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      <title>Perfil y funciones del docente del siglo XXI by Efrain Pelaez</title>
      <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv</link>
      <description>Grupo 9.&quot;Enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su producción o su construcción. Quien enseña aprende al enseñar y quien enseña aprende a aprender&quot; Paulo Freire.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2016-07-11 21:54:13 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.</title>
         <author>vamr1920</author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/116227333</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2016-07-11 22:01:08 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.</title>
         <author>vamr1920</author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/116227383</link>
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         <pubDate>2016-07-11 22:03:18 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.</title>
         <author>vamr1920</author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/116227420</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2016-07-11 22:04:43 UTC</pubDate>
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         <title>¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?</title>
         <author>vamr1920</author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/116227455</link>
         <description><![CDATA[<div>es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.</div>]]></description>
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         <pubDate>2016-07-11 22:06:27 UTC</pubDate>
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         <title>perfil del Profesor  del Siglo XXI</title>
         <author>vamr1920</author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/116227550</link>
         <description><![CDATA[<div>es  una persona con las siguientes características:<br><br>ludico<br>dinámico<br>flexible<br>creativo<br>animado<br>investigador<br>emprendedor<br>modelo <br>moderador<br>líder<br><br>sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.</div>]]></description>
         <enclosure url="http://noemieducacionysociedad.blogspot.com/2013/04/maestros-del-siglo-xxi.html" />
         <pubDate>2016-07-11 22:11:06 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/255091800</link>
         <description><![CDATA[Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. ]]></description>
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         <pubDate>2018-04-25 04:20:48 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/275428023</link>
         <description><![CDATA[La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV]]></description>
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         <pubDate>2018-08-27 02:44:32 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/275428027</link>
         <description><![CDATA[La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV]]></description>
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         <title></title>
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         <description><![CDATA[La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV]]></description>
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         <pubDate>2018-08-27 02:44:32 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vamr1920/are64o73iruv/wish/275428029</link>
         <description><![CDATA[La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV]]></description>
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         <pubDate>2018-08-27 02:44:32 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV]]></description>
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         <description><![CDATA[La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV]]></description>
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         <description><![CDATA[La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transform
 Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
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         <pubDate>2018-09-23 08:50:08 UTC</pubDate>
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         <author></author>
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         <description><![CDATA[Competencia ]]></description>
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         <pubDate>2018-11-06 19:25:54 UTC</pubDate>
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         <description><![CDATA[Competencia
 Competencia 
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transform
 Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transform
 Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
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         <pubDate>2018-11-12 15:16:55 UTC</pubDate>
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         <author>sandercarr1</author>
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         <title>Línea de tiempo*Yennifer Paola Sánchez </title>
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📎 Document
Línea de tiempo*Yennifer Paola Sánchez
Línea de tiempo*Yennifer Paola Sánchez 
Habilidades del sigl
Habilidades del siglo xxi
o.
o.
Competencia Competencia
Competencia
 Competencia 
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transform
 Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transform
 Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Competencia
Competencia 
La elaboración de un perf
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
 La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transform
 Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
La elaboración de un perf
La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
La elaboración de un perf
La elaboración de un perfil competencial supone el establecimiento de una clasificación de competencias que se agrupan en diferentes categorías. Nosotros hemos distinguido unas generales que pueden englobar a las demás:

