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      <title> by </title>
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      <language>en-us</language>
      <pubDate>2014-02-10 16:52:04 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>andrea_rucandio</author>
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         <description><![CDATA[<p>

<p><b><u>TITANIC</u></b></p>
<p>Londres, 5 de mayo de 1891.</p>

<p>Parece que fue ayer cuando jugaba por esas calles húmedas y
frías del viejo Londres. Días de niñez, días de alegría, de felicidad, de
algarabía, días de inocencia, días de juventud… pasado que no volverá, todas
mis aventuras, quedaron atrás.</p>

<p>Esas carreras sobre el duro y frío pavimento, pelo
alborotado, rostro sudado, buenos sentimientos… Días, en los que las
preocupaciones eran niñerías, días en los que el sol salía cada mañana. Todos
los momentos vividos y todas las millas recorridas quedaron en el rastro de
aquellas calles grises donde me crié. Tan solo 10 años tenía cuando me
separaron de mi infancia. Una misión tan importante que nadie podía lograr
imaginar, una de las apuestas más decisivas de todos los tiempos. Yo, un niño
de tan solo 10 años escogido al azar para una tarea que arriesgaba tanto. Eran
tiempos de codicia, de envidias, de celos…guerra apunto de desatarse. Una única
finalidad, un único paso.</p>

<p>Todo quedaba atrás mientras me dejaba llevar con los ojos
inundados en lágrimas en las que se reflejaban mis recuerdos. Unas ruedas
chirriantes, un carro formado por viejas tablas de madera, que cedía por el
peso, ya cansadas de tanto trabajar. El sonido de esos brillantes cascos de
aquellas viejas mulas, sin luz en sus pupilas, muertas por fuera… muertas por
dentro. Todo a mí alrededor, desolación, mirada triste, ojos cansados, de tanto
llorar, corazón sin esperanza, cuerpo y alma sumidos en una dolorosa añoranza.</p>

<p>Caminos de piedra y tierra, construidos por unas manos
castigadas. Bosque de hiedra, tierra húmeda, suelo blando, paisaje mojado,
sugiere temor… tristeza en el corazón.</p>

<p>Cesa el chirrido, el trote se detiene, pisadas que se
aproximan, se hace el silencio solo durante un instante, la puerta se abre…</p>

<p>Inglaterra (Puerto de Queenstown),&nbsp; 10 de Abril de 1912.</p>

<p>Faltan unas pocas horas antes del embarque, lo imprescindible,
billete, algo de ropa y algunos planos del buque…&nbsp; “buque de los sueños” lo llaman,
insumergible, en resumen, el mejor buque jamás construido… Titanic, no creo.
Sonrío para mis adentros. Echo mis pertenecías al hombro. Subo con pasos lentos,
pesados por la trampilla, hacia lo que será mi hogar durante un corto período
de tiempo, sereno, pero temeroso. Siento frío, estremecimiento, malos
sentimientos. Destino suicida, escapar, imposible.</p>

<p>Me apoyo en la fría barandilla de la cubierta, en una zona
apartada. Niños, madres, ancianos, bullicio, gritos, emoción, la gente en el
puerto saluda, los de arriba agitan sus pañuelos… pero para la mayor parte de
los presentes, era algo más que un ritual, era una despedida. No me permito
compadecerme. Entre todas esas caras, todas esas manos rebosantes de
satisfacción, se encuentra unos pocos rostros fríos, calculadores, no son
personas, son monstruos…</p>

<p>Zarpa ese buque insumergible, del que todo el mundo ha oído
hablar, desafiante, en toda su inmensidad, con todo su poderío… con toda su
prepotencia.</p>

<p>Oteo el horizonte, me roza la leve brisa del mar, la suave
luz del mediodía acaricia mi rostro, realmente es un sueño, pero como todos los
sueños, se acaba.</p>

<p>Personas que sonríen, personas que sueñan, personas que sienten,
personas sin futuro, personas con familia, una vida… todos con una historia que
contar.</p>

