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      <title>Maratón de lectura by EL TRASSTERO</title>
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      <description>En el comienzo era...</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-05-11 07:20:17 UTC</pubDate>
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         <title>ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2397902189</link>
         <description><![CDATA[<div>LAS AVENTURAS DE ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS<br>Lewis Carroll<br>Capítulo 1 - EN LA MADRIGUERA DEL CONEJO<br>Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había  echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia.<br>Así pues, estaba pensando (y pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados. No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!» (Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera debido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural del mundo). Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras<br>el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-11-25 11:54:21 UTC</pubDate>
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         <title>DOS PALABRAS</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2667209314</link>
         <description><![CDATA[<div>DOS PALABRAS<br>PRIMERO DE LOS CUENTOS DE EVA LUNA<br>Isabel Allende<br>Tenía el nombre de Belisa Crepusculario, pero no por fe de bautismo o acierto de su madre, sino porque ella misma lo buscó hasta encontrarlo y se vistió con él.<br>Su oficio era vender palabras. Recorría el país, desde las regiones más altas y frías hasta las costas calientes, instalándose en las ferias y en los mercados, donde montaba<br>cuatro palos con un toldo de lienzo bajo el cual se protegía del  Sol y de la lluvia para atender a su clientela.<br>No necesitaba pregonar su mercadería porque de tanto caminar por aquí y por allá, todos la conocían. Había quienes la aguardaban de un año para otro, y cuando aparecía por la aldea con su atado bajo el brazo hacían cola frente a su tenderete.<br>Vendía a precios justos. Por cinco centavos entregaba versos de memoria, por siete mejoraba la calidad de los sueños, por nueve escribía cartas de enamorados, por doce<br>inventaba insultos para enemigos irreconciliables. También vendía cuentos, pero no eran cuentos<br>de fantasía, sino largas historias verdaderas que recitaba de corrido, sin saltarse nada. Así llevaba las nuevas de un pueblo a otro. La gente le pagaba por agregar una o dos líneas: nació un niño, murió fulano, se casaron nuestros hijos, se quemaron las cosechas.<br>En cada lugar se juntaba una pequeña multitud a su alrededor para oírla cuando comenzaba a hablar y así se enteraban de las vidas de otros, de los parientes lejanos,<br>de los pormenores de la Guerra Civil.<br>A quien le comprara cincuenta centavos, ella le regalaba una palabra secreta para espantar la melancolía. No era la misma para todos, por supuesto, porque eso habría sido un engaño colectivo. Cada uno recibía la suya con certeza de que nadie más la empleaba para ese fin en el universo y más allá.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-21 06:35:29 UTC</pubDate>
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         <title>CIEN AÑOS DE SOLEDAD</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668497905</link>
         <description><![CDATA[<div>CIEN AÑOS DE SOLEDAD<br>Gabriel García Márquez<br>Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.<br>Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.<br>Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos.<br>Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquíades, hizo una truculenta demostración pública de lo que él mismo llamaba la octava maravilla de los sabios<br>alquimistas de Macedonia.<br>Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás<br>de los fierros mágicos de Melquíades. «Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima».</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:25:55 UTC</pubDate>
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         <title>EL PRINCIPITO</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668500963</link>
         <description><![CDATA[<div>EL PRINCIPITO<br>Primer capítulo<br>Cuando tenía seis años, vi una vez una imagen magnífica en un libro sobre la Selva Virgen que se llamaba "Historias Vividas".<br>Representaba una serpiente boa que tragaba una fiera. He aquí la copia del dibujo.<br>En el libro decía: "Las serpientes boas tragan a su presa entera, sin masticarla. Luego no pueden moverse más y duermen durante los seis meses de su digestión".<br>Reflexioné mucho sobre las aventuras de la jungla y, por mi parte, logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Mi dibujo número 1. Era así:<br>Mostré mi obra maestra a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.<br>Me contestaron: "Por qué un sombrero podría dar miedo?"<br>Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una<br>serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa, para que las personas mayores pudieran comprender. Siempre necesitan explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:<br>Las personas mayores me aconsejaron dejar de lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas, e interesarme en cambio en geografía, historia, matemática y gramática. Es así como abandoné, a la edad de seis años, una magnífica carrera de pintor. Había sido desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y de mi dibujo número 2. Las personas mayores no entienden nunca nada por sí mismas, y es cansador, para los niños, darles una y otra vez<br>explicaciones.<br><br>LE PETIT PRINCE<br>Premier chapitre<br>Lorsque j’avais six ans j’ai vu, une fois, une magnifique image,<br>dans un livre sur la Forêt Vierge qui s’appelait « Histoires Vécues ».<br>Ça représentait un serpent boa qui avalait un fauve. Voilà la copiedu dessin.<br>On disait dans le livre : « Les serpents boas avalent leur proie toutentière, sans la mâcher. Ensuite ils ne peuvent plus bouger et ilsdorment pendant les six mois de leur digestion. »<br>J’ai alors beaucoup réfléchi sur les aventures de la jungle et, à mon tour, j’ai réussi, avec un crayon de couleur, à tracer mon premier dessin. Mon dessin numéro 1. Il était comme ça :<br>J’ai montré mon chef-d’œuvre aux grandes personnes et je leur ai demandé si mon dessin leur faisait peur.<br>Elles m’ont répondu : « Pourquoi un chapeau ferait-il peur ? »<br>Mon dessin ne représentait pas un chapeau. Il représentait un<br>serpent boa qui digérait un éléphant. J’ai alors dessiné l’intérieur du serpent boa, afin que les grandes personnes puissent comprendre.<br>Elles ont toujours besoin d’explications. Mon dessin numéro 2 était comme ça :<br>Les grandes personnes m’ont conseillé de laisser de côté les dessins de serpents boas ouverts ou fermés, et de m’intéresser plutôt à la géographie, à l’histoire, au calcul et à la grammaire. C’est ainsi que j’ai abandonné, à l’âge de six ans, une magnifique carrière de peintre. J’avais été découragé par l’insuccès de mon dessin numéro 1 et de mon dessin numéro 2. Les grandes personnes ne comprennent jamais rien toutes seules, et c’est fatigant, pour les enfants, de toujours et toujours leur donner des explications.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:28:43 UTC</pubDate>
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         <title>MANOLITO GAFOTAS</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668503263</link>
