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      <title>Creamos una historia digital en cadena by MIRIAM GUEVARA ELVIRA</title>
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      <description>Publica tu respuesta para el tema de debate haciendo clic en el botón con el signo &quot;+&quot; abajo.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2025-09-25 12:02:48 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>miriam_guevara</author>
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         <description><![CDATA[<p>Bienvenido a esta historia.</p><p>Voy a contarte lo que le sucedió a un hombre de carácter débil por no querer enfrentarse a sus problemas. Esta historia comienza en una radiante mañana de mayo…</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-10-27 18:05:57 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>raqueltudela1</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3668183540</link>
         <description><![CDATA[<p>Tenía miedo, pero era consciente de que tenía que tomar una decisión. No soportaba más vivir con esa incertidumbre y hastiado de todo, siempre esperando un cambio que nunca llegaba y esperando que las cosas se resolvieran por si solas. Por un momento miró a su alrededor, aquella plaza abarrotada, de gente feliz, viviendo su vida, disfrutando de su familia y de sus amigos. Pero también vio gente como el, sin sonreír, siempre corriendo, sin disfrutar lo que hacían. Fue entonces donde se dio cuenta de que podía elegir, podía seguir huyendo, seguir con su frustración y odiando cada vez más todo lo que hacía o cambiar de rumbo</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-05 15:38:22 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>reginamartinez8</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3668618888</link>
         <description><![CDATA[<p>Ernesto se sentó en el banco y dejó que la carta reposara sobre sus rodillas. Una ráfaga de viento la movió apenas, como si quisiera arrebatársela. Por un instante pensó en dejarla ir, dejar que el destino decidiera por él una vez más. Pero no lo hizo. La sostuvo con fuerza, y en ese gesto reconoció algo que había olvidado: el deseo de tener control sobre su vida.<br>Se levantó. No fue hacia la floristería ni al trabajo. Tomó el camino contrario, el que llevaba al barrio donde creció. Cada paso le pesaba y, sin embargo, se sentía más ligero.<br>Sabía que, al cruzar aquella esquina, podría encontrarse con el pasado que tanto había evitado. Pero ya no quería huir. Tal vez no lo perdonaran. Tal vez no se perdonara a sí mismo. Aun así, siguió caminando. El miedo lo acompañaba, pero por primera vez, caminaban juntos.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-05 20:23:46 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>mariamergelina</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3669851102</link>
         <description><![CDATA[<p>A pesar de la valentía que sentía en ese momento, decidido a actuar de una vez por todas y con el empuje de la carta, que a modo premonitorio le advertía de un desenlace sombrío, se dió la vuelta y tomó rumbo a su trabajo. Trabajo que tras años de desempeño se había convertido en una rutina más. Levantarse, respirar, comer, trabajar y volver a soñar. En sus sueños sí vivía en aquella realidad. La misma que jamás se había atrevido a enfrentar. Una realidad paralela, otra vida. Una en la que sí había luchado contra su dragón negro. Aquel que le aterrorizaba y atormentaba en sus momentos despiertos, que lo obligaba a darse la vuelta y tomar rumbo al trabajo, a comer, respirar y volver a dormir. Sólo en sueños es que se atrevía a vivir plenamente. A afrontar aquella realidad que tanto le atormentaba en su día a día. La carta no se equivocaba. Esa realidad le perseguía allá por donde fuera. Su cabeza era incapaz de parar. Incapaz de ignorar. Incapaz de reaccionar. Solo en sueños resistía el golpe de aquella dura realidad y lograba dar el paso. Mientras tanto, la luz artificial iluminaba una oficina con ventanas cerradas que no se atrevía a abrir por miedo a que el viento le diera el empuje y desordenara su vida para que de una vez hubiera orden y paz en su mente.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-06 10:55:44 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3670094193</link>
         <description><![CDATA[<p>Lourdes Mármol Carrillo... "lo que no enfrentas, te persigue" volvía a retumbar esa frase en su cabeza y decidido a hacer algo que hasta ahora no se había atrevido, abandonó la lúgubre oficina sin dar ninguna explicación. Sólo quería enfrentarse a lo que de verdad le importaba, a lo que quería hacer. Cuando se dirigía al lugar que se había propuesto, para enfrentar la cruda realidad y dejar atrás un pasado atormentado, el móvil empezó a sonar en su bolsillo. No esperaba ninguna llamada, nadie se solía acordar de él, por lo que los timbrazos no le dieron buena espina y se llenó de incertidumbre y curiosidad. Se dispuso a contestar la llamada cuando vio en la pantalla un número que desconocía... </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-06 13:56:30 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>susanamunoz14</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3671728391</link>