<p>&nbsp;Vuelvo a apoyarme en
la misma barandilla donde hace 2 días había visto unos rostros, rostros que
después de mi viaje, nunca volverán a ser los mismos.</p>

<p>Esta vez observo como las oscilantes y delicadas olas del
atlántico, rompen contra el duro hierro del casco. Reflejos dorados, sombras
plateadas de las olas por los fugaces rayos de sol del atardecer.</p>

<p>Alguien se ríe, una joven pelirroja con melena rizada, ojos
verdes, blanca como una mañana de invierno, correctamente vestida, acompañada
de un joven con un pelo de un tono rubio, ojos azules, desaliñado, mirada
pícara, corazón de hombre. Contemplan unos dibujos, se miran… que pensaría la
madre de esa joven si la viera con semejante vulgar… </p>

<p>Me vuelvo a sumergir en las olas, no queda ya nadie en
cubierta, excepto esa extraña pareja. Él le dice algo al oído, se acercan a la
barandilla de la proa, suben, extienden sus brazos, sienten la brisa que les
recorre el cuerpo, que se esconde bajo sus cabellos, sonríen, se dejan llevar…
les contemplo en silencio durante un momento.</p>

<p>&nbsp;Apunto de bajar las
escaleras escucho una voz, una voz orgullosa, una voz calmada, una voz llena de
confianza, diciendo que lo hagan navegar a máxima velocidad, que quiere que
todos vean como navega. Bajo las escaleras dirección a mi camarote.&nbsp;
&nbsp;</p>

<p>Cae la noche, una noche gélida. Son las 2 de la mañana del
cuarto día a bordo del Titanic. Me incorporo, abro el cajón de mi mesilla de
noche, saco una caja aparentemente inofensiva con un interior suicida. Me
levanto, me dirijo sigilosamente hacia las bodegas vigilando que nadie me
sigua, entro, cierro tras de mí, y en unos breves momentos ya estoy fuera,
vuelvo la puerta con cuidado de no hacer ruido. Subo despistado las escaleras
hasta el pasillo de tercera clase. Una niña de unos 7 años, con una melena
castaña llena de tirabuzones, me mira y me sonríe, me paro, se cae, está
soñando, la cojo en brazos y la introduzco de nuevo en su camarote, le arropo
pero no me voy, todavía no, me quedo observando como duerme, sonrío, pero en
seguida me vuelve a la mente mi cometido, una única e importante misión, no
podía permitirme ninguna distracción. Me voy cerrando tras de mi la puerta con
suavidad.</p>

<p>Vuelvo a mi litera, no me duermo, no me lo permite el
maldito remordimiento. Todo ocurrirá por culpa de un hombre sin alma, sin
escrúpulos, deformado por la codicia, por el egoísmo, a quien solo le importan
sus planes, que es capaz de matar por conseguir lo que quiere… sin embargo él
no está aquí, si a alguien debo culpar es a mí, únicamente en mí mano está
cambiar mi suerte y la de todos. Cobarde. Toda la noche pienso en esa niña…</p>

<p>14 de Abril de 1912</p>

<p>Amanece un nuevo día a bordo de ese buque, navega
triunfante, en toda su realeza, en toda su grandiosidad, todo el Titanic queda
iluminado por la nítida luz del alba. Navega fuerte, majestuosa, nadie la
amedrenta. Camino lento, siniestro, por los pasillos de tercera clase… segunda
clase… primera clase. Gente importante, gente de negocios, gente con poder,
gente de dinero… gente vacía. Charlan, y comentan las mujeres los últimos
cotilleos, miradas sucias, desprecio, críticas rebosantes de veneno. Una madre
regaña a su hija por no sentarse correctamente.</p>

