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      <title>𝐼𝑛𝑣𝑖𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒 𝑆𝑡𝑟𝑖𝑛𝑔 by Léon</title>
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      <description>𝖭𝗂𝗇𝖺 𝗑 𝖫𝖾́𝗈𝗇.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-08-16 18:26:56 UTC</pubDate>
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         <title>𝑨𝑼; 𝒊𝒍 𝒍𝒂𝒕𝒐 𝒐𝒔𝒄𝒖𝒓𝒐 𝒅𝒆𝒍𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆. 𝑨𝒈𝒐𝒔𝒕𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏.</title>
         <author>thvnderunderground</author>
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         <description><![CDATA[<div>La noche transcurría de lo más tranquila. Se podría decir que era una más de las tantas noches de viernes, en la cual Léon ocupaba su puesto como guardia de seguridad en un hotel casino más prestigioso de Los Ángeles, California. No le disgustaba para nada su empleo, de hecho, le divertía ver a tantos necios empecinados en derrochar su dinero en los costosos juegos del lugar, al igual que en bebidas alcohólicas que nada tenían que ver con sus gustos en particular pero que, según ellos, les servía para hacerse los galanes frente a las bellas damas que rondaban las cercanías de la barra. Lo que ellos no sabían, era que cada una de esas mujeres no estaba allí por pura casualidad. Algo que Léon había pulido en todos esos meses de trabajo en el hotel, era su capacidad de atención; se caracterizaba por tener una mirada sutil pero demasiado asertiva y, aunque a algunas de esas mujeres ya las había visto varias veces envolviendo a su nueva víctima cada viernes, hubo una en particular a quien Léon hacía varias semanas no veía por el lugar.<br><br>Esa noche, ella parecía estar más deslumbrante que la primera vez en la que se llevó toda la atención de Léon sin siquiera saberlo. En esta ocasión vestía un despampanante vestido color bordó, el cual hacía resaltar su tersa piel blanca. Léon se preguntó qué tan suave sería la misma bajo su tacto, y se encontró imaginando su propia diestra rozando con la yema de sus dedos la parte del ambicioso escote que la castaña portaba. Rápidamente, tomó un respiro que pasó desapercibido e intentó volver a su rutina de vigilancia, pero no pudo concretarla al notar como la mujer se acercaba a paso lento y coqueto hacia uno de los hombres que estaba jugando una partida de póker no tan lejos de donde él se encontraba en su puesto. Léon tragó saliva y apretó su mandíbula, quedándose expectante por el siguiente paso de la dama. La vio sonreírle a aquel tipo alto de cabello rubio brillante, éste parecía ser mucho más grande de edad que ella, y que él, incluso. No supo desde dónde le surgió una especie de resentimiento hacia ese hombre que no conocía en absoluto, pero el castaño allí se encontraba, apretando sus puños detrás de su espalda mientras no perdía de vista a la pareja. Fue cuando se percató de la cercanía que ambos mantenían al hablar, y deseó con cada fibra de su ser poder estar en el lugar de aquel tipo y poder, así, disfrutar del dulce perfume que, seguramente, la castaña llevaba impregnado en la piel de su cuello. Cerró sus ojos, y pudo imaginarlo tan vívidamente que no se dio cuenta del momento en que comenzó a caminar hacia la mesa de póker donde todos esos hombres se encontraban sumergidos en distintos tipos de emociones; algunos con alegría festejaban sus logros y victorias, otros estaban tomándose del cabello. Seguramente estos últimos habían perdido alguna suma importante de dinero u otros bienes apostados, pero al castaño poco le importó ya que su mirada estaba puesta, una vez más, sobre la mujer que ahora mantenía una de sus manos posadas sobre el cabello de la nuca del rubio. Una nueva oleada de desesperación le recorrió la anatomía, repercutiendo como molestia repentina que sintió alrededor de su cuello debido a la corbata que se ajustaba a éste por encima de las solapas de su camisa. Intentó aflojarla mientras pocos metros restaban para estar de pie junto a la mesa cuando vio a la mujer emprender camino hacia la barra. Todo a su alrededor pareció desfasarse de la línea temporal, yendo a un ritmo lento mientras la mirada atenta de Léon divagaba entre los leves movimientos de sus delgados brazos y el vaivén