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      <title>Entrevista maestro Paul by Gabriela Guevara</title>
      <link>https://padlet.com/gatbriela/dsbz2ain2qja</link>
      <description>Sobre las emociones en la labor docente</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2017-12-16 06:52:03 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2017-12-16 15:34:53 UTC</lastBuildDate>
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         <title>CGGG (entrevistadora: Claudia Gabriela Guevara Gómez)</title>
         <author>gatbriela</author>
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         <description><![CDATA[<div>Buenas noches maestro Paul, hace tiempo que nos conocemos, ¿cuánto hace? 15 años, quizá más. Aún recuerdo que éramos compañeros de escuela en la primaria, tú en el A y yo en el B. Hoy te pido que resuelvas esta pequeña entrevista, sé muy bien que tú, como yo al estudiar en una escuela con 11 mil alumnos (desde primaria hasta bachillerato), no somos ajenos a tener una conciencia desde pequeños de la importancia del control de nuestras emociones, sin embargo, esto no tiene que ver con reprimirlas sino más bien con explorarlas a través de diversas formas. Te felicito por el libro de cuentos que recién publicaste y por el que ya viene en camino.&nbsp;<br>Sé también que desde hace algunos años ambos hemos caminado por la vereda de la educación siendo maestros. Esto ha puesto a prueba nuestras emociones. ¿Cómo te ha ido al respecto? ¿Qué experiencias previas a tu labor docente puedes relacionar con tu manejo de la llama inteligencia emocional? Quisiera que me cuentes sobre algún conflicto (con tus directivos, compañeros maestro o alumnos) en el que tu autocontrol y capacidad de resolver conflictos hayan sido puestos a prueba por tus emociones.&nbsp;</div><div><br><br></div><div><br><br></div><div>&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2017-12-16 06:52:22 UTC</pubDate>
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         <title>PAS (entrevistado: Mtro. Paúl Aguilar Sánchez)</title>
         <author>gatbriela</author>
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         <description><![CDATA[<div>CONTESTAR AQUÍ </div>]]></description>
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         <pubDate>2017-12-16 07:06:54 UTC</pubDate>
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         <title>Querida Gaby; sí, quizá sean más de 15 años. Es curioso que preguntes sobre las emociones; no hace mucho enviaron a los docentes de mi zona escolar a tomar un taller sobre Habilidades Socio-emocionales. Y, como siempre pasa con los docentes SEP, tienes de dos: los que ni vaga idea tienen del tema y los que siempre participan con cuestiones anecdóticas. Pero bueno, para el caso de tu entrevista buscamos eso, lo anecdótico.La primera clase que di fue a los 18 años, acababa de entrar a la licenciatura y cubrí una incapacidad, descubrí con mucha nausea que no me gustaba la docencia, sentía a esas personas como compañeros y fue bastante difícil imponer tareas, por lo que estuve frustrado de mi incompetencia para organizar a un grupo; sobre todo porque el único camino que tenía medio seguro era el del magisterio y ya pintaba mal para mí. Años más tarde di clases en una secundaria y del mismo modo fue terrible, los niños eran escandalosos y decían muchas pendejadas (perdón, pero la cosa es que no decían tonterías). Así que terminé renunciando porque no fui capaz de soportar ese tipo de actitudes en ellos y mucho menos estuve dispuesto a encontrar una solución en mí hacia ese problema.Fue hasta el trabajo en media superior que me sentí cómodo con mi trabajo como docente y con las formas que tenía para la enseñanza. Digamos que se formó en mí una actitud docente particular que me permitió lograr los objetivos de la escuela.Ahora bien, dirás: por qué me menciona todo esto. Pues bueno, me parece que las primeras experiencias se vieron afectadas por la incapacidad de nombrar las emociones que tenía, y en consecuencia no podía reconocerlas. Eran tan negativas que las omitía y buscaba culpar de ello al otro, desgraciadamente el otro siempre era el alumno. Sim embargo, en media superior, más maduro en la labor docente y con un input mejor y positivo, reconocí que algo de la enseñanza me hacía feliz (esto es muy importante). Ese algo, ni siquiera estaba en los contenidos de las materias, ni en el trabajo mismo, sino en el contacto humano con otros seres que confiaban en mí. Padres, estudiantes, incluso otros profesores, hallan en mí a alguien que puede clarificar sus ideas. Aunque claro, la mesura de las emociones siempre es un riesgo, sobre todo por esas cuestiones que le preocupan tanto a las sociedades que