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      <title>Puro Cuento  -1° Cuatrimestre 2021-             by </title>
      <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento</link>
      <description>CLUB DE LECTURA Y ESCRITURAS OCASIONALES,  
Coordinado por Alejandra Migliore                                                                                   -Taller UPAMI, Programa Adultos Mayores, SEU, Universidad Nacional de Córdoba-</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-07-05 23:37:43 UTC</pubDate>
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         <title>El libro de luz              </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1637864957</link>
         <description><![CDATA[<div>La hormiga vive en la primera dimensión, en la segunda la vaca, en la tercera el hombre y en la cuarta el hombre realizado. Este último en la Eternidad. El presente relato cuenta con mi convencimiento, integridad y valentía.</div><div>&nbsp;</div><div>Vivo en búsqueda de un Conocimiento que me conduzca a la verdad. Tamaña perspectiva surge de algo dispuesto desde mi nacimiento, un permanente empuje que me lleva a incursionar por distintas escuelas esotéricas y religiones que solo sirvieron para satisfacer elucubraciones fantasmales.</div><div>&nbsp;</div><div>Son frecuentes las visitas a mi querida abuela paterna. Ella participa de mis desvaríos. Hablamos de ovnis, fantasmas, espiritismo, alquimia, astrología y toda alocada ideación hacia un fantástico mundo sobrenatural.</div><div>&nbsp;</div><div>Ocurrió un suceso que disparó posteriores acontecimientos no esperados.</div><div>&nbsp;</div><div>La casa de mi abuela era grande y ostentosa, un palacete enclavado en el centro de la ciudad. Constaba de numerosas habitaciones desplegadas en tres plantas. Un único baño espacioso con contenidos diversos, entre ellos se destacaba una mesa de luz de época pretérita. En su parte superior un cajón y debajo una puerta cercada por un voluminoso candado. Me llamó la atención que el mueble estuviera en un lugar inmerecido y por qué la privacidad que imponía el voluminoso candado. Nunca se me ocurrió preguntar, además suponía que no escondería nada importante.</div><div>&nbsp;</div><div>En una de mis visitas fui al baño, y al solo entrar, percibí algo extraño, como si una nube flotara sobre el mueble. La curiosidad pudo más que la honestidad. Decidido sometí al candado a prudentes manipulaciones con un improvisado gancho y se abrió. Entre variadas pequeñas cosas, se destacaba un grueso libro. En su tapa leí algo así como “Iluminación”. Rápidamente lo introduje entre mis ropas y sin más hacer salí furtivamente de la casa.</div><div>&nbsp;</div><div>A poco sentí que el libro me llevaba a mí y una sensación rara de sentirme poderoso. En mi intimidad, sin nadie presente, coloqué el libro sobre mi escritorio y detenidamente observé su cubierta. Era dura, como de madera alisada, las letras parecían realizadas con selecta artesanía, de color azulino, en su portada pude leer:</div><div>&nbsp;</div><div>ILUMINATIUM</div><div>Ab Aeterno</div><div>Ab Initio</div><div>Deo Ovante</div><div>Magister Dixit</div><div>Fiat Lux</div><div>&nbsp;</div><div>El libro exudaba poder. Presentí que manifestaba sabiduría y origen no terrestre. Recapacité y sentí el haber cometido una felonía al llevarme algo que resaltaba como obra prominente. Pensé en leerlo y volverlo a su lugar.</div><div>&nbsp;</div><div>El relato comenzaba con un extraño consejo. Advertía sobre la necesidad de abordar su lectura con extrema seriedad. Sería para el lector una obra de la divinidad o podría transformarse en un libelo maldito. Esto me estremeció, me incitaba a despojarme de él, pero el aura fascinante y cautivador primó sobre la razón.</div><div>&nbsp;</div><div>El libro constaba de una estructura apropiada para su estudio. Una primera parte mostraba el Dogma y la segunda una especie de ritual de una supuesta magia. En principio instaba a asumir la conducta y el estado mental de un verdadero iniciado, el próximo paso consistía en someterse a un régimen especial que conduciría a un status magistral colocando al adepto en la cima de toda condición humana. Lo esencial era apropiarse de una energía primordial que me conectaría con las fuerzas del universo. Sería capaz de maniobrar a mi antojo la potencia emergente de cada uno de los planetas del sistema solar. Esta era la verdadera y única magia conductora al logro de efectos prodigiosos.</div><div>&nbsp;</div><div>El libro proponía una fascinante conversión a la que debía estar dispuesto. Mi mente entró en convulsión al alertarme si yo podría enfrentarme a lo que suponía sería una odisea que tuviera un buen final.</div><div>&nbsp;</div><div>Llegó la noche y discurría entre el sí y el no y entré en profundo sueño. No sé cuándo algo me tocó el hombro y desperté escuchando un repetitivo llamado. Asombrado advertí que aquel llamado provenía del libro.</div><div>&nbsp;</div><div>-¡No puede ser! -me dije - ¡los libros no hablan!</div><div>&nbsp;</div><div>Quedé paralizado, el libro sentenció -A partir de ahora soy yo, mi ser se proyecta a tu infradotado cuerpo causal. Te devoro y asumo el poder total. Ya no eres tú, ahora soy yo.&nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 00:00:50 UTC</pubDate>
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         <title>El reloj de la iglesia </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639249180</link>
         <description><![CDATA[<div><br>Ernesto se sentó por enésima vez bajo el palo borracho, en el banco de siempre de la plaza. Ese que daba justo al frente de la iglesia. Mejor dicho, a unos dos metros a la derecha de la entrada principal.&nbsp;</div><div>Su mirada se elevó hacia el viejo reloj que tenazmente e inmutable, marcaba las horas de la vida del pueblo.&nbsp;</div><div>Ernesto lo conocía perfectamente; tan bien, que cerraba los ojos para saber la hora, porque el sonido singular de las agujas del reloj le contaban cada día, desde hace más de veinte años, su propia historia.&nbsp;</div><div>Esa mañana, cuando iba en la parte en que por primera vez llegaba a sentarse en ese banco, justo que doña María salía de rezar el rosario diario, el canillita comenzaba a ofrecer el periódico del día y el camión de frutas y verduras se detenía frente al almacén de don Ismael, exactamente en ese momento, abrió los ojos abruptamente y miró fijo el reloj.&nbsp;</div><div>Otra vez volvía a pasarle lo mismo. Y decidió que no quería seguir así. Se puso de pie y cruzó a paso firme la calle, para decirle al cura que el reloj fallaba siempre, a la misma hora.&nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 20:55:11 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639252210</link>
         <description><![CDATA[<div>Voy por canales cañerías ramales montantes domino exclusas llaves de paso y válvulas <em>a piacere</em>&nbsp; alimento piscinas de altos edificios también canillas públicas de barrios que la ciudad vomita a sus&nbsp; costados a veces me aburro entonces me entretengo fastidiando a la gente qué se le va a hacer el&nbsp; tipo que vende pianos un estúpido me decepcionó joderse no le hablé más cierto que soy&nbsp; susceptible ahora estoy desquiciando a su vecina lo cual me divierte muchísimo cuando se está&nbsp; bañando y está enjabonada me contengo y la dejo blanca de espuma y muerta de frío en&nbsp; ocasiones la despierto a las cinco de la mañana abriendo la ducha a mares y cosas así ya le inundé&nbsp; la cocina tres veces y ayer le fundí el lavarropas jajajaaa… me dice palabras irreproducibles pero yo&nbsp; me hago la desentendida y no le contesto ni mú la verdad es que me hace reír como loca creo que&nbsp; se mudará en unos días pero lo que más más me divierte es cambiar mi temperatura en las&nbsp; piscinas de los barrios cerrados ¡ah qué gracioso! ver de repente broncíneos cuerpos atrapados bajo una repentina lámina de hielo intentando romper para huir despavoridos no tiene precio una&nbsp; vez me distraje y herví algunos desprevenidos que de puro lerdos no lograron salir una verdadera&nbsp; pena cierto de vez en cuando me excedo pero bueno en realidad son pavadas si se considera que&nbsp; podría empujar las paredes de todos los diques y ahogar ciudades enteras eso por ahora no lo&nbsp; pienso sólo hago travesuras pero cada tanto verdad que lo pienso lo pienso lo pienso…&nbsp; <br><br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 20:59:46 UTC</pubDate>
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         <title>El libro de arena</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 21:16:02 UTC</pubDate>
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         <title>El amigo del agua</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 21:48:33 UTC</pubDate>
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         <title>Serpientes en la oscuridad </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639285590</link>
         <description><![CDATA[<div>Las manecillas del reloj marcan las tres a. m., es una madrugada muy fría, una ligera brisa mueve lentamente las ramas de los árboles.&nbsp;<br><br></div><div>Vivo cerca de un viejo cementerio, donde las telarañas y los ladrillos caídos por el paso del tiempo, enmarcan un paisaje lúgubre de estatuas de rígida mirada.<br><br></div><div>Todos duermen, solo yo estoy despierta desvelada, me levanto de la cama y camino por la sala, envuelta en un silencio espeso, gris, casi sepulcral.<br><br></div><div>&nbsp;Solo el tic tac del antiguo reloj de pared me acompaña. De repente el silencio se rompe, se escucha un ruido raro, parece que viene de un sitio a pocos metros del camino de tierra que va al camposanto, es un sonido que se asemeja a una manga de langostas.<br><br></div><div>Me acerco a la ventana y miro, divisando en el cielo una esfera reluciente y plateada, que se desplaza lentamente emitiendo una luz cenital que ilumina el camino.<br><br></div><div>&nbsp;Dentro de mi cuerpo, los latidos del corazón se me vuelven dolorosos y rápidos, pero yo no tengo miedo.&nbsp;<br><br></div><div>Me muevo hasta la puerta, salgo al camino y lentamente comienzo a seguirla.<br><br></div><div>&nbsp;Se detiene sobre el cementerio y se abre una compuerta, por allí bajan unas figuras como víboras gruesas y retorcidas de ojos simplones, se desplazan lento y jadeando, parece que hablan entre ellas, luego se meten en un mausoleo.<br><br></div><div>Me acerco, las piernas me tiemblan, me escondo entre unos arbustos y las veo moviéndose, buscando.<br><br></div><div>De pronto abren un ataúd, sacan un cuerpo, una de ellas lo carga sobre sí y salen.<br><br></div><div>&nbsp;Un olor nauseabundo se esparce, me cubro la nariz con las manos. Todo dura unos minutos y en medio de un viento que levanta polvareda, el objeto se eleva desapareciendo ante mis ojos, desvaneciéndose en el espacio exterior.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><strong>Autora: Estela Díaz Rod<br></strong><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 21:55:01 UTC</pubDate>
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         <title>Santo Poder                 </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639291339</link>
         <description><![CDATA[<div>"Este no tiene nada de santo..."<br>casi como un insulto por lo bajo murmuraba la vecina que observaba cómo los aduladores le rendían pleitesía al poderoso.</div><div>&nbsp;</div><div>Lo aplaudían y coreaban su nombre, en un bullicioso acompañamiento, proclamando su éxito, de dudosa procedencia.</div><div>&nbsp;</div><div>Tanta era la indignación que provocaba en aquellos que bien lo conocían, y que, como aquella mujer, pensaban que nada de santo tenía. Hasta el cura del pueblo pensaba, si lo sabrá su pobre hija, que como él, conocían sus fechorías.</div><div>&nbsp;</div><div>A los que les convenía, se hacían los desentendidos, aunque bien sabían que nada de bueno tenía.</div><div>&nbsp;</div><div>Y como el que mal anda mal acaba, encontró su muerte el desgraciado, de mano de su propia hija, a la que había ultrajado, como lo hacía con toda mujer que se le cruzaba en su vida.</div><div>&nbsp;</div><div>Y como pasa siempre cuando alguien muere, se oía decir a sus seguidores: "era un santo este hombre, qué desgracia su partida..."</div><div>&nbsp;</div><div>Mientras que sus oponentes pensaban: ha muerto en su propia ley por haber abusado de su santo poder...&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora: Luli Gutiérrez</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 22:04:03 UTC</pubDate>
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         <title>Ha muerto un Santo Tirano y Millones siguen en el Sueño Eterno                  </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639292681</link>
         <description><![CDATA[<div>Llegó la noche. Apoltronado en mi cómodo diván me dispuse a la labor de la tarea.&nbsp; Pasados unos treinta minutos, apareció solemne en la ventana, la luna llena en todo su esplendor. La vi radiante, quedé absorto e hipnotizado por su diáfana luz. Meditaba sobre su lejanía atrapada en el ventanal y como por arte de magia, sobrevino la idea, "Construir el relato acorde al contenido y pensar lo que escribo", y esa luna proyectó en mi ser la idea de que en toda composición se debe introducir la chispa de una enseñanza que mueva los cimientos de nuestra efímera personalidad.</div><div>Quizás en repetidos episodios de la historia universal, algunos desvariados fueron atrapados por sortilegios surgidos del universo, quedando sus cuerpos insuflados de misterios insondables.</div><div>La estremecedora simiesca jauría del relato me hizo volver a la realidad. El revoltijo enloda el propósito evolutivo. Si dioses, coronan a un mísero humano a la divinidad, e invocan, a la virgen de las cosas sin sentido, a destruir al enemigo. Me viene a la memoria el decir de Nietzsche "Han recorrido ya el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas de ustedes continúan siendo un gusano. En otro tiempo fueron simios, y también ahora es el hombre más simio que cualquier simio. Y el más sabio de ustedes es tan sólo un ser desproporcionado, un híbrido de vegetal y fantasma". Y ni hablar del "Mito de la caverna" de Platón, que todos conocemos.</div><div>&nbsp;</div><div>Asesinaron al Monarca Tirano, ¿le sucederá el hijo del incesto? ¿o un pícaro, ladino, astuto y taimado representante de la política tradicional? Obligados responsables de esta eterna recurrencia es la sociedad la que con pretendida suficiencia cree en la posibilidad de un justo devenir.</div><div>La luna ¿es causa de este comportamiento? ¿somos receptores y emisores de energías ignotas? y si fuera así, ¿Cómo se manifiestan? También influyen nuestras controvertidas ideologías que hace que los humanos peleemos como gatos, exponiendo nuestras antipatías mutuas y toda la infernal progenie de emociones y pensamientos negativos.</div><div>Esto me da la idea de que una transmisión extraña trastorna nuestro sentir, una vibración de una cierta longitud de onda que nos usa haciéndonos simpatizar con la manufactura de un alimento psicológico de mala calidad. Las emociones negativas nos atraen fácilmente, se goza de ellas. Nadie que esté en un nivel más elevado necesita de un alimento de tan sucia calidad. Esta es una ingeniosa trampa para mantenernos dormidos.</div><div>¿La luna, hacedora de hombres lobos, dementes y aquelarres, resulta ser la madre de esta urdimbre que envuelve a la humanidad toda?</div><div>&nbsp;</div><div>Entonces ¿Qué importa que el Tirano Santo haya muerto, si será reemplazado por otro Tiranosaurio?&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 22:06:02 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Final                                   </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639293700</link>
         <description><![CDATA[<div>Estaba inmóvil manso dormía ausente sin siquiera sospechar que yo la virgen de las cosas al revés&nbsp; daría vuelta la historia y pondría las cosas al derecho ¡ja! las vueltas de la vida seguro que jamás lo&nbsp; imaginó tampoco yo sólo busqué un cuchillo en la cocina probé suavemente el filo con un dedo fui&nbsp; hasta el dormitorio y lo hice una y otra vez sin pausa lo hice una vez dos tres cuatro veces y varias&nbsp; más lo hice hasta que me harté hasta que lo vi todo rojo acabado para siempre irreversiblemente&nbsp; expatriado de mi vida quién lo hubiera dicho en fin ahora no sé qué hará la gente pero yo sí sé iré &nbsp;<br><br></div><div>a mi antigua casa me acostaré en mi cama y quedamente lloraré luego me dormiré o moriré lo&nbsp; cual creo me da igual.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-06 22:07:44 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Nosotras                    </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639518112</link>
         <description><![CDATA[<div>Me encontré allí, dentro de un ovillo, el sol entraba por la ventana, tenue, al compás de una hamaca.</div><div>Me asusté, ericé, palidecí, ¿qué hacía YO, unida a esas lanas coloradas?</div><div>Pasó un gato y jugó. Nos arañó, estiró, mordió y nos dejó tiradas. Nos volviste a unir.&nbsp; Otra vez quedé al lado de esa colorada. Te equivocaste otra vez, y fuimos a parar al perchero y nos pusimos a pelear, tanto barullo, nos logramos desarmar.</div><div>¡Estaba feliz! ¡Yo solita!</div><div>Pasaste y viste el bolso tirado, decidiste tejer, nos uniste y volviste a empezar.</div><div>&nbsp;El solcito nos quemaba, miraste tu obra y nos volviste a desarmar, ¡qué felicidad!, nos volviste a soltar.</div><div>Volviste a combinar los colores, pero yo era muy cortita, no me viste y quedé solita. Esta vez, no me gustó y empecé a llorar.</div><div>De pronto se abrió la ventana y apareció un pajarito, me llevó en su pico y encontré mi destino, su nido.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><strong>Autora:&nbsp; Cristina Robles&nbsp;</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 01:23:30 UTC</pubDate>
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         <title>Ha muerto un santo</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639526828</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 01:28:16 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Dice que encontró la casa y es mentira                    </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639529097</link>
         <description><![CDATA[<div>Era una mañana gris y fría de junio, Dolores Ismelda se encontraba en la terminal de Córdoba Capital, tenía el firme propósito de viajar. Tenía un boleto a la provincia de San Juan, se dirigiría a un pueblito llamado Jáchal que, aunque no era su ciudad natal sí era el lugar que la vio crecer.<br><br></div><div>Viajó toda la noche para llegar a su destino en las primeras horas del día.&nbsp; Tenía aproximadamente 65 años y cargaba en su espalda una pesada mochila con más dolores que alegrías.<br><br></div><div>Al llegar a su destino se encontró con poca gente que caminaba apurada vaya a saber a dónde, iban sumergidas en sus propios pensamientos y sin prestar atención a la visitante.<br><br></div><div>Ella se detuvo un momento para buscar en su memoria el recuerdo del camino a casa, y cuando lo encontró se puso en marcha caminando lentamente sabiendo a donde iba.<br><br></div><div>Luego de mucho andar y rodeada de ruidos que le eran muy familiares, se encontró de pronto al frente de una tranquera abierta y un largo camino que la llevaba a inmensa casona, su casa natal. Se atrevió a entrar sin permiso, sin invitación y sin aviso.&nbsp; La casa estaba rodeada de viñedos con las montañas de fondo, el fresco aire, el ruido del agua del arroyo y el canto de los pájaros le eran familiares. Siguió caminando presurosa y lo primero que vio fue un grupo de chiquillos que jugaban, le llamaba mucho la atención una niña pequeña y muy inquieta que decía: uno, dos, tres, cuatro, cinco... piedra libre para todos mis compañeros. Esa niña feliz y con voz cantarina fue inmediatamente reconocida por su memoria, era ella….<br><br></div><div>Continuó caminado hacia la casa y lo primero que escuchó fue el rugido de un felino atado al fondo que parecía gritar "quiero ser libre". Al acercarse más sintió el perfume a rosas y a jazmines del cielo del jardín de su madre. Por el ventanal de la casa vio a la familia en su trajín diario, las mujeres limpiaban y preparaban el almuerzo. Alcanzó a distinguir a la mujer más joven, su tía preferida y la más querida, y a su madre que estaba preparando todo para recibir a los hombres que volvían del trabajo cansados y con las manos llenas de tierra después de una larga mañana en los viñedos.<br><br></div><div>De repente con una fuerte puntada en su corazón le volvió a su mente una escena que la había marcado a fuego, cuando por casualidad de la vida o del destino, descubrió que su tía no era su tía, era su madre, y que su madre no era su madre, era su tía.<br><br></div><div>El dolor de la mentira y el engaño era terrible, y desde ese momento supo que ese lugar tan querido ya no sería su hogar, que debía salir huyendo en busca de su nuevo destino.&nbsp;<br><br></div><div>Lo que Lola, como le decían, no sabía era que los nuevos caminos también estarían cargados de mucho dolor y unas pocas alegrías.<br><br></div><div>Se casó en Córdoba con un hombre viudo y con un hijo pequeño, machista por excelencia, maltratador, de quien quiso escapar y no pudo pues ya se había encariñado con el niño.<br><br></div><div>Después nacieron sus propios hijos que le dieron muchas alegrías y tuvo que salir a trabajar, guapa como pocas, me la imagino todos los días secándose las lágrimas y saliendo a trabajar.<br><br></div><div>Lola quiso volver a su casa de la infancia para ver si podía cambiar su destino, era como quien se encuentra en un cuarto lleno de cruces y Dios le pide que elija la suya, y ella volvió a elegir la misma.<br><br></div><div>De pronto despertó con las mejillas empapadas en lágrimas y en sus oídos retumbaba esa canción tan conocida que dice: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amo la vida”. A Lola le gustaba mucho la música y el baile.<br><br></div><div>Vuélvete a dormir abuela Lola que no nos une la sangre, pero sí el cariño y las vivencias compartidas, y como dice la misma canción “El amor es simple y a las cosas simples las devora el tiempo”.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora:&nbsp; Nélida Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 01:29:33 UTC</pubDate>
