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      <title>TRABAJO DE HIPERTEXTUALIDAD by Renato Rodriguez</title>
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      <description>TALLER DE LITERATURA</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-10-06 01:49:41 UTC</pubDate>
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         <title>LA INSIGNIA</title>
         <author>loky99882</author>
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         <pubDate>2021-10-06 01:49:49 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>loky99882</author>
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         <description><![CDATA[<div>Hasta ahora recuerdo aquella tarde en que al pasar por el malecón divisé en un pequeño basural un objeto brillante. Con una curiosidad muy explicable en mi temperamente de coleccionista, me agaché y después de recogerlo lo froté contra la manga de mi saco. Así pude observar que se trataba de una menuda insignia de plata, atravesada por unos signos que en ese momento me parecieron incomprensibles, <strong>me parecieron jeroglíficos como de las tumbas de los faraones del antiguo Egipto</strong>. Me la eché al bolsillo y, sin darle mayor importancia al asunto, regresé a mi casa. No puedo precisar cuánto tiempo estuvo guardada en aquel traje que usaba poco. Sólo recuerdo que en una oportunidad lo mandé a lavar y, con gran sorpresa mía, cuando el dependiente me lo devolvió limpio, me entregó una cajita, diciéndome: "Esto debe ser suyo, pues lo he encontrado en su bolsillo, <strong>es una alhaja muy rara y a la vez muy bella señor</strong>"<br><br></div><div>Era, naturalmente, la insignia y este rescate inesperado me conmovió a tal extremo que decidí usarla.&nbsp;<br><br></div><div>Aquí empieza realmente el encadenamiento de sucesos extraños que me acontecieron. Lo primero fue un incidente que tuve en una librería de viejo. Me hallaba repasando añejas encuadernaciones cuando el patrón, que desde hacía rato e observaba desde el ángulo más oscuro de su librería, se me acercó y, con un tono de complicidad <strong>y amistad,</strong> entre guiños y muecas convencionales, me dijo: "Aquí tenemos libros de Feifer". Yo lo quedé mirando intrigado <strong>y conmocionado</strong> porque no había preguntado por dicho autor, el cual, por lo demás, aunque mis conocimientos de literatura no son muy amplios, me era enteramente desconocido. Y acto seguido añadió: "Feifer estuvo en Pilsen". Como yo no saliera de mi estupor, el librero terminó con un tono de revelación <strong>y misterio</strong>, de confidencia definitiva: "Debe usted saber que lo mataron. Sí, lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga". Y dicho esto se retiró hacia el ángulo de donde había surgido y permaneció en el más profundo silencio. Yo seguí revisando algunos volúmenes maquinalmente pero mi pensamiento se hallaba preocupado en las palabras enigmáticas <strong>y extrañas</strong> del librero. Después de comprar un libro de mecánica salí, desconcertado, del negocio.<br><br></div><div>Durante algún tiempo estuve razonando sobre el significado de dicho incidente, pero como no pude solucionarlo acabé por olvidarme de él. Mas, pronto, un nuevo acontecimiento me alarmó sobremanera. Caminaba por una plaza de los <strong>suburbios después de haber escuchado la santa palabra de Dios en la misa del medio día</strong> cuando un hombre menudo, de faz hepática y angulosa, me abordó intempestivamente y antes de que yo pudiera reaccionar, me dejó una tarjeta entre las manos, desapareciendo sin pronunciar palabra. La tarjeta, en cartulina blanca, sólo tenía una dirección y una cita que rezaba: SEGUNDA SESION: MARTES 4. Como es de suponer, el martes 4 me dirigí a la numeración indicada. Ya por los alrededores me encontré con varios sujetos extraños que merodeaban y que, por una coincidencia que me sorprendió, tenían una insignia igual a la mía. Me introduje en el círculo y noté que todos me estrechaban la mano con gran familiaridad <strong>y alegría</strong>. En seguida ingresamos a la casa señalada y en una habitación grande tomamos asiento. Un señor de aspecto grave emergió tras un cortinaje y, desde un estrado, después de saludarnos, empezó a hablar interminablemente. No sé precisamente sobre qué versó la conferencia ni si aquello era efectivamente una conferencia. Los recuerdos de niñez anduvieron hilvanados con las más agudas especulaciones filosóficas, y a unas digresiones sobre el cultivo de la remolacha fue aplicado el mismo método expositivo que a la organización del Estado. Recuerdo que finalizó pintando unas rayas rojas en una pizarra, con una tiza que extrajo de su bolsillo. <strong>Me pareció muy extremecedor la forma que tomaron esas rayas, pero preferí ignorar la imagen que logré divisar.