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      <title>A la manera de Carta al lobo, de L. Devetach by Claudia Segretin</title>
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      <description>CONSIGNA
Luego de la audiovisión de Palabras en el aire y de la relectura de Carta al Lobo (Devetach), la invitación es a escribir una carta (como hizo Caperucita con el lobo) a alguien o algo del pasado (“Cuántos años han pasado ¿no?”).

La carta PUEDE…
Tener las  características convencionales de una carta, como la de Caperucita.
Contener sólo una canción (que lo diga todo) además del encabezamiento y la despedida. 
Contener un collage hecho con canciones que pertenezcan a un mismo género (sólo tango o sólo bolero) o un collage hecho de paremias enganchadas. 
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2016-06-02 02:53:30 UTC</pubDate>
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         <title>A una lejana casa. Por Clemen Carranza</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[<div><br><br>Querida y siempre recordada casa:<br>                                                        Cuánto tiempo ha pasado desde que a mis hermanas y a mí nos trajeron a esta ciudad! Durante un tiempo acunamos la esperanza del regreso, pero poco a poco nos dimos cuenta de que la separación era definitiva. <br>                                                          Hubo muchos cambios… demasiados. Tus paredes olían a frescura, las nuevas a humedad.  Tus ventanas se  abrían a un perfumado y soleado  jardín y a un patio con árboles frutales que era el reino de un perro guardián; las de acá sólo a un paatio embaldosado que casi no veía el sol  y en el que no se permitían mascotas. Tus puertas se abrían para ir a jugar con otras nenas y sus muñecas; aquí se cerraban porque todos eran extraños.<br>                                                           Nuestra dueña pronto perdió interés en nosotras. Finalmente fuimos guardadas en una vieja valija que arrumbaron en un placard. Creímos  que había terminado todo para nosotras, pero después de muchos veranos e inviernos de olvido, un día ella nos sacó, nos arregló el cabello, nos puso ropa de cuando era pequeña y nos sentó en un sillón, orgullosa de mostrarnos a sus amigas.<br>                                                             Ahora estamos en otra casa; a través de una gran ventana vemos el cielo y vemos, oímos y olemos el mar.<br>                                                                Cuando nos quedamos solas conversamos y te recordamos, cada una de nosotras de manera diferente, pero todas con nostalgia. Creo que a veces ella también viaja hacia ese tiempo en que nos cobijabas, cuando la puerta de tu cocina era su primer pizarrón en el que nos enseñaba números, letras, palabras. Lo creo porque nos abraza y nos acuna como lo hacía hace mucho, mucho tiempo. Y volvemos a ser felices.<br>                                                               Esperamos que vos también lo seas; que te habite gente amorosa que te quiera y te cuide.<br>                                                               Mis hermanas y yo te mandamos todo maestro cariño.  <br><br>                                                                Çuqui, la muñeca<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:19:12 UTC</pubDate>
