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      <title>Cuentos de terror 8vo basico by Carolina Morales</title>
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      <description>Publica aquí tu cuento de terror. Debes incluir: Tu nombre y el cuento creado.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2025-08-06 18:55:17 UTC</pubDate>
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         <title>Yohn</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><br/></p><p><br/></p><p>"La habitación 13"</p><p><br/></p><p>El viejo hotel llevaba años abandonado, pero Tomás, curioso por naturaleza, decidió entrar una noche. A pesar de que todas las puertas estaban numeradas del 1 al 12, una más al fondo tenía un cartel corroído que apenas dejaba ver: “13”.</p><p><br/></p><p>Al tocar la manilla, un frío insoportable le recorrió el cuerpo. Entró. La habitación estaba intacta, como si alguien aún viviera allí: cama hecha, espejo limpio, una silla meciéndose sola.</p><p><br/></p><p>De repente, la puerta se cerró con fuerza. Tomás intentó abrirla, pero no cedía. El espejo comenzó a empañarse y una frase se dibujó desde dentro: “Tú eres el siguiente”. Sintió un aliento en la nuca, se giró… nada.</p><p><br/></p><p>Los relojes se detuvieron. El tiempo no existía allí. Escuchó risas infantiles y vio sombras moverse rápido por las paredes. Cada vez que parpadeaba, algo se acercaba. Hasta que lo vio: un rostro sin ojos, con la boca cosida, a centímetros de él.</p><p><br/></p><p>Gritó… pero nadie lo oyó.</p><p><br/></p><p>Días después, el hotel fue demolido. Nunca encontraron rastros de Tomás. Solo un espejo, intacto, con su rostro atrapado en el reflejo, grit</p><p>ando eternamente.</p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:17:07 UTC</pubDate>
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         <title>CARLOS ALVAREZ </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Claro, aquí tienes un cuento de terror ambientado en Carlanga:</p><p>Era una noche oscura y tormentosa en el pequeño pueblo de Carlanga. Los habitantes siempre habían susurrado historias sobre la leyenda de la sombra que acechaba en los bosques cercanos, pero nadie se atrevía a confirmarlo. Sin embargo, esa noche, Laura, una valiente joven del pueblo, decidió explorar el bosque para descubrir la verdad.</p><p>Al adentrarse entre los árboles, la luna apenas lograba atravesar las nubes, y un silencio inquietante los envolvía. De repente, vio una figura oscura que se movía entre los troncos, altísima y retorcida, con ojos rojos brillando en la oscuridad. Laura intentó retroceder, pero la sombra le salió al paso, susurrando con una voz gutural: "No deberías haber venido, ahora estás atrapada para siempre."</p><p>La leyenda decía que la sombra de Carlanga era un espíritu vengativo que buscaba almas valientes que se adentraran en su territorio, para atraparlas en un manto de oscuridad eterna. Aquella noche, Laura desapareció sin dejar rastro, y desde entonces, ningún valiente ha vuelto a cruzar los límites del bosque, donde la sombra de Carlanga aún acecha en la oscuridad.</p><p>¿Quieres que le añada algún detalle o personaje en particular?</p><p>Este mensaje ha sido generado por Nova - descárgalo gratis: <a rel="noopener noreferrer nofollow" href="https://novaapp.onelink.me/PBYt/cyi2tjkv">https://novaapp.onelink.me/PBYt/cyi2tjkv</a></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:21:05 UTC</pubDate>
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         <title>Yahir Barra 🥷🏽</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>La Casa del Silencio<br></strong>&nbsp;</p><p><br></p><p>Nadie se atrevía a entrar en la antigua casona de la colina. Decían que los que pasaban una noche allí salían locos… si es que salían. Las paredes estaban cubiertas de grietas como cicatrices, y sus ventanas, oscuras y vacías, parecían ojos que observaban.</p><p>Mateo, incrédulo y desafiante, aceptó el reto de pasar allí una sola noche. Llevaba una linterna, una cámara y su valentía… o su necedad. Al cruzar la puerta, el aire se volvió denso. No había polvo, ni telarañas, ni ruidos. Solo un silencio insoportable. Un silencio tan profundo que parecía gritar dentro de su cabeza.