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      <title>17 de octubre by Alva jim Salta</title>
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      <description>Peronismo </description>
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      <pubDate>2021-10-14 01:29:07 UTC</pubDate>
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         <title>CRISTO O PERON! CIENTIFICOS DEL PALO </title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>"La hora ha llegado compañero! Se levanta en armas el joven montonero! Pondra su pecho al yankie imperialista! y será patria de obrero peronista!"  </div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:31:07 UTC</pubDate>
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         <title>Marginal </title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>"Y SÍ ENCIMA VOS MARICON, PERONISTA O DROGON. SI SO LESBIANA PUTA O LADRÓN, PARA VOS NO HAY REDENCIÓN" </div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:32:34 UTC</pubDate>
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         <title>SANTA EVITA - TOMAS ELOY MARTÍNEZ </title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:33:22 UTC</pubDate>
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         <title>Pares opositivos</title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>Culto / inculto&nbsp;<br>Aristocracia oligárquica / Peronismo popular&nbsp;<br>Civilización / Barbarie&nbsp;<br>Europa / tercer mundo&nbsp;<br>Proceso de reorganización nacional/ Guerrilleros peronistas<br>Neoliberales / Peronistas<br>Solución/ enfermedad&nbsp;<br>Orden / caos<br>Cuerdos/ Locos <br>Saludable / endémico&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:38:05 UTC</pubDate>
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         <title>Borges, sobre el Peronismo </title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Borges reivindicará a la autodenominada Revolución Libertadora que entró a sangre y muerte en el país en 1955. </strong>Recibirá premios y nombramientos: la titularidad de la Biblioteca Nacional (1955), Miembro de la Academia de Letras (1955), titular de cátedra de Literatura Inglesa y Norteamericana de la UBA (1956), Premio Nacional de Literatura (1956), etcétera. Más allá de las “gentilezas políticas”, Borges ya había publicado para entonces sus obras maestras. En 1947 escribirá, con su amigo Bioy, la <strong>"Fiesta del monstruo". </strong>A principios del <strong>genocidio del 76</strong>, dijo “por fin tenemos un gobierno de caballeros”, aunque luego denunció las desapariciones al recibir a <strong>Madres y Abuelas.<br></strong><br></div><div>En los setenta, su relación con el peronismo no dejó de ser exótica. Por el año 69 o 70, unos jóvenes peronistas reunían firmas para pedir la repatriación de los restos de Juan Manuel de Rosas. Borges se negó, le dijeron de todo. El escritor les respondió: <strong>“Hay una repatriación más urgente, la de los restos de Perón. Firmaré con gusto esa adhesión”. Perón, claro, entonces, todavía vivía en Madrid.&nbsp;<br></strong><br></div><div><strong>Borges escribió poemas para la revolución rusa de joven</strong> y se definió, hasta el final de su vida, como un anarquista modesto. Dirá que la democracia era un abuso de la estadística. Dirá también: “Ojalá merezcamos no tener ningún gobierno alguna vez”. En los setenta, en medio de un conflicto político, le preguntaron qué salida veía al problema. Respondió: <strong>“Lo único que se me ocurre es postergar las elecciones unos 200 o 300 años”.<br></strong><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:40:54 UTC</pubDate>
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         <title>Cortázar sobre El peronismo</title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>Salido a las calles en medio de una década teñida por un ambiente político (el del peronismo), que había llegado para cuestionar las jerarquías establecidas y desquiciar la realidad, Cortázar no será ajeno al sentimiento de desamparo que sienten gran parte de los escritores e intelectuales argentinos frente al avance de las masas plebeyas. “Turba ensombrecida”; “hordas analfabetas”; “furia indígena encolerizada”; “instintiva salvaje” fueron algunos de los calificativos con los que, en 1946, Enrique M. Mosca -candidato a vicepresidente por la Unión Democrática- se refirió a los “cabecitas negras” que apoyaron a Juan Domingo Perón en las elecciones presidenciales de ese año. Un poco más lúcido, aunque no menos antiperonista, Ezequiel Martínez Estrada plasmará en un legendario pasaje de <em>¿Qué es esto?</em> una caracterización que da cuenta de esa distancia entre masas e intelectuales. Dirá Estrada que Perón no les había revelado el pueblo a los escritores sino a “una zona del pueblo” que, efectivamente, les resultaba “extraña y extranjera”. “El 17 de octubre volcó a las calles un sedimento social que nadie había reconocido. Parecía una invasión de gente de otro país hablando otro idioma, vistiendo trajes exóticos, y sin embargo, eran nuestros hermanos”, remata el autor de <em>Radiografía de la pampa</em> en el texto recientemente mencionado.<br><br></div><div>Las invasiones bárbaras de octubre del 45 marcaron la subjetividad de estos actores culturales, más allá -o más acá- de cuanto, ellos mismos, pudieran procesarlo.<br><br></div><div>Si bien Cortázar había participado de la lucha política contra el peronismo, durante los años 1944-1945, cuando Perón asumió la presidencia de la Nación, más que incorporarse a las filas de quienes enfrentaban el nuevo régimen, prefirió -como él mismo reconoció años más tarde- renunciar a sus cátedras, antes de verse obligado a “sacarse el saco”, como le había pasado a “tantos colegas que optaron por seguir en sus puestos”.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:44:27 UTC</pubDate>
