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      <title>Pedagogía Viernes- Ensayo sobre la escuela, el trabajo docente y el estudio escolar  by Luciano De marco</title>
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      <pubDate>2020-11-20 14:39:53 UTC</pubDate>
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         <title>Suban aquí el punto 2 del TP. </title>
         <author>profdemarcoluciano</author>
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         <description><![CDATA[<div>Inserten el texto, no lo adjunten.</div>]]></description>
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         <pubDate>2020-11-20 14:40:22 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[2- Hipótesis 
“La Escuela seguirá teniendo un rol central en la transmisión de saberes y experiencias con un otro”

Como consecuencia de la Pandemia hemos experimentado el lugar irremplazable que ocupa la Escuela en toda sociedad. Lugar físico donde no sólo se transmiten saberes sino que cumple con una función social, en el sentido de que todos sus miembros pueden interactuar entre sí en un mismo ambiente físico que los pone frente a un otro, distinto de uno, que lo complementa y de quien puede nutrirse, intercambiar experiencia, información y así lograr construirse.
Se ha visto el rol primordial que tiene la Escuela, el de suspender el tiempo productivo para poder dedicarlo a un tiempo no productivo o de estudio. Observamos cuán importante es para el alumno poder disponer de un espacio físico, donde esté libre de toda obligación en lo concerniente a lo familiar, a la producción para poder adentrarse en un tiempo que le pertenezca a él, y en donde toda su atención se concentre en el proceso de nprendizaje. Se le debe poder presentar al mundo de otra manera.
Si bien esta falta de compartir un mismo espacio físico trató de ser paliada al compartir una pantalla, el vínculo social que se produce no sólo al compartir un aula, sino también otros espacios y tiempos escolares, se debilitó y afectó en mayor o menor medida a los alumnos. 
Uno de los roles de la Escuela es el de brindar un espacio y un tiempo liberado para que los alumnos, aunque provengan de sectores sociales desfavorecidos, puedan tener la misma igualdad de oportunidades y de posiciones.  Lamentablemente con la Pandemia este sector fue el más afectado, ya que por el hecho de no contar con recursos didácticos (libros y otros materiales que se encuentran en el ámbito escolar) ni recursos tecnológicos (computadora o celular propios) ni acceso adecuado a internet quedaron rezagados con respecto a otros sectores de la población que sí tienen acceso a todos estos dispositivos y que por ello pudieron suplir los encuentros físicos con encuentros virtuales y seguir de esa forma con su escolaridad. 
Si bien a la Escuela se la critica por consolidar el poder, en el sentido de que solo brinda oportunidades a los sectores altos de la sociedad, hemos sido testigos de que el hecho de no poder funcionar de manera normal ha perjudicado fuertemente a los sectores más bajos de la pirámide social ya que no se pudo dar igualdad de condiciones de aprendizaje a ese sector. 
De allí se deduce que las aulas difícilmente sean de ahora en más totalmente digitales, no sólo porque es muy desgastante y demanda mucho esfuerzo por parte del docente y de los alumnos para poder llevar a cabo un proceso pedagógico (se pierde el contacto con los materiales en el caso de que fuere necesario trabajar en un laboratorio o de recrear una situación de la realidad ) sino que no se puede asegurar que la totalidad de la población estudiantil contará con los medios en su hogar adecuados para poder estar presente de manera virtual en el proceso pedagógico. 
Posiblemente uno de los cambios (que ya era tendencia en algunas aulas) sea el hecho de tener aulas híbridas, es decir una combinación de trabajo en el aula física y una complementariedad de manera virtual, en el sentido de apoyarse en la tecnología (sobre todo por su acceso a la información) para obtener datos actuales que no se encuentran en los manuales escolares. Fundamentalmente para ampliar las fuentes de información y luego llevarlo a un espacio físico en que el que se lo analizará relacionándose con otros porque ello es lo que enriquece a todo conocimiento, el aporte que cada uno hace y que todos vivencian.  
