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      <title>Crónicas de Vapor by Maria Valentina Gomez Reyes</title>
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      <description>Blog de las obreras</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2025-09-10 02:38:30 UTC</pubDate>
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         <title>24 Horas conmigo</title>
         <author>mvalentinagomezr</author>
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         <description><![CDATA[<p>Hola gente del común, bienvenidos a un nuevo mensaje en su máquina de vapor.<br>Hoy les traigo un relato de “24 horas conmigo”, una jornada que parece normal, pero que cuando se mira con calma empieza a mostrar cosas raras.</p><p>Mi día empieza como casi siempre, nada nuevo, nada interesante. A las 3:00 de la mañana ya estoy levantándome y a las 4:00 salgo de mi habitación (Es el clip del inicio). No es lo que me encantaría hacer, de hecho no tiene mucho sentido salir todos los días al trabajo… pero, en este mundo, es lo que toca.</p><p>Camino y llego a la fábrica a las 5:00 donde trabaja mi compañera y coeditora del blog Andrea. Apenas alcanzo a saludarla: es la única persona que no veo como competencia. El resto… ¿qué decir? Todos parecen rivales, todos son posibles amenazas de quedarse con mi puesto. Esa es la alienación de los otros, una distancia que convierte al compañero en enemigo. Triste, pero al menos me mantiene con un plato de comida.</p><p>Ya en el trabajo, la historia no cambia mucho. Repito una y otra vez las mismas acciones sin saber muy bien para qué. Es la alienación del proceso: trabajar sin sentido, sin aprender, sin crecer. Y lo más extraño es que nunca llego a ver lo que fabrico. El producto final no me pertenece, nunca pasa por mis manos; es otro ejemplo de alienación con el producto.</p><p>Alienación, alienación, alienación… parece una palabra de moda, pero ¿qué otra podría usar? El trabajo no me aporta, no me deja expresarme. En un universo paralelo, me encantaría dedicarme al arte, dejar mi huella, crear algo. Pero en este sistema es imposible. Eso es la alienación de la especie: no poder desarrollar plenamente lo que somos.</p><p>A veces pienso que ni siquiera trabajo para mí, sino para las máquinas. Ellas marcan mi ritmo: cuándo empiezo, cuándo paro, cómo debo moverme. Todo está organizado en función de la producción, no de lo que yo quiero o necesito. Si las máquinas se detienen, yo me detengo; si funcionan más rápido, tengo que correr detrás de ellas. Sin las máquinas no habría fábrica, pero sin mí tampoco funcionarían… aunque pareciera que ellas valen más que yo.</p><p>Los medios de producción las máquinas, la fábrica, las herramientas no son míos, ni de mis compañeros. Nos pertenecen tan poco que hasta nuestras vidas giran alrededor de ellos: cuánto dormimos, qué comemos, cuántas horas pasamos de pie. En lugar de que el trabajo sea un medio para vivir, parece que mi vida entera se ha convertido en un medio para que las máquinas sigan produciendo. Eso lo cambia todo, incluso la forma en que veo mis propios días.</p><p>Y si a todo esto le sumo que soy mujer, la carga es doble. No basta con aguantar las horas de fábrica y el ruido de las máquinas; al llegar a casa me esperan otras tareas: cocinar, limpiar, cuidar a los más pequeños. Es como si trabajara dos veces pero solo me pagaran una… y mal. El salario que recibo es mucho menor que el de los hombres, aunque hagamos lo mismo, y si me atrevo a reclamar, corro el riesgo de quedarme sin empleo. La vida en los barrios obreros tampoco ayuda: casas diminutas, sin higiene, sin escuelas ni médicos cerca. Al final del día me pregunto cómo sigo de pie, porque cada jornada parece repetirse sin descanso, como si la esperanza se perdiera entre el humo y el ruido de las máquinas.</p><p>Si les come la curiosidad mi jornada dura casi 18 horas, de 5 de la mañana a 8 de la noche. ¿Almuerzo? No. Ya me acostumbré. ¿Cena? Depende de si el capataz me paga a tiempo, si tengo algo en casa o si puedo cocinar. Y si no, pues a dormir con hambre.</p><p>Al salir, a veces me encuentro con mi compañera. Hoy no, camino sola. El hambre sigue, igual que las preguntas. ¿Esto es vida? ¿Así se supone que debe ser? Siento esa alienación en cada paso… y sé que no soy la única. Por eso ahora les paso el celular a otra explotada, que tiene su propia historia que contar.</p><p>Desde mi máquina de vapor, les escribe,<br>Maria.</p><p><br>"Párrafo de análisis teórico:</p><p>En esta primera entrada hacemos alusión a dos temas principales, primero lo que para Karl es la alienación todo girando en torno al trabajo en donde además se presentan los distintos tipos y así mismo exploramos las fuerzas productivas y los medios de producción que era una realidad en la vida cotidiana para los obreros."</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-09-10 03:00:43 UTC</pubDate>
