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      <title>INSUMOS PARA UN CUENTO :: 4to año El Taller :: Actividad de escritura creativa by Alejandro Castiglioni</title>
      <link>https://padlet.com/ajcastiglionieltaller/insumos_cuento_4to21</link>
      <description>ACTIVIDAD 13 :: ¿Cómo se construye una historia? ¿Por dónde empezar? Dice María Teresa Andruetto que la razón más fascinante de escribir y de leer es “ser otro, mirar el mundo desde ojos ajenos, un intento de adentrarnos en otras condiciones de vida para comprender un poco de la condición humana.” En Lengua y Literatura de 4to año nos propusimos como ejercicio de escritura creativa -en grupos de dos- la elaboración de insumos para escribir un cuento. Así, los y las estudiantes tuvieron que inventar y describir a dos personajes A y B que no se conocieran, y luego armarles un tiempo, un espacio y una situación para que se diera entre ellos/as algún tipo de encuentro y vínculo inesperado. El objetivo fue no sólo ejercitar la escritura de ficción, sino que también indagar en la vida de los otros/as: ¿En qué medida las vidas de estos personajes &quot;de papel&quot; se verán afectadas a partir del encuentro con un otro/a, absolutamente desconocido/a? ¿Qué pasará con ellos/as luego de esos encuentros casuales?  Esa será otra historia que, seguramente, empezará a gestarse en la imaginación de los lectores ni bien terminen de leer estos insumos para un cuento.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-10-20 20:37:59 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2025-10-22 01:02:11 UTC</lastBuildDate>
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         <title>Valentín Klipphan y Ramiro Grimberg</title>
         <author>valenny17</author>
         <link>https://padlet.com/ajcastiglionieltaller/insumos_cuento_4to21/wish/1845866922</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A:</strong> <br>Carlos Sánchez tiene 42 años, una hija y esposa que se llama Teresa. Él tiene una vida normal, como cualquier otra persona. Tiene un buen empleo y construyó una familia. <br>Una tarde yendo al trabajo tuvo un accidente de auto con una camioneta que lo había llevado puesto porque el conductor era un camionero que estaba borracho. Este accidente había pasado hacía 5 años. Carlos quedó en silla de ruedas por culpa de esta tragedia, su columna se había dañado y se acuerda cuando los médicos le dieron la noticia y su vida cambiaría desde ese día. <br>Ahora pasa más tiempo en su casa y le puede prestar más tiempo a su hija. Antes estaba muy poco con ella debido a que siempre estaba en la empresa. El trabaja en programación de videojuegos, por suerte puede hacer esto desde su casa pero ya no puede estar con sus compañeros en la empresa. Su relación con su esposa empeoró mucho porque ya no pueden convivir como antes debido a que él necesita mucha ayuda para realizar las tareas del hogar y su esposa lo tiene que ayudar casi todo el tiempo. Por este motivo discuten todo el tiempo por cualquier cosa. Para Carlos a veces es agotador estar en su casa. Por suerte tiene una hamaca en su patio que le sirve para descansar, tomar aire libre y despegarse de sus problemas, que ahora eran mayores por la silla de ruedas. <br>Desde chico, es un gran fanático de Argentinos. Él va siempre a la cancha y no se pierde ningún partido. Para ir a la cancha se toma el subte de la línea A. Ahora que está en silla de ruedas tiene que usar los ascensores en los subtes. A él esto no le gustaba, quería usar las escaleras como hacía antes. Muchas de las cosas que antes hacía eran muy fáciles para él, ahora le cuestan mucho. A veces sueña que sus piernas van a volver a funcionar pero él sabe que eso nunca va a suceder. <br>El subte lo deja a 14 cuadras, un tramo muy largo para una persona de su situación. Por eso su papá lo pasa a buscar en la estación Carabobo para ir a la cancha. Su padre también es un gran hincha de Argentinos, siempre fueron juntos a ver los partidos. Ambos llevan la misma camiseta cuando van a la cancha, la de su jugador favorito, una camiseta retro de Maradona. <br>Ese día Carlos, como de costumbre, está yendo a ver a Argentinos Juniors; esta vez el bicho juega contra Lanús el jueves 21 de octubre a las dos de la tarde. Al ver a un vendedor de barbijos que vendía uno de Argentinos no dudó y le dijo: "Hola señor: ¿Vende barbijos con el escudo de Argentinos?”<br><br><strong>Personaje B: <br></strong>Diego Nacarada, 35 años, una hija llamada Gema que para él es lo mejor de su vida. La tuvo en brazos a los 30 años por primera vez y a partir de ese momento se enamoró de ella. Dedica sus días pensando en su bebé (aunque ya tenga 5 años) y en que llegue el maldito fin de semana para ir a la Plaza Flores con ella. En este lugar es donde surge el momento más mágico de la semana para nuestro protagonista ya que en esta plaza es donde se junta con su hija y su ex mujer, Lara, una vez a la semana. <br>El encuentro comienza siempre de la misma manera. Los adultos se saludan con un beso en el cachete que es frío, tenso y aunque suene irónico distante. Luego de sacarse ese peso de encima se saluda con su hija con un abrazo enorme lleno de cariño que hace pasar a Diego del lugar más frío del mundo para él, al momento más cálido, cariñoso y esperanzador de un instante a otro. Luego de que Lara se va y deja solos a nuestro protagonista con su motivación de vida, comienzan a jugar juntos durante varias horas; más tarde vuelve la madre de la criatura para llevarse nuevamente a su casa y así finaliza la aventura semanal de Diego por ganarse el amor de su hija. <br>Cuando no está compartiendo ese tiempo con Gema, su segunda pasión es Argentinos Jrs., el club de fútbol al que su papá lo llevaba de chico. Desde ese momento se hizo hincha del club que vio nacer a Diego Armando Maradona y su magia. Diego va todos los fines de semana que tiene libre a la cancha siempre que el bicho juega un domingo le viene mejor para su horario con su primer amor y así no ausentarse a ninguna de las dos cosas. <br>El tiempo que no está con sus amores, está laburando en el subte de la línea A. Vende barbijos de todo tipo, como descartables (negros, rosas, celestes), de algodón, de los colores más populares, con logos de algunas marcas como Nike, Adidas y Jordan, también vende barbijos de equipos de futbol, por ejemplo Boca, River, Argentinos Juniors, entre otros. Justamente Diego estará haciendo su trabajo el jueves 21 de octubre a las dos de la tarde lamentándose por no poder ir a la cancha ya que tiene que trabajar, cuando se encontrará con un señor discapacitado en sillas de ruedas, con la camiseta de Argentinos Juniors que amistosamente le pregunta: “Hola señor ¿Vende barbijos con el escudo de Argentinos?”. <br><br><strong>Creación del espacio y tiempo:</strong>&nbsp; <br>Buenos Aires, Caballito, bajo tierra en el subte de la línea A, Estación de Púan 21 de Octubre a las dos de la tarde con algunas nubes en el cielo, pero eso no importa porque nuestros personajes no lo notan en ese momento. Lo que sí sienten es el calor agobiante de la masa de gente, sobre todo de adolescentes ruidosos que hace unos minutos salieron de la escuela, dos viejas de alrededor de 70 años que chismosean sobre la vida de su peluquera, y sentada junto a ellas una chica de unos 20 años escuchando AC DC a todo volumen en sus auriculares, y el sonido de la música es tan fuerte que logra sobrepasar los auriculares y permite que la gente como nuestros personajes la escuchen. Todos estos personajes (menos la chica escuchando AC DC) se ven molestos al escuchar la siguiente frase: “Vendo barbijos 3x100 los descartables, 100 pesos el de algodón y 150 los de fútbol”. <br><br><strong>Situación de encuentro y vínculo: <br></strong>Carlos levanta la mano haciéndole una seña al vendedor, este se acerca a escuchar lo que el señor discapacitado tiene para decirle, esperanzado en que le compre algún barbijo. Para su suerte el señor le pregunta: “Hola señor vende barbijos con el escudo de Argentinos” Diego, con una sonrisa, le dice: “Obviamente, cómo no voy a vender barbijos del más grande”. Luego Carlos le repregunta sabiendo la respuesta: “150, ¿verdad?”. Diego asiente recibiendo el dinero y le lanza una pregunta que espera que se cumpla: “¿Cuánto ganamos hoy?” El señor, con una risa pícara, le responde: “2-0, con dos de Reniero”. Ambos se ríen mientras la voz del subte dice: “Usted está en la estación Carabobo”. Carlos le hace una pregunta, un pedido en realidad, al que ya está acostumbrado a hacer siempre que aparece algún nuevo extraño: “¿Me das una mano y me ayudás a bajar que me está esperando mi papá -y que también es hincha- en la estación para ir a la cancha?” Diego sin dudarlo toma la silla en sintonía con la alarma del subte que hace pitidos intermitentes y agudos, juntos bajan y Carlos le señala a un hombre que también tenía la camiseta de Argentinos al igual que él, y nuestro vendedor acompaña esa seña. Finalmente nuestros dos personajes se despiden entre sonrisas y un gran abrazo, ambos esperanzados en que se cumpla la predicción de Carlos. Sin dejar de mirarse Diego le hace una propuesta a la cual Carlos no se negará: “¿Vamos juntos al próximo partido?” Entonces Carlos le sonríe y luego asiente.&nbsp; </div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-26 17:54:26 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/ajcastiglionieltaller/insumos_cuento_4to21/wish/1845866922</guid>
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         <title>Ulises Oubiña y Santiago Palacios Acosta</title>
         <author>ajcastiglionieltaller</author>
         <link>https://padlet.com/ajcastiglionieltaller/insumos_cuento_4to21/wish/1846347460</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A</strong>:&nbsp;<br>Matías Gatica, 17 años. Es hijo único, vive con su madre Andrea y su padre Gastón. Los tres son muy fanáticos del deporte y la vida saludable. Matías aspira a ser corredor olímpico en el futuro. Por eso es que disfrutan mucho salir a correr en las mañanas.&nbsp;<br>Matías sale a correr desde su casa hasta el Parque Centenario, luego de esto vuelve a su casa para bañarse e irse al colegio Santa Cruz. Es el mejor alumno de su clase, siempre presta atención, es muy aplicado y también disciplinado, tanto en su escuela como en el deporte. Nunca disfrutó mucho las salidas de noche los fines de semana, él prefiere actividades más productivas que no sean tan desgastantes y que le permitan irse a dormir temprano. A pesar de esto, le molesta mucho tener que levantarse a correr en invierno ya que hace mucho frío y como él entra a clase a las 7:00 am se tiene que ir a correr más o menos a las 6:00 am cuando todavía está oscuro.&nbsp;<br>El miércoles 13 de julio a las 6:05 am Matías sale a correr con pocas ganas, trotando pasa por Yataí para ir al parque donde ve a un auto saliendo de un garaje.<br><br></div><div><strong>Personaje B</strong>:&nbsp;<br>Gilda, 67 años. Vive sola con sus tres gatos cuyos nombres son Tomás, Dilan y Nicolás, en honor a sus tres nietos que viven en Salta con su hija; ella los extraña mucho. A diferencia de sus amigas del grupo del Bingo se despierta muy temprano para alimentar a sus gatos e ir a ver el amanecer al Parque Centenario. Va en auto porque tiene problemas de movilidad, aunque el parque le quede muy cerca. Le resulta muy fácil manejar su auto, tanto las largas distancias como las cortas y al tener un auto muy chico, un Ford Ka 2016 de color blanco, puede encontrar un lugar para estacionar rápidamente. Además de ir a jugar al bingo todos los jueves, los martes a las 10:00 am hace videollamada con sus nietos para ver cómo andan, pero no duran mucho porque la conexión es inestable. Gilda espera con muchas ansias que llegue el martes para hablar con sus nietos. A pesar de tener muchos amigos ella se siente muy sola cuando no habla con ellos. Hace un par de años su marido, Ernesto, falleció y con su hija ya no se hablan: tuvieron una pelea muy fuerte que las distanció.&nbsp;<br>El martes 12 de julio, mientras Gilda está preparándose para la videollamada con sus nietos, recibe un mensaje de su hija que dice que ya no quiere que los llame más, no quiere que ella sea parte de sus vidas. Esto le afecta mucho a Gilda, se siente muy triste porque sus nietos son lo único que le queda.&nbsp;<br>Al día siguiente ella se despierta a las 5:45 am como todos los días, alimenta a sus gatos y empieza a salir con su auto del garaje mientras que piensa en lo que pasó el día anterior y llora.