         <description><![CDATA[<div>MANOLITO GAFOTAS<br>Elvira Lindo<br>Me llamo Manolito García Moreno, pero si tú entras a mi barrio y le preguntas al primer tío que pase:<br>—Oiga, por favor, ¿Manolito García Moreno?<br>El tío, una de dos, o se encoge de hombros o te suelta:<br>—Oiga, y a mí qué me cuenta.<br>Porque por Manolito García Moreno no me conoce ni el Orejones López, que es mi mejor amigo, aunque algunas veces sea un cochino y un traidor y otras, un cochino traidor, así, todo junto y con todas sus letras, pero es mi mejor amigo y mola un pegote. En Carabanchel, que es mi barrio, por si no te lo había dicho, todo el mundo me conoce por Manolito Gafotas. Todo el mundo que me conoce, claro. Los que no me conocen no saben ni que llevo gafas desde que tenía cinco años. Ahora, que ellos se lo pierden.<br>Me pusieron Manolito por el camión de mi padre y al camión le<br>pusieron Manolito por mi padre, que se llama Manolo. A mi padre le pusieron Manolo por su padre, y así hasta el principio de los tiempos. O sea, que por si no lo sabe Steven Spielberg, el primer dinosaurio Velociraptor se llamaba Manolo, y así hasta nuestros días. Hasta el ú ltimo Manolito García, que soy yo, el ú ltimo mono.<br>Así es como me llama mi madre en algunos momentos cruciales, y no me llama así porque sea una investigadora de los orígenes de la humanidad.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:31:05 UTC</pubDate>
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         <title>LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668506616</link>
         <description><![CDATA[<div>LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE<br>Camilo José Cela<br>Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para<br>serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al<br>nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se<br>complace en variarnos como si fuésemos de cera y en<br>destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.<br>Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino<br>de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el<br>camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos gozan de<br>un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la<br>cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la<br>llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse.<br>Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol<br>y colonia, y hacerlo con tatuajes que nadie ha de borrar ya.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:34:23 UTC</pubDate>
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         <title>EL CAPITÁN ALATRISTE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668507699</link>
         <description><![CDATA[<div>CAPITÁN ALATRISTE<br>Pérez-Reverte<br>No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era<br>un hombre valiente. Se llamaba Diego Alatriste y Tenorio,<br>y había luchado como soldado de los tercios viejos en las<br>guerras de Flandes. Cuando lo conocí malvivía en Madrid,<br>alquilándose por cuatro maravedís en trabajos de poco<br>lustre, a menudo en calidad de espadachín por cuenta de<br>otros que no tenían la destreza o los arrestos para<br>solventar sus propias querellas. Ya saben: un marido<br>cornudo por aquí, un pleito o una herencia dudosa por allá,<br>deudas de juego pagadas a medias y algunos etcéteras<br>más. Ahora es fácil criticar eso; pero en aquellos tiempos<br>la capital de las Españas era un lugar donde la vida había<br>que buscársela a salto de mata, en una esquina, entre el<br>brillo de dos aceros. En todo esto Diego Alatriste se<br>desempeñaba con holgura. Tenía mucha destreza a la hora<br>de tirar de espada, y manejaba mejor, con el disimulo de<br>la zurda, esa daga estrecha y larga llamada por algunos<br>vizcaína, con que los reñidores profesionales se ayudaban<br>a menudo. Una de cal y otra de vizcaína, solía decirse. El<br>adversario estaba ocupado largando y parando estocadas<br>con fina esgrima, y de pronto le venía por abajo, a las<br>tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no<br>daba tiempo ni a pedir confesión. Sí. Ya he dicho a<br>vuestras mercedes que eran años duros.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:35:39 UTC</pubDate>
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         <title>DON QUIJOTE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668512191</link>
         <description><![CDATA[<div>EL QUIJOTE<br>Miguel de Cervantes<br>En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo' de los de lanza en astillero', adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón' las más noches, duelos y quebrantos, los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los<br>domingos, consumían las tres partes' de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte', calzas de velludo' para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellod' de lo más fino. Tenía en su casa una ama' que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte", y un mozo" de campe y plaza, que asl ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años: era de complexión recia", seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que" tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quejana.<br>Es pues de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba'" a leer libros de caballerías con tanta afición" y gusto, que olvidó casi de todo punto" el ejercicio de la caza, y aun la adminis- tración de.su hacienda"; y llegó a tanto su curiosidad y desatino" en esto, que vendió muchas hanegas" de tierra de sembradura" para comprar libros de caballerías que leer", y así llevó a su casa todos cuantos pudo haber" dellos.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:38:30 UTC</pubDate>
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         <title>LAZARILLO DE TORMES</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668514548</link>
         <description><![CDATA[<div>EL LAZARILLO DE TORMES<br>Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman<br>Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez,<br>naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomole el parto y pariome allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río.<br>Pues siendo yo niño de ocho años achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso, y confesó y no negó, y padeció persecución por justicia. Espero en Dios que está en la Gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre, que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue, y con su señor, como leal criado, feneció su vida.<br>Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó<br>arrimarse a los buenos, por ser uno de ellos, y vínose a vivir a la<br>ciudad y alquiló una casilla, y metíase a guisar de comer a ciertos<br>estudiantes y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del<br>Comendador de la Magdalena, de manera que fue frecuentando las<br>caballerizas.<br>Ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban<br>vinieron en conocimiento. É ste algunas noches se venía a nuestra<br>casa y se iba a la mañana. Otras veces, de día llegaba a la puerta,<br>en achaque de comprar huevos, y entrábase en casa. Yo, al<br>principio de su entrada, pesábame con él y habíale miedo, viendo el<br>color y mal gesto que tenía, mas de que vi que su venida mejoraba<br>el comer fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos<br>de carne y en el invierno leños, a que nos calentábamos</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:41:07 UTC</pubDate>
