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      <title>Conducir es gobernar: el carácter político de la conducción by Viviana Alejandra Alonso</title>
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      <description>Chacabuco</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-09-03 12:23:39 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2025-06-13 04:13:29 UTC</lastBuildDate>
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         <title>MARIELA FERNANDA DIEZ</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>El carácter político de la conducción, según autores como Dussel, Tenti Fanfani y Zelmanovich, se centra en la importancia de la comprensión del contexto político y la capacidad de ejercer influencia en él, más allá de la mera aplicación de estrategias o técnicas.&nbsp;</p><p>Enrique Dussel, en su enfoque de la filosofía política de la liberación, destaca la necesidad de un cambio radical en la estructura del poder y en la relación entre el Estado y la sociedad civil. Dussel argumenta que el poder debe ser entendido como un poder de la gente, que requiere ser actualizado en las instituciones y ejercerse a través de la participación ciudadana. La conducción, en este sentido, implica comprender la dinámica del poder y la necesidad de transformar las estructuras existentes para lograr una sociedad más justa.&nbsp;</p><p>Tenti Fanfani, en su análisis de la educación y la política, enfatiza la importancia de la participación y el protagonismo de los sujetos en el proceso de construcción de la política pública. Para Tenti Fanfani, la conducción política en la educación, por ejemplo, implica no solo la gestión de recursos, sino también la capacidad de generar espacios de diálogo, debate y negociación entre los diferentes actores involucrados.&nbsp;</p><p>Zelmanovich, en su estudio sobre la educación, el desarrollo y la democracia, resalta la necesidad de una conducción política que promueva la autonomía y la creatividad de los actores educativos. </p><p>Zelmanovich argumenta que la conducción debe ser entendida como un proceso de mediación y diálogo, en el que se busca la construcción de acuerdos y la promoción de la participación de los actores educativos en la toma de decisiones.&nbsp;</p><p>El carácter político de la conducción, según estos autores, va más allá de la aplicación de estrategias o técnicas. Implica comprender la dinámica del poder, promover la participación ciudadana, y generar espacios de diálogo y negociación para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.&nbsp;</p><p>(Esta es una reflexión corta de los autores y su pensamiento, luego mandé por mensaje privado una reflexión sobre la conducción de las Instituciones educativas)</p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-05 18:42:27 UTC</pubDate>
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         <title>Ñañez Mantova Anahí - El carácter político de la educación</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3437158764</link>
         <description><![CDATA[<p>La conducción educativa no es solo una tarea técnica o de gestión. También es una tarea política, porque cada decisión que se toma en la escuela influye en cómo se enseña, cómo se incluye a los estudiantes y en el sentido que tiene el proyecto escolar.</p><p>Quien está a cargo de una escuela se enfrenta todos los días a situaciones de desigualdad, conflictos y diversidad. A través de sus decisiones, puede ayudar a mantener las injusticias o trabajar para cambiarlas.</p><p>Incluir a alguien en la escuela no es solo dejarlo estar. Significa crear condiciones reales, tanto materiales como simbólicas, para que esa persona pueda participar, aprender, ser escuchada y formar parte. Esto requiere tomar decisiones pedagógicas que respeten las diferencias y no las vean como un problema. Conducir políticamente es sostener esa tensión sin buscar soluciones fáciles ni abandonar el desafío.</p><p>Vivimos en una sociedad fragmentada, con muchas personas sintiéndose solas, sin un rumbo claro. Por eso, educar hoy también es un acto de resistencia. Resistir al egoísmo, a la indiferencia, a la idea de que algunas personas no importan. Conducir una escuela en este contexto es mantener vivos los espacios donde podamos aprender juntos y compartir valores.</p><p>También implica estar presentes como adultos. No se trata de imponer autoridad, sino de acompañar, poner límites, enseñar y sostener los vínculos, incluso cuando hay conflictos. No ocupar ese lugar rompe algo esencial de la experiencia escolar. El adulto debe estar, con su palabra y su responsabilidad.</p><p>Por eso, la dimensión política de la conducción se ve en cada gesto, en cada elección: qué se enseña, cómo se organiza el tiempo, a quién se escucha. Conducir no es solo organizar, es comprometerse con una escuela que no excluya y que ayude a construir igualdad.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-06 00:38:33 UTC</pubDate>
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         <title>&quot;Conducir es gobernar: el carácter político de la conducción&quot; de Martignone Florencia</title>
         <author>nartignoneflorencia</author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3438563609</link>
         <description><![CDATA[<p>En el contexto actual, la tarea de un director o directora escolar no puede limitarse a la coordinación de tareas administrativas ni a la aplicación mecánica de normativas. <strong>Conducir una institución educativa es, en términos profundos, un acto político</strong>. Implica liderar con sentido, sostener una visión transformadora, y generar las condiciones para que la escuela se constituya como un espacio público de diálogo, inclusión y justicia educativa.</p><p>Tal como lo plantea <strong>Perla Zelmanovich</strong> (2005), <strong>conducir implica ocupar una “posición pedagógica” que articule tres dimensiones de la responsabilidad</strong>: ética, política y jurídica. Esto cobra especial relevancia en escenarios donde la escuela enfrenta el desafío de <strong>incluir sin reproducir las exclusiones históricas</strong>. En este sentido, el rol directivo no es neutral; está cargado de decisiones que afectan la posibilidad de enseñar, aprender y convivir. Gobernar una escuela, entonces, <strong>es ejercer un poder que se legitima en la construcción de vínculos pedagógicos, no en su imposición</strong>.</p><p>Este enfoque nos lleva a pensar la conducción escolar desde su <strong>vínculo con el gobierno y la autoridad</strong>. Gobernar no es mandar, ni mucho menos imponer. Gobernar, en términos pedagógicos, es sostener un proyecto compartido que genere sentido, habilite la palabra y promueva subjetividades críticas. Aquí se vuelve central la distinción que propone <strong>Inés Dussel</strong> (2012) entre <strong>poder y autoridad</strong>. Mientras que el poder remite a la capacidad de imponer decisiones, <strong>la autoridad se fundamenta en el reconocimiento legítimo del otro</strong>. En palabras de la autora: <em>“La autoridad pedagógica implica ser reconocido como alguien que puede enseñar algo valioso y que se hace responsable del otro”</em> (p. 3). Esta autoridad no se impone: se construye, se gana, se ejerce desde la ética del cuidado y la responsabilidad por el otro.</p><p>Dussel también advierte que no se trata de volver a modelos autoritarios, sino de <strong>renovar las formas de ejercer la autoridad</strong> desde el diálogo, la coherencia y la escucha activa. La autoridad, en este sentido, es una <strong>condición para la transmisión cultural</strong>, especialmente en contextos marcados por la diversidad y la fragmentación.</p><p>Por su parte, <strong>Emilio Tenti Fanfani</strong> (2004) aporta una mirada sociológica clave: la autoridad del docente –y por extensión, la del conductor institucional– <strong>no es un atributo individual, sino una construcción social</strong> que depende tanto de características personales como del respaldo institucional. En el pasado, el sistema educativo garantizaba esa legitimidad a través del cargo. Hoy, en un contexto de <strong>crisis institucional</strong> y cambio en el equilibrio generacional, esa legitimidad debe ser reconstruida a diario. <strong>Ya no alcanza con tener el título o el cargo: hay que ser reconocido como alguien capaz de sostener el vínculo educativo</strong>.</p><p>Este cambio implica también una nueva forma de entender la profesionalidad docente. No se trata simplemente de aplicar contenidos, sino de ser <strong>mediadores culturales</strong>, capaces de motivar, conmover, y construir autoridad desde el compromiso ético, la sensibilidad pedagógica y el respeto por la voz de los otros.</p><p>En definitiva, conducir una escuela <strong>es gobernar</strong> en el sentido más profundo: implica orientar, generar consenso, sostener la palabra y garantizar derechos. Es una práctica política que no se reduce a cumplir funciones técnicas, sino que requiere compromiso, formación y una profunda convicción democrática. Solo así es posible construir una escuela que no repita las exclusiones del pasado, sino que abra caminos reales de futuro para todos.</p><p>reducir a 500 palabras</p><p><br></p><p>En el escenario actual, la tarea de conducir una escuela va mucho más allá de coordinar tareas administrativas o aplicar normativas. <strong>Conducir es, en términos pedagógicos, gobernar</strong>: liderar con sentido, sostener un proyecto educativo situado y garantizar que la escuela sea un espacio público de inclusión, diálogo y justicia social.