<br></strong><br></div><div>Cuando hubo terminado, todos se levantaron y comenzaron a retirarse, comentando entusiasmados el buen éxito de la charla. Yo, por condescendencia, sumé mis elogios a los suyos, mas, en el momento en que me disponía a cruzar el umbral, el disertante me pasó la voz con una interjección, y al volverme me hizo una seña para que me acercara. <strong>Sentí un miedo recorriendo por todas mis venas llegando a mi corazón un poco petrificado.<br></strong><br></div><div>—Es usted nuevo, ¿verdad? —me interrogó, un poco desconfiado.&nbsp;<br><br></div><div>—Sí —respondí, después de vacilar un rato, pues me sorprendió que hubiera podido identificarme entre tanta concurrencia—. Tengo poco tiempo.&nbsp;<br><br></div><div>—¿Y quién lo introdujo? Me acordé de la librería, con gran suerte de mi parte.&nbsp;<br><br></div><div>—Estaba en la librería de la calle Amargura, cuando el...&nbsp;<br><br></div><div>—¿Quién? ¿Martín?&nbsp;<br><br></div><div>—Sí, Martín. <strong>Di un suspiro ahogado ya que él me estaba dando todas las respuestas.&nbsp;<br></strong><br></div><div>—¡Ah, es un colaborador nuestro!&nbsp;<br><br></div><div>—Yo soy un viejo cliente suyo.&nbsp;<br><br></div><div>—¿Y de qué hablaron?&nbsp;<br><br></div><div>—Bueno... de Feifer.&nbsp;<br><br></div><div>—¿Qué le dijo?&nbsp;<br><br></div><div>—Que había estado en Pilsen. En verdad... yo no lo sabía —¿No lo sabía?&nbsp;<br><br></div><div>—No —repliqué con la mayor tranquilidad.&nbsp;<br><br></div><div>—¿Y no sabía tampoco que lo mataron de un bastonazo en la estación de Praga?&nbsp;<br><br></div><div>—Eso también me lo dijo.&nbsp;<br><br></div><div>—¡Ah, fue una cosa espantosa para nosotros!&nbsp;<br><br></div><div>—En efecto —confirmé— Fue una pérdida irreparable.<br><br></div><div>Mantuvimos una charla ambigua y ocasional, llena de confidencias imprevistas y de alusiones superficiales, como la que sostienen dos personas extrañas que viajan accidentalmente en el mismo asiento de un ómnibus. Recuerdo que mientras yo me afanaba en describirle mi operación de las amígdalas, él, con grandes gestos, proclamaba la belleza <strong>y esplendor</strong> de los paisajes nórdicos. Por fin, antes de retirarme, me dio un encargo que no dejó de llamarme la atención.&nbsp;<br><br></div><div>—Tráigame en la próxima semana —dijo— una lista de todos los teléfonos que empiecen con 38. Prometí cumplir lo ordenado y, antes del plazo concedido, concurrí con la lista<strong>, ya en este punto</strong> l<strong>a desconfianza consumía mi cabeza, pero decidí ocultar todo.<br></strong><br></div><div>—¡Admirable! —exclamó— Trabaja usted con rapidez ejemplar.<br><br></div><div>Desde aquel día cumplí una serie de encargos semejantes, de lo más extraños. Así, por ejemplo, tuve que conseguir una docena de papagayos a los que ni más volví a ver, <strong>esos animales eras tan exóticos y hermosos que me tente en quedarme uno, pero me gano mi compromiso con lo encargado</strong>. Más tarde fui enviado a una ciudad de provincia a levantar un croquis del edificio municipal. Recuerdo que también me ocupé de arrojar cáscaras de plátano en la puerta de algunas residencias escrupulosamente señaladas, de escribir un artículo sobre los cuerpos celestes, que nunca vi publicado, de adiestrar a un meno en gestos parlamentarios, y aun de cumplir ciertas misiones confidenciales, como llevar cartas que jamás leí o espiar a mujeres exóticas que generalmente desaparecían sin dejar rastro.<br><br></div><div>De este modo, poco a poco, fui ganando cierta consideración. Al cabo de un año, en una ceremonia emocionante, fui elevado de rango. "Ha ascendido usted un grado", me dijo el superior de nuestro círculo, abrazándome efusivamente <strong>y pude ver en sus ojos un grado de respeto hacia mí.