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         <title>Sobre Héroes y Tumbas - Ernesto Sábato </title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>&nbsp;La soledad era lúgubre y en la noche los incendios echaban un resplandor siniestro sobre el cielo plomizo. Se oía el bombo como en un carnaval de locos. Ahora estaba frente a la Iglesia, arrastrado por gente enloquecida y confusa. Algunos llevaban revólveres y pistolas. "Son de la Alianza", dijo alguien. Pronto ardió la nafta que habían echado sobre las puertas. Entraron en tumulto, gritando. Arrastraron bancos contra las puertas y la hoguera creció. Otros llevaban reclinatorios, imágenes y bancos a la calle. La llovizna caía indiferente y frígida. Echaron nafta y la madera ardió furiosamente, en medio de las heladas ráfagas. Gritaron, sonaron tiros por ahí, algunos corrían, otros se refugiaban en los zaguanes de enfrente, contra las paredes, fascinados por el fuego y el pánico. Alguien alzó en sus brazos una imagen de la Virgen e iba a arrojarla entre las llamas. Otro, que estaba al lado de Martín, un muchacho obrero aindiado, gritó: "¡dámela! ¡no la quemes!" —¿Qué? —dijo el otro con la imagen en alto, mirándolo con furia. —No la quemes, me hago unos pesos —dice el muchacho. El otro bajó la imagen y meneando la cabeza se la dio. Luego arrojó bancos y cuadros. El muchacho tenía ahora la Virgen en el suelo, a sus pies. Buscó ayuda. Vio a un agente de policía que miraba el espectáculo, le pidió que lo ayudase a sacar la imagen de la iglesia. —No te metas en líos, pibe —le recomendó el policía. Martín se acercó. —Yo te ayudo —le dijo. —Bueno, agarra de los pies —dijo el muchacho obrero. Salieron. Afuera seguía lloviendo, pero el incendio crecía en la calle y todo crepitaba por la nafta y el agua. Una mujer rubia y alta, con el pelo suelto y desgreñado, con un hachón de bronce que manejaba a manera de bastón, arrastraba una bolsa que llenaba con imágenes y objetos del culto.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:47:48 UTC</pubDate>
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         <title>Tomás Eloy MartínezSanta Evita (fragmento)</title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div><br><br>"Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Se le habían disipado ya las atroces punzadas en el vientre y el cuerpo estaba de nuevo limpio, a solas consigo mismo, en una beatitud sin tiempo y sin lugar. Sólo la idea no le dejaba de doler. Lo peor de la muerte no era que sucediera. Lo peor de la muerte era la blancura, el vacío, la soledad del otro lado: el cuerpo huyendo como un caballo al galope. Aunque los médicos no cesaban de repetirle que la anemia retrocedía y que en un mes o menos recobraría la salud, apenas le quedaban fuerzas para abrir los ojos. No podía levantarse de la cama por más que concentrara sus energías en los codos y en los talones, y hasta el ligero esfuerzo de recostarse sobre un lado u otro para aliviar el dolor la dejaba sin aliento. No parecía la misma persona que había llegado a Buenos Aires en 1935 con una mano atrás y otra adelante, y que actuaba en teatros desahuciados por una paga de café con leche. Era entonces nada o menos que nada: un gorrión de lavadero, un caramelo mordido, tan delgadita que daba lástima. Se fue volviendo hermosa con la pasión, con la memoria y con la muerte. Se tejió a si misma una crisálida de belleza, fue empollándose reina, quién lo hubiera creído. "</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:48:34 UTC</pubDate>
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         <title>Cristo vence </title>
         <author>sx170045</author>
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         <title>Bombardeo a la plaza de Mayo </title>
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         <pubDate>2021-10-14 01:49:43 UTC</pubDate>
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         <title>«Facundo»: la «barbarie» como poesía de lo original/originarioMaría Rosa Lojo</title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div><br></div><div><br><br></div><div>Como señala Noé Jitrik, no puede decirse que en algún momento del <em>Facundo</em>, Sarmiento defina claramente los conceptos (civilización y barbarie) que constituyeron en la primera edición, el título fundamental de la obra. Pero el antagonismo es descrito de todos modos, en el despliegue de la trama textual, de múltiples maneras: por asociaciones y contigüidades, por imagen, por metáfora y metonimia.</div><div><br></div><div>El concepto de <em>barbarie</em>, en primer lugar, se precisa en buena parte por negación y por ausencia, como lo opuesto a civilización, como el ámbito donde la civilización <em>no</em> está. Así, un primer registro, tanto en la secuencia lógico-demostrativa como en el orden del texto, es el <em>geográfico</em>.</div><div><br><br><br></div><div><strong>Geografía de la barbarie: un territorio de la negatividad</strong><br><br></div><div><br></div><div>«Barbarie» es, ante todo, una determinación impuesta por la geografía. Luego de la Introducción (suprimida en posteriores ediciones) el Capítulo I de <em>Facundo</em> se dedica al «Aspecto Físico de la República Argentina, i caracteres, hábitos e ideas que engendra». La desmesura, la inmensidad, el vacío, la ausencia de límites, son las categorías espaciales (que asumirán una densidad casi metafísica) a las que el autor apela inmediatamente para describir su objeto.