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         <title>El tornado</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 01:36:37 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639543822</link>
         <description><![CDATA[<div>La rara historia de los miches, Heacly y Caty, escapa a cualquier conclusión lógica.&nbsp;</div><div><br>Minutos antes de que se desatara la locura de viento y horror, para mis felinos hubo indicios de que algo nefasto y aterrador ocurriría, pues ellos se habían puesto a resguardo.&nbsp;</div><div><br>Los busqué durante un buen rato, los llamé incesantemente hasta que los encontré en vano.&nbsp;</div><div><br>Allí estaban debajo del ropero cuando la cola del pérfido alacrán, formando las figuras de ochos multiplicados por millones, fiel al lugar que ocupa en el zodíaco, arrancó a aquellos vellones de lana blanca con ojos conturbados, como simples y volátiles pelusas elevándolos por el aire.&nbsp;</div><div><br>Perpleja presencié el acto en que se erigía frente a mí la macabra y siniestra tromba llevándose a mis amados mininos a través de la cinta de Moebius, conjuntamente con las vaquillas, la fila de arbolitos, ramas, palos, alambres, postes, piedras, chapas, tierra, hojas y quién sabe cuántas otras cosas más.&nbsp;</div><div><br>No podía salir aún de mi asombro cuando comencé a pensar que tal vez esas que antes habían sido almas gemelas y se elevaban abrazadas eran separadas en la altitud por el monstruo perverso y despiadado, estirando sus miembros y retorciéndolos como si fueran muñecos de plastilina, arrojándolos en unos páramos a miles de kilómetros a uno del otro y de mí.&nbsp;</div><div><br>Traté por el bien de todos, imaginar que en un arrebato incomprensible de conmiseración los amparó, donde juntos como lo habían estado siempre y mi mente confundida, aturdida por el incomprensible suceso, deseaba recordarlos.&nbsp;</div><div>Y así un día, con sorpresa y alegría descubra, en el jardín, sus figuras y que han retornado a curarse de sus heridas.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora: Liliana Rodríguez Sierra</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 01:38:00 UTC</pubDate>
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         <title>Los aventureros                </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1639546414</link>
         <description><![CDATA[<div>Hasta entonces éramos dos michos callejeros por derecho propio, bastante hippones, andábamos de aquí para allá en busca de nuestro sustento diario. Recorrimos de punta a punta City Bell, un pueblito de no tantos habitantes. Había días buenos que cazamos ratones, conejos o cualquier bicho desprevenido; otros nada, nos silbaban las tripas de hambre, sólo nos echábamos a dormir en algún pajonal o en otro sitio no muy transitado. Mi compañero y yo éramos compinches inseparables, él era un poco tímido e inseguro, a veces temblaba como una hoja, tal vez fuera por algunos traumas que acarreaba. A mí me gustaba la aventura y le ponía el pecho a la situación. Una noche nos topamos con un astuto ratoncito que caminaba muy de prisa; en cuanto lo vi se me hizo agua la boca y le tiré un zarpazo. -¡Alto! Un momento muchachos -nos dijo- ¿No me conocen? Soy el primer actor de la película Ratatouille ¿la vieron? Desistan por favor yo los compensaré.&nbsp;<br><br></div><div>En otra ocasión persiguiendo a un histriónico pajarito que se posaba de rama en rama, me quedé maravillado por esa habilidad de volar que tenía. Trepamos raudamente al frondoso árbol y quietitos nos quedamos a ver si lo podíamos atrapar. En ese preciso momento aparecieron dos individuos muy intelectuales; tomaron asiento en las protuberantes raíces del gigante árbol, discutían efusivamente. ¡No entendía muy bien! Solo una frase me quedo grabada… “El hombre es un ser malvado por naturaleza” decían.&nbsp; Muchas razones tienen… Como un relámpago se me vino a la mente aquel doloroso día, cuando éramos pequeños. Lo que nos hizo el viejo cara de guerra. Fue terrible. Nos mutiló. Nos privó de lo más preciado para todo ser viviente.&nbsp;<br><br></div><div>Pasaron los días, los meses y los años, un tanto cansados de vagabundear… en una tarde de un frio invierno nos topamos con una linda casa, con un jardín poblado de bellas plantas; en el medio había un enano que nos miraba con sus ojos saltones, un poco desteñido tenía su traje, tal vez por el tiempo o por algunas apedreadas sufridas. Estábamos hambrientos y agarrotados, en ese preciso momento se abrió la puerta, y una ronca voz que decía… "¿Quién anda ahí? ¡Ahhh!, son dos michos. Entren... entren. ¡Está helado!"&nbsp; Entramos desconfiando, con un poco de miedo, habíamos padecido experiencias muy traumáticas con los humanos.&nbsp;<br><br></div><div>La anciana vivía con Milton, un perro petacudo y petizo que nos miraba y gruñía mostrándonos sus filosos dientes. Nos sirvieron comida calentita ¡riquísima! Nos tendió un blandito colchón, estaba como para los dioses… -A partir de hoy -dijo la anciana -vos te llamarás Caty y vos Heacly. Nos bautizó y nos dio una identidad… Al cabo de un tiempo nos sentíamos como peces en agua. Con Milton charlábamos y jugábamos todo el día, éramos grandes amigos. La anciana escribía y hablaba por teléfono muy a menudo; un día paré la oreja y escuché que decía que había sido muy amiga de la abanderada de los humildes. Ni idea quién era, pero me llamó la atención, que lo decía con tanto énfasis. Con un dejo de nostalgia. &nbsp;<br><br></div><div>Pasaron los años, éramos una familia feliz. Hasta que un día Milton enfermó y partió al más allá. Tristes y amargados nos quedamos. Temí por Heacly, que se deprimiera; y le propuse, ¿qué tal si volvemos a experimentar nuevas aventuras? Me encantaría volar como aquel pajarito. ¿recuerdas?&nbsp; Era verano. Una tarde de fuego llegó de repente, un ciclón que nos envolvió en su seno, y volamos tomaditos de la mano con mi compañero inseparable.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autora: Rita Ramírez</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 01:39:33 UTC</pubDate>
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         <title>Conejo</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-07 02:15:51 UTC</pubDate>
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         <title>La fiesta ajena</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-07 02:17:09 UTC</pubDate>
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         <title>Efectos personales</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-07 02:20:58 UTC</pubDate>
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         <title>El libro</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-07 02:24:19 UTC</pubDate>
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         <title>WhatsApp                       </title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 15:11:25 UTC</pubDate>
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         <title>Luna azul</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640535850</link>
         <description><![CDATA[<div>Alunecía sobre la silenciosa vastedad desértica. Una luminosidad azulina espejaba el silíceo paisaje, recortando en sombra un leonino y majestuoso perfil echado. Era Luna Azul en el Sahara. Un evento tan asombroso como poco frecuente... En esa singular noche se convocó a los pies de la Gran Esfinge a Deidades mayores y menores del Panteón Egipcio. En la agenda a tratar estaba la exposición y acción a resolver sobre el pedido de la Felina Diosa Bastet. La deidad mayor que presidía no era otra que Isis, Regente de la noche y Protectora de todas sus criaturas. El diurno Osiris no había sido invitado, por ser deidad con marcada simpatía hacia Anubis el Dios Chacal, contraparte en la cuestión a tratar esa noche.<br><br></div><div>(Dicha cuestión surgía de una vieja reyerta entre los hijos de Bastet y los de Anubis. Tan vieja, que databa de tiempos en los cuales el Hombre ni siquiera había recurrido a los libros para dejar registro de lo que él llama “Historia”. Cuando homínidos, felinos y caninos habitaban la tierra en igualdad de condiciones y cada uno defendía su propia supervivencia e interés, todo fluía en concordancia a las leyes naturales. Hasta allí, todo perfecto. El problema comenzó cuando los hijos de Anubis se asociaron a los hijos de la variedad de monos violentos y como ellos gustan llamarse, “inteligentes” o evolucionados. Hombre y can probaron ser una conjunción beneficiosa para ambos en cacerías, aventuras, juegos y hasta trabajo. Aún así, los descendientes del Dios Chacal nunca olvidaron la rivalidad con los hijos de la Diosa felina, y aprovecharon cada oportunidad histórica para sobrepasar a los gatos en todo lo que pudieran. Lamentablemente cuando al arquitecto del Faraón Kefren le preguntaron si iba Gato o chacal en la Esfinge que construiría, ganó por votación unánime de los Escribas la Diosa Bastet. Esfinge con cuerpo de León, dijeron. Allí comenzó el “asunto”. El perro no tendría esfinge, el felino, sí. Envidia. Pura y verduzca envidia. Fue entonces cuando comenzó una guerra que dura hasta nuestros días.)<br><br></div><div>Por encima del gran disco de plata adornado en lapizlazuli se oye la voz de la Suprema Isis abrir la sesión. Cesan los sedosos golpeteos de cola de pantera negra sobre el ébano de su trono, y se oye a la mismísima Diosa gatuna Bastet comenzar la exposición. Esmeraldas rasgadas, sus ojos iluminan las ideografías del papiro a leer.<br><br></div><div>Bastet: “Oh Sabia y protectora Madre Isis, imploramos tu juiciosa intervención una vez más para que mis hijos dejen de sufrir. La maldición de Anubis nos sigue persiguiendo y por culpa de él y su mejor amigo, enfrentamos la extinción. Además de la muerte real, también sufrimos lo indecible moral, y virtualmente”<br><br></div><div>Isis: Sin duda está mi ánimo favorable a tus hijos gatunos, mis favoritos de entre las criaturas de la noche. Con su ronroneo y suaves caricias alegran mi existencia, y no dudaré en salir en su defensa una vez más, como lo hice en tiempos oscuros. ¿Recuerdas cuando el hombre los quemaba por pura superstición en las hogueras junto a supuestas brujas? Sabes que en ausencia de gatos, y con nuestros aliados roedores y sus pulgas, causamos la Peste que se llevó la tercera parte de la población humana de Europa. Me pregunto por qué no habrán aprendido la lección. Los gatos son sagrados.<br><br></div><div>Pero... ¿Me dices que enfrentan extinción los felinos? ¿Y qué es eso del sufrimiento moral y virtual? Ayudame a comprender, para actuar en consecuencia, Bastet.<br><br></div><div>Bastet: Mi señora, los grandes felinos son aniquilados en cacerías y despellejados, su piel es exhibida en trofeo o pasarela de moda. Son encerrados y languidecen en zoos, o mueren de hambre por destrucción de su hábitat al expandirse el del humano. Sin duda el mejor amigo de Anubis es tan despreciable como él mismo. Habiendo aclarado el carácter de la muerte real, paso a explicarte lo del sufrimiento en otros dos planos: El moral y el virtual. Si bien tenemos siete vidas, en todas ellas somos víctimas de la maldición de Anubis.<br><br></div><div>Mientras el can se ha construido una reputación de noble animal, fiel, trabajador y útil a la sociedad como perro de trabajo ya sea en brigadas antidroga, acompañamiento a no videntes, pastoreo y otras, a nosotros los felinos se nos relega a ser usados como juguete mascota de niños que nos torturan tirando de nuestras colas o bigotes, ni qué hablar del triste destino de terminar con abuelitas que se divierten disfrazándonos con ropa ridícula y poniéndonos nombres ocurrentes. La supresión de la dignidad es un sufrimiento moral que enfrentamos día a día. Y no solo por los roles que se nos asignan sino también porque somos víctimas de creencias populares que nos endilgan las peores cualidades: egoístas, individualistas, traicioneros.<br><br></div><div>En cuanto a la muerte virtual... es un concepto un poco abstracto pero no menos doloroso en su suceder. Cada vez que A Roberto Carlos se le pone el gato triste y azul en su canción, nuestro ser virtual sufre. Cada vez que los ojos de un lector pasan por las historias de Edgar Allan Poe, nuestro ser se estremece de terror, con cada tornado que se lleva a Cathy y a Heathcliff, volamos al vacío y la muerte virtual nuevamente. La muerte en estos planos es de no acabar, su infinitud se acrecienta con el surgimiento de más y más artistas a los que les parece gracioso incluir desgracias gatunas en su repertorio.<br><br></div><div>Isis: No más, Bastet. Mi corazón está contigo y tus hijos. El mejor amigo del chacal tendrá una lección nuevamente. Esta vez ya no puedo comandar a las legiones de ratones como lo hice hace ocho siglos, pero otra criatura nocturna alada podría ser portadora de una nueva peste que mantenga a los humanos en problemas por un tiempo, hasta que aprendan a respetar a los demás integrantes de la creación. Déjame ver... esta es la última Luna Azul de la segunda década de siglo. Veremos qué aprenden los humanos luego de esta lección que les estoy por dar. Deja que pasen 2020 y 2021... dejemos fluir los acontecimientos.</div><div>Se levanta la sesión hasta la próxima Luna Azul. ¡Que se haga Justicia!&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autora: Gisela Setien&nbsp;</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 15:35:24 UTC</pubDate>
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         <title>Volver a empezar     </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640538115</link>
         <description><![CDATA[<div>Me estiré en la arena cuan larga soy, con los brazos al costado de mi cuerpo y las palmas hacia abajo, como queriendo llegar al centro de la tierra. Cerré los ojos y recordé lo que tantas veces había leído o escuchado: “Todo Pasa”. Respiré profundo, conectándome con el sonido del mar, tratando de no pensar en nada más que no fuera sentirme a mí misma. Cada célula, cada músculo, cada hueso, cada gota de sangre corriendo como un torbellino por mis venas. Me dejé sentir, me dejé ser, y perdí la noción del tiempo. Volví a mí cuando escuché unas risas. Sin moverme, entreabrí los ojos y ví a lo lejos, desdibujados por el brillo del sol, unos niños que jugaban en la playa.&nbsp;</div><div><br>Tomé conciencia de dónde estaba y cómo había llegado hasta allí. Ansiosa, desesperada, aturdida, con miedo aún, me veía nuevamente subiendo al auto y saliendo a la ruta, en busca de una nueva vida. Había puesto punto final a la anterior.&nbsp;</div><div><br>Y ahora estaba ahí, sin saber qué iba a ser de mí, tirada en la arena, al rayo del sol, con la espuma del mar acercándose cada vez más…&nbsp;</div><div>Entonces me levanté lentamente y caminé despacio hasta unos médanos, desde los que tenía una vista privilegiada del lugar. Me senté y vi como el agua iba borrando suave y sin prisas, la marca que había dejado mi cuerpo en la playa. Desaparecía poco a poco. Y entendí que, como las huellas en la arena, mi dolor también se iba a desvanecer. Y me tiré hacia atrás, sonriendo, más tranquila, sabiendo que podía volver a empezar.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora:&nbsp; &nbsp; Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 15:37:10 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Ventarrón de enero     </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640540395</link>
         <description><![CDATA[<div>Quien ha vivido en el campo sabe que significa un ventarrón de enero. Casi siempre luego de un día con temperaturas superiores a los 32 ó 35 grados, cuando llega la tardecita, se siente algo raro en el aire, como si éste nos faltara, presagio de lo que viene. Si miramos al sur se ve venir una capa oscura en el cielo.&nbsp; Siempre con mucha prisa y de repente llega un ventarrón furioso y agresivo, infundiendo temor por su fuerza que arrasa con lo que hay en su camino, corriendo de lugar todo lo que puede y llevándose por los aires todo lo que olvidamos guardar. Se lo escucha rugir sacudiendo con furia árboles, puertas y ventanas.</div><div><br>Es como si a la brisa le hubieran infundido muchísima ira y todo se convierte en un infierno oscuro.</div><div><br>Hasta que comienza a calmarse lentamente, dejándonos una brisa fresca que alivia la vida y que con mucha suerte traerá consigo unas gotas de lluvia.</div><div>La mañana siguiente será un día de mucha tarea: limpiar el polvo, buscar las cosas perdidas, volver a poner todo en su lugar y arreglar lo que el terrible ventarrón de enero rompió a su paso.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autora: Nélida Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 15:38:49 UTC</pubDate>
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         <title>Tornado                       </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640543201</link>
         <description><![CDATA[<div>El vuelo de un ave en rasante carrera contra el viento que, desafiante, la ponía en alerta.<br><br></div><div>Los animales presagian el desastre que se avecina. A la gente no le da tiempo para el resguardo. Se escucha un sórdido sonido que hace presagiar algo malo.<br><br></div><div>Todo estaba por estallar por los aires y fue allí cuando el tornado desplegó su ira y provocó la tormenta perfecta.<br>&nbsp;</div><div>Ay de las aves, los animales, la gente desprevenida. Los techos volaban cual papel por la fuerza diabólica con que soplaba en su afán de destruir todo lo que a su paso encontraba este desenfrenado tornado.<br><br></div><div>Cuando hubo por fin terminado este fenómeno despiadado, dejando un triste y desolado espectáculo, salió el sol para volver a empezar como en la vida.<br><br></div><div>Cuántos tornados violentos o no, hemos pasado... y cuántos todavía pasarán...&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora:&nbsp; Luli Gutiérrez</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 15:40:56 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Regreso                      </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640556282</link>