<p>Los hombres comentan y ríen, fanfarronean sobre sus tierras,
sobre sus logros, sobre sus posesiones,&nbsp;
inmerson en una nube de simpatía llena de falsedad, de envidias
cubiertas por los buenos modales, las buenas formas, buenas maneras… Se
fuman&nbsp; un puro, posiblemente el último.
Camareros con prisa, llevando platos de un lado al otro de aquel lujoso
comedor. Un superior de cocina gritando un camarero que ha osado doblar un
mantel incorrectamente. Aún huele a paredes recién pintadas, a puertas recién
barnizadas, vajillas que apenas han sido usadas…</p>

<p>Subo de nuevo a la cubierta, reflexionando, me sitúo en el
mismo sitio de la barandilla en la&nbsp; que
llevo apoyándome desde que subí a este “buque de los sueños”. Un hombre de unos
75 años coge en brazos a una niña de 7 y se acerca a la barandilla para que
pueda ver los delfines que van adelantando el barco por estribor. El anciano
señala hacia el mar, la niña, sin embargo, me mira, la miro, me sonríe… la sonrío
y me saluda con su delicada y pequeña mano, y la devuelvo el saludo con una
gran sonrisa en mi rostro, amargado tras tantos años sin haber podido sonreír,
porque no tenía motivos para hacerlo… pero esa niña lo consiguió. Vuelvo a mirar,
pícaro, a mi nueva amiga, y corro hacia las bodegas, llorando de felicidad,
vuelo aún más y más rápido ante todas esas miradas de sorpresa de los pasajeros
de primera y segunda clase, pero no me detengo, por fin la bodega, abro la
puerta, desactivo el detonador y retiro rápida pero cuidadosamente los
cartuchos de dinamita que la noche anterior puse con tanta ansiedad. Río y voy
corriendo hacia la cubierta de popa donde, sonriendo, lanzo lo más lejos posible
esos utensilios y comienzo a gritar de júbilo, mi canto a la libertad…</p>

<p>&nbsp;El sol se esconde
detrás de un horizonte que parece infinito, el cielo se oscurece para dar paso
a un nuevo cielo rebosante de millones de estrellas, la negrura de esa noche
contrastada con el brillo del firmamento.</p>

<p>&nbsp;Es una noche aún más
gélida que la anterior, poca gente se ha atrevido a subir a cubierta, tan solo
unos&nbsp; vigías que hacen guardia, esperando
que por fin termine su turno. Respiro hondo. Pienso en lo que haré cuando
llegue a América, ahora que por fin soy alguien nuevo, la idea de huir, de conocer
mundo, de no saber que me deparará el futuro, esa idea me excita. Ahora si que
lo veía claro, el Titanic era el buque de los sueños, tiene algo mágico, algo
especial, algo que ningún otro buque podría llegar a tener, era el único buque
capaz de cambiar a una persona, compañero de viaje, compañero y portador de
tantos secretos que jamás desvelará, no era una nave, era mi hogar… Hecho la
cabeza hacia atrás para inhalar el viento helado que chocaba contra mi rostro,
y que conseguía que se estremeciera todo tu cuerpo, volvía sentirme vivo…huele
a mar, huele a libertad.</p>

<p>Suena la campana, oficiales que empiezan a gritar y a
correr, el pánico se adueña de la cubierta. Un aviso, un cambio de marcha, un
giro brusco a babor, frentes sudorosas, adrenalina, terror, un contrarreloj…
una carrera por la supervivencia. El tiempo corre en contra. Se escucha un
aterrador y chirriante sonido, algo se desgaja, no suena bien. Empiezan a caer
grandes fragmentos de hielo sobre el suelo de la cubierta, pasajeros
escandalizados, lo peor, inevitable. Los oficiales llenos de horror intentan
encontrar soluciones posibles, soluciones lógicas, planteamientos… no hay
solución, el capitán es el primero en comprenderlo, no quieren aceptarlo, él lo
asume y lo afronta, ellos no pueden. El buque de los sueños, se hunde. Empieza
el plan de evacuación, oficiales paralizados por el miedo, se aferran a la
evidencia inicial. El buque es insumergible. Pierden tiempo.&nbsp; Se miran unos a otros atónitos, aceptando que
es el final. Algunos empiezan a comprender la situación y abandonan ese estado
de bloqueo, para convertirse en un estado hiperactivo, todas sus defensas
centradas en una única meta.</p>