</div><div><br></div><div>«Inmenso» (en sus variantes adjetivas y sustantivas) y «estensión» son lexemas que se repiten constante y furiosamente, como para aprehender el «mal metafísico» de la Argentina: «inmensa estensión de país», «enteramente despoblada», «desierto» que «rodea», «se le insinúa en las entrañas»:</div><div>«Allí la inmensidad por todas partes: inmensa la llanura, inmensos los bosques, inmensos los ríos, el horizonte siempre incierto, siempre confundiéndose con la tierra, entre celajes y vapores tenues, que no dejan, en la lejana perspectiva, señalar el punto en que el mundo acaba i principia el cielo».<br><br></div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:51:29 UTC</pubDate>
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         <title>Videla, sobre los derechos humanos </title>
         <author>sx170045</author>
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         <author>sx170045</author>
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         <author>sx170045</author>
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         <title>“La fiesta del Monstruo” Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares - fragmento</title>
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         <description><![CDATA[<div>&nbsp;A la espera de la voz de ¡aura y se fue! nos tuvieron hora y media al rayo del sol, a la vista, por suerte, de nuestra querida Tolosa, que en cuanto el botón salía a correrlos, los pibes nos tenían a hondazo limpio, como si en cada uno de nosotros apreciaran menos el patriota desinteresado que el pajarito para la polenta. Al promediar la primera hora, reinaba en el camión esa tirantez que es la base de toda reunión social pero después la merza me puso de mal humor con la pregunta si me había anotado para el concurso de la Reina Victoria, una indirecta, vos sabés, a esta panza bombo, que siempre dicen que tendría que ser de vidrio para que yo me divisara, aunque sea un poquito, los basamentos horma 44. Yo estaba tan eufórico que parecía adornado con el bozal, que a la hora y minutos de tragar tierra medio recuperé esta lengüita de Campana1 y, hombro a hombro con los compañeros de brecha, no quise restar mi concurso a la masa coral que despechaba a todo pulmón la marchita del Monstruo, y ensayé hasta medio berrido que más bien salió francamente un hipo, que si no abro el paragüita, que dejé en casa, ando en canoa en cada salivazo que usted me confunde con Vito Dumas, el Navegante solitario. Por fin, arrancamos, y entonces sí que corrió el aire, que era como tomarse el baño en la ola de la sopa, y uno almorazaba un sángüiche de chorizo, otro de su arrolladito de salame, otro de su panetún, otro de media botella de Vascolet y el de más allá la milanesa fría, pero más bien todo eso vino a suceder otra vuelta, cuando nos fuimos a Ensenada, pero como yo no concurría, más gano sino hablo.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:58:39 UTC</pubDate>
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         <title>El Cura El Militar Y El Dueno De Las Vacas</title>
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         <pubDate>2021-10-14 01:59:12 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2021-10-14 01:59:37 UTC</pubDate>
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         <title>En Raúl Scalabrini Ortiz, 1946, Tierra sin nada, tierra de profetas, “Emoción para ayudar a comprender”</title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fajina, porque acudían directamente desde sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones con hábitos de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de brea y de aceites. Llegaban cantando y vociferando unidos en una sola fe. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir. Los rostros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. Descendientes de meridionales europeos iban junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; El río cuando crece bajo el empuje del sudeste disgrega su masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajíos con meandros improvisados sobre la arena, en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que ese río es el anticipo de la inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre en hilos de entusiasmo, que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la Diagonal…<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hábito áspero en densas vaharadas, mientras las multitudes continuaban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y7 Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y averías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Hermanados en el mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el substrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulo. Era el de nadie y el sin nada, en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos por la misma verdad que una sola palabra traducía.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; En las cosas humanas el número tiene una grandeza particular por sí mismo. En ese fenómeno majestuoso a que asistía, el hombre aislado es nadie, apenas algo más que un aterido grano de sombra que a sí mismo se sostiene y que el impalpable viento de las horas desparrama. Pero la multitud tiene un cuerpo y un ademán de siglos. Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años, estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan que iniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Por inusitado ensalmo, junto a mí, yo mismo dentro, encarnado en una muchedumbre clamorosa de varios cientos de miles de almas, conglomeradas en un solo ser unívoco, aislado en sí mismo, rodeado por la animadversión de los soberbios de la fortuna, del poder, y del saber, enriquecido por las delegaciones impalpables del trabajo de las selvas, de los cañaverales, de las praderas, amalgamando designios adversarios, traduciendo en la firme línea de su voz conjunta su voluntad de grandeza, entrelazando en una sola aspiración simplificada la multivariedad de aspiraciones individuales, o consumiendo en la misma llama los cansancios y los desalientos personales, el espíritu de la tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades, pleno en la confirmación de su existencia.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; La substancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente, afirmando su derecho a implantar por sí mismo la visión del mundo que le dicta su espíritu desnudo de tradiciones, de orgullos sanguíneos, de vanidades sociales, familiares o intelectuales. Estaba allí desnudo y solo, como la chispa de un suspiro: hijo transitorio de la tierra capaz de luminosa eternidad<br><br></div><div>&nbsp;<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-25 19:20:02 UTC</pubDate>
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         <title>En Alejandro Horowicz, 1984, Los cuatro peronismos, “Introducción”</title>
         <author>sx170045</author>
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         <description><![CDATA[<div>Nosotros partimos de un hecho político actual: la derrota del peronismo. Escribir sobre ella no supone escribir sobre una derrota ajena, distante, despersonalizada (esto dicho con absoluta prescindencia de la adscripción del que lee a las banderas del general Perón). Escribir sobre la derrota del peronismo equivale a escribir sobre nuestra derrota fuera o dentro del peronismo, sobre el destino de nuestras ilusiones, nuestros amigos y nuestras llagas. Es un acto doloroso, terrible, irrenunciable.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Por eso escribo.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Partir de la derrota del peronismo, de la necesidad de explicarla, exige algo más que abarcar cuatro décadas de historia política nacional. Obliga a remontarse, por lo menos, hasta 1880, hasta el general Roca, hasta las era del imperialismo inicial, hasta el origen moderno del dominio británico y la crisis de su imperio. No es fácil.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Largas, tediosas, a veces amenas historias de distinto signo cuentan esta retahíla de acontecimientos desgraciados desde otras perspectivas. Todas –o casi todas- tergiversan, omiten, o fuerzan hechos, porque no pueden dar cuenta de ellos, porque libran en el pasado las batallas del presente. Es un mal modo de luchar: sólo sirve para desdibujar éste y mistificar aquél.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; El punto de arranque no es un arbitrariedad expositiva sino una necesidad histórica. 1880 es el comienzo de la historia moderna nacional; antes de esa frontera, la patria no era suficientemente un acontecimiento cristalizado. Allí cobró su perfil definitivo, sus problemas definitivos, su sujeto definitivo. Y el peronismo es, antes que otra cosa, <em>una suerte de resumen fortísimo</em> de ese perfil. Por eso el ’80.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; El sentido del peronismo, sus transformaciones, son el objeto central de este trabajo. El primer sentido está dado por la falta de unidad, por la discontinuidad de su continuidad y significación, y por existencia encadenada (política y cronológicamente) de sucesivos peronismos.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Nosotros contabilizamos cuatro: el primero surge el 17 de octubre de 1945 y cae el 16 de septiembre de 1955; el segundo abreva en las luchas de la resistencia y culmina con el retorno del general Perón el 17 de noviembre de 1972; el tercero cristaliza con la victoria electoral de Héctor J. Cámpora y concluye con la vida de su fundador; el cuarto es el resultado del gobierno isabelino y de algún modo sobrevive, herido de muerte y de vida, hasta hoy.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; No nos propusimos escribir un libro fácil, porque los problemas por resolver imponen otros. Quien se proponga acompañarnos hasta el final deberá salvar más de un escollo. De la suerte que corra el debate que este trabajo realimenta depende algo más que el éxito o el fracaso circunstancial de un texto.<br><br></div><div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Conviene precisar: no se trata de definir grandilocuentemente la importancia del problema, que a nadie se le escapa, sino de asumir una verdad decisiva: la sociedad argentina está asfixiada y precisa, quiéralo o no, sépalo o no, tamizar con una crítica inflexible la consistencia de sus ilusiones. En este sentido arrojamos esta piedra.<br><br></div><div>Buenos Aires, 5 de diciembre de 1984&nbsp;<br><br></div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-25 19:20:48 UTC</pubDate>
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