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         <title>Un sueño raro sobre el futuro</title>
         <author>mvalentinagomezr</author>
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         <description><![CDATA[<p>Hola gente del común les escribo de nuevo desde mi máquina de vapor con nuevas actualizaciones. El día de hoy vengo a contarles un sueño, ¿un sueño? Sí, pero me refiero a el sueño que tuve ayer mientras dormía.</p><p>Los contextualizo un poco este sueño transcurre en el año XXI como si fuera un futuro y aunque intente soñar con un futuro alegre, con más libertades y más derechos, un mundo en el que nuestras peticiones hayan sido escuchadas. Pero también soy realista: ¿realmente cambiará? Y si no cambia, ¿cómo será ese futuro no tan lejano?, estas dudas me llevaron a una pesadilla.</p><p>Primero pienso en la ideología de ahora, capitalista. Es como un disfraz: los discursos que justifican la desigualdad, que hacen parecer natural que unos vivan con lujos mientras otros apenas sobreviven. Esa ideología seguía viva en mi sueño, porque es la que permite que los ricos se hagan más ricos y los pobres se mantengan explotados. En nombre de “oportunidades” o “progreso”, los trabajadores seguirán vendiendo su fuerza humana tan barata que producirá enormes ganancias para otros, lo que Marx llama plusvalía.</p><p>Esto me hace pensar en el materialismo histórico. Y cuando reflexioné acerca de mi sueño me puse a pensar que nuestra historia siempre ha estado determinada por cómo está organizada la economía y por las condiciones de producción. No creo que eso cambie radicalmente. En mi sueño del futuro ya no hablábamos de fábricas de vapor, pero sí de grandes empresas de domicilios, (les deje un clip al inicio, es el primer video, y es como me imagino el futuro), plataformas digitales o nuevas profesiones como hombres y mujeres que influenciaban por medio de pantallas. Al final, los trabajadores de esas compañías seguirán siendo fichas dentro del tablero de los verdaderos dueños de las plataformas. Y ya no venderán solo su fuerza física, sino también su tiempo, su atención, incluso su propia vida en línea.</p><p>Cada minuto conectado podría convertirse en ganancias para los empresarios.</p><p>Ese futuro, aunque parezca moderno, podría traer una alienación más fuerte. Personas que no crecen ni aprenden nada en sus trabajos, que no se desarrollan como seres humanos, que invierten su tiempo en actividades que solo enriquecen a otros. La realización personal no estaría en el trabajo mismo, sino únicamente del lado de los grandes empresarios, que se benefician de usar los recursos humanos como piezas reemplazables.</p><p>E incluso en mi sueño podía ver como había personas que ni siquiera trabajaban por sueldo pero si invertían muchísimo tiempo en estas pantallas ( es el segundo video del inicio) estas personas aunque no vendían una fuerza humana vendían el tiempo a los grandes jefes que ganan dinero solo porque las personas pasaban horas viendo su pantalla.</p><p>En conclusión, aunque preferiría no ser pesimista, en mi sueño se vía un posible un futuro donde el materialismo histórico siga marcando la organización social, donde la ideología de la desigualdad siga sin desenmascararse, y donde la alienación sea aún más masiva, disfrazada bajo nuevas formas de trabajo y consumo, por esta razón me parecía importante compartirles el sueño, porque incluso podría llegar a ser una profecía del futuro.</p><p><br/></p><p>Desde mi máquina de vapor, les escribe,<br>Maria.</p><p><br/></p><p>"Párrafo de análisis teórico:</p><p>En esta entrada se buscó dar visibilidad a los conceptos de ideología, en especial a los discursos que sostienen la desigualdad. También se abordó la influencia del materialismo histórico y cómo este fundamenta la organización social a partir del trabajo y de la economía. Finalmente, se trabajó el concepto de alienación, relacionándolo con el siglo XXI a través de un sueño de la protagonista, que en realidad refleja muchas de las dinámicas que vivimos en la actualidad."</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-09-10 14:54:02 UTC</pubDate>
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         <title>Un dia en la fábrica conmigo</title>
         <author>barbaraandreamilano</author>