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         <title>LA CELESTINA</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>LA CELESTINA<br>Fernando de Rojas<br>Entrando Calisto en una huerta en pos de un halcón suyo, halló allí a Melibea, de cuyo amor preso, comenzole de hablar. De la cual rigorosamente despedido, fue para su casa muy angustiado. Habló con un criado suyo llamado Sempronio, el cual, después de muchas razones, le enderezó a una vieja llamada Celestina, en cuya casa tenía el mismo criado una enamorada llamada Elicia. La cual, viniendo Sempronio a casa de Celestina con el negocio de su amo, tenía a otro consigo, llamado Crito, al cual escondieron. Entretanto que Sempronio está negociando con Celestina, Calisto está razonando con otro criado suyo, por nombre Pármeno. El cual razonamiento dura hasta que llega Sempronio y Celestina a casa de<br>Calisto. Pármeno fue conocido de Celestina, la cual mucho le dice de los hechos y conocimiento de su madre, induciéndole a amor y concordia de Sempronio.<br><br>CALISTO.- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.<br>MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?<br>CALISTO.- En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase y hacer a mí, inmérito, tanta merced que verte alcanzase y en tan conveniente lugar que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar tengo yo a Dios ofrecido, ni otro poder mi voluntad humana puede cumplir. ¿Quién vio en esta vida cuerpo glorificado de ningú n hombre como ahora el mío? Por cierto los gloriosos santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Más ¡oh triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza y yo me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:44:53 UTC</pubDate>
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         <title>LA HISTORIA INTERMINABLE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>LA HISTORIA INTERMINABLE<br>Michael Ende<br>Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden<br>comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa... o de la botella.<br>Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algú n lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay. La pasión de<br>Bastián Baltasar Bux eran los libros. Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado...<br>Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito...<br>Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas<br>amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que<br>decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:47:12 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>EL CAMINO</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>EL CAMINO<br>Miguel Delibes<br>Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba...<br>Su padre entendía que esto era progresar; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente. El que él estudiase el Bachillerato en la ciudad podía ser, a la larga, efectivamente, un progreso. Ramón, el hijo del boticario, estudiaba ya para abogado en la ciudad, y cuando les visitaba, durante las vacaciones, venía empingorotado como un pavo real y les miraba a todos por encima del hombro; incluso al salir de misa los domingos y fiestas de guardar, se permitía corregir las palabras que don José, el cura, que era un gran santo, pronunciara desde el pú lpito. Si esto era progresar, el<br>marcharse a la ciudad a iniciar el Bachillerato, constituía, sin duda, la base de este progreso.<br>Pero a Daniel, el Mochuelo, le bullían muchas dudas en la cabeza a este respecto. É l creía saber cuanto puede saber un hombre. Leía de corrido, escribía para entenderse y conocía y sabía aplicar las cuatro reglas. Bien mirado, pocas cosas más cabían en un cerebro normalmente desarrollado. No obstante, en la ciudad, los estudios de Bachillerato constaban, segú n decían, de siete años y, después, los estudios superiores, en la Universidad, de otros tantos años, por Lo menos. ¿Podría existir algo en el mundo cuyo conocimiento exigiera catorce años de esfuerzo, tres más de los que ahora contaba Daniel? Seguramente, en la ciudad se pierde mucho el tiempo —pensaba el Mochuelo— y, a fin de cuentas, habrá quien, al<br>cabo de catorce años de estudio, no acierte a distinguir un rendajo de un jilguero o una boñiga de un cagajón. La vida era así de rara, absurda y caprichosa. El caso era trabajar y afanarse en las cosas inútiles o poco prácticas.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:50:09 UTC</pubDate>
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         <title>EL SEÑOR PRESIDENTE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>EL SEÑOR PRESIDENTE<br>Miguel Ángel Asturias<br>...¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como<br>zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz.<br>¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la<br>podredumbre! ¡Alumbra, lumbre de alumbre, sobre la<br>podredumbre, Luzbel de piedralumbre! ¡Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre..., alumbre..., alumbra..., alumbra, lumbre de<br>alumbre..., alumbre..., alumbra..., alumbra, lumbre de alumbre..., alumbra, alumbre...!<br>Los pordioseros se arrastraban por las cocinas del mercado,<br>perdidos en la sombra de la Catedral helada, de paso hacia la Plaza de Armas, a lo largo de calles tan anchas como mares, en la ciudad que se iba quedando atrás íngrima y sola.<br>La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se<br>juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo comú n que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse, rabiosos, se mordían. Ni almohada ni confianza halló jamás esta familia de parientes del basurero. Se acostaban separados, sin desvestirse, y dormían como ladrones, con la cabeza en el costal de sus riquezas: desperdicios de carne, zapatos rotos, cabos de candela, puños de arroz cocido envueltos en periódicos<br>viejos, naranjas y guineos pasados. En las gradas del Portal se les veía, vueltos a la pared, contar el dinero, morder las monedas de níquel para saber si eran falsas,<br>hablar a solas, pasar revista a las provisiones de boca y de guerra, que de guerra andaban en la calle armados de piedras y escapularios, y engullirse a escondidas cachos de pan en seco.<br>Nunca se supo que se socorrieran entre ellos; avaros de sus<br>desperdicios, como todo mendigo, preferían darlos a los perros antes que a sus compañeros de infortunio.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:52:26 UTC</pubDate>
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         <title>EL DÍA QUE SE PERDIÓ EL AMOR</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668526639</link>
         <description><![CDATA[<div>EL DÍA QUE SE PERDIÓ EL AMOR<br>Javier Cordura<br>Esta es la segunda vez que escribo a escondidas. Casi no sé qué contar. Supongo que es por el miedo a que me descubran. En mi defensa diré que quizá los sueños estén ocupando gran parte de mi vida. Temo que sean cada vez más frecuentes y que llegue el día en que mi coherencia, mi manera de ser o mi cordura desaparezcan. Entonces me arrepentiré, cuando vuelva a abrir este diario en busca de respuestas, de encontrarlo vacío y me quedaré atrapada en el limbo de la indiferencia.<br>He contado las hojas que tengo disponibles, doce, y me parecen pocas para tanto que contar, para un montón de sensaciones y mucho sufrimiento. Seguramente llegue un día en que me falten páginas en mitad de mi historia. Intentaré concretar y ser constante, pero te aventuro, querida yo, que si tan solo te presentase una milésima parte de los recuerdos y sentimientos que tengo hacia mis padres y mi hermana, faltarían bibliotecas en el mundo para guardar todos los libros que podría escribir. Si pudiera resumir lo que recuerdo de mi infancia con una palabra sería perfección. Al menos hasta el 19 de julio de 1996 cuando desperté entre estas paredes. Hasta entonces mi vida se basaba en trastadas, risas y entusiasmo por las pequeñas cosas. Tengo una imagen fugaz de mi hermana, Amanda, pero es tan fú til, tan etérea que muchas veces me pregunto si su aspecto es así o se trata tan<br>solo de una representación onírica del amor fraternal. La adoraba.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:54:37 UTC</pubDate>
