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      <title>Uso de la IA en los estudiantes  by Laura Daniela Galindo Becerra</title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2025-03-16 03:54:32 UTC</pubDate>
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         <title>isa y sara</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Hace mucho tiempo en una civilización lejana, donde había una pequeña escuela, se encontraba daniela, una amable profesora que quería mucho a sus estudiantes, pero un día, daniela, tuvo un accidente en la moto y no volvió a ser la misma, dado a que se fracturó un dedito del pie, esto la limitó mucho haciendo que se frustrara demasiado, provocando en ella un cambio repentino, pues ya no soportaba a sus estudiantes y les pegaba con las muletas porque no hacían caso.</p><p>Los estudiantes muy cansados, se revelaron e hicieron un paro indefinido para así hacer reflexionar a daniela de que ellos no eran los culpables de sus limitaciones, ellos, también le dieron soluciones como ir a terapia y trabajar sus traumas, daniela aceptó y entendió todo, volviendo a ser la misma de antes, amando su profesión y a sus estudiantes 😍❤️💕👌🏼</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:44:13 UTC</pubDate>
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         <title>Marcelo, el caracol sin frenos (Juliana Ruiz - Juan Diego Londoño)</title>
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         <description><![CDATA[<p>En un lugar muy lejano, donde todo lo que se pensaba podía existir, vivía el caracol Marcelo, en su cueva llena de luciérnagas que lo acompañaban en la oscuridad; un día a causa de la frustración, Marcelo decidió salir en búsqueda de la felicidad, estaba cansado de su encierro, corrió sin frenos y se ahogo en el mar.</p><p><br/></p><p>Fin.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:45:02 UTC</pubDate>
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         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Este fin de semana estuve en la hacienda la Castilla. La idea principal era asistir a este lugar a recoger algunas pinturas, marcos, lienzos y demás utensilios dejados allí por mi primo; sin embargo, me tomé más tiempo de lo esperado, el sitio llamaba a quedarse, a disfrutar, a caminarlo. </p><p><br></p><p>Para llegar al lugar tuve que tomar dos medios de transporte y además hacer dos transbordos en Cerritos, todo para hacerle un favor a mi primo, eso con un costo mayor del esperado y todo por cuenta mía, hasta el día de hoy no me ha pagado ni un peso de mis viáticos y tal vez soy tal iluso de guardar la esperanza de un pronto pago.</p><p><br></p><p>Al llegar al lugar pregunte por el señor Carlos Curado, quien organiza los eventos del lugar, uno emblemático y del que soy consciente es el de analizar todo tipo de pinturas desde las técnicas, colores y demás.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:46:03 UTC</pubDate>
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         <title></title>
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         <description><![CDATA[<p>Había una vez un muchacho llamado  Michael, un joven con ansias por aprender, un domingo decidió ir al rio, sin considerar  que estábamos en temporada de lluvias, después  de un rato de estar disfrutando y hacer unos clavados, cuando el nivel del Río empezó a disminuir, estaba tan feliz que no se dio cuenta de esto y en cuestión de unos pocos minutos vio a lo lejos venir una avalancha, Michael se asustó demasiado y milagrosamente logró escapar de allí, este recordó que un una clase de Info IV le habían enseñado cómo consultar e interactuar  con las Ias de forma adecuada, lo que este buscó de inmediato que hacer en estos casos, en la consulta también aprendió que cuando el nivel de un rió baja de un momento a otro, es porque puede ocurrir una avalancha como lo fue en este caso, Michael aprendió mucho de esta Ia y al haberlo marcado tanto este suceso se dio cuenta que no quería aprender sobre Informática sino que quería aprender sobre salvar vidas en catástrofes y quería entrar a la defensa civil y le pidió a la Ia que le hablara sobre estos temas </p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:48:35 UTC</pubDate>