<br><br></div><div><strong>Creación del espacio y tiempo</strong>:&nbsp;<br>Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Almagro, calle Yatay y Díaz Vélez a las 6:10 am. Matías corre por la calle, con su ropa de siempre, unas zapatillas Asics azules con detalles en blanco, especiales para su actividad matutina, unas calzas largas debajo de su short Under Armour y en la parte de arriba una remera térmica con una camiseta de futbol y un buz Nike azul para soportar el frio y arriba unos auriculares inalámbricos para escuchar su música con un gorro y la capucha puesta por las bajas temperaturas .Y Gilda sale con su auto un Ford KA 2016 de color blanco un poco rayado en las puertas y en la parte delantera y trasera debido a su pésima conducción del garaje que tiene una salida muy empinada desde abajo y una curva muy pronunciada, que apenas al salir se puede ver si alguien pasa o no. Y esto se le dificulta aún más por su pésima visión y estatura baja, llorando. Es, además, una mañana de invierno muy oscura por la hora en la que ambos salen, ese frío húmedo que se siente en la ciudad con ese rocío de la mañana el cual a la hora de ejercitarse es muy molesto y en la conducción empaña muy rápidamente el vidrio del auto. A esta hora no se observa casi ni gente en la calle apenas unos pocos corredores y muy pocas personas esperando colectivos, se siente ese aroma a humedad y cloaca típico en la Ciudad de Buenos Aires luego de una noche lluviosa, mezclado con el olor que desprenden los árboles mojados y las hojas y pastos en el piso del parque.<br><br></div><div><strong>Situación de encuentro y vínculo</strong>:&nbsp;<br>Son exactamente las 6:17 de la mañana cuando Gilda saliendo de su cochera en su edificio golpea sin querer a Matías que justo pasa corriendo por ahí y con el volumen de la música en los auriculares y mirando hacia otro lado no la ve. Este cae al piso después del golpe dando tres vueltas y queda tendido en la calle, a un costado, no en el medio. Gilda, luego de este golpe que no entiende a qué se debe, termina de sacar el auto de la rampa. En ese momento en el que el auto se endereza es cuando logra ver a un chico tendido en el suelo agarrándose la pierna por el dolor que siente. Baja del auto corriendo a ver qué tiene, se disculpa y lo primero que hace es ayudarle a ponerse de pie y ofrecerle llevarlo al hospital. Matías rechaza el ofrecimiento y le pide si lo puede llevar a su casa que es a 4 cuadras de allí. Ella lo hace con gusto. En el camino hablan de si alguna vez Matías se había lesionado y que ambos creen que el choque no será nada, solo un golpe. Él le dice cuánto le dolía pero que podía entrar solo caminando a su casa. Al final cuando llegan a la casa de Matías, Gilda promete verlo todos los días para ver cómo se encuentra y que le llevaría galletitas y regalos. Finalmente, Matías le escribe para avisarle que no fue nada grave y que sólo le quedó un moretón. Gilda frente a ese sentimiento de soledad y esa falta que le hacían sus nietos ve en Matías una forma de completar ese hueco en su corazón.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-26 21:43:24 UTC</pubDate>
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         <title>Giuliana Pugliese y Martina Zak</title>
         <author>giuliipugliesee</author>
         <link>https://padlet.com/ajcastiglionieltaller/insumos_cuento_4to21/wish/1848502025</link>
         <description><![CDATA[<div><strong><em>PERSONAJE A:</em></strong></div><div>Teodoro Vezzerati, o, como sus amigos lo conocen, Tero. Tiene 16 años, hace básquet, es hijo único y vive en el barrio privado "Los Lagos" junto a sus padres: Carla, una mujer con pocos años de edad, que fue madre muy joven, por lo que prácticamente creció junto a él, y Ernesto, su padre. Él nunca cumplió un rol presente en su vida, y menos ahora, desde hace un año, que se separó de su madre y desapareció de su vida. Actualmente, es poco lo que sabe de él; su madre repite lo mismo una y otra vez: que tuvo un problema (desconocido por Tero) que lo obligó a irse de su hogar velozmente. El joven sabe lo que realmente sucedió, aunque todavía le da pena hablarlo con Carla. Ernesto le fue infiel, y cuando ella se enteró, el hombre huyó de la casa antes de siquiera hablarlo con su esposa. Tras eso, no volvió a contactarse con ellos.</div><div>Tero vivió toda su vida en el barrio en el que hoy pasa sus días. Si le preguntaras a cualquier amigo suyo, tiene la vida soñada: vive en una mansión que tiene un gran jardín al fondo con pileta; es reconocido en su colegio, no hay persona que no sepa de él. Esto es un gran peso para el joven, que cree tener que ser el "el chico 10”, como lo llamaban sus cercanos, en todo momento.&nbsp;</div><div>Últimamente, se estuvo sintiendo muy presionado con la escuela (llegaba la época de pruebas, y debía estudiar mucho para mantener su promedio 9) y con el básquet (se venía un partido muy importante y duplicó sus horas diarias de entrenamiento; su entrenador esperaba mucho de él). Su cuerpo no frenaba un segundo, como tampoco lo hacía su cabeza. Cuando no estudiaba, entrenaba, y sus pocos ratos libres los ocupaba comiendo o durmiendo. Se sentía agotado, pero no podía encontrarle ninguna solución al problema. Recordó, entonces, a la madre de un chico de su escuela, que era psicóloga. Discretamente se contactó con ella y le pidió una cita. No quería que nadie supiese de ello, arruinaría su reputación. Aunque él ya no lo pensara, muchos de sus amigos creían que la gente que iba al psicólogo estaba loca. Acordaron, con la mujer, encontrarse el 2 de noviembre.</div><div><br><strong><em>PERSONAJE B:</em></strong></div><div>Silvia Carrazco es la psicóloga más reconocida en todo Los Lagos. Tiene 56 años de edad, y toda su vida transcurrió en ese barrio. Tiene dos hijos, Juana, la mayor, de 23 y Lázaro, el pequeño adolescente de 16 años. Hace contados meses se convirtió en abuela; su hija tuvo una nena, Felicitas. Sus tres hermanos, todos menores que ella, se llaman Arturo, Pablo e Ismael.&nbsp;</div><div>Silvia es una persona muy inteligente y empática; desde chica se lo dicen. Sus amigos, cuando iban al colegio secundario, solían confiar mucho en ella para contarle sus problemas. Sabían que, dijesen lo que dijesen, los escucharía y aconsejaría sabiamente, sin invalidar sus sentimientos. También es muy amorosa y sensible; es por eso que trabaja generalmente con niños y adolescentes.&nbsp;</div><div>Toda su vida atendió en el mismo consultorio, en Mirinos 707. En el año 2020, tuvo que abandonar ese lugar, debido al coronavirus; recién un mes atrás volvió a atender frente a ese sillón marrón por el que tantas personas pasaron, en el que tantas historias se escucharon.&nbsp;</div><div>La semana pasada llamó a su consultorio un amigo de su hijo; “Hola señora, me llamo Tero, tengo 16 años. Nunca fui al psicólogo, pero me gustaría empezar. ¿Podría pedirle una sesión?”</div><div>Ese llamado le extrañó mucho; en primer lugar, porque se trataba de uno de los jóvenes más conocidos del barrio. El “chico 10”, le dicen. Le generó dudas el hecho de que la llame él personalmente, y no su madre o su padre, aunque al último no se lo cruzaba hacía ya un tiempo. El porqué de esto lo entendió rápidamente. El joven no quería que sus padres o amigos se enteren de ese llamado ni de su futura visita. Entendió que esto, quizás, se debía a esta reputación de “chico perfecto” que el adolescente probablemente quería mantener, por lo que aceptó tener una sola charla sin la intervención de un adulto responsable (ya que, al ser menor, una persona mayor de edad debería luego responsabilizarse de su asistencia). En la breve conversación telefónica que tuvieron, pactaron tener la cita el 2 de noviembre.&nbsp;</div><div><br><strong><em>Creación del espacio y tiempo:</em></strong></div><div>Buenos Aires, San Isidro. Martes 2 de noviembre. Llovía a cántaros, la calle era un lío. Eran las 18:00 clavadas, plena hora pico, por lo que la cantidad de autos era incontable e insoportable: el ruido molesto, la mezcla entre los motores de las motos y los llantos de los niños, impacientaba cada vez a nuestro adolescente protagonista, que había salido hacía media hora de entrenar y estaba aún caminando hacia su (secreta) sesión de psicología.&nbsp;</div><div>El joven iba con auriculares puestos, sintonizaba una canción de Tan Biónica, una de sus bandas favoritas. Tenía el volumen demasiado alto para no escuchar a su cuerpo y cerebro, que le gritaban de cansancio y frustración, ni a su alrededor, la señora que retaba a su nieto o el hombre que, desde su auto, insultaba a otro por haber cruzado con el semáforo en rojo. Las últimas 8 cuadras, la lluvia se hizo aún más intensa, por lo que Tero llegó corriendo al consultorio. Al tocar timbre, y escuchar la relajada voz que le contestaba que enseguida bajaría a abrirle, el chico se relajó. Y pensó: “No tengas miedo, es sólo una charla que te va a hacer bien, no tenés que contarle nada que no quieras”.&nbsp;</div><div>Entonces, sucedió el encuentro. La mujer abrió la puerta y el chico entró con rapidez. Al hacerlo, se sintió protegido, de la lluvia y, sobre todo, de sus pensamientos.</div><div><br><strong><em>Situación de encuentro y vínculo:</em></strong></div><div>El día que Tero asistió a la sesión fue uno de los peores de su mes: había reprobado una de las pruebas más importantes del año, y debido a eso, su eficiencia en el entrenamiento luego del colegio fue bajo, lo que conllevó una pelea con su entrenador. Al entrar en el consultorio, ver ese lugar que repentinamente le generó seguridad, y encontrarse con la mirada acogedora de una señora que parecía preocupada por él; rompió en llanto inmediatamente, aunque no cree que la señora se haya dado cuenta. No recuerda haberla saludado siquiera, solo haberle dicho lo primero que pudo: “Yo sé que muchos me ven de una manera particular en este lugar, que creen que me va muy bien en la vida y que no tengo problemas, pero soy todo lo contrario a lo que dicen. Necesito ayuda”.</div><div>Silvia lo miraba expectante. Le preocupa el joven que estaba completamente empapado. Le ofreció una toalla para secarse y un café, y juntos fueron a sentarse a los sillones, enfrentados. Tero estaba nervioso, dubitativo, se le notaba. A Silvia no le extrañaba esta actitud; todos los jóvenes se encuentran así la primera vez que asisten a un psicólogo. Debido a este nerviosismo, la mujer optó por una táctica que tenía con sus pacientes las primeras veces que la visitaban: les contaba cosas aleatorias de su vida para que ellos se sintieran más cómodos al hablar.</div><div>“Bueno, primero que nada, me gustaría presentarme. Me llamo Silvia, tengo 56 años, dos hijos, uno tiene tu misma edad. Mi hija mayor tuvo una bebé hace poco, por lo que también soy abuela. Mis hermanos son todos más chicos y menos inteligentes que yo -ambos rieron ante el comentario-, pero hacen lo que pueden. ¿Y vos? ¿Me querés contar un poco sobre tu familia?".</div><div>Aunque costó que el adolescente se abriera, Teodoro y Silvia se insertaron en una larga hora repleta de charla, en donde ambos descubrirían y aprenderían cosas del otro.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-27 14:52:39 UTC</pubDate>