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         <title>ALGO TAN BELLO COMO TUITEAR TE QUIERO</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>ALGO TAN SENCILLO COMO TUITEAR TE QUIERO<br>Blue Jean<br>—Guau.<br>Aquel lugar es tal como aparecía en las fotos. Elena<br>intenta no perderse ni un detalle de lo que tiene delan-<br>te. Cuando cruza la verja de la entrada, observa el impo-<br>nente edificio principal de tres plantas, repleto de ven-<br>tanales, algunos con la persiana echada todavía. A la<br>derecha ve un campo de fútbol sala, con canastas de<br>baloncesto a los lados; y a la izquierda, las pistas de te-<br>nis. Son tres, de cemento azul. Supone que detrás se<br>encuentran la piscina cubierta y el gimnasio. Pero lo<br>que más le llama la atención es una especie de lago, con<br>una cascada al fondo, que embellece la imagen de aque-<br>lla residencia de estudiantes.<br>—¡Qué morro tienes! ¡Yo también quiero quedarme<br>aquí! —grita a su lado una chica rubia, con el pelo reco-<br>gido en una coleta alta.<br>—A ti todavía te quedan dos años de instituto, Marta<br>—le comenta su madre mientras arrastra una de las ma-<br>letas de su hija mayor.<br>—Seguro que esto está lleno de tíos buenos. No como en Toledo.<br>—¡Marta! ¿Desde cuándo piensas en eso?<br>—¿Me lo estás diciendo en serio, mamá?<br>—¡Claro que sí! ¡Hablo muy en serio!<br>Elena sonríe para sí al escucharlas discutir. No es la<br>primera vez. Pero su madre no se entera de nada. Si<br>supiera que la pequeña de la familia ha tenido ya cuatro<br>o cinco medio novios, se volvería loca. Aunque es nor-<br>mal. Su hermana se ha convertido en una adolescente<br>preciosa y los tíos llevan varios años persiguiéndola.<br>Ella, en cambio, ni siquiera ha pensado en chicos toda-<br>vía. No le interesan. A sus dieciocho años puede presu-<br>mir de haberse mantenido al margen de cualquier tipo<br>de relación y no haber tenido ni tentaciones. Quizá es<br>porque todavía no ha aparecido esa persona que le gus-<br>te tanto como para preocuparse por el amor</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:56:06 UTC</pubDate>
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         <title>BAD ASH. SALTAN CHISPAS</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>BAD ASH. SALTAN CHSIPAS<br>Alina Not<br>Tyler Sparks. Tiene el nombre más perfecto del mundo. Aun- que no le haga del todo justicia porque, más que sparks, chis- pas, de él se desprenden fuegos artificiales. Un cuatro de ju- lio en toda regla que me permito mirar cada mañana desde la ventana de mi habitación cuando él sale de su casa para ir a clase. A las siete y veintiocho minutos, cuando suena el claxon justo donde termina mi vista de la calle. Aunque sé perfectamente quién lo recoge. Pero eso no es lo importante. Lo importante es verlo salir a toda prisa, normalmente con un bollito sujeto entre los dientes, y colgándose la mochila del hombro izquierdo. Y saltan chispas. Vaya que sí. Y yo<br>suelo quedarme embobada más segundos de los que puedo<br>permitirme, así que siempre me toca correr para coger el au- tobús escolar. Y todas las mañanas me acomodo en los asien- tos centrales, ni al final con los guais ni al principio con los pringados, y escucho la misma canción con los auriculares enganchados al móvil pensando en que casi podría estar es- crita por mí para él. A veces hasta me imagino que se la can- to al oído, y que lo hago como Taylor Swift, claro está. Sparks fly. No sabes cuánto, Taylor Swift. Y la ú nica pega es que tengo que cambiar lo de green eyes por brown eyes, pero es una pequeñez porque suena igual de bien, o incluso<br>mejor, y Tyler tiene los ojos color avellana más alucinantes del universo. Tyler Sparks. Y no solo son su nombre y sus ojos lo que me flipa absolutamente de él. Ahora lo pienso más que nunca. Justo en este momento, mientras contemplo su espalda con toda la atención que debería estar prestándole a la clase de biología. Pero es que tiene los hombros cuadrados y lleva mi camiseta favorita, y hace tres días se cortó el pelo y no puedo dejar de pasear mis ojos por esos mechones rubios que le rozan la nuca y de imaginarme cómo sería enredar mis dedos entre ellos. Así que sí, me flipa su pelo. Me flipan sus hombros de quarterback. Y, definitivamente, me flipa el borde del tatuaje que sobresale bajo la manga corta derecha de su camiseta azul marino de American Eagle, que se le pega a los bíceps.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 07:59:21 UTC</pubDate>
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         <title>ANTES DE DICIEMBRE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>ANTES DE DICIEMBRE<br>Joana Marcús<br>—¿Una relación... abierta?<br>—Sí, exacto.<br>Mi novio me miraba con una amplia sonrisa. Yo, en cambio, no<br>sonreía. En absoluto.<br>—¿Y eso qué es?<br>—Creo que el nombre lo define bastante bien, Jenny.<br>Tenía que estar bromeando.<br>O, mejor dicho, má s le valí a estar bromeando.<br>¡Acababa de dejarme delante de mi residencia! ¡Literalmente! ¡Ni siquiera había tenido tiempo para bajar la maleta del coche y ya estaba pensando en cambiar nuestra relación por completo! —<br>¿Tenemos que hablar de esto ahora, Monty? —murmuré de mal humor —. ¿No has tenido ningú n otro momento? —Eh..., no.<br>—¿En serio? Hemos estado juntos dos días enteros.<br>—Bueno, vale. Pero... Eh... No sabía cómo sacar el tema. No sentía que fuera el momento.<br>—Y este ha resultado ser el momento ideal, ¿no?<br>—No seas así, Jenny. Es el ú ltimo que tengo antes de irme. Y no vas a querer hablar de esto por teléfono, ¿verdad?<br>—Pues no.<br>Suspiré y decidí relajarme un poco. Después de todo, estaba más alterada que de costumbre por los nervios que me causaba la universidad. No quería pagarlo con Monty. Y mucho menos justo antes de que se fuera. La perspectiva de separarnos estando enfadados me ponía un poco tensa. Pero ¿qué se suponía que tenía que decirle? Me limité a mirarlo durante unos instantes en los quesu sonrisa se hizo todavía  más inocente de lo que ya era.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:01:11 UTC</pubDate>
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         <title>HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL<br>J. K. Rowling<br>El señor y la señora Dursley, que vivían en el nú mero 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las ú ltimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.<br>El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba<br>taladros. Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso. La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy ú til, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos. Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él.<br>Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un<br>secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían<br>soportado que se supiera lo de los Potter.<br>La señora Potter era hermana de la señora Dursley, pero no se<br>veían desde hacía años; tanto era así que la señora Dursley fingía que no tenía hermana, porque su hermana y su marido, un completo inú til, eran lo más opuesto a los Dursley que se pudiera imaginar. Los Dursley se estremecían al pensar qué dirían los vecinos si los Potter apareciesen por la acera. Sabían que los Potter también tenían un hijo pequeño, pero nunca lo habían visto. El niño era otra buena razón para mantener alejados a los Potter: no querían que Dudley se juntara con un niño como aquél.<br>Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:04:09 UTC</pubDate>