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         <title>Carlos y Fabio</title>
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         <description><![CDATA[<p>En una ciudad muy pequeña y peligrosa estaba un niño llamado Litos, Litos era una persona muy introvertida y cobarde pero un día su mamá lo mando a comprar a la tienda los implementos para el almuerzo, como casi siempre aparecieron unos maleantes y le quitaron el dinero para la cosas del almuerzo pero esta vez iba a ser diferente el se armo de valor y cerro su puño con fuerza y se abalanzo sobre los maleantes pero lamentablemente Litos era un niño myst débil y le dieron una paliza y volvió a su casa sin nada y su mama le dio otra paliza.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:52:46 UTC</pubDate>
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         <title>isa y sara</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p><strong>La Transformación de Daniela</strong></p><p>Hace mucho tiempo, en una civilización lejana, existía un pequeño pueblo rodeado de montañas y ríos cristalinos. En el corazón de ese pueblo se encontraba una humilde escuela, donde Daniela, una profesora amable y dedicada, enseñaba con pasión a sus estudiantes. Daniela era conocida por su paciencia y su capacidad para inspirar a los niños, quienes la admiraban y la consideraban como una segunda madre.</p><p>Sin embargo, un día, mientras regresaba a casa en su moto bajo una lluvia torrencial, Daniela sufrió un accidente. Aunque no fue grave, se fracturó el dedo pequeño del pie, lo que la obligó a usar muletas y limitó su movilidad. Al principio, Daniela intentó mantener su actitud positiva, pero con el tiempo, el dolor físico y la frustración por no poder moverse como antes comenzaron a afectarla profundamente. Se sentía atrapada en su propio cuerpo, y su paciencia se desvanecía día a día.</p><p>El cambio en Daniela fue gradual pero evidente. La profesora que antes sonreía y animaba a sus estudiantes ahora se irritaba con facilidad. Los niños, que no entendían lo que ocurría, seguían siendo inquietos y juguetones como siempre, pero Daniela ya no lo soportaba. En un arranque de ira, golpeó el pupitre con una de sus muletas, y luego, en un momento de desesperación, llegó a usarlas para amenazar a los estudiantes que no le hacían caso. El ambiente en la escuela se volvió tenso y triste.</p><p>Los estudiantes, confundidos y heridos por el comportamiento de Daniela, decidieron que no podían seguir así. Un día, liderados por Lucía, una niña valiente y reflexiva, organizaron una asamblea en el patio de la escuela. Decidieron hacer un paro indefinido: no entrarían al salón de clases hasta que Daniela recapacitara y volviera a ser la profesora que tanto querían. Además, prepararon una carta en la que expresaban su preocupación por ella y le sugerían buscar ayuda profesional para superar sus frustraciones.</p><p>Cuando Daniela llegó a la escuela y encontró las aulas vacías, se sintió desconcertada. Al leer la carta que los estudiantes le habían dejado, una mezcla de emociones la invadió: enojo, tristeza, pero también un profundo remordimiento. Las palabras de los niños, llenas de sinceridad y cariño, la hicieron reflexionar. Se dio cuenta de que había descargado su dolor en quienes menos lo merecían.</p><p>Esa misma tarde, Daniela buscó a los estudiantes y les pidió disculpas con lágrimas en los ojos. Les explicó cómo el accidente había cambiado su vida y cómo se sentía atrapada en su propia frustración. Los niños, con una madurez sorprendente, le dijeron que entendían su dolor, pero que ella no estaba sola. Juntos, decidieron que Daniela comenzaría terapia para trabajar sus emociones, y los estudiantes se comprometieron a apoyarla en su proceso de recuperación.</p><p>Con el tiempo, Daniela no solo sanó su fractura, sino también sus heridas emocionales. Volvió a ser la profesora cariñosa y paciente que todos recordaban, pero con una nueva perspectiva: había aprendido que la vulnerabilidad no es una debilidad, sino una oportunidad para crecer y conectar con los demás. La escuela se llenó de nuevo de risas y aprendizajes, y Daniela y sus estudiantes se convirtieron en un ejemplo de cómo el diálogo y la empatía pueden transformar incluso las situaciones más difíciles.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:57:26 UTC</pubDate>