         <description><![CDATA[<div>Fue hace muchos años, cuando era tan joven que mi pueblo se había convertido en una jaula asfixiante de la que necesitaba huir.<br><br></div><div>Lograr una beca en Italia fue la salida dorada de ese encierro. Años de estudio y trabajo, disfrutando de cada lugar que visite de la bella península, amigos, fugaces a veces.<br><br></div><div>Pero un día sentí que a pesar de mi trabajo, de dominar el idioma, de conocer sus costumbres, seguía siendo extranjera y ese descubrimiento me conmocionó y volvieron a mi mente recuerdos de infancia, de adolescencia, edulcorados quizás por el paso de los años. Entendí que estaba absolutamente sola en un lugar tan lejano a mis auténticos afectos.<br><br></div><div>Me aterró la idea de morir. ¿Alguien avisará a mi familia? ¿Alguien cerrará mis ojos?<br><br></div><div>No lo pensé ni un minuto. Presente la renuncia a mi trabajo ante el asombro de todos. Compré un pasaje de ida y… aquí estoy.<br><br></div><div>“Atravesando una plaza sin un árbol como las que gustan aquí con vereditas simétricas, granza y un monumento blanco en el centro.”<br><br></div><div>Entre pasos lentos, respirando ese aire tan conocido nunca olvidado, esos aromas de pueblo y comprendí al fin, que aquí quedó mi esencia y que en realidad nunca me había ido.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora:&nbsp; Olga Medrano</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 15:51:19 UTC</pubDate>
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         <title>Ni te explican ni nada </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640572905</link>
         <description><![CDATA[<div>Ni te explican ni nada, y un día te lo dicen todo de golpe y aparece un colorado, un poco más alto que vos, te mira raro, como con bronca, parece un gato desconfiado, y te preguntás que le pasa a éste, que le hiciste, si ni lo conocés. Y vos que te creías que eras la hermana mayor de tres hermanos, que tu viejo era hijo de tanos, que nunca preguntaste por qué él y tus hermanos tenían apellido distinto al tuyo, ellos apellido italiano y vos gallego y tu apellido no era como el de tu mamá. ¿Por qué no te explicaron nada? Y ese día delante de un desconocido con unos pocos años más que vos te dicen todo junto y escuchas la vos de tu mamá, y sentís ganas de salir corriendo, y a cada palabra que suena en tus oídos vas descubriendo que te arrebataron tus nueve años, y a él, al colorado también, esa es la mirada de él, viene por lo que le pertenece.<br><br></div><div>&nbsp;- Manuel es tu hermano mayor. Tu padre murió, se llamaba Pedro. Desde hoy Manuel se queda a vivir con nosotros, dijo mi madre.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autora: Liliana Romero</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 16:05:59 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640575644</link>
         <description><![CDATA[<div>Mi matrimonio siempre fue un desastre no sé cómo quedé embarazada debe haber sido esa noche&nbsp; que lo emborraché para que tuviéramos sexo hacía tanto que no me tocaba si hasta le molestaba&nbsp; dormir conmigo al día siguiente le iba a decir Juan Carlos ya no aguanto más esto nunca me dijiste&nbsp; pero yo sé que no te gustan las mujeres pero no se lo dije a las dos semanas me quise morir con la&nbsp; noticia del embarazo.&nbsp;<br><br></div><div>Delante de la familia y los vecinos el infeliz siempre jugó al esposo enamorado el acting perfecto&nbsp; todos le creían sólo yo sabía que jamás me tocó la panza nunca una caricia era la indiferencia&nbsp; hecha hombre bah un decir y yo no sé cómo me aguanté tanto tiempo sí sé fue por el pendejo me&nbsp; aguanté todo cuando nació era un solcito pero poco a poco Juan Carlos fue interponiéndose entre&nbsp; los dos arrojando su sombra sobre mí y con el tiempo me fue oscureciendo hasta ser sólo una&nbsp; hilacha de oscuridad un día me acuerdo que llorando grité ¡Dios me estoy muriendo! y era cierto&nbsp; me estaba muriendo mi solcito era pura llovizna fría y no sabía cómo vivir ya ni conmigo.&nbsp;<br><br></div><div>Me salvó mi primo Julio de Olavarría que me dijo Flaca estás desapareciendo venite que te consigo&nbsp; un trabajo acá entonces me fui desgarrada me fui ciega Julio fue mi alero en la borrasca me&nbsp; consiguió un abogado para pedir la tenencia del pequeño pero no tenía muchos recursos ni&nbsp; fuerzas Juan Carlos con los años se había calzado el disfraz de padre perfecto y su vida privada la&nbsp; escondía bajo siete llaves así que con el tiempo me acostumbré a viajar los fines de semana pero&nbsp; ya de mi hijo me separaba un océano helado me odiaba y a veces yo lo odiaba a él pues pensaba&nbsp; que si no hubiera nacido mi vida habría sido más fácil pensamiento que me angustiaba y&nbsp; destrozaba por suerte Julio me confortaba Julio era la manta tibia que me abrigaba cuando yo me&nbsp; perdía en esas parcelas heladas donde siempre llueve barro.&nbsp;<br><br></div><div>Todos creían que yo tenía una historia con Julio pero nunca pasó nada entre nosotros yo había cancelado mi vida amorosa y Julio tenía sus novias a quienes yo evaluaba exhaustivamente lo cual nos hacía reír mucho sosmuymalavos me decía y más cómplices que nunca seguíamos riendo sí que era un bálsamo para mí.&nbsp;<br><br></div><div>Ayer me llamó el detective que contraté siempre me pareció medio lenteja el tipo pero estaba contento nos encontramos en un bar y lo primero que me dijo fue tengo las pruebas para que finalmente obtenga la custodia de su hijo.&nbsp;<br><br></div><div>Ay Dios estoy tan asustada cómo haré qué le diré al peque cómo lo tomará es tan chiquito pero Julio está feliz al fin llegó el momento las pruebas son contundentes me dice mientras se limpia una uña con otra.&nbsp;<br><br></div><div>Ya hablé con Juan Carlos.&nbsp;<br><br></div><div>Arreglamos no decir.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <br><br><strong>Autora: Nani Mondini&nbsp;</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 16:08:17 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Miedo                           </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1640577607</link>
         <description><![CDATA[<div>- No va a venir. Ya lo sé- Valeria se repetía una y otra vez. Y en el fondo, esperaba que así fuera, porque le daba miedo.&nbsp;<br><br></div><div>Estaba tan nerviosa, que aquella noche se había ido temprano a la cama, ni televisión quiso mirar. Cerró la puerta y apagó la luz enseguida para que su mamá no entrara a la habitación. Pero no se acostó. Se sentó en el silloncito lleno de almohadones rosas, que estaba junto a la ventana, para poder mirar hacia afuera. Los chicos de su grado le habían contado que los miércoles de luna nueva, en la canchita de fútbol que estaba detrás de la escuela, aparecía una gran nave de colores brillantes, y que tenía esto y lo otro.&nbsp;<br><br></div><div>-¡Mentiras! - dijo Valeria. Seguro era un invento de los varones que siempre querían que las chicas les prestaran atención.&nbsp;<br><br></div><div>La habían invitado a ir esa noche, pero les dijo que no podía, porque sabía que su mamá no la iba a dejar. Así que ni siquiera le preguntó. Pero sí se preparó porque desde su habitación, se veía perfectamente la canchita. ¡Las veces que habrá mirado como los chicos jugaban al fútbol! Sabía cuál era el mejor lugar para verla. Y mientras estaba acomodándose, una luz brillante cruzó el cielo. Valeria se paró rápidamente y se asomó a la ventana. La luz volvió a pasar una y otra vez. Fueron cinco veces. Las contó. Y al final, se detuvo justo en el medio de la canchita. Apoyó la nariz en el vidrio y se dio cuenta que no era una luz, sino muchísimas. Estaban alrededor de una nave redonda, con muchas ventanitas, una puerta pequeña y unas patas que la hacían parecer a las de la mesa donde su mamá ponía las plantitas. Abrió los ojos más grandes de los que ya los tenía, su corazón latía acelerado. ¿Le había parecido o realmente estaban bajando unos seres extraños? No se podían distinguir muy bien, pero eran brillantes y de cabeza puntiaguda, con unos dedos que se alargaban y acortaban, hacían unos movimientos raros, como si bailaran. Estuvieron unos minutos y se esfumaron. La nave también desapareció y todo quedó a oscuras.&nbsp;<br><br></div><div>Valeria se acostó rápidamente, tapándose hasta la cabeza y temblando de miedo. Sentía los gritos de los chicos que pasaban corriendo mientras reían y le gritaban: ¡Miedosa, miedosa!&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;<br><br><strong>Autora: Mónica Rosales&nbsp;</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-07 16:09:38 UTC</pubDate>
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         <title>La honda</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-07-08 18:09:38 UTC</pubDate>
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         <title>La primera hojita de otoño </title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1646327706</link>
         <description><![CDATA[<div>Me pidió que buscara la primera hoja que cayera del limonero; y cuando se acercó el otoño, todos los días miré desde la ventana, observando como un detective cada hoja, para ver cuál sería la primera en caer. &nbsp;<br><br></div><div>Así pasé días y días vigilando, hasta que cayó la primera hojita. Salí disparado como un rayo hacia el patio, en el camino tropecé con los juguetes, que parecían que me atrapaban para que no llegará rápido. Yo sabía que, si no corría, no sabría ¿cuál era la primera hojita que caía?&nbsp;<br><br></div><div>Llegué sin aliento al patio, y allí vi cómo una hormiguita se llevaba mi anhelada hojita y comencé una lucha con ella; a la hormiguita se le sumaron otras y otras.<br><br></div><div>No sabía de la fuerza de las hormigas unidas y le pedí ayuda a mi gato, y juntos luchamos ferozmente.&nbsp;<br><br></div><div>Las guerreras movían sus antenas, una de ellas les hablo a las otras, y así una pequeñita colorada me picó en el dedo índice.<br><br></div><div>Pero no me acobardé y seguí tirando de la hojita, esa hojita que le había prometido a mi abuelita.&nbsp;<br><br></div><div>De pronto vino un viento otoñal, fresco y frío, y mi mamá me llamó para que entrara, ¡tenía que terminar rápido la pelea!<br><br></div><div>&nbsp;Y comenzamos a tirar, todos más fuerte y la hojita… se partió.&nbsp;<br><br></div><div>Resolvimos hacer un trato: yo llevé la mitad de la hojita a mi abuelita y le conté mi historia de mi dedo hinchadito.<br><br></div><div>Mientras tanto, las hormiguitas llevaban la media hojita en sus lomos triunfantes, con el grito de alegría moviendo sus antenitas, porque si no lo saben, ellas también esperaban la primera hojita. <br><br><strong>Autora: Cristina Robles</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-12 20:27:18 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Relatos de ficción producidos por participantes del Taller Puro Cuento, a propósito de alguna impresión de la lectura de un cuento. El Taller Puro Cuento es un club de lectura para Adultos Mayores, coordinado por la Profesora Alejandra Migliore, en el marco del Programa UPAMI - Programa Adultos Mayores de la Secretaría de Extensión Universitaria. Universidad Nacional de Córdoba.</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-13 15:04:44 UTC</pubDate>
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         <title>LULI GUTIERREZ</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-13 20:30:31 UTC</pubDate>
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         <title>ELEAZAR MIRANDA</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>TERESA ORSINI</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>NÉLIDA MIRANDA</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>LILIANA RODRIGUEZ SIERRA</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>GISELA SETIEN</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>ESTELA DIAZ ROD</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-13 21:12:21 UTC</pubDate>
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         <title>El perro</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-13 21:48:27 UTC</pubDate>
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         <title>Agradecimientos</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Colaboradoras:&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<br>-Romina Pedernera&nbsp;<br>-Nancy Arias<br>-Nani Mondini<br><br>PROGRAMA ADULTOS MAYORES<br>Coordinadora:&nbsp;<br>Dra. Nilda Perovic<br>Subcoordinadora:&nbsp;<br>Dra. Elizabeth Vidal</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-14 14:10:14 UTC</pubDate>
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         <title>CRISTINA ROBLES</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-14 14:21:25 UTC</pubDate>
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         <title>RODOLFO OLMOS</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-14 16:50:30 UTC</pubDate>
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         <title>GRACIELA RODRIGUEZ MORA</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>NANI MONDINI</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>MÓNICA ROSALES</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <title>RITA RAMIREZ</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-15 15:55:07 UTC</pubDate>
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         <title>La primera hojita de otoño (animado)</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Autora: Cristina Robles<br>Animación: M. Cristina García Abad</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-16 01:44:07 UTC</pubDate>
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         <title>Sus ojos me miraban</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Desde que visito más a mi hija y me quedo varios días para no estar sola, se me sube la tensión, voy con los últimos análisis a mi médico y me recomienda, -¡vuelva a hacer lo que le gusta! no se deje vencer por la tristeza- LA TRISTEZA…&nbsp; -vuelva a su vida habitual, la de antes, no es la primera ni la última que está y vive sola-.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<br><br></div><div>A partir de ese momento la foto de mi abuela, aparece como mágicamente en la repisa, la guardo y vuelve a estar allí, como queriendo decirme algo. Miro la foto que tengo, solo la cara en blanco y negro y se me ocurre mirarla con una lupa. Me sorprendió, nos mirábamos las dos ¡¡¡¡ por primera vez!!! fue impactante ¿qué me querrá decir?<br><br></div><div>-Murió, de tristeza- decía mi papá.&nbsp;<br><br></div><div>¡¡¡¡De tristeza!!!! Mi tía me conto alguna vez -tu abuela murió de lo que hoy llamamos un ACV-.&nbsp;<br><br></div><div>Y así vuelvo a mi casa, coloco en un pastillero todos los remedios que tengo que tomar ahora y miro la foto -bueno, ya me avisaste me voy a cuidar- y guardo la foto.<br><br></div><div>Saco la guitarra, me pongo a cantar, tejo en la terraza con el solcito de las nueve a las diez y busco para coser un botón. Encuentro otra vez la foto de la abuela, no la puedo guardar, siento que me sigue queriendo decir algo, la dejo esta vez yo en la repisa. No entiendo qué pasa, que no la puedo guardar. Coloco una vela como todos los días y me pongo a rezar, está también la foto de la abuela y le pregunto a Dios, ¿qué me querrá decir?<br><br></div><div>Fallece mi tío el hermano de mi papá y él me dice -su última voluntad es que lo coloquen en la misma urna con nuestros padres- miro la foto en la repisa y allí, con un grito de desesperación, me doy cuenta que hace dos años que no pago el cedulón del cementerio. No puedo esperar hasta el lunes, no puedo dormir, me quiero morir ¿y si los tiraron? ¿qué le digo a…? No me quiero desesperar, van a traer las cenizas de mi tío desde Misiones, viene la tía con ellas ¿cómo le explico que hasta el lunes no sé si están?&nbsp;<br><br></div><div>El domingo voy a misa y no puedo dejar de llorar, mi abuela ¿por eso me miraba? Por Dios, cómo me olvideeeeeeee de pagar.<br><br></div><div>Cuando vuelvo a casa, otra vez en mi soledad, me visita mi hija, y me quiere consolar&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;-cálmate mamá, el tío ya tenía 87 años, está con Dios, descansando, no te pongas así- y yo la miro desencajada ¿Qué le voy a explicar? <br><br><strong>Autora: Cristina Robles</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-19 14:02:50 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Recordé haber leído que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque... entonces, ¿dónde puedo ocultar el tiempo? ¿En los relojes... entre segundos, minutos y horas...? ¿quién podrá saber que es mío? ¿O en las hojas del calendario, entre días, semanas, meses…? Así quizás podría elegir un día de un mes de un año cualquiera... elegiría la hora, los minutos y segundos que quisiera. Tal vez hoy sería ayer y dolería menos tu ausencia... porque me contagiarías tu risa y el apuro que llevabas siempre… beberíamos de prisa nuestra copa y jugaríamos con el humo que dibuja el último cigarrillo... ¿Y si hoy fuera mañana? habríamos recorrido un largo camino y miraríamos con satisfacción haber llegado a la meta... ¿ves las hojas amarillas en nuestro patio? está frío y el hogar encendido. Cómo siempre jugaríamos a adivinar el futuro que predicen las llamas.<br><br></div><div>Busco la definición de TIEMPO: período determinado durante el que se realiza una acción o se desarrolla un acontecimiento... Me pregunto ¿Qué define mi tiempo? ¿Las nueve lunas para nacer... los años que quedaron aprisionados entre los juguetes o saber que no había tiempo y querer detener los relojes y tirar los almanaques? y aquí estoy al fin, cuando todo se detiene... y me busco... y te busco... ¿no era que en la eternidad nos volveríamos a encontrar? Está frío pero los leños no arden… Ayer... Mañana... Antes o después...Tarde o temprano...Pasado o futuro... Presente… hoy... ¡¡SILENCIO!! <br><br><strong>Autora: Elena Vera Tirabassi</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-19 15:09:56 UTC</pubDate>
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         <title>Mariposas</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-19 15:13:07 UTC</pubDate>
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         <title>Mírela bien. Ya no la verá nunca más</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1655131266</link>
         <description><![CDATA[<div>Selim había salido de la tienda bastante enojado. “Estos brutos no entienden cuando se les dice que no molesten”. Cuando vio la causa de la interrupción, su enojo aumentó. Un viejo beduino cubierto con una túnica negra descolorida por el sol del desierto, la piel de la cara convertida en un cuero arrugado se inclinó al verlo. Su mano izquierda se apoyaba en el hombro de una chiquilla igualmente mísera.<br><br></div><div>-Alah sea contigo, honorable príncipe. Vengo a ofrecerte a mi nieta para que sea la alegría de tu vida y te colme de bellos hijos. Sólo pido a cambio dos odres de agua y una bolsa de sal para mi tribu.<br><br></div><div>El enojo se disolvió en una casi carcajada que Selim logró contener por respeto al anciano. Miró a la muchachita sin demasiado interés. Se la veía sucia, cubierta de arena con la que el viento la había castigado en su camino. La cabeza curiosamente erguida, casi desafiante. Y los ojos de un verde profundo con vetas amarillas sostuvieron sin parpadear el examen del hombre al que era ofrecida.<br><br></div><div>“Una cara interesante”, pensó Selim. E imaginó la reacción de sus orgullosas y nobles concubinas, obligadas a compartir sus vidas con una pobre chica nómade. Ridículo.<br><br></div><div>- Te darán lo que pides para tu tribu, anciano. Pero llévate a tu nieta, no me hace falta- Y fue entonces cuando el beduino pronunció su frase.<br><br></div><div>- Mírela bien. Ya no la verá nunca más.<br><br></div><div>Selim regresó inmediatamente a la tienda, cubierta de tapices y alfombras, y se sumergió en los mapas que sus ayudantes le mostraban. “Tengo que llegar al petróleo como sea, hay que encontrar el camino más corto”.<br><br></div><div>Y entonces apareció en su pensamiento la cara de la niña. En un repentino impulso salió de la tienda y ordenó a los sirvientes que trajeran de vuelta al viejo awamir.<br><br></div><div>Buscaron y buscaron. Horas y horas. El anciano y su nieta desparecieron en las dunas, en el viento del desierto que lo cubre todo con arena.<br><br></div><div>Selim volvió a su palacio. Abandonó la búsqueda de un camino al petróleo.<br><br></div><div>Abandonó todo lo que no fuera encontrar a la chica del desierto. Le trajeron infinitas niñas beduinas, cientos de adolescentes hijas de la arena. Pero la que buscaba nunca apareció.<br><br></div><div>El príncipe agoniza, añoso, rodeado de sus mujeres e hijos. Tiene los ojos cerrados. Y a pesar de todo, su retina retiene la cara de los ojos verdes.<br><br></div><div>Y ninguno de los que lo rodean comprende sus palabras:&nbsp;<br><br></div><div>- Estabas equivocado viejo. La he estado viendo todos los días de mi vida… <br><br><strong>Autora: Graciela Rodríguez Mora</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-19 21:54:27 UTC</pubDate>