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         <title>EL RETRATO DE DORIAN GRAY</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>EL RETRATO DE DORIAN GRAY<br>Oscar Wilde<br>El intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando la ligera brisa agitaba los árboles del jardín, entraba, por la puerta abierta, un intenso olor a lilas o el aroma más delicado de las flores rosadas de los espinos.<br>Lord Henry Wotton, que había consumido ya, segú n su costumbre, innumerables cigarrillos, vis- lumbraba, desde el extremo del sofá donde estaba tumbado -tapizado al estilo de las alfombras persas- , el resplandor de las floraciones de un codeso, de dulzura y color de miel, cuyas ramas estremecidas apenas parecían capaces de soportar el peso de una belleza tan deslumbrante como la suya; y, de cuando en cuando, las sombras fantásticas de pája- ros en vuelo se deslizaban sobre las largas cortinas de seda india colgadas delante de las inmensas ventanas, produciendo algo así como un efecto japonés, lo que le hacía pensar en los pintores de Tokyo, de<br>rostros tan pálidos como el jade, que, por medio de un arte<br>necesariamente inmóvil, tratan de transmitir la sensación de<br>velocidad y de movimiento. El zumbido obstinado de las abejas, abriéndose camino entre el alto césped sin segar, o dando vuel tas con monótona insistencia en torno a los polvo- rientos cuernos dorados de las desordenadas madreselvas, parecían hacer más<br>opresiva la quietud, mientras los ruidos confusos de Londres eran como las notas graves de un órgano lejano. En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retrato de cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuya repentina desaparición, hace algunos años, tanto conmoviera a la sociedad y diera origen a tan extrañas suposiciones.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:07:34 UTC</pubDate>
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         <title>LA ISLA DEL TESORO</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>LA ISLA DEL TESORO<br>Robert Louis Stevenson<br>El señor Trelawney, el doctor Livesey y muchos otros ca- balleros me pidieron que escribiera todo lo que pasó en la Isla del Tesoro.<br>Lo haré, entonces, desde el principio has- ta el final, pero no<br>revelaré la ubicación de la isla, porque estoy seguro de que allí<br>todavía queda una parte del teso- ro. Tomo, por lo tanto, la pluma en el año 17... y vuelvo a la época en que mi papá, dueño de la posada El Almirante Benbow, hospedó a un viejo marinero de piel curtida por el sol, con la cicatriz de una herida de sable.<br>Lo recuerdo como si fuera ayer cuando lo vi llegar caminando<br>despacio hasta la puerta de la posada. En una carretilla, arras-<br>traba su cofre de marinero. Era un hombre alto, fuerte, rudo,<br>moreno; su pelo atado caía sobre los hombros de un tapado azul lleno de manchas; tenía callos y cicatrices en las manos.<br>Todavía me parece verlo observando la entrada mien- tras<br>canturreaba una vieja canción de marineros que luego<br>escucharíamos con frecuencia: “Sobre el cofre del muerto, quince hombres son. ¡Ah, ja, ja, y la botella de ron!”. Luego tocó la puerta con un pequeño bastón, y cuando mi papá abrió, le pidió de mal modo un vaso de ron y lo saboreó muy despacio.<br>–Esta es una buena ensenada –dijo por fin–, y su posada está bien ubicada. ¿Tiene muchos clientes, amigo?<br>Mi papá le dijo que, lamentablemente, no teníamos mu- chos<br>clientes.<br>–Entonces, aquí me quedaré. Soy un hombre sencillo, todo lo que necesito es ron, huevos, panceta y un mirador para observar los barcos que se acercan. ¿Quieren saber cómo llamarme? Pueden decirme “capitán”.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:09:34 UTC</pubDate>
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         <title>VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA<br>Julio Verne<br>El domingo 24 de mayo de 1863, mi tío, el profesor Lidenbrock,<br>regresó precipitadamente a su casa, situada en el nú mero 19 de la Kö nigstrasse, una de las calles más antiguas del barrio viejo de Hamburgo. Marta, su excelente criada, azaróse de un modo extraordinario, creyendo que se había retrasado, pues apenas si empezaba a cocer la comida en el hornillo. "Bueno" "pensé para mí", si mi tío viene con hambre, se va a armar la de San Quintín; porque difïculto que haya un hombre de menos paciencia. -¡Tan temprano y ya está aquí el señor Lidenbrock! -exclamó la pobre Marta, llena de estupefacción, entreabriendo la puerta del comedor.<br>-Sí, Maria; pero tú no tienes la culpa de que la comida no esté lista todavía, porque aú n no son las dos. Acaba de dar la media en San Miguel. -¿Y por qué ha venido tan pronto el señor Lidenbrock?<br>-El nos lo explicará, probablemente.<br>-¡Ahí viene! Yo me escapo. Señor Axel, hágale entrar en razón.<br>Y la excelente Marta marchóse presurosa a su laboratorio culinario, quedándome yo solo.<br>Pero, como mi carácter tímido no es el más a propósito para hacer entrar en razón al más irascible de todos los catedráticos, disponíame a retirarme prudentemente a la pequeña habitación del piso alto que me servía de dormitorio, cuando giró sobre sus goznes la puerta de la calle, crujió la escalera de madera bajo el peso de sus pies fenomenales, y el dueño de la casa atravesó el comedor, entrando presuroso en su despacho, colocando, al pasar, el pesado bastón en un rincón, arrojando el mal cepillado sombrero encima de la mesa, y diciéndome con tono imperioso:<br>-¡Ven, Axel!<br>No había tenido aú n tiempo material de moverme, cuando me gritó el profesor con acento descompuesto:<br>-Pero, ¿qué haces que no estás aquí ya?<br>Y me precipité en el despacho de mi irascible maestro. Otto<br>Lidenbrock no es mala persona, lo confieso ingenuamente; pero, como no cambie mucho, lo cual creo improbable, morirá siendo el más original a impaciente de los hombres.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:11:55 UTC</pubDate>
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         <title>HISTORIA DE DOS CIUDADES</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>HISTORIA DE DOS CIUDADES<br>Charles Dickens<br>Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la Luz y la de las Tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la deses- peración: todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos derechos al Cielo, todos nos precipitábamos en el infierno. En una palabra, a tal punto era una época parecida a la actual que algunas de sus autoridades más vocingleras insistían en que, para bien o para mal, se la tratara sólo en grado superlativo.<br>Un rey de grandes mandíbulas y una reina de cara poco atractiva ocupaban el trono de Inglaterra; un rey de mandíbulas no menos grandes y una reina de cara muy linda se sentaban en el trono de Francia. Y en fin, para los grandes señores que administraban los panes y los peces del Estado en ambos países estaba más claro que el agua que las cosas, en general, habían quedado asentadas para siempre.<br>Corría el año de Gracia de mil setecientos setenta y cinco. En época<br>tan favorecida no podían faltarle a Inglate- rra revelaciones<br>espirituales, lo mismo exactamente que en la actual. La señora<br>Southcott, cuya sublime aparición vaticinara un profético guardia<br>de corps anunciando que estaba todo dispuesto para que se tragase<br>la tierra a Lon- dres y Westminster, acababa de cumplir sus<br>veinticinco años bienaventurados. El propio fantasma del Callejón<br>del Gallo3 hacía no más de doce que fuera conjurado, des- pués de<br>comunicar con golpecitos de ultratumba sus mensajes, igual que los<br>espíritus de este año pasado (que en punto a originalidad<br>sobrenatural dejaron bastante que desear) transmitían los suyos. Y<br>ya en el mero ámbito de los acontecimientos terrenales, habían<br>llegado recien- temente a la Corona y al pueblo de Inglaterra los<br>mensa- jes remitidos por cierto congreso de sú bditos británicos<br>celebrado en América, mensajes que, por insólito que parezca, han<br>resultado de mayor trascendencia para el género humano que<br>ninguna de las comunicaciones reci- bidas por conducto de ningú n<br>polluelo de la estirpe galli- nácea del Callejón del Gallo.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:13:39 UTC</pubDate>
