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      <title>Capítulo 1: Rasgos de la nuevas adolescencias y juventudes   by Susana Flores</title>
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      <description>Débora Kantor</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2020-05-21 22:09:30 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>carminiaflores13</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Tanto el material de lectura como el video coinciden en que a veces, los seres humanos nos dejamos llevar por nuestras emociones y juzgamos y etiquetamos a los adolescentes y jóvenes, sin reflexionar. Muchas veces, no somos conscientes del alcance del daño que podemos hacer.  Seamos pues muy cuidadosos a la hora de juzgar, ya que lo que nos molesta en los demás es muchas veces lo que de nosotros hay en ellos.</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-05-21 22:12:36 UTC</pubDate>
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         <title>REFLEXIÓN:</title>
         <author>carminiaflores13</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>Crecer nunca ha sido fácil (por lo menos lo digo desde mi experiencia). Aunque el mundo cambió y está en continuo cambio, la adolescencia y la juventud siempre fueron y seguirán siendo  una etapa conflictiva en la vida de las personas.  Los problemas a los que se enfrentan los adolescentes y  jóvenes hoy, son y serán  muy distintos de los que tuvieron que enfrentar sus padres. </strong></div><div><strong>Hoy, decimos  que la adolescencia, la juventud  es una etapa de rebe­lión, crisis, enojos, malhumores, desganos, etc. Pero pensando en esto…yo también lo fui. Simplemente que “fue en otros tiempos.” En cuanto a mi historia, se parece (un poquito) a la de muchos chicos/as con los cuales tuve la oportunidad de compartir.</strong></div><div><strong>A simple vista, pareciera que no les llevan el apunte a los mayores, pero los adultos son importantes para los adolescentes y jóvenes  en términos de orientación, de brindar experiencias y temas para la toma de decisiones. Aunque podría explayarme en cuanto la influencia de estos mayores, es pertinente referirme en esta ocasión al docente. Para ello, comentare una breve experiencia. Transcurría 2018, cuando me desempeñaba como Profesora en un curso del nivel secundario. El grupo estaba compuesto de chicos/as que ya conocía de años anteriores. Cuando me reencuentro con ellos, estaban totalmente “cambiados.” Pasaron de ser el grupo con el que “se puede llevar adelante una clase” a uno que “es imposible trabajar con ellos.” Lo más llamativo, es que este síntoma era colectivo. “Nadie quería hacer nada, en ninguna materia.” Estaban enojados, con mucho sueño, desganados y todo esto lo manifestaban y se reflejaba en sus rostros y en sus carpetas.  En clases siguientes, propuse sentarnos en ronda. Solicité que escriban en un papel, aquellas cosas que estaban sintiendo como adolescentes y las pusieron dentro de una bolsita. Fuimos sacando los papelitos y los leímos. Algunos de ellos decían: “No sé por qué estoy enojado”; “no tengo ganas de nada”; “no sé lo que me pasa”; “no puedo explicarlo”; “nadie me entiende”, etc. Iniciamos un tiempo de charla. Costó un poco al principio. Cuando entraron en confianza, expusieron su situación. Algunos preguntaron si era “normal” sentirse así y si pasaría. Reconocieron que otros profesores también les habían hablado. Esto deja a las claras, no las asignaturas, sino las personas que se las dictan, es decir, el adulto significativo, que son los que están acompañando a los adolescentes y jóvenes. Son los que siguen de cerca, los que “notan” que algo no anda bien, los escuchan y tratan de colaborar y ofrecerles lo que está a su alcance, </strong></div><div><strong>Hoy se tiende a estereotipar a los adolescentes y jóvenes, pero esas etiquetas no hacen más que reflejar los lugares que reclaman y que de una u otra manera se les niega. </strong></div><div><strong>Hoy, más que nunca, no deberíamos “ignorar” la violencia (tengamos en cuenta todo tipo de violencia), que se incrementa no sólo en los espacios escolares sino en los diferentes lugares donde sea que se encuentren los/as “chicos/as”, por supuesto, sin dejar pasar por alto, las propias familias, ya que hay una peor violencia  sobre los adolescentes y jóvenes  y se trata de la pobreza, la marginación, la división, la desigualdad, la exclusión social.</strong></div><div><strong>Hoy, el juicio del adulto, la crítica de “los que más sabemos y por cierto los que más nos quejamos, es: “son adolescentes, son jóvenes, no saben demasiadas cosas, no tienen claro que quieren  hacer en la vida”. Y, sin embargo, poseen cosas muy valiosas: son solidarios, inteligentes, sueñan, piensan, se recrean, comparten, opinan, etc.,  son capaces de crear un futuro nuevo, “los pibes ensayan formas de ser.”</strong></div><div><strong>Hoy, los adolescentes, los jóvenes, no son iguales (nunca lo fueron). ¡Qué bueno que así sea! Pero lo que sí es homogéneo, es que hay más ignorancia que conocimiento sobre sus intereses, motivaciones, inquietudes, expectativas, esperanzas, temores, frustraciones, etc., etc.,</strong></div><div><strong>Hoy,  los adultos (los docentes) se encuentran,  frente a los adolescentes y jóvenes en una situación muy difícil (siempre lo fue), pero creo que también apasionante (desafiante), ya que son los que perciben una variedad de situaciones, y son los que escuchan y se enfrentan a frases como: “todo es muy complicado”, “yo soy muy complicado”, “no puedo confiar en nadie” “me siento solo”, “no tengo a nadie.” Sin embargo, en la escuela, en los docentes, los/as chicos/as han encontrado consejo, estimulo, contención, apoyo, ayuda…Y aunque la problemática de los adolescentes y jóvenes es y siga siendo muy compleja y extensa,  espero puedan encontrar en la  escuela, en el docente, no solo conocimientos sino el lenguaje que les indique que hay caminos que ellos deben y  pueden recorrer y que hay elecciones que tendrán que tomar, pero que sepan que “no están solos.”</strong></div><div><strong> </strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-05-21 22:13:24 UTC</pubDate>
