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      <title>LEYENDAS DE CASTILLA by </title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2023-04-20 15:12:57 UTC</pubDate>
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         <title>El hombre de la capa negra (Huélamo, Cuenca)</title>
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         <description><![CDATA[<div>Se cuenta en Huélamo que, hace muchos años, vivía en aquel pueblo un buen mozo de nombre Juan Manuel Merchante. Pero también había otro, al que llamaban “Pinto”, el cual, envidioso de las virtudes de Juan Manuel, llegadas estas fechas le propuso que demostrara su valor acercándose al cementerio al filo de la medianoche. Como prueba de ello debía dejar unas piedras en la puerta, de modo que al día siguiente demostraran su presencia en aquél lúgubre lugar.<br>No sabemos qué fuerza le llevó a aceptar tan extraña petición, pero el caso es que así lo hizo. Una vez cumplido el cometido indicado y cuando ya regresaba hacia su casa, dadas que eran las doce campanadas, estando por “el Borde”, se encontró con un desconocido, vestido todo de negro con larga capa y sombrero, que le preguntó por el camino de “La Serna”y si no tendría problema en acompañarle.<br>Valiente de por sí, y sin recelar nada, no tuvo inconveniente y comenzaron su andadura. Por angostas trochas llegaron hasta el “Alto de la Horca”en donde Juan Manuel se volvió, más que nada por comprobar si el forastero le seguía, y vio que de los pies y manos desprendía resplandores siniestros y llamas en mayor cantidad. Al ver aquello se asustó lo suficiente como para inventar una estratagema y huir. Pretextando una urgente necesidad fisiológica se adentró entre los matojos, pero el anónimo acompañante le advirtió de que no se alejara en exceso y que a la tercera palmada que oyera regresara a su compañía.<br>No esperó más Juan Manuel para salir corriendo hacia el pueblo. En esto oyó la primera palmada. A la altura de “Los Dornajos” sonó la segunda. Ya junto a la Iglesia sonó la tercera y siguió corriendo como alma que lleva el diablo (y nunca mejor dicho) hacia su casa.<br>Al no detenerse el, le siguió el misterioso personaje. Por un instante volvió la vista y vio que, en su carrera, el de la capa negra y ojos de fuego, echando como chispas por todas partes, corría casi sin tocar los pies en el suelo.<br>Justo le dio tiempo a Juan Manuel para llegar a su casa y cerrar precipitamente la puerta, notando una fuerte presión en el exterior, al tiempo que oía estas palabras : “¡DE UNA, Y NO BUENA, TE HAS LIBRADO, JUAN MANUEL MERCHANTE. DE TUS PIES TE HAS VALIDO, QUE SI NO DE TU SANGRE HUBIERA BEBIDO”.<br>A los ruidos, despertó la madre del muchacho y, una vez enterada del mal trance, estuvieron rezando hasta el amanecer.<br>A la mañana siguiente pudieron ver que, en la puerta y en la parte superior, había una huella de una mano grandísima marcada a fuego, que duró muchos años como testimonio de la persecución de que había sido objeto el valiente de Huélamo por el hombre de la capa negra.<br>Todavía, en nuestro tiempos, hay quien asegura haber recibido la noticia de sus abuelos (en lecho de muerte) del lugar donde se enterró, más tarde, tal puerta con la marca de la mano, para así evitar cualquier maleficio. Y, dicen, que fue en el castillo de Huélamo, en un profundo sótano que existe en su centro bajo una pesada tapa de hierro.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:18:01 UTC</pubDate>
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         <title>La cruz del corregidor (Alcázar de San Juan, C. Real)</title>
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         <description><![CDATA[<div>En una noche invernal de 1750, siendo rey Don Fernando VI, y corregidor en la localidad de Alcázar de San Juan, Don Juan de Silva. Las campanas de la colegiata de Santa María la Mayor hacía rato que tocaban el toque de ánimas, el silencio en la villa era completo, no se escucha ningún tipo de ruido. El pueblo dormía en la oscuridad, pues al toque de ánimas se apagaban los candiles y los fuegos, no quedando al exterior más que las luces de los farolillos que frailes y monjas encendían en sus conventos.