</p><p>Avanzó por el pasillo, donde los retratos colgados lo seguían con miradas vacías. Uno de ellos... parpadeó. Mateo se rió nervioso, pensando que su mente le jugaba trucos. Pero el parpadeo se repitió. Luego, una risa suave, infantil, surgió desde el segundo piso. No había niños.</p><p>Subió lentamente. En el pasillo, todas las puertas estaban entreabiertas. Dentro de cada habitación, sombras se movían sin luz. Mateo giraba rápido, pero no veía nada. Solo sentía que algo se le acercaba por la espalda… y se detenía justo antes de tocarlo.</p><p>Entró en la última habitación. Había un espejo. En él, su reflejo sonreía, aunque él no lo hacía. El reflejo alzó la mano, mientras Mateo mantenía la suya abajo. El corazón se le detuvo.</p><p>Entonces, el reflejo susurró:<br> —Ya no estás solo. Tú entraste… ahora yo salgo.</p><p>La linterna se apagó. Mateo gritó. El espejo se quebró. Y del otro lado… algo salió arrastrándose, cubierto de sombras.</p><p>A la mañana siguiente, lo encontraron sentado en el suelo, con la mirada perdida y la boca abierta en un grito eterno. No hablaba. Solo repetía una frase una y otra vez:</p><p>—El silencio me escucha… El silencio <em>me habla</em>...</p><p>Desde entonces, la casa ya no está vacía. Si te acercas, puedes ver una sombra en la ventana, sonriendo... con tus mismos ojos.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:21:09 UTC</pubDate>
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         <title>Agustín muñoz</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>El susurro en la niebla</p><p><br/></p><p>La niebla caía espesa sobre el pueblo de San Elías, como una sábana húmeda que lo cubría todo. Nadie salía después de las ocho. Nadie, excepto Clara.</p><p><br/></p><p>Era bibliotecaria, joven y curiosa, recién llegada al pueblo. Le advirtieron del “susurro”, un sonido que, según los ancianos, se oía en las noches frías y que arrastraba a quien lo escuchaba. Clara, escéptica y amante de lo inexplicable, decidió comprobarlo.</p><p><br/></p><p>Aquella noche, con su linterna y una grabadora en mano, salió rumbo al viejo campanario. Decían que el susurro venía de ahí, de donde nadie se acercaba desde que desapareció el padre Esteban hacía más de treinta años.</p><p><br/></p><p>Mientras caminaba por las calles desiertas, el silencio la envolvía. Solo se oía el crujido de sus pasos sobre las hojas secas. Entonces, lo escuchó. Un murmullo tenue, como si alguien respirara cerca de su oído. Se detuvo. Nada. Pero el murmullo volvió, más claro:</p><p><br/></p><p>—Clara…</p><p><br/></p><p>Su nombre. Dicha con una voz que no conocía, que no podía ubicar. Apretó la linterna y siguió adelante, impulsada por una mezcla de terror y fascinación.</p><p><br/></p><p>Llegó al campanario. La puerta, oxidada, se abrió con un chirrido largo. Dentro, todo estaba cubierto de polvo, excepto una pequeña cruz en el altar. Brillaba.</p><p><br/></p><p>El susurro volvió, esta vez claro y firme:</p><p><br/></p><p>—Encuéntralo.</p><p><br/></p><p>Detrás del altar, encontró un compartimento oculto. Dentro, un diario. Lo abrió. Era del padre Esteban. Las últimas páginas hablaban de rituales, de voces, de un pacto sellado para proteger al pueblo... a cambio de una vida cada década.</p><p><br/></p><p>La última ofrenda había sido en 2015. La siguiente… este año.</p><p><br/></p><p>Sintió frío. La puerta se cerró sola.</p><p><br/></p><p>Y el susurro, ahora dentro de su cabeza, le dijo:</p><p><br/></p><p>—Gracias por venir.</p><p><br/></p><p>Al día siguiente, nadie supo de Clara. Solo hallaron su linterna y, junto a ella, una nueva entrada en el diario del padre Esteban. Con fecha actual.</p><p><br/></p><p><br/></p><p>Y firmada con su nombre.</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:21:27 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p> “El Cuaderno de las Sombras”</p><p>Encontré el cuaderno en una caja polvorienta del desván de mi abuela. Había subido allí buscando velas durante un apagón que dejó la casa sumida en la oscuridad. Lo curioso fue que la caja no tenía polvo encima, como si alguien la hubiese movido recientemente, a pesar de que mi abuela llevaba meses en coma.