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         <title>Capítulo 1: Rasgos de la nuevas adolescencias y juventudes</title>
         <author>carminiaflores13</author>
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         <description><![CDATA[<div><br></div><div><strong><em>           Débora Kantor</em></strong></div><div><strong>Cada época tuvo sus nuevas adolescencias y juventudes a las que repensar y con las cuales lidiar. Hoy, adjetivamos de este modo (nuevas…), enfatizando ciertas novedades, especificidades, complejidades que exceden la problemática de la continuidad y el cambio. Nos estamos refiriendo, a lo nuevo que atraviesa a nuestros nuevos: a la brecha socioeconómica sin precedentes entre los nuevos y a sus consecuencias, a la brecha cultural sin precedentes entre diferentes generaciones contemporáneas y a sus consecuencias. Lo nuevo altera los modos conocidos y medianamente seguros –aunque siempre cambiantes, provisorios, insatisfactorios– de ser adolescente o joven en estos tiempos y de reconocerse como adultos y como educadores frente a ellos. Ahora, suelen ser percibidos como hostiles, cuando no peligrosos. En este giro de lo extraño a lo hostil parece residir también algo de las «nuevas» adolescencias y juventudes; o tal vez deberíamos decir que es algo de los «nuevos adultos» lo que reside en él. Se trata de una circunstancia que acompaña y atraviesa a adolescentes y jóvenes mientras se construyen a sí mismos y se reubican en el espacio social desde las nuevas perspectivas, deseos y capacidades que comienzan a desplegar y poner a prueba.</strong></div><div><strong> “</strong><strong><em>Lo que omite el discurso centrado en lo joven”</em></strong></div><div><strong> </strong></div><div><strong>Las discusiones sobre estos temas refieren de manera casi excluyente a la juventud; la adolescencia está virtualmente desplazada del discurso. </strong></div><div><strong>El concepto de </strong><strong><em>juventud </em></strong><strong>resuena más vinculado a cuestiones culturales y a problemas estructurales que se pretenden abordar, mientras que el de </strong><strong><em>adolescencia </em></strong><strong>remite a asuntos de índole psicológica. Por ello, adolescencia remite a instituciones y sujetos de otros tiempos, mientras que juventud habla de la sociedad de hoy y de la escuela que hay que construir, enfatizando de este modo que la escuela media ya no es lo que era y tampoco lo que debería ser. La crítica es evidente en los discursos y enfoques que privilegian la juventud y sustituyen la adolescencia. Hoy, tanto los adolescentes como los jóvenes precisan espacios de confrontación y ruptura para construir su identidad. Esto es, una posición adulta capaz de ofrecer sostén porque ofrece acompañamiento mientras soporta la confrontación</strong></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-05-21 22:22:50 UTC</pubDate>
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         <title>“Los sentidos del plural”</title>
         <author>carminiaflores13</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong> Las adolescencias y juventudes son muchas y distintas y los itinerarios vitales están fuertemente condicionados por los datos duros del origen, que definen un lugar social para cada quien. Así algunos niños se vuelven infancia o adolescencia, mientras que otros se vuelven menores, delincuentes, marginales, excluidos, vulnerables, pobres.</strong></div><div><strong>Los jóvenes han sido convertidos en relato expiatorio y en el enemigo del orden social, los medios de comunicación los han satanizado; pero no a los jóvenes como categoría social, sino a los jóvenes pobres en concreto: estigmatización, demonización, victimización.</strong></div><div><strong>En las representaciones acerca de unos/as y otros/as, tanto como en las oportunidades de vida que encuentran, la brecha es inmensa. </strong></div><div><strong>El plural (adolescencias y juventudes) viene a denunciar que no hay expresión singular capaz de albergar a semejante desigualdad. El plural significa también, el cuestionamiento de visiones homogéneas y de la propia idea de diversidad entendida como abanico o constelación de diferencias a respetar o a tolerar. El uso del plural tiene un sentido, el de discutir las identidades estáticas, definidas en torno a supuestos atributos naturales que portan los sujetos y la consecuente apelación  respetarlas o a corregirlas.</strong></div><div><strong> </strong></div><div><strong>“</strong><strong><em>De estigmatizados a sujetos de derecho”</em></strong></div><div><strong>Considerar a los adolescentes y jóvenes como legítimos sujetos de derecho (identidad, educación, salud, entre otros), así como del derecho a tener opciones y posibilidades reales de elegir, de progresar, de imaginar futuros posibles. Ya que, ellos mismos  no suelen verse como  sujetos de derecho sino como objetos de un derecho que en muchos casos se vuelve en su contra. Estigmatizados y vulnerabilizados por discursos paradójicamente redentores, adolescentes y jóvenes se miran en el espejo deformante que les tienden los adultos y construyen de ese modo una mala imagen de sí mismos.</strong></div><div><strong>Las propuestas valiosas, los referentes significativos y los contextos respetuosos de las necesidades y las posibilidades de adolescentes y jóvenes son beneficiosos para todos/as ellos/as, y más aún para los más castigados, en la medida en que representan una oportunidad privilegiada, y a veces única, de inscripción y reconocimiento. Pensar la educación de las nuevas adolescencias y juventudes implica, entonces, pensar nuevos adultos.</strong></div><div><strong> <br></strong><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2020-05-21 22:23:33 UTC</pubDate>
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