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         <title>ACTIVIDADES Y PERSONAS LIBRO</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>Una vez realizadas las actividades podemos convertirnos en "personas libro". Cada alumno elige uno de estos títulos para profundizar algo más y ya buscaremos la forma de hermanarnos y de hacer otras actividades juntos.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:15:03 UTC</pubDate>
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         <title>EL SEÑOR DE LOS ANILLOS</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>EL SEÑOR DE LOS ANILLOS<br>J. R. R. Tolkien<br>Cuando el señor Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado anunció que muy pronto celebraría su cumpleaños centesimodecimoprimero con una fiesta de especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitación en Hobbiton. Bilbo era muy rico y muy peculiar, y había sido el asombro de la Comarca durante sesenta años, desde su memorable desaparición e inesperado regreso. Las riquezas que había traído de aquellos viajes se habían convertido en leyenda local, y era creencia común, contra todo lo que pudieran decir los viejos, que en la Colina de Bolsón Cerrado había muchos túneles atiborrados de tesoros. Como si esto no fuera suficiente para darle fama, el prolongado vi- gor del<br>señor Bolsón era la maravilla de la Comarca. El tiempo pa- saba, pero parecía afectarlo muy poco. A los noventa años tenía el mismo aspecto que a los cincuenta. A los noventa y nueve comenzaron a considerarlo «bien conservado», pero «sin cambios» hubiese estado más cerca de la verdad. Había muchos que meneaban la cabeza pensando que eran demasiadas cosas buenas; parecía injusto que alguien tuviese (en apariencia) una juventud eterna, y a la vez (se suponía) bienes inagotables.<br>—Tendrá que pagar —decían—. ¡No es natural, y traerá pro-<br>blemas!<br>Pero tales problemas no habían llegado, y como el señor Bolsón era generoso con su dinero, la mayoría de la gente estaba dispuesta a perdonarle sus rarezas y su buena fortuna. Se visitaba con sus parientes (excepto, claro está, los Sacovilla-Bolsón) y contaba con muchos devotos admiradores entre los hobbits de familias pobres y poco importantes. Sin embargo, no tuvo amigos íntimos, hasta que algunos de sus primos más jóvenes fueron haciéndose adultos.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:17:41 UTC</pubDate>
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         <title>LAS AVENTURAS DE HUCKELBERRY FLINN</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2668548936</link>
         <description><![CDATA[<div>LAS AVENTURAS DE HUCKLEBERRY FINN<br>Mark Twain<br>No sabréis quién soy yo si no habéis leído un libro titulado Las<br>aventuras de Tom Sawyer, pero no importa. Ese libro lo escribió el señor Mark Twain y contó la verdad, casi siempre. Algunas cosas las exageró, pero casi siempre dijo la verdad. Eso no es nada.<br>Nunca he visto a nadie que no mintiese alguna vez, menos la tía Polly, o la viuda, o quizá Mary. De la tía Polly ––es la tía Polly de Tom–– y de Mary y de la viuda Douglas se cuenta todo en ese libro, que es verdad en casi todo, con algunas exageraciones, como he dicho antes.<br>Bueno, el libro termina así: Tom y yo encontramos el dinero que los ladrones habían escondido en la cueva y nos hicimos ricos. Nos tocaron seis mil dólares a cada uno: todo en oro. La verdad es que impresionaba ver todo aquel dinero amontonado. Bueno, el juez Thatcher se encargó de él y lo colocó a interés y nos daba un dólar al día, y todo el año: tanto que no sabría uno en qué gastárselo. La viuda Douglas me adoptó como hijo y dijo que me iba a cevilizar, pero resultaba difícil vivir en la casa todo el tiempo, porque la viuda<br>era horriblemente normal y respetable en todo lo que hacía, así que cuando yo ya no lo pude aguantar más, volví a ponerme la ropa vieja y me llevé mi pellejo de azú car y me sentí libre y contento.<br>Pero Tom Sawyer me fue a buscar y dijo que iba a organizar una banda de ladrones y que yo podía ingresar si volvía con la viuda y era respetable. Así que volví.<br>La viuda se puso a llorar al verme y me dijo que era un pobre<br>corderito y también me llamó otro montón de cosas, pero sin mala intención. Me volvió a poner la ropa nueva y yo no podía hacer más que sudar y sudar y sentirme apretado con ella. Entonces volvió a pasar lo mismo que antes. La viuda tocaba una campanilla a la hora de la cena y había que llegar a tiempo. Al llegar a la mesa no se podía poner uno a comer, sino que había que esperar a que la<br>viuda bajara la cabeza y rezongase algo encima de la comida,<br>aunque no tenía nada de malo; bueno, sólo que todo estaba<br>cocinado por separado. Cuando se pone todo junto, las cosas se mezclan y los jugos se juntan y las cosas saben mejor.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:21:52 UTC</pubDate>
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         <title>FAHRENHEIT 451</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div>FAHRENHEIT 451<br>Ray Bradbury<br>Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los<br>objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia. Con su casco simbólico en que aparecía grabado el nú mero 451 bien plantado sobre su impasible cabeza y sus ojos convertidos en una llama anaranjada ante el pensamiento de lo que iba a ocurrir, encendió el deflagrador y la casa quedó rodeada por un fuego devorador que inflamó el cielo del atardecer con colores rojos, amarillos y negros. El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo,<br>como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la<br>hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía.<br>Montag mostró la fiera sonrisa que hubiera mostrado cualquier<br>hombre burlado y rechazado por las llamas.<br>Sabía que, cuando regresase al cuartel de bomberos, se miraría pestañeando en el espejo: su rostro sería el de un negro de opereta, tiznado con corcho ahumado. Luego, al irse a dormir, sentiría la fiera sonrisa retenida aú n en la oscuridad por sus músculos faciales. Esa sonrisa nunca desaparecía, nunca había desaparecido hasta donde él podía recordar.<br>Colgó su casco negro y lo limpió, dejó con cuidado su chaqueta a prueba de llamas; se duchó generosamente y, luego, silbando, con las manos en los bolsillos, atravesó la planta superior del cuartel de bomberos y se deslizó por el agujero. En el último momento, cuando el desastre parecía seguro, sacó las manos de los bolsillos y cortó su caída aferrándose a la barra dorada. Se deslizó hasta detenerse, con los tacones a un par de centímetros del piso de cemento de la planta baja.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-08-22 08:25:07 UTC</pubDate>
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         <title>DRÁCULA</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2705381143</link>