</p><p>Desde la mirada de <strong>Perla Zelmanovich</strong> (2005), la conducción escolar debe ser pensada como una <strong>posición pedagógica</strong> que articula tres dimensiones de la responsabilidad: ética, política y jurídica. Esto implica sostener subjetividades, transformar la realidad institucional y garantizar derechos, sin culpabilizar ni excluir. En contextos de desigualdad estructural, conducir una institución educativa es también <strong>una decisión política que busca interrumpir lógicas de exclusión y abrir posibilidades de futuro</strong>.</p><p>En este marco, es clave diferenciar <strong>autoridad de poder</strong>, como lo plantea <strong>Inés Dussel</strong> (2012). Mientras el poder remite a la imposición, <strong>la autoridad se basa en el reconocimiento legítimo por parte de los otros</strong>. En la escuela, esto significa que la autoridad pedagógica surge cuando el docente o directivo es visto como alguien capaz de enseñar algo valioso y de responsabilizarse por el otro. Se trata de una autoridad ética, que no se impone por la fuerza ni por la jerarquía, sino que se construye a través del cuidado, la coherencia, la escucha y la capacidad de generar sentido.</p><p>Dussel sostiene que no se trata de restaurar modelos autoritarios del pasado, sino de <strong>renovar las formas de ejercer la autoridad</strong>, haciéndolas compatibles con una pedagogía crítica y democrática. La autoridad hoy debe ser una herramienta para sostener el lazo educativo, garantizar la transmisión cultural y dar lugar a la palabra de las nuevas generaciones.</p><p><strong>Emilio Tenti Fanfani</strong> (2004), desde una perspectiva sociológica, profundiza esta idea al señalar que la autoridad del docente (y del conductor escolar) es una <strong>construcción relacional y contextual</strong>, que en el pasado se sostenía por el respaldo institucional. Hoy, en un escenario de crisis de las instituciones y cambio en las relaciones generacionales, esa legitimidad ya no está garantizada por el cargo: <strong>debe construirse en la práctica cotidiana</strong>. El docente o directivo ya no es una figura incuestionable, sino alguien que debe convencer, incluir y motivar.</p><p>La conducción escolar, entonces, requiere una nueva profesionalidad: no sólo conocimientos técnicos, sino también sensibilidad pedagógica, compromiso ético y una clara conciencia política. <strong>Gobernar la escuela es ejercer una autoridad legítima que habilita, cuida y transforma</strong>.</p><p>En definitiva, <strong>conducir es gobernar en clave pedagógica</strong>, y esa conducción no se impone: se construye. Es una práctica que demanda responsabilidad, formación, diálogo y una convicción profunda en el poder transformador de la educación.</p><p><br></p><p><br></p><p><strong>Martignone Florencia</strong></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-06 19:19:28 UTC</pubDate>
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         <title>Soledad Domínguez</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>La figura del docente, en el actual sistema escolar, se enfrenta al desafío de redefinir su autoridad en términos mediadores y participativos. Dussel y Tenti Fanfani destacan la importancia de la relación entre el maestro y el alumno, sugieren que la autoridad debe ser construida a partir de la legitimidad que el docente genera en su comunidad educativa, <strong>&nbsp;</strong>lo que<strong> </strong>implica un enfoque hacia la inclusión, donde el docente debe estar dispuesto a abrir espacios de diálogo que reconozcan y valoren las diferencias de cada alumno.</p><p>El rol del docente como mediador genera un compromiso activo con la realidad social y cultural de sus estudiantes, y también tener la capacidad de fomentar la participación crítica. Zelmanovich enfatiza &nbsp;la importancia de la autonomía en este proceso, sugiriendo que la autoridad no debe ser una imposición, sino un proceso de negociación constante que empodere a los alumnos en su aprendizaje. La construcción de un aula democrática y participativa, entonces, no solo depende de las estrategias pedagógicas, sino de una disposición ética a promover el bienestar y la equidad, elementos esenciales para fortalecer la autoridad del docente en un contexto que se transforma constantemente.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-06 19:46:38 UTC</pubDate>
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         <title>Claudio Rojas</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>La autoridad pedagógica en el aula se configura hoy en día como una construcción colectiva y dinámica, no como un atributo fijo del docente. Siguiendo las ideas de Dussel, Tenti Fanfani y Zelmanovich, es fundamental entender que la autoridad no debe ser vista como un poder que se impone, sino como una relación que se construye a través del respeto, la escucha activa y la participación de todos los actores involucrados. En este sentido, el docente debe actuar como facilitador, creando un espacio en el cual se fomente el diálogo y se reconozcan las voces de los estudiantes, legitimando&nbsp; su autoridad.</p><p>La implicancia de esto es que la educación no puede ser un ejercicio unilateral: debe ser un acto colaborativo entre alumnos y docentes, que aporten a la construcción del conocimiento. En un contexto como el de nuestro país, con sus particularidades históricas y sociales, esta dinámica se vuelve crucial para enfrentar las desigualdades educativas y promover una enseñanza más inclusiva y equitativa. La autoridad se convierte así en un compromiso ético y político, donde cada decisión en el aula tiene el potencial de generar un impacto significativo en la vida de los estudiantes y en su desarrollo como ciudadanos críticos.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-06 19:51:17 UTC</pubDate>
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         <title>Flavia Cabral</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>La reflexión de Inés Dussel sobre la autoridad en la escuela invita a repensar las prácticas pedagógicas, reconociendo la autoridad como una relación dinámica y ética que debe ser constantemente cuestionada y adaptada al contexto. Es esencial construir una autoridad que promueva el respeto mutuo, la reflexión crítica y el aprendizaje significativo, evitando caer en prácticas autoritarias que limiten el desarrollo de los estudiantes. En este nuevo contexto, la autoridad del docente debe construirse a través de la capacidad de escucha, el diálogo, el respeto y la comprensión de las razones de los otros. La autoridad ya no se impone desde arriba, sino que se negocia y se construye en conjunto con los alumnos. Esto implica una renovación en la formación docente, que debe incluir no solo conocimientos pedagógicos, sino también habilidades para establecer relaciones interpersonales efectivas y respetuosas.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-06 23:21:22 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>ireneotegui6740</author>
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         <description><![CDATA[<p>Conducir es gobernar. Que importante es detenerse en el análisis &nbsp;de las diversas situaciones que se viven en el cotidiano escolar y&nbsp; pensar las situaciones, problemáticas y desafíos que se presentan dia a dia. Al decir de Marturet, La gestión como gobierno, como acto político, no puede separarse, entonces, de la búsqueda y de la decisión de hacer justicia. Entonces, desde esta perspectiva, el director no es sólo quien es capaz de administrar ciertos recursos, y puede hacerlo en virtud de competencias que posee, sino quien tiene una intencionalidad clara de dónde quiere llegar y la decisión política de hacerlo. Director es quien busca generar condiciones para que los proyectos se materialicen, para que las profecías de fracaso o los destinos inexorables puedan quebrarse… No se puede pensar la gestión de la escuela sin recuperar fuertemente la dimensión política de la tarea del director. No tenerle miedo a la palabra “dirigir”, si por dirigir entendemos tener claro un horizonte donde llegar, y las acciones que hay que llevar adelante para sortear los obstáculos que se puedan presentar. Acciones que sólo pueden realizarse con otros, en un trabajo colectivo. En este sentido, dirigir es recuperar la fuerza del acto creativo, responsable, implicado, de quien tiene claro un proyecto, que no es “su” proyecto, sino el proyecto que debería implicar a toda la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-06 23:30:00 UTC</pubDate>