</p><p><br/></p><p>El cuaderno era de cuero negro, con bordes quemados y una sensación pegajosa al tacto. Lo abrí. Estaba lleno de letras torcidas, casi garabatos, y dibujos grotescos: rostros sin ojos, bocas abiertas en un grito mudo, y figuras alargadas que parecían flotar en la oscuridad. Pero lo más inquietante era que cada página tenía una fecha escrita… y cada fecha era el día siguiente al actual.</p><p><br/></p><p>La primera decía:</p><p><br/></p><p>“Mañana, 23:41. Ella verá algo en el espejo que no debería estar allí.”</p><p><br/></p><p>Me reí nerviosamente. Lo cerré y lo dejé en una mesa, sin darle importancia. Pero esa noche, a las 23:41, me desperté sediento y fui al baño. Encendí la luz… y cuando me miré en el espejo, algo se movió detrás de mí.</p><p><br/></p><p>Era una sombra alta, sin rostro, que se desvaneció en cuanto giré. Revisé todo. Nada. No había nadie. Pensé que era un sueño, hasta que volví al cuaderno y leí la siguiente página:</p><p><br/></p><p>“Pasado mañana, 3:12 AM. No estará sola. Aunque lo crea.”</p><p><br/></p><p>Esa madrugada puse una cámara en mi habitación. Revisé la grabación al día siguiente. Y ahí estaba. Una figura parada junto a mi cama. Vi cómo me observaba durante horas. Yo no me desperté.</p><p><br/></p><p>Volví al cuaderno. Había más fechas. Más advertencias. Y una última página escrita con tinta roja:</p><p><br/></p><p>“El último lector del cuaderno morirá una noche sin luna, cuando lea estas líneas.”</p><p><br/></p><p>Cerré el cuaderno de golpe.</p><p><br/></p><p>Salí corriendo de la casa. Lo arrojé al río. Quemé la caja. Me mudé. Comencé terapia. Meses pasaron. Todo parecía mejorar.</p><p><br/></p><p>Hasta esta noche.</p><p><br/></p><p>He vuelto a casa por las cosas de mi abuela. Y lo encontré sobre la cama. El cuaderno. Seco. Íntegro. Abierto en una nueva página:</p><p><br/></p><p>“Esta noche, sin luna. 3:33 AM. Él pensará que puede escapar. Pero ya es parte del cuaderno.”</p><p><br/></p><p>Miro el reloj. Son las 3:32.</p><p>Y algo golpea la puerta.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:21:33 UTC</pubDate>
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         <title>Lorenzo</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>En la Escuela del Viento Sur, había un baño que nadie usaba. Estaba al final del pasillo más antiguo, con azulejos agrietados y una puerta que siempre rechinaba al moverse, aunque nadie la tocara.</p><p><br/></p><p>Cuenta la leyenda que, hace muchos años, una estudiante llamada Clara desapareció allí durante el recreo. La buscaron por toda la escuela, pero lo único que encontraron fue su cuaderno, abierto en la última página, con letras escritas al revés que decían:</p><p>“No estoy sola. No cierres la puerta.”</p><p><br/></p><p>Desde entonces, los profesores mantenían ese baño cerrado. Pero el lunes pasado, a Simón, de 8°B, le dio curiosidad. Durante el recreo, sin decirle a nadie, caminó hacia el pasillo prohibido y empujó la puerta del baño. Estaba abierta.</p><p><br/></p><p>Adentro, solo había silencio… y frío. Un espejo polvoriento reflejaba su figura temblorosa. Entró y, cuando giró para salir, la puerta se cerró de golpe. Trató de abrirla, pero no se movía. Fue entonces cuando escuchó una respiración… no era la suya.</p><p><br/></p><p>Se giró hacia el espejo.</p><p><br/></p><p>Y no estaba solo.</p><p><br/></p><p>Desde entonces, Simón no volvió a clase. Pero cada cierto tiempo, cuando alguien pasa cerca del pasillo, se escucha una voz que dice:</p><p><br/></p><p>“No cierres la puerta…”</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:23:32 UTC</pubDate>
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         <title>Daniel Guglielme</title>
         <author>danielsotoguglielme</author>