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         <description><![CDATA[<p>Hola personas explotadas que lean esto, antes de contarles como vivo los dias en la fabrica quiero mecionar que adjunto un video que acompaña este blog, me verán planchando. Esa es mi función en la empresa: pasar horas frente a la mesa de planchado, con el calor subiendo por mis brazos y el ruido de las máquinas de fondo. Parece simple, ¿no? Entro, plancho, salgo. Pero cuando lo pienso mejor, mi papel no es tan pequeño. Sin mis manos, y las de mis compañeros y compañeras, nada saldría de aquí.</p><p>En esta fábrica somos tres figuras claras:</p><ul><li><p>El patrón. A ese casi no lo vemos. Es el dueño, el que se enriquece sin mover un dedo sobre la tela. Su riqueza no viene de su esfuerzo físico, sino de nuestro sudor. Mientras más producimos, más crece su bolsillo. Ese valor que generamos y que no recibimos tiene un nombre: <strong>plusvalía</strong>.</p></li><li><p>El capataz. Ese sí está todos los días. No es dueño, pero es la voz del patrón dentro de la fábrica. Vigila cada movimiento, nos recuerda que el tiempo no es nuestro, sino de la empresa.</p></li><li><p>Nosotros, los proletarios. Somos quienes ponemos la fuerza de trabajo, quienes desgastamos el cuerpo planchando, cosiendo, cortando. Producimos sin parar, pero no nos enriquecemos.</p></li></ul><p>Lo que vivimos aquí son las relaciones de producción: ellos, los burgueses, poseen los medios de producción, la fábrica, las máquinas, las herramientas, y nosotros solo tenemos nuestra fuerza de trabajo. Con ella mantenemos la maquinaria en marcha, pero al final del día el producto y la ganancia no nos pertenecen.</p><p>Esta desigualdad es la base de la <strong>explotación</strong>: el capitalista se apropia del valor que nosotros creamos. Ese es el conflicto que conocemos como <strong>lucha de clases</strong>: los de arriba buscando que trabajemos más por menos, y nosotros luchando por condiciones dignas y un salario justo.</p><p>Incluso las fuerzas productivas marcan nuestra vida. Las máquinas, las herramientas, el ritmo de la fábrica. Cada avance técnico cambia cómo trabajamos y también cómo nos desgastamos. El progreso nunca se siente como alivio, sino como más presión para producir más rápido.</p><p>Yo pongo mis horas, mis fuerzas, mi vida. Pero lo que plancho, lo que doblo, lo que pasa por mis manos, nunca es mío. Todo sube hacia arriba, nunca hacia nosotros. Y aun así aquí sigo, porque mi salario es lo que pone comida en la mesa de mi familia.</p><p>No soy la única. Somos miles, millones, en la misma condición. Y a veces me pregunto:</p><p>¿Hasta cuándo seguiremos sosteniendo el peso del mundo mientras otros disfrutan lo que nosotros construimos?</p><p><br/></p><p>Desde mi máquina de vapor, les escribe,<br>Andrea.</p><p><br/></p><p>"Párrafo de análisis teórico:</p><p>En esta entrada se trabajaron las relaciones de producción, que muestran la desigualdad entre burgueses y proletarios: unos poseen los medios de producción y otros solo su fuerza de trabajo. De allí surge la explotación, pues el capitalista se apropia de la plusvalía generada por los obreros. Esta dinámica se inscribe en la lucha de clases, reflejada en la tensión entre quienes buscan acumular riqueza y quienes luchan por condiciones dignas. También se abordó el papel de las fuerzas productivas, como las máquinas y herramientas, que intensifican el ritmo laboral. Finalmente, aparece la conciencia de clase, cuando los trabajadores comprenden que su situación no es individual, sino colectiva, y que en su unión está la posibilidad de cambio."</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-09-11 02:43:22 UTC</pubDate>
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         <title>La unión hace la fuerza</title>
         <author>barbaraandreamilano</author>
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         <description><![CDATA[<p>Hola gente explotada del común, en este nuevo video ya no aparezco sola. Estoy acompañada de mi compañera de turno, la explotada número 1. Todavía estamos con las manos marcadas por el calor de la plancha y el cansancio de la jornada. Pero hoy decidimos no hablar solo de lo que sufrimos, sino de lo que queremos.</p><p>Porque soñar no cuesta nada, dicen, pero nosotras no queremos solo soñar: queremos cambiar las cosas. Y por eso hicimos una lista de peticiones que nacen de nuestra necesidad, de nuestras horas de sudor, de lo que vivimos cada día dentro de esta fábrica.</p><p>Sacamos un papel, casi arrugado, y lo ponemos sobre la mesa. Y empezamos a leer, con la voz temblorosa, pero firme:</p><ol><li><p>Menos horas de trabajo. Porque nueve, diez, hasta doce horas nos están robando la vida. Queremos tiempo para descansar, para ver crecer a nuestros hijos, para existir más allá de la fábrica.<br><br></p></li><li><p>Un salario digno. No esas migajas que apenas alcanzan para sobrevivir. Nuestro esfuerzo merece reconocimiento; no queremos que el trabajo sea una condena eterna.<br><br></p></li><li><p>Seguridad. Estamos cansadas de máquinas viejas, de accidentes que se vuelven rutina. Nuestra vida vale más que la producción de un día.