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      <title>1ero de Mayo. Día Internacional de las y los trabajadores by Nicolás Bend</title>
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      <description>Notas, artículos, imágenes, videos y testimonios acerca del origen de la conmemoración del 1ero de Mayo</description>
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      <pubDate>2021-04-29 22:33:55 UTC</pubDate>
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         <title>Breve Documental Sobre el 1ero de Mayo con palabras de Osvaldo Bayer</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <pubDate>2021-04-29 22:38:27 UTC</pubDate>
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         <title>Infografía 1ero de Mayo</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <pubDate>2021-04-29 22:42:31 UTC</pubDate>
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         <title>Testimonio de August Spies antes de su ejecución</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <description><![CDATA[<div>Al dirigirme a este tribunal, lo hago como representante de una clase a otra que es su enemiga, comenzando con las mismas palabras con que el veneciano Marino Fallieri se dirigió a su verdugo, el Consejo de Dios, hace cinco siglos: “¡Mi defensa es vuestra acusación! Las causas de mis supuestos crímenes, ¡vuestra historia!”<br><br></div><div>He sido acusado de asesinato, como cómplice o ejecutor, y se me ha condenado a pesar de que el ministerio público no pudo presentar una sola prueba que me inculpe en ninguno de los dos aspectos: de los testimonios expuestos no se desprende que yo haya arrojado la bomba ni que sepa quién fue el que la tiró. Sólo se han tenido en cuenta las declaraciones contradictorias de Thompson y de Gilmer, testigos pagados por la policía, de acuerdo con instrucciones del fiscal Grinnell y del capitán Bonfield, para hacerme pasar por criminal.<br><br></div><div><br></div><div>Y puesto que no hay hecho alguno que pruebe mi participación o mi responsabilidad en aquel suceso, entonces la sentencia y su ejecución son más que un asesinato legal preconcebido, un crimen malvado y que se ejecutará a sangre fría. Asesinato planeado tan infame y canallescamente como no hay que buscar ejemplos análogos más que en la historia de las persecuciones políticas y religiosas. Se han cometido muchos crímenes judiciales aún en casos en que los representantes del Estado han obrado de buena fe, creyendo realmente delincuentes a los sentenciados. Pero en este caso el ministerio público ni siquiera puede ampararse en esa excusa; no puede porque sus representantes, Grinnell y Bonfield, han fabricado la mayor parte de los testimonios y escogieron un jurado viciado desde origen. ¡Ante este tribunal y ante el pueblo supuestamente representado por el estado, acuso de conspiración infame para asesinarnos al fiscal Grinnell y a su digno compinche Bonfield! […]<br><br></div><div>La clase que está ávida, con bestial codicia, de nuestra sangre, la clase de los buenos y piadosos cristianos, ha intentado a través de su prensa y por todos los medios inimaginables de ocultar cuidadosamente los hechos tal como se produjeron, de mantenerlos en secreto. Lo ha conseguido en parte, añadiendo a los odiados acusados el calificativo de “anarquistas” y describiéndolos como una tribu de salvajes recientemente descubierta o como una especie de caníbales y, además, inventando tenebrosas y espeluznantes leyendas de conspiraciones misteriosas y oscuras, para sembrar aun más el temor. Esos buenos cristianos trataron así de encubrir el hecho de que en la noche del 4 de mayo, doscientos hombres armados, bajo el mando de un matón notorio y sin conciencia cayeron sobre un pacífico mitin de ciudadanos. ¿Con qué propósito? ¡Con el propósito de herir o de matar el mayor número posible de ellos! […]<br><br></div><div>Los trabajadores de esta ciudad se irritaron un poco por la desvergüenza de sus benéficos amos. Comenzaron a decir verdades que sonaron desagradablemente en los oídos de los patricios. Hasta se atrevieron a presentar, ¡oh, increíble&nbsp; indecencia!, algunas comedidas demandas de mejoras laborales. Sostuvieron, ¡qué audacia!, que ocho horas de intenso trabajo por día por solamente dos horas de paga era insuficiente (…). Ese populacho sin leyes tenía que ser reducido al silencio, y era la cosa más fácil del mundo lograrlo por la intimidación, asesinando al