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         <title>Adriano Baldizzone y Felipe Landin</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>PERSONAJE A:</strong></div><div>Jorge Larrien, 56 años, 2 divorcios (ambas dos por cuestiones de falta de tiempo matrimonial) y un hijo que nunca conoció. Él se fue cuando él niño aún no había nacido. Su ex pareja, madre del hijo, nunca más le habló por ningún medio. Él intentó hacer lo posible por encontrarlo pero luego de excesivos intentos y ningún acierto, se dio “por vencido”, y decidió esperar que el tiempo determine.</div><div>En el año 2003 lo echaron de una fábrica en la que había trabajado muchos años. Allí recibió una indemnización de 500 mil pesos, lo que en el momento era un monto muy grande. A partir de allí no supo qué hacer hasta que decidió trabajar para él, con su organización. Consideró la idea de comprarse un camión y saberse las rutas argentinas con los ojos cerrados. En la actualidad lleva más de 15 años arriba del vehículo.</div><div>Este hombre vive en un departamento en el barrio de Parque Chacabuco, sobre Cobo y Centenera. Departamento de dos ambientes, living, cocina y un gran ventanal. Siempre está puesta la radio (generalmente la 100, o sea la 99.9 FM). En la mesa, siempre hay una canasta llena de frutas que come mucho y siempre abastece (su fruta favorita es la manzana). La heladera es muy chiquita. Dentro encontrás un sachet de leche, una cajita de media docena de huevos, un plato de comida (que andá a saber desde cuándo está ahí). La habitación tiene una cama de media plaza y un placard con muy pocas prendas de ropa. En su mesita de luz siempre hay un libro relacionado a lo policial que lee cada vez que puede.</div><div>Un día normal en su vida se inicia a las 4 am. Se baña y se cambia. Al salir, toma su bolso (pequeño bolso de cuero negro), mete algunas prenda de ropa y cosas de higiene por si ese de día no vuelve a casa. 4 y media, se sube a su Volkswagen Bora gris y se dirige al estacionamiento en donde se encuentra el camión. A las 5 am ya está dentro del camión, saliendo por la puerta.</div><div>Cada día es un misterio dónde irá. Si se irá lejos, si ese día volverá a la casa, si dormirá en la ruta o improvisará. Al subirse, pone el disco de Soda Estéreo “Canción Animal” (su banda favorita) y comienza a conducir en la oscuridad. Por la mañana le gusta detenerse a desayunar y charlar con otros camioneros/as e intercambiar números pese a que sabe que la única vez que se verán será en ese desayuno.<br><br></div><div><strong>PERSONAJE B:<br></strong>Álvaro Ojeda, 17 años, casi 18. Su padre lo abandonó cuando sólo era un embrión en el vientre de su madre. Vive con su progenitora en un pequeño departamento en Caballito, y desde que esta consiguió un puesto de secretaría de un importante edificio de abogados, Álvaro casi no comparte momentos con ella ya que generalmente llega muy tarde a casa.&nbsp;<br>Álvaro es muy independiente, es capaz de prepararse su desayuno, cocinar u ordenar su almuerzo/cena, desplazarse por el transporte público solo, etc. Además es alumno del instituto secundario “General José de San Martín n°5” y solamente le faltan 2 meses para pasar a quinto año, si es que aprueba matemática, materia en la que siempre fue muy “malo”.&nbsp; Álvaro odia a la profesora, pero aún más a las funciones polinómicas, los gráficos de líneas, y el geogebra.&nbsp; Él siempre se pregunta de qué le servirán en el futuro y directamente prefiere no prestar atención en clase y rendir los temas en diciembre.&nbsp;<br>El joven es un gran poeta y compone canciones de rock que, según él, lo llevaran al éxito y fama. Aún no sabe qué nombre le pondrá a su banda pero sabe quiénes de sus amigos podrían ser parte de ella. Le gusta mucho el rock nacional en general, sin embargo es particularmente fanático de la banda Soda Stereo.<br>En su habitación tiene una pequeña televisión sobre una mesita ratona y una play 4 conectada a la misma. También cuenta con una cama individual con una mesita de luz al lado.<br>Más allá de la ausencia de su padre y la poca relación con su madre, Álvaro mantiene una vida bastante común. Los fines de semana sale con sus amigos, a veces le gusta ir a jugar a la pelota, o jugar a la play, etc. Él no sabe qué hará cuando termine el secundario, lo pone nervioso pensar en eso. De todas formas, prefiere vivir el presente y disfrutar estos últimos años antes de entrar a una etapa adulta. Cuando llegue el momento de decidir su futuro, algo se le ocurrirá.<br><br></div><div><strong>Creación del tiempo y espacio:<br></strong>Son las 5 am. Jorge se encuentra arriba de su camión. Ya se sentó y acomodó su oficina-casa móvil. Ya puso Soda Estéreo y ya se armó un mate. Una vez terminado, le da marcha al camión. Pero el vehículo no da respuesta. Lo vuelve a intentar, nada. Se pone nervioso, debe irse, está muy oscuro. Los nervios continúan invadiéndolo. Pasa gente medio rara, que tiene miedo a pedirles ayuda.&nbsp;<br>Por otro lado, y de madrugada, Álvaro se despierta en lo de un amigo. Está lejos de su casa y debe apurarse ya que a las 8 am es el horario de entrada escolar.&nbsp;<br>Se dirige al baño y se lava la cara. Vuelve a la habitación, toma sus cosas y se pone los pantalones. Su amigo está profundamente dormido por lo que prefiere no despertarlo y arreglárselas para volver. Tiene 5 centavos encima, aunque no le alcanzan para el bondi, ya verá qué hacer.<br><br></div><div><strong>Situación de encuentro y vínculo:<br></strong>Sorpresivamente, un muchacho se pone al costado del camión y le grita. Jorge se preocupa, pero no puede hacer nada. Si le quiere robar, no tiene escapatoria. Piensa unos segundos y baja un poco la ventanilla.&nbsp;<br>Al final, el muchacho solo quiere ayudarlo. Al inicio Jorge, le tenía desconfianza, por lo que no se dejó llevar del todo. Álvaro le cuenta que el padre de un amigo es camionero, por lo que conoce bien dichos vehículos. Pero luego de bastante ayuda e intercambios breves, logra comprender que aquel muchacho, Álvaro, no tiene malas intenciones, sino todo lo contrario.&nbsp;<br>A los veinte minutos de observar y tocar cosas en el motor, por fin da en el "clavo”. Es el burro de arranque. Le pide que Jorge se suba al camión y comience a dar arranques. Entre toques y toques, logra hacer que el motor arranque.<br>Jorge le agradece y le ofrece plata, a lo que el joven se lo rechaza y le dice que no le debe ni un peso. A Jorge le llama la curiosidad y decide preguntarle por qué anda por aquellos lugares a la madrugada. Álvaro le dice que había ido a casa de un amigo y terminó perdido, qué en verdad, él es de Gral. Rodríguez y que estaba esperando a tomarse un colectivo.<br>Entonces Jorge le ofrece llevarlo, y este accede.&nbsp;<br>Una vez dentro comienzan a conocerse. Jorge le consulta si le molesta la idea de poner música, a lo que Álvaro no se opone en lo más mínimo ya que él es fanático de la música. Y al enterarse de que se trata de Soda Estéreo, le hace saber a Jorge que él es fanático de aquella banda.<br>El camión inicia su marcha y el sol se explaya en todo el vidrio. Al principio están relativamente en silencio, mientras disfrutan de escuchar Soda Estéreo. De vez en cuando cruzan un comentario sobre el tema musical del momento, pero luego, se mantiene silencio.</div><div>Pero a Jorge le da curiosidad saber más del muchacho. Le consulta lo típico: cuántos años tenía, si estudiaba, con quiénes vive. Hay algo que lo descoloca: mientras charlan al joven se le escapa el nombre de su madre.<br>Jorge no puede creerlo. ¿Será aquella, su ex pareja? ¿Será él acaso su hijo a quién buscó por mucho tiempo? La curiosidad lo carcome, y le hace una pregunta, muy confiada: "¿Y tu papá, vivís con él también?" El joven le contesta lo que Jorge esperaba: "No, a mi padre nunca lo conocí. Lo único que sé es que es camionero y se fue antes de que yo naciera."</div><div>Jorge queda atónito por dentro. Le dice a modo de engaño que él es un amigo de su madre. Suma la frase: “Que casualidad encontrarnos así”. Con aquella excusa le pregunta si le molesta intercambiar números. A lo que Álvaro accede y se pasan sus números.</div><div>Durante el resto del viaje Jorge se dedica a preguntarle más por su vida. Aquel día, luego de muchísimo años, tiene una charla con su hijo. Y al finalizar el viaje, él lo deja en la esquina de su casa. Espera a verlo entrar. A la puerta sale aquella mujer, tan bella, tan espléndida pese a los años. Álvaro saluda y él se va. Una lágrima de muchas emociones roza sus cachetes.</div><div>A las dos semanas se anima a llamar: "¡Hola pibe! Soy yo, Jorge, el del camión. ¿Está tu mamá por ahí? ¿Puedo hablar con ella?"<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-27 20:48:52 UTC</pubDate>
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         <title>Nicolas Edreira y Tadeo Bodetto </title>
         <author>tadeobodetto</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A:</strong>&nbsp;<br>Claudio Ramírez es un chico de 8 años. Tiene dos hermanos: Horacio y Ernesto. Vive con su padre y es hincha fanático de Defensa y Justicia, y todos los fines de semana van a la cancha. El sueño de Claudio es llegar a primera y debutar con Defensa. Su madre falleció cuando apenas tenían 2 años. Tenía dos abuelos: Ricardo y Don Pedro, el padre de Leticia, madre de Claudio, vivía en Santa cruz y nunca había tenido mucha relación con su madre y su padre.&nbsp;<br>Siempre fue un chico muy fiel. En la escuela no le iba muy bien, le costaba mucho y no era muy respetuoso con sus maestros. Es un chico muy sociable, tenía muchos amigos y era muy conocido en el barrio. Cuando tenía libres las tardes de la semana se juntaban a hacer lo que más les gustaba con sus mejores amigos: jugar al futbol. Él siempre jugaba con sus mejores amigos Gustavo y Julián. Eran los mejores del barrio, siempre ganaban, gustaban y goleaban. Jugaban un torneo llamado “Copa Belgrano” que se llevaba a cabo en la plaza donde se crio.&nbsp;<br>Luego de una fantástica y auténtica copa habían llegado a la final de la competencia. Horas antes del partido, Claudio fue al kiosco a comprar algo para comer y beber y a la hora de comprar se dio cuenta de que su bolsillo estaba vacío, no tenía plata y dijo en voz alta: “Nooooo, qué boludo”.<br><br></div><div><strong>Personaje B:<br></strong>Elena es una señora de 68 años, tiene un hijo único que se llama Facundo, pero él se casó con una chica española y se fue a vivir a España hace 15 años. A él no le gustaba la idea de tener hijos y si decidía tener uno, estaba muy lejos como para verlo.&nbsp;<br>Ella se siente muy sola, había quedado viuda. Se había casado con Isidro, un hombre amable, “tallado a la antigua”, que venía de una familia muy pobre que tenía 6 hermanos. Elena vivía en frente de la plaza del barrio, y como no tenía mucho que hacer, se sentaba a mirar en el patio delantero, veía a los chicos jugar al futbol, esperaba a ver si pasaba algún vecino para sacarle charla y entretenerse un rato. En el barrio la conocían todos, vivía ahí hacia 40 años, y siempre para los cumpleaños de alguien del barrio hacía alguna torta. Además de trabajar en un local de ropa y en una heladería, había sido pastelera en una época y le encantaba cocinar cosas dulces. Alguien alguna vez le había dado la idea de abrir su propia pastelería en el barrio, pero la asustaba un poco la idea de que le saliera mal.&nbsp;<br>A ella le gustaban mucho los animales, tanto que siempre que veía alguno en la calle lo llevaba a su casa, le daba de comer, lo curaba si estaba lastimado o enfermo y después buscaba a alguien para dárselo en adopción, siguiendo el lema “Los perros no se compran, se adoptan”.&nbsp;<br>Todos los días a la tarde iba al kiosco a comprar algo. Cosa que hizo ese martes 23 de septiembre a la tarde, mientras esperaba en la fila para comprar, poco intranquila, porque esa fila era interminable.&nbsp;<br><br></div><div><strong>Creación del espacio y tiempo</strong>: <br>Buenos Aires, Florencio Varela. Jueves 23 de septiembre al mediodía. Templado, 14 grados, térmica 11. Kiosco cerca de la plaza donde en pocas horas se jugará la final de la “Copa Belgrano”. El kiosco está situado en el medio de la calle, es de color amarrillo, la pintura está un poco gastada y tiene dos carteles: uno de leds de muchos colores que dice "Kiosco" mientras se apagan y prenden las luces infinitamente y el otro es un cartel azul, casi nuevo, que dice "Fotocopiadora". Cerca del cordón de la vereda, los dueños han puesto un banquito blanco de madera debajo de un toldo rojo por si alguno de los clientes se quiere sentar a comer un sanguche, un pancho, o uno de esos helados de palito que venden.<br>Hace un momento que nuestros dos personajes están comprando en el kiosco. Están en la fila para comprar juntos a dos personas, esperando. Las dos personas están al final&nbsp; de la fila con el celular, uno hablando por whatsapp y otro con auriculares inalámbricos de color negro mate, muy tranquilo escuchando los Redondos en Spotify. También está el kiosquero, un pibe de apenas 19 años, un chico muy robusto, rubio y pelo largo. Elena está paciente, mirando a Claudio comprando, se escuchan bocinazos de fondo y palabras sueltas sobre la tardanza de la fila para comprar: “apúrate” , “dale pibe", "vas en cámara lenta”. La señora le empieza a hablar a Claudio y le pregunta cuál es su problema.<br><br><strong>Situación de encuentro y vínculo:<br></strong>Claudio no encuentra la plata en su bolsillo “Nooo que boludo”. El kiosquero le pide amablemente que se vaya de la fila si no tiene plata y que deje el paso libre al resto de las personas. El chico no se quiere mover y sigue buscando en todos lados dónde tenía la plata. Elena mira extrañamente a Claudio y le pregunta de buena manera cual es el problema que tiene. Se escuchan a las dos personas de atrás, apurando al chico para que se corra.</div><div>Elena le paga a Claudio los alfajores. Y observa al chico muy agradecido juntando los alfajores que le ha comprado. Luego van a la otra vereda, el chico le cuenta a Elena que quería comprar los alfajores para los amigos, que un rato después jugarán la final de un torneo importante del barrio, ahí en la plaza a tres cuadras. Claudio la invita a que lo vea jugar y la señora, que no tiene nada que hacer, accede con mucha emoción. Mientras van caminando a la plaza la señora le cuenta al chico que ella vive sola y que no tiene ningún nieto pero que le gustaría tener uno. Y le dice a Claudio: “Vos sos un chico bueno e inteligente, me gustaría tener un nieto como vos”. Él sonríe, se pone colorado y le revela que tampoco tiene una abuela, que le gustaría tener una que lo acompañe a jugar al futbol porque su papá siempre está trabajando y su mamá ha fallecido. Elena, conmovida, le dice que ella lo podía ir a ver jugar, si él quería.&nbsp;<br>Llegaron a la canchita de la plaza y empezaron a jugar la final. Al principio del partido le meten un gol al equipo de Claudio, el del otro equipo pegó un puntinazo que tocó el palo y entró. Claudio y sus amigos están desmotivados e imprecisos, pero afuera Elena los ve así y empieza a alentarnos. A los cinco minutos están jugando bien, la pelota le cae a Claudio que amaga a uno y le pega cruzado abajo. Ahora están uno a uno.&nbsp;<br>El partido sigue como estaba, es un partido peleado, y faltando dos minutos están todos cansados. Cuando un rival se va solo contra el arquero, Claudio llega justo de costado tirándose a barrer, la saca limpia y le tira un pelotazo al nueve, que la revienta desde afuera del área y entra al ángulo.&nbsp;<br>Termina el partido, ganan el torneo y empiezan a festejar los chicos con sus padres que se meten en la cancha. Elena va a festejar con Claudio y desde ese día lo irá a ver siempre que juegue un partido, para que no se sienta solo, y que ella sienta que tiene un nieto y él que tiene una abuela.</div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-27 20:49:50 UTC</pubDate>
