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      <title>CUENTOS TRADICIONALES  by LEIDY CLARIZA NIHUA</title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-10-29 00:04:41 UTC</pubDate>
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         <title>                          LA CAPERUCITA ROJA </title>
         <author>lnihuam</author>
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         <description><![CDATA[<div><br>Érase una vez una niñita que lucía una hermosa capa de color rojo. Como la niña la usaba muy a menudo, todos la llamaban Caperucita Roja.<br><br></div><div>Un día, la mamá de Caperucita Roja la llamó y le dijo:<br><br></div><div>—Abuelita no se siente muy bien, he horneado unas galletitas y quiero que tú se las lleves.<br><br></div><div>—Claro que sí —respondió Caperucita Roja, poniéndose su capa y llenando su canasta de galletitas recién horneadas.<br><br></div><div>Antes de salir, su mamá le dijo:<br><br></div><div>— Escúchame muy bien, quédate en el camino y nunca hables con extraños.<br><br></div><div>—Yo sé mamá —respondió Caperucita Roja y salió inmediatamente hacia la casa de la abuelita.<br><br></div><div>Para llegar a casa de la abuelita, Caperucita debía atravesar un camino a lo largo del espeso bosque. En el camino, se encontró con el lobo.<br><br></div><div>—Hola niña, ¿hacia dónde te diriges en este maravilloso día? —preguntó el lobo.<br><br></div><div>Caperucita Roja recordó que su mamá le había advertido no hablar con extraños, pero el lobo lucía muy elegante, además era muy amigable y educado.<br><br></div><div>—Voy a la casa de abuelita, señor lobo —respondió la niña—. Ella se encuentra enferma y voy a llevarle estas galleticas para animarla un poco.<br><br></div><div>—¡Qué buena niña eres! —exclamó el lobo. —¿Qué tan lejos tienes que ir?<br><br></div><div>—¡Oh! Debo llegar hasta el final del camino, ahí vive abuelita—dijo Caperucita con una sonrisa.<br><br></div><div>—Te deseo un muy feliz día mi niña —respondió el lobo.<br><br></div><div>El lobo se adentró en el bosque. Él tenía un enorme apetito y en realidad no era de confiar. Así que corrió hasta la casa de la abuela antes de que Caperucita pudiera alcanzarlo. Su plan era comerse a la abuela, a Caperucita Roja y a todas las galletas recién horneadas.<br><br></div><div>El lobo tocó la puerta de la abuela. Al verlo, la abuelita corrió despavorida dejando atrás su chal. El lobo tomó el chal de la viejecita y luego se puso sus lentes y su gorrito de noche. Rápidamente, se trepó en la cama de la abuelita, cubriéndose hasta la nariz con la manta. Pronto escuchó que tocaban la puerta:<br><br></div><div>—Abuelita, soy yo, Caperucita Roja.<br><br></div><div>Con vos disimulada, tratando de sonar como la abuelita, el lobo dijo:</div><div><br>—Pasa mi niña, estoy en camita.<br><br></div><div>Caperucita Roja pensó que su abuelita se encontraba muy enferma porque se veía muy pálida y sonaba terrible.<br><br></div><div>—¡Abuelita, abuelita, qué ojos más grandes tienes!<br><br></div><div>—Son para verte mejor —respondió el lobo.<br><br></div><div>—¡Abuelita, abuelita, qué orejas más grandes tienes!<br><br></div><div>—Son para oírte mejor —susurró el lobo.</div><div><br>—¡Abuelita, abuelita, que dientes más grandes tienes!<br><br></div><div>—¡Son para comerte mejor!<br><br></div><div>Con estas palabras, el malvado lobo tiró su manta y saltó de la cama. Asustada, Caperucita salió corriendo hacia la puerta. Justo en ese momento, un leñador se acercó a la puerta, la cual se encontraba entreabierta. La abuelita estaba escondida detrás de él.<br><br></div><div>Al ver al leñador, el lobo saltó por la ventana y huyó espantado para nunca ser visto.<br><br></div><div>La abuelita y Caperucita Roja agradecieron al leñador por salvarlas del malvado lobo y todos comieron galleticas con leche. Ese día Caperucita Roja aprendió una importante lección:<br><br></div><div>“Nunca debes hablar con extraños”<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-29 00:14:40 UTC</pubDate>