         <description><![CDATA[<p>Esa revelación, tan sencilla como profunda, lo golpeó con la fuerza de una ola. Se irguió en el banco, el sol de la tarde filtrándose entre las hojas y calentándole la cara. El número desconocido de la llamada anterior ya no importaba. Lo que de verdad importaba era esa bifurcación mental: seguir siendo un fantasma en su propia vida o, por fin, abrir la ventana y dejar que el viento desordenara todo para reconstruirlo.</p><p>Guardó la carta en el bolsillo interior de su chaqueta, sintiendo el crujido del papel como una promesa. No volvería al trabajo. Su "dragón negro" no estaba en la oficina, sino en la inercia del miedo que lo había anclado por años. Miró hacia el camino que llevaba al barrio de su infancia, el lugar donde se había gestado el gran arrepentimiento.</p><p>El peso en sus pies se transformó en un impulso decidido. No era valentía ciega, sino la exhausta certeza de que la huida era más dolorosa que el enfrentamiento. Comenzó a caminar, dejando atrás la plaza, sus sonrisas efímeras y sus prisas vacías. El pasado lo esperaba, sí, pero ahora iba a su encuentro con los ojos abiertos. Por primera vez en mucho tiempo, Ernesto no iba solo; iba acompañado por la incómoda, pero necesaria, sensación de estar haciendo lo correcto. </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-07 11:07:33 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>mariajesustendero</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3672771146</link>
         <description><![CDATA[<p>Ernesto sabía que no podía seguir huyendo. Reflexionó durante horas. Pensó de nuevo en su madre y en todo lo que le había enseñado durante años. Sin darse cuenta, ya había pasado toda la mañana. Había ido de un sitio a otro. Incluso había robado dinero de un banco. Realmente, ¿era consciente de todo lo que estaba pasando? Volvió a mirar la carta y, en la parte inferior a la derecha, &nbsp;encontró otras frases que decían: “Sé valiente. Supera tus obstáculos y vive de nuevo la vida”. Y eso fue lo que hizo. Inmediatamente llamó a su madre, la persona en la que más confiaba de este mundo. Ella le había dado la vida y él era lo que era gracias a ella.</p><p><br/></p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-08 10:39:49 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>ameliagarcia2</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3675547752</link>
         <description><![CDATA[<p>La voz de su madre al otro lado del teléfono lo desarmó. No hubo reproches ni preguntas, solo un silencio cálido como un abrazo, el mismo que lo había arropado de niño cuando el mundo parecía demasiado grande. En ese instante, Ernesto comprendió que no necesitaba escapar ni redimirse con gestos grandiosos: bastaba con volver a lo esencial, con reparar lo que aún podía salvar. Mientras escuchaba a su madre hablar, sintió que algo dentro de él se acomodaba por fin, como si cada palabra tejiera una nueva oportunidad, como un puzle que de repente encaja. Cuando colgó el teléfono, el sol se ponía ya tras los edificios, visrtiendo el cielo de un naranja suave. Ernesto guardó la carta en el bolsillo, pero esta vez no le ardía: pesaba distinto, como un recordatorio de todo lo que aún estaba por llegar.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-10 15:33:12 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>alvarosalinas2</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3678826069</link>
         <description><![CDATA[<p>Ernesto caminó sin rumbo fijo, pero por primera vez sentía que avanzaba. El viento le despeinaba el cabello y el murmullo de la ciudad parecía acompañar sus pasos. No sabía si encontraría a Clara ni si el perdón llegaría algún día, pero ya no importaba. Había decidido vivir con los ojos abiertos, sin esconderse tras excusas ni silencios. Al llegar al puente, miró el reflejo del agua y sonrió: seguía siendo él, pero distinto. La carta ya no ardía en su bolsillo, ahora latía con él, recordándole que toda huida termina cuando uno se atreve a volver a empezar.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-12 07:48:02 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>jorgeangelmartinez</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3678836098</link>
         <description><![CDATA[<p>Ernesto llegó a casa cuando el sol ya se escondía. Todo estaba en silencio, como si el mundo le diera una tregua. Dejó la carta sobre la mesa y respiró hondo. Por primera vez en mucho tiempo, no sintió miedo. No sabía qué pasaría mañana, pero tenía claro que no volvería a huir. Miró por la ventana y pensó en su madre, en Clara y en todo lo que había aprendido. A veces, enfrentarse a uno mismo es el mayor acto de valentía. Sonrió, tomó un papel en blanco y escribió: “Hoy empiezo de nuevo”</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-12 07:56:36 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>analasheras2</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3678980130</link>