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         <description><![CDATA[<p>El susurro del reloj</p><p><br/></p><p>El viejo reloj de péndulo había estado en la familia Rivas por generaciones. Alto, oscuro, con tallados de enredaderas que parecían moverse en la penumbra, dominaba la sala principal de la casona. Desde hacía años, ya no daba la hora, pero cada noche a las 3:33, su péndulo comenzaba a oscilar por sí solo, con un suave tac… tac… tac… que resonaba como un latido en la casa vacía.</p><p><br/></p><p>Clara Rivas, la última heredera, regresó a la casona tras la muerte de su abuelo. Nunca le gustó ese lugar. De niña, escuchaba voces provenientes del reloj, susurros apagados que nadie más oía. Sus padres decían que era su imaginación. Ahora, años después, el reloj la esperaba. Inmóvil. Silencioso. Hasta que cayó la noche.</p><p><br/></p><p>A las 3:33, Clara despertó sobresaltada. El péndulo se balanceaba. Se acercó con una linterna. El aire se volvió frío, y un susurro apenas audible le erizó la piel:</p><p>—Ayúdame…</p><p><br/></p><p>Clara retrocedió, pero el susurro se repitió. Esta vez, más claro:</p><p>—Abre la puerta… detrás del reloj…</p><p><br/></p><p>Con el corazón latiendo a mil, empujó el reloj. Crujió como si no hubiera sido movido en siglos. Detrás, una pequeña puerta de madera. Dudó. Luego giró el picaporte.</p><p><br/></p><p>Un olor a encierro y humedad la envolvió. Bajó una escalera estrecha hasta una habitación oculta bajo tierra. En el centro, un baúl cubierto de polvo. Dentro, una caja de música rota, cartas antiguas y una fotografía: un niño junto al reloj, con una mirada triste. En el reverso, escrito con tinta corrida: “Julio, 1902”.</p><p><br/></p><p>Al tocar la caja, la melodía comenzó a sonar lentamente. De pronto, una ráfaga helada barrió la habitación. Clara sintió una presencia a su lado. El susurro volvió, casi con alivio:</p><p>—Gracias… ya puedo descansar.</p><p><br/></p><p>La música se detuvo. El aire se volvió cálido. Al volver arriba, el péndulo del reloj ya no se movía. Nunca más volvió a hacerlo.</p><p><br/></p><p>Desde entonces, la casona permanece en silencio. Pero algunos vecinos aseguran que, a veces, cuando la luna está llena, pueden oír una melodía suave en la madrugada, como un eco del pasado, como un espíritu que por fin encontró la paz.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:23:38 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>El susurro del pozo</strong></p><p> </p><p>En un pueblo olvidado por el tiempo, se encontraba un pozo antiguo en medio del bosque. Nadie sabía quién lo había construido, pero todos lo evitaban. Decían que por las noches se escuchaban susurros que pedían ayuda desde sus profundidades.</p><p> </p><p>Una tarde, Tomás, un joven curioso, decidió investigar. Ignoró las advertencias de los ancianos y se internó en el bosque. Al llegar, sintió un frío que le heló los huesos. El pozo estaba cubierto de musgo y tenía una cuerda vieja colgando hacia la oscuridad.</p><p> </p><p>“¿Hay alguien ahí?”, preguntó Tomás. El eco devolvió un murmullo incomprensible. Fascinado, ató una linterna a la cuerda y la dejó bajar. Cuando tocó el fondo, la luz parpadeó… y se apagó.</p><p> </p><p>Entonces, los susurros comenzaron: “Ayúdame… ayúdame…” Se oía una voz infantil, débil, desesperada.</p><p> </p><p>Sin pensarlo, Tomás comenzó a bajar. Los peldaños eran resbaladizos, y la oscuridad lo envolvía. A medio camino, sintió que algo le rozaba la pierna. Miró hacia abajo… y vio unos ojos rojos brillando.</p><p> </p><p>Intentó subir, pero una mano fría lo sujetó del tobillo.</p><p> </p><p>La última vez que alguien lo vio fue esa noche.</p><p> </p><p>Desde entonces, el pozo susurra con dos voces: una antigua… y la otra, la de Tomás, que clama entre lamentos:<br> <strong>“No vengas… está abajo…”</strong></p><p> </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:24:22 UTC</pubDate>