<p>Camareros, sirvientes, doncellas, mayordomos, olvidan sus
labores, ya no son inferiores, ahora son personas que luchan por su vida.&nbsp; Riqueza, pobreza, la muerte no entiende de
clases.&nbsp; Ahora no.</p>

<p>Gente que corre, gente atemorizada, gente sin esperanza… </p>

<p>Miro a mi alrededor, tantas personas, tantas historias, cada
una con un final, cada una con un destino.&nbsp;
Un precio, por descubrirte a ti mismo, un precio alto que estoy
dispuesto a pagar. El buque detenido, el mar en calma, en silencio, solo se
oyen las aterradas voces de los pasajeros, lloros, gritos, empujones, una niña
que llora, un abuelo que llora, una nave que se hunde, el murmullo del agua que
avanza brusca y violentamente. Recorre los pasillos, acariciando, los muebles,
las alfombras, los cuadros… jamás volverán a ver la luz del sol. Niños, niñas,
ancianos, duermen bajo la tierna luz de sus lámparas de noche, aguardan un
nuevo día, que no llegará.</p>

<p>&nbsp;Unas mujeres embarcan
en el último bote, descienden, no queda esperanza. El capitán aguarda su
partida con envidiada paciencia y clama. Sus ojos azules reflejan serenidad,
sabiduría, recuerdos pasados, reflexión, confianza…paz.</p>

<p>No tengo miedo, ya no, aguardaré con paciencia, no temo a la
muerte, no queda nada por lo que luchar… El barco comienza a hundirse, la popa va
sumergiéndose, es el momento de saltar, una mujer me mira, con los ojos
inundados en lágrimas, la miro, se concentra en la suave marea, en las pequeñas
olas que chocan, y salta hacia el abismo, yo la sigo.</p>

<p>Agua congelada, mil apuñaladas por todo mi cuerpo, observo
como el barco se desgaja en dos, como la proa se pierde en las profundas aguas
del atlántico. Cómo se eleva la popa se hunde rápido y estremecedoramente. El
buque insumergible, se ha hundido, y con el todos los sueños de todas esas
personas que descubrieron su final en él. Los gritos, las súplicas, los
llantos, desaparecen en el fondo del mar. </p>

<p>Nadan desesperados, buscando algo a lo que aferrarse, yo me
dejo morir, no queda nada ya… Ahí está, reconozco esa melena de tirabuzones, castaña,
ojos marrones, llora desconsoladamente sobre el cuerpo de un hombre, rostro
arrugado, pelo cano, ojos cerrados, labios que expiran con su último aliento …
Le cojo cuidadosamente del brazo, se asusta, me mira con sus grandes ojos
castaños inundados en lágrimas, largas pestañas congeladas, párpados pesados.
Le arrastro, ella no va a morir esta noche, ella no… Le cojo entre mis débiles
manos, le retengo junto a mi, me acerco a un pequeño tablón la ayudo a subir.
Se tumba, no puede dormir. La mantengo despierta, la gélidas aguas comienzan a
paralizar las piernas, los brazos… me adormezco. Cierro los ojos, los abro,
sigue mirándome aún con un débil sollozo, ella confía en mi, no pienso
defraudarla. Impulsando mi voz para que salga al exterior, tarareo una dulce
nana, quiero tranquilizarla. Cesa el sollozo y otra voz más débil y tenue, se
une a mi canto. Los dos, como uno solo, cantamos, a duras penas, esa canción de
cuna, cierro los ojos mientras pero continúo cantando cada vez más débilmente,
hasta que termina en un casi ininteligible murmullo. Se hace el silencio. Abro
los ojos de nuevo, Sigue mirándome, sonríe… </p>