menos a aquellos a quienes distinguían como líderes, sí, a esos perros extranjeros había que hacerles ver de una vez para siempre que no deben ocuparse, en lo sucesivo, de las honestas maquinaciones de sus benefactores amos cristianos. […]<br><br></div><div>El principal argumento de Grinnell contra los acusados fue: “Son extranjeros, no son ciudadanos norteamericanos”. No puedo hablar por los demás, hablo por mí mismo. Resido en este estado por lo menos el mismo tiempo que Grinnell, y me considero por lo menos tan buen ciudadano como él, aunque la comparación con semejante ente me resulte desagradable y preferiría no hacerla. Grinnell, como ya lo han demostrado nuestros abogados, apeló demagógicamente al patriotismo de los señores del jurado. A eso respondo citando las palabras de un escritor inglés: “¡El patriotismo es el último refugio de los rufianes!” […]<br><br></div><div>Grinnell ha repetido varias veces que aquí se procesa al anarquismo. Pues bien, la teoría del anarquismo pertenece al dominio de la filosofía especulativa. En el mitin de Haymarket no se dijo una sola palabra acerca del anarquismo; sólo se habló del tema muy popular de la reducción de la jornada de trabajo. Pero “el anarquismo es aquí procesado”, eructa Grinnell. Pues si de eso se trata (…) podéis condenarme, porque soy anarquista. Yo creo como Buckle, como Paine, como Jefferson, como Emerson, Spencer y muchos otros grandes pensadores (…) que el estado de las castas y las clases, que el estado en que una clase domina a la otra que vive de su trabajo –a lo cual vosotros llamáis orden-, creo, sí, que esta forma bárbara de organización social con su sistema de robo santificado y de asesinatos legales, está próxima a morir para ceder el puesto a una sociedad libre, a una sociedad voluntaria o hermandad universal, si así lo preferís.<br><br></div><div>¡Podéis, pues, sentenciarme, honorable juez, disponer de mi muerte, pero no impediréis que el mundo sepa que en el estado de Illinois, en este Año del señor de 1886, ocho hombres fueron condenados a muerte sólo porque no han perdido la fe en un futuro mejor, por creer en la victoria final de la Libertad y la Justicia! […]<br><br></div><div>Ya he expuesto mis ideas. Ellas constituyen una parte de mí mismo. No puedo abominar de ellas, ni tampoco lo haría aunque pudiese. Y si pensáis que habréis de aniquilar estas ideas, que día a día ganan más y más terreno, enviadnos a la horca. ¡Si una vez más aplicáis la pena de muerte por el <em>delito</em> de atreverse a decir la verdad –y os desafiamos a que demostréis que hemos mentido alguna vez- yo os digo que si la muerte es la pena que imponéis por proclamar la verdad, entonces estoy dispuesto a pagar tan alto precio, orgullosa y bravamente! ¡Llamad a vuestro verdugo! ¡Ahorcarnos! ¡La verdad crucificada en Sócrates, en Cristo, en Giordano Bruno, en Juan Huss, en Galileo, vive aún! ¡Estos y muchos otros nos han precedido en el pasado! ¡Estamos prestos a seguirles!<br><br>Fuente: https://www.elhistoriador.com.ar/martires-de-chicago-spies-ante-el-tribunal-que-le-condeno-a-muerte/<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-29 22:44:45 UTC</pubDate>
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         <title>Palabras de Altgeld al otorgar el “perdón absoluto” a Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Schwab el 26 de junio de 1893.  El texto desnuda minuciosamente las irregularidades del proceso que castigó a ocho anarquistas por un delito que no cometieron</title>
         <author>profenbend1718</author>
         <link>https://padlet.com/profenbend1718/am9ak7vjb33vjlh0/wish/1476121977</link>
         <description><![CDATA[<div>En la noche del 4 de mayo de 1886, se llevó a cabo una manifestación en la plaza Haymarket, en Chicago; había entre&nbsp; 800 y 1000 personas, la mayoría trabajadores. Fue convocada como protesta ante la presunta brutalidad policial contra los obreros que intentaban obtener la jornada de ocho horas. En un enfrentamiento habían muerto varias personas.<br><br></div><div>La reunión (del 4 de mayo) fue pacífica y contó con la presencia del alcalde, quien se quedó hasta que la multitud comenzó a dispersarse, y luego se retiró. Cuando el capitán John Bonfield, del departamento de Policía, supo que el alcalde se había ido, se dirigió con un destacamento de la policía al lugar de reunión con el propósito de dispersar a los pocos que aún quedaban. Mientras la policía se acercaba al lugar, un desconocido arrojó una bomba, que al explotar dejó a muchas personas heridas y mató a varios policías; uno de ellos era Mathias Degan.