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      <title>Análisis Institucional - Escena by María Aleu</title>
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      <description>Les proponemos escribir y compartir aquí una escena de trabajo o de formación en una escuela que los tenga como protagonistas. Para elegir la escena tengan como criterio que sea una situación que les plantea a ustedes (como protagonistas de esa escena) algunos interrogantes.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2020-12-01 21:07:38 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2024-04-11 14:01:14 UTC</lastBuildDate>
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         <title></title>
         <author>jeremarjoya</author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2930970712</link>
         <description><![CDATA[<p><br></p><p>La escena sucede en febrero, hace calor, la escuela está abierta pero aún no comenzaron las clases. Aprovecho a acercarme para realizar un trámite. Cuando estoy en la puerta de la escuela esperando mientras el portero va a la secretaría para averiguar, llega una mujer.&nbsp;</p><p>Cuando el portero regresa, la mujer exasperada, con tono fuerte le dice:</p><p>-¡Vengo a ver la prueba que le tomaron a mi hijo ayer!&nbsp;</p><p>El hombre le dice que espere un momento y se retira nuevamente.</p><p>La mujer, parada al lado del hijo&nbsp; que con sus 12 o 13&nbsp; años casi logra pasar inadvertido con una&nbsp; actitud retraída y su mirada por el suelo.&nbsp;</p><p>De repente la mujer lo abraza fuerte y le da un beso en la cabeza, a escondidas del portero.</p><p><br></p><p>#Los tiempos escolares. La escena me obliga a contener la congoja porque algo de esta me resulta familiar. Pero también me plantea la pregunta sobre cómo adaptamos nuestra vida a los tiempos escolares. y me sigo preguntando no solo porque todxs tenemos que hacerlo en un mismo tiempo sino también: ¿cómo se espera que alguien aprenda en soledad, lo que no pudo conquistar acompañado durante el año?&nbsp;</p><p>Hay quienes tienen la suerte de ser acompañados en esta dura tarea de preparar un examen por alguien que los sostiene. Tarea protagonizada principalmente por mujeres. Las cuales en muchos casos disponen de escasa preparación para la tarea, pero no carecen de amor y desvelo para poder acompañar la condena.&nbsp;</p><p>Se suele representar al acto educativo como un puente. A veces pienso que es más como una escalera. La cual te puede ayudar a subir al próximo nivel, pero que también, te puede encerrar en los sótanos más oscuros cuando a esta, le falta un escalón.</p><p><br></p><p>PD: Espero no haberme alejado mucho de la consigna. Me gustan esas escenas que reflejan los intersticios de lo escolar.</p><p>Saludos </p><p>Jere</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-03-23 15:25:30 UTC</pubDate>
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         <title>grabeacardgonza</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2932977896</link>
         <description><![CDATA[<p>La situación ocurre en un colegio secundario donde era docente en un aula del 3er. piso. Bajando las escaleras observo una serie de afiches pegados en el muro que decían: La policía mata, Abajo la policía, Policía asesina, y otras frases escritas por alumnos/as . En planta baja la directora consolaba a 3 estudiantes que enojadas y llorisqueando se sentían sumamente dolidas diciendo que sus padres eran policías y no eran lo que decían los afiches.  </p><p>Observé con atención que la autoridad envió retirar los afiches y trataba de explicar a las niñas que algunos alumnos/as hicieron esos afiches después de un taller sobre violencia en las calles y no era contra sus familias. </p><p> </p><p>Me surgieron múltiples preguntas en ese momento: ¿qué rol contenedor e integrador cumple la escuela en estos casos? , ¿Cómo conciliar un hecho real de nuestra sociedad que muchos alumnos/as vulnerables viven  con otros niños/as involucrado/as donde no sucede lo mismo? . ¿Hasta qué punto los muros de la escuela son la vidriera para unos y la resistencia para otros?</p><p>En la semana me enteré que las madres las habían cambiado de institución. </p><p>Entendí perfectamente las dos dimensiones de la escuela cuando no se vinculan: la organización y la institución. Nos perdimos como institución la enorme posibilidad de organizarnos y construir entre familia y docentes una discusión e integración entre sus diferentes espacios y habitantes.</p><p> ¿Quién representó a la institución en ese momento: la directora, el grupo del taller con su profesor, las niñas y sus madres? Tensiones que no se revolvieron lamentablemente.</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-03-25 20:08:49 UTC</pubDate>