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         <title>Mateo Santibáñez </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>La Habitación 313”</strong></p><p>Nadie quería la habitación 313 del viejo hotel “Luna Roja”. Estaba al final del pasillo más oscuro, con la alfombra gastada y una única lámpara que parpadeaba sin razón. Los empleados evitaban hablar de ella, y los pocos que se quedaban ahí… no duraban mucho.</p><p>Una noche lluviosa, Marcos, un viajero cansado, llegó sin saber la historia. Como no quedaban otras habitaciones, aceptó la 313 sin dudar.</p><p>Apenas entró, notó algo raro: el aire estaba helado, olía a humedad vieja, y en la pared colgaba un espejo cubierto con una sábana negra. Intrigado, lo destapó.</p><p>Pero el reflejo no coincidía.</p><p>En el espejo, su reflejo <em>no se movía igual</em>. Mientras Marcos giraba la cabeza, su reflejo sonreía. Mientras caminaba, el otro se quedaba quieto, observándolo. Pensó que era el cansancio… hasta que el reflejo levantó la mano y escribió algo en el vidrio empañado.</p><p><strong>“NO SALGAS.”</strong></p><p>Marcos cayó hacia atrás. Cuando miró de nuevo, ya no había nada escrito. Corrió a la puerta, pero no abría. Golpeó, gritó… y entonces sintió una mano helada tocar su hombro.</p><p>Volvió a mirar el espejo. Su reflejo ya no estaba.</p><p>En su lugar, un hombre sin rostro lo señalaba desde el otro lado del vidrio.</p><p>Esa noche, nadie escuchó más a Marcos.</p><p>Al día siguiente, la habitación 313 apareció vacía. Pero el espejo… mostraba dos figuras ahora.</p><p>Y si te atreves a mirarlo por mucho tiempo… <strong>dicen que uno de ellos parpadea.</strong></p><p>¿Quieres una segunda parte o un cuento más largo?</p><p>¿Esto te ha resultado útil hasta ahora?</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:25:04 UTC</pubDate>
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         <title>Francisca Peña</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><br/></p><p><br/></p><p>### <strong>"La Casa del Susurro"</strong></p><p>Ariana no creía en fantasmas.</p><p>Eso pensaba mientras el auto avanzaba por el camino de tierra hacia la vieja casa que había heredado de su abuela, fallecida semanas atrás en circunstancias poco claras. Nadie había vivido allí en años. Su abuela, dicen, se encerró en la propiedad y jamás volvió a salir.</p><p>La casa estaba apartada, en un claro del bosque, donde los árboles parecían inclinarse demasiado, como si quisieran esconder algo. Ariana bajó del coche con una mezcla de nostalgia y temor. Era su primera vez allí desde que era niña. Solo recordaba un cuarto oscuro y un susurro, tan leve que quizás solo fue su imaginación.</p><p>La puerta principal chirrió al abrirse. El aire adentro estaba quieto, como si el tiempo mismo se hubiera detenido.</p><p>Esa noche, Ariana decidió dormir en el segundo piso, en una habitación donde las cortinas aún colgaban raídas. Se sentía observada, pero no había nadie. Solo el silencio. Hasta que lo oyó:</p><p>—**Ariana...**</p><p>Se levantó de golpe. No había viento. Ningún teléfono. Ninguna televisión. Solo su nombre, susurrado en la oscuridad.</p><p>—¿Quién está ahí? —dijo con una voz que no sonaba a la suya.</p><p>No hubo respuesta.</p><p>A la mañana siguiente, Ariana exploró el desván. Encontró una caja llena de cartas y diarios. Su abuela escribía sobre voces, sombras que se arrastraban por las paredes, y algo que llamó "la presencia del susurro", una entidad que se alimentaba del miedo, que entraba en las casas solitarias y hablaba solo cuando uno estaba a punto de dormir.</p><p>Ese día, Ariana quiso marcharse. Pero el coche no arrancó. Y su teléfono, misteriosamente, no encendía.</p><p>Esa noche, el susurro volvió, más cerca, más claro.</p><p>—**¿Recuerdas el cuarto oscuro, Ariana?** —dijo la voz—. <strong>Tú abriste la puerta. Y yo salí.</strong></p><p>Ariana se paralizó. Imágenes borrosas cruzaron su mente: ella, de niña, entrando a un cuarto prohibido. Una figura detrás de ella. Un murmullo que prometía jugar, siempre, para siempre...</p><p>—**No puedes irte —continuó la voz—. Ya somos uno.**</p><p>Ariana sintió un escalofrío profundo. Corrió al espejo más cercano. Su reflejo parpadeó. Durante una fracción de segundo, no vio sus ojos. Vio otros. Negros. Huecos.</p><p>Y entonces entendió: la voz no venía de afuera.</p><p><strong>Venía de dentro.