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      <title>Trabajo final de ERE Y AGUSTINOLOGÍA 10.1 by </title>
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      <description>Realizado por Sergi escobar Pérez </description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2022-01-21 03:21:01 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>sergiescobar</author>
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         <description><![CDATA[<div>Primer libro&nbsp;<br><br>La asociación protectora de animales que acogió al pequeño felino herido ha dado la voz de alarma ante el aumento del número de mascotas abandonadas durante el verano. Una gatita de tres meses de edad, llamada Nounette, fue lanzada voluntariamente desde un coche en marcha a finales de julio en la ronda de circunvalación de Toulouse, informa la emisora France Bleu. Una asociación protectora de animales locals, Cha'Mania, ha difundido la historia, para alertar del creciente número de abandonos de animales durante el verano. «Trasladada un veterinario, se descubrió que la gatita tenía tres fracturas en la pelvis. »</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-21 03:24:29 UTC</pubDate>
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         <title>Segundo libro </title>
         <author>sergiescobar</author>
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         <description><![CDATA[<div>Quiero recordar mis pasadas fealdades y las corrupciones carnales de mi alma, no porque las ame, sino por amarte a ti, Dios mío. Por amor de tu amor hago esto , recorriendo con la memoria, llena de amargura, aquellos mis caminos perversísimos, para que tú me seas dulce, dulzura sin engaño, dichosa y eterna dulzura, y me recojas de la dispersión en que anduve dividido en partes cuando, apartado de la unidad, que eres tú, me desvanecí en muchas cosas.<br>Porque hubo un tiempo de mi adolescencia en que ardí en deseos de hartarme de las cosas más bajas, y osé oscurecerme con varios y sombríos amores, y se marchitó mi hermosura, y me volví podredumbre ante tus ojos por agradarme a mí y desear agradar a los ojos de los hombres.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-21 03:24:48 UTC</pubDate>
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         <title>Tercer libro </title>
         <author>sergiescobar</author>
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         <description><![CDATA[<div>por eso mi alma no se hallaba bien, y, herida, se arrojaba fuera de sí, ávida de restregarse miserablemente con el contacto de las cosas sensibles, las cuales, si no tuvieran alma, no serían ciertamente dignas de amor. Caí también en el amor en que deseaba ser cogido. Con todo, tú sabes, Señor, que era mucho más calmado que los demás y totalmente ajeno a las perversiones de los trastornados –nombre siniestro y diabólico que ha logrado convertirse en distintivo de urbanidad–, y entre los cuales vivía con impúdico pudor, por no como ser uno de ellos. Nada hay más parecido que este hecho a los hechos de los demonios, por lo que ningún nombre les cuadra mejor que el de trastornados o perversores, por ser ellos antes trastornados y pervertidos totalmente por los espíritus malignos, que así los burlan y engañan, sin saberlo, en aquello mismo en que desean reírse y engañar a los demás.&nbsp;<br><br>Entonces, en tan frágil edad, entre estos tales, yo estudiaba los libros de la elocuencia, en la que deseaba sobresalir con el fin condenable y vano de satisfacer la vanidad humana. Mas, siguiendo el orden usado en la enseñanza de tales estudios, llegué a un libro de un cierto Cicerón, cuyo lenguaje casi todos admiran, aunque no así su contenido. Este libro contiene una exhortación suya a la filosofía, y se llama el Hortensio. Tal libro cambio mis afectos y mudó hacia ti, Señor, mis súplicas e hizo que mis votos y deseos fueran otros.<br><br>De repente apareció a mis ojos vil toda esperanza vana, y con el increíble ardor de mi corazón suspiraba por la inmortalidad de la sabiduría, y comencé a.