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         <title>El ritual de la corrección</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>En 5° grado, un día de la primera semana de clases, la seño Nélida comenzó a dibujar figuras geométricas en el pizarrón, un círculo, un cuadrado, un triángulo; luego, sacó de un antiguo armario una caja (parecía una caja de zapatos, forrada) y colocándola sobre el escritorio comenzó a sacar cuerpos geométricos: una esfera, un cubo y un prisma… que parecían de acrílico. Era una bella tarde de sol e imperaba el silencio. Luego, con unas tizas de color, remarcó en el pizarrón las figuras que representaban a los cuerpos geométricos que había puesto en el escritorio, cada figura con un color distinto…. y preguntó: ¿qué diferencia hay entre estás (decía señalando las del pizarrón) y éstas otras (señalando las de su escritorio)... <br><br>Yo, que nunca me destaqué por participar en clases, dije, señalando las del escritorio:&nbsp;</p><p>- ¡Que éstas ocupan lugar! <br><br>Abrupta y repentinamente, se dio vuelta y preguntó:&nbsp;</p><p>- ¿Quién dijo eso?. <br></p><p>Yo permanecí en silencio, muerto de miedo. No quise hablar, se me escapó. Y cuando volvió a preguntarlo, una compañera me señaló y dijo: <br><br>- Fue él, seño.<br>- Ah… ¡Campos!, - respondió, ya mismo le pongo un 10…. ¡nada que ver con su hermano!.<br><br>Ese momento marcó mi gusto por la geometría. <br>Analizándolo desde la actualidad, pienso que lo determinante no fue lo atinente de una respuesta acertada sino la “performance” de la seño que buscaba celebrar y reforzar mi participación. Había algo de magistralidad en su actuación, porque realizó un verdadero ritual de corrección, y como institucionalizando ese momento se dispuso a abrir el cuaderno de notas, recorrió el listado de alumnos hasta encontrarme, y tomando su lapicera colocó mi nota como sentenciando un destino en el libro de la vida.</p><p><br>Esa actuación, ciertamente, reforzó mi confianza sobre la geometría y me predispuso a dedicarle una cuidada atención; además, que sea un tipo de saber que se construía con el dibujo le daba un toque particular, casi lúdico. La simetría, los encastres, el uso del transportador y el compás, me hacían sentir tan importante como cuando usé la pluma fuente por primera vez. Pero a diferencia de ésta, que muchas veces se volvía incontrolable por su extremada fluidez, los trazos geométricos eran acompañados por férreos instrumentos de precisión. Un gran soporte para el aprendizaje que sumado al auspicioso inicio de comenzar con una buena nota, supuso un hito importante del camino que posteriormente me llevaría a estudiar filosofía.</p><p><br/></p><p>.: como interrogante: ¿cuánto de la performance docente determina el desempeño de los alumnos/as?</p><p><br/></p><p>Matías Campos<br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-03-25 22:46:20 UTC</pubDate>
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         <title>filas de nenes y de nenas</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2935419509</link>
         <description><![CDATA[<p>Durante la primaria, cada día a la llegada y la salida de la escuela, formábamos todos los grados en el patio para saludar a la directora. Nos ordenábamos con dos filas por grado, una fila de chicos y una de chicas.&nbsp;</p><p>Un día, en el marco de un taller de ESI, la invitada invitó a cuestionar esta manera de dividirse, lo hizo mediante una pregunta que en el momento pasó casi desapercibida.&nbsp;</p><p>Al día siguiente, íbamos a formar como habitualmente, pero llegó nuestra maestra y dijo “a partir de ahora se pueden mezclar”. La mayoría se quedó en su lugar, no querían pasarse a “la fila contraria”.&nbsp;</p><p>Recuerdo esa escena y pienso, primero, en el impacto que tuvo el comentario durante el taller, que invitó a cambiar una dinámica que tanto docentes como estudiantes de la institución teníamos absolutamente incorporada. Y me pongo a pensar también, en la cantidad de rutinas o maneras de actuar en la escuela, que no necesariamente creemos que son las mejores, pero están tan instaladas que ni se nos ocurre cuestionarlas.</p><p>Además ahora, me resulta interesante analizar por qué no era fácil romper con ello. La división por géneros resultaba tan natural, que por más que hubiera una invitación explícita a formar de otra manera, todes seguían la lógica a la cual estaban acostumbrades.</p><p><br>Natalia</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-03-27 13:32:52 UTC</pubDate>