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         <title>ÁNFORA VERDE . Por Olga Chipy</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[<div><br></div><div> </div><div>Hoy te mudé a mi  dormitorio,  decapitado pero firme. Busqué un lugar junto a los portarretratos de mis nietas que me acompañan todas las noches.<br>Durante veinte años estuviste en el mismo lugar junto al sillón grande. Te decoraba con ramas verdes grisáceas, amarillas amarronadas al secarse, que traía de Miramar.<br>Para mantenerte firme agarrado al piso, coloque en tu interior piedritas y caracoles que junté en la playa una hermosa tarde, acompañada del sonido de las olas.<br>Cuando nos mudamos te traje en el auto junto al televisor para protegerlos de los golpes.<br>Esta fue la última de nueve anteriores y resististe.<br>Otros adornos no tuvieron su mismo destino, cayeron al piso sin retorno, lo mismo que tú bocha balón.<br>Llegaste a mis  manos como regalo de casamiento de mis compañeras de trabajo. Ellas no se si me olvidaron,  yo no, sos el testigo de una amistad de mi pasado.<br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:20:34 UTC</pubDate>
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         <title>Carta a la quinta. Por Cristina González</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[<div>Querida quinta:</div><div>¡¡¡Cuántos años han pasado!!!</div><div>Hace un tiempo pasé por allí, te vi muy abandonada. Tus paredes descascaradas, las tejas del techo rotas, la madera de la galería podrida, los pastos altos y los árboles con los frutos por suelo. </div><div>Me cayeron lágrimas de tristeza al verte tan mal.</div><div>Recuerdo los fines de semana y las vacaciones en que mi padre nos llevaba en la camioneta. Íbamos varios, mamá, tía, primos, abuela. Papá disfrutaba cortando el pasto, primero con guadaña, y años después, con una máquina a nafta, ya que no había electricidad. También lo veo pintando, matando hormigas, haciendo la huerta y podando árboles. El resto de la familia ayudábamos en lo que podíamos, unos más que otros, ya que los más chicos nos escapábamos al arroyo a pescar. Había tiempo para hacer asado y dormir la siesta. ¡Cuántos momentos alegres! Jugando a la escondida, al tejo, y si llovía, a las cartas bajo la galería.</div><div>Bueno, ya me despido. Deseo que te recuperes y puedas tener momentos felices como antes.</div><div>Siempre te recordaré.</div><div>Titina</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:21:47 UTC</pubDate>
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         <title>Carta a  Marta . Por Olga Chipy</title>
         <author>c_segretin</author>
         <link>https://padlet.com/c_segretin/g88bi734puq5/wish/1021815495</link>
         <description><![CDATA[<div>Querida amiga: quiero agradecerte por la brillante idea de producir nuestro reencuentro. Hoy cuando leí tu mail, lo primero que pensé cuánto hace que no nos vemos.  Aquel día que me anunciaste que te ibas a Puerto Rico a vivir,  me sentí confundida por mis sentimientos encontrados. Contenta por tu futuro junto a un flamante marido, pero triste porque te ibas tan lejos, más en esos años que no había tantas formas de comunicación.<br>Te acordas que nos sentábamos en el primer banco, era doble y parecía un ataúd. Poníamos el libro abierto en el cajón y los que pasaban al frente se paraban junto a nosotras para que le sopláramos.<br>Me acuerdo el día que la de historia tomó prueba. Pasó por las filas sacando machetes. A Giménez le encontró una obra artística. Se tomó el trabajo de escribir en papel manteca con plumín y tinta china, todos los temas. Hizo diez rollitos y los guardo en una latita plana. La profe le sacó la hoja y dijo: "como obra de arte te mereces un diez" y dibujó un cero en el  centro de la hoja.<br>Estábamos muy cerca de la playa, en las horas libres nos íbamos a la costa.<br>Tengo la foto que nos sacamos frente al monumento de Alfonsina Storni. Delantal blanco, polleras a la rodilla, mocasines. Me parece oír el golpear de las olas.<br>Espero vengas pronto.<br>Esperemos las vacunas.<br>Cuídate.<br>Te quiero mucho <br>Besos<br>Olga  .</div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:22:44 UTC</pubDate>