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         <title>Florencia Savalio</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>A lo largo del recorrido por los textos de la primera unidad, emerge con fuerza una idea central: conducir una escuela no es simplemente gestionar, sino ejercer una forma profunda de intervención política y pedagógica. En un contexto de fragmentación social, deslegitimación institucional y desdibujamiento de las referencias adultas, la conducción se convierte en un gesto ético que habilita el lazo educativo y sostiene la promesa de la escuela como espacio público.</p><p>Desde Zelmanovich, aprendemos que la conducción no puede desentenderse de la función adulta: se trata de estar presentes, sostener simbólicamente a los otros y encarnar el deseo de educar. Dussel y Tenti Fanfani nos advierten que la autoridad no se impone, sino que se construye, se negocia y se legitima en el vínculo. Así, el rol del directivo no es solo administrativo, sino una figura clave en la producción de sentido colectivo.</p><p>Urquiza aporta una mirada situada en territorios golpeados por la desigualdad: conducir es resistir. Sostener una escuela abierta, amorosa, comprometida, es en sí mismo un acto político radical. Y Marturet nos recuerda que la dirección escolar es la bisagra entre el proyecto institucional y las prácticas cotidianas: es quien debe imaginar, acompañar y liderar una construcción colectiva de escuela.</p><p>A su vez, textos como los de Levinsky y Meirieu complejizan aún más esta dimensión política, subrayando que educar hoy es apostar por lo común en un mundo que fragmenta, es poner el cuerpo en una escena que no tiene guión claro, es intervenir en la incertidumbre con decisión y esperanza.</p><p>En conclusión, la conducción escolar, entendida desde una perspectiva crítica, se configura como una práctica política que habilita lo común, que interpela la fragmentación y que se compromete con la construcción de sentido en la escuela. Conducir es, en última instancia, una forma de cuidar el porvenir: sostener la promesa de una escuela que enseñe, incluya, transforme y siga creyendo en el poder emancipador de la educación.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-07 18:47:36 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3440562515</link>
         <description><![CDATA[<p>En este primer recorrido por la materia y al incluir a varios autores, surge una idea clave: gestionar no es lo mismo que conducir. Cuando hablamos de “conducción”, nos referimos a algo propositivo, esperanzador y prometedor. Sebastián Urquiza lo resume muy bien: “Quien conduce educa”. Esto significa que se trata de promover la autonomía del pensamiento tanto en las personas como en las instituciones, porque en la escuela no hay una única manera de construirla y habitarla. Urquiza también nos hace reflexionar sobre cómo conducir es un acto político y pedagógico que implica resistir las lógicas que reproducen desigualdades y la exclusión.</p><p>Por su parte, Marturet enfatiza que la conducción educativa es una construcción colectiva. Aquí, el director juega un papel fundamental, mediando entre las políticas públicas, la cultura institucional y las prácticas escolares. Su objetivo es generar acuerdos, coordinar acciones y sostener el proyecto educativo.</p><p>Inés Dussel también aporta a esta discusión al señalar que la autoridad pedagógica está en un proceso de transformación. No se trata solo de restaurar la autoridad tradicional o eliminarla, sino de repensar cómo se ejerce y cuáles son sus fundamentos. Este cuestionamiento se sitúa en un contexto de cambios sociales y culturales más amplios, donde se rompe con la tradición y se valoran la innovación y la creatividad. Dussel destaca que la autoridad tradicional tiene dificultades para imponerse y que las formas más efectivas de autoridad son sutiles, flexibles y adaptables. Además, resalta que la autoridad no se define únicamente por el cargo, sino por el respeto que genera en la comunidad educativa, ya sea un director, un auxiliar, un estudiante destacado o un docente que acompaña y guía a sus alumnos.</p><p>La relación entre autoridad pedagógica e identidad docente nos invita a explorar las complejidades del rol de los educadores hoy en día. La reautorización del docente como figura de autoridad se presenta como una herramienta vital para la transmisión cultural, pero también plantea preguntas sobre cómo se construye esta autoridad y las implicaciones políticas y éticas del proceso educativo.</p><p>El contraste entre las distintas formas de evaluación resalta la importancia de adoptar un enfoque comprometido y reflexivo. Un educador que actúa como sostén, en lugar de un fiscalizador, no solo evalúa el rendimiento, sino que busca entender las circunstancias que afectan a sus estudiantes. Esta perspectiva puede transformar la relación entre docente y alumno, creando un ambiente de apoyo y justicia educativa.</p><p>Asimismo, el debate sobre la responsabilidad educativa en un contexto con múltiples autoridades señala un problema fundamental: la incertidumbre sobre qué realmente se debe enseñar. En tiempos de modernidad líquida, como plantea Bauman, los educadores deben navegar en un entorno donde las expectativas y demandas son cambiantes. Esto requiere una profunda reflexión sobre su práctica pedagógica y una asunción consciente de su rol en la formación de ciudadanos críticos y activos.</p><p>Finalmente, al reconocer que educar es un acto político, los docentes son llamados a reflexionar sobre su impacto en el desarrollo social y cultural de sus estudiantes. Asumir esta responsabilidad implica adoptar una visión integral de la educación, donde enseñar va más allá de impartir conocimientos y se convierte en un compromiso con el futuro de la sociedad. La formación de ciudadanos críticos es, sin duda, uno de los legados más importantes que los educadores pueden dejar.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-07 21:35:58 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3440876452</link>
         <description><![CDATA[<p>La autoridad educativa se ha ido transformando como como muchos otros aspectos en la vida del ser humano. La humanidad cambia y la escuela no es ajena&nbsp; a ese cambio. Pensar la autoridad educativa de hoy es pensar en prácticas de liderazgo para concretar, acompañar motivar y educar esta transformación educativa. Desde esta perspectiva, ya no se trata sólo de ordenar y controlar, ya que los tiempos demandan cambios e innovaciones, no más rutinas. El director, como líder, debe ser flexible, competente, para usar eficazmente la batería de estrategias de la cual dispone y así pilotear con éxito su institución. Un buen director, entonces, será aquel que posea un repertorio de competencias, entendidas éstas como atributos que porta el directivo y cuya posesión garantizará una gestión exitosa.</p><p>Dirigir es pensar, en conjunto con otros, en cómo orientar a los colegas, a los padres</p><p>&nbsp;y a los alumnos en una dirección que creemos la mejor para esta escuela. Es crear, producir condiciones para construir lo común, para ocupar ese espacio de lo público donde tienen lugar los procesos de enseñanza, de aprendizaje, de transmisión de la cultura, de construcción de ciudadanía y de realización de justicia social. Es por esto último que la conducción educativa es de carácter político ya que es importante que quien conduce una escuela tenga una clara conciencia de la dimensión política de su trabajo y que esté comprometido con la promoción de una educación de calidad y equitativa para todos.</p><p>Para cerrar el texto,&nbsp; es importante que ese líder del que hablamos al comienzo de la escritura esté&nbsp; advertido de la siguiente disyuntiva: se puede estar solo y absolutamente solo, o se puede estar solo pero con los demás, y esto último implica una opción política, ética y pedagógica, que cambia las reglas de juego para hacer del trabajo docente y directivo un desafío de construcción colectiva, condición necesaria para hacer de la escuela un espacio más auténtico y significativo para la vida profesional de adultos y centralmente para cambiarles y hacerles mejores vidas a niños, niñas y adolescentes.</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-08 01:53:04 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>Conducir es gobernar. El carácter político de la conducción</strong></p><p><strong>&nbsp;</strong></p><p>Conducir es gobernar. Esta afirmación, tan sencilla como poderosa, nos invita a repensar el rol del equipo directivo y docente desde una <strong>perspectiva profundamente política</strong>. En un tiempo donde la gestión escolar no puede reducirse a lo administrativo, <strong>conducir implica sostener una visión, construir comunidad y comprometerse con una escuela inclusiva, democrática y transformadora.</strong></p><p>Tal como lo plantea <strong>Perla Zelmanovich,</strong> conducir una institución educativa es ejercer una posición pedagógica que articula tres dimensiones fundamentales<strong>: la ética, la política y la jurídica. </strong>Esta tarea exige más que cumplimiento de normativas: demanda sensibilidad social, compromiso con la realidad de los estudiantes y una convicción firme en el derecho a una educación de calidad para todos.</p><p>&nbsp;</p><p><strong>Inés Dussel</strong> profundiza esta mirada al distinguir entre poder y autoridad. El poder imp<strong>one; la autoridad se construye y se legitima</strong> en la relación con el otro. <strong>La conducción</strong>, entonces, no se sostiene en la jerarquía, sino en el vínculo pedagógico, en la <strong>capacidad de habilitar la palabr</strong>a, <strong>escuchar activamente y generar condiciones de aprendizaje significativas y equitativas.</strong></p><p><strong>&nbsp;</strong></p><p>Desde una <strong>perspectiva sociológica</strong>, <strong>Emilio Tenti Fanfan</strong>i nos recuerda que la autoridad no es un rasgo individual, sino <strong>una construcción social respaldada por la institución.</strong> En contextos de crisis de legitimidad, la conducción debe sostenerse en prácticas que den sentido, generen pertenencia y eviten reproducir las exclusiones históricas.</p><p>&nbsp;</p><p>Hoy más que nunca, conducir es <strong>gobernar en clave pedagógica. Es una práctica que interpela, que no se impone, sino que se construye colectivamente con responsabilidad, diálogo, formación constante y una fuerte conciencia política. Porque cada decisión en la escuela es también una toma de posición frente al mundo.</strong></p><p><strong><em>Conducir es gobernar. Y gobernar la escuela es comprometerse con el presente y el futuro de nuestra sociedad.</em></strong></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-08 02:49:14 UTC</pubDate>