&nbsp;<br><br>Porque en ti está la sabiduría. Y el amor a la sabiduría tiene un nombre en griego, que se dice filosofía, al cual me encendían aquellas páginas. No han faltado quienes han engañado sirviéndose de la filosofía, coloreando y encubriendo sus errores con nombre tan grande, tan dulce y honesto. Mas casi todos los que en su tiempo y en épocas anteriores hicieron tal están indicados y descubiertos en dicho libro.&nbsp;<br><br>Mas entonces –tú lo sabes bien, luz de mi corazón–, como aún no conocía yo el consejo de tu Apóstol, sólo me deleitaba en aquella exhortación que me excitaba, encendía e inflamaba con su palabra a amar, buscar, lograr, retener y abrazar fuertemente no esta o aquella escuela, sino la Sabiduría misma, dondequiera estuviese. Mi hinchazón rechazaba su estilo y mi mente no penetraba su interior. De este modo vine a dar con unos hombres delirantes de soberbia, carnales y charlatanes, en cuya boca hay lazos diabólicos y una mezcla viscosa hecha con las sílabas de tu nombre, del de nuestro Señor Jesucristo y del de nuestro Paráclito y Consolador, el Espíritu Santo. Estos nombres no se apartaban de sus bocas, pero sólo en el sonido y ruido de la boca, pues en lo demás su corazón estaba vacío de toda verdad.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-21 03:32:58 UTC</pubDate>
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         <title>Cuarto libro </title>
         <author>sergiescobar</author>
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         <description><![CDATA[<div>Así, pues, no cesaba de consultar a aquellos impostores llamados astrólogos, porque no usaban en sus adivinaciones casi ningún sacrificio ni dirigían conjuro alguno a ningún espíritu, lo que también condena y rechaza, con razón, la piedad cristiana y verdadera. En aquellos años, en el tiempo en que por primera vez abrí cátedra en mi ciudad natal, adquirí un amigo, a quien quise mucho por ser condiscípulo mío, de mi misma edad y hallarnos ambos en la flor de la juventud. Mas entonces no era tan amigo como lo fue después, aunque tampoco después lo fue tanto como exige la verdadera amistad, puesto que no hay amistad verdadera sino entre aquellos a quienes tú reúnes entre sí por medio de la caridad, derramada en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Con todo, era para mí aquella amistad –cocida con el calor de estudios semejantes– muy dulce.&nbsp;<br><br>Hasta había logrado apartarle de la verdadera fe, no muy bien hermanada y arraigada todavía en su adolescencia, inclinándole hacia aquellas fábulas supersticiosas y perjudiciales, por las que me lloraba mi madre. Conmigo erraba ya aquel hombre en espíritu, sin que mi alma pudiera vivir sin él. Mas he aquí que, estando tú muy cerca de la espalda de tus siervos fugitivos, ¡oh Dios de las venganzas y, a la vez, fuente de las misericordias, que nos conviertes a ti por modos sorprendentes!, he aquí que tú le arrebataste de esta vida cuando apenas había gozado un año de su amistad, más dulce para mí que todas las dulzuras de aquella mi vida. Porque como él fuese atacado por una fiebre y quedara mucho tiempo sin sentido bañado en sudor de muerte, como se desesperara de su vida, se le bautizó sin él saberlo, lo que no me importó, por presumir que su alma conservaría más lo que había recibido de mí, que lo que había recibido en el cuerpo, sin él saberlo.&nbsp;<br><br>Pero él, mirándome con horror como a un enemigo, me amonestó con admirable y repentina libertad, diciéndome que, si quería ser su amigo, cesase de decir tales cosas. Mas tú, Señor, le libraste de mi locura, a fin de ser guardado en ti para mi consuelo, pues pocos días después, estando yo ausente, le volvieron las fiebres y murió. Cuanto miraba era muerte para mí. Yo me había vuelto para a mí mismo una gran dificultado y preguntaba a mi alma por qué estaba triste y me conturbaba tanto, y no sabía qué responderme.&nbsp;<br><br>Sólo el llanto me era dulce y ocupaba el lugar de mi amigo en las delicias de mi corazón. Era yo miserable, como lo es toda alma prisionera del amor de las cosas temporales, que se siente despedazar cuando las pierde, sintiendo entonces su miseria, por la que es miserable aun antes de que las pierda. Y tan miserable era que aún más que a aquel amigo queridísimo, yo amaba la misma vida miserable. Porque aunque quisiera cambiarla, sin embargo, no quería perderla más que al amigo, y aun no sé si quisiera perderla por él, como se dice de Orestes y Pílades –si no es cosa inventada–, que querían morir el uno por el otro o ambos al mismo tiempo, por serles más duro que la muerte, el no poder vivir juntos.&nbsp;<br><br>Creo que cuanto más amaba yo al amigo, tanto más odiaba y temía a la muerte, como a un cruelísimo enemigo que me lo había arrebatado, y pensaba que ella acabaría de repente con todos los hombres, pues había podido acabar con él.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-21 03:35:07 UTC</pubDate>