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         <title>Campeones</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>¡Argentina! ¡Argentina! ¡Argentina!&nbsp;</div><div>Estoy agotado, no tengo voz.&nbsp;</div><div>Ayer fue un día muy especial y la emoción desbordó por todas partes cuando Argentina se coronó campeón de la Copa América. Hasta en los lugares más inimaginables del mundo, había alguien coreando el nombre de nuestro país. Me había reunido con mis amigos para ver el partido de la final entre Argentina y Brasil. Por suerte en mi ciudad, nos permitían juntarnos.&nbsp;</div><div>En mis 25 años nunca vi a Argentina ganar un campeonato. Pero cada vez que había un partido, el recuerdo de mi padre hablándome de la magia de los grandes del fútbol en el 78 y el 86, hizo que desde chico soñara ver a la selección ganar una copa y compartir ese sentimiento.&nbsp;</div><div>La juntada empezó temprano, y como nunca, todos llegamos puntuales a la casa de Cele. Teníamos todo organizado, Nico y Ale se encargaban de la picada para el primer tiempo, Seba del asado que comeríamos en el segundo, Caro y Mica de las ensaladas y el pan y con Fer llevábamos la bebida. Todo estaba listo para disfrutar, y también sufrir, del partido.&nbsp;</div><div>Cantamos el himno junto con los jugadores, nuestros corazones latían emocionados y nerviosos. Por fin el árbitro dio inicio al partido. Pasábamos de hinchas a directores técnicos, gritándole a los jugadores.&nbsp;</div><div>¡Vamos Argentina! ¡Dale, pasasela a Messi! ¡Uuuuyyyy! ¡Noooo!, ¡Qué pase! ¡Vamos, vamos, vamos… goooooooooollllll! ¡Golazo de Di María, gooool de Argentina!&nbsp;</div><div>La picada se estaba terminando, junto con el primer tiempo. Le estábamos ganando a Brasil, no lo podíamos creer. Nos acomodamos para el segundo tiempo, fuimos al baño, pusimos los platos para el asado, repusimos la bebida, importante. Y justo cuando comenzó el partido, Seba puso la carne sobre la mesa y otra vez a gritar, respirar, sufrir…&nbsp;</div><div>En los últimos minutos Brasil se nos acercaba demasiado al arco, no queríamos ni ver. Encima el árbitro adiciona cinco minutos. ¡Nos queremos morir! Son los minutos más largos de nuestra vida, bueno también hubo y habrá otros, pero estos son especiales.&nbsp;</div><div>Ya nadie comía, todos estábamos parados cerca del televisor, cuando escuchamos el silbato anunciando el final del partido. ¡Somos campeones!&nbsp;</div><div>Nos abrazamos, gritamos, cantamos. Nos acercamos a la ventana y desde dónde estábamos se distinguía algo de la calle, y esa calle era de olas. Marejadas de gente y de gritos. Nos unimos con ellos en voz y alma. Los fuegos artificiales resonaban por todos lados. Éramos campeones. Estábamos felices. Decidimos no salir para cuidarnos por la pandemia. Gritamos y festejamos desde la casa, con la misma emoción como si estuviéramos en la calle, o mejor aún, en la cancha.&nbsp;</div><div>Estuvimos un rato más en la ventana, y volvimos a la mesa. El asado estaba frío, pero lo comimos igual, nada importaba. Recordamos algunas jugadas del partido y nos despedimos cantando.&nbsp;</div><div>Menos mal que hoy es domingo. Mi corazón sigue gritando: ¡Argentina! ¡Argentina! <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-19 22:12:25 UTC</pubDate>
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         <title>LILIANA ROMERO</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-07-20 15:20:43 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-20 22:50:08 UTC</pubDate>
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         <title>¿Alguien anda por ahí?</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Me gusta que mamá te haya traído. No tengo a quién contarle las cosas que pasan, que no le puedo decir a mi mamá ni a mi abuela.<br><br></div><div>Vos sí me vas a entender.&nbsp;<br><br></div><div>Yo no viví siempre acá, esta es la casa de mi abuela, nosotros, mi papá, mi mamá y yo veníamos para las vacaciones de verano y nos quedábamos muchos días, era tan lindo andar en bici por todo el pueblo y después de la fiesta de fin de año nuevo, nos volvíamos a la ciudad.&nbsp; Ahí mi casa no tenía patio, solo una terraza donde mi papá hacía volar un barrilete que él me había hecho con papel de diarios y volaba alto, muy alto…<br><br></div><div>Un día mi papá llegó muy apurado habló bajito con mamá y empezaron a preparar valijas con ropa y yo pude traer algunos juguetes, pero no el barrilete. No me animé a preguntar nada porque me parecía que ellos tenían miedo y yo también.&nbsp;<br><br></div><div>Vinimos acá, llegamos de noche y pocos días después mi papá se fue. No sé a dónde, de viaje, por trabajo me dijeron, pero ya tengo ocho años y sé que no se iría sin despedirse y… ¿sin valijas?<br><br></div><div>Sé que mienten.&nbsp; Mi mamá y mi abuela están muy tristes. Tengo ganas de llorar todo el día, pero me da vergüenza y no quiero preguntar por qué mi mamá se asusta cuando un auto desconocido se para&nbsp; al frente, ¿Por qué no me deja andar en bici como antes? ¿Por qué no voy a la escuela?&nbsp;<br><br></div><div>Por eso me gusta que estés acá, vos me escuchas y no me decís que no tengo que andar preguntando, que después voy a entender. ¿Que tengo que entender?&nbsp;<br><br></div><div>Por eso me gusta venir acá, al altillo, es mi lugar secreto.&nbsp;<br><br></div><div>¡¡Silencio!! ¡Escuché un ruido! ¿Alguien anda por ahí?&nbsp;<br><br></div><div>¡Ah! Es mi gato, él vive acá porque en la ciudad no puedo tener animalitos. Era un montoncito de pelos cuando un verano lo trajo papá. Me lo dio y me dijo este gatito se llama Che. Le pregunté por qué, nombre raro para un gato. El solo sonrió y me dijo después te explico.&nbsp;<br><br></div><div>Y ahí tenés, otra pregunta que nadie me contestó y ahora mi papá no está…<br><br></div><div>Bueno, te dejo un ratito, bien guardado. Cuidaré tus hojas que no se arruguen ni se manchen como los cuadernos de la Escuela.&nbsp;<br><br></div><div>A vos te voy a cuidar, porque yo sé que te voy a necesitar mucho, mucho… <br><br><strong>Autora: Olga Medrano</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 21:25:18 UTC</pubDate>
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         <title>Los Reyes Magos</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Era un típico día veraniego de mucho calor. Las familias aprovechaban para estar al aire libre, pero el clima era sofocante, sumado a que el poco viento que corría era tan pero tan leve que apenas despeinaba a algunos en pleno Enero.&nbsp;<br><br></div><div>Como siempre en cada víspera de festejo de Reyes, Marcela y sus hermanas, Pía y Sol, preparaban ansiosamente el pasto, el agua, los zapatos y las cartas para la tan ansiada visita. Qué alegría y emoción en sus rostros, ¡cuánta inocencia y esperanza a flor de piel!<br><br></div><div>Una siesta de esas que invitan a salir afuera para jugar, Pía y Sol salieron al patio con su pelota de playa, organizando ya una jugada de “quemados”.&nbsp; Marcela, mientras tanto, se quedó recostada en el suelo de la casa, aprovechando el fresquito del piso, mirando el techo y pensando en cómo sería la gran noche, por dónde llegarían los reyes, cómo entrarían a sus camellos, ¿comerían primero el pasto o tomarían el agua? Y lo más importante… ¿Cómo ingresarían los regalos?<br><br></div><div>Desde la cocina, su mamá la miraba y ya con eso podía imaginar en qué estaba pensando esa cabecita soñadora, por eso les repitió a ella y sus hermanas “No van a venir si se portan mal y no cumplen con las tareas del hogar, recuerden”.&nbsp;<br><br></div><div>Al principio, Marce pensaba que su mamá simplemente amenazaba, pero después cayó en la cuenta de que tal vez, sólo tal vez, ella tenía razón. Asimismo, por un instante, dejó pasar los miedos que se venían a su mente, se despejó y se puso a jugar con sus hermanas a las muñecas. Entre juego y juego, se les pasó la tarde volando y pudo llegar la tan ansiada noche.<br><br></div><div>Las 3 hermanas se fueron a dormir llenas de ansiedad y controlando que todo estuviera preparado y perfecto para la noche. Pudieron cerrar tranquilas los ojitos y acostarse llenas de sueños, esperanzas y brillo en sus miradas.&nbsp;<br><br></div><div>Al otro día, al asomar el sol, Pía, Sol y Marce se levantaron casi eyectadas de la cama y corrieron a toda velocidad para ver qué le habían traído a cada una.&nbsp;<br><br></div><div>Pía se sorprendió y alegró al ver que le habían dejado un paquete hermoso con la Barbie que siempre esperó. Sol, por su parte, rompía papeles y encontraba detrás de ellos el monopatín que hace tanto venía pidiendo. Marce, por último, entre decepcionada, triste e intrigada, abría una cajita de la que inesperadamente escapaba saltando un bello conejito. Por un lado, a ella no le gustaban los conejos, por otro lado, no era lo que había pedido, pero resulta ser que se enterneció muchísimo con la blancura de ese pequeño, que realmente era como un copo de algodón suave y con ojos rojos brillantes como perlas. La niña no se dejó engañar, asumió que se había portado mal y por eso no le trajeron el regalo que ella había pedido.&nbsp;<br><br></div><div>Lloraba de emoción, alegría y tristeza a la vez, mientras que las hermanas se acercaban a tocar el conejito y jugaban con él como nunca lo habían hecho con ningún otro animal. Pronto decidieron bautizarlo poniéndole de nombre “Gringo” y, poco a poco, las tres niñas se fueron adaptando y encariñando con el nuevo integrante de la familia. Tan así fue que, el pequeño copo de algodón blanco, alegró todos y cada uno de los corazones de su nueva familia. <br><br><strong>Autora: Teresa Orsini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 21:27:08 UTC</pubDate>
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         <title>Fiesta de cumpleaños en el Country Club Newman</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Los niños reunidos en torno a la mesa, desbordante de comida y regalos, esperan ansiosos el momento de la torta. De pronto el mago invitado revolea teatralmente su capa y esfuma a todos los nenes presentes, en cuyos lugares aparecen otros. Estos últimos disfrutan la mejor fiesta de sus vidas; los primeros aparecen en un merendero de la Villa 31 y descubren el sabor del mate cocido con pan. <br><br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:10:24 UTC</pubDate>
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         <title>Comienzo</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657494691</link>
         <description><![CDATA[<div>Caro se tendió sobre la camilla. Acomodó su cabeza en el medio de la cabecera y cerró los ojos. Tenía los brazos muy rígidos, pegados al cuerpo. Hoy estaba nerviosa. Le había costado decidirse a ir.<br><br></div><div>Apoyó los pies sobre la barra y comenzó a flexionar y estirar sus piernas. En vez de contar, pensaba, me voy, me quedo, me voy, me quedo.<br><br></div><div>Un chirrido acompañaba cada movimiento. Pensó por qué no le pondrían un poco de aceite. Le molestaba.<br><br></div><div>Estaba aturdida, escuchaba una voz a lo lejos. Una sombra le alcanzó unas correas. ¿Y si se la ponía en el cuello? pensó. Pero no, no era el lugar, tampoco tenía motivos para hacerlo, así que se las acomodó en los pies y levantó sus piernas. Sentía que su cuerpo se elevaba, que volaba… pero no. Sólo subía y bajaba las piernas. Sentía un dolor en el abdomen. Sus músculos iban percibiendo cada movimiento. Creía que estaba padeciendo. ¿Valía la pena? No lo sabía.<br><br></div><div>Alguien le dijo que tomara esas correas con sus manos, y entonces, ahora fueron sus brazos que subían y bajaban. No tenía fuerzas. ¿O no tenía ganas? Quería quedarse quieta, no moverse más.&nbsp;<br><br></div><div>¿Para qué vine? - pensó. Su mente trataba de concentrarse: subo y bajo, voy y vengo, me voy, me quedo. No. Eso no. Empezaba de nuevo. Subo, bajo…<br><br></div><div>Ahora abría y cerraba sus brazos. ¿Las piernas estaban levantadas o le parecía? Ahora las abría y cerraba, hacía círculos. Su mente seguía el círculo. No estaba siendo perfecto. Se cansaba.&nbsp; Trataba de concentrarse. ¿Cuánto tiempo había pasado?<br><br></div><div>Respiró profundo. Se incorporó y se quedó sentada sobre la camilla mientras se estiraba. Sentía que unas pelotitas rodaban por su espalda. Eso sí le gustó, quería que no terminaran de girar. Sintió que se relajaba. No quiso pensar más.&nbsp;<br><br></div><div>La profesora apagó la música y despidió a sus alumnas. Había terminado su primera clase de pilates. Había sobrevivido. Se prometió a sí misma, que mañana volvería. <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:11:59 UTC</pubDate>
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         <title>El amigo que no puedes tener</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657496199</link>
         <description><![CDATA[<div>Los padres de Joaquín, pertenecían a una clase social acomodada, trabajaban los dos y siempre estaban ocupados, incluso los fines de semana.<br>Joaquín y su hermanita quedaban al cuidado de la niñera, nunca podían jugar o ir a pasear con sus padres como los demás niños del barrio.<br>Un día el niño le pregunto a su papá, si se podía quedar para llevarlo al parque, el padre le respondió que no podía, ya que tenía asuntos importantes que resolver y que quizás el fin de semana próximo lo podría llevar.<br>—PERO PAPÁ ¿Por qué son tan importantes esos asuntos?&nbsp;<br>—Porque me van a pagar más —le respondió<br>—Pero si nosotros no necesitamos más dinero, tenemos casas, autos y viajamos todos los años de vacaciones<br>—Sí hijo, pero con un aumento de sueldo que yo obtenga podríamos cambiar el auto, irnos de este barrio, cumplir nuestros sueños-.&nbsp; El niño se quedó pensando y respondió:<br>—Papá, Víctor mi compañero del colegio no es rico, tiene una casa chiquita y su padre va a trabajar en bicicleta, pero siempre tiene tiempo para jugar y salir con él.<br><br></div><div>El padre se quedó pensando en lo que Joaquín le había dicho, mirando cómo el niño se alejaba mientras se secaba las lágrimas que rodaban por sus mejillas.<br>—¡Joaquín vuelve aquí! —dando un grito—<br>—Te he dicho que no debes juntarte con esa clase de niños, no pertenecen a nuestra clase social&nbsp;<br>—¿Y qué clase social? No entiendo, yo solo sé que él es mi amigo.<br>—Ah, sí tu amigo —dijo el padre haciendo una pausa —dime Joaquín—dijo por fin — ese no es tu amigo, es tan solo un compañero de clases. ¿Sabés lo que sos vos para ellos? Sos el riquillo del colegio, nada más.&nbsp;<br>—Ya lo entenderás cuando seas mayor —y arreglándose la corbata salió—solo se sintió el portazo.<br><br></div><div>Un día Joaquín y su hermanita jugaban en su dormitorio, era un día muy frio, abajo en el comedor, la estufa estaba prendida, era un hogar a leña. Una chispa salió sobre el mantel de la mesa que estaba cerca y comenzó a arder, el fuego se esparció por toda la planta baja, quedando arriba los niños atrapados por el fuego.&nbsp;<br>Los vecinos vieron cómo las llamas se apoderaban de la vivienda, un humo negro subía al cielo, los niños pedían auxilio por la ventana, nadie se movía solo observaban y esperaban a los bomberos.<br>El papá de Víctor venia de su trabajo y vio el incendio y a los niños que gritaban desesperados, entonces tiró su bicicleta y sin pensarlo entró a la casa pateando la puerta de calle, subió la escalera y sacó a los niños, tapándolos con una manta, salvando así sus vidas.<br><br></div><div>Tiempo después aquel padre egocéntrico y discriminativo, comprendió que su hijo tenía razón y que aquel humilde hombre no dudó un segundo en exponer su vida, actuando impulsado solo por salvar dos vidas y abrazando a sus hijos dijo:<br>—Creo que el dinero no hace la felicidad y mi trabajo y ansias de superación pueden esperar-. Desde entonces disfrutan juntos cada momento en familia. <br><br><strong>Autora: Estela Diaz Rod</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:14:55 UTC</pubDate>
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         <title>El día después</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657497703</link>
         <description><![CDATA[<div>Al día siguiente, la madre abrazó a su hija y la dejó en su regazo, como queriendo borrar lo pasado, que ayer la había dañado.<br><br></div><div>Sucedió lo que había presagiado su sabio corazón de madre.<br><br></div><div>La niña despertaba del sueño, con su blanco y almidonado vestido con el que, ilusionada y bien peinada, con cintas en el pelo, fuera a la fiesta del noveno cumpleaños de su pretendida amiguita.<br><br></div><div>Mi niña pequeña de grandes ilusiones, pensaba la madre. La soltó suavemente y se cruzaron sus miradas en tácito pacto de silencio y desesperado intento de no hablar, sobre lo que ambas sabían.<br><br></div><div>El corazoncito de la hija, latía amorosamente, como deseando unirse al de su madre para aliviarlo, y decirle que esa señora que con un gesto inesperado, rompió el encanto de una fiesta deseada y deliciosamente disfrutada, no la había dañado porque los niños curan sus heridas, dando y recibiendo amor verdadero. <br><br><strong>Autora: Luli Gutiérrez</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:17:45 UTC</pubDate>
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         <title>Afectos personales</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657500199</link>
         <description><![CDATA[<div>Toribio me llamó y me dijo: “Yo sé que tenés cosas mías. La plancha, si no la necesitas, y el juego de acero inoxidable, con sus respectivos implementos para hacer fondue, quiero que los dejes en el departamento de mi amigo, Gustavo.”&nbsp;<br><br></div><div>Además de lo que reclamaba encontré, el póster de Los Beatles en blanco y negro, la bandeja del horno eléctrico, que compramos cuando nos cortaron el gas, y me pidió llevárselo porque donde se mudaba no tenía habilitado el servicio, un toallón color naranja, con un dragón verde pintado lanzando fuego por la boca, unas cuantas perchas, las castañuelas de ébano que le compró a su nieta Rosita para su cumpleaños y nunca recordaba llevárselas; tirada en un rincón estaba la pulsera tejida que me regaló y luego se la puso en la cabeza a la muñeca que yo tenía sentada en mi mesita de luz.<br><br></div><div>Ese mismo día, lo llamé y le enumeré cada cosa que se había olvidado. En el mensaje no había ni una palabra amable.&nbsp;<br><br></div><div>Hace tiempo que le quería restituir las cosas que me reclamaba, las cuales encontré en el placard cuando fui a limpiar el departamento que alquilábamos, pero dado que nos habíamos mudado muy lejos uno del otro y no se me ocurría como hacerlo, pues ningún conocido residía cerca de mi nueva morada, esperaba que, algún día, sus hijos vinieran a buscarlas con el auto.&nbsp;<br><br></div><div>Recordé dónde vivía Gustavo, era un barrio cercano al mío. Toribio solía visitarlo con frecuencia.&nbsp;<br><br></div><div>Pensé que era una bendición que no quisiera venir hasta mi casa a buscarlas, pues yo no deseaba volver a verlo.&nbsp;<br><br></div><div>¿Realmente, él pensaba que a mí se me ocurriría, siquiera, quedarme con esas cosas que eran suyas?&nbsp;<br><br></div><div>Creo que la experiencia de otras separaciones le recordaba las pérdidas y/o los objetos que, en un arranque de generosidad, había regalado. Recuerdo que cada tanto me decía: “a las anteriores, les regalé muchas de mis pertenencias familiares”.&nbsp;<br><br></div><div>Pero no, él debía saber que yo ya tenía una plancha, ¿para qué iba a querer quedarme con su plancha? Además, hace años que no plancho, ni cuando convivíamos lo hacía. Su argumento no era sólido.&nbsp;<br><br></div><div>No, definitivamente, estaba convencida que el mensaje era para llamar mi atención, molestarme, y recordarme que, mientras tuviera esas pertenencias suyas en mi poder, seguíamos unidos de alguna manera y, también, para que yo me sintiera en deuda.&nbsp;<br><br></div><div>¡Ay, Toribio! Imagino que ya te olvidaste que sobre la repisa que hay en el hall me dejaste una notita, hace ya cinco meses, pidiéndome que pagara tus consumos eléctricos y de gas, argumentando que, con el gasto de la mudanza y el nuevo alquiler, te habías quedado sin plata para abonarlas. Como así también, me decías, en esa esquela, que ni bien cobraras la jubilación me lo ibas a reintegrar. ¡Ah! Y que limpiara el líquido que había dejado la heladera en el piso de la cocina, porque el de la mudanza estaba apurado y vos no tuviste tiempo de hacerlo como te hubiese gustado, porque siempre fuiste muy prolijo.&nbsp;<br><br></div><div>¿Sabés? Tengo el cuerpo tatuado por los años, el cabello gris y la experiencia de un tiempo vivido con vos, por lo que en ese momento, al terminar de leer el pedacito de papel que encontré junto a las facturas, supe que nunca me lo ibas a restituir y que, nuevamente, iba a perder.&nbsp;<br><br></div><div>Creo que olvidaste muchas cosas y una de ellas es que el que está en deuda conmigo sos vos.<br><br></div><div>Acero, blanco, muñeca, sólido. Plata, gris, fuego, cuerpo, gas. Ébano, negro, letra, mano, líquido. Restituir, perder, regalar, perder.&nbsp;<br><br></div><div><strong>Autora: Liliana Rodríguez Sierra&nbsp;</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:23:15 UTC</pubDate>