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         <title>Juanse Chattás y Jerónimo Agustín Junco</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A:</strong><br><strong>Esteban Heisenberg</strong> tiene 18 años. Vive con su padre, su madre y 2 gatos. La mamá, Karina, trabaja de psicóloga y el padre, Valentino, es doctor. No tiene una gran relación con ellos, más bien cruces y charlas rodeadas de convencionalismos. Por dentro, les reprocha haber sido tan duros con él en su infancia, aunque con el tiempo comienza a entenderlos. A sus dos gatos, Saturno y Júpiter, los adoptó en la puerta de una casa de venta de sahumerios, lugar que le gusta frecuentar los fines de semana. Le son de gran compañía en las noches de soledad, en las que se recuesta a ver películas de acción del mejor estilo estadounidense.<br>Esteban es una persona pacífica y monótona. En su casa, utiliza varios sahumerios con motivos purificadores y ve todo los documentales sobre astronomía que están a su alcance. Es de acuario y, con el tiempo, aprendió a convivir con otros signos. Al principio le molestaban las personas de Aries y Leo, aunque actualmente no tiene rencor con ninguno.&nbsp;</div><div>Vive en una casa de Caballito de 3 pisos y subsuelo, con onda moderna y muchas decoraciones sobre piedras preciosas. Suele fumar en su pieza y ponerse música para vivir un tipo de viaje astral, donde logra llegar a elevados grados de profundidad.&nbsp;</div><div>A pesar de tener pocos amigos, apenas tres compañeros de secundaria, asegura sentirse cómodo con sus relaciones y estar bien rodeado. Le gusta salir a caminar solo por el barrio, mirar las casas y cruzarse con los personajes más conocidos de la zona, como Cacho, el panadero; Martín, el cerrajero; o el verdulero Costa. Cuando se siente inspirado toca la guitarra y escucha música aesthetic o triste. La soledad le permite reflexionar, pensar y analizar situaciones o hechos que solía pasar por alto.</div><div>Ahora se encuentra solo en Villa Traful, queriendo conocerse a él mismo en ese ambiente tan natural. Esteban para en una de las cabañas más costosas del lugar y le encanta recorrer los restaurantes mientras fuma y toma café.&nbsp;<br><br></div><div><strong>Personaje B:<br>Enzo Palermo</strong> tiene 17 años. Es socio y fanático de Racing, pasión heredada de su padre y de su madre, dos fieles hinchas de la Academia y militantes peronistas. Él no es un joven muy político, pero suele acercarse al búnker o a la plaza a festejar resultados positivos en elecciones. Se describe como un muchacho “copado”, con buena onda, que es “jodón” pero se porta bien. De hecho, no cuenta con ninguna amonestación o firma en sus largos años de estudio.&nbsp;</div><div>Su rendimiento escolar lo suele comparar con John Mc Ginn, mediocampista del Aston Villa. Dice que, al igual que el futbolista, es un motorcito, se esfuerza mucho, pone ganas y es muy rendidor, a pesar de no considerarse una estrella. Sus padres lo alientan para que sea estudioso y le recuerdan que haga tareas y estudie para pruebas cuando él se olvida. Es colgado y, aunque vive a 2 cuadras, llega muy justo de tiempo al colegio. Le echa la culpa a Caballito, dice que es un barrio muy transitado y la gente lo hace caminar más lento.&nbsp;</div><div>En la semana va a la escuela y, martes y jueves, entrena en un club de fútbol con amigos. Las tardes de los miércoles, después de salir de la escuela, se las reserva para almorzar con su abuela Erminda. Los ratos libres le gusta ocuparlos mirando programas de debate futbolero y escuchando Los Redondos o The Rolling Stones.&nbsp;</div><div>En los fines de semana hace planes nocturnos, las mañanas y tardes se las guarda para mirar la Premier League. Y, obviamente, para ir al estadio de Racing. Ve en la cancha su lugar favorito.&nbsp;</div><div>Ahora está medio enojado con sus papás, que lo llevaron de vacaciones al Sur justo cuando arrancaba el campeonato, por lo que se perderá un partido de su equipo de local. Lo tiene que ver en un bar de Villa Traful, junto con su padre.<br><br></div><div><strong>Creación de tiempo y espacio:</strong></div><div>Villa Traful, domingo 9 de febrero. Bar frente a un lago en una noche fría. El ambiente está decorado con viejas remeras de fútbol de clubes menores del exterior en su mayoría, como Las Palmas, o el Spezia, que remiten a antiguos viajes del dueño del lugar. Los muebles, de un marrón desgastado, completan la decoración y, junto a las rojas mesas de plástico con el Coca Cola blanco escrito en cursiva, conforman esa especie de cantina.&nbsp;</div><div>Enzo llega a las 21:15 horas, 15 minutos antes de que comience el partido y se pide una grande de muzza. Mientras los cocineros la preparan, él come pan con manteca y toma Pepsi, acompañado por su padre, quien también espera deseoso la pizza. Su madre prefirió no ir por sentirse cansada.&nbsp;</div><div>El olor de un sahumerio se suma al de la milanesa que come un señor mayor ubicado justo detrás de Esteban, que se hace presente una hora y media antes de la medianoche, y se pide un cortado que toma sentado y solo.&nbsp;<br><br></div><div><strong>Situación de encuentro y vínculo:<br></strong>Son las 23:30 horas. Racing perdió por 2 goles a 1, dejando a Enzo con un notable mal humor. Terminado el partido, le pide a su padre que se vaya, que él regresará más tarde a la casa, y sale al río a mirar el cielo. La luna llena, escoltada por la gran cantidad de brillantes estrellas, iluminaba la oscuridad de aquella bajada de playa. Esteban, que ya estaba por partir rumbo a su cabaña, sigue los pasos del joven que vio salir cabizbajo del bar, y se acerca hasta él. Baja por la duna de arena de piedra y, por entre los yuyos, llega a ver la silueta del, hasta ese momento, desconocido Enzo.&nbsp;</div><div>Una vez en la orilla de la playa, Esteban se arrima a Enzo y se conocen. Las primeras palabras que intercambian son saludos y preguntas convencionales:</div><div>Esteban: "Disculpá que te moleste. Ya sé que es raro que venga así pero te vi venir medio cabizbajo, de mala gana ¿Te pasa algo?"&nbsp;</div><div>Después de intentar interpretar los rasgos faciales de Esteban en la oscuridad, Enzo se reincorpora.</div><div>Enzo: "Hola. Vení, sentate ¿De dónde sos?"</div><div>Esteban: "De Caballito ¿Y vos?"</div><div>Enzo: "Ehh, qué casualidad. Yo también."&nbsp;<br>Esteban: "¿Estás solo por acá?"</div><div>Enzo: "Vine con la familia unos días, pero salí a pasar la noche solo, no me banco mucho a mis papás. Bueno... te cuento."</div><div>La conversación continúa. Después de intercambiar algunas palabras, fuman juntos y profundizan la charla, tratando sus problemas y abriéndose el uno al otro. Esteban comparte su desagrado con algunas decisiones de sus padres y parte de sus gustos musicales, mientras que Enzo manifiesta su bronca por ser tan colgado y le comenta sobre una chica de la secundaria que le atrae físicamente. Se ayudan mutuamente, sin saber la relevancia que van a tener sus consejos en la personalidad del otro.&nbsp;<br>La conversación logra tal grado de confianza que los lleva a pactar un nuevo encuentro. Enzo volverá pronto a la ciudad, por lo que combinan reunirse dentro de pocos días en Caballito. Caminan por la orilla de la angosta playa, hasta llegar a la cabaña donde Esteban se hospeda. Se despiden con un apretón de manos y la promesa de juntarse en breve. Será sorprendente la cantidad de cambios que se verán en su reencuentro, los cuales llevarán a los jóvenes a conjeturar sobre lo que sucedió esa noche en el río de Villa Traful.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-27 22:56:02 UTC</pubDate>
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         <title>Valentina Wilensky y Emma De Smedt Pou</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A:&nbsp;</strong></div><div>Abigail García, 30 años, licenciada en marketing. Acaba de volver de Londres, después de haber vivido 5 años allá. Vivía en un departamento en en el medio de Soho, trabajaba en una empresa de productos electrónicos donde conoció a su novio Henry y estuvieron juntos por 3 años, se estaban por casar pero se enteró que él la engañaba, estuvo triste por mucho tiempo, pero le llegó una propuesta de trabajo en Argentina y decidió volver ya que extrañaba mucho a sus amigos y familiares.&nbsp;<br>Es de capricornio, adicta al trabajo, corre 10 Km por día, no le gusta ver series y películas, piensa que es una distracción y pérdida de tiempo, prefiere estar toda la noche trabajando en nuevas ideas o salir con sus amigos. Su amiga Rocío la quiere convencer de ir a una fiesta y conocer gente nueva, pero ella no quiere ir para seguir trabajando. Finalmente la convence, y sin ganas se prepara para ir.&nbsp;<br>Al llegar se aburre, así que se sienta a tomar gin tonic; no le gusta la música ni el ambiente. La gente baila la música de Louta de una forma extraña, que no comprende ni le agrada. Después de un rato decide irse, se levanta cuando de repente se choca con un chico que le tira una pinta de cerveza encima de su ropa cara. Su noche no puede ser peor.</div><div><br><strong>Personaje B:&nbsp;</strong></div><div>Mariano Elizalde, 33 años, estudia cine y lo mantienen sus padres. Antes estudiaba abogacía y trabajaba en el bufete jurídico de su papá, estaba a punto de terminar la carrera pero en un viaje a Ámsterdam cambió de opinión y decidió comenzar con la carrera de cine. Su papá estaba muy decepcionado, así que lo despidió. Mariano se estaba por quedar sin plata y volver a vivir en la casa de sus padres,&nbsp; pero su mamá convenció a su papá de que lo mantenga y siga viviendo solo.&nbsp;<br>Vive en Palermo, se pasa todo el día viendo series y películas. Le gusta mucho el rock, el hip hop y el rap, sus cantantes y bandas favoritas son Louta, Pink Floyd y Eminem. Se hace el que le gusta el cine europeo, pero en realidad es fanático de las películas de Adam Sandler. Es de cáncer, tiene un podcast de cine y música junto a unos amigos Nacho y Lucho. No tienen muchos oyentes pero creen que cuando consigan una entrevista con algún actor famoso como Martín Piroyansky van a tener más de 20 mil oyentes por día.</div><div>Decide hacer una fiesta con su amigo Lucho en la terraza de un bar. La está pasando genial, se puso ropa nueva que lo hace sentir muy bien y está muy borracho, bailando la música de Louta de una forma, según él, muy cool y fumando. De tanto bailar está sediento, así que se va a pedir una pinta, probablemente la quinta de la noche. Cuando el barman le da su pinta quiere volver a donde están todos sus amigos para seguir bailando y charlando; pero de repente una chica, bastante linda, se interpone en su camino y le tira toda la pinta en el vestido.</div><div><br></div><div><strong>Creación de espacio y tiempo:&nbsp;</strong></div><div>Buenos Aires, Palermo. Viernes 27 de noviembre del 2019. La terraza del The Jail bar, en Armenia y Costa Rica, cielo despejado, 25 grados, térmica 23. La terraza es muy grande, tiene un mini escenario donde esta el Dj Smoke, enfrente hay un bartender preparando tragos medio exóticos, en el medio hay una pista de baile que cambia de colores todo el tiempo, hay tiras de luces y parlantes gigantes por todos lados y una maquina de humo. Hace una hora llegó Mariano y media hora después Abigail, con su amiga Rocío. Hay alrededor de 100 personas. Suena ‘‘Todos con el celu’’ de Louta. Hay mucha cerveza y otras bebidas servidas por el bartender y cigarrillos.