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         <title>Quinto libro </title>
         <author>sergiescobar</author>
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         <description><![CDATA[<div>Mas alábete mi alma para que te ame, y confiese tus misericordias para que te alabe. No cesan ni callan tus alabanzas las criaturas todas del universo, ni los espíritus todos con su boca vuelta hacia ti, ni los animales y cosas corporales por boca de los que las contemplan, a fin de que, apoyándose en estas cosas que tú has hecho, se levante hacia ti nuestra alma de su laxitud y pase a ti, su hacedor admirable, donde está la hartura y verdadera fortaleza. Ya había llegado a Cartago uno de los obispos maniqueos, por nombre Fausto, gran lazo del demonio, en el que caían muchos por el encanto seductor de su elocuencia, la cual, aunque también yo ensalzaba, sabíala, sin embargo, distinguir de la verdad de las cosas, que eran las que yo anhelaba saber. Ni me cuidaba tanto de la calidad del plato del lenguaje cuanto de las viandas de ciencia que en él me servía aquel tan renombrado Fausto.&nbsp;<br><br>Habíamelo presentado la fama como un hombre doctísimo en toda clase de ciencias y sumamente instruido en las artes liberales. Por donde él, descaminado en esto, habló mucho sobre estas cosas, para que, convencido de ignorante por los que las conocen bien, se viera claramente el crédito que merecía en las otras más obscuras. Así que, sorprendido de error al hablar del cielo y de las estrellas, y del curso del sol y de la luna, aunque tales cosas no pertenezcan a la doctrina de la religión, claramente se descubre ser sacrílego su atrevimiento al decir cosas no sólo ignoradas, sino también falsas, y esto con tan vesana vanidad de soberbia que pretendiera se las tomasen como salidas de boca de una persona divina.&nbsp;<br><br><br><br>En estos nueve años escasos en que les oí con ánimo vagabundo, esperé con muy prolongado deseo la llegada de aquel anunciado Fausto. Tan pronto como llegó pude experimentar que se trataba de un hombre simpático, de grata conversación y que gorjeaba más dulcemente que los otros las mismas cosas que éstos decían. Ya tenía yo los oídos hartos de tales cosas, y ni me parecían mejores por estar mejor dichas, ni más verdaderas por estar mejor expuestas, ni su alma más sabia por ser más agraciado su rostro y pulido su lenguaje. No eran, no, buenos valuadores de las cosas quienes me recomendaban a Fausto como a un hombre sabio y prudente porque les deleitaba con su facundia, al revés de otra clase de hombres que más de una vez hube de experimentar, que tenían por sospechosa la verdad y se negaban a reconocerla si les era presentada con lenguaje acicalado y florido.&nbsp;<br><br>Mas él, cuando presenté a su consideración y discusión dichas cuestiones, no se atrevió, con gran modestia, a tomar sobre sí semejante carga, pues conocía ciertamente que ignoraba tales cosas y no se avergonzaba de confesar. No era él del número de aquella caterva de charlatanes que había tenido yo que sufrir, empeñados en enseñarme tales cosas, para luego no decirme nada. Aun por esto me agradó mucho más por ser la modestia de un alma que se conoce más hermosa que las mismas cosas que deseba conocer. Por lo demás, todo aquel empeño mío que había puesto en progresar en la secta se me acabó totalmente apenas conocí a aquel hombre, mas no hasta el punto de separarme definitivamente de ella, pues no hallando de momento cosa mejor determiné permanecer provisionalmente en ella, en la que al fin había venido a dar, hasta tanto que apareciera por fortuna algo mejor, preferible.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-21 03:46:14 UTC</pubDate>
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