Los adultos, quienes muchas veces critican los procesos educativos que lleva adelante el maestro, se toparon con la realidad de que es fundamental la figura de un docente (un otro que presente el mundo, que traiga al aula algo que el alumno no sabe que existe) y que no es fácilmente reemplazado por la tecnología. Ya que, si bien hoy en Internet tanto el acceso como la cantidad de información es ilimitada, es necesario tener una figura conocedora de la materia para poder orientar a sus alumnos en la elección y en la comprensión de esa información. En el estudio de ella en detalle, en su vinculación con otros contenidos curriculares, en fin, alguien que le de un sentido a todos esos datos que circulan a través de los medios digitales. Esta figura es irreemplazable y muy difícilmente pueda ser suplantada por un padre/madre. 
También dentro del ámbito escolar se trabaja para nivelar a aquellos alumnos que tienen distintos tiempos de aprendizaje, que presentan alguna dificultad en particular ya se utilizando otro tipo de materiales o haciendo intervenir a otros docentes o especialistas (psicopedagogos, maestros integradores). Situación que es muy difícil de llevar a la práctica en un contexto que es meramente virtual ya que muchas veces lo que facilita el proceso educativo es el contacto, la presencia física, el poder concentrarse en el aquí y ahora siempre y cuando haya un encuentro de personas en un lugar físico, desprovisto de todo elemento de distracción o de cualquier otro tipo de demandas. 
Sabemos que los aprendizajes se realizan en diferentes ámbitos que hacen a la vida corriente de un alumno o que pueden hacer ello solos, pero es la Escuela el lugar de enseñanza, donde los conocimientos son enseñados por alguien. Por ello la Escuela debe ser definida por los docentes y no tanto por sus estudiantes ya que es el ámbito donde se da a conocer aquello que no se conoce, es contextualizado, guiado y acompañado. 
Ese es el rol fundamental de esta Institución y que debe perpetuarse para las próximas generaciones.
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         <pubDate>2020-11-25 23:46:27 UTC</pubDate>
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         <title>En el texto “Separaciones” de Larrosa  hace la pregunta qué es la escuela, a la cual define como un lugar definido por una finalidad social externa, para él la escuela es un espacio de separación de los tiempos, espacios y ocupaciones sociales, de alguna manera recupera lo ya entablado por Masschelein y Simmons en el texto “En defensa de la escuela”. Fundamenta que esa separación es lo que hace a la escuela una escuela. En el texto también se refiere a la escuela como tiempo de ocio (un tiempo liberado de la obligación de ser productivo), un tiempo separados de las obligaciones sociales que se puede dedicar al puro placer de aprender por un tiempo específico (delimitado) donde se ponen en suspenso las desigualdades    (Larrosa 2019). Por otro lado, retomando estos conceptos de separación de tiempos, con respecto al texto de Masschelein y Simmons, a la escuela se la acusa de alienar  a los jóvenes de sí mismos y de su ambiente social por estar encerrada a la vida real, al mundo laboral y mundano. Está cerrada a las necesidades de los jóvenes y del mundo, atrapada en su propia dinámica. Pero para los autores la escuela debe suspender vínculos como el familiar y el del entorno social de los estudiantes para poder presentar al mundo de manera interesante y comprometedora. Por otro lado, los autores denuncian la consolidación del poder y corrupción en la escuela, ya que mediante mecanismos de carácter sutil reproducen la desigualdad social y remarcan qué es un intento por domesticar. Para los autores la escuela para ser reformada se debe observar que hace que una escuela sea una escuela, y para reformarla hay que centrarse en el estudiante a fin de motivarlo, esforzándose en desarrollar su talento que al mismo tiempo sea responsable en el mercado laboral. También marcan que hay que diferenciar las escuelas de las empresas (Masschelein y Simmons 2014).  