         <description><![CDATA[<p>Ernesto dejó el papel sobre la mesa. El silencio de la casa seguía allí, pero ya no le pesaba; ahora lo sentía como un espacio nuevo, un lienzo en blanco.</p><p>Fue hasta el armario y sacó una vieja mochila. Dentro guardó solo lo necesario: una muda de ropa, un cuaderno, y el libro que su madre le había regalado cuando era joven, aquel que nunca había tenido tiempo de leer. Se detuvo un momento, miró a su alrededor y entendió que no necesitaba más.</p><p>Al salir, el aire frío de la noche le acarició el rostro. Caminó sin rumbo fijo, guiado solo por el deseo de moverse, de dejar atrás lo que ya no le pertenecía. Pasó por calles que conocía de memoria, pero que ahora le parecían distintas, como si cada rincón escondiera una promesa.</p><p>Al llegar a la estación de tren, se detuvo frente al tablero de destinos. No tenía un plan, pero tampoco lo necesitaba. Eligió un lugar al azar, uno que nunca había visitado. Compró un billete, se sentó junto a la ventana y miró cómo el tren arrancaba.</p><p>Mientras la ciudad quedaba atrás, sintió que algo dentro de él también se despedía: el miedo, la culpa, la costumbre. Cerró los ojos, apoyó la cabeza en el cristal y sonrió.<br>Había cumplido su promesa. Había empezado de nuevo.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-12 09:56:12 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>antoniojosepalacios</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3679149127</link>
         <description><![CDATA[<p>¿Qué le depararía ese nuevo comienzo? Ernesto pensaba en todas las posibilidades que se presentarían aunque, por encima de todo, lo que más le reconfortaba era librarse del lastre del miedo, de la apatía, de la inactividad. No dejaba de pensar en el "Hoy empiezo de nuevo".</p><p>Dándole vueltas a la cabeza, se quedó dormido. Cuando despertó, se dio cuenta de que alguien muy importante para él estaba también en el vagón de ese tren. Era Clara. Ernesto tragó saliva y empezó a sofocarse. ¿Acaso aquello era una señal para que le dijese todo lo que sentía por ella y se desahogase? Quizás era mejor que simplemente dejase ese tema enterrado y se centrase en su nueva vida... o quizás no.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-12 12:19:31 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>borjallano</author>
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         <description><![CDATA[<p>Ernesto la observó en silencio durante unos segundos que se sintieron eternos. Clara estaba sentada junto a la ventana, leyendo, ajena a su presencia. La luz del amanecer se reflejaba en su rostro, y por un instante, todo el ruido del tren desapareció. Él recordó el pasado, las palabras no dichas, los errores y las despedidas apresuradas. Su corazón latía con fuerza, entre el miedo y la esperanza. No sabía si debía hablarle o dejarla tranquila, pero comprendió que aquella coincidencia no era casualidad: el destino le estaba dando una segunda oportunidad. Respiró hondo, se levantó despacio y caminó hacia ella. Cuando Clara levantó la mirada, sus ojos se cruzaron, y el tiempo pareció detenerse.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-13 11:30:31 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>encarnacionsanchez12</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3681724410</link>
         <description><![CDATA[<p>ENCANRACIÓN SANCHEZ</p><p>El tren avanzaba lento entre montañas cubiertas de niebla. Ernesto observaba el reflejo de Clara en la ventana, su sonrisa temblando al compás del traqueteo. Habían coincidido por azar, dos billetes, un destino compartido. Hablaron de libros, de sueños, del miedo a llegar demasiado pronto. Cuando el sol comenzó a colarse entre los árboles, sus manos se encontraron, primero por accidente, luego con certeza. El tren silbó al entrar en la estación final. Ninguno quiso bajar. Afuera los esperaba la rutina, pero dentro del vagón nació algo nuevo: un viaje que ya no necesitaba raíles.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-13 19:22:04 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>irisros3</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3684572912</link>
         <description><![CDATA[<p>Entonces, se quedó un rato pensando en atender esa llamada que le hacía alguien a quien no conocía o, por lo menos, no tenía registrado en sus contactos, o simplemente pasar, no hacer nada como siempre había hecho ante lo desconocido. Fue entonces cuando, sin darse apenas cuenta, su dedo pulgar pulsó en la tecla de aceptación de la llamada y una voz, que el no desconocía totalmente , le decía que se trataba de una agencia de viajes y querían hacerle unas preguntas para saber cuáles eran los gustos de la mayoría de los viajeros para poder, así, confeccionar una serie de viajes que cumpliesen con las expectativas de la gran mayoría del público. </p><p>Ernesto, no sabía qué hacer: colgar sin más o dejarse llevar por el juego de preguntas y respuestas. De repente, se tuvo que enfrentar a la primera: "Cuándo fue la última vez que viajó usted?". Su respuesta tardó unos instantes en salir de su boca y aún dudaba en colgar, pero ....</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-16 10:51:44 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>anaripoll2</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3684603304</link>