         <description><![CDATA[<div>&nbsp;DRÁCULA</div><div>de BRAM STOKER</div><div><br><br></div><div><br><br></div><div>I.- DEL DIARIO DE JONATHAN HARKER</div><div><br><br></div><div>Bistritz, 3 de mayo. Salí de Münich a las 8:35 de la noche del primero de mayo, llegué a Viena a la mañana siguiente, temprano; debí haber llegado a las seis cuarenta y seis; el tren llevaba una hora de Retraso. Budapest parece un lugar maravilloso, a juzgar por lo poco que pude ver de ella desde el tren y por la pequeña caminata que di por sus calles. Temí alejarme mucho de la estación, ya que, como habíamos llegado tarde, saldríamos lo más cerca posible de la hora fijada. La impresión que tuve fue que estábamos saliendo del oeste y entrando al este. Por el más occidental de los espléndidos puentes sobre el Danubio, que aquí es de gran anchura y profundidad, llegamos a los lugares en otro tiempo sujetos al dominio de los turcos.</div><div>Salimos con bastante buen tiempo, y era noche cerrada cuando llegamos a Klausenburg, donde pasé la noche en el hotel Royale. En la comida, o mejor dicho, en la cena, comí pollo preparado con pimentón rojo, que estaba muy sabroso, pero que me dio mucha sed. (Recordar obtener la receta para Mina). Le pregunté al camarero y me dijo que se llamaba "paprika hendl", y que, como era un plato nacional, me sería muy fácil obtenerlo en cualquier lugar de los Cárpatos. Descubrí que mis escasos conocimientos del alemán me servían allí de mucho; de hecho, no sé cómo me las habría arreglado sin ellos.</div><div>Como dispuse de algún tiempo libre cuando estuve en Londres, visité el British Museum y estudié los libros y mapas de la biblioteca que se referían a Transilvania; se me había ocurrido que un previo conocimiento del país siempre sería de utilidad e importancia para tratar con un noble de la región.</div><div>Descubrí que el distrito que él me había mencionado se encontraba en el extremo oriental del país, justamente en la frontera de tres estados: Transilvania, Moldavia y Bucovina, en el centro de los montes Cárpatos; una de las partes más salvajes y menos conocidas de Europa. No pude descubrir ningún mapa ni obra que arrojara luz sobre la exacta localización del castillo de Drácula, pues no hay mapas en este país que se puedan comparar en exactitud con los nuestros; pero descubrí que Bistritz, el pueblo de posta mencionado por el conde Drácula, era un lugar bastante conocido. Voy a incluir aquí algunas de mis notas, pues pueden refrescarme la memoria cuando le relate mis viajes a Mina.</div><div>En la población de Transilvania hay cuatro nacionalidades distintas: sajones en el sur, ymezclados con ellos los valacos, que son descendientes de los dacios; magiares en el oeste, y escequelios en el este y el norte. Voy entre estos últimos, que aseguran ser descendientes de Atila y loshunos. Esto puede ser cierto, puesto que cuando los magiares conquistaron el país, en el siglo XI, encontraron a los hunos, que ya se habían establecido en él. Leo que todas las supersticiones conocidasen el mundo están reunidas en la herradura de los Cárpatos, como si fuese el centro de alguna especiede remolino imaginativo; si es así, mi estancia puede ser muy interesante. (Recordar que debopreguntarle al conde acerca de esas supersticiones).</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-15 05:26:42 UTC</pubDate>
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         <title>LOS BESOS EN EL PAN</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2705390033</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>LOS BESOS EN EL PAN</strong></div><div>de ALMUDENA GRANDES</div><div><br><br></div><div>Estamos en un barrio del centro de Madrid. Su nombre no importa, porque podría ser cualquiera entre unos pocos barrios antiguos, con zonas venerables, otras más bien vetustas. Este no tiene muchos monumentos pero es de los bonitos, porque está vivo.<br><br></div><div>Mi barrio tiene calles irregulares. Las hay amplias, con árboles frondosos que sombrean los balcones de los pisos bajos, aunque abundan más las estrechas. Estas también tienen árboles, más apretados, más juntos y siempre muy bien podados, para que no acaparen el espacio que escasea hasta en el aire, pero verdes, tiernos en primavera y amables en verano, cuando caminar por la mañana temprano por las aceras recién regadas es un lujo sin precio, un placer gratuito. Las plazas son bastantes, no muy grandes. Cada una tiene su iglesia y su estatua en el centro, figuras de héroes o de santos, y sus bancos, sus columpios, sus vallados para los perros, todos iguales entre sí, producto de alguna contrata municipal sobre cuyo origen es mejor no indagar mucho. A cambio, los callejones, pocos pero preciosos, sobre todo para los enamorados clandestinos y los adolescentes partidarios de no entrar en clase, han resistido heroicamente, año tras año, los planes de exterminio diseñados para ellos en las oficinas de urbanismo del Ayuntamiento. Y ahí siguen, vivos, como el barrio mismo.<br><br></div><div>Pero lo más valioso de este paisaje son las figuras, sus vecinos, tan dispares y variopintos, tan ordenados o caóticos como las casas que habitan. Muchos de ellos han vivido siempre aquí, en las casas buenas, con conserje, ascensor y portal de mármol, que se alinean en las calles anchas y en algunas estrechas, o en edificios más modestos, con un simple chiscón para el portero al lado de la puerta o ni siquiera eso. En este barrio siempre han convivido los portales de mármol y las paredes de yeso, los ricos y los pobres. Los vecinos antiguos resistieron la desbandada de los años setenta del siglo pasado, cuando se puso de moda huir del centro, soportaron la movida de los ochenta, cuando la caída de los precios congregó a una multitud de nuevos colonos que llegaron cargados de estanterías del Rastro, posters del Che Guevara, y telas hindúes que lo mismo servían para adornar la pared, cubrir la cama o forrar un sofá desvencijado, rescatado por los pelos de la basura, y sobrevivieron al resurgir de los noventa, cuando en el primer ensayo de la burbuja inmobiliaria resultó que lo más cool era volver a vivir en el centro.<br><br></div><div>Después, la realidad empezó a tambalearse al mismo tiempo para todos ellos. Al principio sintieron un temblor, se encontraron sin suelo debajo de los pies y creyeron que era un efecto óptico. No será para tanto, se dijeron, pero fue, y nada cambió en apariencia mientras el asfalto de las calles se resquebrajaba y un vapor ardiente, malsano, infectaba el aire. Nadie vio aquellas grietas, pero todos sintieron que a través de ellas se escapaba la tranquilidad, el bienestar, el futuro. Tampoco reaccionaron todos igual. Quienes renunciaron al combate ya no viven aquí. Los demás siguen luchando contra el dragón con sus propias armas, cada uno a su manera.<br><br></div><div>Los mayores no tienen tanto miedo.<br><br></div><div><br>&nbsp;<br><br><br></div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-15 05:35:28 UTC</pubDate>
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         <title>MI PLANTA DE NARANJA LIMA</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2705400225</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>MI PLANTA DE NARANJA LIMA</strong></div><div>de VASCONCELOS</div><div><br><br></div><div>EL DESCUBRIDOR DE LAS COSAS</div><div><br><br></div><div>Veníamos tomados de la mano, sin apuro ninguno, por la calle. Totoca venía enseñándome la vida. Y yo me sentía muy contento porque mi hermano mayor me llevaba de la mano, enseñándome cosas. Pero enseñándome las cosas fuera de casa. Porque en casa yo aprendía descubriendo cosas solo y haciendo cosas solo, claro que equivocándome, y acababa siempre llevando unas palmadas. Hasta hacía bastante poco tiempo nadie me pegaba. Pero después descubrieron todo y vivían diciendo que yo era un malvado, un diablo, un gato vagabundo de mal pelo. Yo no quería saber nada de eso. Si no estuviera en la calle comenzaría a cantar. Cantar sí que era lindo. Totoca sabía hacer algo más, aparte de cantar: silbar. Pero por más que lo imitase no me salía nada. El me dio ánimo diciendo que no importaba, que todavía no tenía boca de soplador. Pero como yo no podía cantar por fuera, comencé a cantar por dentro. Era raro, pero luego era lindo. Y estaba recordando una música que cantaba mamá cuando yo era muy pequeñito. Ella se quedaba en la pileta, con un trapo sujeto a la cabeza para resguardarse del sol. Llevaba un delantal que le cubría la barriga y se quedaba horas y horas, metiendo la mano en el agua, haciendo que el jabón se convirtiera en espuma. Después torcía la ropa e iba hasta la cuerda. Colgaba todo en ella y suspendía la caña. Hacía lo mismo con todas las ropas. Se ocupaba de lavar la ropa de la casa del doctor Faulhaber para ayudar en los gastos de la casa. Mamá era alta, delgada, pero muy linda. Tenía un color bien quemado y los cabellos negros y lisos. Cuando los dejaba sueltos le llegaban hasta la cintura. Pero lo lindo era cuando cantaba y yo me quedaba a su lado aprendiendo.</div><div><br>&nbsp;Marinero, marinero,<br>&nbsp;Marinero de amargura,<br>&nbsp;Por tu causa, marinero,<br>&nbsp;Bajaré a la sepultura. . .<br>&nbsp;Las olas golpeaban<br>&nbsp;Y en la arena se deslizaban,<br>&nbsp;Allá se fue el marinero<br>&nbsp;Que yo tanto amaba. . .<br>&nbsp;El amor de marinero<br>&nbsp;Es amor de media hora,<br>&nbsp;El navío leva anclas<br>&nbsp;Y él se va en esa hora. . .<br>&nbsp;Las olas golpeaban. . .</div><div><br><br></div><div>Hasta ahora esa música me daba una tristeza que no sabía comprender.</div><div>Totoca me dio un empujón. Desperté.</div><div>—¿Qué tienes, Zezé?</div><div>—Nada. Estaba cantando.</div><div>—¿Cantando?</div><div>—Sí.</div><div>—Entonces debo estar quedándome sordo.</div><div>¿Acaso no sabría que se podía cantar para dentro? Me quedé callado. Si no sabía yo</div><div>no iba a enseñarle.</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-15 05:44:58 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS</title>