Según el texto “Devolver la enseñanza a la educación” de Biesta existen dos extremos antieducativos. El primero es la concepción autoritaria de enseñanza como un asunto de control. Se piensa lo educativo como fabricación y que los estudiantes están a la disposición de los docentes para obedecerlos. El otro extremo antieducativo es el problema con el lenguaje del aprendizaje y teniendo en cuenta la extensión de la “aprendificación” del llamado discurso educacional haciendo imposible las preguntas decisivas acerca del propósito, contenido y las relaciones. También afirma que el lenguaje del aprendizaje fue erosionando una comprensión significativa del maestro y la enseñanza. También argumenta que existe la tendencia a referirse a los maestros como agentes facilitadores del aprendizaje, referirse a la enseñanza como la creación de oportunidades de aprendizaje y como ambientes de aprendizaje a las escuelas y a la educación general como el proceso de enseñanza. Según el autor hay tres dominios de propósitos educativos: cualificación (conocimientos y habilidades), subjetivación (orientación educativa hacia el niño y los estudiantes como sujetos de acción y responsabilidad, no objetos de intervención e influencia) y de socialización (el encuentro educativo con culturas y tradiciones). Por último habla de la diferencia entre aprender y ser enseñado por “La experiencia de ser enseñado es radicalmente diferente porque cuando somos enseñados por alguien, algo entra en nuestro campo de experiencia de una manera que está más allá de nuestro control” (Biesta 2016).Frente a la actual pandemia la escuela ha mutado, en el textos Estudiantes con pantuflas el autor plantea la dificultad de poner a los chicos en la posición de alumnos ya que están dentro de la casa. La escuela perdió esa separación de espacios como indicaba Larrosa. Se buscó conservar la estructura escolar pero todo lo que la constituye se esfumó con la pandemia como es el caso de las propias dinámicas de relaciones , los espacios y tiempos escolares. Muchas familias se refugiaron en la búsqueda de ciertas rutinas, la necesidad de establecer un cronograma o vestir de igual manera el uniforme a pesar de estar en el hogar. Otro recurso utilizado fue el de apelar a la pertenencia institucional y a la autoridad del docente y la escuela. El autor en un momento realiza una analogía, referida a Alba Rico, entre los dos tipos de estudiantes y lo que es un turista y un inmigrante. El turista es el que mira desde una silla cómoda del consumo estandarizado mientras que el inmigrante mira desde los márgenes a los que confinan el racismo, desprecio y exclusión.  Otra cuestión analizada es el rol del aula, un aula donde hay miradas, escucha, lectura, conversaciones y juegos. Ahí es donde se alojan una forma de encuentro que produce efectos fuertes sobre los modos de realizar acciones. Es un lugar único donde estas oportunidades son brindadas. El autor busca sugerir una posible vía de reconstrucción provisional del orden del espíritu del aula, como es el caso del pizarrón que la asocia con una temporalidad pausada, más personal y artesanal en detrimento a la pantalla compartida. También rescata los apuntes  a mano que son una táctica para palpar al profesor a pesar de la distancia, transitando con un gesto atencional. El dibujo a mano también considera que es importante y la conversación alrededor de los objetos. Pero nada de esto será suficiente ya que la clase es un encuentro íntimo y personal con atravesamientos de los público e institucional como es el caso de una carta (costumbre perdida)  (Brailovsky 2020) La escuela en la pandemia reflexiona sobre lo escolar en estos tiempos dislocados. Según Dussel la pandemia cambió la domiciliación de lo escolar. Las políticas educativas fueron muy variables como consecuencia de la transición abrupta a la virtualidad. Lo escolar ya no se encuentra ediliciamente en la escuela sino que se instaló en lo doméstico, tanto alumnos como maestros conocieron parte de la intimidad del otro como conocer las mascotas, ver familiares por la cámara, etc. La virtualidad ha generado dos tensiones, la primera: las enormes desigualdades sociales frente a la conectividad, los distintos espacios de trabajo y las posibilidades familiares de sostener y acompañar el aprendizaje del estudiante. Por otro lado, la segunda  tensión generada es la desaparición física del aula, creando una mayor individualización del trabajo del espacio pedagógico (Dussel 2020).Con la clases suspendidas la escuela no puede operar como suspensión del afuera porque se confunde con lo doméstico, perdiendo así