</strong> Tuve, entonces, que pronunciar una breve alocución, en la que me referí en términos vagos a nuestra tarea común, no obstante, lo cual, fui aclamado con estrépito. En mi casa, sin embargo, la situación era confusa. No comprendían mis desapariciones imprevistas, mis actos rodeados de misterio, y las veces que me interrogaron evadí las respuestas porque, en realidad, no encontraba una satisfactoria.&nbsp;<br><br></div><div>Algunos parientes me recomendaron, incluso, que me hiciera revisar por un alienista, pues mi conducta no era precisamente la de un hombre sensato <strong>obviamente ignore todas sus recomendaciones, solo me importaba cumplir los encargos sin importar que tan extraños podrán llegar a ser</strong>. Sobre todo, recuerdo haberlos intrigado mucho un día que me sorprendieron fabricando una gruesa de bigotes postizos pues había recibido dicho encargo de mi jefe. Esta beligerancia doméstica no impidió que yo siguiera dedicándome, con una energía que ni yo mismo podría explicarme, a las labores de nuestra sociedad.&nbsp;<br><br></div><div>Pronto fui relator, tesorero, adjunto de conferencias, asesor administrativo, y conforme me iba sumiendo en el seno de la organización aumentaba mi desconcierto, no sabiendo si me hallaba en una secta religiosa o en una agrupación de fabricantes de paños. A los tres años me enviaron al extranjero. Fue un viaje de lo más intrigante. No tenía yo un céntimo; sin embargo, los barcos me brindaban sus camarotes, en los puertos había siempre alguien que me recibía y me prodigaba atenciones, y en los hoteles me obsequiaban sus comodidades sin exigirme nada<strong>, en mi pensamiento solo se pronunciaba una frase “es una vida digna para mi”.</strong> Así me vinculé con otros cofrades, aprendí lenguas foráneas, pronuncié conferencias, inauguré filiales a nuestra agrupación y vi cómo extendía la insignia de plata por todos los confines del continente. Cuando regresé, después de un año de intensa experiencia humana, estaba tan desconcertado como cuando ingresé a la librería de Martín. Han pasado diez años. Por mis propios méritos he sido designado presidente. Uso una toga orlada de púrpura con la que aparezco en los grandes ceremoniales. Los afiliados me tratan de vuecencia. Tengo una renta de cinco mil dólares, casas en los balnearios, sirvientes con librea que me respetan y me temen, y hasta una mujer encantadora que viene a mí por las noches sin que yo le llame, <strong>exquisita y exuberante fémina</strong>. Y a pesar de todo esto, ahora, como el primer día y como siempre, vivo en la más absoluta ignorancia, y si alguien me preguntara cuál es el sentido de nuestra organización, yo no sabría qué responderle. A lo más, me limitaría a pintar rayas rojas en una pizarra negra, esperando confiado los resultados que produce en la mente humana toda explicación que se funda inexorablemente en la cábala. <strong>Espero algún día poder entender la misión de nuestra organización, antes de que descubran que solo estoy aquí por ser cumplido mas no por vocación.<br></strong><br></div><div><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-12-07 19:15:56 UTC</pubDate>
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         <author>loky99882</author>
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         <description><![CDATA[<div>Todo mi afecto puse en una <strong>mujer pérfida e</strong> ingrata,</div><div>Y ella inconstante me llegó a <strong>rechazar y</strong> olvidar.<br>Si así, si así se trata<br>Un afecto <strong>puro y </strong>sincero,<br>Amor, amor <strong>y dolor</strong> no quiero<br>No quiero más amar.<br> <br>Juramos ser .<br>yo suyo <strong>por siempre</strong> y ella mía<br>Yo cumplí <strong>ferviente a su amor</strong>, y ella no se acordó más,<br>Mayor, mayor falsía<br>Jamás <strong>en vida</strong> hallar espero;<br>Amor, amor <strong>y dolor</strong> no quiero,<br>No quiero más amar.<br> <br>Mí gloria fue otro tiempo su <strong>fiel</strong> firmeza,<br>y hoy su inconstancia <strong>vana y</strong> vil me hace penar,<br>Fuera, fuera bajeza<br>Que durara mi esmero;<br>Amor, amor no quiero,<br>No quiero más amar.</div><div>&nbsp;<br><strong>Que sea Dios testigo de mi fiel promesa,<br>De no volver a amarte ni recordarte<br>Y todo sea por escapar de tu cruel fiereza</strong></div><div><strong>Anda, anda a lamentarte</strong></div><div><strong>Amor, amor no quiero</strong></div><div><strong>No quiero más amar</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-12-07 20:36:07 UTC</pubDate>