</div><div><strong>A la puerta de la ermita del Cristo de Villajos, estaban tres hombres envueltos en amplias capas, esperando al corregidor, pues estos que daron entre las diez y las once de la noche en esta ermita, para dar caza a un fantasma que decían rondaba el pueblo por las noches, en cuanto llego el señor corregidor exclamo, pues vamos adelante y que el Santísimo cristo de Villajos nos acompañe, partieron los cuatros armados hasta los dientes, con espadas y pistolones, poniendo rumbo al boquete de Santa Quiteria, hoy callejón del corregidor, donde esperaron que dieran las doce de la noche.</strong></div><div><strong>El corregidor en cuanto vio aparecer el fantasma ordeno disparar las armas, tras lo cual se oyo un cuerpo caer al suelo y una voz que dijo “Dios me Valga”, grito el señor corregidor y lo que vio supera todo lo trágico, el corregidor en el suelo abraza el cuerpo muerto y gritaba con dolor “Es mi hijo y yo he sido su matador”.</strong></div><div><strong>A las voces se abrieron las puertas y ventanas e invadieron la calle la piedad y el comadreo, no habiendo lengua parada ni candil, ni farol que no alumbrara, corriendo por todo el pueblo el dramático suceso.</strong></div><div><strong>Recogido el cuerpo muerto, al día siguiente aparecía colocada en el lugar del trágico suceso una gran cruz de madera, la Cruz del Fantasma o del Corregidor.</strong></div><div>Carmen Martínez y Ana Fernández.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:25:02 UTC</pubDate>
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         <title>Los fantasmas de Valdepeñas (Valdepeñas, C.Real)</title>
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         <description><![CDATA[<div>Durante la segunda mitad del siglo XIX, en Valdepeñas, contaban algunos que durante las noches veían pasear por las calles nocturnas y solitarias, fugaces espectros blancos con forma humana, pero no hacían daño a nadie sino que huían cuando alguien se les acercaba.</div><div>Una noche, una mujer que vivía en una angosta calle, cansada de que sus hijos se asustaran de verlos pasar junto a su ventana, se asomó al balcón y estirando la mano, esperó a que pasará alguno de los fantasmas.</div><div>Al tenerlo a su alcance en la oscura noche, le agarró la sábana y se quedó con ella en la mano, pero en una esquina desapareció la mortaja.</div><div>Aquella valiente mujer se puso la sábana por encima, cogió una navaja y salió a la calle para averiguar qué extraño suceso era aquel. Al toparse con uno de esos fantasmas se detuvo, pero ese espectro era muy raro, iba muy lento, incluso pareció reconocer a la mujer. Aquel fantasma fue acercándose lentamente hasta la señora camuflada y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, saco otra navaja y se la clavó en el estómago, tiñendo la sábana de sangre. Fue entonces cuando se quitó su disfraz y levantó la sábana del ya muerto fantasma. Se llevó una sorpresa muy desagradable al descubrir que era su vecina.</div><div><br></div><div>Con el revuelo, se aclaró días después, que los fantasmas eran hombres que iban al prostíbulo a visitar a escondidas a sus novias, y que a causa de esto, sus respectivas parejas habían seguido ese rito para sorprenderlos.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:26:22 UTC</pubDate>
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         <title>Abengibre, Albacete</title>
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         <description><![CDATA[<div>Las Pantasmas iban a veces encapuchadas, otras con largos atuendos que les cubrían de pies a cabeza, pero ninguna ropa que pudiera ser normal para una persona, salvo las capas, algunas llevaban capas negras como la tez.</div><div>Nada se sabía de su procedencia, ni de sus escondites. Pero no estaban muertas, pues en alguna ocasión alguien había podido llegar a tocarlas y no estaban frías. Tampoco eran espectros, apariciones o fantasmas porque eran de carne y hueso. También se sabía que podían emitir sonidos, pero nadie las oyó hablar.</div><div>Sólo se les había visto de noche cuando, amparadas por la oscuridad, campeaban a sus anchas por el pueblo. Saltaban las tapias de los patios con una agilidad sobrenatural, casi de un sólo brinco, y entraban en los corrales, las cuadras, las cocinillas, hasta en las habitaciones. Se sabía de su presencia en una casa porque los animales, sobre todo las caballerías, se ponían muy nerviosas cuando estaban cerca.</div><div>Al principio sólo desaparecían algunos pequeños objetos de las casas, pero luego se fueron haciendo más fuertes y comenzaron a llevarse animales, con especial preferencia por las gallinas y, con el tiempo, empezaron a atacar a las mujeres, abusando de ellas. Ninguna recuerda nada de esos encuentros con las Pantasmas. Se despertaban con algún ruido en la habitación y al incorporarse las veían allí, junto a ellas y luego... se desmayaban.</div><div><br></div><div>Muchos hombres, cansados de estas agresiones y mancillado su honor, las persiguieron durante mucho tiempo y montaron guardia en los patios. Les vieron, pero nunca lograron atrapar a ninguna..<br><br>César Martínez<br>Irene Mora-Gil</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:26:24 UTC</pubDate>