&nbsp;</div><div>Abigail está sentada en un sillón que está en la terraza del bar (sí, hay un sillón en la terraza del bar, así de cool es la fiesta) viendo Instragram y subiendo una historia como si la estuviera pasando bien, aunque en realidad no es así. Mariano la está pasando de diez, baila y fuma. Registra todo lo que pasa para hacer un posteo cool de Instagram mañana. Entre baile y baile, Mariano va por su quinta cerveza. Está volviendo a su grupo con ella cuando Abigail decide levantarse.<br>&nbsp;</div><div><strong>Situación encuentro y vínculo:&nbsp;</strong></div><div>Abigail se levanta y se choca con Mariano. “¿Qué te pasa?¿Estás loco vos?’’ dice Abigail. ‘‘Tranquila linda, es sólo cerveza’’ le dice Mariano balbuceando. Ella empieza a agarrar servilletas y a secarse el vestido; él trata de ayudarla pero está tan borracho que casi no puede quedarse parado. Abigail, ya cansada de todo, se va pero Mariano la persigue y le ofrece algo de tomar. Ella se niega, pero él insiste tanto que termina aceptando. Vuelven a la terraza del bar, le piden un trago al bartender y se sientan en el sillón, en el que antes estaba Abigail, para conversar.&nbsp;</div><div>Hablaron tanto que no se dieron cuenta de que estuvieron juntos toda la noche. Son dos personas totalmente diferentes que comienzan a encontrar cosas en común. A Abigail le gusta mucho la actitud relajada que tiene Mariano con la vida y a Mariano le gusta lo motivada que estaba Abigail para ayudarlo, de alguna manera, para que su podcast tenga cada vez más visitas.&nbsp;<br>Ya son las 6 de la mañana y Abigail tiene una reunión muy importante que empieza en 2 horas. Así que se dan sus números para armar algún plan en la semana y seguir en contacto. Los dos se van felices sabiendo que tienen un nuevo amigo.&nbsp;</div><div>Abigail, que había ido a la fiesta con mucho mal humor, le termina dando la razón a su amiga y comienza a pensar en armar más planes, conocer gente nueva y pensar menos en el trabajo. Es más, hasta va a ver “El Juego del Calamar”, la serie que le recomendó Mariano. Él decide empezar a buscar trabajo para juntar toda la plata posible y en unos meses hacer un viaje de mochilero por el sudeste asiático. Ambos, tienen una noche llena de emociones y revelaciones sobre sus vidas en el momento que menos lo planearon.</div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-28 18:25:13 UTC</pubDate>
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         <title>Camilo Folini e Ignacio Rivas Alvarado</title>
         <author>ajcastiglionieltaller</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A: <br></strong>Fidel Montañés, 36 años. Está entrando en una relación amorosa, pero más interesado en la ayuda de alguien que en el amor: es ciego. Se maneja bien solo, lo hace desde sus 22, pero cambió hace poco de trabajo y sus rutas, que estaban normalizadas, cambiaron. Aún le cuesta el nuevo camino. Su nuevo trabajo es de telefonista en una sucursal de Movistar en Villa Soldati, mientras que él vive en San Telmo. Es católico, va a misa los domingos, y le pide a Dios poder ver (es ciego desde su nacimiento). Su familia, más que nada su padre, intentan verlo por lo menos una vez a la semana. A Carlos, su padre, todavía le duele que tenga esa discapacidad, y no poder compartirle sus gustos a su hijo, como el futbol, las carreras de autos, y el ajedrez. Lo que sí pudo compartirle fue la música, y muy variada: desde Led Zeppelin hasta Los Redondos, pero siempre rock.&nbsp;</div><div>Fidel consiguió su nuevo trabajo gracias a su amigo (único amigo), Juan Domingo. Juan es la única persona por fuera de la familia que lo cuidó y ayudó, llegando a tener una relación de amistad muy grande. Juan vive a dos cuadras de la sucursal, por lo que no podrá ayudarlo en la cruzada de aprender el nuevo camino a su trabajo, para él que debe tomar dos colectivos. Antes, Fidel trabajaba en una fábrica en Nueva Pompeya, pero le echaron (en buenos términos) por su discapacidad visual.<br><br></div><div><strong>Personaje B: </strong><br>Martín, 18 años, músico de corazón y con una fuerte pasión por el arte abstracto. Veía a la escuela como una distracción y es así como desde los 11 años que no pisa una institución educativa, teniendo como resultado el rechazo total de sus padres y la necesidad de subsistir a base del arte callejero y la solidaridad de las personas con las que se cruza en los bondis y subtes. Cuando recauda un capital suficiente para pasear tranquilamente, suele visitar museos del barrio en el que se encuentra.<br>Sin embargo, no todo es gris en su vida. A lo largo de su emprendimiento pudo conocer a Pedro, su ahora mejor amigo y dupla en los espectáculos que hace. Él llevó a Martín rumbo a su precario pero hogareño callejón en Agronomía donde, junto a tres personas más, comparten un espacio armonioso y lleno de vida por las notas que resuenan en el aire.&nbsp;<br>Martín arranca la jornada buscando colectivos que lo lleven para el centro, teniendo en cuenta que así puede llegar a juntar más plata por la cantidad aumentada de oyentes. Suele buscar las ofertas en lugares de comida rápida para alimentarse y todo lo que sobra, va para la cena. Por la tarde, vuelve en dirección a su “residencia “para encontrarse con sus compañeros de piso quienes compartirán todo lo que han juntado para así poder comer una noche más. El día es duro pero sabe que si no se mueve, nadie lo hará por él.&nbsp;<br><br></div><div><strong>Creación de tiempo y espacio:</strong></div><div>Viernes 5 de septiembre, el país y el mundo de la música están conmovidos por perder a uno de sus grandes: Gustavo Cerati. <br>Nueve de la mañana y Fidel viaja a su trabajo. Su “pareja”, si es que así puede llamarla, tiene una reunión importante en su trabajo y no puede acompañarlo. Fidel se encuentra haciendo la señal para subirse dentro del colectivo y se prepara para sentarse en los asientos de adelante al lado del chofer para que lo asista y le avise cuándo debe bajar. Mientras pone el primer pie dentro del transporte es que escucha esa canción, su favorita de Gustavo, a quien ese día lloran todos sus fans, y él es uno más. Martín está tocando con su guitarra canciones de Gustavo, demostrando que él también lo ama y sabe que es el día para recordarlo. Justo se sienta Fidel, cuando está ajustando una cuerda. <br>Cuando termina, comienza a tocar “Ciudad de la Furia”, acaso no la más fácil solo para una guitarra, pero con el amor con que Martín la toca no hace falta nada más. Fidel queda fascinado, y cuando termina la canción, se acerca y le deja un billete.<br><br><strong>Situación de encuentro y vínculo:</strong></div><div>“Mil gracias”, intercambia el joven mientras se acomoda para que no se le caiga la gorra con el arranque del colectivo, arrimándose a una de las barandas. "Un día de luto total para el grande que ahora aprecia a los talentosos músicos como vos", le dedica Fidel con una sonrisa mientras intenta, agitando una de sus manos, sostenerse o recolocarse en algún hueco vacío del colectivo. Martín se percata y decide ayudarlo para que no se caiga en pleno movimiento. “Aprecio el gesto, pero deje muchacho, siga tocando tranquilo que a este lugar le falta onda”. Entusiasmado por los ánimos, el chico continua tocando clásicos de la estrella como “Persiana Americana”, “Cuando pase el temblor”, “Cosas imposibles” y para cerrar el inolvidable “De música ligera”. Cuando termina la obra en homenaje a Cerati, Fidel y el resto de los pasajeros aplauden a nuestro músico independiente por lo armónico del viaje gracias a su presencia.&nbsp;</div><div>Pasando esto, ambos deciden bajar en la misma parada y seguir caminando rumbo al Movistar donde trabaja Fidel. Hablan sin cesar de sus gustos musicales y se recomiendan temas, tanto para escuchar como para tocar en futuras funciones. Cuando llegan a la puerta de la sucursal de Movistar, Martín le deja anotado en un papel del Burger King que había guardado en uno de los bolsillos, los horarios en los que podría encontrarlo por si en algún momento quiere volver a verlo. Feliz por lo sucedido, Fidel lo saluda y se prepara para dar arranque a su jornada laboral.&nbsp;<br>Por la tarde se encuentra con Juan, al que le cuenta todo lo que le sucedió, cerrando con una frase que deja alegre su amigo: “Quiero que te prepares para el viernes que vamos a escuchar unos buenos clásicos para arrancar el finde con la mejor”.</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-29 12:05:31 UTC</pubDate>
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         <title>Nicolás González y Dante Halpern</title>
         <author>ajcastiglionieltaller</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A: <br></strong>Carlos Molina, 70 años, tiene tres hijos y seis nietos. Sus hijos son María, Juan y Hernán. Y los nietos son Nicolás, Tomas, Santiago, Candela, Micaela y Beni. Su nieto preferido es Nicolás ya que comparten la misma pasión por el futbol. Ellos son hinchas fanáticos de Boca, el club más grande de Argentina y todos los fines de semanas van a la cancha. Carlos lo pasa a buscar y mientras van de camino hablan de todo un poco, cómo le va en la secundaria, del partido de ese día, de anécdotas de la cancha y sobre todo de la formación con la que Boca sale al campo. También van todos los miércoles de copa libertadores ya que en ese estadio tan icónico como la Bombonera se vive de otra manera.</div><div>Carlos vive con su esposa Norma que la conoce desde los 14 años. Viven en Caballito, en la calle Andrés Lamas al 900, en una casa muy linda que la consiguieron con mucho esfuerzo y dedicación. Carlos trabajó toda su vida en una fábrica metalúrgica que heredó de su padre y que hoy en día la maneja su hijo Hernán, ya que él está jubilado y disfruta de sus nietos, el tiempo libre con sus amigos de toda la vida yendo a jugar al tenis, y de su esposa haciendo viajes a otros países.</div><div>Todas las mañanas se levanta y se va a caminar a la plaza Irlanda dos vueltas y al regresar va a la panadería de la vuelta de su casa a comprar unas facturas para desayunar y arrancar la mañana lo mejor posible.</div><div>Pese a que siempre va acompañado a ver los partidos de futbol, el encuentro tan conocido entre Argentina vs Perú del año 2009, él está solo en el estadio.<br><br></div><div><strong>Personaje B:<br></strong>Raúl Sabino tiene 68 años y es hincha fanático de River Plate desde los 12 años cuando su padre lo llevaba a la cancha. Su máximo ídolo es el Beto Alonso.</div><div>A él se lo puede llamar un jugador frustrado ya que jugaba en las inferiores de River y no pudo llegar a primera por una lesión grave que lo dejó afuera de las canchas.<br>Raúl tiene una esposa llamada Ana y tres hijos llamados Tomas, Martín y Fabricio que con ellos comparte el futbol. Él trabaja de cerrajero desde los 20 años y a los 41 años pudo abrir su propia cerrajería con mucho esfuerzo y sacrificio. Las cosas que a él le gustan hacer son jugar al futbol con amigos, salir a comer con la familia y mirar películas de acción, su favorita es Plan de escape, de Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger como actores principales. Él vive con su esposa en Villa del Parque, pero de chico el vivía en Bahía Blanca hasta los 18 años cuando mudó él solo a Capital Federal.<br>El partido tan famoso de eliminatorias de Argentina vs Perú en 2099, él esta solo en la cancha.<br><br></div><div><strong>Creación de espacio y tiempo: <br></strong>Buenos Aires, Núñez. Sábado 10 de octubre de 2009 por la noche en el estadio Monumental. Cae una lluvia torrencial y hace mucho frío. La entrada de la gente a la cancha es con mucho entusiasmo, pero también con miedo ya que no podíamos perder, si eso sucedía nos quedábamos afuera de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. La cara de la gente es de miedo, y todos están muy abrigados por el frío que hace y por la lluvia que se viene, pero qué mejor que eso en una final para ir al mundial. Como todo partido, los patys, los choris, las cocas y sobre todo el ambiente de eliminatorias con el cántico de la gente, aún sin saber la noche histórica que será del 10 de octubre de 2009.</div><div>Los dos personajes ya están en la cancha y esperan que arranque el partido tan esperado. Nuestro técnico es el mejor jugador de todo la historia: Diego Armando Maradona. Argentina, a pesar de eso, viene jugando muy mal pero si los resultados ayudan se pueden opacar esas diferentes falencias del equipo argentino rumbo a la copa del mundo.