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         <title>TODO MI AFECTO PUSE EN UNA INGRATA </title>
         <author>loky99882</author>
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         <pubDate>2021-12-07 20:38:30 UTC</pubDate>
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         <title>CARTA</title>
         <author>loky99882</author>
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         <pubDate>2021-12-07 21:18:19 UTC</pubDate>
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         <author>loky99882</author>
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         <description><![CDATA[<div>Sr. Director,<br>&nbsp;<br>&nbsp;En los últimos dos años y medio, dos hijos y una hija de tres de mis amigos han muerto del mismo tipo de enfermedad que afecta a mi hijo, <strong>parece una enfermedad tratable pero créame no lo es</strong>. Dos de estas personas se suicidaron. La otra era psicótica y pensó que podría cruzar a nado un ancho canal. Hizo menos de lo mitad del recorrido<strong>, tuvo una trágica muerte, no quiero ya ni imaginarlo</strong><br> El mayor de estos tres jóvenes tenía 30 años. Todos padecían enfermedades mentales graves. ¿Pueden imaginar cómo me siento cuando se hace burla o se trivializa sobre la enfermedad mental<strong>?, definitivamente creo que no se hacen ni un mínimo de la idea.<br> </strong>La actual campaña publicitaria de Desayunos Denny’s Grand Slam es un buen ejemplo de trivialización de la enfermedad mental grave. Cada vez que veo o escucho el anuncio, se me revuelve el estómago y me entran ganas de llorar. Diciendo “Usted debe estar mal de la chaveta” <strong>se dice como si se ironizara la idea de que varias personas son silenciadas con ese tipo de comentarios</strong>, en esencia, que “Usted debe haber perdido el contacto con la realidad”. Perder el contacto con la realidad significa tener psicosis. Las personas que sufren psicosis, sufren. Y las personas que quieren a las personas que sufren psicosis también sufren. <strong>Se ha convertido en una cadena en donde el sufrimiento a veces se torna inconcebible y un poco desalentador</strong><br> Las actuales cajas de ‘Happy Meal’ en McDonald’s son otro ejemplo. Llevan ‘Animaníacos’, que, entiendo, es un programa de dibujos animados de Warner Bros que se emite los sábados por la mañana, protagonizado por Wakko y Yakko. Estoy seguro de que la intención de McDonald’s o Warner Bros no es que cuando mi hijo tenga otra recaída de su enfermedad, sus primas y primos se rían de él en vez de preocuparse. Ciertamente, no es su intención, <strong>pero podría ser el resultado que no esperan pero que aun asi están difundiendo sin tener cuidado alguno.</strong><br> Sé que se habla mucho de lo “políticamente correcto”, y sé que la gente empieza a estar cansada de ello. Yo no hablo de lo políticamente correcto. Estoy hablando de compasión y consideración hacia personas que sienten un gran dolor. Tan doloroso como la psicosis puede resultar, que he escuchado a más de una persona con enfermedad mental decir que el estigma es peor que su propia enfermedad.<br> Por favor, estas enfermedades pueden golpear a cualquier familia, <strong>solicito una enorme comprensión y sobre todo humanidad frente al prójimo. </strong>Generalmente afectan a las personas al final de la adolescencia o con veintipocos años, justo cuando una persona está a punto de empezar a cumplir sus sueños.<br>&nbsp;Por favor, enseñen a sus hijos compasión hacia las personas con enfermedades mentales graves y únanse a mí en hacer entender a los publicistas que cualquier intento de vender productos a costa del dolor de otras personas no es gracioso.<strong> Porque detrás de cada persona que sufre esta enfermedad mental hay una familia dispuesta a sacrificar todo lo que tiene con tal de que sean aceptados y protegidos por su prójimo.<br></strong><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-12-07 21:18:49 UTC</pubDate>
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