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         <title>Martín Torchinsky</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3441765414</link>
         <description><![CDATA[<p>Al pensar en la frase “conducir es gobernar”, se vuelve inevitable reflexionar sobre lo que realmente implica estar al frente de una escuela. Hoy más que nunca, queda claro que dirigir una institución educativa no se trata solo de organizar horarios, papeles o cumplir normativas. Conducir es ejercer un rol profundamente político y pedagógico. Es sostener una visión, acompañar a otros y construir, en el día a día, una escuela que enseñe, incluya y transforme.</p><p>Como plantea Perla Zelmanovich, la conducción escolar no puede pensarse por fuera de una posición pedagógica que articule lo ético, lo político y lo jurídico. No alcanza con hacer que todo “funcione”; hace falta estar comprometidos con el derecho a la educación, con garantizar espacios que contengan y que generen oportunidades reales para todos y todas.</p><p>Inés Dussel también aporta una mirada clave cuando diferencia poder de autoridad. El poder impone; la autoridad se construye en la relación con los otros. En la escuela, esto se traduce en generar vínculos, habilitar la palabra, sostener el lazo educativo y, sobre todo, escuchar. La autoridad pedagógica no se da por el cargo: se gana día a día, con coherencia, cuidado y compromiso.</p><p>Emilio Tenti Fanfani refuerza esta idea al decir que la autoridad no es una característica personal, sino algo que se construye socialmente, con el respaldo de la institución. En tiempos en los que ese respaldo no siempre está dado, el desafío es aún mayor: hay que trabajar constantemente para sostener la legitimidad de la conducción y de la tarea docente.</p><p>Conducir, entonces, no es solo tener respuestas o seguir un manual. Es abrir el juego a lo colectivo, construir sentidos compartidos y animarse a tomar decisiones que no siempre son fáciles, pero que responden a un horizonte claro: el de una escuela que apueste por lo común, por lo público y por la justicia educativa.</p><p>Desde mi lugar, siento que conducir es también comprometerse con el presente y el futuro. Es preguntarse qué escuela queremos, para qué y para quiénes. Y en esa búsqueda, la conducción se convierte en una práctica política en el mejor sentido: una que transforma, habilita y sostiene.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-08 12:06:06 UTC</pubDate>
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         <title>Soledad Tomasso</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3441860511</link>
         <description><![CDATA[<p><br></p><p><em>&nbsp;Conducir una institución educativa, en su dimensión política, implica una responsabilidad profunda y colectiva. No se trata solo de gestionar tareas administrativas, sino de tomar decisiones que afectan a toda la comunidad escolar. Dirigir una escuela es un acto político porque define qué reglas, prácticas y valores se promueven dentro de ella, y cómo se construyen los vínculos entre sus actores.</em></p><p><em>La conducción debe apostar por una escuela viva, que no se limite a reproducir lo establecido, sino que se abra a la construcción compartida de saberes, sentidos y ciudadanía. En este proceso, la </em><strong><em>inclusión</em></strong><em> aparece como un eje central. Incluir no es solo aceptar la presencia de todos, sino garantizar la participación plena, simbólica y real de cada estudiante. Implica adaptarse, escuchar, y estar dispuestos a revisar las prácticas para que nadie quede afuera.</em></p><p><em>La </em><strong><em>autoridad</em></strong><em>, en este contexto, no se impone, sino que se construye. Según Inés Dussel, la verdadera autoridad nace del respeto, la coherencia y el vínculo cotidiano con los estudiantes y el equipo docente. Es una herramienta pedagógica que se ejerce con empatía y compromiso, no con autoritarismo.</em></p><p><em>En síntesis, la conducción escolar hoy exige una mirada crítica, ética y transformadora. Es acompañar procesos, sostener proyectos con sentido, y construir una escuela que enseñe desde el respeto, la inclusión y el diálogo constante con su comunidad.</em></p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-08 13:16:32 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Maria Sol de Jong</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3442391906</link>
         <description><![CDATA[<p>A partir de los textos leídos y del material para "entrar en calor" trabajado, se puede decir que la conducción no puede reducirse a una tarea técnica ni a la simple capacidad de dirigir (como se dirige el tránsito, sin consenso). Implica una dimensión política en tanto asume la responsabilidad de crear condiciones para pensar con otros, actuar y participar. Como señalan los autores, conducir es una práctica situada que reconoce al conflicto como constitutivo de la escuela y de la sociedad. A diferencia de dirigir, que puede derivar en una lógica de control, la conducción apuesta por el diálogo y la construcción de sentidos compartidos. En este sentido, la autoridad del que conduce no se impone, sino que se construye en la relación con los otros, como una figura que habilita la autonomía sin renunciar a su responsabilidad. En síntesis, la conducción es una práctica ética y política que no busca dirigir desde arriba, sino construir junto a otros, impulsar espacios de encuentro, sosteniendo la tensión entre el conflicto, la autoridad democrática, la diferencia y la posibilidad de concebir a los errores, a las crisis, a las dificultades como posibilidades y fuentes permanentes de aprendizaje. </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-08 21:03:41 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>La Conducción Escolar es la mediación entre las políticas educativas y los sentidos y prácticas de los actores institucionales.</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3443901457</link>
         <description><![CDATA[<p>Siempre se debe poner el énfasis en, los núcleos problemáticos que transverzalizan el campo de formación específica.</p><p>Debemos, como equipo de conducción, ofrecer herramientas situadas y actuar en función de encuadres.</p><p>“Conducir un acto educativo es: definir nuevos rumbos, siempre en equipo, con autoridad basada en el saber”.</p><p>Perla Zelmanovich: conducir es asumir una posición pedagógica con dimensión ética, política y jurídica. </p><p>Ines Dussel: distingue entre poder y autoridad, señalando que la autoridad se construye desde el reconocimiento y la responsabilidad hacia el otro.</p><p>Emilio Tenti Fanfani: aporta una mirada sociológica sobre la autoridad.</p><p>Mercanti, Ma. Virginia</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-09 18:06:19 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Reflexiones en torno a la conducción y su carácter político. </title>
         <author>damarismdelpapa97</author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3444008124</link>
         <description><![CDATA[<p>A partir de los autores leídos y del recorrido realizado en la cátedra, presento una pequeña reflexión que permita seguir pensando en conjunto la conducción dentro de la instituciones educativas.&nbsp;</p><p>Conducir una institución educativa es ejercer un acto profundamente político. Esto no se reduce al cumplimiento de normativas, sino que implica tomar decisiones, generar condiciones para enseñar y aprender, y sostener un horizonte institucional en contextos complejos y cambiantes. La autoridad en la escuela no es un atributo natural ni una imposición jerárquica, sino una construcción relacional, situada, que se renueva en la práctica y en el diálogo con otros.</p><p>Como plantea Zelmanovich (2005), la función adulta en la escuela es una posición ética y política. No se trata de ejercer poder por imposición, sino de sostener un marco que haga posible el aprendizaje, estableciendo límites, ofreciendo referencias, y asumiendo el conflicto que implica educar. Si los adultos escolares dimiten, se expone también en la ficha de cátedra, la escuela queda a la deriva, con los alumnos expuestos a la intemperie simbólica. Por eso, el rol de conducción debe sostener una posición que ordene, que encuadre, pero que no se vuelva autoritaria; una autoridad que se legitime en la práctica, que se construya con otros y que asuma los riesgos de proponer caminos nuevos.