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      <title>Psicopatología de la Niñez y la Adolescencia by Giover Quiñones</title>
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      <description>Se analizan los trastornos psicológicos de la infancia y adolescencia bajo el marco teórico de la psicopatología del desarrollo, y se hacen algunas sugerencias para entender la relación entre las grandes dimensiones psicopatológicas y los síndromes clínicos desde una perspectiva etiológica</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2023-09-28 01:56:16 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2023-10-03 03:49:35 UTC</lastBuildDate>
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         <title></title>
         <author>joee960416</author>
         <link>https://padlet.com/joee960416/6i2vr6pvv4lsqvt0/wish/2727194119</link>
         <description><![CDATA[<div>En las últimas décadas, numerosos clínicos e investigadores interesados en el estudio de los trastornos psicológicos de la infancia y la adolescencia han consolidado el modelo teórico conocido como psicopatología evolutiva o psicopatología del desarrollo (Cicchetti y Cohen, 1995a, 1995b; Cicchetti y Rogosch, 2002). En este enfoque de la psicopatología, tanto la conducta normal como la anormal se entienden como variaciones dentro de un continuo de rasgos o características &nbsp; y no como fenómenos dicotómicos. &nbsp;<br>Los modelos de enfermedad, generalmente, solían orientar la investigación psicopatológica hacia un único factor patógeno, de carácter endógeno, (p. ej., déficit atencional) y un tipo de trastorno específico (p. ej., hiperactividad, depresión, esquizofrenia, etc.). Con la aparición de los modelos de diátesis-estrés, la atención se dirigió hacia el estudio de la interacción entre la diátesis (los mecanismos de vulnerabilidad) y las experiencias vitales estresantes, que puede dar lugar al trastorno. El surgimiento de los modelos evolutivos de la psicopatología orientó el interés por esclarecer la compleja interacción entre las características del niño y su ambiente social, tratando de identificar los mecanismos de vulnerabilidad y de protección implicados en el desarrollo de cada trastorno específico. En la actualidad, persiste más bien la tendencia a entender cuáles son los procesos y mecanismos de la vulnerabilidad, en vez de tratar de identificar un factor concreto de vulnerabilidad que correlaciona con un determinado trastorno.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-01 01:12:08 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>joee960416</author>
         <link>https://padlet.com/joee960416/6i2vr6pvv4lsqvt0/wish/2727803674</link>
         <description><![CDATA[<div>En los últimos veinte años, se han llevado a cabo diversos estudios epidemiológicos sobre la psicopatología en niños y adolescentes en diversos países, con bastante similitud de resultados (Schwab-Stone y Briggs-Gowan, 1998; Wittchen, Nelson y Lachner, 1998). Las tasas de prevalencia globales encontradas se sitúan entre 14-20% de la población infantil y juvenil, siendo el rango 17-20% el más repetido. De estos porcentajes, el 2% corresponde a trastornos graves, el 7-8% a trastornos de gravedad moderada, y el resto a psicopatología leve.<br>En oposición a los sistemas clasificatorios que organizan la psicopatología en categorías diagnósticas, como el DSM o la CIE, las taxonomías empíricas, de base matemática, se basan en las correlaciones o la covariación de signos, síntomas o conductas. Estos procedimientos han permitido identificar dos factores de segundo orden o dimensiones psicopatológicas de banda ancha en los niños y los adolescentes (Achenbach, 1985; Achenbach y Edelbrock, 1978). La primera dimensión, que incluye los trastornos de ansiedad y la depresión, ha sido denominada internalizante. La segunda dimensión, que incluye los trastornos de conducta, el abuso de substancias o la hiperactividad, se conoce como externalizante.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-02 00:32:42 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>joee960416</author>
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         <description><![CDATA[<div>Numerosos estudios se han ocupado de explorar las relaciones causales existentes entre determinados entornos socio-familiares, estilos de crianza o experiencias tempranas y algunos trastornos psicológicos. Así, abundan en la literatura referencias al papel que juegan experiencias
específicas, como son la pérdida de seres queridos o la deprivación afectiva durante la infancia, en el origen de estados de depresión; o la crianza en familias desestructuradas e inconsistentes en la aplicación de normas, en el origen de la personalidad antisocial.