         <description><![CDATA[<p>ANA RIPOLL </p><p><br/></p><p>Ernesto y Clara bajaron del tren y comenzaron a pasear por la ciudad. Ella vivía allí desde que abandonó el barrio en el que crecieron juntos, pero para él era todo desconocido. Por primera vez en años Ernesto estaba disfrutando ese vértigo que producen los cambios. En las últimas 48 horas había puesto su vida patas arriba. </p><p>Pasaron por delante de una librería y decidieron entrar. Justo en ese momento a Ernesto le asaltó una duda que lo cambiaría todo de nuevo: ¿quién le dejó esa carta en el buzón? </p><p>Se recordó a sí mismo escribiendo esas palabras una y otra vez en una pequeña libreta que lo había acompañado durante su adolescencia. Se vio reflejado en un espejo llevando el pijama azul que llevaba durante los ingresos en el hospital psiquiátrico donde lo trataban tras sus brotes psicóticos. </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-16 11:41:31 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>marinadequinta</author>
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         <description><![CDATA[<p>MARINA Q.</p><p>En ese momento Ernesto miró a Clara, tembloroso y asustado por si esta vez esa situación era real o volvía a tener un brote, quería continuar junto a ella paseando por aquel maravilloso barrio que los vio crecer...¿pero era real?.</p><p> Rápidamente, asustado, blanco y tembloroso cruzó la acera entre los coches y  entró en una cafetería, sacó del bolsillo una caja de pastillas, pidió una botella de agua al camarero y se sentó en la mesa junto a la ventana. Debía tomar la pastilla para no recaer. </p><p>Clara cruzó la calle entre los coches que frenaban para no atropellarla, entró en el bar preocupada, se sentó junto a el y le cogió la mano para darle confianza y que no temiera por nada.</p><p>La vida son dos días y hay que intentar disfrutar, con cuidado pero disfrutar.</p><p>Ernesto la miró y se fundieron en un profundo abrazo difícil de olvidar. Debían continuar su camino hacia el destino, un destino que era una incógnita pero que debían hacer juntos.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-16 20:17:13 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Ana Belén Nicolás Gonzálvez</p><p>Miró el reloj. Eran los ocho. En ese momento comprendió que su deber era salir de la oficina para poder enfrentarse a esa realidad de la que había huido tanto tiempo y de la que ya no podía escapar. Necesita esa paz y tranquilidad que había anhelado durante tantos años y que solo se la proporcionaría el enfrentarse a su destino. Ya no cabían más excusas ni más huidas. Esa llamada era una llave hacia esa liberación; sin embargo, no resultaría fácil. El miedo se apoderada en cada paso de Alberto, pero él seguía sin detenerse, dispuesto a luchar contra todos esos miedos ocultos y apartados en lo más profundo de su ser durante tanto tiempo.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-18 09:07:48 UTC</pubDate>
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         <author>rafaelsanchez7_1</author>
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         <description><![CDATA[<p>Rafael Sánchez Martínez</p><p><br></p><p>Ernesto sintió la mano de Clara, lo que le dio algo de estabilidad mental. El miedo a tener un brote psicótico, junto con la imagen de su pijama de hospital, se hizo menos intenso. La presencia de Clara era real, y él se concentró en la caja de pastillas que llevaba como prueba de su lucha.</p><p>Clara le preguntó si estaba bien, visiblemente preocupada.</p><p>Ernesto le dio una sonrisa débil y le dijo que solo era "vértigo". Le explicó que verla y estar en esa ciudad era mucho para él.</p><p>Clara le agarró la mano. Ella entendía la situación y le aseguró que, fuera lo que fuese, lo afrontarían juntos y que él ya no estaba huyendo.</p><p>Ernesto miró el lugar: la cafetería, la gente, los libros. Todo parecía muy real. Se preguntó si la carta y el robo fueron solo formas exageradas de su deseo de cambiar. Decidió que no importaba. Dejó las pastillas en la mesa, sin tomarlas.</p><p>—Tienes razón —contestó con voz más segura—. Tomemos el café que no pedimos y luego exploremos esta ciudad. No como alguien que huye, sino como alguien que se queda.</p><p>Salieron del café juntos. El futuro era incierto, pero sentían que estaban dejando atrás la etapa de evadir las cosas.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-18 16:39:07 UTC</pubDate>
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         <author>luciavalero2_1</author>
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         <description><![CDATA[<p>Lucía Valero R.</p><p><br/></p><p>Mientras paseaban juntos por la calle, Ernesto se daba cuenta de que ese paseo le ayudaba a despejar sus cabeza. Clara paseaba de su brazo, para sentir el calor. Al pasar por una plaza donde unos niños jugaban, gritaban y corrían, Ernesto le dijo a Clara que le hacía recordar su infancia junto a ella. Ambos sonrieron. Sin embargo, de repente, una sirena de ambulancia cortó ese momento tan bonito. Ernesto pronto cambió el semblante y Carla era tan empática que no necesitaba palabras para comprenderlo. Sin embargo, en ese momento Ernesto dijo: Quizás... quizás debería pedir ayuda. Por nosotros. ¿Qué opinas?</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-18 17:14:41 UTC</pubDate>