         <author>TRASSTERO</author>
         <link>https://padlet.com/TRASSTERO/iviiipk0jrbmjk/wish/2706354132</link>
         <description><![CDATA[<p><br/></p><p><strong>EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS</strong></p><p>de Jhon Boyne</p><p><br/></p><p><br/></p><p>1. El descubrimiento de Bruno:</p><p><br/></p><p>&nbsp;Una tarde, Bruno llegó de la escuela y se llevó una sorpresa al ver que María, la criada de la familia —que siempre andaba cabizbaja y no solía levantar la vista de la alfombra—, estaba en su dormitorio sacando todas sus cosas del armario y metiéndolas en cuatro grandes cajas de madera; incluso las pertenencias que él habíaescondido en el fondo del mueble, que eran suyas y de nadie más.</p><p>&nbsp;—¿Qué haces? —le preguntó con toda la educación de que fue capaz, pues,aunque no le hizo ninguna gracia encontrarla revolviendo sus cosas, su madre siempre le recordaba que tenía que tratarla con respeto y no limitarse a imitar el modo en que Padre se dirigía a la criada—. No toques eso.</p><p>&nbsp;María sacudió la cabeza y señaló la escalera, detrás de Bruno, donde acababa de aparecer la madre del niño. Era una mujer alta y de largo cabello pelirrojo, recogido en la nuca con una especie de redecilla. Se retorcía las manos, nerviosa, como si hubiera algo que le habría gustado no tener que decir o algo que le habría gustado no tener que creer.</p><p>&nbsp;—Madre —dijo Bruno—, ¿qué pasa? ¿Por qué María está revolviendo mis cosas?</p><p>&nbsp;—Está haciendo las maletas.</p><p>&nbsp;—¿Haciendo las maletas? —repitió él, y repasó a toda prisa los días anteriores, considerando si se había portado especialmente mal o si había pronunciado aquellas palabras que tenía prohibido pronunciar, y si por eso lo castigarían mandándolo a algún sitio. Pero no encontró nada. Es más, en los últimos días se había portado de forma perfectamente correcta y no recordaba haber causado ningún problema—. ¿Por qué? —preguntó entonces—. ¿Qué he hecho?</p><p>&nbsp;Pero Madre ya había subido a su dormitorio, donde Lars, el mayordomo, estaba recogiendo sus cosas. La mujer echó un vistazo, suspiró y alzó las manos con gesto de frustración antes de volver hacia la escalera. En ese momento Bruno subía, porque no pensaba olvidar el asunto sin haber recibido una explicación.</p><p>&nbsp;—Madre —insistió—, ¿qué pasa? ¿Vamos a mudarnos?</p><p>&nbsp;—Ven conmigo —dijo ella, señalando el gran comedor, donde la semana anterior había cenado el Furias—. Hablaremos abajo.</p><p>&nbsp;Bruno se volvió y bajó la escalera a toda prisa, adelantando a su madre, de modo que ya la esperaba en el comedor cuando ella llegó. La observó un momento en silencio y pensó que aquella mañana se había aplicado mal el maquillaje, porque tenía los bordes de los párpados más rojos de lo habitual, igual que se le ponían a él cuando se portaba mal, se metía en un aprieto y acababa llorando.</p><p>&nbsp;—Mira, hijo, no tienes que preocuparte —dijo ella, acomodándose en la silla donde se había sentado la acompañante del Furias, una rubia hermosísima, y desde donde ésta se había despedido de Bruno con la mano cuando Padre cerró las puertas</p><p>—. Ya verás, de hecho vas a vivir una gran aventura</p>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-15 19:27:12 UTC</pubDate>
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         <title>CUENTOS DE LAS MIL Y UNA NOCHES</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>CUENTOS DE LAS MIL Y UNA NOCHES</strong></div><div><br><br></div><div>DE CÓMO SHEREZADE EVITÓ QUE EL REY LE CORTARA LA CABEZA</div><div><br><br></div><div>Hace muchísimos años, en las lejanas tierras de Oriente, hubo un rey llamado Shariar, amado por todos los habitantes de su reino.</div><div>Sucedió sin embargo que un día, habiendo salido de cacería, regresó a su palacio antes de lo previsto y encontró a su esposa apasionadamente abrazada con uno desus jóvenes esclavos. –¡Ay! –sollozó el rey–. ¡Siento en mi corazón un fuego quequema!–. E inmediatamente ordenó que su esposa y el esclavo fueran degollados.</div><div>La muerte de su esposa infiel no calmó el fuego que infamaba el corazón del rey Shariar. Su rostro iba perdiendo el color de la vida y se alimentaba apenas. Ya lo dijo el poeta:</div><div><br><br></div><div>Amigo: ¡no te fíes de la mujer; ríete de sus promesas!</div><div>¡No te confíes, amigo! ¡Es inútil!</div><div>Y nunca digas: “¡Si me enamoro, evitaré las locuras de los enamorados!”&nbsp;</div><div>¡No lo digas!</div><div>¡Sería verdaderamente un prodigio ver salir a un hombre</div><div>sano y salvo de la seducción de las mujeres!</div><div><br><br></div><div>Convocó entonces el rey a su visir y le mandó que cada día hiciera venir a su</div><div>palacio a una joven doncella del reino. El rey las desposaba pero, con las primeras luces del amanecer, recordaba la infidelidad de su esposa y una nube de tristeza le velaba el rostro. Entonces, hacía decapitar a las doncellas ardiendo de odio hacia todas las mujeres.</div><div><br><br></div><div>Transcurrieron así los años sin que Shariar encontrara paz ni reposo mientras,</div><div>en el reino, todas las familias vivían sumidas en el horror, huyendo para evitar</div><div>la muerte de sus hijas.</div><div>Un día, el rey mandó al visir que, como de costumbre, le trajese a una joven. El visir, por más que buscó, no pudo encontrar a ninguna y regresó muy triste a su casa, con el alma llena de miedo por el furor del rey: –¡Shariar ordenará esta noche mi propia muerte!– pensó. Pero el visir tenía dos hermosas hijas, la mayor llamada Sherezade y la menor de nombre Doniazada.</div><div><br><br></div><div>Sherezade era una joven de delicadeza exquisita. Contaban en la ciudad que</div><div>había leído innumerables libros y conocía las crónicas y las leyendas de los reyes antiguos y las historias de épocas remotas. Sherezade guardaba en su memoria relatos de poetas, de reyes y de sabios; era inteligente, prudente y astuta. Era muy elocuente y daba gusto oírla.</div><div><br><br></div><div>Al ver a su padre, le habló así: –¿Por qué te veo soportando, padre, tantas</div><div>aflicciones?–. El visir contó a su hija cuanto había ocurrido desde el principio al fin. Entonces le dijo Sherezade: –¡Por Alah, padre, cásame con el rey! ¡Prometo salvar de entre las manos de Shariar a todas las hijas del reino o morir como el resto de mis hermanas!–.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-09-15 19:39:36 UTC</pubDate>
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         <title>RULETA DE LA SUERTE</title>
         <author>TRASSTERO</author>
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         <pubDate>2023-09-17 21:32:22 UTC</pubDate>
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