<br><br></div><div><br></div><div>Varias personas fueron detenidas, y al cabo de un tiempo, Augusto Spies, Albert R. Parsons, Louis Lingg, Michael Schwab, Samuel Fielden, George Engel, Adolph Fischer y Oscar Neebe fueron acusados ​​del asesinato de Mathias Degan. La fiscalía no pudo identificar a la persona que arrojó la bomba ni logró llevar ante la justicia al verdadero culpable, y, como algunos de los acusados ​​no habían participado en la manifestación de Haymarket ni tenían nada que ver con ella, la fiscalía se vio obligada a proceder sobre la teoría de que los acusados eran culpables de asesinato –según se adujo- porque en varias oportunidades en el pasado habían prácticamente instigado, en lenguaje incendiario y sedicioso oral e impreso, al asesinato de policías, de los hombres de Pinkerton y de otros que desempeñaban cargos similares, y que eran, por lo tanto, responsable del asesinato de Mathias Degan.<br><br></div><div>Había una gran agitación en la opinión pública, y tras un juicio prolongado, todos los acusados fueron declarados culpables; Oscar Neebe fue condenado a quince años de cárcel y todos los demás ​​fueron condenados a la horca.<br><br></div><div>El caso fue elevado a la Corte Suprema, que en el otoño de 1887 confirmó la sentencia. Poco después Lingg se suicidó. La sentencia de Fielden y Schwab fue conmutada por la de cadena perpetua, mientras que Parsons, Fischer, Engel y Spies fueron ahorcados; hay ahora peticiones que intentan que se conceda la libertad a Neebe, Fielden y Schwab.<br><br></div><div>Los varios miles de comerciantes, banqueros, jueces, abogados y otros ciudadanos prominentes de Chicago que solicitaron el indulto ejecutivo, mediante cartas, peticiones y otras vías, lo han hecho suponiendo que los imputados son culpables, pero creyendo que ya han recibido suficiente castigo; sin embargo, muchas personas que analizaron el caso con más cuidado, y que, estando más familiarizadas con los expedientes y con los hechos que arrojan los archivos, presentan fundamentos muy distintos. Ellos aseguran:<br><br></div><div>Primero. Que el jurado que juzgó el caso fue seleccionado y formado con la intención manifiesta de condenar a los acusados.<br><br></div><div>Segundo. Que los miembros del jurado, de acuerdo a lo que ellos mismos manifestaron, no eran competentes, por lo que el proceso carece de legalidad.<br><br></div><div>Tercero. Que los acusados no fueron encontrados culpables del crimen del que se los acusaba.<br><br></div><div>Cuarto. Que el fiscal declaró que no había pruebas para procesar a uno de los acusados, Neebe, a pesar de lo cual se lo mantuvo en la cárcel durante todos estos años.<br><br></div><div>Quinto. Que el juez de primera instancia, ya sea por estar predispuesto contra los acusados o bien por procurar conquistar los aplausos de una determinada clase de la comunidad, no logró garantizar un juicio justo.<br><br></div><div>Respecto a la cuestión de que los condenados han recibido ya suficiente castigo, me limitaré a decir que el poder ejecutivo no debería intervenir, de haber tenido un juicio justo y de no haber aparecido evidencias de que no eran culpables del crimen del que se los acusó.&nbsp; (…)<br><br></div><div><strong>¿Hubo parcialidad en la elección del jurado?</strong><br>Los registros del proceso muestran que el jurado no se formó como se hace usualmente…. (…) El juez designó a un tal Henry P. Ryce, agente judicial especial, para citar a los individuos que servirían como miembros del jurado. (…) En la página 134 del tomo primero del expediente, consta que cuando se habían completado las dos terceras partes del jurado, el abogado defensor llamo la atención del tribunal respecto al hecho de que Ryce convocaba únicamente a hombres con prejuicios. Además, se destaca que se convocaba únicamente a hombres pertenecientes a determinadas clases, como empleados, comerciantes, fabricantes, etc.