<br><br></div><div><strong>Situación de encuentro y vínculo:</strong>&nbsp;<br>Una vez que ingresan al Monumental, Carlos y Raúl empiezan a subir las escaleras por diferentes lados. Al entrar a las gradas se dirigen a sus lugares que estaban uno al lado del otro. Se sientan y esperan el inicio del partido con mucha intensidad y algunos cánticos para animar a la Selección Argentina. El estadio está repleto y no entra una hormiga ni siquiera. Carlos tiene una vibra que le dice que será muy tranquilo el partido, pero Raúl siente todo lo contrario ya que los sufre mucho.<br>El partido comienza con una Argentina muy prometedora pero al pasar el tiempo cada vez se va alejando la chance de pasar al mundial ya que el primer tiempo se va al descanso 0 a 0 y Argentina necesita esa victoria sí o sí. La cara de la gente se empieza a llenar de preocupación porque el equipo no encuentra el resultado que necesita y además se le suma una lluvia que no deja ver nada.<br>Al comenzar el segundo tiempo Perú tiene una jugada muy clara y el estadio se paraliza, pero en la contra llega el primer gol de Argentina por una linda jugada. Carlos y Raúl se desquitan gritando el gol.&nbsp;<br>Sigue el partido y Perú lo busca pero no lo encuentra. Hasta que en un ataque Perú lo empata sobre la hora y con ese resultado nos quedamos afuera de la Copa del Mundo.<br>La preocupación de la gente es inminente como la cara de Raúl y Carlos que no lo pueden creer. Pero el héroe de esta noche ya ha ingresado en el segundo tiempo a pedido del público porque se dice que es el optimista del gol. Y en la última jugada del partido, nos cae un córner del cielo que es la única chance de marcar gol y pasar al mundial. Tira el centro y después de un rebote le cae la pelota a Insúa que mete un centro rasante al segundo palo y que se la encuentra Martín Palermo, que lo único que hace es acomodar el pie de forma indicada, darle un pase a la red para que explote todo El Monumental.&nbsp;<br>Carlos y Raúl se abrazan como si fueran hermanos sintiendo una vibra que los llena de alegría y emoción. Ese abrazo dura un minuto. Es cierto que entre ellos no se conocían pero el futbol y un gol milagroso los hace conocerse.&nbsp;<br>Al terminar el partido empiezan hablar y contarse cosas como si se conocieran de toda la vida pero en realidad se acaban de encontrar hace cinco minutos por un abrazo de gol que no lo olvidarán jamás en la vida, como esa noche totalmente histórica, la mires por donde la mires. Al salir del estadio van a tomar una cerveza y comer algo porque tienen hambre y frío a la vez por la lluvia que ha caído durante todo el segundo tiempo. Se piden para comer cada uno una milanesa napolitana con papas fritas que es la comida preferida de los dos. Además, entre charla y charla se dan cuenta de que tienen una gran cantidad de cosas en común, como ser fanáticos del futbol. Al terminar de comer Carlos le dice que le invita la comida ya que le ha caído muy bien y Raúl no llevaba plata. Raúl, para no quedar así, le pide su número de teléfono y le dice que la semana que viene lo va a invitar a un restaurante y que la comida la va a pagar él ya que la última vez él no la pagó, y porque también le ha caído muy bien y le encantaría seguir la relación.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-29 12:19:53 UTC</pubDate>
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         <title>Mateo Guevara y Morena Stella</title>
         <author>ajcastiglionieltaller</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>PERSONAJE A:</strong></div><div>Julián Lozano, 24 años. Estudia arquitectura en la Universidad de Buenos Aires (UBA), ya está en su 4 año. Es un chico muy aplicado y responsable pero en la secundaria nunca le había ido bien con los números, pero eso no lo obstaculiza porque siempre ha soñado con ser arquitecto.</div><div>Julián vive en Flores con sus padres y su perro Max. Tiene una buena relación con sus padres. Ellos pero casi no los ven porque trabajan todo el día. Cuando está solo en la casa le gusta escuchar “Queen” a máximo volumen. No se acuerda cuando fue la primera vez que la escuchó pero fue hace un tiempo y siente que lo distrae de todo.&nbsp;</div><div>Justamente, esa mañana de sábado se levanta nervioso y contento porque aquel día, 13 de Julio de 1985, tiene el concierto de “Queen” y es la primera vez que los podrá ver en persona.&nbsp;</div><div>Acercándose la hora, sus dos mejores amigos de la primeriza, Matías y Soledad, lo están yendo a buscar. Entonces, abre su placard velozmente y se pone lo que siempre usa, un jean con una remera blanca y un buzo negro, siempre básico.&nbsp;</div><div>Le toca la butaca 22, al lado de una linda muchacha que no le da mucha bola. Empieza el concierto. Julián se acuerda que dentro de su mochila, tiene una bandera de Argentina que preparó para este momento. Agarra su mochila, busca y se topa con que la tela de la bandera es diferente a la que él recordaba. Sin ningún tipo de dudas, Julián, quedó muy confundido al sacar de dentro de su mochila una campera femenina color verde oliva. Le pregunta a sus amigos si la conocían, pero le dijeron que no. En ese instante, mira a Mónica y nota que justo al otro lado de su butaca, descansa en el piso la misma mochila que él tiene en sus manos en ese momento. Casi automáticamente y por auto reflejo, le toca el hombro a Mónica y le pregunta: “De casualidad, ¿esta campera es tuya?”.</div><div><br></div><div><strong>PERSONAJE B:<br></strong>Mónica Leonardi, veintidós años, estudiante de psicología en la universidad de Buenos Aires. Está en tercer año de la carrera, le gusta mucho y no piensa abandonarla. Su sueño es tener su propio estudio para sesiones y poder enfocarse como le gustaría en el canto. Ella canta todo el tiempo. Y si no cantara en la ducha, sería preocupante. Quisiera poder escribir y componer letras y melodías, pero se le hace casi imposible ya que se toma muy en serio el estudio de su carrera. Le gusta estudiar escuchando música que sea relajante y que acompañe el ambiente tranquilo de estudio. Para enfiestarse, escucha rock internacional o pop acústico. Su banda favorita, es Queen, porque le tiene mucho aprecio a Freddy y se compadece de su historia.</div><div>Vive con su madre y su hermano menor, Tobías. La relación con su madre se basa principalmente en el respeto y la confianza; en el amor. Siempre desayunan juntas a la mañana, antes de ir respectivamente a sus destinos (universidad, trabajo). Las mañanas son muy preciadas para Mónica. Siempre tienen un tema del que hablar y del que discutir. Le encanta poder charlar de todo con su madre; ha logrado una conexión muy importante. Mónica no conoce a su padre. Se ha largado de casa. Era un golpeador y estafador. Su nombre está tachado por toda la familia. No es considerado padre, es considerado un ser humano más sin ningún tipo de relación con los Leonardi. Tobías Roca, el hermano de Mónica, sigue manteniendo el apellido de su padre en su nombre ya que es menor de edad. Mónica, en la primera oportunidad que tuvo, se extirpó el apellido de su padre para ponerse el de su madre Fabiana Leonardi.</div><div>Tobías tiene 15 años y está en su plena etapa de rebeldía. Cuando Fabiana lo deja en el colegio y se va, Tobías aprovecha para fugarse por la calle de atrás con sus amigos del barrio de mayor edad. Desaprueba todo examen, y el que aprueba es porque se copió. La relación entre hermanos llega a ser muy tensa por momentos. Tienen muchas peleas. Discrepan en cada tema del que hablan. Igualmente, lo quiere mucho. Entiende que es una etapa, que tarde o temprano, dejará de ser así. Tarde o temprano se le irán de la cabeza las ideas rebeldes. Ojalá sea pronto, piensa Mónica.</div><div>El cuarto de Mónica, está muy bien decorado, tiene un escritorio hermoso de color blanco, en dónde estudia con su notebook. Tiene una colección de resaltadores y lapiceras de distintos colores. Es muy detallista. Su cama la mayoría de veces está desordenada, pero es un desorden que no desentona con la habitación. Su ropa, siempre está ordenada. Tiene una cómoda gigante de color gris y un espejo bastante grande (de cuerpo completo) en el que se ve y arregla todas las mañanas. Le gusta vestirse con tonos oscuros y cálidos. Es fanática de los colores marrones y grises. El verde oliva es su favorito.</div><div>Le encanta salir con sus amigas. No hay nada que le gane a una buena salida en un bar lleno de amigas. Las necesita. Sus amigas le hacen mucha compañía. Las que no pueden faltar en una noche especial, son Florencia y Sofía, son sus mejores amigas.</div><div>Esa noche especial del 13 de julio de 1985, una de sus amigas le falla. Es Florencia. No puede ir porque ya tenía planes con su novio. Esto hace enojar mucho a Mónica y a Sofía. No pueden creer que prefiera a su novio. Queen no viene todos los días a Argentina. Pasado el tiempo de furia, Mónica dejó deja en claro que nada ni nadie podía podrá arruinar su gran noche. Sofía va a la casa de Mónica 2 horas antes del concierto y se preparan en la habitación escuchando canciones de Queen. Se prestaban prestan perfumes, accesorios y hasta ropa. Quieren lucir divinas.</div><div>Estaban Cuando están listas y preparadas para salir, Mónica le da un beso fuerte a su madre que le dice:</div><div>- Cuídate hija, pasala hermoso que te lo mereces después de tanto estudio. ¿Te llevas la campera verde? Mira que refresca a la noche.</div><div>Mónica hace un gesto rápido para escapar de la pregunta y salen ambas por la puerta. Se suben al auto de Sofía.<br>Es un largo recorrido, vivían en un barrio muy lejano al Luna Park. Pero, llegan, al fin. Sofía estaciona su auto, se bajan con ímpetu y van rumbo a la puerta. La seguridad les registra sus cosas, les piden sus documentos y sus entradas. Todo sale a la perfección. Están muy emocionadas. Buscan sus butacas y se sientan en donde les corresponde. Mónica, nota que a su lado se sienta un joven con sus amigos, pero no le da importancia.</div><div>Finalmente, después de tanta gente acomodándose en sus respectivos lugares, de jóvenes enloquecidos gritando el nombre “Freddy” a toda voz y de tanto balbuceo entre las diferentes burbujas de personas; se asoma un presentador que grita orgulloso que la banda “Queen” está por salir. Mónica y Sofía se enloquecen y comienzan a gritar junto a la multitud. Mónica, tan emocionada y cegada por la locura que estaba viviendo, tira su mochila al piso y la deja al lado de su butaca. En medio de la presentación, siente que el joven que se encontraba a su derecha, le pregunta: “De casualidad, ¿esta campera es tuya?”.<br><br><strong>CREACIÓN DEL ESPACIO Y TIEMPO:</strong></div><div>Buenos Aires, Flores. Sábado 13 de Julio de 1985. Concierto de “Queen” en el Luna Park. Entre medio de mucha gente, hace unos minutos que Mónica está esperando en la puerta con sus mejores amigas haciendo la fila para poder entrar. Queen no suele realizar shows en Argentina muy seguidos, por esa razón hay tanta gente. Están todos desesperados por entrar, entre medio de la fila hay personas vestidas con remeras del logo de Queen, con carteles, binchas, etc. Mónica tiene delante a un matrimonio y atrás a un grupo de amigas que&nbsp; escucha que han viajado mucho tiempo para poder estar hoy acá, supone, vienen de otra provincia. El Luna Park, está ubicado en el barrio de San Nicolás, frente al instituto tecnológico de Buenos Aires (ITBA), es un barrio al que se suele ir a comer o recorrer. Mónica y sus amigas están entrando para buscar su butaca mientras que por otro lado, llegaba Julián con sus amigos, apurados pensando que no llegan a tiempo.</div><div>&nbsp;Al entrar, hay mucha gente gritando. A Sofia, se le sienta a la izquierda una muy fan de Queen que no para de gritar y llorar. Hay muchas de esas. Julián se sienta en el lado derecho de Mónica y se puede relajar. Mientras esperan, cada uno habla con sus amigos, hasta que entra Queen. El estadio se mantuvo en silencio por completo por medio segundo. Seguidamente, empieza la locura tan conocida de los conciertos</div><div><br></div><div><strong>SITUACIÓN DE ENCUENTRO Y VINCULÓ:</strong></div><div>Mónica, queda realmente impactada, al ver que un desconocido, tiene su campera como si fuera la suya propia. Julián, mira la cara de asombro de Mónica y dice:</div><div>- De casualidad, ¿esta campera es tuya?</div><div>Mónica todavía sorprendida, tarda en darle una respuesta&nbsp;</div><div>-¡Sí! ¡Es mía!</div><div>Mónica le arrebata de las manos la campera a Julián.</div><div>Julián queda en silencio por unos segundos, sin poder creerlo.</div><div>-Perdón, no sabía que era tuyo.</div><div>-Pensé que eras un ladrón, ¿Quién sos?, pregunta Mónica.</div><div>-Me llamo Julián, vine con unos amigos-, apunta a sus amigos, que confundidos, la saludan con gesto para rápidamente voltear su vista al escenario.</div><div>Sofía, amiga de Mónica, se percata de la situación, y le pregunta a Mónica con un tono el suficientemente alto para que Julián escuche:</div><div>- ¿Ustedes se conocen?