</p><p>Desde otra perspectiva, Dussel (2012) nos invita a pensar cómo la autoridad pedagógica ha cambiado en las últimas décadas. Ya no puede sostenerse en formas tradicionales, basadas en la obediencia sin diálogo, sino que requiere nuevas formas de legitimación: más sutiles, flexibles, capaces de adaptarse a contextos atravesados por desigualdades, medios digitales y transformaciones culturales. En este marco, la figura de quien conduce la institución debe lograr articular las tensiones entre normativa y realidad, entre legalidad y legitimidad, entre el rol formal y el vínculo cotidiano.</p><p>En esta línea, Tenti Fanfani (2004) sostiene que la autoridad del maestro no es un atributo dado, sino una conquista permanente. Es una relación que se construye en cada vínculo y que exige capacidad de escucha, diálogo, argumentación y sensibilidad hacia las condiciones sociales y culturales de los alumnos. Esto se extiende al rol de conducción, que no puede limitarse a “aplicar normas”, sino que debe generar sentido colectivo, proyectos institucionales, estrategias de intervención y marcos que habiliten la tarea pedagógica.</p><p>Finalmente, tal como lo expresa la ficha de cátedra, la autoridad democrática en las escuelas se ejerce desde una práctica dialógica, que no busca replicar modelos fijos ni imponer respuestas únicas. Conducir, entonces, implica animarse a proyectar, a asumir riesgos, a autorizarse a nuevas formas de hacer escuela. Requiere de legalidad, pero también de legitimidad construida en la cercanía, la escucha y la decisión compartida. Porque toda conducción que aspire a transformar, debe gobernar con otros y no sobre otros.</p><p>Dámaris Del Papa. </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-09 20:29:24 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title>Andrea Soledad Chaparro</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>"La conducción en relación a la autoridad pedagógica"</strong></p><p>    Cuando pensamos en la "conducción" podemos hacer referencia a dos conceptos. Uno de ellos es la acción de conducir o guiar.</p><p>    Pero quién es la persona o autoridad que realiza esta acción, pensando en el marco de las nuevas práctica pedagógicas que fueron transformándose a lo largo del tiempo y permiten hoy una mirada donde no solo el "saber" cobra preponderancia.</p><p>    La autoridad pedagógica está en cuestión, como lo manifiesta <strong>Inés Dussel</strong>, y se trata de repensar sus formas y sus figuras, sus modos de ejercicio y sus fundamentos.</p><p>    Ésta debería asentarse en un saber docente sobre los conocimientos acumulados, sobre la vida, sobre la sociedad. Y ofrecerlo sin desprecio ni arrogancia, para que las nuevas generaciones los recreen y reescriban.</p><p>    Hay que volver a reafirmar y reforzar el vínculo con el saber, de manera democrática y habilitando la palabra.</p><p>    En la actualidad, el caudal de autoridad que cada docente es capaz de construir con sus propios recursos y su habilidad para usarlos tiende a ser cada vez más importante.</p><p>    Como lo menciona <strong>Emilio Tenti Fanfani</strong>, en este contexto, el maestro se ve obligado a considerar su autoridad como una conquista sujeta a renovación permanente...Para ello, debe emplear nuevos recursos relacionados con la capacidad y la disposición a la escucha y el diálogo, el respeto y la comprensión de las razones de los otros, la argumentación racional, etc.</p><p>    Dejemos abierto el debate: <strong>es preciso</strong> <strong>renovar las instituciones educativas y al</strong> <strong>mismo tiempo dotar de una nueva profesionalidad a los profesores</strong>, ello podrá contribuir a encontrar una respuesta a los nuevos desafíos que hoy se nos presentan.</p><p>    Sin olvidar el hecho de que la instrucción pública esté a cargo del Estado indica que la educación tiene importancia política, en el sentido de que la formación, la educación y la instrucción de los ciudadanos atañen a la cosa pública, como lo indica <strong>Perla Zelmanovich</strong>.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-10 01:18:46 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Cassi Lucila </title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3444610046</link>
         <description><![CDATA[<p>La conducción en educación tiene una dimensión política fundamental, ya que implica asumir responsabilidades éticas sobre qué enseñar, cómo hacerlo y para qué. Como señala <em>Dussel</em>, la autoridad ya no se impone automáticamente por el cargo: debe legitimarse cada día, en un contexto donde se valora más la persuasión que la imposición. La conducción pedagógica, entonces, se enfrenta a tensiones entre enseñar con firmeza sin caer en el autoritarismo.</p><p>En ese mismo sentido, <em>Tenti Fanfani </em>advierte que, ante la crisis de las instituciones, la autoridad docente ya no es efecto directo del rol o la institución, sino que debe construirse desde el vínculo, la coherencia y la capacidad de generar confianza.</p><p>Por su parte, <em>Zelmanovich</em> propone que conducir es ejercer una “función adulta”, lo que implica ser sostén simbólico y asumir una <em>responsabilidad política:</em> dar lugar a la transmisión del saber sin desentenderse del contexto social y de las condiciones actuales de los alumnos.</p><p>Así, la conducción es una práctica política que debe sostener el sentido de educar, no como repetición de lo dado, sino como creación de nuevas condiciones para que otros puedan tomar la palabra y ocupar su lugar en la cultura.</p>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2025-05-10 19:38:21 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Canale María Laura</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3444616462</link>
         <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p><p> Canale María Laura</p><p>“Aportes reflexivos sobre la conducción pedagógica y su carácter político”</p><p>Al momento de abordar parte de la bibliografía damos cuenta de la diferenciación entre los términos Gestión y conducción. <strong>Gestionar según el diccionario significa: “hacer trámites y tareas para conseguir una determinada meta o logro personal.” “ocuparse de la administración, organización de una empresa, actividad económica u organismo”.</strong></p><p>La conducción pedagógica, en cambio, como práctica política implica tomar decisiones y acciones que tienen un impacto en la formación de los estudiantes y en la dinámica de la escuela. Esto conlleva un componente político, ya que se deben considerar los intereses y necesidades de diferentes actores (estudiantes, docentes, padres, comunidad). La conducción pedagógica se enmarca en una política educativa más amplia, que define los objetivos y prioridades de la educación. Esto implica que debe alinearse con las políticas educativas nacionales o provinciales y es lo que nos identifica como Instituciones Educativas a otro tipo de instituciones, dado que existen marcos políticos comunes que nos enmarcan y nos orientan, los cuales son irrenunciables a la hora de conducir dicho tipo de Instituciones. Ahora bien de qué hablamos cuando nos referimos a autoridad pedagógica: según Inés Dussul (2012) <strong>“La autoridad es la referencia dentro de la institución. No está definida sólo por el cargo, sino también por el respeto que genera en la comunidad educativa” </strong>La autoridad pedagógica debe ser una construcción, que debe ser ejercida de manera responsable, ética, reflexiva, crítica, que genere confianza y credibilidad, es decir que los docentes deben ser conscientes de sus propias prácticas y de las relaciones que ejercen dentro y fuera del aula, con todos los integrantes del colectivo educativo. La autoridad pedagógica se legitima a través de una autoridad que se construye éticamente, considerando las dimensiones políticas, sociales de la educación y promoviendo la participación la justicia y la equidad en el proceso de enseñanza- aprendizaje. Desde la perspectiva de Tenti Fanfani (2004) <strong>“La autoridad del maestro, condición necesaria del aprendizaje, no existe como cualidad innata de un individuo, sino que se expresa en una relación. Para decirlo con otras palabras, se trata de una construcción permanente en la que intervienen los dos términos del vínculo el docente y sus alumnos, y que varía según los contextos y las épocas. </strong>Debemos agregar que es de suma importancia construir esta autoridad de manera democrática, participativa y reflexiva. Ambas autoridades se relacionan de manera dialéctica, donde la autoridad pedagógica da sentido a la legitimidad del maestro. <strong>Zelamnovich(2005)</strong> <strong>plantea una reflexión clave sobre la función del adulto dentro de la escuela, &nbsp;especialmente en el contexto de la educación como espacio de socialización y formación integral. </strong>Considerando este pensamiento y sumado a la democratización de la autoridad pedagógica, la función del adulto en la escuela debe ser <strong>multidimensional</strong>, no limitada solo a lo académico, sino también al apoyo emocional, la construcción de valores, y la mediación en el proceso de socialización de los estudiantes. El adulto es clave no solo para la transmisión de conocimientos, sino también para la <strong>formación integral</strong> de los estudiantes, ayudándoles a desarrollarse tanto intelectualmente como social y emocionalmente.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-10 19:54:24 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3444690074</link>