Competencia emocional: capacidad para manejar adecuadamente las diferentes emociones que pueden surgir ante determinados casos y en determinados contextos. Ésta abarca:
Autocontrol: mantener las emociones propias bajo control y evitar reacciones negativas ante provocaciones u hostilidad por parte de otros, y ante situaciones de alto contenido emocional. Por ejemplo, es necesaria en contextos disruptivos o con familias más problemáticas.
Empatía: querer entender a los demás. Habilidad para escuchar, entender correctamente los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás aunque no se expresen verbalmente o se expresen parcialmente. Por ejemplo, en una entrevista personal o durante el desarrollo de dinámicas de grupo.
Tolerancia a la frustración: mantener una acción a pesar de los obstáculos y situaciones difíciles que se presenten, aunque ello suponga un esfuerzo adicional. Supone evitar situaciones de bloqueo y demostrar comprensión y tolerancia ante los fracasos. En el trabajo diario del orientador no siempre  hay rutinas y es preciso adaptarse a las necesidades que van surgiendo a consecuencia de un conflicto en el aula o un alumno que pide ayuda, por ejemplo.
Fomento de la inteligencia emocional: saber desarrollar actividades de apoyo emocional con los usuarios. Conocer y aplicar las técnicas de apoyo emocional efectivas, tanto para situaciones individuales como de grupos, a fin de conseguir una atención completa y de calidad.
Competencia relacional: forma en que la persona se relaciona con los demás, principalmente en el entorno laboral.
Orientación al usuario: deseo de ayudar o servir a los demás, de satisfacer sus necesidades. La orientación implica una labor de ayuda y acompañamiento en diferentes itinerarios formativos.
Establecimiento de relaciones: habilidad para establecer contactos con otras personas, lo cual supone la capacidad para escuchar, interpretar y entender los pensamientos, sentimientos o preocupaciones de los demás, así como un cierto conocimiento sobre los usos y costumbres sociales. Puede implicar un trato adecuado con alumnado, profesorado, familia, etc.
Cordialidad: establecer relaciones afables, recíprocas y cálidas, a fin de establecer redes sociales útiles y confiables. Quien ayuda tiene que ofrecer confianza en su trato generando un clima positivo y evitando las críticas.
Influencia: habilidad para persuadir e influir sobre personas o situaciones para obtener una actitud positiva ante determinados cambios sin utilizar el poder coercitivo. Implica ser un "agente de cambio" manejando técnicas de motivación adaptadas al cliente y al contexto. Facilitar la aceptación en el otro de los caminos para el cambio tales como la planificación, esfuerzo o la resistencia a la adversidad.
Competencia para gestionar tareas: forma en la que la persona tiende a realizar sus tareas y a actuar en sus cometidos laborales.
Planificación y organización: capacidad para coordinar diferentes tareas y separarlas y ordenarlas por prioridad de modo que se establezcan y cumplan planes de trabajo determinados. La orientación implica elaborar planes de intervención que necesitan organización y secuenciación, de cara a la consecución de objetivos propuestos.
Capacidad de análisis: capacidad para identificar y valorar las situaciones y problemas, separando y organizando sus partes integrantes. Implica la virtud de distinguir lo prioritario dejando espacio para lo importante. Además, se compone de la capacidad para recoger información del usuario y de su  entorno; conocer y aplicar las  técnicas para el desarrollo de protocolos de recogida de información; etc.
Preocupación por el orden y la calidad: seguimiento y control del trabajo y la información, optimizando los recursos disponibles, insistiendo en que las responsabilidades asignadas estén claras. El trabajo del orientador implica la realización de tareas variadas que en conjunto contribuyan al logro del resultado esperado. Cada tarea debe ser llevada a cabo con minuciosidad y detalle para obtener los estándares de calidad marcados. Además, necesita registrar la información de los casos tratados de forma clara, práctica y sistemática.
Flexibilidad: habilidad de adaptarse y trabajar eficazmente en distintas y variadas situaciones, con personas o grupos diversos.
Iniciativa: identificar un problema, obstáculo u oportunidad y llevar a cabo acciones para dar respuesta a ello. Hacer frente a múltiples incidencias en la atención a los usuarios, tener iniciativa y capacidad de respuesta para buscar una solución.
Toma de decisiones: capacidad para elegir y adoptar una solución entre distintas posibilidades y opciones. El orientador necesita actuar en consecuencia, determinando un plan de acción y asumiendo los riesgos necesarios.
Orientación a resultados: disposición para alcanzar y superar los resultados previstos fijando metas exigentes, gestionando adecuadamente los recursos.
INNOVACIÓN: capacidad de adaptarse a los rápidos cambios que se producen dentro del mundo del ámbito académico y laboral, buscando siempre soluciones innovadoras. Implica una capacidad de adaptación al ambiente evitando la monotonía poco motivadora.
Finalmente, considerando las recomendaciones del parlamento europeo sobre las competencias clave para el aprendizaje permanente, añadimos a este perfil dos competencias más:

Competencia de aprender a aprender: vinculada al aprendizaje, a la capacidad de emprender y organizar un aprendizaje ya sea individualmente o en grupo, con el resto del equipo docente (en contextos académicos) o equipo de trabajo (en organizaciones de otro orden).

Competencia digital: conlleva el dominio de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El orientador debe saber elaborar documentos y comunicarlos, tener familiaridad con los equipos informáticos y manejar las herramientas relacionadas con las web 2.0. Podemos destacar la capacidad de manejo de Internet y correo electrónico; uso de plataformas para subir documentos, vídeos o almacenar links; así como la capacidad de gestionar perfiles en las redes sociales más utilizadas por los usuarios y las organizaciones. El perfil del orientador es un perfil que se ha adoptado a la realidad 2.0, al igual que lo han hecho las empresas y usuarios para los que trabaja.

Para terminar vamos a subrayar la necesidad de PROFESIONALIDAD, pues el orientador debe ser consciente de la importancia de su trabajo ya que este afecta directamente al bienestar de las personas a las que atiende, siendo valorable también hacerlo de forma CREATIV
Se requiere ser transform
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. 
perfil del Profesor  del Siglo XXI
perfil del Profesor  del Siglo XXI
es  una persona con las siguientes características:

ludico
dinámico
flexible
creativo
animado
investigador
emprendedor
modelo 
moderador
líder

sera el guía y moderador del proceso de enseñanza y aprendizaje , y usara en su proceso educativo herramientas tecnológicas.
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
¿Que hace  el Profesor  del Siglo XXI?
es  el orientador, del aprendizaje  de cada estudiantes y de su grupo de trabajo, es una guía, mas no el constructor  del conocimiento.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Un profesor del siglo XXI, debe tener: iniciativa, creatividad, manejo de las TICS, Resolución de problemas, trabajo en equipo, aprender a aprender, establecer metas, perseverancia, hábitos de estudio, autoestima, inculcar valores a los estudiantes y tener mucha paciencia y tolerancia.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento. El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Los docentes en la actualidad deben ser individuos con iniciativa, ser creativos, dinámicos que puedan interactuar con el alumno de una forma dinámica y participativa, que busque la motivación, autoestima e interés en el conocimiento.

El docente debe proveer cualidades de lider observador, para poder analizar las actitudes del alumno frente a su forma o estilo de enseñar, si realmente esta motivado no, motivador, capaz de escuchar a sus alumos, entender sus formas de pensar, actuar, y a su vez el alumno pueda entender al profesor.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones. Vivimos en un mundo donde la era digital ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
Se requiere ser transformador e innovador para poder producir en el alumno nuevos conocimientos significativos. Ser crítico y permitir que el alumno también desarrolle esa habilidad crítica, motivación por la investigación, fomentar la duda frente a ciertos temas y que sean ellos mismos los generadores de ideas y soluciones.

Vivimos en un mundo donde la era digital  ha tomado auge y es importante que como docentes estemos en la capacidad de proveer de herramientas y estrategias tecnológicas para que el alumno produzca conocimientos significativos, de buscar alternativas de solución que ayuden a mejorar la calidad de la educación y que contribuyan a fortalecer el trabajo en equipo.
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