</div><div>-Mónica y Julián, al mismo tiempo, le contestan</div><div>- No, no, para nada.</div><div>- Tuvimos un mal entendido con la campera de ella-, dice Julián con una sonrisa vergonzosa</div><div>- Sí, justo tenemos la misma mochila. Una casualidad-, añade Mónica.</div><div>Los tres echan una risa nerviosa y Sofía entabla conversación con Mónica para desviar la atención de Julián. Julián se da la vuelta y comienza a contarles a sus amigos lo que sucedió.</div><div>- No entendí nada. ¿Qué pasó con ese chico? ¿Te pasó su número?-, pregunta mal parada Sofía.</div><div>Mónica se ríe del mal entendido de su amiga y le dice:&nbsp;</div><div>-No tonta, nos confundimos de camperas nomás. Tiene la misma que yo.<br>Sofía hace cara de entendida y asiente con la cabeza. De repente, con los altoparlantes al máximo, entra al escenario, la banda Queen, que arranca con Love Of My Life. Con la hermosa voz de Freddy creando melodías y el hermoso reparto que tiene por detrás armonizando el momento con sus instrumentos; Mónica se siente en el cielo, como el millón de personas que allí lo presencian. Es una caricia al alma sentir el hermoso coro tocando el corazón de cada uno de los que se encuentran ahí con cada estrofa y ver sus maravillosos pelos largos y rockeros de la época moverse con pasión. Por un momento, el estadio se paraliza. Es un momento de silencio absoluto, en donde solo se puede sentir la respiración de Freddy en el micrófono. Ese silencio, es el momento indicado para que Mónica y Julián piensen que su sueño está realmente cumplido. Siguieron grandes éxitos toda la tarde, como Bohemian Rhapsody y We Are The Champions. El estadio es una fiesta constantemente. Nadie puede dejar de bailar y de saltar. Las luces acompañan excelentemente el momento y es palpable la emoción y el amor con el que Freddy, ídolo de Mónica y Julián, canta sus canciones. En medio del concierto, ambos cruzan miradas, pero no comparten ninguna palabra, solo una sonrisa. Después de una hora y media, el concierto se da por finalizado. La banda saluda en inglés a los oyentes, pero Freddy, siempre aprovecha para dar a conocer sus pocas palabras en español que tiene aprendidas, para que el público se emocione. Con un “chau Argentina, los amamos” Freddy sale del escenario junto con su banda. Más de un millón de personas con lágrimas en los ojos.&nbsp;</div><div>Miles y miles de personas soñaban con ese momento. Fue récord en los canales de televisión argentinos los videos y reportajes del concierto. Mónica y Julián estaban realizados.</div><div>A la hora de salir del estadio, todos se dirigen a la puerta grande y con un intento de organización colectiva, logran salir. Al estar las butacas al lado, Julián con sus amigos y Mónica con Sofia, salen casi en la misma burbuja dentro del estadio. Julián, no pierde de vista a Mónica en ningún momento. Se ha cegado a primera vista de su belleza. Al principio lo negó; ya que, no le atrae la idea de enamorarse en un estadio. Piensa que nunca más la volvería a ver. Le gustaría acercarse y poder decirle algo como, “Vuelvo a pedirte perdón por el inconveniente del principio” o “Estuvo lindo el concierto, ¿no?”, pero nada le da el valor necesario para hacerlo. Ya han logrado salir, están en la puerta. Los amigos de Julián van rumbo al auto para irse. Julián ve como Mónica habla por teléfono, al otro lado de la puerta, mientras Sofía la apresura para poder charlar sobre el concierto. Sus amigos se percatan de que está quieto, y lo empiezan a apurar, mientras que Mónica, está por finalizar la llamada y empieza a caminar para el lado contrario. Es ahora o nunca. Julián camina hacia Mónica. Se pone detrás de ella, y levanta su brazo para tocarle dos veces el hombro. Pero nunca lo hace. Se arrepiente a último momento. No se anima a hacerlo, y comienza a caminar hacia donde están sus amigos esperándolo. Cuando llega con sus amigos, que se&nbsp; dan cuenta de la situación, les dice:</div><div>-Lo siento chicos, pero no pude-, dice decepcionado.</div><div>-Tranqui amigo, ya se te va a dar-, le dice Matías, con propósito de animarlo.</div><div>Con tono esperanzador, Soledad le dice:&nbsp;</div><div>-¡Dale Juli, todavía podés! Está ahí, no se fue todavía.</div><div>-No, amigo, ya está, ya fue-, dice Julián, que sigue un poco bajoneado.</div><div>-Bueno, no pasa nada Juli. Ahora te invitamos unas birras y se te pasa-, le dice Matías.</div><div>Julián y sus amigos empiezan a caminar hacia el auto. Julián camina desganado y sintiendo cierta impotencia por no haber tenido el impulso que necesitaba para hablarle. Apoya la mano sobre la manija de la puerta de atrás del auto de Soledad y la abre. Está por entrar al vehículo, cuando por la espalda, siente una mano que se apoya en él. Cuando se da la vuelta, ve a Mónica. Se sorprende, no esperaba que ella se acerque. Se miran a los ojos y Mónica dice:</div><div>- Me quería disculpar por el malentendido del principio. No era mi intención tratarte de chorro.</div><div>A Julián se le empieza a dibujar una sonrisa en el rostro, se ríe nerviosamente.&nbsp;</div><div>-Obvio que no pensaba eso. Yo también te pido disculpas, debería haberme fijado en la mochila que había agarrado.</div><div>Mónica también con una sonrisa le dice:&nbsp;</div><div>-¡No pasa nada! Quédate tranquilo. Fue uno de esos malentendidos que dan gusto tenerlos.</div><div>Julián, ahora un poco confundido le pregunta:&nbsp;</div><div>-¿Te dio gusto ese malentendido? No te entiendo.</div><div>- Sí, sí. Obvio que me dio gusto. Me gustó conocerte.</div><div>Julián, después de ese comentario, se inyecta una dosis de valentía y le pregunta:</div><div>- ¿Me pasarías tu número fijo? Así, estamos en contacto. Es que me caíste muy bien-, dice esto y sonríe tímida, como ocultándola, para que no se note.</div><div>- Si, obvio te lo paso. Anotá.</div><div>- Te voy a llamar</div><div>- Seguro te llamo yo primero...</div><div>Para despedirse, se dan un beso en la mejilla. Mónica se aparta del auto y se queda viendo la ventana de Julián, que ya está subido al vehículo. Mónica no puede despegar su mirada de la ventana de Julián y Julián no puede despegar su mirada de sus ojos. El auto, se aleja poco a poco.&nbsp;</div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-29 12:28:17 UTC</pubDate>
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         <title>Valentina Cormick Y Emma Geralnik</title>
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         <description><![CDATA[<div><strong>PERSONAJE A: <br></strong>Almendra Almendrado, 16 años, padres divorciados hace doce años. Con su madre ya no se habla y su padre la ignora todo el tiempo para pasar tiempo con su novia. Es alumna de la escuela EL CHE, en la que no le va muy bien, no tiene notas bajas porque se copia de sus compañeros en todas las materias. Participa de un curso de astrología y va a clases de teatro los miércoles a las cinco de la tarde. <br>La semana de Almendra se basa en las dos horas de terapia obligatoria, la clase de teatro, el curso de astrología y escuchar Rosalía mientras mira el techo de su cuarto. Tiene un solo amigo; Antonio, tenía más, que aparentemente eran imaginarios porque empezaron a desaparecer cuando empezó terapia. Con Antonio, se junta con suerte una vez al mes, a tomar mate cocido, comer budín casero e inventarle diálogos a las personas que observan desde el balcón. El miércoles 6 de octubre, media hora antes de la clase de teatro, Almendra pasa por un barcito a una cuadra del estudio y decide que se va a pedir un café y una porción de budín de banana para acompañar. Es preferible eso que quedarse en la calle dando vueltas hasta el horario de su clase, especialmente esa tarde, en cualquier momento se larga. Así que se sienta y le hace señas a un mozo. <br><br><strong>Personaje B:<br></strong>Lima Limón, 17 años, huérfana desde los 5, vive con su abuelita Carmen; muy católica, muy conservadora, muy dulce, siempre tiene caramelos de limón en la cartera.&nbsp; Estudia en el Santa Guadalupe, un colegio privado-católico-tradicional en el que las profesoras son todas monjas, las chicas fuman en los baños y un cura carga denuncia tras denuncia por abuso de menores (nunca de parte de Lima cabe aclarar). Le encanta pintar, asiste a un taller de pintura dos veces por semana, en dónde crea personajes y escenarios fantásticos, aterradores y muy sangrientos que acompañan su personalidad desafiante, reservada y aunque no lo parezca a simple vista, simpática. El resto de sus intereses se resumen en sacar fotos, decorar su habitación y escuchar música, entre sus artistas preferidos se destacan Girl in Red, The Clash, Paramore, The Strokes, David Bowie y The Vaccines. Con su abuela no se lleva mal, realmente la aprecia pero ya no sabe cómo acercarse. Cuando Lima era más chica no le chocaban tanto los ideales de su abuela, pero de la mano de crecer vino el autodescubrimiento y le dio miedo. Y le da miedo no poder coexistir libremente con la persona que más quiere pero por momentos tanto desprecia, porque sabe que no la aceptaría y en estos momentos no puede darse el lujo de matar de un infarto a su abuelita por decirle que le gustan las chicas. <br>Finalmente llega el miércoles, día de taller y tres horas después, al terminar la clase, Lima no tiene ganas de volver a su casa, así que se mete en el primer bar que encuentra, elige una mesa al lado de la ventana para ver la lluvia que empieza a caer y pide un té helado.<br><br><strong>Creación de tiempo y espacio:<br></strong>Buenos Aires, Villa Crespo. Miércoles 6 de octubre a la tarde. Barcito en la esquina de&nbsp; Av. Corrientes y Malabia. Lluvioso, veinte grados. Hace aproximadamente cinco minutos que nuestras dos protagonistas están en el bar y esperan ser atendidas, cosa que probablemente demore ya que el lugar está reventado de gente que aguarda impaciente sus cortados con medialunas mientras que los mozos se amontonan alrededor de una anticuada radio a escuchar Racing – Independiente.&nbsp; En el lugar predomina el olor a canela, café de máquina y madera vieja que sale de las pequeñas mesas redondas con manteles a cuadros. Una ligera brisa entra por la puerta principal y por espacios en las ventanas que inconvenientemente ocupan todas las paredes amarillas del bar. Muy de fondo se llega a escuchar el sonido de la lluvia y “Tan lejos” de No Te Va a Gustar, pero ante todo predominan los gritos de los mozos que dependen de si su equipo va ganando o perdiendo el partido. <br>A pesar de todo el barullo, Almendra tiene la capacidad de practicar sus diálogos y Lima boceta su próxima pintura en una servilleta, sus mesas se encuentran bastante cerca pero entre ellas ni se registran. Un mozo se digna a atender a los nuevos comensales y para por sus respectivas mesas, lo que las lleva a su encuentro. <br><br><strong>Situación de encuentro y vínculo:</strong>&nbsp;<br>Al llegar su turno, Almendra pide un budín y café, tan metida en su guion que no registra que el menú aclara que todos los budines contienen harina de almendras, ya veremos qué ocurre con eso. Dos mesas más tarde, Lima opta por un té helado y le pide al mozo que por favor la bebida venga sin limón, cosa que él no registra ya que Racing acaba de hacer un gol. Cuando Lima recibe su té se da cuenta inmediatamente de las rodajas de limón flotando en la bebida y alza la mano para pedirle a algún mozo que se la cambie pero resulta que el chico que ella cree que se dirige hacía su mesa está, en realidad, yendo a asistir a una chica que aparentemente se está ahogando vaya uno a saber por qué. Sin pensarlo, Lima se levanta de su mesa y corre a ayudarla, en ese momento se da cuenta que la chica está teniendo una reacción alérgica y busca en su bolso la lapicera de epinefrina que lleva con ella en caso de emergencias.&nbsp;<br>Hace cinco minutos que Almendra no para de toser, Lima y el mesero se la quedan mirando mientras le ofrecen tímidamente un vaso de limonada. Lima se cuestiona si es de mala educación irse, acaba de frenar la lluvia y quiere aprovechar el momento para llegar a su casa con las pinturas secas. Almendra, después de recuperarse un poco, tantea adentro de su mochila por su teléfono para avisarle a una compañera de teatro que no va a asistir a la clase, lo encuentra pero no le sirve de nada ya que su batería está muerta. Almendra mira a la desconocida, indecisa, planteándose si pedirle prestado su celular. Lima está por irse cuando nota que la chica, golpea la pantalla del aparato como si le estuviera haciendo RCP. Entonces se acerca cautelosa y extiende su teléfono hacia ella.<br>-Gracias-, murmura Almendra.<br>Lima no contesta, pero escucha con atención la charla. De esto descubre que la extraña alérgica a las almendras se llama Almendra, quien rápidamente corta la llamada y devuelve el celular. Hay un silencio incómodo en el aire, ambas saben que pueden irse tranquilamente sin dar ningún pretexto, pero aún así ninguna se mueve.<br>-¿Segura que estás bien?–, pregunta Lima.<br>-Ehhh, sí, supongo que sí. No es como que casi muero ahogada, ¿no?&nbsp;<br>Lima no tiene ni la más mínima idea de qué responderle, pero de todas formas le responde.&nbsp;<br>-En realidad sí, te podrías haber muerto–, dice con mucha seriedad. Y sin sentido alguno las dos se empiezan a reír, y mucho, tanto que el resto de la gente de otras mesas se empieza a girar para ver qué está pasando o tal vez para que se callen y se vayan a hacer quilombo a otro lado o así lo entienden ellas que proceden a salir del bar hacia el frío húmedo de la Avenida Corrientes para encontrarse otra vez con el silencio incómodo y los pretextos.&nbsp;<br>-Bueno, como me estoy, o estaba, re muriendo podrías hacerte responsable y acompañarme a mi casa…&nbsp;<br>Y así ambas se dirigen rumbo a la casa de Almendra, mientras conversan sobre sus vidas, a pesar de ser completas desconocidas, al menos por ahora. Fin :)<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-31 18:18:54 UTC</pubDate>