<br><br></div><div>La declaración jurada de Otis S. Favor, uno de los empresarios de más reputación de Chicago, constituye otra prueba de la conducta impropia de Ryce&nbsp; (…) En ella jura que conoce muy bien a Henry L. Ryce, del condado de Cook, Illinois, alguacil especial encargado de citar a los miembros del jurado… (…) . Que conversando con Ryce cuando este ejercía sus funciones especiales, Ryce le dijo: «Yo estoy manejando este caso y sé lo que hago. La ejecución de estos individuos en la horca es tan segura como la muerte. Estoy convocando a hombres que la defensa tendrá que recusar hasta agotar su tiempo y sus recusaciones. Entonces tendrá que aceptar los hombres que el fiscal quiera.» (…) (Favor) hizo esta declaración en noviembre de 1887. (…)<br><br></div><div>Según se desprende del expediente, se examinaron 981 individuos; la mayoría eran empresarios u hombres sugeridos por empresarios.<br><br></div><div><strong>¿Hay evidencias de culpabilidad?</strong><br>El Estado nunca encontró a los responsables de arrojar la bomba que mató al policía, y la evidencia no demuestra ninguna conexión entre los acusados y el hombre que la arrojó. El juez que intervino en la causa se manifestó de la siguiente manera tanto al denegar la moción para una nueva audiencia como en un artículo publicado recientemente en una revista: “Los acusados no fueron condenados por haber tenido alguna participación en el acto específico que causó la muerte de Degan; fueron condenados porque ellos en general en sus discursos y en sus impresos, habían aconsejado a grandes cantidades de personas, no a individuos particulares, sino a grandes cantidades, cometer asesinato, y habían dejado la concreción de tal crimen -la hora, el lugar y el momento- a voluntad y capricho de la persona que escuchaba tal consejo, y como consecuencia de tal consejo, siguiendo tal consejo e&nbsp; influenciado por tal consejo, alguien&nbsp; a quien no conocemos sí arrojó la bomba que causó la muerte de Degan. Ahora, si esto no es un principio del derecho, entonces, por supuesto, los acusados tienen derecho a un nuevo juicio. Este caso no tiene precedente; no hay jurisprudencia de un caso de este tipo”.<br><br></div><div>Sin dudas, el juez decía la verdad cuando declaraba que este caso no tiene precedentes, y que no había ningún ejemplo en los códigos de leyes que aplicara la ley en el sentido declarado aquí arriba. Porque, en todos los siglos durante los cuales los hombres se han dado gobiernos y el crimen fue castigado, nunca antes un juez de un país civilizado ha establecido semejante ley.<br><br></div><div>Quienes defienden a los acusados y peticionaron por ellos sostienen que la ley se aplicó en este caso de este modo sencillamente porque la fiscalía, al no haber descubierto al verdadero criminal, no habría podido condenar a nadie, que este curso de acción se determinó para aplacar la agitación pública y que por los mismos motivos se permitió que el juicio continuara.<br><br></div><div>No voy a discutir esto. Pero aun aceptando la ley en el sentido arriba expuesto, era necesario probar –fuera de toda duda razonable- que la persona que cometió el atentado había oído o leído, por lo menos, el consejo, porque si no lo oyó ni lo leyó, no puede decirse que lo recibió…<br><br></div><div>También destacan que toda los argumentos que se encuentran en el expediente, muy citados por el juez en su artículo para demostrar el uso de un lenguaje sedicioso e incendiario por parte de los acusados reviste muy poca importancia cuando se considera la fuente de donde proviene; los dos periódicos en los que algunos artículos aparecieron a intervalos durante algunos años eran hojas oscuras que apenas tenían circulación.<br><br></div><div>Respecto a la gigantesca conspiración anarquista, no merece una consideración seria, teniendo en cuenta que a las reuniones que tenían lugar a la orilla del lago durante el verano, convocadas por estos agitadores, solo concurrían unas cincuenta personas…<br><br></div><div>Se destaca, además, que esta bomba fue arrojada, muy probablemente, por alguien que buscaba venganza personal; que las autoridades se habían conducido de modo tal que era natural que sucediera eso; que algunos años antes del asunto Haymarket había habido agitación obrera y que, en varias oportunidades, trabajadores inocentes habían sido asesinados a sangre fría por los hombres de Pinkerton, sin que la justicia castigase a los asesinos; (…) que en Chicago había habido varias huelgas en que la policía, (…) sin ninguna autorización, invadió y dispersó reuniones pacíficas, y en muchos casos apaleó brutalmente a hombres inocentes.