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         <title>Mameluco seis dedos, el robo del siglo</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657501823</link>
         <description><![CDATA[<div>Hace años conocí un personaje de esos típicos de barrio, le llamaban Mameluco seis dedos. Mameluco le decían, debido a su épica vestimenta que lucía con orgullo y que lo acompañó hasta el día de su último viaje a la eternidad. Lo de seis dedos se los debo, nunca nadie me lo supo decir. Al decir de Borges -era un tipo escaso de frente y estatura que acompañaban a su diminuto cerebro, cualidades que ostentaba orgulloso en la puerta de su casa, siempre con el mate y bombilla con la que con estudiada estrategia disolvía el sarro de su infradotada dentadura. Vivía en una entreverada vivienda en el barrio circunvalación de la ciudad de La Plata. Esto ilustra que se trata de un hecho cierto, alojado en mi cerebro como un recuerdo imborrable. No se le conocia trabajo alguno, vivía con su madre en la destartalada vivienda que apenas los cobijaba. Mameluco se había transformado en obligada presencia a la que el transeúnte debía soportar con resignación. Como dije nunca tuvo trabajo estable, era independiente, y se contentaba con alguna ayuda innecesaria que le ofrecía algún vecino para sustentar a su pobre madre.<br><br></div><div>La principal fuente de gratas emociones era su alambique estomacal, donde destilaba gloriosas cantidades de vino tinto en damajuana. No era remiso para el trago se bebía una todos los días. Era un ser etílico. ¿De dónde sacaba dinero para sus alcoholizadas diabluras? Era sabido que la angustiada madre, haciendo gala de su estructurado amor maternal, soliviantaba hasta donde le daba el cuero, el vicio desmesurado de su único hijo…<br><br></div><div>Agustina, su madre, soportaba estoicamente las actitudes descuidistas de su pérfido hijo. Mameluco a efecto de satisfacer su instinto viticultural, rapiñaba a su madre distintos elementos, como ollas, herramientas y tantas cosas que podía llevar para comprar su deliciosa bebida.<br><br></div><div>Un día ocurrió que Agustina, llegando de su trabajo de servidumbre, cansada y hambrienta, optó, como era su costumbre por unos mates. Tomó el Magiclic, rodó la perilla de la cocina y no encendió. Pensó que la garrafa se había quedado sin gas, despejó la cortina que cubría el envase y soltó un grito, diciendo:<br><br></div><div>-¡Mameluco, mameluco me vendiste la garrafa!<br><br></div><div>Por suerte Agustina no poseía Rolex, Dupont, La Montblanc ni otros valiosos efectos de gran valor.<br><br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:26:23 UTC</pubDate>
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         <title>Futuro imperfecto</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657503398</link>
         <description><![CDATA[<div>Mucha gente mucha cana dos trenes hace que espero no puedo sacarme de la cabeza a la vieja&nbsp; cuando me dijo Juanito no quiero que vayas le contesté voy hasta el dispensario nomás pero le mentí&nbsp; ya no me dan más los remedios está por salir otro tren empiezo a revisar las ventanillas camino cada&nbsp; vez más rápido buscando alguna abierta con un brazo con reloj es largo este tren no me gusta esta&nbsp; vida no me gusta mi vieja en cama no me gusta mi hermana pidiendo en la calle allá veo una mujer&nbsp; empiezo a trotar tengo miedo pero recuerdo las palabras del Zurdo vos tranquilo vos podés ahora&nbsp; corro despacio el destino no puede ser esto yo quiero ser médico andar por los pasillos del hospital&nbsp; con una bata blanca con mi nombre bordado en el bolsillo curar a mi gente pero algo falla en mi vida&nbsp; y no sé qué es me apuro estoy cerquita ya trato de arrancarle el reloj corremos al mismo tiempo el&nbsp; tren el brazo yo y el reloj que no zafa no quiero lastimarla tironeo y nada hasta que al final la malla se&nbsp; rompe listo ya está ahora el tren cada vez más rápido y yo también separándome con el reloj en la&nbsp; mano ¿cuánto me dará el Zurdo? necesito cinco lucas ¿qué haré si se muere? estoy tan asustado sigo&nbsp; corriendo no sé hacia dónde necesito el tiempo que este reloj le dará a mi vieja oigo gritos pero no&nbsp; miro hacia atrás tengo mucho miedo sigo corriendo de pronto un tiro y un ardor en la espalda otro&nbsp; tiro y ya no puedo correr ahora camino me quemo me empiezo a romper por dentro los ojos me&nbsp; llueven a cántaros pero tengo el tiempo en mi mano debo seguir y no puedo caminar me duele&nbsp; mucho el griterío retumba en mi cabeza mis rodillas ya contra el piso no puedo respirar ahora mi cara&nbsp; contra el cemento abren mi mano apretada y me quitan el tiempo de mi vieja me quitan mi tiempo&nbsp; me veo tirado empapado pegajoso el tren ya lejano ¿lo ves mamá? Frente a mis ojos cruza una&nbsp; hormiga que deja un caminito rojo mirala mamá ¿adónde irá? siento tanto frío mamá perdoname me&nbsp; duele tanto todo ya no volveré a la escuela ya no estudiaré para médico ya no curaré a nadie ya no me enamo…raré de…&nbsp; ninguna enfer…mera ni tend... ayu…dame… ma…má <br><br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:29:36 UTC</pubDate>
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         <title>Mirada</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657504340</link>
         <description><![CDATA[<div>Siempre en las tardes de domingo la nostalgia se apodera de mí. Nunca me pregunté ni cuestioné por qué. Decido salir y el sol suave del otoño me pega de lleno en la cara, luego de varios días de trabajo en el oscuro departamento que habitó.<br><br></div><div>Recorro sin interés el Mercado de las Pulgas, un universo de artesanías, plantas, tejidos, juguetes inundan el espacio.&nbsp; Me detengo en un puesto donde conviven en armonía vejeces varias. Discos long play, cassettes, herramientas casi herrumbradas, vajilla antigua cuarteada, flores de plástico, libros de hojas tajadas y algunos cuadros descoloridos por el paso del tiempo, por la baja calidad de los óleos y la ignota firma carente de talento.&nbsp; De pronto veo ese cuadro. Ese rostro de mujer acapara mi atención. No es por su belleza, su cara seria, su pelo lacio cae sin gracia detrás de las orejas sin aros. Los ojos grandes parecían tristes, esa mirada me atrapa.<br><br></div><div>¿Por qué no puedo apartar mi vista de esa mirada?<br><br></div><div>¿Quizás porque me recuerda a la de mi madre el fatídico día que papá murió en aquel accidente en el auto que yo manejaba?<br><br></div><div>No.<br><br></div><div>¿Me recuerda acaso a la de aquella mujer que con alegría me dijo -vamos a tener un hijo- y le di la espalda y me marché sin remordimientos para siempre?<br><br></div><div>No.<br><br></div><div>¿Es la mirada de mi hija cuando la voy a visitar cada dos o tres años porque su madre luego de nuestro divorcio decidió irse a vivir a España?&nbsp;<br><br></div><div>No.<br><br></div><div>¿Es la mirada de todas las miradas de las mujeres que se cruzaron en mi vida o yo en la de ellas? ¿Es mi propia mirada de tristeza, de angustia, de desamparo reflejada en los ojos de esa mujer?<br><br></div><div>No.<br><br></div><div>No. Es sólo un retrato barato de un dibujante improlijo que ni color se animó a dar a su obra. <br><br><strong>Autora: Olga Medrano</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:31:49 UTC</pubDate>
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         <title>En un abrir y cerrar de ojos</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657505106</link>
         <description><![CDATA[<div>Mariela apagó la alarma del reloj y se desperezó, estirándose con placer. Tenía ganas de quedarse un rato más en la cama, pero tenía que ir a trabajar, así que se levantó, se duchó y comenzó a vestirse. Ese día eligió una falda verde oscuro recta, ajustada, que le quedaba justo debajo de la rodilla, una blusa animal print marrón y se calzó sus zapatos de tacón.&nbsp;<br><br></div><div>Tal vez debería comprarse otros, pensó mientras ponía el agua para hacerse un café. La cafetera se le había roto el día anterior. La agregó a la lista de futuras compras.&nbsp;<br><br></div><div>Volvió al baño y se puso un poco de crema en la cara, ya le quedaba poca, delineó sus ojos y le dio apenas un brillo a sus labios. No tenía ganas de peinarse, por lo que se hizo una cola bien alta, que sostuvo con un moño haciendo juego con la blusa.<br><br></div><div>Volvió a la cocina y se sirvió el café, mientras untaba una tostada del día anterior con mermelada, y le daba una ojeada al celular.<br><br></div><div>Era un día más, un día como todos los anteriores, hasta que algo le hizo ponerse en alerta, pareció como que un silencio raro se apoderaba del departamento. Se sentía mareada, el café en la taza se empezó a mover en forma oscilante desparramándose sobre la mesa, el llamador de ángeles del balcón comenzó a sonar frenéticamente, se cayó un adorno que estaba en el borde del mueble y un ruido ensordecedor se escuchó de repente.<br><br></div><div>&nbsp;Justo en ese momento el edificio comenzó a derrumbarse y ella iba cayendo en medio de un sinfín de escombros. Los gritos de las personas eran estremecedores, pero de su boca no salía ni un sonido, estaba enmudecida, aterrada, su cuerpo seguía desplomándose sin detenerse.<br><br></div><div>Por fin se detuvo. Estaba estrellada contra las baldosas recién baldeadas del frente de su edificio, llena de polvo y aplastada por lo que alguna vez fue el mismo. Su falda estaba enrollada arriba de sus muslos, la blusa hecha añicos y el cabello enmarañado sobre su rostro ensangrentado. No sentía las piernas, tampoco los brazos.<br><br></div><div>Le pareció que todo duró una eternidad, sin embargo escuchaba a lo lejos, voces que decían que todo fue en un abrir y cerrar de ojos. Suspiró, ella ya no podría volver a abrir los suyos. <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 22:33:15 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>El viejo bar</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657530652</link>
         <description><![CDATA[<div>Sobre la avenida Roque Sáenz Peña, el bar “La montañita”, mantenía su presencia aún después de tantos años. El lugar había logrado preservar la intimidad de sus clientes, convirtiéndose en un refugio de muchas historias de vida, allí solo asistían alcohólicos, timberos y vagos.<br><br></div><div>El bar estaba a desnivel de las veredas, por eso su nombre. En su fachada tenía un cartel que decía “Se sirven bebidas y minutas”, pero solo despachaban vino, soda y fernet, acompañados de algún sándwich de milanesa o una picada de mortadela, queso y palitos salados. Las paredes estaban pintadas de verde y algunos afiches y almanaques cubrían la humedad, las mesas y sillas viejas que eran de metal estaban oxidadas, pero tenían un pequeño mantel blanco. La dueña del bar era apodada “Pepita la pistolera” por su carácter fuerte y varonil y su físico grande y robusto, además siempre tenía detrás del mostrador una pistola que le había dejado su marido antes de morir.<br><br></div><div>Un día sábado llegó al lugar un cliente asiduo al que todos conocían como el “Rengo García” se sentó a tomar una copita para ahogar sus penas, ya que había salido hacía poco de la cárcel y cuando llegó a su casa, se encontró con que su mujer había dejado la casa y se había marchado llevándose a su pequeño hijo con rumbo desconocido. La gente de los alrededores comentaba que se había ido con otro hombre. Totalmente borracho el rengo se paró y cuando llegó a la salida, se quedó inmóvil mirando la puerta, pintada toscamente de verde, llena de inscripciones. Fluyeron unos segundos en los que percibió el ajetreo de la gente que pasaba por la calle y el sonido de la máquina express del bar.<br><br></div><div>Comenzó a caminar rebotando contra las paredes de las casas y los árboles de las aceras, de repente se levantó un viento fuerte, el cielo se puso gris, los relámpagos venían del sur y la tormenta no se hizo esperar. Estaba tan ebrio que se desplomó sobre el cordón de la vereda quedando boca abajo, finalmente la lluvia torrencial caía formando una cortina de agua, los truenos eran muy fuertes y él sin poder incorporarse. La correntada que bajaba por la avenida, que iba de bote a bote, lo arrastró hacia el puente Centenario y dando tumbos cayó al Suquía, cuyo torrente lo llevó río abajo.<br><br></div><div>Al día siguiente por la mañana, el bar volvió a abrir sus puertas, mientras Pepita y su hija, barrían la vereda, juntando las hojas y la basura que la tormenta había dejado. <br><br><strong>Autora: Estela Diaz Rod</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:18:59 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Ensayo general</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657532002</link>
         <description><![CDATA[<div>Salía a las diecisiete horas de la oficina, tomaba el ascensor en el octavo piso, se miraba en el espejo, se acomodaba el pelo como para esconderse, rápidamente volvía a mirar hacia el piso. El ascensor se iba completando con todos los oficinistas que terminaban su jornada, llegaba a la planta baja del viejo edificio, que en una época había sido la famosa tienda “Gatichavez”. Ella no había conocido esa tienda, pero lo sabía por las películas de la época del teléfono blanco, siempre le contaba a su mamá, que desde la ventana de su oficina podía ver la cúpula donde se había filmado “La pícara soñadora”, con el actor favorito de las dos, Alfredo Alcón. Salía del edificio, tomaba la calle Florida, le molestaba tanta gente caminando a su lado, doblaba en Av. de Mayo hasta el café Tortoni; no era época de turismo en Buenos Aires, eran los últimos años de los 80, en el café se podía estudiar, era muy tranquilo por entonces. Nora había decidido hacer lo que no se había animado cuando salió del secundario, estudiar teatro: dos veces por semana concurría a un taller. Pidió un café y un sándwich, con esa merienda tenía que resistir hasta volver a su casa por la noche. Sacó el libreto, se puso a leer, pero todo la distraía, si no era el mozo, que estaba acodado en la barra que se lo notaba cansado, era la pareja que buscaba un rincón para su charla intima. Desde que Hugo se había ido, le costaba concentrarse, habían estado juntos muchos años, los chicos eran chicos, menos mal que había accedido a llevarlos con él cuando tenía clases, Hugo no quería que estudiara y menos teatro, se lo hacía muy difícil a Nora. Ya hacía un año que estaba sola, y sentía una tristeza que era desconocida, nunca antes había pasado por un sentimiento similar, todos le decían - sos joven, tenés una vida por delante-. Ella lo sabía, pero ese momento lo tenía que atravesar, no podía trasmitir lo que le pasaba realmente, quizás ni ella lo sabía. Todavía se sentía aprisionada, agobiada en esa relación y no se entendía, era una dicotomía, porque ella tampoco quería estar con Hugo, muchas veces se preguntó si era costumbre, costumbre de estar atrapada.<br><br></div><div>Salió del café rumbo a la clase, no había podido estudiar sus parlamentos. Cuando llegó al estudio se enteró que iban a ir a ver un ensayo general al teatro San Martín, el unipersonal de “Yo Alfonsina, una mujer libre”, su maestra era la directora, Leonor Manso la protagonista. Qué bueno, se dijo, primero por poder ver el ensayo general, era un privilegio, y por otro lado tenía tiempo de estudiar para la siguiente clase.<br><br></div><div>Con sus compañeros, caminaron hasta el San Martín, todo estaba listo para comenzar, se apagaron las luces, se escuchó la música, comenzó la obra, y la pudo ver y escuchar. La conoció y su vida ahí, en ese instante, fue una bisagra. Nora conoció a Alfonsina Storni, en cuerpo y alma, hubo momentos en los que se identificó con ella, en la niñez cuando robó un libro y cuando recitó ese poema que la levantó, la despeinó, tiró su larga cabellera hacia atrás y dejó ver su rostro. Cuánto hacía que no mostraba su rostro, sus manos ardían de tanto aplaudir, ¿a quién aplaudía Norita? Sus compañeros se fueron a comer una pizza, ella se disculpó quería caminar sola por la ciudad. En el camino hacia la parada del colectivo hubo alguien que le dijo que era pura luz, que brillaba, ella seguía caminando y caminando y antes de llegar a Rivadavia, ¿era magia? despegó apenas los pies del piso, suavemente levantó vuelo, y subió y comenzó a volar. Y desde las alturas vio las cúpulas, las terrazas, las personas asombradas mirándola y ella les sonreía, los saludaba, el viento la golpeaba en la cara. Ella reía a carcajadas se sentía feliz, volar era como si nadase en el aire, los caminantes alzaban la vista para verla y le gritaban - las personas no vuelan, bájese- ella seguía riendo y volando, volando, riendo y así llegó a su casa, despeinada por el viento. Algunos vecinos la vieron descender en la terraza, muchos murmuraron por mucho tiempo, que la chica del décimo C se la pasaba volando, y eso no era normal, no era serio abrir la jaula. <br><br><strong>Autora: Liliana Romero</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:21:11 UTC</pubDate>
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         <title>El Mensaje</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657532590</link>
         <description><![CDATA[<div>En aquella siesta de verano el calor era intenso, insoportable en el pueblo.&nbsp;<br><br></div><div>Los rayos de sol caían impiadosos, ninguna sombra era suficiente para menguar tan alta temperatura. Nadie se atrevía a salir de su casa. Una brisa sofocante invadía el paisaje. De pronto un alarido rompió el silencio. Era Jacinto, un hombre entrado en años, misterioso, que vivía fuera del pueblo, cerca del río.&nbsp;<br><br></div><div>Al grito de “apresúrese por favor que ya es hora". Se detuvo en mi puerta y recorrió sin cesar la vereda de mi casa.<br><br></div><div>Me estremeció, no solo por su voz terrorífica sino por su pregón que producía inquietud y cierta repugnancia.&nbsp;<br><br></div><div>Sin embargo, mi mujer lo escuchó fascinada. Alcancé a ver una sonrisa maliciosa en su rostro.&nbsp;<br><br></div><div>Al caer la tarde, los jóvenes reían al comentar lo ocurrido, pero los mayores recordaron hechos misteriosos luego de algunos indescifrables mensajes voceados por Jacinto.&nbsp;<br><br></div><div>Al llegar el otoño todos habían olvidado la anécdota veraniega.&nbsp;<br><br></div><div>El primer día del invierno, el comisionista del pueblo me llamó y me entregó una carta sin remitente.&nbsp;<br><br></div><div>Sorprendido y ansioso llegué a casa rápidamente y mientras sorbía un té que me alcanzó mi mujer, abrí nerviosamente el sobre. Estuve a punto de perder el juicio al leer la carta que solo tenía una frase: “Apresúrese por favor que ya es la hora”.&nbsp;<br><br></div><div>No recuerdo nada más. <br>La hora había llegado.<br><br><strong>Autora: Olga Medrano</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:21:57 UTC</pubDate>
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         <title>Decisión</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657534173</link>
         <description><![CDATA[<div>Juan Pablo entró a la casa detrás del encargado de la inmobiliaria. Hacía días que había visto el cartel de venta.&nbsp;<br><br></div><div>Recorrió cada habitación y salió al patio. Lo examinó un momento. Le preguntó al hombre el precio y la compró sin dudar.&nbsp;<br><br></div><div>Estaba seguro que era la casa indicada para vivir con la mujer de sus sueños. <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:24:00 UTC</pubDate>
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         <title>El libro perdido</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657535107</link>