         <description><![CDATA[<p><strong>El nuevo paradigma de conducción escolar&nbsp; </strong>&nbsp;.</p><p><br></p><p>Debido a las profundas transformaciones que ha atravesado&nbsp; nuestro país,&nbsp; los docentes estamos inmersos en un tiempo de transición donde no se puede seguir sosteniendo el sistema educativo de este siglo con normas y prácticas del siglo XIX.</p><p>Las escuelas y los docentes en particular ya no tenemos el poder y la autoridad pedagógica&nbsp; sólo por el cargo que ocupamos sino que debemos construirlo en forma adaptable. Siendo capaces&nbsp; de escuchar opiniones y dar paso a la palabra. Dando lugar a la construcción del saber colectivo que crea un clima de enseñanza y aprendizaje favorable .</p><p><strong>Zelmanovich</strong> afirma que&nbsp; debido al cuestionamiento actual del adultocentrismo se ha deteriorado el rol del docente como transmisor de la cultura y esto repercute sobre nuestra función pedagógica . Por su parte <strong>Tenti Fanfani</strong> respecto a este tema considera que debido a la crisis de la institución - escuela, los docentes día a día debemos renovar nuestra autoridad. Ya los adultos no tenemos el poder que sí había en el pasado , sobre las nuevas generaciones .El maestro debe considerar su autoridad como una conquista . Asumir la conducción con una visión de liderazgo distribuido, favoreciendo que los alumnos participen en consejos consultivos donde se deciden cosas importantes que ocurren en la escuela.</p><p>Estamos en la era de la digitalización y las libertades donde las normas tradicionales y las órdenes rituales han perdido su sagrada autoridad. En palabras de <strong>Dussel </strong>en este contexto la autoridad docente se da en aquel que habilita la palabra asentado en el saber docente sobre los conocimientos de la vida y de la sociedad para ofrecerlo a las nuevas generaciones con el fin que lo reescriban .Somos puentes e intérpretes entre las nuevas generaciones y los saberes .</p><p><br></p><p>Mercedes Ramírez&nbsp;</p><p><br></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-11 00:05:23 UTC</pubDate>
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         <title>Axel Bárcena</title>
         <author>axelbarcena</author>
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         <description><![CDATA[<p>La noción de "conducción" en educación tiene diferentes dimensiones, por ejemplo: guiar y liderar. La conducción refleja cierta figura de autoridad pedagógica que está en revisión, promoviendo que el conocimiento y la experiencia del docente se compartan sin pretensiones, fomentando un diálogo abierto con los estudiantes. La autoridad en la escuela debe basarse en un saber profundo, en la capacidad de escuchar, respetar y dialogar, no en imposiciones, sino en construir autoridad mediante relaciones democráticas y respetuosas.</p><p>Hoy, la autoridad del docente se ve fortalecida por sus recursos y habilidades personales, y debe renovarse constantemente. Es fundamental actualizar las instituciones educativas y potenciar la profesionalización de los docentes para afrontar los desafíos actuales. La educación es un asunto político, cuya función va más allá del mero conocimiento: implica promover la participación y el pensamiento crítico en la ciudadanía.</p><p>Conducir en el ámbito escolar no es solo una tarea técnica, sino una práctica política y ética que reconoce la existencia del conflicto y que se alimenta de diálogos y consensos. La autoridad no se impone, sino que se construye en relación con otros, permitiendo autonomía y responsabilizándose con ella. La gestión escolar debe estar sustentada en valores éticos, políticos y jurídicos, centrándose en las necesidades sociales y en los derechos a una educación de calidad.</p><p>Desde una perspectiva social, la autoridad en educación no es un rasgo individual, sino una construcción social que requiere prácticas democráticas, significativas y participativas. Conducir la escuela en el presente implica tomar decisiones responsables, promover inclusión, transformar la comunidad educativa y defender una visión política de la educación. En este sentido, el liderazgo escolar es una acción colectiva que implica responsabilidad, respeto, diálogo y formación continua, siendo una condición fundamental para construir una sociedad más justa y democrática.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-12 00:36:48 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Laura Viscubi</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3449267909</link>
         <description><![CDATA[<p><strong>Conducir es gobernar: el carácter político de la conducción.</strong></p><p>Teniendo en cuenta la afirmación "Conducir es Gobernar"</p><p>Nos hace reflexionar sobre que la conducción de una Institución educativa  que va mas allá de organizar una institución en lo referente a cumplir con al normativa vigente, al regimen académico, horarios. Es llevar a cabo una gestión donde se ejerce un rol de líder político y pedagógico, donde se le va construyendo día a día en forma democrática, inclusiva, dé calidad y con equidad, donde ese va adaptando y transformándose  de acuerdo a la realidad y  a las características propias de toda la comunidad educativa.</p><p><strong>Emilio Tenti Fanafani</strong> hace foco en la autoridad no como un rasgo individual, dado que es una construcción social que genera sentido de pertenencia y rechaza la exclusión que la  ha afectado  en distintos contextos históricos.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-13 23:14:05 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Daiana Gisel Alonso</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3450922149</link>
         <description><![CDATA[<p>La afirmación <strong>"Conducir es gobernar"</strong> nos invita a comprender que la conducción dentro de &nbsp;una institución educativa no se limita sólo a lo administrativo o normativo, sino que implica un acto político y pedagógico profundamente comprometido con la construcción colectiva. Gobernar una escuela es ejercer una conducción que reconoce su dimensión ética, jurídica y social, donde se lidera desde el saber y el compromiso con el otro. Tal como lo plantea <strong>Perla Zelmanovich</strong>, esta tarea requiere asumir una posición pedagógica que atraviese todos los niveles de la gestión, mientras que <strong>Inés Dussel </strong>nos recuerda que la autoridad no es imposición, sino reconocimiento mutuo y responsabilidad compartida. <strong>Emilio Tenti Fanfani</strong>, por su parte, resalta que la autoridad es una construcción social que debe ser inclusiva y generar sentido de pertenencia. En este marco, decimos que <em>conducir</em> es también <em>transformar: </em>definir rumbos posibles junto a otros, adaptarse a las realidades particulares de cada comunidad educativa y garantizar una educación democrática, de calidad y con equidad. Así, la conducción se vuelve un acto de gobierno en el sentido más profundo del término: el de liderar con sentido, con visión y con humanidad.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-14 17:17:06 UTC</pubDate>
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         <title>Daiana Vera</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>La conducción en el ámbito escolar tiene un carácter profundamente político, no podemos entenderla sólo como una cuestión técnica o administrativa. Los autores destacan que la autoridad escolar se construye, se es vincular, se legitima, se es con el otro; la autoridad escolar no se impone por ser cargo. Es una construcción atravesada por diversos factores, por el saber, por el poder, por lo simbólico, por el trabajo docente.</p><p>Tenti señala que la autoridad debe ganarse día a día, no es un efecto automático del puesto institucional. La escuela ya no tiene el monopolio de la transmisión cultural, y por eso, el docente debe asumir un rol más activo como conductor político y cultural. Dussel profundiza históricamente esta idea de crisis de la autoridad con procesos históricos como la dictadura o el neoliberalismo. Las y los docentes no pueden trabajar y teorizarse en una tradición verticalista, pero tampoco debe renunciar a su lugar de adulto y mediador del saber. La autoridad pedagógica, implica liderazgo, que habilite la palabra, que proponga sentidos, que asuma la responsabilidad de educar a otros desde una posición política consciente. Zelmanovich, plantea que todo acto pedagógico es una toma de posición: se enseña desde un lugar. La función adulta en la escuela es inseparable de la responsabilidad política de sostener el vínculo social, de asumir el conflicto, y de ejercer una conducción que no neutralice las diferencias, sino que las organice en clave de convivencia.</p><p>En conclusión, conducir en la escuela no es mandar, no es ordenar, ni dar directivas. Conducir es asumir que educar es un acto político que exige construir autoridad desde el saber, la ética, el diálogo y la presencia. Conducir es un acto de cuidado colectivo, de escucha y de interpretación cultural, de puesta en común.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-15 02:34:31 UTC</pubDate>