<br><br></p></li><li><p>Respeto. No somos piezas que se reemplazan, no queremos gritos ni humillaciones. Somos seres humanos, no engranajes mudos.<br><br></p></li><li><p>Participación. Queremos tener voz, decidir sobre lo que producimos y cómo lo producimos. No queremos ser solo manos, queremos ser también pensamiento.<br><br></p></li></ol><p>Y al leer cada punto, entendemos algo importante: no se trata solo de mi dolor o el de ella. Aquí nace la conciencia de clase. Ya no nos sentimos individuos aislados, cada uno sufriendo en silencio, sino parte de un mismo grupo con intereses comunes. Somos trabajadoras, somos proletarias, y es en nuestra unión donde se puede sembrar un cambio.</p><p>Pero no es fácil. Todos los días nos lanzan un disfraz para que creamos que esto es normal: “así ha sido siempre”, “si no trabajas aquí, habrá alguien más que lo haga”, “ustedes deberían agradecer que tienen empleo”. Ese es el peso de la ideología, los discursos que justifican la explotación y que hacen parecer natural la desigualdad. Como si los de arriba fueran superiores por derecho, y los de abajo naciéramos solo para obedecer.</p><p>Nosotras no tragamos entero. Sabemos que mientras unos pocos acumulan la riqueza, millones como nosotras pierden la vida en este ciclo de explotación. Y por eso decimos en voz alta “hay que luchar contra las clases, porque sin lucha no hay cambio”.</p><p>Tal vez no logremos transformarlo todo de un día para otro. Tal vez mañana volvamos a las mismas máquinas, al mismo calor, al mismo capataz vigilando. Pero hoy, frente a esta máquina de vapor que expresa imágenes, dejamos claro que no nos quedamos calladas.</p><p>Si no levantamos la voz, nadie lo hará por nosotras.</p><p><br>Desde  mi maquina de vapor, les escribo, Andrea.</p><p><br></p><p>"Párrafo de análisis teórico:</p><p>En esta entrada se trabajaron los conceptos de ideología, lucha de clases y conciencia de clase, todos vistos desde la experiencia cotidiana del proletariado. La ideología aparece en los discursos que buscan naturalizar la explotación y justificar la desigualdad, presentando la precariedad laboral como algo inevitable o incluso deseable. Frente a ello, surge la lucha de clases como motor histórico, expresada en las demandas de las trabajadoras por mejores condiciones, salarios dignos y participación en las decisiones de la fábrica. Finalmente, se desarrolla la conciencia de clase cuando las trabajadoras dejan de pensarse como individuos aislados y reconocen que comparten una misma condición de opresión, comprendiendo que su unión es el camino para transformar la realidad.”</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-09-11 14:39:58 UTC</pubDate>
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         <title>Presentación desde la máquina de vapor</title>
         <author>mvalentinagomezr</author>
         <link>https://padlet.com/mvalentinagomezr/f7bo337bk3sd4j1u/wish/3580412453</link>
         <description><![CDATA[<p>Bienvenidos a todos, gente del común y personas explotadas.<br>Nos presentamos: somos Maria y Andrea, dos obreras del siglo XIX que vivimos en un contexto duro y desigual.</p><p>Ser mujer obrera en esta época pesa el doble. No solo trabajamos 14 o 16 horas en la fábrica, sino que al llegar a casa nos espera otra jornada completa: hijos, comida, ropa, aseo. Es como si nunca acabara el trabajo.</p><p>Una de las mayores injusticias es que, aunque hagamos lo mismo que los hombres, nos pagan menos. Siempre dicen que nuestro esfuerzo vale menos, como si nuestras manos fueran más débiles o nuestro cansancio menos real.</p><p>Todas estas experiencias nos han marcado. En un tiempo donde se cree que las mujeres tenemos menos capacidades que los hombres, nos encontramos en la fábrica, compartimos conversaciones y, con el paso de los días, también nuestros ideales. Descubrimos que sentíamos la misma alienación, las mismas preguntas y la misma necesidad de cambio. Así nació este blog: Crónicas de vapor. En plena Revolución Industrial, el vapor mueve al mundo, y nosotras decidimos usar nuestras “máquinas de vapor” para escribir, relatar y soñar.</p><p>En este espacio les contaremos sobre nuestro presente, sobre la vida diaria en la fábrica, sobre un futuro posible donde nuestras voces y peticiones sean escuchadas. A veces incluso compartiremos nuestros sueños por más locos o extraños que parezcan, porque creemos que de ahí también nace la esperanza.</p><p>Con esta entrada queríamos que nos conocieran mejor, que supieran quiénes somos, por qué hacemos esto y qué fuerza encontramos en nuestra voz compartida.</p><p><br></p><p>Desde nuestras máquinas de vapor, les escriben,<br>Maria y Andrea.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-09-11 14:45:42 UTC</pubDate>
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