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      <title>Apuntes de filosofía y letras by Pedro Leal</title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2017-10-18 14:47:31 UTC</pubDate>
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         <title>por qué son las pasiones y no la razón lo que motiva la acción moral</title>
         <author>pedroleal111</author>
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         <description><![CDATA[<div>En la parte 3 del Libro Segundo del “Tratado de la naturaleza humana”, David Hume explicita su visión respecto a la controversia entre pasión y razón en lo concerniente a la dirección y motivación de la voluntad. Según Hume, la tradición ética occidental siempre ha fundado la moralidad en el reinado de la razón. Para esta tradición, la racionalidad es el fundamento de la acción humana. Ella es la encargada de motivar, inspirar y direccionar la voluntad de los hombres. Es contra esta tradición que se erigirá la crítica de Hume, quien considera a la misma como falsa. El argumento de Hume, de que la razón no puede ser causa de ninguna acción moral, sino que la misma (la acción moral) está fundada en las pasiones, y la razón lo que hace es acompañar el dictamen de las pasiones, quedará demostrado luego de un extenso análisis sobre los límites del pensamiento. La teoría de Hume se asienta sobre la idea de causa-efecto. Aplicando esta idea a los objetos, nos sentimos atraídos hacia ellos, o intentamos evitarlos según la pasión que despiertan los mismos en nuestro espíritu. El objeto que despierta atracción es captado por los sentidos, los cuales permiten que la razón se pronuncie y establezca las relaciones y juicios concernientes a él. Así, se entiende que la razón acompaña a la pasión, responsable esta (la pasión) de determinar los impulsos y apetitos que llevan a la voluntad, como también sus contrarios, es decir, pasiones que se opongan y causen un apetito negativo, seguido de un rechazo, el cual también podrá ser acompañado de un juicio racional. “Puesto que la razón por sí sola no es capaz jamás de producir una acción o dar lugar a la volición, infiero que la misma facultad es incapaz de evitarla o de disputar sobre su preferencia con una pasión o emoción” (Hume, 2001, p. 302).<br>La pasión es entendida por Hume como algo perteneciente a la misma naturaleza, y por lo tanto está más allá de los juicios valorativos, ya que los mismos se expresan y nacen de ideas, las cuales obedecen a la razón. Empero, la pasión es originaria, y de la misma a penas nos podemos limitar a expresar su intensidad o liviandad. Así, las pasiones más livianas o intempestuosas serán las que mejor armonía encuentren con la racionalidad, puesto que sus efectos lograran encontrar sustentos valorativos positivos,<br>en cambio las pasiones tempestuosas serán las que acarrearán a su lado, juicios negativos<br>que tenderán a ser considerados irracionales o bárbaros.</div>]]></description>
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         <pubDate>2017-10-22 21:20:49 UTC</pubDate>
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         <title>por qué “las reglas de moral no son conclusiones de nuestra razón”</title>
         <author>pedroleal111</author>
         <link>https://padlet.com/pedroleal111/cd3o167u7nsu/wish/199396827</link>
         <description><![CDATA[<div>Para responder a esta pregunta, cabe recordar el argumento anterior sostenido por<br>Hume: la razón no puede ser causa de ninguna acción moral, sino que la misma (la acción<br>moral) está fundada en las pasiones, y la razón lo que hace es acompañar el dictamen de<br>las pasiones, quedará demostrado luego de un extenso análisis sobre los límites del<br>pensamiento. En este sentido, entendemos a la moral como aquello que influye en nuestra<br>voluntad, condicionando los actos que debemos efectuar o rechazar. También es ella la<br>responsable de potenciar ciertas pasiones, las cuales en su ausencia quizás no adquirirían<br>tanta trascendencia. Ahora bien, retomando la idea de razón, por ella se entiende cierta<br>capacidad humana para discernir o válido e inválido, establecer relaciones en el mundo,<br>es decir, aplicar los contenidos ideales a la realidad. Siendo así, no parece que desde ella<br>podamos establecer reglas morales, ya que, como lo enuncia el argumento presentado, las<br>acciones morales se fundan en las pasiones, no en la razón. De este modo, poco sentido<br>tendría concluir reglas morales desde una capacidad que no produce acción, sino que, de<br>poder establecer reglas morales, estas únicamente se podrían enunciar desde la capacidad<br>humana que controla la voluntad, es decir: las pasiones. Finalmente, las pasiones son el<br>fundamento natural de las acciones humanas, y solamente desde allí se podrían derivar<br>conclusiones que establezcan posibles pautas morales.</div>]]></description>