         <description><![CDATA[<div>El libro estaba como un objeto olvidado en un rincón del baño como deliberadamente abandonado.<br><br></div><div>¡Ay! del hombre que lo ha encontrado, sin sospechar que se verá desencantado.<br><br></div><div>Las páginas le revelarán una historia vivida que lo dejará aturdido.<br><br></div><div>El presente se verá invadido por un pasado tristemente sabido <br>y un futuro desconocido al que preferirá ignorar por miedo de encontrar en él lo que jamás ha querido. <br><br><strong>Autora: Luli Gutiérrez</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:25:24 UTC</pubDate>
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         <title>El espejo manchado</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657536449</link>
         <description><![CDATA[<div>Una tarde soleada, junto a un grupo de amigos, decidimos ir a visitar una antigua mansión construida a fines de 1890. A todos nos interesaba la historia de la casa y de los famosos personajes que habían vivido en ella.<br><br></div><div>Con solo pisar su vereda me invadió un sentimiento raro, seguido de un sobresalto, seguramente por lo que encontraríamos allí adentro o por lo que nos esperaba.&nbsp; La mansión se encontraba rodeada de una alta reja de color negro, tenía un largo sendero rodeado de flores que dividía el enorme parque y que nos llevaba directamente a la gran casona. Su entrada era una puerta doble, alta, de arquitectura gótica, Francés antiguo y en madera de roble. La atravesamos y sentí, de repente, un olor particular que no podía identificar a qué me recordaba. La planta baja se encontraba perfectamente iluminada con hermosísimas y delicadas arañas, también había gran cantidad de muebles de época y sus paredes estaban vestidas con importantes obras de artes, algunas de Van Gogh, Claude Monet, Goya, entre tantos otros.<br><br></div><div>El guía que nos acompañaba en el recorrido relató, con todos los pormenores, vida y milagro de los antiguos habitantes de la casona, relatos cargados de alegría, tristezas y aventuras. Luego de escuchar con mucha atención sus explicaciones, nos invitó amablemente a subir por una larga escalera de mármol blanco. Al llegar al primer descanso, me paré en seco atraída por un inmenso espejo antiguo, según el guía era Barroco Francés, presentaba unas manchas oscuras que seguro se produjeron por el paso de los años.<br><br></div><div>De repente, como si yo estuviera sola en ese lugar y con la mirada fija en el antiguo espejo, comencé a ver distintos rostros, el primero era de una beba a la que no reconocí, en la siguiente imagen me di cuenta de que esa beba era yo y que los rostros que seguía viendo en el espejo reflejaban las distintas etapas de mi vida. La última irradiaba una luz que yo no había percibido antes, me vi muy diferente. Comencé a temblar y las lágrimas surcaron mi rostro, estaba impactada por lo que percibía.&nbsp;<br><br></div><div>Al volver en mí, pensé cuántas personas se habían detenido frente a él, algunos sólo para retocar su aspecto y otras como yo, para verse realmente y descubrir que hace mucho tiempo no se detenían a observarse desde otro punto de vista. Verme desde pequeña hasta lo que soy hoy, fue un momento mágico y encantador, entendí que mi camino, si bien no fue fácil, me permitió llegar a la persona que hoy soy.&nbsp;<br><br></div><div>La visita continuó por los otros pisos, pero yo ya no era la misma que ingresó, me sentí diferente, me valoré y agradecí descubrir o recordar mi yo interior al cual lo tenía olvidado en un rincón de mi retina. <br><br><strong>Autora: Nélida Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:27:29 UTC</pubDate>
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         <title>La travesura</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657537970</link>
         <description><![CDATA[<div>El Colegio San José de la ciudad de La Plata se sitúa a escasos doscientos metros del exacto centro de la ciudad, la plaza Moreno. La Plata, es excelencia en diagramación, la geometría perfecta con sus calles y diagonales.<br><br></div><div>El Colegio San José llegó a ser mío. Cursé desde primer grado inferior hasta completar el quinto año de secundaria. Teníamos doble escolaridad. Al término, por la tarde a la salida del colegio, con un habitual compañero, nos dirigíamos a la plaza a inventar travesuras. Nuestra primera mirada era la Catedral, encuadrada a uno de los lados de la plaza. ¿Por qué? Porque ella servía a nuestra curiosidad infantil. Entrábamos y recorríamos su interior con nuestra mente avizora. Recorríamos palmo a palmo su interior, observando las figuras religiosas y la disposición estratégica que ofrecían las bancas de asistencia y oración para los rituales.<br><br></div><div>Pero, nuestra especial vehemencia, era su lado izquierdo de la entrada a la catedral. Había una casi oculta puerta que subiendo una empinada escalera caracol, nos llevaba a los techos de esa magnífica construcción. Permanecía cerrada con llave. Un misterioso descuido la dejaba abierta, despropósito que nos permitía elevarnos hacia los techos.<br><br></div><div>¿Qué entusiasmo nos impulsaba a semejante riesgo? Robarle a las palomas algún pichón creyendo que podríamos criarlo en nuestra casa.<br><br></div><div>En uno de esos días sucedió un hecho misterioso. En el ángulo y rincón de dos paredes, encontramos una pequeña ave que yacía acurrucada, quizás esperando morir. No era paloma y no parecía adulta. Con sumo cuidado, mis manos la acariciaron y al verla sumisa, la tomé con mis manos y la cobijé entre el pliegue de mi guardapolvo.<br><br></div><div>Una vez en mi casa, la puse en un cajón con la parte alta al descubierto, pensando que si volaba podría quedar libre.<br><br></div><div>Pasaron días, meses y crecía dentro del cajón. La veía robusta pero no se liberaba. Pensé que se había encariñado, hasta que un día, visitándonos mi abuelo, al verla exclamó&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;-¡Tenés un buitre!- Le pregunté -¿Y por qué no vuela?-.<br><br></div><div>-Porque es un ave que necesita corretear dos o tres metros para volar. Así vivirá en una cárcel sin techo hasta el final de su vida.<br><br></div><div>Esto me dejó una gran enseñanza. Que el hombre, como el buitre, se alimenta de animales muertos, que casi siempre va en la búsqueda de carroña, que los hay orejudos, calvos, avaros, codiciosos y crueles.<br><br></div><div>El hombre vive en una prisión y no lo sabe y en todo caso, de intuirlo, no acierta a encontrar las herramientas adecuadas para tal fin. Tiene un cielo abierto, podría disponer de los elementos necesarios, juntarse con otros que también quieran escapar, escarbar, hacer un túnel; pero el gran dilema es que no sabe que está en una prisión. En muchos casos está a gusto y si alguien le brinda la posibilidad de salir, puede que sea capaz de matarlo.<br><br></div><div>Podría lograrlo con la Voluntad de la Voluntad y no rogando. <br><br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:29:49 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>El Pacto</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657539009</link>
         <description><![CDATA[<div>La penumbra envolvía el cuarto, su silueta desgarrada se dibujaba junto a la ventana. El caballete al lado de la puerta mostraba impiadoso el pálido lienzo.&nbsp;<br><br></div><div>Caminó hacia él, suspiró y en voz alta pero quejumbrosa se preguntó ¿por qué no puedo plasmar en la tela lo que siento? ¿las imágenes que brotan en mi mente, los colores que inundan mis sentidos…?&nbsp;<br><br></div><div>¿Dónde quedó el talento que ponderaban mis maestros, el brillante futuro que predecían?<br><br></div><div>Recuerdo el día memorable de la muestra de los mejores trabajos de la promoción. Las felicitaciones recibidas a raudales, mi orgullo de joven promesa del arte plástico nacional.&nbsp;<br><br></div><div>Me acuerdo que Monsieur Dupont, uno de los más afamados Marchands observaba y ponderaba mi obra. Recuerdo que me entregó una tarjeta invitándome a su galería y ahí me habló de lo difícil de la vida del artista, aún para alguien con indiscutido talento como yo, por lo que me invitaba a unirme a su “Círculo de los Discípulos”. Ante mi sorprendida mirada dijo, mientras me servía un whisky, -es un grupo de noveles artistas que por hobby toman una obra famosa y realizan una imitación-.&nbsp;<br><br></div><div>Tímidamente pregunté ¿Imitar, copiar? Una sonrisa cómplice apareció en su rostro y sin inmutarse respondió -y… algo parecido y divertido- Guiñándome un ojo agregó&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; -muy bien remunerado.<br><br></div><div>Me retiré ofendido sin saludar. Han pasado más de quince meses y no he podido vender ni un cuadro. Sobre la mesa la tarjeta de M. Dupont sigue ahí, he estado tentado de llamarlo muchas veces pero mi dignidad me lo ha impedido.&nbsp;<br><br></div><div>Pero ¿de qué sirve la dignidad? Me pregunto y me respondo… sirve para vivir sin vergüenza y con la frente alta, como decía mi padre.&nbsp;<br><br></div><div>Vuelvo a la mesa, ahí está esa tarjeta pero mi mano se niega a tocarla. No, no voy hacer un pacto con la ignominia. No. Ni ahora ni nunca.<br><br></div><div>Ahí el lienzo…<br><br></div><div>Tomo la paleta, el pincel, me siento frente al caballete y una excitación desconocida se apodera de mí y mezclo colores. El Siena más el amarillo cromo. Apareció el blanco y el magenta y de pronto con diestro manejo del pincel todos los colores iluminaron el cuarto. <br><br><strong>Autora: Olga Medrano</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:31:23 UTC</pubDate>
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         <title>Callejero</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657539930</link>
         <description><![CDATA[<div>Callejero es un perro marrón con algunas manchas blancas en su pelo corto y siempre sucio. Tiene una pata renga que le quedó cuando un auto lo atropelló en la esquina del kiosco de Mateo.&nbsp;<br><br></div><div>Su nombre se debe justamente a que no tiene dueño, apareció un día por el barrio y perseguía a todo el que andaba caminando, como suplicando que lo adoptaran, pero lo echaban. ¡Fuera! ¡Fuera de aquí! - le decían. Los chicos del barrio lo bautizaron Callejero.&nbsp;<br><br></div><div>Lo que pasó ese día, fue que cuando Mateo estaba abriendo su negocio escuchó la frenada y el golpe. Al darse vuelta lo vio correr hacia él, ladrando como con un aullido y se quedó a sus pies. El auto había desaparecido. No había nadie más en la calle.&nbsp;<br><br></div><div>Mateo se agachó y lo miró. Estaba muy malherido. Se dio cuenta que no podía hacer nada, pero no podía dejarlo ahí. Así que entró al negocio, buscó una caja de cartón duro, puso el cartelito de “Enseguida vuelvo” en la puerta y cerró con la llave. Con mucho cuidado levantó a Callejero, lo acomodó sobre la caja y se dirigió hasta la veterinaria “Patas sucias” que estaba a 3 cuadras.&nbsp;<br><br></div><div>Don Juan lo atendió enseguida. Limpió sus heridas, las desinfectó y le colocó una tablita en la pata trasera que tenía quebrada.&nbsp;<br><br></div><div>Le dijo a Mateo que había que cuidarlo mucho, hasta que sanara. Éste, volvió con el perro en la caja hasta el kiosco. No sabía qué haría con él. No podía llevárselo porque vivía en un departamento y no dejaban tener animales. Tampoco podía dejarlo solo en el kiosco.&nbsp;<br><br></div><div>Lo dejó al costado de la puerta del negocio, mientras pensaba qué hacer, y la gente se empezó a acercar para ver lo que le había pasado.&nbsp;<br><br></div><div>Los chicos que antes le tiraban piedras, ahora lo acariciaban. Entre todos los vecinos le empezaron a traer comida y decidieron colaborar con los medicamentos. La señora que vendía pan casero se ofreció para llevarlo a su casa hasta que se curara, pero aclaró que no podía tenerlo para siempre. Don Miguel dijo que él también podría tenerlo unos días.&nbsp;<br><br></div><div>Entonces Callejero empezó a pasar una semana en cada casa del barrio, y cuando se repuso, todos quisieron que siguiera de esa forma.&nbsp;<br><br></div><div>Y así fue que Callejero se convirtió en el perro de todos. <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:32:51 UTC</pubDate>
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         <title>Travesura a la siesta</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657540827</link>
         <description><![CDATA[<div>Luis Aurelio era el quinto de nueve hermanos, vivían en pleno campo en la localidad de Piquillín, departamento Rio Primero; era un lugar de casas retiradas, pocos vecinos y mucho monte. Su casa estaba cerca de la calle principal, rodeada de sembradíos y de monte de tala, algarrobo, espinillo, chañar y otros árboles y arbustos típicos de la zona.<br><br></div><div>Su madre, jefa de familia, se ocupaba de sembrar maíz, sandía, melones, esquilaba ovejas, hacia quesos y arrope de tuna. También hacia tareas domésticas en casas vecinas, era mucho trabajo, pero lo necesitaba para alimentar a su familia.<br><br></div><div>Los varones mayores eran contratados como conchabados, realizaban tareas de peones en los campos de zona y se ocupaban de los tambos y cosechas.<br><br></div><div>Luis Aurelio se había levantado muy temprano ese día de verano, debía baldear, lo que implicaba introducir al pozo de agua un balde atado a una soga que tiraba un caballo ruano y se volcaba el líquido en piletón. Iba y venía hasta el mediodía, cuando el sol se encontraba en lo más alto y ya no podía seguir. Al escuchar el llamado de su madre diciéndole que estaba listo el almuerzo, decidió ir a refrescarse en el piletón que había al lado del pozo.<br><br></div><div>Durante el almuerzo charlaron bulliciosamente con su madre y hermanos menores. Después de lavar platos y ordenar la cocina, su madre se fue a dormir la siesta, no sin antes recordarles a todos que hicieran lo mismo y que no fuera cosa que salieran a hondear. Todos lo cumplieron, pero Luis Aurelio cuando supuso que su madre dormía, busco presuroso su honda nueva que había guardado celosamente bajo la cama. La había construido él mismo, la orqueta era de palo amarillo, la goma era nueva y el pedazo de cuero donde ponía la piedra era reciclada. Se puso el sombrero y partió sigilosamente, cruzó la tranquera principal y la calle que separaba su casa y el campo de los Chalvez, pasó el alambrado y se internó en el monte silbando bajito como era su costumbre. Luis Aurelio se dedicaría a treparse a los árboles más altos y observar desde allí toda la zona, revisar nidos y conocer sus huevos y pichones y mirar los panales de abeja. Según él la honda la usaba solo para defenderse de algún pícaro zorro o comadreja, con ella se sentía protegido, pero no sería el caso en esta siesta.<br><br></div><div>Habrán transcurrido más de dos horas y se escuchó que alguien llegaba con mucha prisa a la casa, parecía que lo traían corriendo y abrió la puerta de golpe, su madre que ya se había levantado y estaba lavando ropa, al escuchar tanto ruido se sobresaltó. Descubrió que quien venía corriendo era su hijo, Luis Aurelio, lo miro sorprendida por la palidez y agitación que tenía. Preocupada decidió preguntarle de inmediato, ¡Luis Aurelio! ¿qué sucedió?&nbsp; A lo que él rápidamente y casi sin aire respondió “mamá, mamá”, pero no pudo continuar debido al susto que tenía. Su madre le pidió que se calmara y que le contara qué había sucedido, Luis Aurelio dijo entre llantos “en el campo de los Chalvez se me apareció de repente un hombre petiso y sin cabeza que caminaba para atrás constantemente y pasaba todos los árboles sin tocarlos… mamá cuando me di cuenta lo que estaba viendo solo atine a escapar lo más rápido que pude”<br><br></div><div>Luis Aurelio siguió llorando y su madre lo consolaba diciéndole “eso te pasa por desobediente, eso te pasa por no hacerme caso. Seguramente es el alma en pena de Don Tomás que se ahorco allí unos años atrás, le vamos a rezar una novena para que su alma descanse en paz”.<br><br></div><div>Luis Aurelio nunca supo si fue producto de su imaginación, si fue el calor de una siesta de verano o si realmente era Don Tomás que estaba deambulando por el campo, lo que si aprendió fue obedecer a su madre y no ir más solo a hondear a la siesta por ese campo. <br><br><strong>Autora: Nélida Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:34:18 UTC</pubDate>
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         <title>El bicho</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1657541530</link>
         <description><![CDATA[<div>Alicia, vivía sola en un pequeño departamento, nunca se había casado y peinaba canas. Esa mañana se levantó con deseos de tomar una rica sopa, pero cuando miró su alacena se dio cuenta que no tenía fideos soperos, se recogió el cabello y bajó las escaleras manchadas por el sol y se dirigió rumbo al almacén que quedaba tan solo a tres cuadras de allí. Cuando iba caminando notó que no había casi gente en la calle, los negocios estaban casi todos cerrados o atendían tras las rejas, los colectivos circulaban casi sin pasajeros, solo unos perros se rascaban las pulgas al sol. De repente sintió que le dolía la cabeza y comenzó a toser.<br><br></div><div>-¡Este sol de invierno no es bueno! Debí ponerme un gorro- pensó&nbsp; y comenzó a caminar lento.<br><br></div><div>Llegó al almacén y entró -¡señora tiene que esperar afuera, solo pueden entrar dos personas- dijo el empleado que estaba en la puerta, mientras se arreglaba el barbijo negro que se le caía. A ella no le molestó su modo de mirarla como si ella tuviese la culpa de algo.<br><br></div><div>-Dejala pasar, hace frío afuera y ella es clienta de años- dijo el almacenero.<br><br></div><div>Al regresar subió tomándose del pasamanos, le costaba subir las escaleras.<br><br></div><div>-¡Espere Alicia, yo la ayudo!- dijo doña Mirta; y después de ayudarla a subir y escuchar como tosía, bajó rápidamente a tocarle el timbre al administrador y cuándo éste la atendió, le dijo en voz muy baja -me parece que esta mujer tiene el bicho, creo que tenemos que dar parte a salubridad.- Alicia se tiró sobre la cama cansada y pensó - ¡Qué bueno! Todavía hay gente amable y caritativa. <br><br><strong>Autora: Estela Diaz Rod</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-21 23:35:28 UTC</pubDate>
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         <title>ELENA VERA TIRABASSI</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-22 18:15:04 UTC</pubDate>
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         <title>NORMA BORDAGARAY</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-22 18:22:36 UTC</pubDate>
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         <title>OLGA MEDRANO</title>
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         <pubDate>2021-07-22 18:29:41 UTC</pubDate>
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         <title>JULIA ESPINOZA</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-27 15:35:01 UTC</pubDate>
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         <title>Elefantes</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-07-27 15:38:48 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Profesora Alejandra Migliore</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-07-28 20:18:15 UTC</pubDate>
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         <title>MIRTHA MURUA</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <pubDate>2021-08-03 01:44:03 UTC</pubDate>
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         <title>Caída infinita</title>