<p>Suena una&nbsp; llamada a
lo lejos. Un oficial grita desde uno de los botes, intento gritar pero no
puedo, voz congelada, fuego en el corazón. Se oye un chapoteo, un gimoteo, un
silbato… melena pelirroja, ojos verdes, mirada fuerte, llamada a la salvación…
El bote se acerca, logro alzar la mano, sonrío, no la miro. Siento como unos
fuertes y seguros brazos me elevan y me dejan sobre una superficie dura.
Tumbado, con unas pulsaciones lentas e irregulares, giro la cabeza para ver a
mi compañera de viaje… me mira, pero ya no es la misma mirada, la luz se ha
extinguido de sus antes, brillantes ojos castaños,&nbsp; su cuerpo inerte yace sobre una de mis manos,
cuerpo sin vida, alma que se entrega, me incorporo, la recojo tiernamente entre
mis brazos, la aprieto contra mi corazón, no siento el suyo. Cierro sus ojos.
Una lágrima brota de mis ojos, y resbala por mi mejilla hasta que se pierde
entre su pelo, beso su frente... La deposito suave y dulcemente sobre el agua,
entre todas esas almas, todas esas vidas perdidas, su angelical rostro,
expresión inocente, las suaves olas mecen su cuerpo cuidadosamente y se pierde
entre las oscuras aguas del atlántico, junto con todos esos recuerdos que yacen
en el Titanic. Una niña que me recordó como es sentir, una entre tantas otras
vidas que se cobraron. Ilusiones, secretos, experiencias, emociones, objetos,
vidas… &nbsp;sentimientos que quedaron
enterrados bajo el buque más humano de la historia, un buque mágico, un buque
construido enteramente por sueños.</p>

<p>La historia de mi vida, una vida llena de sufrimiento, de
dolor, de pérdida, de ausencia… que conste en la memoria del recuerdo, que hubo
una vez en la que pude volver a sentirme vivo, algo que no podré olvidar, que
mi alma jamás pudo borrar y que mi último atisbo de esperanza se hundió con él.
Titanic. Buque de mi pasado, presente y futuro. Sueño permanente en mi corazón.</p>

</p>]]></description>
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         <pubDate>2014-02-10 17:00:10 UTC</pubDate>
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      </item>
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         <title></title>
         <author>andrea_rucandio</author>
         <link>https://padlet.com/andrea_rucandio/70965017cv/wish/20931375</link>
         <description><![CDATA[<p>

<p>Que los besos a escondidas saben mejor...<br>
<br>
<br>
<span>Descubrí que no todo es fácil en la vida, ni tan
maravillosa como algunos la pintan, que en la vida hay que correr para ser el
primero, que hay que mirar para uno mismo, que los amigos se cuentan con los
dedos de una mano, que uno no se puede fiar del sol cuando brilla demasiado.<br>
<br>
El agua no es azul sino transparente, que los
sueños, sueños son, que la vida es como un pañuelo, da igual por donde lo
cojas, que no todas las rosas son rojas, que las espinas pinchan, se clavan.<br>
<br>
Que las manos sirven para mas cosas que para
pintar, que con el tiempo se pierde inocencia y se gana egoísmo, que lo
importante no es participar sino ganar.<br>
<br>
Que nos quedan muchos brazos por los que pasar,
que hay que vivir cada día como si fuera el último, que cupido tiene más días
malos que buenos, que el destino se burla de todos nosotros, que el amor es
caprichoso...<br>
<br>
Que el calor mas intenso es el del cuerpo, que
cada roce es una emoción, que el olor mas intenso es el de la piel, que el
tacto se mide en caricias, y las caricias en sentimientos...<br>
<br>
Que la carne tiene voz propia y llama fuerte,
que las miradas tienen más fuego que el propio infierno, que los labios arden
cuando estás cerca, que el corazón salta y grita al verte... que los besos a
escondidas saben mejor.</span></p><p><span><br></span></p><p><span><br></span></p><p><span>Andrea Rucandio (28 de abril 2013)</span></p>

</p>]]></description>
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         <pubDate>2014-02-10 17:01:39 UTC</pubDate>
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