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         <pubDate>2017-10-22 21:21:22 UTC</pubDate>
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         <title>Bolilla 1</title>
         <author>pedroleal111</author>
         <link>https://padlet.com/pedroleal111/cd3o167u7nsu/wish/199396909</link>
         <description><![CDATA[<div>El “parecer” se refiere a la imagen propia que debe perseverar el gobernante. Con esta idea, Maquiavelo deja expresado de forma muy clara la distinción entre “lo que se es en realidad” y “lo que se pretende hacer caer que se es”. Decimos que con “parecer” se refiere a una imagen, un concepto de, una valoración. Cabe preguntarnos, ¿Una valoración de quién o quienes para con el gobernante? Y ¿Esa valoración afecta el gobierno o el poder del gobernante?<br>Pues bien, como señala el propio Maquiavelo en el cap. XIX de su obra “El Príncipe”, la imagen negativa de un gobernante, es decir, el tener un concepto negativo del mismo, constituye el germen que determina la posterior ruina, tanto de su gobierno como de su persona. De modo que es menester que el gobernante cultive y promueva un concepto de sí mismo valioso. Esto lo puede lograr de diversas maneras, sea directamente por acciones nobles, o indirectamente a través de otros que den testimonio de sus virtudes. Lo novedoso que plantea Maquiavelo con el concepto de “parecer” es que el gobernante no necesita ser virtuoso, es decir, aunque sea un individuo “odioso o digno de menosprecio”, si logra “parecer” lo contrario, alejará el peligro de ser considerado despreciable por sus súbditos o por otros gobernantes.<br>Para defender esta idea, cita una serie de acciones que deben procurar evitarse los gobernantes si no desean despertar el odio del pueblo, entre ellas se encuentran, la toma de posesiones particulares, el encarcelamiento injusto (sin razones coherentes) o el daño del honor (mantener relaciones con esposas ajenas). Así, aunque cuando sea un gobernante déspota, tirano y lujurioso, el “parecer” lo contrario permite que el pueblo lo tenga por justo y bueno. Sólo así, es posible que el pueblo logre llegar a temer al gobernante, no por odiar su forma injusta de proceder, sino por saber que su justicia se impondrá por tratarse de un gobernante recto.<br>El “deber ser moral” se refiere a la posibilidad de permitirse ser déspota, sanguinario o tirano si esta acción se justifica en la consumación de los actos. Es decir, el gobernante que busca alcanzar un objetivo loable y beneficioso para su nación o administración, más que poder, está casi obligado por el objetivo mismo, a ir contra su perfil de gobernante virtuoso, ganarse enemigos y desprecio por parte del pueblo si es necesario, ya que todo esto queda justificado, comprendido y superado una vez que la meta es alcanzada. Así, en la política, los valores éticos que practicará el gobernante parecen estar dentro de una visión teleológica, volcados y justificados por los objetivos<br>que se persiguen, debiendo el gobernante utilizar todas las vías que sean necesarias para la obtención de los mismos.</div>]]></description>
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         <pubDate>2017-10-22 21:22:36 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/pedroleal111/cd3o167u7nsu/wish/199396909</guid>
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         <title>Bolilla 2</title>
         <author>pedroleal111</author>
         <link>https://padlet.com/pedroleal111/cd3o167u7nsu/wish/199396917</link>
         <description><![CDATA[<div>Maquiavelo sostiene que aquellos príncipes que, a lo largo de la historia han mantenido una conducta fiel a sus promesas, brindando lealtad a sus amigos, siendo generosos con sus súbditos y piadosos con sus enemigos, no han tenido como resultado un gobierno que se destaque ni en abundancia de riquezas, ni en poder elevado, ni en grandes hazañas. En este sentido, el ser buen príncipe, se define en un campo exterior a la moral. Es una valoración que está determinada por la eficiencia de las acciones llevadas adelante por el gobernante en procura de los fines propuestos. Así, el buen príncipe no será quien posea buenos valores morales, sino que será aquel que logra alcanzar la mayor parte de las metas y bienes que se propone conquistar, y el mejor de todos los príncipes será el que nunca se le es esquivo un objetivo.