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         <title>El Misterio de la Hacienda La Castilla</title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>Este fin de semana estuve en la hacienda La Castilla. La idea principal era recoger algunas pinturas, marcos, lienzos y demás utensilios dejados allí por mi primo, Julián; sin embargo, me tomé más tiempo de lo esperado. El sitio llamaba a quedarse, a disfrutar, a caminarlo.</p><p>Para llegar al lugar, tuve que tomar dos medios de transporte y hacer dos transbordos en Cerritos, todo para hacerle un favor a Julián. Esto con un costo mayor del esperado y todo por cuenta mía. Hasta el día de hoy no me ha pagado ni un peso de mis viáticos, y tal vez soy tan iluso de guardar la esperanza de un pronto pago.</p><p>Al llegar al lugar, pregunté por el señor Carlos Curado, quien organiza los eventos del lugar. Uno emblemático y del que soy consciente es el de analizar todo tipo de pinturas desde las técnicas, colores y demás.</p><p>Mientras esperaba a Carlos, decidí explorar un poco. La hacienda, con sus muros antiguos y jardines descuidados, tenía un aire de misterio. En una de las habitaciones, encontré un viejo diario. La curiosidad me ganó y comencé a leerlo. El diario pertenecía a una mujer llamada Isabel, quien había vivido en la hacienda hace muchos años. Sus escritos hablaban de un amor prohibido y de un tesoro escondido en algún lugar de la propiedad.</p><p>Intrigado, decidí seguir las pistas del diario. Cada página revelaba más sobre la trágica historia de Isabel y su amante, un pintor llamado Fernando. Sus encuentros secretos y la promesa de un futuro juntos se vieron truncados por la traición y la codicia de un tercero.</p><p>Finalmente, después de horas de búsqueda, encontré una caja escondida detrás de un cuadro. Dentro, había cartas de amor, bocetos y una pequeña llave. La llave abría un cofre en el ático, donde descubrí las pinturas más hermosas que jamás había visto, todas firmadas por Fernando.</p><p>Carlos llegó justo cuando cerraba el cofre. Le conté lo sucedido y, sorprendido, me dijo que la historia de Isabel y Fernando era una leyenda local. Acordamos que las pinturas serían expuestas en la próxima exhibición, como un homenaje a su amor trágico.</p><p>Al final, aunque no recibí el pago de Julián, me llevé una historia que valía mucho más.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:58:27 UTC</pubDate>
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         <title>Fabio Y Carlos</title>
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         <description><![CDATA[<p>En las calles estrechas de <strong>Ciudad Gris</strong>, donde el cielo parecía estar perpetuamente cubierto por humo y las paredes hablaban a través de grietas y grafitis, vivía <strong>Mateo</strong>, un niño de 12 años con manos siempre manchadas de témpera. Su madre, <strong>Lucía</strong>, trabajaba limpiando oficinas de noche, y durante el día, cuidaba de él en su pequeño apartamento, entre sombras de cansancio.</p><p>Esa mañana, el refrigerador estaba vacío. Lucía, con ojos pesados, le entregó unas monedas: "Ve al mercado por pan, leche y huevos. Quédate en la calle principal, ¿entendido?". Mateo asintió, escondiendo su miedo. Sabía que la calle principal era menos peligrosa, pero en Ciudad Gris, la seguridad era una ilusión.