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      <title>La Odisea by </title>
      <link>https://padlet.com/marianogranizo/Bookmarks</link>
      <description>Dos lecturas</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-03-29 11:46:39 UTC</pubDate>
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         <title>Penélope y el sudario</title>
         <author>marianogranizo</author>
         <link>https://padlet.com/marianogranizo/Bookmarks/wish/1740705609</link>
         <description><![CDATA[<div>En los años anteriores a la decisión de los dioses de ayudar a Ulises, Penélope sufrió muchas penurias. Su belleza aún encandilaba a los hombres; pero, en su cara, estaban marcadas las huellas del sufrimiento.<br><br></div><div>Gran parte de su juventud se había evaporado en una espera sin fin. ¡Cuántas veces debió ocultarse en sus habitaciones para que Telémaco no viera sus lágrimas! Su hijo necesitaba la presencia del padre, pues su amor no bastaba para convertirlo en un guerrero que todos respetaran. Los pretendientes, en el mejor de los casos, lo ignoraban y en el peor, se burlaban de él. Estos hombres, que tanto la torturaban eran los orgullosos hijos de las mejores familias de Ítaca y de las islas cercanas. Creían que Ulises ya había sido devorado, en alguna playa perdida, por las aves de rapiña y esperaban que la reina eligiera, entre ellos, a su nuevo marido. Penélope temía que Telémaco se viera obligado a enfrentarlos sin estar preparado, por eso se esforzaba para no ofender a los festejantes y esgrimía, ante ellos, las artes de una distante seducción en un precario equilibrio.&nbsp;<br><br></div><div>En los hechos, eran los amos del palacio. Lo único que no hacían era quedarse a dormir; por lo demás, mandaban a los dependientes y esclavos como si fueran propios, comían y bebían de los bien abastecidos almacenes y la hacienda, y cada vez, se volvían más insolentes.&nbsp;<br><br></div><div>Durante tres años, Penélope los contuvo gracias a un ardid digno de Ulises: les prometió elegir a uno de ellos apenas terminara el sudario de Laertes, el anciano padre de Ulises, demasiado enfermo para retomar el trono vacío. No sea cosa, les anunció la reina, que el pobre anciano se fuera sin mortaja al reino del invisible Hades, donde van las almas de los difuntos. ¡Qué pensarían las esposas de los nobles de Ítaca si un hombre tan venerable no vistiera con dignidad el día de su muerte! Aunque con muchos reparos, los pretendientes aceptaron la propuesta.<br><br></div><div>En las altas habitaciones del palacio, Penélope tejió de día con el telar y con la rueca un manto cuyas sutilezas debían ser infinitas, a juzgar por el tiempo que se tomaba para hacerlo. Pero ¡ay!, que una noche una amiga infiel la vio a la luz de las antorchas destejer la tela. Esta mujer sintió celos y envidia de ella. ¿Cómo era posible que Penélope fuera deseada por los más hermosos y ricos jóvenes del reino, y se diera el gusto de rechazarlos? La envidiosa fisgona no tardó en delatar su estratagema.<br><br></div><div>Desde entonces, Penélope no imaginaba qué hacer para diferir su decisión, salvo dar esperanzas a todos, a la vez que intentaba convencerlos de que Ulises estaba vivo.<br><br></div><div>Mas cada día que pasaba, se reducía su hacienda: hoy, dos bueyes gordos; mañana, media docena de puercos cebados eran sacrificados por las visitas, empeñados en brindarse un banquete diario hasta que ella señalase a su futuro marido.&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-14 20:58:47 UTC</pubDate>
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         <title>La tela de Penélope, o quién engaña a quién (Augusto Monterroso) </title>
         <author>marianogranizo</author>
         <link>https://padlet.com/marianogranizo/Bookmarks/wish/1740706873</link>
         <description><![CDATA[<div>Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto) casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.<br><br></div><div>Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de esos interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.<br><br></div><div>De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo imaginar Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-09-14 20:59:39 UTC</pubDate>
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