&nbsp; (…)<br><br></div><div>Señalan además que en la primavera de 1886 hubo más agitación obrera en la fábrica Mc Cormick; que bajo la dirección del capitán Bonfield, las brutalidades del año anterior se multiplicaron; que la policía cometió asesinatos sin ningún tipo de provocación y sin que se hiciera la más mínima investigación. (…)<br><br></div><div>Señalan también que gran parte de la evidencia presentada en el juicio fue pura invención; que algunos prominentes oficiales de policía no sólo aterrorizaron a hombres inocentes, encerrándolos en la cárcel y amenazándolos con la tortura si se negaban a jurar lo que ellos deseaban, sino que hasta llegaron a ofrecer dinero y empleo a los que accedían a hacer esto. Además, planificaron deliberadamente montar falsas conspiraciones para tener la “gloria” de descubrirlas.<br><br></div><div>También hacen referencia a varios documentos, entre ellos una entrevista al capitán Ebersold, publicada en el Daily News (Diario de Noticias) de Chicago, el 10 de mayo de 1889. Ebersold era jefe de la policía de Chicago cuando tuvieron lugar los sucesos de Haymarket. Entre otras cosas dice: «Después de que aniquilamos las sociedades anarquistas, Schaack quiso enviar agentes que organizasen nuevas sociedades. Quería tener la cosa en ebullición para conservar su prominencia ante el público. Yo me negué».<br><br></div><div>Esto es de suma importancia, por cuanto arroja luz sobre toda la situación y destruye gran parte de la fuerza del testimonio presentado en el juicio.<br><br></div><div>Los hechos tienden a demostrar que la bomba fue arrojada por una persona que procuraba una venganza personal, y que el fiscal nunca descubrió quién la arrojó, y la evidencia no prueba en absoluto que el hombre que la arrojó haya leído u oído una palabra de los acusados; (…) por lo tanto no había pruebas para procesar a los acusados…<br><br></div><div><strong>Fielden y Schwab</strong><br>Durante el juicio detectives y policías dijeron bajo juramento que durante la manifestación de Haymarket&nbsp; el acusado Fielden prorrumpió en amenazas de muerte en el momento en que llegaba la policía (…) y un policía jura que Fielden sacó un revólver y disparó contra la policía antes de que se arrojara la bomba…<br><br></div><div>Pero algunos periodistas, que el estado llamó como testigos, dijeron que Fielden no hizo tales amenazas, ni usó ningún revólver. (…)&nbsp; Si quedaba alguna duda sobre las pruebas contra Fielden éstas fueron disipadas por el juez Gary y el fiscal Grinnell del Estado. (…)<br><br></div><div>En el otoño de 1887, algunos de los empresarios más destacados de Chicago se reunieron para consultar si debían solicitar un indulto para alguno de los condenados. El Sr. Grinnell estaba presente y manifestó que tenía serias dudas sobre si Fielden tenía un revólver en aquella ocasión, e incluso sobre si alguna vez había tenido uno.<br><br></div><div>Sin embargo, durante la primavera anterior, ante la Corte Suprema, se había hecho mucho hincapié en las pruebas relacionadas con lo que Fielden había hecho en la reunión Haymarket.<br><br></div><div>Resulta evidente que no había pruebas contra Fielden por algo que hubiera sucedido aquella noche, y como queda demostrado, para ser considerados culpables él y los demás acusados por las consecuencias y efectos de instigación perniciosa y criminal a la violencia ante grandes masas, ya fuera en discursos o impresos, debe demostrarse que la persona que cometió el atentado haya leído u oído tal instigación: porque no puede decirse que el culpable actuó bajo tal instigación si nunca la recibió.<br><br></div><div><strong>Declaraciones del fiscal sobre la inocencia de Neebe</strong><br>El honorable Carter H. Harrison, entonces alcalde de Chicago, y el Sr. F. S. Winston, procurador general de Chicago, tuvieron una conversación con el fiscal Grinell respecto a la evidencia contra Neebe. Según los señores Harrison y Winston, el fiscal manifestó que no creía que hubiese pruebas contra Neebe, y que quería dejarlo fuera del proceso, pero que sus colegas lo disuadieron por temor a que semejante paso influyera al jurado en favor de los demás acusados.<br><br></div><div>He analizado cuidadosamente toda la evidencia que existe contra Neebe y no pude hallar ni la sombra&nbsp; de un cargo contra él. Algunos de los otros acusados eran culpables de utilizar un lenguaje sedicioso, pero ni siquiera esto puede atribuirse a Neebe.