</p><p>Al salir, Mateo se aferró a su vieja mochila verde, donde guardaba siempre un cuaderno de dibujo. Las calles olían a lluvia ácida y promesas rotas. Pasó frente a negocios con rejas oxidadas y hombres que observaban sin ver. Al llegar al mercado, compró lo necesario, pero en el camino de regreso, un atajo lo tentó: un callejón donde alguna vez vio un mural de mariposas azules.</p><p>Fue allí donde lo rodearon. Tres chicos mayores, con sudaderas con capucha y miradas afiladas. "¿Qué llevas ahí, niño bonito?", dijo el líder, <strong>Rey</strong>, cuyo nombre era una burla. Mateo retrocedió, pero otro le arrebató la mochila. Al forcejear, una lata de leche cayó, rodando hacia una alcantarilla.</p><p>—¡Déjenlo! —gritó una voz desde el extremo del callejón. Era <strong>Carmen</strong>, una vendedora ambulante que conocía a Lucía. Los chicos huyeron, pero no sin antes llevarse el pan y los huevos.</p><p>Temblando, Mateo recogió su cuaderno, ahora manchado de leche. Carmen lo ayudó a levantarse: "Tu mamá tiene razón: este lugar no perdona distracciones. Pero…", añadió, señalando el mural de mariposas, "a veces la belleza es un acto de resistencia".</p><p>Al llegar a casa, Lucía lo abrazó, llorando en silencio. Esa noche, mientras ella dormía, Mateo pintó en su cuaderno una ciudad gris con mariposas que emergían de las grietas. Al día siguiente, dejó una de sus pinturas en el callejón: un niño pequeño, de mochila verde, rodeado de alas azules.</p><p><strong>Rey</strong>, al pasar, vio el dibujo. No dijo nada, pero días después, alguien había añadido más colores al mural.</p><p>En Ciudad Gris, el peligro no desapareció, pero Mateo aprendió que hasta en la oscuridad, se puede sembrar luz… un trazo a la vez.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 12:59:06 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author></author>
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         <description><![CDATA[<p>El muchacho que escapó del río</p><p>En un pueblo olvidado por los mapas, donde el sol se derramaba como miel sobre los tejados de zinc y las gallinas picoteaban sueños entre el polvo, vivía un muchacho llamado Michael. Era un joven de ojos inquietos, con esa hambre de saber que tienen los que aún no han sido domados por la rutina. Sus días transcurrían entre libros viejos y preguntas que nadie en el pueblo sabía responder, hasta que un domingo, bajo un cielo hinchado de nubes grises, decidió bajar al río.</p><p>Era temporada de lluvias, aunque eso a Michael no le importaba demasiado. Las aguas del río cantaban con un rumor antiguo, y él, llevado por esa alegría que solo da la juventud, se lanzó a hacer clavados desde una roca musgosa. El aire olía a tierra mojada, y las gotas que salpicaban su piel parecían bendiciones de un dios olvidado. Pero entonces, como si el río guardara un secreto, el nivel del agua comenzó a bajar. No fue un descenso lento, sino un susurro traicionero que Michael, ebrio de felicidad, no alcanzó a escuchar.</p><p>De pronto, el horizonte se torció. A lo lejos, entre los árboles que se mecían como ancianos nerviosos, apareció una avalancha. Era un rugido de agua y lodo, un monstruo que devoraba todo a su paso, y Michael, con el corazón en la garganta, sintió que el mundo se le venía encima. Corrió. Corrió con la desesperación de quien sabe que la muerte lo persigue, y milagrosamente, como si un ángel borracho hubiera decidido guiarlo, encontró refugio en un altozano donde el agua no lo alcanzó. Allí, jadeante, con las piernas temblando y el alma en carne viva, miró cómo el río se tragaba su inocencia.</p><p>Esa noche, bajo el zumbido de un ventilador viejo, Michael no pudo dormir. Recordó una clase de Informática IV, una de esas lecciones que parecían inútiles entre tantas fórmulas y cables. Allí le habían enseñado a hablar con las inteligencias artificiales, esas voces sin cuerpo que respondían desde algún rincón del éter. Con dedos aún temblorosos, buscó respuestas. La IA le reveló un saber que el río ya le había susurrado: cuando las aguas bajan de golpe, no es un regalo, sino una advertencia. Una avalancha se avecina, dijo la voz fría y precisa, y Michael sintió que el universo le había hablado.