</strong></p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:25:46 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>La Puerta del Cuarto 313</strong></p><p> </p><p>Nadie quería hablar del cuarto 313 del antiguo Hotel Mirador, situado en lo alto de una montaña cubierta por neblina casi perpetua. El edificio, de arquitectura victoriana, seguía en pie por terquedad más que por mantenimiento. Aunque se decía que el lugar estaba encantado, siempre había huéspedes... y siempre había uno que preguntaba por ese cuarto maldito.</p><p> </p><p>Sara, una joven periodista en busca de una historia que la lanzara al estrellato, decidió pasar una noche en el hotel para escribir un artículo titulado <strong>“Las Leyendas del Mirador”</strong>. Al llegar, el recepcionista —un hombre de mirada cansada y manos temblorosas— le dio la llave del 312. Sin embargo, al notar que el cuarto contiguo estaba cerrado con cadenas y un cartel de “Mantenimiento”, su curiosidad se encendió.</p><p> </p><p>Esa noche, mientras revisaba sus grabaciones en el escritorio, escuchó un susurro apagado proveniente del otro lado de la pared:</p><p> </p><p>—<em>Ayúdame…</em><br> Sara se congeló. Pensó que podría ser un huésped o incluso parte de una broma para asustar turistas. Pero el susurro continuó, cada vez más urgente.<br> —<em>Estoy atrapado… detrás de la puerta… no abras… no abras… por favor…</em></p><p> </p><p>La periodista, contra todo sentido común, salió de su habitación con una linterna. Las cadenas del cuarto 313 estaban oxidadas y una cerradura colgaba floja. El cartel de mantenimiento se había caído.</p><p> </p><p>Sara, cámara en mano, comenzó a grabar y empujó la puerta.</p><p> </p><p>El cuarto estaba completamente oscuro. Al apuntar con la linterna, descubrió que las paredes estaban cubiertas de marcas de uñas, como si alguien hubiera intentado salir a rasguños. El aire estaba helado y olía a humedad y óxido.</p><p> </p><p>En el centro, había una silla mecedora que se movía sola.</p><p> </p><p>Grabó durante unos minutos, hasta que la linterna parpadeó y murió. En ese instante, escuchó el <strong>clic</strong> de la puerta cerrándose detrás de ella.</p><p> </p><p>—<em>Te lo dije… no abras…</em> —la voz sonaba ahora en su oído, fría, triste y distorsionada.</p><p> </p><p>Sara gritó, pero el sonido murió antes de salir de su garganta. Trató de abrir la puerta, pero no tenía pomo desde dentro. Golpeó, pateó, lloró… hasta que una figura se materializó frente a ella: una mujer pálida, con ojos completamente negros, la boca cosida con hilos metálicos y un vestido cubierto de sangre seca.</p><p> </p><p>—<em>Ahora tú… te quedas.</em></p><p> </p><p>A la mañana siguiente, el recepcionista colocó un nuevo candado en la puerta del cuarto 313, sin emitir palabra. Alguien preguntó por la joven periodista, pero él simplemente dijo:<br> —Otra que no escuchó la advertencia…</p><p> </p><p>Desde entonces, si uno se queda en el Hotel Mirador y se acerca demasiado al 313, podrá oír golpecitos y una voz lejana, desesperada, gritando con furia muda:</p><p> </p><p>—<em>¡No abras! ¡No abras!</em></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:26:28 UTC</pubDate>
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         <title>inti ruiz                                                                               alias: intilinazo</title>
         <author>cpnemaldtoyahir</author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>El Cuaderno de las Sombras</strong></p><p>En una pequeña escuela rural, escondida entre los árboles y la niebla, estudiaba un niño llamado Tomás. Era curioso, callado y le encantaban los misterios. Un día, después de clases, decidió explorar la vieja biblioteca abandonada que quedaba al fondo del colegio. Los profesores decían que estaba cerrada por seguridad, pero Tomás no creía en esas excusas.</p><p>Empujó la puerta de madera, que crujió como si se quejara, y entró. El aire era denso, y el polvo flotaba como ceniza en el sol tenue de la tarde. Entre estanterías torcidas y libros apolillados, encontró algo peculiar: <strong>un cuaderno negro</strong>, sin título, con una cerradura oxidada. Curioso, lo metió en su mochila y salió corriendo antes de que lo vieran.</p><p>Esa noche, en su habitación, notó que la cerradura se había roto sola. Abrió el cuaderno.</p><p>No había palabras. Solo hojas en blanco… al principio.