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         <title>Malena Carboni y Santino Desimone</title>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Personaje A:<br></strong>Federico Rodas, 17 años. Vive con su mamá en una casa cómoda para ambos. Es alumno de una escuela privada, en el barrio Rawson. Está bien en todas las materias, aunque en algunas con lo justo. De todos modos, va al colegio más que nada para ver a Sia. Desde que empezó a salir con ella se dio cuenta de lo inmaduros que eran sus otros compañeros.<br>Es de Géminis y es bisexual según él desde los 15. Su mamá lo sabe, pero no le da mucha importancia. Toca la guitarra y a veces el ukelele, el que pintó cuando era más chico. Le dibujó unas líneas de colores y caras abstractas con un pincel fino y pintura blanca. Escribe y de vez en cuando dibuja, muchas veces dibuja a Sia, o con Sia. Escucha rock alternativo y música con vibras veraniegas en español y en inglés, algunas canciones le traen mucha nostalgia y le generan una sensación muy eufórica. Le gusta leer, pero odia los libros que le dan en la escuela. Sus cinematografías preferidas son Sing Street y básicamente todas las animaciones de Pixar. Quiere dedicarse al arte, pero no sabe a cuál en específico.</div><div>Fede se mudó a la casa en la que vive cuando sus papás se separaron, él lo agradece. Tenía 8 años. Después del acontecimiento, su papá se volvió un fantasma. Ni bien se mudó, eligió el ático como su habitación. Desde los 14 lo fue decorando con los gustos que fue adquiriendo. Empezó a poner posters en el techo y algunos discos de vinilo pintados en las paredes. También tiene un corcho con los dibujos que hace con Sia. Es friolento, así que en estos días de otoño ya tiene 3 frazadas en la cama. En la ventana que tiene puso unas macetitas del lado de afuera, y por dentro tiene unas enredaderas de plástico que rodean el marco.</div><div>A Fede le gusta ir a pasear al parque, la mayoría de las veces va en bici, así también suele ir a la escuela. Quiere tener una gata, pero su mamá no lo deja porque es mucha responsabilidad y bla. Por lo menos Sia tiene uno, lo adora. Cuando va a su casa le gusta que ella lo maquille, y se pintan las uñas, en general de negro. Su comida favorita son los buñuelos de espinaca que hace su suegro, quiere aprender a hacerlos, pero no le salen.&nbsp;<br>Ércole, el padre de Sia, trabaja en Rayuela, un bar tranquilo en una esquina del barrio, junto a su sobrina Mercedes de 27 años.<br><br></div><div><strong>Personaje B:<br></strong>Jonathan, un señor de 37 años, 1,80 metros de altura, viste de manera casual para ir a tomar un café en el bar de la esquina de la plaza. Es una persona muy intelectual, le gusta leer y gracias a esto tiene un lenguaje y forma de actuar muy profesionales.<br>Es un licenciado en servicios públicos, encargado del sector de recursos humanos en una empresa de informática. Estudió en la UADE, donde conoció a compañeros que trabajaban allí mientras estudiaban. En ese entonces vivió con sus padres, de nacionalidad inglesa. Cumplidos los 23 y finalizada la carrera, se fue a vivir a un pequeño monoambiente, con un cactus como única compañía.</div><div>El departamento se ubica en el barrio de Recoleta, a dos cuadras de la plaza. Su vida es tranquila y organizada. Su ropa está siempre bien doblada y guardada en su lugar correspondiente. En la heladera tiene las cosas necesarias y todos los productos están dentro de su fecha de ingesta.</div><div>Jonathan no tiene pareja pero se siente muy atraído por una chica que trabaja en el café en la esquina de la plaza. Cada tanto se tiran onda, pero la cosa va lenta, aún así le gusta. Tiene un celular humilde y siempre cambia sus pares de ropa, con el fin de no repetir un patrón.</div><div>Tiene un miedo desconocido por los espacios pequeños. Este temor se fue generando desde que era niño, para su suerte nunca sufrió un evento de gran escala como para generar una situación de estrés elevado.<br><br></div><div><strong>Creación de Tiempo y Espacio<br></strong>Buenos Aires, Rawson. Martes 5 de abril a las 17:20hs. Bar Rayuela entre las calles Cortázar y Artigas. Soleado, 19 grados.<br>Jonathan observa las tranquilas calles del barrio en el atardecer, admira la casona de la esquina de enfrente. No pasan muchas personas, cada tanto pasa un auto, o un pequeño grupo de adolescentes que salen del colegio. La plaza en la otra esquina también está en calma. Se escuchan niños corriendo y riéndose, de repente uno se cae y llora. Jonathan sonríe. Ingresa al bar casi vacío y se sienta en la barra. Observa a Mercedes trabajar por una ventanita hacia la cocina, ve cómo les da órdenes a todos. Está con un rodete algo despeinado y el delantal manchado, acalorada. Unos minutos después, Ércole va a atenderlo y cuando mira su rostro lo reconoce al instante, se sonríen. Hablan cosas sin sentido, cómo estás, la familia, bla y bla. Ércole limpia algunos vasos.<br>A los 10 minutos llega Fede. Se dirige a la barra y pasa por la puertita como si nada, Jonathan lo mira. Ércole y Fede se saludan. “Seguro venís por la petisa. ¿Van a hacer algo hoy?” pregunta Ércole. “Sí, estábamos viendo de ir a caminar o algo, andamos con tarea igual”, “Ahí la traigo, bancame acá”. Ércole se dirige a unas escaleras que dan al pequeño piso de arriba, donde Sia solía estar cuando llegaba de la escuela. Mercedes sale de la cocina y saluda a Fede con el puño, Jonathan lo mira algo sorprendido. Fede le sonríe en forma de saludo y luego le advierte a Mercedes que va al baño. En esta ocasión, Mercedes le da una mirada de reojo a Jonathan y le sonríe a medias. “¿Cómo andas?” le dice mientras acomoda los vasos ya secos, “Bien, bien, acá ando… Mucho laburo”, “Me imagino… Che, pensaba si te querías quedar hasta tarde… hoy hay una obra en el teatro de acá cerca… igual si mañana te levantas temprano imagino que no…” Suena fría pero la consume la timidez. Él también se acobarda un poco, “Y… está medio difícil, pero si tenés ganas… uno de estos días vamos”. Ella le sonríe con la mirada baja, “Eso estaría lindo… Bueno, te dejo que están haciendo quilombo allá adentro, cualquier cosa me llamás”. <br><br><strong>Situación de Encuentro y Vínculo</strong></div><div>La incomodidad de la situación con Mercedes le genera a Jonathan ganas de ir al baño. Se levanta y se dirige a la esquina del bar, atraviesa el pasillo hasta llegar a las puertas de los baños. Cuando entra se encuentra con Fede, que estaba tratando de sacarse una mancha de la remera con el agua de la pileta, la mancha no sale más. Se miran y él le sonríe. “¿Todo bien?” pregunta Jonathan como para remarla, “Sí, sí… ¿Usted?”, “Sí, sí…”. Se hace un silencio de pocos segundos. Jonathan genera conversación mientras se baja el cierre, “Che, vos conocés a Ércole, ¿No?” , “Ahh sí… Es el papá de mi novia”, responde Fede. “Fua, qué lindo… y a Mercedes por lo que veo también”, “Sep, ella es la prima… usted también la conoce ¿No? Qué pequeño es el mundo…”, “El barrio…(ríe) No nos conocemos hace mucho, igual… La vengo a ver a veces y charlamos, pero bueno, está difícil”. Fede lo escucha con atención, pero otra vez se hace un silencio. Cuando ve que no puede sacar más de lo que quedó de la mancha que tenía en la remera, decide ir volviendo. “Bueno, nos vemos”. Cuando va a abrir la puerta le cuesta. Vuelve a intentar, pero tampoco tiene éxito. Intenta para el otro lado, por si acaso, nada. Jonathan, que ya había terminado su trámite, se dispone a ayudarlo, pero tampoco funciona, aún así, éste se pone más agresivo con la puerta de lo que Fede había sido. Fede se sorprende y Jonathan se altera. La claustrofobia lo domina. “Ay no… AY NO NO NO NO… Ya está. De acá no salgo”. Su corazón late cada vez más rápido. Fede no sabe qué hacer. Lo mira recorrer el baño como si buscara otra salida, pero Jonathan cada vez se achica más, casi como si se encerrara en su propio cuerpo. Cuando por fin se sienta en el piso, aún alterado, Fede se le acerca e intenta calmarlo como puede. Cree que posiblemente es un ataque de pánico, en ocasiones tuvo que ayudar a Sia con alguno, a veces le agarraban a la noche. Pero se dio cuenta de que era algo más porque Jonathan miraba el espacio como si se fuera a ahogar. “Tranquilo señor, voy a ver si puedo llamar a Ércole para avisarle, no hay señal". “Pero la pu…”, piensa Fede. Escucha que Jonathan se estresa más, casi llorando. Se dirige hacia él: “Señor, no se preocupe, en algún momento alguien va a venir”, “Tenes razón…” Se tranquiliza de a poco, no puede creer lo que le estaba pasando y justo enfrente de un pibe. Por lo menos resulta ser un pibe macanudo y no como los que se te ríen en la cara y le cuentan a sus amiguitos. “Ay por Dios ¿Qué me pasa?”, piensa.&nbsp;</div><div>“Respire hondo”, sugiere Fede. Funciona. “No sé que voy a hacer con Mercedes. Te juro que intento y por alguna razón se me mezcla todo cuando le quiero decir algo y siento que me ve como un idiota”. Fede no terminaba de comprender por qué el desconocido del baño le hablaba de la prima de su novia, pero nota que eso lo ayuda a calmarse. “Si le puedo ser sincero, lo entiendo, señor. Me solía pasar lo mismo con Sia, le tenía miedo… Bueno, no a ella, a todo lo otro…”, “Sí, pero vos sos pibe, yo soy un adulto”, “Cualquiera puede tener miedo, en serio, ya se le va a pasar. Cuando se quiera acordar por ahí ya salieron a tomar algo, Mechi es más buena…”. A Jonathan le suena raro escuchar ‘Mechi’, se da cuenta de que nunca se ha dirigido a ella por su nombre. “¿Y vos en qué estás? ¿Tercer año? ¿Cuarto?”. ''Cuarto”, afirma Fede. “¿Y ya sabés qué querés hacer?”, “Algo con el arte, pero es re amplio, ¿vio?... ¿Usted qué hace?", "Recursos humanos, en una empresa de informática”. Fede no tiene la menor idea de lo que significaba eso, pero asiente con la cabeza como si lo hiciera. “Espero que puedas ser artista algún día”, “Gracias, señor”, Jonathan lo mira, ”Jonathan, un gusto”. Fede le sonríe, “Fede” dice y se dan la mano.</div><div>De repente, se escucha un golpe fuerte en la puerta, se asustan y la miran. Se escucha otro más. En el tercero, la puerta se abre y se rompe ligeramente, junto a Ércole, que casi cae de boca al piso “¿Están bien?”, pregunta. Fede y Jonathan se habían cubierto la cara con los brazos, “Sí, sí” responden. Ércole los ayuda a levantarse, “Vos sabes que iban a venir justo hoy a arreglar la puerta y no pudieron, me olvide de avisar, discúlpenme. Fede ve que Sia lo espera del lado de afuera y se dirige hacia ella, pero antes se da media vuelta y le dirige una sonrisa a Jonathan. “Gracias” responde este. Fede saluda a Sia con un beso en la mejilla y se van agarrados de la mano.</div><div>Jonathan sale del baño sin sentir nada. Dio toda su energía en el encierro accidental del baño. Por más que está algo cansado, se dirige a la barra nuevamente. Mercedes está pasando un trapito por la misma. “Che, ¿están bien? Qué quilombo lo del baño…Sabés que justo hoy iban a venir…” Le dice ella. Jonathan la interrumpe y con la poca energía que le queda le responde: “Me quedo, tomo un café y te espero a que termines”. Mercedes lo mira completamente sorprendida, le sonríe. “Dale, a las 7:30 salgo”, “Genial, nos vemos, Mechi”. Jonathan se da media vuelta y se va a sentar a una de las mesas de afuera. Mercedes no lo puede creer. Suelta una carcajada, tímida con la cara rojísima y con el trapito en la mano, vuelve a la cocina.</div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-11-11 23:42:56 UTC</pubDate>
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