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      <title>TANDIL by Eliana Videla</title>
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      <description>LEYENDAS DE NUESTRAS TIERRAS</description>
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         <pubDate>2021-03-30 00:46:18 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>elianabgf3</author>
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         <description><![CDATA[<div>Era el principio de los tiempos. El Sol y la Luna eran mujer y esposo: dos dioses gigantes, tan buenos y generosos como enormes eran. El Sol era el dueño de todo el calor y la fuerza del mundo; tanto era su poder que de sólo extender los brazos la tierra se inundaba de luz y de sus dedos prodigiosos brotaba el calor a raudales. Era el dueño absoluto de la vida y de la muerte. Ella, la Luna, era blanca y hermosa. Dueña de la sabiduría y el silencio; de la paz y la dulzura. Ante su presencia todo se aquietaba. Andando por la tierra crearon la llanura: una inmensa extensión que cubrieron de pastos y de flores para hacerla más bella. Y la llanura era una lisa alfombra verde por donde los dioses paseaban con blandos pasos. Luego crearon las lagunas donde el Sol y la Luna se bañaban después de sus largos paseos.<br><br>Pero los dioses se cansaron de estar solos: y poblaron de peces las aguas y de otros animales la tierra.¡Qué felices se sentían de verlos saltar y correr por sus dominios! Satisfechos de su obra decidieron regresar al cielo. Entonces fue cuando pensaron que alguien debía cuidar esos preciosos campos: y crearon a sus hijos, los hombres. Ahora ya podían regresar. Muy tristes se pusieron los hombres cuando supieron que sus amados padres los dejarían. Entonces el Sol les dijo:<br><br>-Nada debéis temer; ésta es vuestra tierra. Yo enviaré mi luz hasta vosotros, todos los días. Y también mi calor para que la vida no acabe. Y dijo la Luna: -Nada debéis temer; yo iluminaré levemente las sombras de la noche y velaré vuestro descanso.<br><br>Así pasó el tiempo. Los días y las noches. Era el tiempo feliz. Los indios se sentían protegidos por sus dioses y les bastaba mirar al cielo para saber que ellos estaban siempre allí enviándoles sus maravillosos dones. Adoraban al Sol y la Luna y les ofrecían sus cantos y sus danzas. Un día vieron que el Sol empezaba a palidecer, cada vez más y más y más... ¿qué pasaba?, ¿qué cosa tan extraña hacía que su sonriente rostro dejara de reír? Algo terrible, pero que no podían explicarse, estaba sucediendo.<br><br>Pronto se dieron cuenta de que un gigantesco puma alado acosaba por la inmensidad de los cielos al bondadoso Sol. Y el Dios se debatía entre los zarpazos del terrible animal que quería destruirlo. Los indios no lo pensaron más y se prepararon para defenderlo. Los más valientes y hábiles guerreros se reunieron y empezaron a arrojar sus flechas al intruso que se atrevía a molestar al Sol.<br><br>Una, dos, miles y miles de flechas fueron arrojadas, pero no lograban destruir al puma, que, por el contrario, cada vez se ponía más furioso. Por fin uno dio en el blanco y el animal cayó atravesado por la flecha que entraba por el vientre y salía por el lomo. Sí, cayó, pero no muerto. Y allí estaba, extendido y rugiendo; estremeciendo la tierra con sus rugidos. Tan enorme era que nadie se atrevía a acercarse y lo miraban, asustados, desde lejos. En tanto el Sol se fue ocultando poco a poco; había recobrado su aspecto risueño. Los indios le miraban complacidos y él les acariciaba los rostros con la punta de sus tibios dedos. El cielo se tiñó de rojo... se fue poniendo violeta.., violeta. ... y poco a poco llegaron las sombras. Entonces salió la Luna. Vio al puma allá abajo, tendido y rugiendo. Compadecida quiso acabar con su agonía.<br><br>Y empezó a arrojarle piedras para ultimarlo. Tantas y tan enormes que se fueron amontonando sobre el cuerpo hasta cubrirlo totalmente. Tantas y tan enormes que formaron sobre la llanura una sierra: la Sierra de Tandil. La última piedra que arrojó cayó sobre la punta de la flecha que todavía asomaba y allí se quedó clavada.<br><br>Allí quedó enterrado, también, para siempre, el espíritu del mal, que según los indios no podía salir. Pero cuando el Sol paseaba por los cielos, se estremecía de rabia siempre con el deseo de atacarlo otra vez. Al moverse hacía oscilar la piedra suspendida en la punta de la sierra.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-03-30 00:46:25 UTC</pubDate>
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         <author>elianabgf3</author>
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         <pubDate>2021-03-30 00:49:38 UTC</pubDate>
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         <author>elianabgf3</author>