los chicos la posibilidad de un tiempo autónomo y de construir distintas redes de conocimiento fuera del ámbito familiar. Para los maestros tampoco es fácil ya que les implica más tiempo de trabajo (Dussel 2020).Como conclusión creo que claramente la pandemia nos puso frente a las enormes desigualdades que hay, sobretodo en nuestro país. Vimos historias de chicos trepados, en el interior, a molinos con el celular para poder recibir y enviar la tarea, ya que así era la única forma de conseguir conexión a internet, por nombrar un ejemplo. La cuarentena expuso las diferencias socioculturales de manera aún más clara. Como consecuencia de esta  forma de escuela virtual muchos chicos quedaron fuera del sistema escolar por no contar con los recursos necesarios para la conexión. Asimismo la falta de aula, de espacio suspendido, fue perjudicial para alumnos y profesores. A través de la falta de contacto personal se perdió parte del aprendizaje, hay menos intercambios de ideas y menos incorporación de conceptos. Si bien la escuela de ayer tenía sus defectos, las virtudes con las que contaba eran sólidas como son la separación del tiempo y del espacio, la posibilidad de relaciones fuera del ámbito familiar y el intercambio con el docente. </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-11-26 00:03:01 UTC</pubDate>
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         <title>(LEO LUCOTTI) Más que enumerar una hipótesis, y defenderla a rajatablas, puedo mencionar unas cuantas cuestiones troncales, a modo de ideas-fuerza, que me han impactado en estos meses:Primero, no es lo mismo la escuela en geografía y tiempo real, que en funcionalidad virtual. Segundo, no es lo mismo la realidad del aula que la escuela en pantuflas, tomando videoconferencias en la habitación o en cualquier espacio vacío que tenga un mínimo de conectividad, y no me refiero solo a la dimensión social. Tercero, no es lo mismo el rol docente de un maestro, que un tutor o los mismos padres colaborando desde casa con las exigencias educativas de sus hijos.Cuarto, las T.I.C. educativas han llegado para quedarse, y por más que la modalidad presencial vuelva a instalarse post-vacuna, el conectivismo, como lo llaman algunos teóricos de informática, viene a barrer con las corrientes pedagógicas previas. Quinto y último, la situación pandémica agudizó aún más las desigualdades sociales, traducidas en posibilidades reales de acceso a Internet, y en cuanto a cantidad y calidad de dispositivos disponibles en cada hogar para estar al día con la nueva experiencia de educación a distancia.   1) ¿Quién iba a pensar en que, repentinamente, la escuela-arquitectura quedaría vacía, y proyectos como hiperaula en España (Enguita), o educación a distancia, campus virtuales y blogs educativos terminarían siendo los ejes de la educación formal durante todo un ciclo educativo en niveles primario, secundario, terciario y universitario?Comprobamos cómo, semana tras semana, las paredes, horarios y demás estructuras fueron cayendo y dando paso a la virtualidad hogareña en su máxima expresión. Skypes, Zooms y Meets fueron recuperando mínimamente el ritmo escolar perdido, impactando a modo de premio-consuelo con respecto a todo el universo que significa un sistema escolar. Siendo sincero, la escuela-barrio, el uso del uniforme, las charlas entre pares, la magia del recreo y del izamiento de la bandera, la escarapela, el comedor, el pizarrón y las guerras de tizas, en fín, todo el circo escolar, se extraña y es en cierta manera insustituible y creador simbólico de identidad. Por ello estoy de acuerdo con la celeridad que plantea Enguita (2020) en cuanto a ``mejor antes que después´´, es decir, volver al colegio es inminente, urgente, tanto desde lo social como desde el imaginario. Todo lo que se podía hacer con tecnología de información, comunicación y aprendizaje tradicional (libro, cuaderno, pizarra, lección…) se puede hacer igual o mejor y más barato con la digital, pero nada de lo que se hacía en el marco de lo social del aula (el grupo, la lección, etc.) se puede llevar adelante con la vieja tecnología analógica. Lo que queda claro después de la crisis desescolarizadora es el pasaje de una sociedad analógica, industrial y nacional a una de índole informacional, digital, global e incierta. A pesar y en función de estas certidumbres podríamos