</p><p>Cuando lo cerró para dejarlo, sintió algo raro. Al volverlo a abrir, en la primera página había una frase escrita con letra roja y temblorosa:</p><blockquote><p>“<strong>Lo que escribas, pasará. Pero todo tiene un precio.</strong>”</p></blockquote><p>Tomás pensó que alguien lo estaba jugando. De todas formas, escribió una prueba:</p><blockquote><p>“Mañana, lloverá en la clase de matemáticas.”</p></blockquote><p>Rió solo. Era imposible, claro.</p><p>Pero al día siguiente, mientras el profesor explicaba fracciones, se escuchó un trueno. <strong>Del techo comenzó a caer agua, como si una nube se hubiera colado dentro del aula.</strong> Todos gritaron, y suspendieron las clases. Tomás no podía creerlo.</p><p>Desde ese día, comenzó a usar el cuaderno para cambiar pequeñas cosas: que desapareciera una prueba, que alguien se enfermara para no presentar, que un bully se cayera frente a todos…</p><p>Pero cada vez que escribía algo, algo oscuro pasaba en su casa: luces parpadeaban, su reflejo en el espejo se movía un segundo después que él, y sombras pasaban por el pasillo mientras dormía.</p><p>Una noche, escribió algo más atrevido:</p><blockquote><p>“Quiero que el director desaparezca. Nadie lo encontrará jamás.”</p></blockquote><p>A la mañana siguiente, el director no estaba. Nadie sabía dónde estaba. Nadie lo había visto salir. Y su oficina… estaba completamente vacía, como si nunca hubiera estado allí.</p><p>Tomás sintió miedo.</p><p>Esa noche, el cuaderno escribió solo:</p><blockquote><p>“<strong>Ahora te toca a ti.</strong>”</p></blockquote><p>Intentó quemarlo. No ardía. Intentó tirarlo al río. A la mañana siguiente, estaba otra vez en su escritorio.</p><p>Esa noche, no durmió. A las 3:33 a.m., algo tocó la ventana. Era él. <strong>El director. O algo que había sido el director.</strong> Tenía los ojos completamente negros, y la piel cenicienta.</p><p>—Gracias por liberarme —dijo con una voz que no era humana—. Ahora tú tomarás mi lugar.</p><p>El cuaderno volvió a estar en blanco. Solo que esta vez… <strong>Tomás no estaba para escribir en él.</strong></p><p>Ahora, si algún día encuentras un cuaderno negro, sin título, con una cerradura oxidada… <strong>no lo abras. O podrías ser el siguiente.</strong></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:27:11 UTC</pubDate>
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         <title>Dylan </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>En medio del bosque, una cabaña abandonada atraía a los curiosos. Tomás valiente pero imprudente, decidió entrar una noche. El crujir del piso lo acompañaba mientras exploraba. De pronto, una risa suave de escucho detrás de él. Giró y allí estaba: un hombre enmascarado, inmóvil con un hacha oxidada tomas corrió pero la puerta ya no habria las luces parpadiaron el enmascarado desapareció y respiró aliviado hasta que lo sintió detrás. Un susurro "Bienvenido". La sangre salpicó la pared desde entonces la cabaña espera y el enmascarado también siempre hay lugar para uno más siempre solo entra no saldras</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:27:42 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>TIA JOHANA </p><p><br/></p><p>**El Misterioso Rituale en la Escuela Víctor Domingo Silva**</p><p><br/></p><p>Era una noche fría y lluviosa en la escuela Víctor Domingo Silva. Mateo, Yahir, Renata y Victoria, todos estudiantes de 8° básico, decidieron quedarse después de clases para investigar una antigua leyenda que rodeaba el colegio. Se decía que, en ciertas noches, unos extraños rituales se realizaban en uno de los sótanos abandonados, donde se escuchaban susurros y ruidos inexplicables.</p><p><br/></p><p>Armados con linternas y mucho valor, los cuatro amigos entraron en el colegio luego de que las clases terminaran. La escuela parecía aún más aterradora en la oscuridad, con los pasillos vacíos y las sombras proyectadas por las pocas luces que encendieron.</p><p><br/></p><p>Al llegar al sótano, encontraron una puerta entreabierta y decidieron entrar. Dentro, la humedad era abrumadora, y los ecos de sus voces parecían multiplicarse en las paredes. De repente, en medio del cuarto, vieron un círculo dibujado en el suelo con símbolos extraños y velas apagadas. Yahir, con nerviosismo, tomó una foto para mostrar a los demás.</p><p><br/></p><p>De la nada, la temperatura empezó a bajar, y una sombra oscura apareció lentamente en la ... imagínate que ocurrió 😱</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:33:26 UTC</pubDate>