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         <title>Carta a mi amiga de la infancia. Por Yolanda Pellinzon</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[<div>Querida amiga Mirna:<br>¿Cuánto a tiempo ha pasado? ¡Tantos años de amistad!, ya pasamos los<br>cincuenta y pico y hay que festejar.<br>Te preguntaras ¿Por qué te escribo?<br>Quiero contarte en aquellos primeros años, cuando los fines de semana me iba<br>a tu ciudad natal, Maipú, y comenzaba la aventura que hoy en día no puedo olvidar.<br>¿Cómo no querer ese lugar? Sabiendo que allí vivías tú.<br>¿Te acordás? Cuando el colectivo llegaba por la ruta y doblaba por la calle San<br>Martin, desde arriba alcanzaba a divisar el pequeño café que en ese tiempo estaba en<br>ese lugar. Las sillas de madera pintadas de marrón y olor a café molido que se<br>mezclaba con el de las facturas recién horneadas, eran el primer encuentro que<br>siempre recordé al llegar. Antes de bajarme ya te veía desde la ventana del micro con<br>un ramo de flores del jardín de tu mamá. Pero nunca ibas sola, siempre con Violeta, tu<br>amiga fiel que se reía de todo sin parar. Cruzábamos la plaza, tantos verdes por mirar,<br>nos deteníamos, y veíamos las hojas moverse como si nos quisieran saludar, los niños<br>andando en bici bajo el cuidado atento de sus papás, otros, con sus mascotas que no<br>dejaban de ladrar.<br>¡Vamos a ver a tía Rosa! Me decías, ¡que tengo un mensaje de mamá!<br>El frente de su casa, pintado de un amarillo, hacia juego con la lavanda que nos<br>recibía al entrar. Con un aroma de perfume sin igual. Siempre estaba Jorge<br>invitándonos a que más tarde lo pasáramos a buscar para juntarnos en la Heladería La<br>Imperial.<br>En aquella época preparaba la mochila que me ocupe de pintar, con estrellas y<br>caballitos de mar. Aun oigo estas palabras: ¡Decile a tu mamá que muchas gracias,<br>pero no tiene nada que mandar! Se escuchaban las palabras de Ester cuando un<br>montón de regalos del bolso, salían sin cesar. Hasta una torta preparada con mis<br>manos para disfrutar después de almorzar.<br>¡Ya llegue! Era la voz de Mario, tu papá. Volvía de la panadería donde muy<br>temprano comenzaba a trabajar y traía una bolsa llena de pan y pizzas que en la noche<br>él mismo iba a preparar.<br>Las mesas y las sillas abajo del parral era el lugar ideal para tomar el té. Con la<br>porcelana de la Nona que solo se usaba si nos comprometíamos a cuidarla como si<br>fuera de cristal. Esto se repetía siempre que te iba a visitar.<br>¿Qué dirían los vecinos si este fin de semana nos vieran pasar? ¡Si, por la calle<br>principal! Con la misma mochila, un ramo de flores y con Violeta riéndose de nuestras<br>locuras que hacían de nuestros encuentros una fiesta de carnaval.</div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:23:51 UTC</pubDate>
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         <title>Carta a mi primera bicicleta.Por Liliana Padró</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[<div>Querida amiga, cuántos años han pasado. Espero que te encuentres bien y que tu destino no te haya llevado a un destartalado galpón.<br><br></div><div>Seguramente te preguntas por qué te escribo ahora. Te cuento que me vi en la necesidad de hacerlo por ciertos recuerdos que se me presentaron en estos días. Todo fue a raíz de una foto que me envió mi hijo, en ella está mi nieto, luciendo con cierto orgullo su nueva bicicleta y digo nueva porque aunque Joaquín apenas tiene 9 años, ya difrutó en estos años de versiones anteriores.<br><br></div><div>No puede evitar pensar como fue cuando llegaste a mi vida, después de tanto anhelo. En ese entonces yo tenía 5 años, y mis primos que eran algo mayores ya tenían una bicicleta.<br><br></div><div>Recuerdo que mamá me dijo que si tanto te deseaba debería pedirte a los reyes. En ese entonces eran ellos y no papa Noel los portadores de regalos.<br><br></div><div>Y así fue que esa calurosa noche de verano nos acostamos, después de haber dejado pasto y agua junto a los zapatos, los míos y los de mi hermano, porque mi hermanita por ser una bebe no tenía pedidos, ni conocimiento de esos menesteres, y por supuesto tampoco tenía zapatos.