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         <description><![CDATA[<div>Contaban nuestros mayores que cuando estas comarcas eran habitadas por los aborígenes, la hija del cacique de la tribu que vivía en las Sierras del Tandil, tal el nombre con el que se conocía antiguamente estos pagos, de nombre Amaike (agua clara o tranquila),se destacaba entre sus pares por ser excelente amazona, su desaprensión a la oscuridad y su extraordinaria habilidad para desplazarse entre los cerros. Virtudes estas que le sirvieron para ayudar a los de su tribu cuando el blanco llegó para apropiarse de sus tierras, sus ganados y sus mujeres.<br><br>En lo que se conociera como la Campaña del Desierto, el ejército ya había diezmado a su paso otras tribus antes de su llegada a estas, escapándose solo algunos pocos "bravos", entre ellos uno de nombre Yanquetruz, proveniente de los bajos del Salado, quien al ver en un atardecer a Amaike, que sigilosamente se deslizaba de una piedra a otra espiando el movimiento del blanco,se enamoró perdidamente de ella.<br><br>Esta ayuda que Amaiké le daba a su gente preocupó tanto a las fuerzas del gobierno que al no poder dominar a los indios se vieron necesitados de solicitar refuerzos, con los cuales y luego de varias emboscadas, consiguieron atraparla y llevarla al fuerte, de donde la misma noche logra escaparse para huir, con sus manos aún atadas, hacia las sierras, con tan poca fortuna que al enredarse en un zarzal, cae dentro de uno de los tantos manantiales y muere ahogada.<br><br>Yanquetruz, que desconocía la suerte de su amada, siguió durante mucho tiempo parándose sobre la loma de nuestro cerro, hasta que los Dioses de los indios conmovidos por el amor que este sentía por Amaiké, decidieron guardar su espíritu dentro de una roca, de forma tal que el día que la indiecita resucitara, ya que ellos creían en la vida después de la muerte , la misma cayera liberándolo para que pudiera continuar su historia de amor en el cielo de los indios.<br><br>Hoy, al mirar el Cerro desde lejos se ve la figura de un CENTINELA que espera pacientemente a su amada y por ahora... solo nos da su nombre.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-03-30 00:50:01 UTC</pubDate>
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         <author>elianabgf3</author>
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         <pubDate>2021-03-30 00:52:22 UTC</pubDate>
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         <author>elianabgf3</author>
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         <description><![CDATA[<div>Vivían en un rancho humilde un criollo viejo y su hija llamada Andrea, una morochita cuyos ojos eran como estrellas. Ella adoraba a su anciano padre... hasta que conoció a un hombre a quien adoró locamente. Murió el viejo criollo y Andrea quedó solita en el mundo.<br><br>Después, poco a poco, el amante dejó de acudir a la cita y los ojos de Andrea cobraron un brillo extraño. Una noche, por las hondonadas se escuchó un canto doliente, quejumbroso... La linda paisanita con su clamor inútil, llamaba al amante que ya no volvería jamás.<br><br>Desde ese entonces nunca se supo el paradero de Andrea, pero muchos afirman que en aquel lugar y en las noches de luna, se veía la silueta de una mujer; visión que musitaba un canto tierno, dolorido, apasionado..<br><br>Y esta es la leyenda de ese paseo que siempre se ha llamado "El Manantial de los Amores".</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-03-30 00:52:27 UTC</pubDate>
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         <author>elianabgf3</author>
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         <pubDate>2021-03-30 00:55:46 UTC</pubDate>
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         <author>elianabgf3</author>
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         <description><![CDATA[<div>En aquellos remotos tiempos los aborígenes que ocupaban las verdes praderas cercanas a las sierras de la "Piedra Viva" no tenían mas enemigos que algunas tribus guerreras que solían llegar de tierras más cálidas. Pero esto ocurría sólo tras largos períodos de tranquilidad. Por otra parte, de tiempo en tiempo, en un increíble vehículo de luces, bajaban del cielo unos curiosos y arrogantes viajeros. Como no causaban daños y por lo contrario, parecían proteger a los pampas, estos los consideraban como a seres superiores, especie de semi dioses y amigos. En cada llegada, los viajeros requerían la colaboración de "Naincú" (águila), la hechicera de la tribu, para recoger buena cantidad de hojas de "cayupa", una plantita rastrera que no abundaba pero que servía a los forasteros para algún menester no revelado.<br><br></div><div>No fue entonces casual que la hechicera "Naincú" hubiera almacenado en su choza una respetable cantidad de la buscada hierba. Un plan tenía...<br><br></div><div>Porque Moraida, la bella hija de la hechicera, andaba en amores con "Necolché" hijo mayor y heredero del Cacique y el proyecto de la bruja era concretar el casamiento para bien de su hija y... de sus planes de poder. Una sombra se cernía sobre la tranquilidad de la serrana toldería: llegaban noticias de que los ranqueles rondaban, cada vez mas cerca en sus bélicas correrías, alzándose con cuanto les resultara de valor.<br><br></div><div>Desde lo alto de una colina rocosa, un mocetón indio, gigante y fuerte, hijo de un Cacique que fuera desplazado de su tierra natal por los nuevos dominadores del desierto solía vigilar inmóvil horas enteras, hasta que el sol se perdía en el horizonte, a la espera de esa maravillosa aparición de la muchacha.