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         <title>La leyenda del lago de Taravilla. (Guadalajara)</title>
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         <description><![CDATA[<div>Era por el siglo XVI, en un día tormentoso, apareció en una posada, un caballero bien vestido. El posadero le abrió la puerta y le indicó dónde estaba la lumbre para que pudiera secar sus ropas. Como la tormenta no cesaba y la noche se echaba encima, decidió alojarse allí; mandó que le prepararan una buena cena y una habitación para dormir.</div><div>El Posadero, observando la buena calidad de las ropas del caballero, pensó que se trataba de alguien con mucho dinero, así que, decidió robarle el dinero. Le sirvió la cena lo más rápido posible, y sin cambiar palabra con él para que, sin ninguna distracción, se retirara inmediatamente a su aposento. El dueño de la posada, se despidió para acostarse, se metió en su cuarto, buscó un afilado cuchillo, y con gran agitación esperó a que su huésped estuviese acostado.</div><div>Esperó a que el huésped se durmiera, permaneciendo atento a cualquier ruido, y cuando se aseguró de que el caballero ya estaba dormido, se dirigió a su dormitorio, abrió con cuidado la puerta, se lanzó sobre la cama y clavó repetidas veces el arma sobre el infeliz. El asesino cuando comprobó que el hombre estaba muerto, registro sus ropas, hallando en ellas varias bolsas de oro.</div><div>El posadero, satisfecho de sí mismo, contó las monedas una y otra y vez, a continuación, las escondió, metió a la víctima, en un saco lleno de piedras y cosido, lo cargó y lo llevó a la laguna de Taravilla, la cual creen sin fondo y comunicada con la Muela de Utiel por abismos subterráneos.</div><div>Cuando volvió a la posada, limpió y se deshizo de cualquier rastro del caballero, se acostó satisfecho y durmió toda la noche. Al día siguiente, no encontró el cuchillo, y temió de que se lo hubiera dejado clavado en el cadáver, ya que el arma llevaba grabada en la hoja su nombre y apellidos. Intentó tranquilizarse pensando que no había forma humana de que alguien llegara al fondo del lago y lo encontrara.&nbsp;</div><div>Pasaron los meses, y el posadero seguía con su vida. Pero un día, fuerte temblor de tierra se dejó sentir en la comarca, abriendo las entrañas de la Muela de Utiel, lo que hizo que bajaran las aguas del lago de Taravilla, hasta el punto de que el lago quedó seco. Ante tal acontecimiento, toda la población de alrededor, se acercó al lago para verlo. Uno de los curiosos, se fijó en un saco abierto, se acercó y vio un cadáver con un puñal en la mano, ese puñal llevaba el nombre del posadero grabado. La noticia se divulgó rápidamente, y el asesino al verse descubierto, antes de ser detenido, se ahorcó de una viga.</div><div><br></div><div><br></div><div>Semanas más tarde las aguas comenzaron a llenar de nuevo el lago. Desde entonces se ha repetido varias veces el fenómeno, y los vecinos creen que las aguas se retiran cuando el lago esconde algún secreto, y vuelven a aparecer cuando se le ha dado al cadáver cristiana sepultura.<br><br>Daniela Miján y María Mora-Gil</div><div><br></div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:26:24 UTC</pubDate>
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         <title>La fuente de la niña (Guadalajara)</title>
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         <description><![CDATA[<div>En la parte alta de Guadalajara se encuentra el Parque de la Fuente de la Niña. Lugar de correrías y aventuras en la infancia de muchos de los que hoy peinamos canas. Pero espacio donde todavía hoy muchos niños y niñas descubren el campo, la naturaleza y el sonido del agua cerca de sus casas. Bien cuidado, abierto y limpio, es hoy un lugar a donde merece la pena acercarse a dar un paseo en estas tardes de primavera. Ahí es donde la tradición sitúa una terrible historia, que Felipe María Olivier describe con todo detalle en su pequeño libro.