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         <title>Anaid V.</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2940755249</link>
         <description><![CDATA[<p>Era el primer día de clases del tercer y último año de secundaria, la profesora al darse cuenta de que éramos un número considerable de nuevos alumnos, decidió que realizaríamos un escrito breve acerca de nosotros y qué habíamos hecho durante el verano; todo esto con la finalidad de que nuestros compañeros de aula nos conocieran mejor y así integrarnos.</p><p>Ese verano tuve que mudarme de ciudad y de estado (provincia) así que decidí escribir al respecto. Llegó mi turno de leer en voz alta y recuerdo que mi escrito decía algo así: “este verano me mudé con mi hermano a una ciudad extraña, todo es distinto y me parece raro…” En ese momento un compañero interrumpe para decir: “no sé porqué describes la ciudad como extraña, extraño es que un árbol sea morado o que las casas estén al revés. Además, lo extraño es pariente de lo feo y si a esas vamos, entonces tú eres extraña para nosotros”.&nbsp;</p><p>Ante tal comentario el resto de la clase comenzó a reírse y me quedé ahí de pie sin saber qué contestar y esperando que la profesora interviniera de alguna manera, cosa que no sucedió. Regresé a mi lugar y otro compañero comenzó a leer su escrito.&nbsp;</p><p>Al respecto puedo decir que el objetivo de la actividad no se cumplió y que pudo ser una oportunidad para que la profesora trabajara el tema de la alteridad con el grupo. Entonces me pregunto sobre la importancia de la intervención docente en la convivencia de los grupos (sobre todo en adolescentes).</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-02 18:27:32 UTC</pubDate>
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         <title>Nicolás Giglioli</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2940884298</link>
         <description><![CDATA[<p>Esta escena sucede en un campamento scout de 15 días en el sur, en un descampado al lado de un lago cerca de Bariloche. Me tocó estar a cargo del grupo de 7 a 10 años en lo que sería mi primera experiencia como educador scout en un campamento de esas dimensiones junto a una compañera que tenía que volverse 4 días antes del fin del campamento. Cabe destacar que fuera de este grupo etario había una estructura mucho más grande con más adultos que formaban parte del campamento, es decir, no estábamos solos.</p><p><br/></p><p>En un momento de los últimos 4 días se me hizo insostenible la frustración de, por momentos, no poder organizar a un grupo de 25 niñes que hacía 10 días que estaban de campamento, con todas las dificultades que eso implica, con frío por momentos, lejos de los padres, conviviendo con todo un grupo de personas, atravesando las incomodidades de vivir en una carpa y bañarse en un lago muy frío. En el momento en que me vi sobrepasado por la situación, les convoqué a un "consejo de la roca" que es la herramienta simbólica en la que como grupo hablamos temas importantes, y les expliqué muy sinceramente mi situación, les expliqué lo que sentía, mi agotamiento, me emocioné, lloré y les pedí su colaboración. Su respuesta fue muy empática, recibí su cariño y autoreflexión sobre su comportamiento, que era el comportamiento esperable en niñes en las condiciones mencionadas anteriormente, pero frente a mi pedido sincero respondieron con empatía.</p><p><br/></p><p>Todavía hoy, en algún lugar me cuestiono si fue correcto haber mostrado ese nivel de vulnerabilidad, por otro lado y sabiendo como fueron los hechos en ese caso específico creo que estuvo bien, pero la pregunta sería: Qué implicancias tiene para los educandos que un educador muestre emoción y vulnerabilidad? Cuáles positivas? Cuáles negativas?</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-02 21:24:44 UTC</pubDate>