En definitiva, a estas alturas parece confirmarse que no es posible establecer una relación consistente entre contextos ambientales específicos y la aparición de determinados trastornos. Por ello, se ha señalado que para el estudio del papel que juega el contexto ambiental en la psicopatología es más conveniente diferenciar entre las influencias del contexto en el origen de los trastornos y sus influencias en el mantenimiento y evolución de los mismos (Steinberg y Avenevoli, 2000).</div><div><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-02 03:51:06 UTC</pubDate>
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         <title>Contexto como provocador de trastornos</title>
         <author>joee960416</author>
         <link>https://padlet.com/joee960416/6i2vr6pvv4lsqvt0/wish/2727951582</link>
         <description><![CDATA[<div>Como se ha dicho, la investigación ya realizada y la observación clínica permiten concluir que el impacto del ambiente en la aparición de la psicopatología en la infancia y la adolescencia es muy poco específico. Parece, en cambio, más evidente que los trastornos psicológicos, tanto en su forma como en su gravedad, vienen determinados por mecanismos de vulnerabilidad temperamental de naturaleza endógena y probablemente biológica. En efecto, todo parece confirmar que idénticos factores contextuales pueden producir alteraciones diferentes porque las personas son temperamental o biológicamente distintas. Por ejemplo, el análisis de las diferencias inter-sexuales observadas en la psicopatología infantil y adulta demuestra que las mujeres son más propensas a manifestar trastornos internalizantes y los varones lo son a trastornos externalizantes. Idénticas diferencias se observan en los rasgos de la personalidad relacionados con estos trastornos, ya que las mujeres puntúan más alto en escalas que miden ansiedad y neuroticismo, mientras que los varones lo hacen en escalas de búsqueda de sensaciones y de agresividad.<br>Se ha señalado, por ejemplo, de manera más concreta, que los problemas de impulsividad y los trastornos de son más probables cuando la exposición a estresores tiene lugar en un período evolutivo en el que el córtex cerebral prefrontal es muy plástico; y que la predisposición a la depresión resulta con mayor probabilidad de la exposición al estrés mientras el área prefrontal derecha del córtex es especialmente maleable (Davidson, 1994; Nelson y Bloom, 1997; Schore, 1997). Si esto es así, puede concluirse que las diferencias básicas en la psicopatología dependen de las regiones o circuitos del cerebro que resulten más afectados, o bien de predisposiciones genéticas que dan lugar a respuestas psicobiológicas concretas.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-02 03:59:25 UTC</pubDate>
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         <title>Contexto como modulador de trastornos</title>
         <author>joee960416</author>
         <link>https://padlet.com/joee960416/6i2vr6pvv4lsqvt0/wish/2729026899</link>
         <description><![CDATA[<div>En contraposición a la hipótesis de que el ambiente desempeña un supuesto rol específico en el origen de la psicopatología, parece más ajustado a observaciones sistemáticas la especificidad del contexto ambiental en la evolución de los trastornos psicológicos. La observación clínica es más acorde con la hipótesis de que ambientes específicos mantienen, aumentan o disminuyen la psico-patología; pero una vez que se han expresado determinados comportamientos, diagnósticos o patrones de síntomas. Sin entrar a juzgar pretendidos mecanismos psicofisiológicos o de aprendizaje que puedan estar implicados en esta función moduladora, parece probable que la evolución o el curso clínico de los trastornos psicológicos específicos viene determinada por procesos de reforzamiento o de oportunidad para su expresión contextual; de modo que la repetición de determinados patrones de conducta o de síntomas permite su consolidación posterior.<br>En consecuencia, puede afirmarse que el estrés contribuye a modular, fortalecer o atenuar, los rasgos preexistentes y probablemente no a transformarlos; mientras que las oportunidades de poner en práctica la conducta disfuncional contribuyen a cristalizar su expresión diferenciada en cada contexto y su nivel de gravedad. No obstante, y en general, este punto de vista no infravalora la influencia que las experiencias infantiles o la naturaleza de los lazos afectivos desarrollados en edades tempranas puedan ejercer en el origen de los trastornos psicológicos, sino que pretende diferenciar las posibles rutas por las que discurre dicha influencia.&nbsp;<br>Aún así, cabe la posibilidad de que la influencia del contexto ambiental en la evolución de la psicopatología sea muy limitada en determinados trastornos infanto-juveniles en los cuales su base genética o biológica es más determinante, como son el autismo, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la esquizofrenia o el síndrome de La Tourette, entre otros.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-02 17:48:38 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>joee960416</author>
         <link>https://padlet.com/joee960416/6i2vr6pvv4lsqvt0/wish/2729577105</link>
         <description><![CDATA[<div>El concepto de riesgo alude a las variables ambientales que están empíricamente relacionadas con la alta probabilidad de experimentar un trastorno (por ej., la pobreza o el estrés derivado de un ambiente familiar conflictivo). Por ello, el riesgo sirve para predecir la probabilidad de un trastorno pero no informa, necesariamente, de su naturaleza específica ni de los mecanismos que tienen lugar en la aparición del trastorno. El riesgo se refiere a las variables correlacionales o descriptivas de un trastorno y no a las variables causales.<br>Los mecanismos de vulnerabilidad, en cambio, típicamente incluyen características que residen dentro del individuo, y que puede tener una base tanto genética (incluyendo tanto procesos neurobiológicos como dimensiones del temperamento) o biológica (determinada por alteraciones tempranas o daño en el SNC). Aunque las variables externas del ambiente sean importantes, como se ha dicho, para explicar la expresión externa y modular la evolución de la fenomenología de un trastorno, el locus de los mecanismos de vulnerabilidad es interno.</div>]]></description>
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         <pubDate>2023-10-03 03:27:01 UTC</pubDate>
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