</div><div>Dice que tomó aquel sitio y fuente el nombre “de la Niña” en recuerdo de haberse ahogado en su pilón una criatura a la que le llevó hasta su profundidad el ansia de querer mirarse en el brillo de su superficie, sin saber quizás que aquello tenía un hondo camino. Era el 16 de agosto de un año lejano, cuando aún se celebraban en la cercana ermita de San Roque las romerías, procesiones y subastas entre sus devotos. Y es cierto, yo aún de pequeño asistí a aquellas celebraciones, que terminaban con todo el mundo que acudía merendando por los alrededores. Varias familias residentes en el arrabal del agua subieron allí, y tras las ceremonias religiosas se extendieron a tomarse sus tortillas y a beber el vino de bota, entre la ermita y la arboleda del Puente Verde. Se pusieron luego a jugar a la gallina ciega, y dejaron a los críos que pulularan entre los jardines y bosques del entorno. La fuente, que llevaba poco tiempo hecha, y era hermosa y singular, atraía con su sonido y brillos a los pequeños. Se hizo de noche, y apareció la luna. Se alzó luego, sonriente y loca, como es ella siempre. Era agosto, hacía buena noche y la reunión se alargó…. una niña, en un momento, se acercó al estanque, y miró cómo en sus aguas se reflejaba el satélite pálido, pero brillante. Pensó que era un globo, o una pelota, de material viscoso y suculento. Quiso cogerla, y cayó al agua. Se ahogó. Y la familia sólo se enteró cuando fue a recogerse. La búsqueda ansiosa de todos por encontrar a la niña perdida, terminó con el sobresalto de verla flotando, con los brazos extendidos, boca abajo, en el agua del estanquillo.</div><div><br></div><div>El dolor de su madre, de su padre, de sus hermanos, de sus vecinos, fue inenarrable. Duró tanto, que aún quien se acerca la fuente se acuerda de ello. La madre, dice la leyenda que cuenta Olivier, subía hasta el parque las noches de luna llena, por ver si en el agua seguí su hija y el milagro de la noche mágica se producía, devolviéndosela.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:27:36 UTC</pubDate>
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         <title>La Cruz del diablo. (Corral Rubio. Albacete)</title>
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         <description><![CDATA[<div>La cruz del diablo. (Corral Rubio. Albacete)&nbsp;<br>A dos kilómetros del pueblo de Corral Rubio, en Albacete, se ve una cruz que los vecinos llaman la Cruz del Diablo.</div><div>Su historia es ésta: Un buen hombre, padre de muchos hijos, pequeños todavía, tenía un mísero jornal, con el que apenas podía atender a las necesidades de su casa. El pobre hombre trabajaba sin descanso de sol a sol, y apenas llevaba a casa lo indispensable para el sustento de él y de los suyos. En su pobre choza se albergaban el hambre y el frío.</div><div>Cierto día que necesitaba dinero para comprar unas herramientas de trabajo, fue al pueblo vecino a pedir un préstamo a un amigo. Se lo negó, y el hombre volvía por el camino, lleno de angustia y de dolor. En su desesperación, llamó al diablo en su ayuda, y a los pocos pasos notó que le invadía un pesado sueño que le impedía caminar. Se acostó al borde del camino y se durmió. AL despertar encontró que tenía una bolsa llena de monedas de oro. Loco de alegría, empezó a contarlas. ¡Había cientos de ellas! ¡Una verdadera fortuna! ¡Él y sus hijos iban a ser ricos! Al fondo de la bolsa encontró un papel escrito citándole en aquel mismo sitio para dentro de tres años. Feliz, se marchó a casa con su dinero. Fue acogido por su familia con grandes gritos de alegría. ¡Se acabó el hambre para todos!</div><div>Al cabo de tres años dedicados a disfrutar y gastar, llegó el día indicado, y acudió a la cita. Se sentó en el mismo sitio y esperó; sintió que le volvía aquel mismo sueño y se tumbó a dormir. Al despertar, vio junto a él un hombre horrendo; aquel rostro infundía pavor. Le sonreía con una boca infernal y le decía: «Soy tu amigo el diablo». El hombre dio un grito y, horrorizado, intentó huir, diciendo: «Déjame, yo no quiero nada contigo».</div><div>Pero el diablo le alcanzó y, agarrándole con una mano férrea, le dejó convertido en estatua de piedra.</div><div>Al día siguiente todos los vecinos del pueblo acudieron, sobrecogidos, a contemplar la obra del diablo, que durante mucho tiempo sirvió de lección para los impíos.</div><div><br></div><div>Hasta que un sacerdote mandó tallar sobre la estatua una cruz. &nbsp;<br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-04-21 11:28:36 UTC</pubDate>
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