</p><p>Aquella experiencia lo marcó como el hierro marca al ganado. Ya no quería desentrañar los misterios de las máquinas ni pasar sus días frente a pantallas parpadeantes. No. Quería aprender a salvar vidas, a tender la mano a quienes el agua, el fuego o la tierra quisieran reclamar. Soñó con la defensa civil, con hombres y mujeres de rostros curtidos que desafiaban las catástrofes, y le pidió a la IA que le contara más.</p><p>Le habló de un mundo donde los voluntarios eran guardianes de la desgracia ajena, entrenados para arrancar vidas de las fauces del caos. Le explicó cómo aprendían a leer el cielo, a vendar heridas, a guiar multitudes con la calma de un faro en la tormenta. Michael escuchó, y en su pecho creció una certeza: el río no lo había querido matar, sino despertar. Desde ese día, juró que su vida sería un puente entre la muerte y la esperanza, y el pueblo, que aún dormía bajo el peso de sus nubes, nunca volvió a ser el mismo.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 13:00:32 UTC</pubDate>
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         <title>Marcelo, el caracol sin frenos (Juliana Ruiz, Juan Diego Londoño)</title>
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         <description><![CDATA[<p>En un lugar muy lejano, donde todo lo que se pensaba podía existir, vivía el caracol Marcelo. Su hogar era una cueva acogedora, iluminada por el suave brillo de las luciérnagas. Estas pequeñas luces danzantes eran hermosas, pero no podían llenar el vacío que Marcelo sentía en su corazón. La soledad lo consumía, y la frustración crecía en su interior. Anhelaba la amistad, el amor y la aventura, cosas que parecían inalcanzables en la quietud de su cueva.</p><p><br/></p><p>Un día, impulsado por la desesperación, Marcelo decidió salir en búsqueda de la felicidad. Estaba cansado de su encierro, de la monotonía de su vida. Así que, con el corazón lleno de esperanza y un poco de temor, se despidió de las luciérnagas y se aventuró al exterior.</p><p><br/></p><p>El mundo fuera de la cueva era un lugar mágico y misterioso. Marcelo se maravilló con los altos árboles del bosque encantado, cuyas hojas susurraban secretos al viento. Cruzó un río cristalino, cuyas aguas cantaban melodías antiguas. Escaló una montaña imponente, sintiendo el viento fresco en su rostro y la emoción de la aventura en su corazón.</p><p><br/></p><p>En su viaje, Marcelo conoció a otros animales. Algunos eran amigables y lo recibieron con los brazos abiertos, compartiendo historias y risas. Otros eran más reservados o incluso hostiles, pero Marcelo aprendió de cada encuentro. Descubrió la importancia de la bondad, la valentía y la perseverancia.</p><p><br/></p><p>A pesar de los momentos de alegría y camaradería, Marcelo también enfrentó desilusiones y rechazos. Hubo ocasiones en las que sintió que la felicidad se le escapaba de las manos, que estaba destinado a la soledad. En uno de esos momentos de desesperación, llegó a la orilla del mar.</p><p><br/></p><p>El mar era vasto e inmenso, un horizonte infinito que se extendía ante sus ojos. Representaba la libertad y la posibilidad de un nuevo comienzo, pero también lo aterraba con su inmensidad y su fuerza. En un acto impulsivo, Marcelo corrió hacia el mar, sin frenos, con el corazón latiendo con fuerza.</p><p><br/></p><p>Se lanzó a las olas, buscando desesperadamente la felicidad que no había encontrado en su viaje. Pero el mar era demasiado grande, demasiado poderoso. Las olas lo arrastraron hacia las profundidades, y el caracol Marcelo, en su búsqueda de la felicidad, encontró su final en la inmensidad del océano.</p>]]></description>
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         <pubDate>2025-03-17 13:01:58 UTC</pubDate>
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         <title>daniela mala</title>
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         <pubDate>2025-03-17 13:06:19 UTC</pubDate>
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