repreguntarnos acerca del rol o significado de la escuela en la actualidad. Siguiendo la línea de Jorge Larrosa (2019) quisiera mencionar algunos conceptos que facilitan el entendimiento del porqué de la escuela, o de su plena vigencia. Cuando le preguntan en una entrevista acerca de su nuevo libro él explica en el prólogo la historia del pueblito que construye repetidamente muchos diques para intentar frenar el embate de sucesivas mareas pero ante la imposibilidad de lograrlo sucumbe en cada nuevo intento. De manera análoga, la escuela puede ser vista como un refugio, un muro protector, una isla dentro de una isla, que si bien está inserta en un mundo de lógicas capitalistas pos-industriales igualmente otorga una alternativa al capitalismo cognitivo; algo absurdo que está inserto en un mundo de leyes más absurdas aún. En un mundo espiritualmente tóxico que prioriza la eficacia y la economía ante todo, hay que proteger, preservar, llevar a los niños a los refugios, construyendo muros morales, psicológicos y empíricos.  2) La desescolarización desmanteló por completo el eje ``profesor-asignatura-aula´´ y la re-escolarización muy difícilmente podrá reestablecerlo. El virus sacó a todos del aula, y no quedó otra que reinventar el espacio y reorganizar el tiempo en casa, así como las actividades. Inés Dussel (2020) lo llamó a este proceso ``la clase en pantuflas´´ o ``la domesticación de lo escolar´´. En pantuflas, nos sentimos en casa, aunque para hacer escuela, en principio, uno no debería sentirse como en casa. A la fuerza y con el aporte de diversos actores, entre ellos el Estado, los docentes y las propias familias, se pudo lograr con aceptable desempeño la continuidad pedagógica en Argentina. Esa al menos, es nuestra experiencia como familia. Un espacioso y acústico escritorio, una camarita o una notebook, y la posibilidad de una conectividad decente, se hicieron repentinamente cruciales para llevar adelante videoconferencias que opacaran un poco la falta de sociabilidad del aula, así como la emblemática figura de un docente que imparte tareas y actividades, portador de un imaginario educativo insustituible. La idea de todos en el aula quedará congelada por mucho tiempo, ya que como opina Enguita (2020) la vuelta al cole no será la vuelta a las aulas sino a espacios abiertos y hasta desconocidos de la institución, así como hacer uso de la articulación con los espacios comunitarios en plazas, museos o bibliotecas. Surge el concepto del espacio-tiempo, o de los hiper-espacios (la organización de los tiempos disponibles sobre una misma superficie). Desde un punto de vista nostálgico e incierto esperaremos si algún día (Larrosa 2019) se reestablece el aula como cápsula atencional, y como lugar predilecto para estudiar la relación cuidadosa con el mundo. Lugar para la atención al estudio con amor, lugar público por excelencia para darle consistencia a los elementos del mundo, por esa cuestión de escuchar cómo piensa mi prójimo.3) El rol docente, y también las competencias de los maestros/profesores fueron puestos a prueba en este tiempo. Siguiendo a Larrosa (2019) un rol acostumbrado a quedarse esperando quién sabe qué, tal vez el embate de una nueva marea contra el refugio, y trabajando con algo de oficio, de gestos, de poner el cuerpo, para que el suelo no sea tan tóxico. No el típico perfil de profesor visto en el cine norteamericano donde el docente es carismático, seductor, o sencillamente un héroe que todo lo hace y todo lo puede. Acá se trata de profesores ordinarios que cada día cumplen con sus rutinas y desempeñan con esmero su rol de trabajador, donde por una cuestión de recursos asignados no sobra nada de nada. También en este tiempo se puso a prueba la paciencia de los padres, agobiados por la catarata de ejercicios recibidos por sus docentes, los cuales echaron mano a varios tipos de recursos, entre ellos a la búsqueda de ciertos rituales (buscar un tiempo y espacio separado del resto del tiempo cotidiano-hogareño), y a la de apelar a la pertenencia institucional y a la autoridad de la escuela y del docente, tal vez para mostrarle a los alumnos que no están solos en este proceso. A decir de Dussel, Ferrante, Pulfer (2020), este aluvión de tareas no respondió a la adopción repentina de un enfoque constructivista o paidocentrista que haya buscado dar protagonismo a los