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         <title>PINOCHO</title>
         <author>lnihuam</author>
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         <description><![CDATA[<div><br><br>Érase una vez un anciano carpintero llamado Gepeto que era muy feliz haciendo juguetes de madera para los niños de su pueblo.<br><br></div><div>Un día, hizo una marioneta de una madera de pino muy especial y decidió llamarla Pinocho. En la noche, un hada azul llegó al taller del anciano carpintero:<br><br></div><div>—Buen Gepeto —dijo mientras el anciano dormía—, has hecho a los demás tan felices, que mereces que tu deseo de ser padre se haga realidad. Sonriendo, el hada azul tocó la marioneta con su varita mágica:<br><br></div><div>—¡Despierta, pequeña marioneta hecha de pino… despierta! ¡El regalo de la vida es tuyo!<br><br></div><div>Y en un abrir y cerrar de ojos, el hada azul dio vida a Pinocho.<br><br></div><div>—Pinocho, si eres valiente, sincero y desinteresado, algún día serás un niño de verdad —dijo el hada azul—. Luego se volvió hacia un grillo llamado Pepe Grillo, que vivía en la alacena de Gepeto.<br><br></div><div>—Pepe Grillo — dijo el hada azul—, debes ayudar a Pinocho. Serás su conciencia y guardián del conocimiento del bien y del mal.<br><br></div><div>Al día siguiente, Gepeto envió con orgullo a su pequeño niño de madera a la escuela, pero como era tan pobre, tuvo que vender su abrigo para comprar los libros escolares:<br><br></div><div>—Pinocho, Pepe Grillo te mostrará el camino —dijo Gepeto—. Por favor, no te distraigas y llega a la escuela a tiempo.<br><br></div><div>Pinocho salió de casa, pero nunca llegó a la escuela. En cambio, decidió ignorar los consejos de Pepe Grillo y vender los libros para comprar un tiquete para el teatro de marionetas. Cuando Pinocho comenzó a bailar con las marionetas, el titiritero sorprendido con las habilidades del niño de madera, le preguntó si quería unirse a su espectáculo de marionetas. Pinocho aceptó alegremente.<br><br></div><div>Sin embargo, las intenciones del malvado titiritero eran muy diferentes; su plan era hacerse rico con la única marioneta con vida en el mundo. De inmediato, encerró a Pinocho y a Pepe Grillo en una jaula. Fue entonces que Pinocho reconoció su error y comenzó a llorar. El hada azul apareció de la nada.<br><br></div><div>Aunque el hada azul conocía las razones por las cuales Pinocho se encontraba atrapado, aun así, le preguntó:</div><div><br>—Pinocho, ¿por qué estás en esta jaula?<br><br></div><div>Pero Pinocho no quiso contarle la verdad, entonces algo extraño sucedió. Su nariz comenzó a crecer más y más. Cuanto más hablaba, más crecía.<br><br></div><div>—Cada vez que digas una mentira, tu nariz crecerá — dijo el hada azul.<br><br></div><div>—Por favor, haz que se detenga—dijo Pinocho—, prometo no mentir de nuevo.<br><br></div><div>Al día siguiente, camino a la escuela, Pinocho conoció a un niño:<br><br></div><div>—Ven conmigo al País de los Juguetes. ¡En este lugar todos los días son vacaciones! —dijo el niño con emoción—. Hay juguetes y golosinas y lo mejor de todo, ¡no tienes que ir a la escuela!<br><br></div><div>Olvidando nuevamente los consejos del hada azul y Pepe Grillo, Pinocho salió corriendo con el niño al País de los Juguetes. Al llegar, se divirtió muchísimo jugando y comiendo golosinas.<br><br></div><div>De pronto, las orejas de Pinocho y los otros niños del País de los Juguetes comenzaron a hacerse muy largas. Por no querer ir a la escuela, ¡se estaban convirtiendo en burros!<br><br></div><div>Convertidos en burros, Pinocho y los niños llegaron a un circo. El maestro de ceremonias hizo que Pinocho trabajara para el circo sin descanso. Allí, Pinocho se lastimó la pierna mientras hacía trucos. Enojado, el maestro de ceremonias lo tiró al mar junto con Pepe Grillo.