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         <title>REFLEXION </title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Los autores coinciden en la necesidad de dar nuevos significados a la autoridad docente, adaptándola a cambios sociales, culturales y tecnológicos. Dussel propone construir una autoridad mas horizontal y democrática, fundamentada en el dialogo, la confianza y el respeto mutuo. </p><p>Tenti Fanfani subraya la necesidad de adaptar la autoridad docente a las nuevas realidades sociales, promoviendo una educación mas participativa y centrada en el dialogo y la construcción conjunta de significados. </p><p>Zelmanovich define la función adulta como el sostén de la subjetividad de los estudiantes destacando la responsabilidad ética y política de los docentes. </p><p>En cuanto a la inclusión educativa, los autores rechazan la idea de que esta disminuye la calidad, argumentando que no hay educación de calidad sin participación democrática, también definen la transformación de practicas escolares que conservan las desigualdades, valorando la diversidad y promoviendo la justicia social. </p><p>Los autores invitan a repensar la educación como un proceso colectivo, democrático y emancipador, que desafié las estructuras tradicionales y fomente una ciudadanía critica y plural: fortalecer la autoridad docente, garantizar la inclusión y mejorar las trayectorias educativas. Esto implica reflexionar sobre nuestras practicas, construir confianza y enfrentar los desafíos de un sistema educativo en crisis. </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-15 14:43:05 UTC</pubDate>
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         <title>Reflexión sobre la dimensión política en educación y conducción</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><br/></p><p>Si nos remitimos a los orígenes de la palabra política vemos que está ligada a la “polis”, la unidad social y política de los griegos, que implicaba la participación en la vida pública y la toma de decisiones.&nbsp;</p><p>Hoy podemos repensar estos rasgos, analizando la actualidad de la conducción educativa, el posicionamiento del adulto y los cambios que vivimos en una sociedad donde lo vertiginoso, lo original, lo novedoso, ha cobrado más fuerza y valor que los principios de antaño (Dussel, 2012). Zygmunt Bauman (2003) nos habla de una modernidad líquida, una sociedad que varía muy rápidamente, las demandas y valores estructurales se trastocan, incluyendo los lazos humanos, que se vuelven más frágiles e inestables. Observamos las crisis de las instituciones, donde algunas características estructurales parecieran haber quedado ancladas en el siglo pasado, donde las demandas se han multiplicado y aparece una importante modificación del equilibrio entre generaciones (Tenti Fanfani, 2004). Todo esto se reconfigura con los avances logrados&nbsp; a nivel de derechos humanos. Los niños y adolescentes hoy poseen derechos bien definidos, por ello las figuras de autoridad tradicionales se ven cuestionadas: los padres, el maestro. En este sentido, se vuelve fundamental repensar ciertos recursos que hoy resultan imprescindibles tales como la escucha, el diálogo, la mirada y respeto hacia las diferencias,etc.</p><p>Con estas características y cambios histórico-culturales podemos situar que hoy la posición del adulto desde lo político requiere de volver a autorizarnos como tales, repensando la función transmisora de la cultura, de sostén de subjetividades. Poder asumir una responsabilidad educativa, en tiempos donde los respaldos, confianza y vínculos son frágiles. También implica repensarnos en función de las nuevas formas de autoridad, modos que se construyan con otros y para un bien común, autoridad pensada como relación (Tenti Fanfani, 2004). En este punto encontraríamos un nuevo sentido político, en poder pensar un futuro posible para las nuevas generaciones (Zelmanovich, 2005). No se trata de correr al otro, de desdibujarlo de su lugar, sino de construir juntos una responsabilidad colectiva. Es aquí donde pensamos la educación como el primer acto político y la asunción de una posición que se traduzca en una perspectiva ética y política. Es en este lugar de construcción donde emerge la oportunidad de esperanza frente a lo vulnerable y complejo de la existencia humana, ofreciendo otros modos posibles de ser y estar en el mundo.&nbsp;</p><p><br/></p><p>M.Soledad Seewald</p><p><br/></p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-16 22:37:32 UTC</pubDate>
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         <title>Dupuy Candela, Sagastibelza Camila, Sagastibelza Soledad</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>Reflexión: El carácter político de la conducción educativa</strong></p><p><br>Conducir una institución educativa implica un acto político. Y cuando hablamos de una cuestión política no nos referimos a ésta sólo como administración o gestión institucional, sino a lo político en su sentido más profundo: como el entramado de relaciones de poder, conflicto, cooperación y significación que atraviesa la vida escolar.</p><p>La conducción educativa está atravesada por decisiones que moldean subjetividades, organizan tiempos y espacios, y configuran sentidos colectivos. Por eso, es imprescindible re-leer la escuela para re-escribirla, como proponen Huergo y Morawicki: desnaturalizar sus formas establecidas para abrir paso a nuevas posibilidades.</p><p>Estos autores nos proponen pensar la escuela como espacio social, cultural y simbólico en el que confluyen lo diseñado, lo vivido y lo representado. Conducir en este entramado implica reconocer y dialogar con las múltiples capas de sentido que conviven y se tensionan. En este marco, liderar es también interpretar el mapa complejo de significados que configuran lo cotidiano y habilitar espacios para la transformación.</p><p>La conducción no puede entonces reducirse a una función técnica ni a una lógica de control. Como advierte Perla Zelmanovich, se trata de un acto ético y político que implica asumir una responsabilidad frente a los otros: estudiantes, docentes, familias. Esta responsabilidad se encarna en decisiones que impactan en el modo en que se enseña, se aprende y se convive. Es, por tanto, un ejercicio de construcción de sentido compartido, donde se combinan el saber pedagógico con una sensibilidad hacia lo humano.</p><p>Por su parte, Silvia Urquiza plantea que educar es un acto de hospitalidad y de resistencia.&nbsp;</p><p>La autora parte de una mirada donde conducir es “sostener” y asegurar las condiciones necesarias para que emerja lo inesperado y se asegure lugar a la diferencia. La concepción de Urquiza desafía los modelos de liderazgo vertical y propone una conducción que escuche, que abrace la incertidumbre, que reconozca la potencia de los otros.&nbsp;</p><p>Por su parte, la idea de liderazgo distribuido —recuperada por autores como Leithwood— aporta una dimensión colaborativa a la conducción. El liderazgo escolar no es patrimonio exclusivo de quien ocupa un cargo jerárquico, sino una tarea compartida que se construye con otros. Esto exige generar condiciones para que los docentes asuman también un rol activo en las decisiones pedagógicas y en la vida institucional. Conducir, en este sentido, es habilitar la voz colectiva, repartir la palabra, confiar.</p><p><br><strong>Conclusión</strong></p><p>Luego de la lectura de los autores y a través del análisis y reflexión de sus escritos, entendemos que el carácter político de la conducción educativa se manifiesta en la forma en que se toman decisiones, se distribuye el poder, se generan sentidos y se habilitan o restringen posibilidades. Es político porque afecta la vida de otros, porque implica elecciones éticas y porque interviene en un campo atravesado por conflictos y disputas. Conducir una escuela hoy es atreverse a interrogar lo dado, sostener lo humano y acompañar procesos colectivos de transformación.</p><p><br/></p><p>Grupo 2: Dupuy Candela, Sagastibelza Camila. Sagastibelza Soledad</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-19 12:39:18 UTC</pubDate>
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         <title>Paula Natalí Puterman</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>REFLEXIÓN:</strong></p><p><strong>CONDUCIR ES GOBERNAR: EL CARÁCTER POLÍTICO DE LA CONDUCCIÓN EDUCATIVA</strong></p><p>Si bien la expresión de “conducir es gobernar” sugiere que la conducción institucional implica un liderazgo que toma decisiones&nbsp; que afectan a la institución y sus miembros, para lograr determinados objetivos, bajo una política determinada, teniendo en cuenta la bibliografía de la unidad puedo concluir:&nbsp;</p><p><em>Conducir</em> no se limita a realizar solo tareas administrativas sino que habilita espacios para pensar, reflexionar, decidir y evaluar diversas posibilidades, en la que cada miembro de la institución participe. Como expresa Silvia Urquiza, una conducción que escuche, abrace la incertidumbre y reconozca la potencia de otros. También puedo decir que <em>conducir</em> es una cuestión política por realizarlo en forma democrática, respetando los derechos y la igualdad de los que componen la institución.</p><p>Otro aspecto a considerar es la <em>inclusión</em>, que es un proceso que se construye de manera colectiva, aún siendo un camino complejo y contradictorio, esto no implica una menor calidad educativa, pero es necesario promover propuestas y condiciones específicos para el desarrollo de aprendizajes significativos. Según Rosana Levinsky no hay una escuela inclusiva si no hay conducción y docentes que quieran incluir. Con un equipo de conducción sólido y comprometido que pueda estimular políticas, prácticas novedosas, orientadas a docentes en didácticas que le acerquen a los chicos conocimientos reveladores.</p><p>Por último, La <em>autoridad</em>, es una relación que se construye desde el diálogo como práctica democrática, logrando empoderar a sus alumnos y hacerlos crecer. Propone una <em>autoridad</em> que inspire confianza y respeto, que no intente controlar al otro y que asuma la enseñanza y el cuidado con responsabilidad ética y política. Es pertinente nombrar a Inés Dussel que expone que la <em>autoridad</em> no es imposición, sino reconocimiento mutuo y responsabilidad. También, Emilio Tenti Fanfani advierte que la <em>autoridad</em> es una construcción social que debe ser inclusiva y generar sentido de pertenencia.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-22 18:20:59 UTC</pubDate>