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         <author>mariateresagomez6</author>
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         <description><![CDATA[<p><br/></p><p>Se tomaron el café tranquilamente y caminaron juntos por las calles de la ciudad. El ruido de los coches y la gente parecía amortiguado como si estuvieran en una burbuja.</p><p>Cuando llegaron al departamento, Ernesto se sentó en el sofá, todavía un poco inquieto, mientras Clara le preguntó con delicadeza.</p><p>—¿Quieres contarme cómo te sientes ahora? —preguntó ella, mirándolo con paciencia.</p><p>Ernesto respiró profundo y empezó a hablar, sus palabras vacilantes al principio, pero luego con más seguridad. Le contó el miedo que sentía al pensar que podía perder el control, del cansancio de luchar contra su mente y de la esperanza que ella le había devuelto al mostrarle que no estaba solo.</p><p>No tienes que pasar por esto solo, y yo sé cómo ayudarte en esta lucha.—dijo finalmente Clara con decisión.</p><p>—Gracias, Clara. Por quedarte. Por no dejar que me hunda —dijo él, apretando su mano.</p><p>—Siempre estaré aquí —respondió ella con una sonrisa—. Juntos podemos con esto. Te quiero, te quiero.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-20 12:31:50 UTC</pubDate>
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         <author>mariacaravaca</author>
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         <description><![CDATA[<p>María Caravaca</p><p><br/></p><p>Fue en ese momento cuando oyó una voz familiar que lo llamaba.</p><p>-¡Ernesto!</p><p>Era ella. Esa voz... era paz. De repente todo estaba en calma. De repente todo era más fácil y sintió que era el momento de descansar. </p><p>-Lo que no enfrentas te persigue.-dijo.</p><p>-¿Cómo dices?</p><p>-No puedo enfrentarlo.</p><p>-¿A qué te refieres?- Contestó Clara mientras tomaba su mano con cierto desasosiego. Como cuando sabes que algo va mal, y necesitas ayudar pero no sabes ni cómo. Como si por coger a alguien de la mano todo fuera a ser más fácil. Y en cierto modo lo fue. Fue lo que Ernesto necesitaba para vomitar todo lo que llevaba dentro de una vez por todas. Enseguida todo le resultó asumible, claro y en orden. La decisión estaba tomada. La realidad se le planteaba lúcida.</p><p>-No puedo con esto. No puedo solo. Te necesito.</p><p>Se echó a llorar. Lloró mucho. Lloró fuerte. Deshizo el nudo lágrima a lágrima. Gota a gota alivió la sensación que había estado embutiendo su pecho de manera constante durante los últimos días.</p><p>Se fundieron en un abrazo y Clara le acariciaba la nuca y la espalda. Le apretaba fuerte y le dijo al oído:</p><p>-Yo iré contigo. No te pienso soltar.</p><p>Un nuevo ingreso era el siguiente destino. Esta vez Ernesto ingresaba de manera consciente. Era conocedor de su realidad. </p><p>Comenzaba una nueva etapa. Pero nueva de verdad, porque esta vez estaba dispuesto a todo con tal de recuperar su vida.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-21 21:41:46 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>maicadelengua</author>
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         <description><![CDATA[<p>Así que allí estaba otra vez. Dentro de ese grande y viejo hospital, metido en la misma habitación de siempre, con el mismo pijama azul. Se suponía que este color tan neutro ayudaba a los pacientes a calmar su mente, “nada de colores chillones” le dijo una vez la doctora Ramírez. Pero estaba vez todo era diferente. Era él quien había decidido volver a aquel viejo edificio, era él quien había tomado esa decisión porque era lo mejor para él, no. Lo mejor para ellos porque Clara no había soltado su mano hasta el último momento. “Vendré a por ti dentro de 15 días” le dijo despidiéndose de él con un dulce y delicado beso en los labios.</p><p><br/></p><p>15 días y volvería a estar junto a ella.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-22 17:02:36 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>angeles_perez3</author>
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         <description><![CDATA[<p>Los primeros días en el hospital fueron extraños para Ernesto. El silencio de la habitación contrastaba con el tumulto de su mente, pero por primera vez en mucho tiempo no sentía que luchaba solo. Cada mañana, al despertar, recordaba las palabras de Clara y aquel beso que le había dejado una calma desconocida. En las sesiones con la doctora Ramírez empezó a hablar sin miedo, despacio, deshaciendo nudos que llevaba años apretando. Algunas noches temblaba, temiendo retroceder, pero entonces imaginaba la mano de Clara entrelazada con la suya y lograba respirar. El día ocho recibió la primera carta de ella: pocas líneas, pero suficientes para recordarle que el mundo fuera seguía girando y lo esperaba. Fue entonces cuando entendió que su vida no se había roto, solo estaba en pausa. Y esta vez, Ernesto estaba dispuesto a reconstruirla, paso a paso, para volver a caminar junto a Clara.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-23 18:59:27 UTC</pubDate>