buscan regirse por lo políticamente correcto. La confianza tiene límites muy delgados y debemos ser claros con ese punto, si no, sobrevienen las faltas de respeto y esas cosas. Aquí me detendré, porque aún estoy repasando este punto con ideas sobre la prohibición y la transgresión. Me preguntaba hace unos días ¿Habrá alguien que quiera tratar en serio el tema de las relaciones amorosas entre docente-dicente? Posiblemente sí, pero ¿quién desde lejos de la psicología?Bueno, te confieso que hay situaciones que rebasan mi capacidad de tolerancia, porque de hecho creo poco en ella; sin embargo, puedo regular mis tonos de voz para siempre salga uno que no indique si estoy enojado, contento, frustrado, etc. y esto ha permitido que, sin sentirme hipócrita, dé solución a los problemas que se presentan con los estudiantes. Quizá piensen que mi vida es feliz, no obstante algo que tengo muy claro es: “el otro no puede ayudarme nunca porque no experimenta lo mismo que yo, por tanto quien resuelve mis problemas soy yo”. Suena egoísta, pero es un ejercicio de reflexión que me ha funcionado bastante bien para regular mis emociones. Del mismo modo, lo que ayuda mucho es la filosofía (chistosa por cierto) del “Hakuna-Mata”, la cual dice: sin preocuparse es como hay que vivir.A últimas fechas creo que efectivamente las emociones determinan en cierto grado la forma en que actuamos ante la vida, las relaciones personales y laborales. Sin embargo creo que, como dice Delleuze, no se trata tanto de anteponer un control que anule la emoción, sino de conocer la moción, explorarla y, conscientemente, regularla. No podemos negar lo que somos, pero sí regular cómo somos. Por lo que no hay estímulo-respuesta, no hay binarismo, sino respuestas emocionales rizomáticas; es decir que, aunque convengamos que hay algo llamado “empatía” (p.e), no por ello es igual en todos, o de la misma forma; del mismo modo en que “ser antipático” tampoco es malo, sino una de las tantas respuestas emocionales posibles del ser humano y que debemos valorar sin estigma.Perdona que no platique mucho de mis relaciones laborales en este sentido. Casi no veo a mis compañeros, los saludos y de ahí no pasa porque no tenemos tema de conversación que pueda interesarnos.</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/gatbriela/dsbz2ain2qja/wish/216658758</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2017-12-16 07:35:50 UTC</pubDate>
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         <title>¿Crees que las relaciones amorosas docente-dicente al ser aún un tema tabú, pueden prevenirse o resolverse de forma que tanto el alumno como el docente no sean afectados? ¿Hay algún apoyo por parte de los directivos ante situaciones como ésta?</title>
         <author>gatbriela</author>
         <link>https://padlet.com/gatbriela/dsbz2ain2qja/wish/216658951</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2017-12-16 07:40:01 UTC</pubDate>
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         <title>Te digo que es un tema que apenas exploro sin predisposiciones al resultado. Sin embargo sí te digo que, desde mi punto de vista, ese tipo de situaciones son, hasta cierto grado, normales, sobre todo, comunes. Yo no sé si haya o no solución al problema pero creo que cuando se nos presenta un fenómeno así, no estamos pensando directamente (y humanamente) en los involucrados. Casi siempre preferimos observar el asunto desde las normas, las leyes, y desde la psicología. Para mí es un error observar el asunto así, porque la clarificación del problema está en la filosofía, en las preguntas que llevan a respuestas profundas. Estamos acostumbrados a culpar, eso nos ha enseñado la vida en sociedad, pero no a entender las causas.Y bueno, hay un gran vacío ahí porque somos irresponsables al tratar el tema. Se evita, porque siempre suponemos que sólo existe el acoso. Sin embargo, tratar el tema tiene muchísimos rubros que no observamos, no sólo se trata de acoso, de abuso, de violencia o de “amor”; se trata también de factores sociales, económicos, ideológicos, religiosos, etc. Te digo, aún lo exploro.</title>
         <author>san_pool</author>
         <link>https://padlet.com/gatbriela/dsbz2ain2qja/wish/216688179</link>
         <description><![CDATA[<div>Perdón, agregaría que, como hablamos de emociones, debemos ser claros que las relaciones “amorosas” docente-dicente generan sustancias igual que en cualquier otra relación, es decir, aparecerán, las morfinas, dopaminas, aun la adrenalina. Entonces no debemos de abandonar esto cuando se analice.</div>]]></description>
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         <pubDate>2017-12-16 15:17:48 UTC</pubDate>
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