sensual que su cadera generaba al andar. Totalmente hipnotizado, la siguió entre las mesas y, de tanto en tanto, le pareció verla observándolo por encima de uno de sus hombros en lo que una sonrisa tiraba de sus labios pintados de un rojo tan llamativo que Léon deseó tenerlo marcado en toda su piel. Pronto, ya no estaban entre los apostadores, humo de cigarrillo ni mozos con bandejas plateadas en sus manos. Se hallaban envueltos en un juego avaro cargado de seducción donde el castaño se vio siguiendo cada paso estruendoso que daba la mujer con sus tacones contra el suelo. Caminaron así, uno detrás del otro siguiendo un sendero incierto a través de un pasillo vacío del hotel, siendo separados únicamente por un metro de distancia.</div><div>— Tengo curiosidad, ¿por qué estás siguiéndome? ¿Hice algo ilegal acaso? —</div><div>Escuchó por primera vez aquel timbre de voz tan exquisito, suave y tranquilo que poseía la mujer de pie frente a él. Pero no pudo articular palabra alguna por lo que ella continuó.&nbsp;</div><div>— Deberías estar haciendo tu trabajo en vez de estar acosándome. — musitó en un tono que Léon bien pudo distinguir como burlón. Aún así, la vio acercarse a él hasta estar lo suficientemente cerca como para tocarse si no eran demasiado precavidos, y justamente por esto fue tomado por sorpresa en cuanto las pequeñas manos ajenas se apoyaron en sus anchos hombros y luego rozaron la piel de su cuello. Las propias, por instinto, la tomaron de la cintura para tirar de ella hacia él sin pudor alguno, lo cual le arrebató una melodiosa carcajada que el guardia atesoró secretamente.</div><div>— Vos no deberías estar jugando así conmigo. — habló por primera vez en la noche sin poder apartar su mirada de la ajena ni por un instante. Ella le sostuvo la misma gran parte del tiempo, cambiando por completo su semblante a uno que Léon no supo descifrar. Pero poco después, se vio nuevamente sorprendido cuando la mujer empujó sus hombros haciendo que se desestabilizara y diera un paso hacia atrás, casi pegando su espalda contra la pared cercana a la puerta de una de las habitaciones. “Yo no estoy jugando” fue lo último que la escuchó decir antes de tener su boca contra la suya. La besó con tal necesidad que poco le importó las cámaras de seguridad que los rodeaba, o si alguno de sus compañeros pasaba por el lugar y lo delataba por incumplir su labor, mucho menos le importó cuando fue inducido a adentrarse en la habitación contigua, donde, posteriormente, sus prendas tocaron el suelo haciendo un camino con ellas hasta llegar a la cama que les daría cobijo hasta el amanecer.</div><div><br><br></div><div>&nbsp;&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-16 19:10:23 UTC</pubDate>
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         <title>𝑨𝑼; 𝒕𝒖, 𝒊𝒐 𝒆 𝒍𝒂 𝒍𝒖𝒏𝒂. 𝑨𝒈𝒐𝒔𝒕𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏. </title>
         <author>thvnderunderground</author>
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         <description><![CDATA[<div>Tenía un sueño recurrente sobre estar perdida en una gran corriente de agua, intentando mantenerse a flote. Viera a dónde viera, sólo había más agua, que en la lejanía parecía acabar en un cielo gris oscuro. No se parecía al lago en el bosque o al río cercano a las montañas que conocía muy bien.<br>Bestemor, como llamaban a la anciana más sabia que conocía le había dicho que así lucía el mar y que, probablemente, era un recuerdo o una pista del destino.&nbsp;<br><br>No era su primera vez en su piel de humana y se había acostumbrado a recorrer el bosque así, aún sabiendo de los peligros de toparse con los hombres que solían acampar camino a las profundidades, en busca de antiguas minas de oro que ella y su manada jamás habían alcanzado.