niños, sino a cierto reflejo de conservar algo de la escolaridad, aun cuando lo que la constituye estuviera ausente. No quedó otra que salir del aislamiento y de la zona de confort. Tras el shock hubo que optar por atacar la crisis como oportunidad para crear algo distinto. En el mejor de los casos se contó con centros equipados, profesores capacitados y alumnos provistos de tecnología, pero en no pocos casos se sufrió la tormenta perfecta, es decir campus mal coordinados, profes desigualmente preparados y alumnos mal equipados y sin experiencia previa. Ni hablar de profesores heroicos tratando de alcanzar bajo todos los medios posibles a sus alumnos, mandando la misma información desde diversos soportes o canales, intentos de neo-youtubers filmando con portátiles, o sencillamente conjuntos de PDF o grupos wasapperos. China entendió a su modo que la escuela, tal cual como la entendíamos, ya no estaba, por lo cual reforzó la apuesta haciendo énfasis en que la clase continúa con cursos y profesores excelentes.Inés Dussel (2020) presupone que los saberes específicos de los docentes no son reemplazados por buenas voluntades, ni por la bienintencionada función de padres como educadores, ni por máquinas o programas informáticos. Los docentes se han esmerado y han adquirido muchas competencias digitales en este tiempo de pandemia. Comparten entre sí consejos, información, contenidos, metodologías, programas, etc. Han respondido a inquietudes de alumnos y de padres. De esta manera elementos como el encuentro, la compañía, la presencia, la voz, la imagen, la autoridad y el afecto han sido cruciales para que los docentes sean efectivos en sus labores, más allá de competencias específicamente digitales. Este traslado de la escuela a casa ha denotado que ciertos procesos no se compensan con intenciones nobles de padres. Como parte de la nueva función docente, Daniel Brailovsky (2020) destaca el rol de arquitecto del aula, lo cual permite construir una reflexión estratégica,  y de anfitrión, que se relaciona más con las percepciones del docente, y con una sensibilidad y singularidad del aquí y ahora. Otro hecho importante que menciona es el de pedagogizar las tecnologías.4) Con respecto al cuarto punto M. Enguita (2020) desarrolla el papel que tendrá la tecnología al volver a clases. Quedó demostrado que será necesario, más que una combinación bimodal de enseñanza-aprendizaje (o sea virtual-individual (en casa), y presencial-colectivo (en el aula)), una combinación trimodal que además incluya el aprendizaje en línea en la sede escolar (autónomo y asistido, en la escuela pero no en el formato aula). La situación pandémica reforzó la desigualdad digital, con lo cual las brechas se han agudizado aún más. Es por ello que, una vez vueltos al colegio/instituto de siempre, la digitalización general (y no me refiero solo a alumnos sino también a docentes, a ingenieros de sistemas, o a aquellas comisiones directivas que deciden sobre la inversión de los recursos de hard y soft) deberá ser urgente.  5) Quedó demostrado en tiempos de pandemia que la escuela, aunque con mucha sangre y creatividad  a veces, no pudo atender de la misma manera a la totalidad de los alumnos. Del lado de los jóvenes, los que más lo sufrieron fueron aquellos que menos cumplen con las responsabilidades escolares (los que concurren a las aulas en forma intermitente) pero que paradójicamente son los que más se apegan a ella desde un valor referencial/institucional simbólico en el barrio. Algunos viven en medios culturalmente muy limitados, y materialmente poco acogedores, pero otros (me incluyo) pertenecen a comunidades con abundantes recursos culturales, materiales y tecnológicos. Según Enguita (2020) ya quedaron demostradas las desigualdades en el acceso, por lo cual en cuanto a política educativa, en algunos ámbitos deberá prevalecer el énfasis en lo básico (salud y psiquis), cuestiones que no prometen alto status, y no en el ideal del éxito escolar, la creatividad y la autoestima. En Argentina, la vuelta a clases presenciales será priorizada para aquellos casos en que en estos meses de pandemia tuvieron grandes dificultades para llevar adelante la vida escolar.</title>
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         <pubDate>2020-11-26 00:44:59 UTC</pubDate>
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