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         <title>María Laura Rizzi </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2941804883</link>
         <description><![CDATA[<p>La escena se repite. Día tras día. Durante unas ocho horas diarias de lunes a viernes. Es un Colegio Privado sin subvención de la zona norte de la Provincia de Buenos Aires. Un Colegio de San Isidro. Uno de los primeros colegios laicos de la zona. Con IB hasta la década del '90. Con una orientación en Humanidades (¿abstracción?). Observo jóvenes de 12 años, de 13, de 14, 15, 16 y 17 años que día tras días cumplen con normativas, reglamentaciones, uniformes, maneras de. Y que en muchos casos manifiestan cansancio. Hartazgo de la repetición. Lo dicen, lo expresan. Con palabras. Con sus gestos. Con humor. Cansados de la abstracción. De la repetición. ¿De la desconexión? ¿De que la creatividad allí siempre siempre siempre encuentre la limitación bien rápidamente?</p><p>¿Qué son los espacios de aula hoy? ¿Qué son los espacios de aula hoy, para los adolescentes? ¿Cuánto de mí aprendo allí? ¿Cuánto del otro? ¿Cuánto aprendo bajo la obligación de aprender aquello que no elijo, que no conecta necesariamente con lo que entusiasma, interesa, apasiona? </p><p>Toda escena de un Colegio hoy me despierta muchas muchas muchas preguntas. </p><p><br></p><p> </p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-03 13:18:52 UTC</pubDate>
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         <title>Clara Arbutti Dorin. </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/aleuamaria/fy1j95g0zkczww2z/wish/2942132821</link>
         <description><![CDATA[<p>Estábamos en cuarto año, segundo piso al fondo, aula pecera la llamábamos. Contábamos con ventanales espléndidos que nos apilaban entre sillas y bancos entre el pasillo de la escuela y el jardín del museo. Nos daba el sol todo el día, hacíamos uso de las hojas tipo cartulina para pegarlas en algún rayo que se entre-ponía entre el sueño, nuestra vista, el pizarrón y la carpeta. Esta especie de taparrabo de la pecera también muchas veces lo usábamos para no ser el aula-museo para quienes pasaban por el pasillo, sin embargo, a veces jugaba a nuestro favor. En esta historia que les voy a contar, muchos pensaron que ser del cardumen era ser revolucionario y otros - como yo - todo lo contrario.&nbsp;</p><p>Teníamos a Damaris de profesora de música, más alta que el pizarrón, con una espalda enorme y un vozarrón impresionante.&nbsp; Algunos la habían tenido años anteriores y le temían, otros se reían de sus “locuras”. Cada uno podía sacar sus conclusiones, pero bien sabíamos que era una profesora con sus particularidades. Le molestaba el ruido en la clase que no era música, le molestaba que llegáramos unos minutos tarde del recreo y con un sandwich a medio comer, que nos pidiéramos el liquidpaper entre nosotros, que nos riéramos con el compañero de banco —siempre pensaba que nos reíamos de ella—. También le molestaba que usáramos gorro en clase, o que nos levantáramos al cesto de basura. Todas sus clases las daba con lentes de sol negros… ¿Por el síndrome de la pecera?</p><p>Para algunos entrar a su clase era medirla todo el tiempo, hacer cualquier movimiento para que ella se alterara. A otros, como a mí, nos producía un nerviosismo insoportable pensar que cualquier acción propia de mi cuerpo a ella le iba a generar semejante paranoia.&nbsp;</p><p>Han pasado sus años, no recuerdo el punto exacto en donde empezó lo siguiente, pero sí todo lo que pasó después. Fue una clase donde nos generó mucha tensión a todos y a un amigo de ese entonces se le ocurrió hacer algo que a ella le generara tensión /recuerdo pensar, ¡más tensión de la que tiene, pobre mujer!/</p><p>Después de muchos debates, finalmente, se decidió hacer un interjuego entre lentes de sol, la herramienta visible del aula-pecera y su vozarrón impresionante. A la clase siguiente todos teníamos que tener lentes, podían ser de sol o lentes llamativos como los de disfraz de fiesta carioca. Corrimos la bola entre todos los estudiantes de la escuela: “en el aula de cuarto segunda, segundo piso al fondo, aula pecera, todos los estudiantes con lentes para joder a damaris”. En el recreo se empezó a hacer un cardumen de estudiantes afuera de la pecera que miraban expectantes la llegada de Damaris, adentro de la pecera estaba el cardumen de estudiantes con lentes en sus ojos esperando a la estrella de gafas de sol.