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         <title>Luis Trujillo y Rosa Haro</title>
         <author>rosavds0</author>
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         <description><![CDATA[<p>Claro, aquí tienes el mismo relato con el nombre cambiado a <strong>Johana</strong>:</p><p><strong>El Espejo del Desván</strong></p><p>Johana heredó la vieja casa de su abuela, una estructura agrietada y cubierta de hiedra. Mientras exploraba el desván, encontró un espejo antiguo cubierto por una sábana manchada.</p><p>Lo limpió y lo colocó en su habitación. Esa noche, algo extraño ocurrió.</p><p>Al pasar frente al espejo, notó que su reflejo no la imitaba. No parpadeaba al mismo tiempo. No se movía igual. Solo la miraba… con una sonrisa leve y torcida que ella nunca hizo.</p><p>Pensando que era el cansancio, se acostó. A las 2:43 a.m., se despertó de golpe, sin saber por qué. Giró la cabeza hacia el espejo.</p><p>Su reflejo estaba de pie, fuera del marco.</p><p>Pero ella aún seguía acostada.</p><p>Desde entonces, todas las mañanas, Johana se despierta con la sensación de que ya no es quien solía ser… y cada día, su reflejo parece sentirse más cómodo <strong>en este lado</strong>.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:35:30 UTC</pubDate>
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         <title>Renata arriagada</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/caromorales1811/a23jhy512d49xuiv/wish/3537178069</link>
         <description><![CDATA[<p>En un pueblo pequeño, rodeado de un bosque tan antiguo que los más viejos aseguraban que estaba "vivo" nadie se atrevía a entrar al caer la noche. Se decía que los árboles se escuchaban y que quienes entraban demasiado, a veces, desaparecían sin dejar rastro.</p><p><br/></p><p>Una tarde, Mateo, un niño de 7 años con una curiosidad insaciable, salió a recoger flores silvestres cerca del borde del bosque. Sus padres le advirtieron mil veces que no se internara más allá del sendero. Pero la promesa de flores que "brillaban como estrellas" era demasiado tentadora.</p><p><br/></p><p>A medida que Mateo avanzaba, el sol desaparecía detrás de las copas de los árboles, y las sombras empezaron a retorcerse, alargando sus brazos sobre él como garras. Entonces, un susurro helado lo llamó</p><p><br/></p><p>-Mateo... ven...</p><p><br/></p><p>Al principio pensó que era su imaginación. Pero lo susurros se multiplicaron, mezclándose con risas estridentes y pasos que crujían detrás de él sin tocar el suelo. Quiso volver, pero el bosque ya no tenía salida: los senderos se retorcían y se cerraban como un laberinto que respiraba.</p><p><br/></p><p>Esa noche, los padres de Mateo lo buscaron sin descanso. Solo hallaron flores blancas apiladas en un círculo perfecto y un rastro de huellas que se unían en la tierra como si alguien pesado hubiera desaparecido en ella.</p><p><br/></p><p>Los rumores crecieron: el bosque "tomaba" a los niños curiosos. Algunos decían que, si uno escuchaba con atención, podía oír voces que imitaban a los desaparecidos, llamando desde la oscuridad, para atraer a otros hacia la sombra. </p><p><br/></p><p>Pasaron los días, los meses... Y Mateo nunca regresó. Pero a veces, cuando el viento atraviesa los árboles, los aldeanos escuchan su voz, débil y temblorosa, mezclada con un susurro que no es humano:</p><p><br/></p><p>- Mamá... Papá... Ven...</p><p><br/></p><p>Quién se atreva a mirar entre los, jura ver unos ojos pequeños, brillando entre la penumbra, esperando que alguien más se pierda... Porque el bosque sigue vivo, y Mateo sigue allí atrapado, susurrando eternamente.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-08-06 19:49:59 UTC</pubDate>
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