         <author>adultosmayores1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Andrea apenas había terminado de leer “El libro de arena” de Borges, y aún lo tenía en sus manos, cuando sonó el timbre. Apoyó el libro en la mesa ratona, junto a la taza de café y se levantó lentamente.&nbsp;<br><br></div><div>Su gato abisinio, Tiger, llamado así por su aspecto salvaje, que estaba acostado a sus pies sobre la alfombra, entreabrió sus ojos y se desperezó, como sólo los gatos saben hacerlo. Se quedó escuchando a Andrea que hablaba con los hombres que habían venido a instalar el aire acondicionado, entonces se incorporó muy despacio, dio unas vueltas alrededor de la mesa ratona y se subió a ella. Olfateó la taza y lamió las migas del bizcochuelo de naranja.&nbsp;<br><br></div><div>Le pareció que un viento leve traía una arena fina y blanca proveniente del libro, se acercó a él y lo miró detenidamente, lo olió y lo tocó con su pata. Otra vez se levantó arena y entonces se asustó y se quiso alejar, pero un mal movimiento hizo que el libro se cayera y él detrás.&nbsp;<br><br></div><div>La caída fue eterna, la arena lo tragaba, se iba perdiendo, entre los párrafos y las palabras del libro. No sabía dónde estaba, sólo que seguía cayendo en un número infinito de páginas, la numeración era rara, de un modo arbitrario; de vez en cuando veía alguna imagen, un amuleto tal vez.&nbsp;<br><br></div><div>A lo lejos, a través de ese desierto de arena, escuchaba unas voces. ¿Le pareció o hablaban sobre ese libro? ¿Querían venderlo? No alcanzaba a entender la conversación. La arena se le metía en los oídos, en los ojos, debajo de sus uñas filosas. Estaba perdido en la infinitud de las líneas del libro de arena. Se estaba convirtiendo en esa arena. Se sentía asfixiado, ya no podía respirar, sólo quería salir de allí.&nbsp;<br><br></div><div>Justo en ese momento, Andrea volvió a la sala. Al ver el desastre, sacudió la cabeza, limpió la mesa y levantó el libro del piso que estaba lleno de arena. Lo sopló suavemente y lo cerró, depositándolo nuevamente en la mesa. -¡Tiger!- llamó cariñosamente. Entonces el gato apareció debajo de la alfombra, se sacudió la arena y se enroscó con temor en las piernas de su ama. <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-03 14:34:33 UTC</pubDate>
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         <title>El entierro</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1667918119</link>
         <description><![CDATA[<div>La señora de la campera verde, muy presurosa, salía a caminar sin rumbo fijo todas las mañanas. A veces lo hacía para el oeste, otras para el sur también para el este, nunca para el norte; tal vez lo asociaba al viento norte que chifla a mucha gente y les genera mal humor. El sábado rumbeó para el este, pensativa pero contenta, a pasos agigantados como de costumbre, caminó, caminó, hasta que se topó con un cañadón cubierto de un manto verde con añejos árboles, donde se posaban alegres y coloridos pájaros.&nbsp;</div><div>Se sentó en posición de loto, sobre la verde grama, a meditar y escuchar las bellas melodías que con sus trinos emitían alegremente la diversidad de aves. Por un instante se quedó observando al enorme Eucaliptus y la invadió un triste recuerdo que en sus años mozos atravesó. Allí, justo al lado del grueso tronco, enterró sus IDEAS. Sucedió cuando un tirano no tan santo, proscribió, y avasalló todo pensamiento que no concordara con los suyos. Con el paso del tiempo se hizo justicia, terminó sentado en el Estrado con un libro entre sus manos, quizás para él lo más sagrado. Escuchó su veredicto: Las Ideas no se matan. Ni se quita la vida.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</div><div>&nbsp;</div><div>Respiró profundo, se quedó rememorando algo melancólica y la llevó a su infancia y de repente asoció este entierro a otro, no menos doloroso; el entierro de OREJITA, su conejo que adoptó de pequeño y cuidó con mucho esmero. Era tan bello con su pelaje gris pardo, sus orejas enormes y erguidas que las desplazaba hacia atrás cuando estaba contento. Después de alimentarse con verduras, la zanahoria era su preferida, se marchaba saltando hacia el campo travieso donde se reunía a jugar con sus semejantes. Hasta que un fatídico día lo encontró un enorme perro, abrió sus grandes fauces y lo masticó y así acabó con su tierna vida. Fue un día catastrófico. Se reunieron todos los chicos vecinos de aquella comarca y acompañaron el entierro de OREJITA hasta su destino final, donde se cavó una fosa. Allí se depositaron los restos, lo cubrieron con flores silvestres y sollozando todos los presentes pidieron que descanse en paz en el cielo de los conejos. <br><br>No era aquel conejo que una madre regaló a su hijo para su consuelo cuando se fue con su amante. Tampoco el perro que corría ladrando al lado del tren donde viajaba su antiguo dueño, que vilmente abandonó. No era el mono que impresionó a Rosaura en aquella fiesta ajena. Ni la mariposa que Calderón piso en la entrada de aquel jardín, mientras esperaba la salida de los niños. Tampoco los gatos que un tornado arrasó. A la niña, que en esos tiempos no usaba la campera verde, mucho le afecto la pérdida de OREJITA. Era su conejo, un conejo de verdad. De un salto la señora de la campera verde, se levantó, se sacudió y miró la hora en su reloj (no era un Rolex como el que tenía Elsa, cuando se lo robaron en la estación Retiro del ferrocarril Mitre.) Apresurada, con pasos agigantados, volvió sobre sus pasos, tal vez no la esperara algo muy grato. <br><br><strong>Autora: Rita Ramírez</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-03 15:05:54 UTC</pubDate>
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         <title>La prueba</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668324505</link>
         <description><![CDATA[<div>A mí la cabeza no me da. Eso dice mi vieja, así que debe ser cierto. Y nunca entiendo lo que dicen en la escuela, y tengo todo el cuaderno lleno de marcas coloradas que pone la maestra. Son marcas escritas con rabia, parece, porque algunas se ven del otro lado de la hoja. Ya ni me pregunta en clase porque nunca sé qué hay que contestar. -Es un caso perdido- dijo mi abuela el otro día. Yo no sé qué quiere decir eso, pero bueno no será, por la cara que puso cuando lo dijo.<br><br></div><div>A la escuela hay que ir con delantal blanco y llevar una mochila con cuadernos, libros y cartuchera. El delantal me queda chico y se está descosiendo. Le dije a mamá y a la abuela, pero no me hicieron caso. La mochila también está descosida y por eso, porque tiene agujeros, se me pierden las cosas. Pero la abuela dice que las pierdo porque soy descuidada. Así que tengo que escribir con lápiz y una birome que encontré en un cajón de la cocina, que anda mal y mancha todo de azul. Lapicera no tengo porque se cayó de la mochila y en casa dijeron que no podían comprar otra. Y no entiendo por qué no pueden comprar una lapicera si pudieron comprar un vestidito para la perra (que le queda muy feo).<br><br></div><div>Hoy hay prueba. De geografía es la prueba. No me voy a gastar en estudiar porque ya sé que la maestra me va a poner una mala nota por no escribir con lapicera. Igual tengo que ir porque no me dejan faltar. –Por lo menos andá y escuchá, así no andás molestando acá.&nbsp;<br><br></div><div>Caminando voy a la escuela. Es cerca, pero hay que ir por un camino que siempre tiene charcos y está embarrado. A veces llego tarde porque voy juntando florcitas de trébol, y cuando llego están todas aplastadas. No sé para qué las junto. Cuando me agacho para arrancar una, veo una cosa negra entre los tréboles. Los separo y me encuentro... ¡¡una lapicera!! La levanté y le saqué el barro. Es una lapicera negra con aros y trabas doradas. Es la lapicera más linda del mundo. Le quise sacar el capuchón pero no sale. Después de tironear descubrí que hay que desenroscarlo. Y aparece una pluma rara también dorada. En la barra dorada dice M-O-N-T&nbsp; B-L-A-N-C. Es más linda que la que perdí, que no tenía ninguna letra.<br><br></div><div>Mala suerte. Si hubiera sabido que iba a encontrarla, habría estudiado algo. Podría copiarme. Me siento al lado de la Griselda que siempre estudia y sabe todo y si miro con el costado del ojo algo veo…<br><br></div><div>Tengo sobre el banco la hoja que entregó la maestra, llena de preguntas. Capitales de Europa, dice arriba. (¿Qué será Europa?)<br><br></div><div>Le saco el capuchón a la lapicera para escribir mi nombre, y de repente empiezo a escribir – mejor dicho, la lapicera escribe - palabras que no sé qué son: Paris, Madrid, Roma…<br><br></div><div>A ésta la voy a cuidar bien.<br><br><br></div><div><strong>Autora: Graciela Rodríguez Mora</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:06:07 UTC</pubDate>
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         <title>Perrez adulta mayor</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668335586</link>
         <description><![CDATA[<div>Lo vi, lo reconocí, lo ladré, lo corrí, lo alcancé, lo miré, lo ataqué, lo mordí, lo mastiqué. Me fui.&nbsp;<br><br></div><div>Demasiado duro para mi prótesis.&nbsp;<br><br></div><div>Pero lo dejé loco, lleno de rabia.&nbsp;<br><br></div><div>…<br><br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:18:27 UTC</pubDate>
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         <title>El perrito picarón</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668336467</link>
         <description><![CDATA[<div>Es de no creer las cosas que suceden en la ciudad. Ayer me ocurrió algo insólito. Mi costumbre diaria de caminar por las calles y ser observador de las personas, me lleva a incorporar en mi imaginario psíquico, el comportamiento variado que tiene la muchedumbre andante.<br><br></div><div>Al pasar miro los imponentes edificios de departamentos, casi todos habitados cuando temporada, vacíos pero indemnes.<br><br></div><div>Siempre tengo una protesta a los históricos hacedores de la ciudad. Mar del Plata sufrió la más tenebrosa de las invasiones, los edificios, invasión colonizadora que llegó para quedarse. Gigantes proveedores de oscuridad enfermiza, tapones solares que aumentan la proliferación de vapores pestilentes.<br><br></div><div>Seguía con mis elucubraciones pintorescas cuando recordé una conversación con mi amigo Bruno, me dijo -Luigi, cuando ande por la calle, desvariando, puede entretenerse observando las caras de algunos transeúntes. Descubrirá que hay perros de distintas razas, gatos, objetos, herramientas y toda la gama de criaturas del ámbito terrestre.<br><br></div><div>Al toque de pensar, pasó a mi lado, un tipo que de perfil era una pinza pico de loro, unos pasos más y una mujer pequinés. -¡Guau!- Me dije -¡Esto es entretenido!.<br><br></div><div>Canturreando seguí observando, me sentí un periscopio de submarino. Descubrí que caminar entre la gente era divertido. Solté las amarras, me sentí libre, se iluminó mi conciencia y me transformé en un dios. Toda esa gente era mi creación. Les daba una nueva identidad y sentido a su atribulada vida.<br><br></div><div>Peces, martillos, cacatúas, tortugas, pájaros locos, mosquitos y toda la gama creativa de esta naturaleza indómita. Caí en la cuenta de que somos el diseño y el resultado de millones de eras de evolución. Somos la copia exacta de la totalidad biológica.<br><br></div><div>Pero en esta oportunidad la caminata tomó una forma inesperada.<br><br></div><div>Seguí por la Colón observando el hormiguero humano y al llegar a la calle Mitre, me encuentro con un perrito vagabundo. El pequeño me mira y yo a él. Simpático y saltarín, con las patitas delanteras, me hizo movimientos que indicaban la intención de que lo siguiera. Así lo hice y me llevó unas cuadras hasta que llegamos a la municipalidad. Como siempre, una masiva protesta saltaba y bailaba a los gritos. Mi instinto de manada me llevó a incorporarme al jolgorio. Comencé a saltar y bailar. En un escarceo de movimiento, llego a ver una pancarta que decía “MOVIMIENTO MACHISTA CONTRA EL FEMINISMO” ¡Ay mamita en qué me metí! Disimuladamente me fui encogiendo y comencé una retirada simulada. Salgo del enredo y veo a mi acompañante paradito, revoleando la cola y mirándome con alegría canina.<br><br></div><div>Lo miré y me salió del alma -¡Perro machirulo!<br><br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:19:20 UTC</pubDate>
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         <title>Dicen que el pasado no vuelve</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668337773</link>
         <description><![CDATA[<div>…el pasado siempre vuelve, envuelto en pensamientos como ráfagas de viento.<br><br></div><div>Sofía había viajado desde su provincia a Córdoba Capital para estudiar Psicología, su carrera preferida desde que era pequeña. Adolescente provinciana, vivió en una pensión, era sumisa, tímida e introvertida, tenía pocas amigas y en sus tiempos libres trabajaba cuidando niños para sumar algo de dinero a lo poco que sus padres podían enviarle.<br><br></div><div>Todo transcurrió con normalidad hasta que conoció a Pedro, papá de uno de los niños que cuidaba, mucho mayor que ella. Pedro era muy astuto y apuesto, la llenó de cumplidos y palabras bonitas que la enamoraron perdidamente. Aunque ella sabía muy bien que era un amor imposible y que no tenía futuro, el amor fue más fuerte y cayó rendida a sus encantos. Pero como todo en la vida, las consecuencias no tardaron en aparecer. Sofía estaba embarazada, Pedro no quería ni podía hacerse cargo y ella tampoco podía contarles a sus papás lo que ocurría, para ellos sería una deshonra. Sofía estaba muy triste y no sabía qué hacer. Pedro la acompañó hasta que nació su hija, una beba morenita y de ojos profundos.<br><br></div><div>Para ese momento, Pedro ya había convencido a Sofía de que no podían quedarse con la beba y que se la entregarían a alguien que la quisiera y no tuviera problemas para criarla.<br><br></div><div>Ni bien salieron de la clínica, con pasos presurosos recorrieron varias cuadras hasta llegar a una parada de colectivo donde había una solitaria mujer. Pedro se detuvo a dialogar con ella, era una mujer madura que esperaba el colectivo para llegar a su trabajo y en voz muy baja como en secreto, Pedro le explico su problema y como si fuera una cosa, le ofreció la niña porque ellos de ninguna manera podían criarla. La señora no podía creer lo que escuchaba y no pudo negarse a recibirla.&nbsp; Sofía, en un rincón, tiritaba de miedo y dolor sin poder hacer nada, aferraba a la niña cada vez más fuerte y ya sin lágrimas y sin palabras se dejó manipular otra vez por Pedro.<br><br></div><div>La extraña se quedó con la niña y ellos partieron sin mirar atrás, cada uno a sus vidas para no verse nunca más.<br><br></div><div>El tiempo pasó y Sofía a pesar de su tristeza logro recibirse de Psicóloga, se casó y tuvo dos hijos varones, sin olvidarse nunca de su primera hija.<br><br></div><div>Toda una profesional, tenía un consultorio en su casa que atendía de lunes a viernes por la tarde, allí escuchaba con atención a todos sus pacientes.<br><br></div><div>Hasta que una tarde recibió por primera vez a una joven paciente de sólo 29 años con muchos problemas. Su aspecto le recordó a ella cuando era joven, tenía la edad que tendría su hija, estaba muy triste y ella sólo buscaba una explicación para su vida, quería entender por qué sus padres la abandonaron.&nbsp; Esa pregunta punzó el corazón de Sofía haciéndola recordar lo que tantas veces venía a su memoria: los ojos de su niña que no habían dejado de mirarla aquella triste mañana y de hacerle la misma pregunta ¿Por qué me abandonaste, mamá?<br><br></div><div>Siempre los recuerdos volvían a su mente y a pesar de haber realizado tantas terapias, no lograba superarlo. Sería que ahora debía mirar a los ojos de este presente y contestar todas las preguntas que la joven quería saber. A lo mejor su paciente le respondía a ella todos los interrogantes que ella también se hacía.&nbsp;<br><br></div><div>Como siempre la vida se encarga de nosotros, haciéndonos regresar al pasado de una u otra forma, como una voz que te dice: “hola soy el pasado y estoy frente a ti hablándote, tocándote y saliendo por tus ojos en forma de lágrimas”. <br><br><strong>Autora: Nélida Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:20:33 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>La decisión de María</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668339951</link>
         <description><![CDATA[<div>Siempre cumplió con los mandatos, acató las reglas, obedeció a sus padres, a la religión, a las instituciones escolares, como alumna y también como docente. &nbsp;<br><br></div><div>A partir de hoy la vida cambiaría rotundamente. No le sería fácil, pero estaba decidida a dar ese paso. No crean que no dudó, sí dudó y mucho. Mil veces se preguntó y se respondió, fue y vino con la duda, haber nacido en una familia de militares y teniendo una madre catequista, no era sencillo. Le costó la decisión, pero como dice la canción: “el amor es más fuerte”. Era la primera vez que sentía mariposas en su estómago, la primera vez que se sentía amada. Se había enamorado. Estaba dispuesta a dar batalla, no estaba sola, eran dos.&nbsp;<br><br></div><div>Quedaron en encontrarse a las nueve de la noche en plaza Lavalle.&nbsp;<br><br></div><div>Se puso su mejor vestido. Se perfumó. El maquillaje y el peinado, impecable. Se miró en el espejo de la entrada, se vio bella, nunca se había visto bella, será la felicidad, pensó. Tomó el chal, la cartera, las llaves de la casa y las del auto. Salió.&nbsp;<br><br></div><div>La noche no podía estar más agradable, María revivía en primavera, había nacido en octubre. &nbsp;<br><br></div><div>La luna llena brillante la alumbraba solo a ella, la seguía por las calles y avenidas. Cuando la miró se sobresaltó porque sintió la complicidad. La luna sabía que María aceptaría ese amor pasional y loco, sabía que esta mujer grande se jugaba todo por amor. La luna como testigo.&nbsp;<br><br></div><div>Estacionó por Talcahuano. Era temprano, había llegado media hora antes. Estuvo a punto de bajarse del auto y tomar un café en el Petit Colón. Pero prefirió escuchar lo que estaba sonando en la radio, “Canción para los días de la Vida”, cantada por María Gabriela Epumer, qué oportuno.&nbsp;<br><br></div><div>El sonido de una moto la interrumpió. La moto paró justo en la vereda de enfrente. Una pareja se bajó. Reían a carcajadas. Parecían felices. Se sacaron los cascos. Seguían riendo. Y la vio. Era Julia, con un muchacho. No parecía sólo un amigo. María bajó del auto justo cuando Julia besaba apasionadamente la boca del hombre. Al cerrar de un portazo la puerta del auto Julia dio vuelta su cabeza y vio a María. No supo que hacer.&nbsp;<br><br></div><div>Los ojos de María, eran rayos intensos de fuego, su ira la transportó hacia la cómplice luna testigo de todo. María y la luna, la luna era María. La luna cayó brutalmente desde el cielo hacia la tierra. Julia y su compañero quedaron aplastados. <br><br><strong>Autora: Liliana Romero</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:22:45 UTC</pubDate>
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         <title>Parricida binario</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668340655</link>
         <description><![CDATA[<div>Mi papá me mató. No entendió que yo era la mariposa. Temo por mi mamá y mi hermanito: en ocasiones ella es langosta y él grillo.<br><br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:23:32 UTC</pubDate>
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         <title>Perros y gatos</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668341502</link>
         <description><![CDATA[<div>Cuando Andrea dijo que Callejero esa semana iba a estar en la casa, a Tiger, su gato, se le erizaron los pelos y encorvó su lomo poniéndose en alerta. Callejero se llamaba así porque vivía en la calle, hasta que un auto lo atropelló y entonces los vecinos comenzaron a turnarse para tenerlo en sus casas durante un tiempo, y ahora le tocaba a su dueña. Tiger había pensado que eso no sucedería, cómo se le ocurría a Andrea, traer ese perro, que seguramente era agresivo, sucio y no tendría modales, sabiendo que gatos y perros nunca se llevaron bien. Él no permitiría que viniera a cambiar su vida tranquila y mucho menos que acaparase la atención de su dueña. Él era el amo y señor de esa casa, e iba a hacer valer su condición de tal, faltaba más, se decía a sí mismo, mientras se afilaba sus largas y cuidadas uñas. Escuchó un ruido de llaves, ¡habían llegado! Se estiró bien y salió al encuentro. Ahí estaba el famoso perro, ese tal Callejero… pero… era distinto a como lo había imaginado. Tenía un pelaje limpio y suave, seguramente lo habían bañado antes de traerlo, pensó. Y no parecía agresivo, al contrario, era más bien tímido. Estaba mirándolo, casi con la cabeza baja, quieto, sin hacer un mínimo movimiento. Tiger se sintió dueño de la situación, más seguro. Por lo que una vez más, levantó su cola y dando media vuelta salió al jardín, mirando de vez en cuando hacia atrás a ver si Callejero lo seguía.&nbsp;<br><br></div><div>Y ahí apareció. Observando todo con curiosidad, olfateando por todos lados, hasta que se puso a corretear detrás de unas mariposas. Parecía divertirse. Entonces Tiger también empezó a perseguirlas. Corrían por todo el jardín, entre medio de las flores, chocándose entre ellos, hasta que se convirtió en algo gracioso y se transformó en un juego. Se entretuvieron hasta que empezó a anochecer y las mariposas desaparecieron. Entonces entraron a la casa y se acomodaron los dos a los pies de Andrea, que miraba televisión. <br><br><strong>Autora: Mónica Rosales</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:24:29 UTC</pubDate>