<br><br></div><div>El temor ya cundía en los azorados pampas, pero al igual que en otros momentos de peligro, apareció un "carro del espacio". Los visitantes incitaron a los tranquilos lugareños a ejercitar sus armas y sus recursos defensivos.<br><br></div><div>Tan repetidas fueron las salidas de AMAIKE, de su oculta vivienda, que los soldados del fuerte tropezaban con su visión más de continúo y aunque se les escurría con la facilidad de siempre, el comentario de tan extraña pobladora de los valles se convierte en una especie de leyenda en la población.<br><br></div><div>Mas, éstos consideraban que todo sería inútil para oponerse a aquellos avezados y crueles guerreros.<br><br></div><div>A todo esto los viajeros del espacio, desesperados por no conseguir una brizna de la buscada hierba, localizaron a la hechicera que había permanecido recogida en su extraña choza. Antes el interés de los visitantes, la bruja concertó con ellos un curioso pacto: ella llevaría hasta el "carro volador un buen fardo de "cayupa" antes de la media noche. Pero los forasteros, con sus misteriosos recursos, deberían a su vez ayudarla a realizar algo concreto en favor de la seguridad del pueblo pampa y que a su vez sirviese para impactar al viejo cacique acerca de sus mágicos y renovados poderes.<br><br></div><div>Una entrevista de "Naincú" con el preocupado cacique concluyó con otro pacto: si ella, con los nuevos poderes que decía haber desarrollado, conseguía levantar alguna muralla u otro medio de protección para sus dominios y su gente, como prueba de la renovada confianza del jefe, podría ver a su bella hija Moraida, desposada muy pronto con el heredero.<br><br></div><div>Media noche. El "carro del cielo" encendió sus poderosas luces y pronto surco el firmamento, como una estrella fugaz. "Naincú" quedó preocupada. Los viajeros del espacio, una vez recibida la "cayupa" no dieron muestras de cumplir su promesa. Ni murallas, ni foso, ni barranco alguno, que pidieran protegerlos de la ambición y rapiña de otras tribus guerreras...<br><br></div><div>Se durmió al fin la bruja. Y por la madrugada fue despertada por el alboroto de la chusma. Todos reían y la agasajaban. Al salir de la choza vio que uno de los cerros cercanos, hacia el poniente, había cambiado su forma por la de un inmenso león agazapado, mientras otro sector de la ladera delimitaba claramente la silueta de un segundo león, en descanso también, pero tan vigilante como él primero... Se consideró, y así fue por mucho tiempo, como una segura protección la presencia de esos gigantes leones que, aunque de piedra, atemorizaban a la distancia a los posibles invasores. El caso es que por años y años no hubo enemigos que se atrevieran a desafiar a aquellos impresionantes guardias.<br><br></div><div>En su oportunidad, Necolche desposo a la encantadora Moraida, tocándole gobernar la tribu en momentos de plácida felicidad. Los viajeros celestes no llegaban casi nunca, señal que las cosas marchaban bien en el valle. Era evidente que habían cumplido la promesa hecha a Naincú de asegurar una prolongada época de tranquilidad.<br><br></div><div>Cuando los blancos finalmente invadieron la zona, desde el naciente, y fundaron la hoy ciudad de TANDIL, aquel promontorio de granito no necesito ser bautizado: se lo nombró siempre como el CERRO DE LOS LEONES...<br><br></div><div>Un día se estableció allí una importante cantera. Desde Tandil se trazo un ramal ferroviario y nació un pintoresco pueblito: Cerro Leones, cuna de destacados valores del deporte, música popular.<br><br></div><div>Hasta no hace muchos años, cuando los barrios aledaños a Tandil eran aún verdes lomas y praderas, podía observarse hacia el noroeste, el gran león de granito sentado, que originara esta leyenda y diera definitivo nombre al paraje.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-03-30 00:55:56 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[<div>Hola Seño, vivimos cerca y nos gusta ir a caminar por este lindo lugar que es la Movediza.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-03-31 21:32:44 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[<div>Maia</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-01 00:32:53 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[<div>Cata lo expresó así 😃</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-01 01:07:06 UTC</pubDate>
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         <title>Piedra Movediza!!!</title>
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         <description><![CDATA[<div>Juan Martin Beratz!!</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-03 22:01:38 UTC</pubDate>
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         <title>Cumpleaños de Tandil !!</title>
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         <description><![CDATA[<div>Mateo Ramirez&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-05 19:48:21 UTC</pubDate>
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