</p><p>Damaris pasó entre toda la muchedumbre y como siempre empezó a los gritos. Que nos sentemos, que los lentes, que qué hacía tanta gente mirando por la ventana, que nos saquemos los lentes. Nosotros respondíamos que se los sacara ella o no se los sacaba nadie.&nbsp;</p><p>Hasta ahí yo recuerdo.&nbsp;</p><p>Me agarró mucho miedo, tuve un ataque de pánico y me fue a buscar el SAME.</p><p>En primer lugar, podemos decir que soy dramática y que podría haberme sumergido en el espléndido mundo adolescente de rebelión y focus mirada de los demás, sin embargo, tanta exposición y tensión me generó mucha angustia.&nbsp;</p><p>Damaris empezó a ser supervisada por la psicopedagoga de la escuela cada clase. A las dos clases me volvió a agarrar un pánico insoportable. La directora y psicopedagoga decidieron que lo mejor era que yo no estuviese en esa clase y mi mamá, ellas y Damarias se reunieron algunas veces. Las pruebas de música me las tomaba la directora del colegio y en el horario de su clase me quedaba en dirección o hablando con una psicóloga. Solo una vez la tuve que volver a ver, la última clase del año, que pedí yo poder estar.&nbsp;</p><p>Damaris siguió yendo a dar clases con lentes, le siguió molestando el liquidpaper, el cuchicheo común del aula y todo ruido que no fuese música del siglo XIX.&nbsp;</p><p>Muchas veces en mis pensamientos volví a pensar en esto que pasó y el poder de acción que tuvieron cada uno de los protagonistas de este relato. Me parece que es una escena interesante para analizar desde qué lugares y con qué intenciones se abordan las situaciones, poder ir más allá de si estuvo bien o no sacarme del aula, sino pensar el porqué de esa acción. Varios años pensé que sacarme del nudo del conflicto les descongestionaba a los directivos del colegio, un problema más con Damaris que una solución para mí, sin embargo, se reunían con mi mamá para realizar un seguimiento. Es una forma de pensar el entramado de acciones que hacen a lo que podemos pensar como una organización escolar que a veces, aunque uno piense mucho, parecen ilógicas o —valga la redundancia— no pensadas, sin embargo, poniendo algún foco particular, es interesante reflexionar sobre el origen de las decisiones y el para qué. ¿Para qué correrme de la escena áulica? ¿Con qué finalidad las reuniones con Damaris las tuvieron con mi mamá y no conmigo?&nbsp;</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-03 17:59:56 UTC</pubDate>
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         <title>Sofía Manzanal</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Desde que trabajo como preceptora/tutora en una secundaria, los interrogantes emergen todo el tiempo. Sobre limites, sobre delimitaciones, incumbencias del rol, etc. Según yo, no es que alguien me lo haya dicho, de alguna forma fui armando que cosas sí y que cosas no segun mi propio criterio, y alguna que otra demarcación. </p><p>En una de las tantas charlas con estudiantes una de las chicas de 3er año me cuenta una situación y me pide un consejo, una situación que se repite cotidianamente cuando acuden a distintos referentes del cole con algo que les genera dudas o alguna situación que les atormenta. Por primera vez ( y a partir de ese momento, no última ) me di cuenta que no tenía un consejo o respuesta para darle, que para esa situación particular solo podía escucharla y que estaba bastante segura de que, lo que sería “mi consejo” no era de ninguna forma el mejor camino para resolver una situación. </p><p>Siento, y por eso lo sostengo que el no tener esa respuesta de alguna forma le dio más validez a las que si tengo (aunque siempre trato de plantearlas como interrogantes o subjetivas), poder mostrarme en ese lugar de desconocer me trajo muchas preguntas sobre mi ser docente pero tambien, algunas certezas de que pisar seguro en el desconocimiento, tambien es la respuesta a muchas cosas</p>]]></description>
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         <pubDate>2024-04-03 20:54:07 UTC</pubDate>
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