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         <title>Trapecista</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1668345241</link>
         <description><![CDATA[<div>Lucas llegó cantando bajito, sonriente, luminoso. Cara de girasol, tenía.<br><br></div><div>Fue derechito a sentarse en el banco que estaba al lado de la mesa donde Braulio trabajaba. Muy concentrado trabajaba, con una expresión huraña que hubiera desalentado a cualquiera.<br><br></div><div>Pero Lucas, además de ser distraído, tenía un enorme entusiasmo y una motivación que lo hacía inmune a cualquier cara de culo. Una idea fija que le teñía la realidad de color sol.<br><br></div><div>- Che, Braulio, ¡no sabés lo que me pasó anoche!<br><br></div><div>- …<br><br></div><div>- Ayer te conté que tenía que ir al cumpleaños de mi cuñada, ¿te acordás?<br><br></div><div>- Hmm<br><br></div><div>- Bueno, fui. Había un montón de gente porque mi hermano es un exagerado cuando hace fiestas. Y había minas, muchas. Al principio me aburrí porque vos sabés que soy corto y no me animo a encarar gente que no conozco. Estuve un rato dando vueltas, comí unos saladitos que estaban buenos, tomé un vino, y me puse a mirar a los que estaban bailando. Porque además había baile, ¿sabés? Yo no soy bueno bailando y pensé que no iba a haber ninguna mina que quisiera bailar conmigo. Estaban todas muy buenas, parecían estrellas de cine. Mirá si me iban a dar bola a mí. Eso es lo que estaba pensando y a punto de irme, cuando una chica se me acerca y me pregunta si quiero bailar.<br><br></div><div>Pausa de Lucas. Silencio de Braulio. Tic tac hacen los relojes en las paredes del taller.<br><br></div><div>- ¡¡¡No sabés lo que era la piba!!! ¡Una diosa era! Unos ojos… una boca… ¡y un físico de locos! Tenía puesto un vestidito ajustado y corto todo brilloso. ¿Viste las tipas esas que hacían pruebas en los trapecios del circo? Bueno, así era. Yo estaba medio atontado y con la boca abierta, pero ella me agarró del brazo y me llevó a bailar. ¡Y cómo bailaba! Yo hice lo que pude que no fue mucho, pero cuando acabó la pieza, la chica, que se había dado cuenta de que soy un patadura me llevó al balcón y nos pusimos a charlar. En realidad charló ella, porque yo seguía embobado. Y al final me dijo que podíamos ir hoy al campo a comer algo, porque tenía ganas de ver pasto y respirar aire puro. Así que quedamos en que yo la paso a buscar hoy; ella lleva comida y yo llevo bebida. Así que, Braulio, necesito la moto. Me la prestás ¿no?<br><br></div><div>- No.<br><br></div><div>- ¡Cómo que no! ¡¿Pero no entendiste lo que te dije?! ¡¡La necesito, viejo!! ¡No podés hacerme eso! ¡La mina no va a querer ir en bondi! ¡Yo ya le dije que íbamos en moto!<br><br></div><div>- Es tu problema. ¿Para qué le dijiste que iban a ir en moto? ¡Es mía la moto y no te la presto!<br><br></div><div>Tic tac, siguen los relojes.<br><br></div><div>Lucas se levantó del banquito, miró a Braulio con cara de mármol y se fue.<br><br></div><div>A las ocho de la noche Braulio guardó las herramientas, apagó las luces y salió del taller.<br><br></div><div>Sacó las llaves del bolsillo y agarró el candado que cerraba la gruesa cadena con la que ataba la moto al poste de la luz en la vereda. Puso la llave en el candado pero la llave no entraba. Lo intentó de mil maneras pero no hubo caso. Así que caminó una cuadra hasta la cerrajería y volvió con el cerrajero.<br><br></div><div>El hombre agarró el candado, encendió una linterna, lo miró y se rascó la cabeza.<br><br></div><div>- No puedo arreglarlo, amigo. Es un candado complicado y está relleno de chicle. Y es de acero, no tengo herramientas para cortarlo. Y la cadena tampoco. <br><br><strong>Autora: Graciela Rodríguez Mora</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-04 01:28:22 UTC</pubDate>
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         <title>Alas</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1671163616</link>
         <description><![CDATA[<div>Paseó su mirada por la oficina. No era muy amplia pero las paredes pintadas recientemente de color blanco le daban luminosidad. El escritorio reluciente y sobre él una notebook, una lámpara de bronce, un par de carpetas y una lapicera de reconocida marca.<br><br></div><div>Probó el sillón. Era grande, cómodo y mullido. Desde ahí observó al otro lado del escritorio dos sillones más pequeños que completaban el mobiliario.&nbsp;<br><br></div><div>Se acercó a la ventana, no reparó en la vista exterior, solo en la cortina blanca, limpia. La abrió y una brisa fresca rozó su rostro surcado por arrugas, algunas profundas otras incipientes.<br><br></div><div>Ese simple acto de acercarse a la ventana disparó imágenes de su infancia. El rostro severo de su padre, el silencio de su madre, sus primeros diez años en Buenos Aires, en un barrio de clase trabajadora. El departamento de dos ambientes en una torre rodeada de torres. Abrir la ventana del comedor, mirar hacia arriba para atrapar un pedacito de cielo y a los costados sólo ventanas como la suya, todas iguales. Y en ese paisaje urbano y monótono aparecía de vez en cuando una mariposa imposible de tocar. Con su vista seguía el vuelo hasta donde podía. Y se preguntaba, luego de aprender en la escuela que era fruto de una transformación, si sería doloroso para ella. ¿Comprendería que ese dolor tenía la recompensa de volar por un día, una semana…? ¿Cuánto tiempo viven las mariposas? Si la vida lo pusiera en una situación similar, ¿sería capaz de afrontar el dolor?<br><br></div><div>Un día se enteró que, por razones de trabajo de su padre, la familia se instalaría en Córdoba. Aquí las ventanas de su casa daban al jardín y cruzando la calle había un amplio baldío donde en primavera y verano volaban en círculos cientos de mariposas de todos los colores. No se acuerda por qué, pero se asustó y rama en mano, se dedicó día tras día a perseguirlas con el oscuro deseo de exterminarlas.<br><br></div><div>La niñez quedó atrás, la adolescencia fue vivida bajo la dura tutela de su padre y sus estudios se encaminaron a seguir los preceptos paternos de orden y obediencia.&nbsp;<br><br></div><div>Nunca se le ocurrió tomar un camino diferente al designado por su padre. Los años pasaron y casi sin darse cuenta había llegado a los cincuenta con una carrera en continuo ascenso. Había formado una familia ejemplar: su mujer casi invisible, sus hijos obedientes, como debía ser.<br><br></div><div>El llamado a la puerta lo devolvió a la realidad.&nbsp;<br><br></div><div>Su secretario abrió y dijo -Permiso Señor, el Ministro está aquí.&nbsp;<br><br></div><div>Arregló su traje, se acercó a la puerta extendiendo su mano. El ministro entró y luego del saludo formal, su mirada se dirigió a la pared enfrentada a la ventana. Asombrado exclamó -¡Que buena colección!- Mientras observaba detenidamente aquellas alas hermosas , de distintos colores y tamaños, sin vida, atravesadas por un alfiler.&nbsp;<br><br></div><div>Sonrió, volvió la vista a su interlocutor y dijo, no sin sorna -Nunca pensé ver algo así en el despacho del Director de una cárcel. <br><br><strong>Autora: Olga Medrano</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-06 15:48:31 UTC</pubDate>
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         <title>La guerra</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1671164389</link>
         <description><![CDATA[<div>Estamos pertrechados esperando el encuentro con el enemigo. Asumimos la impuesta tarea de la espera de un inesperado ataque de las fuerzas opositoras. Montaña, mi soldado compañero, dice -Los aplastaremos como a cucarachas, haremos trizas su mandato de invasión- Le dije -¡Calma Montaña, calma, que también son humanos! Me miró y cabizbajo dijo -Sí, comprendo que esto derrumba creencias, conveniencias, la moral y el amor por nuestros semejantes. Somos homicidas legales.<br><br></div><div>-Y estamos obligados- arguyó Montaña -El inconsciente colectivo determina actitudes fuera del sentido moral y coarta las posibilidades evolutivas del raciocinio humano.<br><br></div><div>La espera y la conversación se interrumpen. El horizonte pinta una cuadrilla de portentosos tanques de guerra. Nosotros artillados con metralla pesada y cañones de largo alcance. Es el final de la larga espera y nuestro factible traslado hacia el más allá.<br><br></div><div>El cúmulo se acerca y el tronar combusto inicia la refriega. Indescriptible tumulto infernal, desgarradores gritos de seres actores de una tragicomedia ritual.<br><br></div><div>En un mundo de acciones y pasiones el crimen expone la máxima expresión en las contiendas guerreras.<br><br></div><div>Enhiestos, los tanques avanzan, moles de hierro imbatibles. Poderosos arcones que rememoran mitológicas huestes del pasado. Vimanas terrestres que hubieran fascinado al mismísimo Arjuna.<br><br></div><div>Gatillaba la metralla, repetitivo enfoque de balas, dirigidas a lugares inciertos pero que algunas de ellas acertaban al enemigo.<br><br></div><div>Momentos en los que no hay pasado ni futuro, es el ahora, donde no hay cobardía ni deserción, es un presente que aterra y alerta el espíritu ante una muerte inminente.<br><br></div><div>El fragor de la batalla diluye el sentido de protección. Nos convertimos en objetivos de balas perdidas. El terror de ser alcanzado por esa viajera mensajera de muerte, no alcanza para disminuir la fortaleza con que enfrentamos el albur.<br><br></div><div>El humo y el olor de la pólvora impedía divisar al enemigo. Un hueco abrió un tenue telón entre guerreros indivisos que caían sin regreso.<br><br></div><div>Para mi pesar, vi a Montaña caer como una montaña sobre un combatiente enemigo fenecido. Vino a mi memoria su deseo: “Aplastaré con mis botas a las cucarachas” y ahí quedó inerte, sin más levantarse.<br><br></div><div>Cumplió con el mandato, ¡Matar y morir!. ¿Yo? No sé. <br><br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-06 15:49:41 UTC</pubDate>
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         <title>Carta de una víctima de muerte de etiología dudosa</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1671165225</link>
         <description><![CDATA[<div>La araña, por fin, se está muriendo. Poco a poco, día a día, está dejando de disfrutar la vida, está en su cueva, en la mugre de sus paredes, más oscura que nunca, hay mucho olor a humedad. ¡No entra suficiente aire para respirar! Ya no se acuerda, quien es. Hizo tanto daño que prefiere olvidar.&nbsp;<br><br></div><div>Me atrapó en mi juventud, Yo estaba lleno de vida, llevaba la música en el alma, mi sonrisa atraía, me gustaba el baile, pero ella sabía mi debilidad, me atrapó en su tela de araña y no me dejó escapar.&nbsp;<br><br></div><div>Me deseó la muerte, era para ella o para nadie más.&nbsp;<br><br></div><div>Vi mi juventud, esfumarse, mi muerte próxima, me quedaban pocas horas, miré la vida ante mis ojos, sabía que no me permitirías vivir, sabías de mi debilidad.&nbsp;<br><br></div><div>Hoy te veo desde donde estoy, tu cuerpo casi sin respirar; estás mojada, sola, vieja, más vieja que nunca y no por tu edad, no tienes nada para dar, ni bueno, ni malo, ¡Nada para dar!<br><br></div><div>¡Provocaste una muerte, MI MUERTE! ME SOFOCASTE, NO ME DISTE ESPERANZAS, NO ME PERMITISTE FORMAR MI PROPIO HOGAR.&nbsp;<br><br></div><div>Araña ponzoñosa, no entendiste que AMAR, es SOLTAR y no ATRAPAR.&nbsp;<br><br></div><div>Te sofocas, no recuerdas, te enredas, no quieres recordar y por olvidar no puedes ver la luz del día, no lo puedes disfrutar. <br><br><strong>Autora: Cristina Robles</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-06 15:50:54 UTC</pubDate>
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         <title>Fetiche</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1671166626</link>
         <description><![CDATA[<div>Se fue y terminó. Como termina un elefante al final de su cola. Olvidó sus manos y su rostro. Pero evoca cada día su primer orgasmo de chicle masticado. <br><br><strong>Autora: Nani Mondini</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-06 15:52:53 UTC</pubDate>
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         <title>El circo</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1671167758</link>
         <description><![CDATA[<div>A nuestros estatizados cerebros se adhieren milenarias normas que pretenden la construcción de un diario vivir cómodo y estático. Nacido el clan y a efectos de la incipiente organización, se establecieron reglas y alguien apto para hacerlas cumplir. El personaje accedía al poder gracias a que reunía condiciones de mando, osadía y de barbarie enfermiza.<br><br></div><div>La llegada de un circo predispone al pobladío al encanto de lo entretenido y circunstancial. Un día llega, otro se irá y dejará la impronta de algo que sucedió en el vacío del tiempo.<br><br></div><div>El hombre era aguerrido, elocuente y con el magnetismo característico de los buenos políticos. Montó el escenario, armó las listas con partidarios sumisos a su apabullante personalidad. Derrochaba entusiasmo con promesas irrealizables, aunque sí alimentarias para el inconsciente colectivo. Un economista para el siempre desordenado Ministerio de Economía, un especialista al Ministerio de seguridad y así otro tras otro hasta cubrir el andamiaje de un nuevo intento fallido desde su concepción. Y, por último eso sí, una bella y grácil Secretaria que satisfacía elocuentes emociones y deseos prohibitivos en la vida comunitaria. Existía Cámara de Diputados y el Senado donde se cocinaban espurios proyectos que daban sostén a bolsillos personales. Todo esto producía una puerta de entrada que transmutaba honestidad por delincuencia. El espíritu de cuerpo permite estas fechorías y catapulta hacia nuevas dimensiones del poder, hasta se sienten capaces de “amasijar a un punto para amenizar la jornada”.<br><br></div><div>Nada cambia de un político a otro. Todos encaramados a polares ideologías decadentes, o para los pobres o en sintonía con los intereses financieros mundiales. Siniestros organizadores del despropósito. Capaces de cambiar opiniones en acuerdo con circunstancias que convengan a provechos personales personales.<br><br></div><div>Parafernalia que avergüenza al mismo Lucifer.<br><br></div><div>Observaba consternado tamaña perspectiva de un mundo perimido. De pronto desperté y me di cuenta que había estado durmiendo, mejor dicho soñando. No podía creer que el onirismo pudiera llegar tan lejos, precisamente al siglo XXI.<br><br></div><div>Nancy no estaba a mi lado, seguramente preparaba el desayuno. En un estado de enervación emocional, presuroso me acerqué a Nancy y le dije…<br><br></div><div>-No vas a creer, tuve un sueño espeluznante, no sé cómo me devolvió al siglo XXI.<br><br></div><div>-¿Qué soñaste? Espetó Nancy.<br><br></div><div>-¡Con políticos, que había políticos! <br><br><strong>Autor: Eleazar Miranda</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-06 15:54:28 UTC</pubDate>
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         <title>A propósito de Puro cuento</title>
         <author>adultosmayores1</author>
         <link>https://padlet.com/adultosmayores1/purocuento/wish/1671525734</link>
         <description><![CDATA[<div>Mientras de lejanos lugares venían invisibles, doradas y ardientes flechas, sólo perceptibles al tacto, aquí millares y quizás billares de minúsculos elementos se transformaban. Entre dendritas y axón, se entrelazaban registros de incontables historias.&nbsp;<br><br></div><div>El trinar de un pájaro en las ramas del limonero y el vuelo lejano de un ave remite a un episodio muy antiguo, el Arca. Y aquel interrogante de ¿Cómo hizo Noé para atrapar los animales, las aves y reptiles? ¿Hubo elefantes en el Arca? Hoy Noé no está para interrogarlo. Quizás Elsa nos podría decir, ya que ella conoció a Víctor, el elefante que inició una huelga en el circo. En “Un elefante ocupa mucho espacio” los animales junto a Víctor lograron su libertad. Lástima que el elefante de Federico muriera. Quizás el pobre también quería regresar a su querida África, inició una huelga y lo dejaron abandonado. &nbsp;<br><br></div><div>Y recordando romances, está el de Florentino Ariza y Fermina Daza. Ellos no hicieron huelga, se embarcaron en el buque “Nueva Fidelidad”, para vivir un amor en los tiempos del cólera. Entre los efectos personales, no figuraban un encendedor Dupont, ni una lapicera Montblanc, ni pensar en un rolej Rolex. &nbsp;<br><br></div><div>En el menú que los pasajeros disfrutaron esa primera noche no se sirvió conejo. En su lugar, hubo salmón ahumado y champaña.&nbsp;<br><br></div><div>El buque surcaría un río serpenteante, entre los arrebatadores calores y una tupida vegetación.&nbsp; Allí Diego Samaritano, almirante del buque, se sentía a gusto, se podría decir que se sentía “amigo del agua”. A quien prometió navegarlo hasta el fin de sus días junto a su amada Zenaida y sus dos pasajeros amantes.<br><br></div><div>En el “Libro de dendritas, soma y axón”, la historia de amor de Fermina y Florentino puede ser leída en detalle minucioso y relatos interminables de casi sesenta años de amor.&nbsp;<br><br></div><div>Sin querer queriendo, y esto es nota para Ale, que al pasar las hojas del libro, vivenciamos una nueva aventura en “Los tiempos del colesterol”. Allí observamos o nos permitimos o se permite prolongar, al menos, la apariencia de juventud de sus protagonistas.&nbsp;<br><br></div><div>Como si se dialogara con Gabriela Acher quien sostiene que: “Las mujeres somos medio raras”. Entre los millones de neuronas y sinapsis, que permiten la conexión entre las narraciones, estamos de acuerdo, “sí, las mujeres son muy raras”. Amar aún en tiempos tan complejos, contradictorios, entre cumbres borrascosas y en tiempos políticamente desastrosos. &nbsp;<br><br></div><div>Y como una máquina del tiempo, retroceden los cuentos en el “Libro”. Así nos narra, entre sus interminables páginas el amor de Alma en tiempo de la Revolución Libertadora.&nbsp;<br><br></div><div>Para luego sucumbir en un tornado sin regreso. Arrastrados, devorados como Heacly y Caty.&nbsp; ¿Transformarse en ángel? ¿Buenos o malos? Quizás no saberlo jamás.&nbsp;<br><br></div><div>Y de ese espacio indefinido al cual fueron transportados Alma, la bella mariposa que Calderon atrapó, los gatos Heacly y Caty, el elefante de Federico y todos los demás, y ser partícipe de una “fiesta ajena”. Estar presente sin ser invitados. Sin entender quien yace en aquel féretro o debajo de aquellos zapatos o en el baldío. Interrogarse sin sentido. ¿Por qué lloran? ¿Ha muerto un santo? Mas no importa si fue santo o muy malvado. O fue Monsieur the diable.&nbsp;<br><br></div><div>Y como un escarmiento del patrón a los pibes, barremos las hojas hacia atrás. Y nos sorprendemos al reconocer coincidencias, entre lo que leemos, nombres de lugares y de personas que nos son familiares. La onda expansiva de lo escrito en el libro es ilimitado, o quizás limitado por ti, Ale.<br><br></div><div>De pronto un perro empezó a ladrar muy fuerte. Uno de los millonésimos receptores de impulsos nerviosos provenientes desde un axón recordó a cierto perro que corría por la vereda y le ladraba a un colectivo, lo seguía, aceleraba para no quedarse atrás. Eso sí era rarísimo, porque en un momento dado, sus ladridos retumbaron en el interior de la unidad con una fuerza intacta, los dientes blanquísimos en las fauces que ya se cerraban sobre la carne de un pasajero, y sus ojos brillantes que no habían dejado por un instante de estar fijos en él.&nbsp;<br><br></div><div>Es inevitable, en una silla en el fondo de la casa, las millones de neuronas entrelazan historias de amor y tragedias, cotidianas o intermitentes entre lo escrito y vivido como en “Puro cuento” y se pierde como el sol en la tarde, o la luminosidad de las estrellas en el amanecer.&nbsp;<br><br></div><div>- Ya es tarde y está fresco, entremos.&nbsp;<br><br></div><div>Dos luceros vivaces se cruzaron con dos ojos grises y tristes. Una sonrisa pálida se dibujó en un rostro vuelto al firmamento y unas manos que abrazaron tiempos añejos se extendieron. El Libro torpemente se desvaneció. <br><br><strong>Autora: Julia Espinoza</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-07 04:41:15 UTC</pubDate>
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