<br><br></div><div><strong>Prejuicios o complacencia del juez</strong><br>Los que defienden a los prisioneros también manifiestan con amargura que consta en el expediente que el juez condujo el juicio con una ferocidad maliciosa y forzó a los ocho hombres a ser juzgados en conjunto; que en el interrogatorio de los testigos provistos por el Estado, el juez obligó a la defensa a limitarse a ciertos puntos específicos, mientras que al interrogar a los testigos de los acusados permitió que la fiscalía inquiriera sobre temas totalmente ajenos a las hechos; también manifiestan que a lo largo del juicio todos los dictámenes fueron favorables al Estado. Además, folio tras folio el expediente contiene insinuaciones del juez, con la evidente intención de alinear al jurado con su particular punto de vista, y que estas exposiciones, que provenían del juez, fueron mucho más perjudiciales que cualquier arenga del fiscal del Estado; que el fiscal a menudo se inspiró en el ejemplo del juez en sus exposiciones. (…)<br><br></div><div>Estas acusaciones son de carácter personal, y aunque parecen respaldadas por los expedientes del juicio y por los documentos que tengo ante mí y tienden a demostrar que los acusados no tuvieron un juicio justo, no creo necesario seguir discutiendo este aspecto del caso. Estoy convencido de que es mi deber ttragediomar partido por las razones expuestas y, por lo tanto, concedo el perdón absoluto a Samuel Fielden, Oscar Neebe y Miguel Schwab, hoy 26 de junio de 1893.<br><br></div><div>26 de junio de 1893. John P. Altgeld.<br><br>Fuente:&nbsp;<br>https://www.elhistoriador.com.ar/martires-de-chicago-el-crimen-cometido-en-nombre-de-la-ley-y-el-tardio-perdon-absoluto-para-tres-de-los-condenados/</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-29 22:47:45 UTC</pubDate>
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         <title>IMÁGEN 1 DE LOS MARTIRES DE CHICAGO</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <title>IMÁGEN 2 DE LOS MARTIRES DE CHICAGO</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <pubDate>2021-04-29 22:49:27 UTC</pubDate>
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         <title>IMÁGEN 3 DE LOS MARTIRES DE CHICAGO</title>
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         <title>IMÁGEN 4 DE LOS MARTIRES DE CHICAGO: LA REVUELTA DE HEYMARKET</title>
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         <pubDate>2021-04-29 22:51:49 UTC</pubDate>
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         <title>IMÁGEN 5 DE LOS MARTIRES DE CHICAGO</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <pubDate>2021-04-29 22:53:05 UTC</pubDate>
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         <title>Historiadora contando el 1ero de Mayo en la Argentina</title>
         <author>profenbend1718</author>
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         <pubDate>2021-04-29 22:57:30 UTC</pubDate>
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         <title>Osvaldo Bayer sobre el 1ero de Mayo</title>
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         <pubDate>2021-04-29 23:04:23 UTC</pubDate>
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         <title>Testimonio de George Engel antes de ser ahorcado</title>
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         <description><![CDATA[<div>¿En qué consiste mi crimen?<br><br>En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social en que sea imposible el hecho de que mientras unos amontonan millones utilizando las máquinas, otros caen en la degradación y en la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la Naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar...<br><br>En la noche en que fue arrojada la primera bomba en este país, yo me hallaba en mi casa. Yo no sabía ni una palabra de la conspiración que pretende haber descubierto el ministerio público.<br><br>Es cierto que tengo relaciones con mis compañeros de proceso, pero a algunos sólo los conozco por haberlos visto en reuniones de trabajadores. No niego tampoco que haya yo hablado en varios mítines, afirmando que si cada trabajador llevase una bomba en el bolsillo, pronto sería derribado el sistema capitalista imperante. Esa es mi opinión y mi deseo.<br><br>Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes son sus amigos. Todo lo demás yo lo desprecio; desprecio el poder de un Gobierno inicuo, sus policías y sus espías. Nada más tengo que decir."<br><br>Fuente: https://www.retoricas.com/2011/05/martires-de-chicago-george-engel.html</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-30 11:31:18 UTC</pubDate>
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