<br><br></div><div>En el agua, el hechizo se rompió y Pinocho volvió a su forma de marioneta, pero una ballena que nadaba cerca abrió su enorme boca y se lo tragó entero. En la oscuridad del estómago de la ballena, Pinocho lloró mientras que Pepe Grillo intentaba consolarlo. Fue en ese momento que vio a Gepeto en su bote:<br><br></div><div>—Hijo mío, te estaba buscando por tierra y mar cuando la ballena me tragó. ¡Estoy tan contento de haberte encontrado! —dijo Gepeto.<br><br></div><div>Los dos se abrazaron encantados.<br><br></div><div>—De ahora en adelante seré bueno y responsable—, prometió Pinocho entre lágrimas.<br><br></div><div>Aprovechando que la ballena dormía, Gepeto, Pinocho y Pepe Grillo prendieron una fogata dentro de ella y saltaron de su enorme boca cuando el fuego la hizo estornudar. Luego, navegaron hasta llegar a casa. Pero Gepeto cayó enfermo, Pinocho lo alimentó y cuidó con mucho esmero y dedicación.</div><div><br>—Papá, iré a la escuela y trabajaré mucho para llenarte de orgullo— dijo Pinocho.<br><br></div><div>Cumpliendo su promesa, Pinocho estudió mucho en la escuela. Entonces un día sucedió algo maravilloso. El hada azul apareció y le dijo:<br><br></div><div>—Pinocho, eres valiente, sincero y tienes un corazón bondadoso y desinteresado, mereces convertirte en un niño de verdad.<br><br></div><div>Y fue así como el niño de madera se convirtió en un niño de verdad. Gepeto y Pinocho vivieron felices para siempre.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-29 02:45:09 UTC</pubDate>
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         <title>EL PATITO FEO</title>
         <author>lnihuam</author>
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         <description><![CDATA[<div><br>En la granja había un gran alboroto: los polluelos de Mamá Pata estaban rompiendo el cascarón.<br><br></div><div>Uno a uno, comenzaron a salir. Mamá Pata estaba tan emocionada con sus adorables patitos que no notó que uno de sus huevos, el más grande de todos, permanecía intacto.<br><br></div><div>A las pocas horas, el último huevo comenzó a romperse. Mamá Pata, todos los polluelos y los animales de la granja, se encontraban a la expectativa de conocer al pequeño que tardaba en nacer. De repente, del cascarón salió un patito muy alegre. Cuando todos lo vieron se quedaron sorprendidos, este patito no era pequeño ni amarillo y tampoco estaba cubierto de suaves plumas. Este patito era grande, gris y en vez del esperado graznido, cada vez que hablaba sonaba como una corneta vieja.<br><br></div><div>Aunque nadie dijo nada, todos pensaron lo mismo: “Este patito es demasiado feo”.<br><br></div><div>Pasaron los días y todos los animales de la granja se burlaban de él. El patito feo se sintió muy triste y una noche escapó de la granja para buscar un nuevo hogar.<br><br></div><div>El patito feo recorrió la profundidad del bosque y cuando estaba a punto de darse por vencido, encontró el hogar de una humilde anciana que vivía con una gata y una gallina. El patito se quedó con ellos durante un tiempo, pero como no estaba contento, pronto se fue.<br><br></div><div>Al llegar el invierno, el pobre patito feo casi se congela. Afortunadamente, un campesino lo llevó a su casa a vivir con su esposa e hijos. Pero el patito estaba aterrado de los niños, quienes gritaban y brincaban todo el tiempo y nuevamente escapó, pasando el invierno en un estanque pantanoso.<br><br></div><div>Finalmente, llegó la primavera. El patito feo vio a una familia de cisnes nadando en el estanque y quiso acercárseles. Pero recordó cómo todos se burlaban de él y agachó la cabeza avergonzado. Cuando miró su reflejo en el agua se quedó asombrado. Él no era un patito feo, sino un apuesto y joven cisne. Ahora sabía por qué se veía tan diferente a sus hermanos y hermanas. ¡Ellos eran patitos, pero él era un cisne! Feliz, nadó hacia su familia.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-10-29 03:15:41 UTC</pubDate>
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