure url="https://www.youtube.com/watch?v=oLBYJJONvGY" />
         <pubDate>2018-05-05 11:56:02 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/martinbalderrama84/ixlr4ilr2221/wish/258214228</guid>
      </item>
   </channel>
</rss>