<br><br></div><div>Y ahora te pregunto ¿cómo hicieron para ocultarte? ¿En dónde pasaste esa noche? Fue siempre un misterio, que, ahora que paso tanto, me podrías contar.<br><br></div><div>Te encontré en la cocina, tu rojo intenso contrastaba<strong> </strong>con el brillo renegrido de tus ruedas. ¿Te habrían lustrado? Qué alegría sentí al conocerte. Lo más emocionante fue que en cuanto te vi note que no tenías en tus costados esos adefesios que llamaban rueditas. Eras como las de los mayores, bici de verdad.<br><br></div><div>Y fue verte y sacarte por el pasillo para intentar andar. Un amor a primera vista y un primer empujón sin lograr hacer el equilibrio requerido ni siquiera para poderme sentar. No estoy segura pero creo que nuestro primer encuentro ocurrió un día sábado, porque estuvimos juntas un largo rato, yo intentando montarte y vos como un corcel, sin dejarte domar. Esa tarde fuimos a la plaza y papá me enseñó cómo era eso de andar en bicicleta. Corría a mi lado sosteniéndome desde tu asiento, yo le decía que no lo soltara. Me acuerdo que después de bastante tiempo me animé a mirar para atrás y pude ver que estábamos andando solas vos y yo, sé que fuiste su cómplice ese día, podes decírmelo. ¿Te acordás que siempre trataba de presentarte coqueta y con adornos de guirnaldas entre tus rayos?<br><br></div><div>Hoy en busca de respuestas te escribo para preguntarte, ¿Cuándo y por qué termino nuestra relación? ¿Pudo ser porque crecí y te heredó mi hermano? Si te olvidé o te reemplacé, como hizo Joaquín con su anterior bicicleta, te pido disculpas, perdón por la desmemoria. Espero que aunque tarde, esta carta sirva para revindicar aquel vínculo y el de tu descendencia, al fin de cuentas vos y tus hijas siempre serán, sin lugar a dudas, una parte irreemplazable de la infancia.<br><br></div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:25:12 UTC</pubDate>
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         <title>Carta al Barrio Belgrano. Por Loli Esperanza (audio)</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:28:07 UTC</pubDate>
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         <title>Cuántos años han pasado. Por Gladys Fantaguzzi</title>
         <author>c_segretin</author>
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         <description><![CDATA[<div><br> ¡Cuántos años han pasado! ¿Te acordás de mí? Soy tu fiel compañero de tapa de hierro y cerrojo en mano. Cuando abrís mi tapa, aparece la alegría, los sentimientos, cuentos y secretos. Acariciás mis hojas con tus recuerdos, con líneas marcadas hasta el infinto, con rayas, con gomas y colores que hacen de mí un arco iris. <br>Me llevás de viaje, me tirás en lo oscuro de un bolso vacío donde hay olor a cremas y perfumes que manchan mi cuerpo. Estoy en tu vida con incertidumbre, para ver tu camino, para consolarte las penas, las risas, para conocerte. Trabajamos mucho, hicimos un equipo donde vos plasmaste todo el sentimiento y yo te recuerdo horas del pasado. Anoto tu risa, tu amor escondido; soy como una caja que abre las hojas y doy fantasía. Llevo cosas que nadie conoce: recetas, poemas, dibujos y sombras, vivencias, historietas que vos inventaste.  Un día partieron, quién sabe hacia dónde, se fueron borrando mientras pasó el tiempo. Las hojas quedaron sin color ni tinta, las letras quedaron sin luz propia. <br>Te ofrezco mi cuerpo, blanco como el día para que lo llenes de lindos recuerdos, de distintas letras que tienen tus frases guardadas. <br>Te digo un secreto, más bien un pedido: no borres ni taches lo escrito, no arranques mis hojas porque me desnudas. No arrastres tus penas en mis hojas marcadas porque cada raya lastima mi cuerpo que un día se abrió para tus secretos. <br>Cerráme la tapa, me voy a dormir.<br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-12-15 20:30:32 UTC</pubDate>
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