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         <author>RosaOrtegaGarcia</author>
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         <description><![CDATA[<p>El día catorce amaneció con una claridad inusual. Ernesto se miró al espejo, el rostro más delgado, pero la mirada, por fin, clara. Había pasado las últimas horas con un cuaderno, no escribiendo sobre sus miedos, sino planeando el futuro: un pequeño viaje con Clara, la búsqueda de un nuevo trabajo que no odiara, y lo más importante, una visita a su madre.</p><p>La doctora Ramírez entró a la mañana siguiente con una sonrisa genuina. </p><p>- "Ernesto, el alta está lista. Pero antes de irte, hay algo que debes saber". </p><p>Le entregó una libreta vieja, la misma que Ernesto había usado de adolescente. En la portada, con su propia letra de hace años, leyó: “Lo que no enfrentas, te persigue.” Y una posdata en una caligrafía ajena, la de la doctora: "Ernesto, esta es la carta que encontraste en tu buzón. La escribiste tú mismo hace años, en un intento lúcido de dejarte un mensaje. Nunca fue una amenaza, sino un recordatorio de la persona que sabías que podías ser. Ahora, ve y sé él."</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-24 14:48:31 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>irenemontesinos3</author>
         <link>https://padlet.com/miriam_guevara/e0nno63klrzfoqrn/wish/3696418843</link>
         <description><![CDATA[<p>Ernesto sostuvo la libreta entre las manos durante un largo instante, sintiendo cómo todo dentro de él se recolocaba en silencio, como si al fin pudiera ver con nitidez un hilo que siempre había estado ahí, guiándolo sin que él lo supiera. Las palabras que escribió siendo apenas un adolescente resonaban ahora con un sentido nuevo, más profundo, más urgente. No eran un aviso oscuro ni una advertencia de castigo, sino un faro encendido por su propio yo del pasado, una llamada a volver a sí mismo. Por primera vez en mucho tiempo no sintió miedo al futuro, sino una especie de vértigo cálido, una invitación a empezar de verdad.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-24 14:52:03 UTC</pubDate>
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         <author>gloriagarre</author>
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         <description><![CDATA[<p>Gloria Garre Melgarejo</p><p>No lo pensó más, se vistió y recogió los pocos objetos que le habían acompañado en este viaje y se preparó para salir del hospital, para comenzar una nueva vida junto a Clara.</p><p>Esta le esperaba en el hall del edificio con una gran sonrisa. Según lo vio se le echo a los brazos. Se fundieron en un abrazo cálido, se besaron y se dispusieron a salir de ahí para no volver jamás.</p><p>Fuera ya había un taxi esperándolos para llevarlos a casa. Una casa que Clara había renovado en estos días para que el cambio fuera profundo en sus vidas, para que no quedase nada feo del pasado, las viejas cartas ya olvidadas y la vida brillante al frente y Clara a su lado.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-11-24 19:03:38 UTC</pubDate>
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         <author>lauramorales210</author>
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         <description><![CDATA[<p>Al darse cuenta que él era la única persona que podía ser dueña de <strong>su propia felicidad</strong>, su perspectiva cambió radicalmente. Comprendió que había estado buscando validación y propósito en fuentes externas, lo que solo le había traído decepción.</p><p>Inspirado por esta revelación, decidió tomar las riendas de su vida. Se sentó a su escritorio y comenzó a escribir una <strong>carta</strong>. No era una carta para nadie más, sino para sí mismo, un manifiesto de su nueva independencia y un compromiso con su bienestar. En ella, detalló sus metas, sueños y la promesa de valorarse por encima de todo. Al sellar el sobre, sintió una paz que nunca antes había experimentado, sabiendo que el cambio real comenzaba desde dentro.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-03 17:05:10 UTC</pubDate>
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         <author>alexandermartinez43</author>