<br>El concepto de “Virtú” se explicita en la praxis del buen príncipe. Para Maquiavelo, todo buen príncipe lo es, fundamentalmente porque posee una elevada virtú. Sin ella, le sería imposible sortear los obstáculos que se erigen cada vez que se busca alcanzar conquistas. La Virtú consiste entonces, en la habilidad de discernir cual es el camino más corto y seguro para la obtención de algo que se quiere. Así, por virtú se entenderá a una cualidad inherente al buen gobernante, a cual lo dota de las competencias necesarias para vencer los obstáculos que se levantan entre él y la meta hacia la cual pretende lograr. Así, el príncipe dotado de virtú es capaz de moldearse de forma tal que, la actitud que logra tener y llevarla a la acción es siempre la mejor posible para sus fines. Maquiavelo dice en sus ejemplos que la virtú es la cualidad necesaria para saber discernir cuando es mejor actuar con la astucia de un zorro, o cuando lo es mejor con la fiereza del león.</div>]]></description>
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         <pubDate>2017-10-22 21:22:49 UTC</pubDate>
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         <title>comentario 1</title>
         <author>pedroleal111</author>
         <link>https://padlet.com/pedroleal111/cd3o167u7nsu/wish/199397041</link>
         <description><![CDATA[<div> La primera regla del método cartesiano es: <em>"no aceptar nunca como verdadera ninguna cosa que no conociese con evidencia que lo era; es decir evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención de juicios, y no comprender en estos nada más que lo que se presentase tan clara y  distintivamente a mi espíritu que no tuviese ocasión alguna de ponerlo en duda" <br></em><br></div><div>Esta regla se manifiesta claramente en la primera meditación a través de su relato personal que narra sus experiencias tempranas en torno al conocimiento de las cosas a través de sus sentidos. Enseguida, a través de este relato nos presenta a la duda, no como negación eterna (radical) hacia la posibilidad del conocimiento auténtico, sino que, una duda como método para sortear los obstáculos que se presentan en el camino hacia el verdadero conocimiento. Esto tiene mucho sentido entendiendo la concepción de verdad cartesiana. La misma, para ser verdad, debía poseer una certeza incuestionable, comparable a las certezas dadas por las matemáticas y que, al igual que ellas, sea aplicable a todo de forma universal y desechando todo lo que en el camino demuestre ambigüedades. <br><br></div><div>Teniendo en cuenta que todo lo que dice conocer le ha llegado por los sentidos, y además estos se demuestran incapaces de ser totalmente certeros, debemos dudar de ellos, y dudar de las disciplinas que se apoyan en los mismos, quedándonos como alternativa, la mente que trabaja con pensamientos y las matemáticas, las cuales trabajan con procedimientos detallados, metódicos y certeros, pues sus contenidos son ideales y por lo tanto desprecian la experiencia.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2017-10-22 21:24:35 UTC</pubDate>
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         <title>Texto 1</title>
         <author>pedroleal111</author>
         <link>https://padlet.com/pedroleal111/cd3o167u7nsu/wish/199397145</link>
         <description><![CDATA[<div>La posición original es una idea propuesta por Rawls para justificar los principios de justicia que se formulan en su teoría. Según su concepción, se plantea una situación inicial en la cual se desarrolla la construcción de un contrato social entre los ciudadanos. Los mismos, dotados de su capacidad racional, su sentido de justicia. En base a su sentido de justicia, sumado al conocimiento de los aspectos más elementales de la economía, la política y la administración de la sociedad se constituirán los señalados contratos, entendiéndolos justos y equitativos a todos por la racionalidad de su génesis. Todas las cuestiones referentes a lo pasional, emocional, roles sociales, posesiones materiales y cualesquiera demás intereses individuales no son tenidos en cuenta, dejándolos sin efecto bajo lo que el filósofo llamará “velo de la ignorancia”. Así, los sujetos llegan libremente a la elaboración común de un contrato racional y totalmente justo para todos ellos. <br><br></div><div>La búsqueda de Rawls en la posición original será dar las razones que sustenten el carácter equitativo de la justicia en la sociedad. Para él, los individuos se ven necesitados de establecer reglas que aseguren la armonía y la integridad de todos los individuos. Por esa razón, en su libre y racional voluntad escogen pactar un contrato. Resuelto e contrato, quedan establecidos posteriormente los principios de justicia que regirán a la sociedad. La posición original cumple la función de ser el génesis de la teoría de Rawls.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2017-10-22 21:26:08 UTC</pubDate>
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