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         <title>Reflexión sobre la conducción y su carácter político. </title>
         <author>luciacuesso</author>
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         <description><![CDATA[<p>La conducción en contextos educativos no se limita a una habilidad técnica, sino que implica una dimensión política que favorece el diálogo y la participación, reconociendo el conflicto como parte esencial de la escuela y la sociedad. A diferencia de la dirección, que puede ser controladora, la conducción busca construir relaciones de autonomía y responsabilidad compartida. Es una práctica ética que promueve el aprendizaje a partir de los errores y las dificultades, fomentando encuentros y consensos entre las partes. Dussel (2012) plantea cómo la autoridad pedagógica cambió en las últimas décadas. Ya no se sostiene en formas tradicionales, sino que requiere de nuevas formas de legitimación, mucho más flexibles, capaces de adaptarse a contextos por desigualdades. </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-22 21:22:41 UTC</pubDate>
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         <title>Camila De Virgiliis</title>
         <author>camdevirgiliis</author>
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         <description><![CDATA[<p>Liderar una escuela no es simplemente cumplir funciones administrativas. Es mucho más que eso: es un rol con un fuerte componente pedagógico, ético y político. El liderazgo escolar tiene un impacto profundo en los aprendizajes de los estudiantes, siendo uno de los factores más importantes después de la enseñanza en el aula.</p><p>El rol del director o directora no se trata solo de gestionar, sino de conducir con otros. Liderar no es mandar, sino acompañar, inspirar, movilizar a toda la comunidad educativa (docentes, estudiantes, familias) hacia un propósito común. No se lidera en soledad: el liderazgo es una tarea colectiva.</p><p>Para pensar una conducción más democrática y comprometida, se proponen tres claves fundamentales:</p><ul><li><p><strong>Liderazgo distribuido</strong>: No todo debe depender de una sola persona. Es necesario que otros actores, especialmente los docentes, asuman también roles de liderazgo pedagógico. Esto fortalece el trabajo en equipo y la toma de decisiones compartidas.</p></li><li><p><strong>Ética del cuidado y compromiso</strong>: Liderar también es cuidar. No alcanza con enfocarse en lo académico; el bienestar emocional de quienes forman parte de la escuela también importa. Hay que generar un clima de respeto, equidad y colaboración.</p></li><li><p><strong>Toma de decisiones informada</strong>: Decidir bien implica basarse en datos, en evidencias, en la realidad concreta de la institución. No se trata de improvisar, sino de reflexionar y actuar con sentido.</p></li></ul><p>Educar es un acto de responsabilidad frente al otro, especialmente en contextos de desigualdad. Los autores coinciden en que conducir una institución o estar frente a un grupo no debería ser un ejercicio de poder, sino una forma de abrirse a lo que cada persona trae consigo. Educar es también resistir al orden establecido cuando ese orden excluye o margina. En ese marco, la escuela puede ser un espacio para recuperar la ternura, la escucha y la construcción colectiva de sentidos. Conducir, entonces, no es imponer, sino sostener condiciones para que algo nuevo pueda surgir.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-22 21:49:07 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3467683969</link>
         <description><![CDATA[<p>Marina Adami<br>Conducir una institución educativa es tener en cuenta el aspecto pedagógico, ético y político.</p><p>Es importante que, en este acto de conducir, el director en su tarea de administrar los recursos de la mejor manera posible, no trabaje solo, sino que la conducción se realice con otros formando un equipo de conducción, para obtener la cooperación con sus compañeros de trabajo y lograr el éxito del proyecto institucional. Además, es fundamental estar abierto a las sugerencias del inspector del nivel, como así también de las experiencias de otros colegas que dirigen otras escuelas, para aprender de los errores y las dificultades. Pero siempre teniendo en cuenta de que cada escuela es única, ya que a ella ingresan distintas subjetividades, las cuales hay que incluirlas a todos, ya que la escuela secundaria hoy es obligatoria. También tener en cuenta que cada institución esta inmersa en un contexto distinto al del resto de las escuelas como así mismo priorizar la actualidad y sus nuevos desafíos. En estos últimos tiempos los cambios fueron abismales, entre ellos podemos mencionar los cambios generacionales y los cambios en los adelantos tecnológicos, que hace que la tarea de educar no sea la misma que antes. Es por ello que la tarea de conducir ya no es aplicar recetas históricas, sino que requiere permanentemente adaptarse, ser flexible, transformar la realidad y generar nuevas posibilidades. Para ello se debe tener en cuenta que la autoridad actualmente se construye, con lo cual es necesario desarrollar nuevas habilidades y capacitarse para cautivar a los alumnos. Ya no sólo se debe tener en cuenta sólo las normas y reglas, los diseños curriculares, el calendario docente, lo académico, sino también la parte emocional de los estudiantes.</p><p>No sólo es necesario que el directivo forme un equipo de conducción con compañeros docentes, sino que también es necesario que la escuela se involucre con el resto de las instituciones del lugar, como así también se construya con la participación de los padres y de los alumnos, que se les permita el dialogo y que sean escuchados e involucrados en algunas cuestiones. Sabemos que estamos inmersos en una institución, formada por grupos de personas que forman la sociedad y que siempre va a existir el conflicto, habrá disensos, consensos, enojos… Pero de esta manera se logra una sociedad más justa, inclusiva y democrática.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-26 14:45:36 UTC</pubDate>
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         <title>Anabella Jurado</title>
         <author></author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3469225236</link>
         <description><![CDATA[<p>Conducir una institución educativa no es solo organizar tareas ni garantizar el cumplimiento de normas. Es tomar decisiones que definen el tipo de escuela que se construye, cómo se convive en ella y qué lugar se les da a los distintos actores. Cada decisión que se toma, por mínima que parezca, tiene un sentido político y pedagógico, porque orienta la vida institucional.</p><p>La conducción implica sostener un proyecto común, generar acuerdos, habilitar espacios de participación y asumir una postura frente a los desafíos que atraviesan la escuela. Esto no se reduce a tener un cargo o ejercer poder, sino que supone una práctica activa que articula lo normativo, lo ético, lo institucional y lo pedagógico.</p><p>La autoridad en la conducción no se impone: se construye en el vínculo con los otros, en la escucha, en el diálogo y en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Conducir también es acompañar, estar presente, cuidar el clima institucional y atender a los conflictos como parte del proceso educativo.</p><p>No existe conducción neutral. Toda práctica de gobierno en la escuela refleja una forma de pensar la educación y una concepción sobre el rol de los docentes, los estudiantes y las familias. Por eso, conducir también es comprometerse con una escuela democrática, inclusiva y justa.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-05-27 12:31:38 UTC</pubDate>
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         <title>Conducir es gobernar.</title>
         <author>murillosabrina953</author>
         <link>https://padlet.com/vivianaalejandr/7oeid8scnlsp71x5/wish/3489046218</link>
         <description><![CDATA[<p>Conducir una escuela no es simplemente gestionar si no ejercer una forma profunda de intervención política y pedagógica como lo plantea PERLA ZELMANOVICH conducir una institución educativa es ejercer una posición pedagógica que articula 3 dimensiones: la ética, la política y la jurídica.</p><p>INES DUSSEL  nos recuerda que autoridad no es imposición, sino reconocimiento mutuo y responsabilidad compartida.</p><p>EMILIO TENTI FANFANI hace foco en la autoridad no como un rasgo individual dado que es construcción social que genera sentido de pertenencia.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-06-13 04:13:28 UTC</pubDate>
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