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         <description><![CDATA[<p>Alexander Martínez</p><p><br></p><p>Dejó el cuaderno sobre la mesita de madera y cogió el teléfono que tenía a su lado. Decidió llamar a su madre y decirle lo que había pasado los últimos días, el cambio tan drástico y necesario que había tomado su vida. Pero, tras el quinto intento de llamarla y no obtener respuesta alguna, decidió dejarlo para más tarde.&nbsp;</p><p>De forma resuelta, Ernesto pensó en lanzarse en una tarea que le carcomía las entrañas y la cabeza a partes iguales. Con paso ligero salió de la habitación y bajó las escaleras recién pulidas hasta la planta baja de la casa. Allí, al final del pasillo, encontró la pequeña habitación que Clara había renovado con más esmero para él. Un pequeño despacho que ahora se encontraba en penumbras. Cuando prendió la luz, la pequeña habitación decorada en tonos melocotón le dio la bienvenida con una calidez que le llegó al alma. El escritorio de madera desgastado y familiar le dio la bienvenida con su viejo portátil y la lámpara de escritorio que conservaba de su padre,&nbsp;enfrente una silla de escritorio acolchada y nueva lo recibía. Lo único que desentonaba en aquella habitación eran las pilas de libros y papeles a los lados del escritorio.</p><p>Sin mirarlos mucho, ni hacerle mucho caso se sentó en la silla mullida y encendió el ordenador. Apenas tardó unos segundos en inciarse.&nbsp;</p><p>Hace apenas unos días, sentarse enfrente de esa pantalla habría sido casi una sentencia de tortura para su ya cansado cuerpo. Pero, ahora, prometía una infinidad de caminos que tomar y que futuros que se desplegaban&nbsp;ante él. Era hora de buscar un nuevo futuro, un nuevo trabajo en donde no se tuviera que conformar con compañeros envidiosos y miradas vacías ni jefes sin corazón que no lo miraban dos veces.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-04 14:32:52 UTC</pubDate>
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         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>María del Carmen Fernández</p><p><br></p><p>Se sentó en la silla mullida y encendió el ordenador. Apenas tardó unos segundos en iniciarse. Hace apenas unos días, sentarse enfrente de esa pantalla habría sido casi una sentencia de tortura para su ya cansado cuerpo. Pero, ahora, prometía una infinidad de caminos que tomar y qué futuros que se desplegaban ante él. Era hora de buscar un nuevo futuro, un nuevo trabajo en donde no se tuviera que conformar con compañeros envidiosos y miradas vacías ni jefes sin corazón que no lo miraban dos veces.</p><p>Ernesto deslizó su dedo por el ratón táctil y abrió una pestaña en blanco. Lo primero que hizo fue buscar las ofertas de empleo de una pequeña editorial que había admirado desde lejos durante años. Se llamaba "Letras Nómadas" y su lema era precisamente lo que él anhelaba: "Contar historias que viajan, vivir historias que inspiran". Había oído que el ambiente de trabajo era colaborativo y que valoraban la creatividad por encima de las horas extra no remuneradas.</p><p>Mientras navegaba por la sección de "Trabaja con Nosotros", una sensación de energía renovada le recorrió el cuerpo. No era la urgencia desesperada de quien necesita pagar las cuentas a fin de mes, sino la emoción del cazador que avista una presa valiosa después de una larga búsqueda. Se detuvo en una vacante para "Editor de Contenido Digital". Sus ojos se movieron rápidamente sobre la descripción: "Buscamos un profesional con pasión por la narrativa, con experiencia en la adaptación de textos a formatos web y con una mente abierta a las nuevas tecnologías y a la inteligencia artificial como herramienta de apoyo." Leyó la última frase dos veces. <em>¿Inteligencia artificial?</em> Eso era nuevo y fascinante. Su antiguo jefe habría despedido a alguien solo por sugerirlo.</p><p>Ernesto sonrió. Este no era un trabajo, era una aventura. Abrió un nuevo documento de texto y comenzó a perfilar su currículum. La luz anaranjada de la lámpara de su padre se reflejaba suavemente en la pantalla, iluminando su determinación. Estaba listo para escribir su próximo capítulo.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-05 09:58:40 UTC</pubDate>
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         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Marta Semitiel Giménez</p><p><br/></p><p>Trabajar con la inteligencia artificial era tan emocionante… “Debo adaptar mi currículum para que no presientan que soy un novato en este campo”. Entonces se acordó de Rosa, su gran amiga especialista en todas las inteligencias artificiales que había hasta el momento. Hacía meses que no la llamaba, pero ella era de esas amistades que siempre guardan un gran abrazo verbal detrás del teléfono.</p><p>Tras varios tonos, Rosa descolgó:</p><p>– ¡Hombre! ¡Dichosos los oídos que te escuchan! ¿Qué te cuentas? ¿Cómo estás?</p><p>– Hola, preciosa. Yo bien, aquí ando renovando el currículum… y me he acordado de ti…</p><p>– ¿Renovando el currículum? ¿Y eso?</p><p>– Pues mira, ya llegó el momento. Lo he dejado, tía. No podía más… Ya te contaré cuando nos veamos en ese café que llevamos posponiendo más de un año.</p><p>– Vale. ¿En qué te puedo ayudar? Porque me llamas para que te ayude, ¿a que sí?</p><p>– Cómo me conoces… A ver, sí. He visto una oferta de trabajo que me interesa. Es para ser creador de contenido digital, pero claro, la oferta dice que se trabaja con inteligencia artificial, y he pensado: quién mejor que mi amiga Rosa para que me ponga al día de las herramientas más punteras… Yo qué sé, para que me ayudes a enfocar el currículum.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-08 11:28:29 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[<p>Marta Semitiel Giménez</p><p><br/></p><p>Trabajar con la inteligencia artificial era tan emocionante… “Debo adaptar mi currículum para que no presientan que soy un novato en este campo”. Entonces se acordó de Rosa, su gran amiga especialista en todas las inteligencias artificiales que había hasta el momento. Hacía meses que no la llamaba, pero ella era de esas amistades que siempre guardan un gran abrazo verbal detrás del teléfono.</p><p>Tras varios tonos, Rosa descolgó:</p><p>– ¡Hombre! ¡Dichosos los oídos que te escuchan! ¿Qué te cuentas? ¿Cómo estás?</p><p>– Hola, preciosa. Yo bien, aquí ando renovando el currículum… y me he acordado de ti…</p><p>– ¿Renovando el currículum? ¿Y eso?</p><p>– Pues mira, ya llegó el momento. Lo he dejado, tía. No podía más… Ya te contaré cuando nos veamos en ese café que llevamos posponiendo más de un año.</p><p>– Vale. ¿En qué te puedo ayudar? Porque me llamas para que te ayude, ¿a que sí?</p><p>– Cómo me conoces… A ver, sí. He visto una oferta de trabajo que me interesa. Es para ser creador de contenido digital, pero claro, la oferta dice que se trabaja con inteligencia artificial, y he pensado: quién mejor que mi amiga Rosa para que me ponga al día de las herramientas más punteras… Yo qué sé, para que me ayudes a enfocar el currículum.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-08 11:30:54 UTC</pubDate>
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         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Marta Semitiel Giménez</p><p><br/></p><p>Trabajar con la inteligencia artificial era tan emocionante… “Debo adaptar mi currículum para que no presientan que soy un novato en este campo”. Entonces se acordó de Rosa, su gran amiga especialista en todas las inteligencias artificiales que había hasta el momento. Hacía meses que no la llamaba, pero ella era de esas amistades que siempre guardan un gran abrazo verbal detrás del teléfono.</p><p>Tras varios tonos, Rosa descolgó:</p><p>– ¡Hombre! ¡Dichosos los oídos que te escuchan! ¿Qué te cuentas? ¿Cómo estás?</p><p>– Hola, preciosa. Yo bien, aquí ando renovando el currículum… y me he acordado de ti…</p><p>– ¿Renovando el currículum? ¿Y eso?</p><p>– Pues mira, ya llegó el momento. Lo he dejado, tía. No podía más… Ya te contaré cuando nos veamos en ese café que llevamos posponiendo más de un año.</p><p>– Vale. ¿En qué te puedo ayudar? Porque me llamas para que te ayude, ¿a que sí?</p><p>– Cómo me conoces… A ver, sí. He visto una oferta de trabajo que me interesa. Es para ser creador de contenido digital, pero claro, la oferta dice que se trabaja con inteligencia artificial, y he pensado: quién mejor que mi amiga Rosa para que me ponga al día de las herramientas más punteras… Yo qué sé, para que me ayudes a enfocar el currículum.</p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-08 11:32:54 UTC</pubDate>
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         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Marta Semitiel Giménez</p><p><br/></p><p>Trabajar con la inteligencia artificial era tan emocionante… “Debo adaptar mi currículum para que no presientan que soy un novato en este campo”. Entonces se acordó de Rosa, su gran amiga especialista en todas las inteligencias artificiales que había hasta el momento. Hacía meses que no la llamaba, pero ella era de esas amistades que siempre guardan un gran abrazo verbal detrás del teléfono.</p><p>Tras varios tonos, Rosa descolgó:</p><p>– ¡Hombre! ¡Dichosos los oídos que te escuchan! ¿Qué te cuentas? ¿Cómo estás?</p><p>– Hola, preciosa. Yo bien, aquí ando renovando el currículum… y me he acordado de ti…</p><p>– ¿Renovando el currículum? ¿Y eso?</p><p>– Pues mira, ya llegó el momento. Lo he dejado, tía. No podía más… Ya te contaré cuando nos veamos en ese café que llevamos posponiendo más de un año.</p><p>– Vale. ¿En qué te puedo ayudar? Porque me llamas para que te ayude, ¿a que sí?</p><p>– Cómo me conoces… A ver, sí. He visto una oferta de trabajo que me interesa. Es para ser creador de contenido digital, pero claro, la oferta dice que se trabaja con inteligencia artificial, y he pensado: quién mejor que mi amiga Rosa para que me ponga al día de las herramientas más punteras… Yo qué sé, para que me ayudes a enfocar el currículum.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-08 11:34:10 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>franciscamartinez17</author>
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         <description><![CDATA[<p>FMA. Rosa rio al otro lado del teléfono, con esa mezcla de cariño y entusiasmo que siempre la impulsaba.</p><p>—Claro que sí, pásame tu currículum y lo revisamos juntos. Y escucha… estoy orgullosa de ti. De que te muevas, de que elijas.</p><p>Ernesto sintió un nudo leve en la garganta. Nadie se lo había dicho así antes. Volvió a mirar la pantalla, el cursor parpadeando sobre la primera línea de su nueva historia profesional. Tal vez no dominara todo aún, pero ya no dudaba de que podía aprender.</p><p>—Gracias, Rosa. Esta vez… quiero hacer las cosas diferente.</p><p>Y escribió: “Perfil”.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-12-08 21:59:55 UTC</pubDate>
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