<br>Su padre había muerto muchas lunas atrás y sin su protección el alfa la había desterrado, abandonándola a su suerte. Pero las ancianas del pueblo la habían adoptado en su forma humana. La reconocían como un ser mágico y la protegían de los hombres cuando regresaban a la pequeña comunidad después de la temporada de pesca o caza. El comienzo del invierno era su época favorita del año, le gustaba pasar la noche en el bosque, disfrutando del silencio invernal y de nadar en un pequeño lago, el cual era su lugar favorito. Aprovechaba que aún el frío no congelaba el agua para deshacerse de su vestimenta, un vestido de un color similar al vino que sus cuidadoras bebían en la noche, que hacía que su cabello se viera aún más rojizo. Las mujeres más jóvenes en el pueblo parecían respetarla pero ella estaba segura de que le temían. Podía sentirlo en el ritmo desenfrenado de sus corazones cuando estaban solas y ella pasaba cerca, también había oído a más de una llamarla "𝑩𝒓𝒊𝒙𝒂" y solían evitar su mirada por miedo a ser "hechizadas". Pero las ancianas la respetaban y creían que los antiguos dioses la habían puesto en ésta Tierra para proteger a los humanos. Pero para sus diecisiete, en menos de una luna dieciocho, años de edad había aprendido que los hombres tejían su propio destino. No había forma de protegerlos de ellos mismos.<br>Esa noche en particular el aire era más frío que en otros inviernos, sabía que se avecinaba la primera nevada y la luna apenas alumbraba los caminos entre los frondosos árboles alrededor del lago. Dejó su vestido en la orilla y disfrutó del agua helada, una de las ventajas de no ser completamente humana.&nbsp;<br>Era consciente del frío pero no lo sufría de la misma forma que otros, era como un hormigueo satisfactorio sobre su piel. Bestemor decía "la piel de los 𝒘𝒂𝒓𝒈 es fuerte como el acero" y aunque no era cierto, ya que un cambiapieles podía ser herido como cualquier otro ser, sí tenía ciertas ventajas. Pero aquella noche se había relajado más de la cuenta porque sus sentidos no estuvieron lo suficientemente alertas para notar que no estaba sola.&nbsp;<br>— ¿Me estás espiando? — dijo de inmediato, a la defensiva, intentando cubrirse porque el agua en aquella zona le llegaba hasta la cintura pero él no estaba intentando verla. Mantuvo sus ojos oscuros en los suyos y ella eligió no apartar la mirada, aunque Bestemor le había dicho tantas veces que no lo hiciera, menos aún con los hombres que eran temerosos de lo que no podían explicar.&nbsp;<br>— ¿No tenés frío? — su pregunta tenía un dejo de curiosidad y por un momento le pareció reconocerlo, como si hubiera escuchado su voz antes pero había muy pocos hombres de su edad en aquella comunidad. Los más jóvenes habían abandonado el lugar hacía mucho tiempo. Y todos los hombres que había conocido alguna vez, la veían de esa forma que hacía que todos sus sentidos se pusieran en alerta.&nbsp;<br>— El agua no está fría — mintió. Por otro lado él sabía de lugares cerca de las montañas donde el agua era tibia pero estaba seguro que en ese lago no era de esa forma, aún así lo tomó como un reto y comenzó a desvestirse. No lo hizo del todo pero se acercó con suficiente ropa como para congelarse sin tocar el agua. Ella retrocedió pero dejó de temerle cuando oyó su corazón. Estaba aterrado, podía sentirlo en su respiración y por un momento creyó que se arrepentiría pero lo vió entrar al agua y su reacción la hizo reír.&nbsp;<br>El agua a su alrededor no dejaba de moverse por la forma en que había comenzado a temblar y con la poca luz pudo ver cómo el tono de su piel comenzó a cambiar. El catañéo de sus dientes era todo lo que podía escuchar en el silencio de esa noche helada y aunque intentó sostenerle la mirada, dejó de hacerlo para regañar a ese muchacho tonto, al borde del congelamiento para probar un punto que ella no comprendía.&nbsp;<br>— Voy a salir, es mejor que salgas ahora mismo y te des vuelta, no me veas — él asintió, al parecer aliviado de dejar el agua y ella intentó no reír de la forma en la que caminaba cuando logró moverse.<br>Lo siguió, apresurandose a tomar su vestido que se puso de inmediato pero él apenas pudo cubrirse con su abrigo y se sentó a la orilla del lago, temblando. Ella fue consciente de la tontería que había hecho y creyó que se había topado con algún loco pero él estaba sonriendo como un niño, como si hubiera ganado alguna especie de juego. Como si el invierno estuviera burlándose de ellos, comenzó a nevar. Se apiadó de él y a pesar del riesgo se sentó a su lado, envolviendolo con su propio abrigo que llegó a cubrir parte de su espalda. Tomó sus manos con las suyas y ésta vez lo vió sorprenderse. Si el destello de sus ojos no lo había impresionado, el calor de sus manos sí, ya que no era posible que tuviera esa temperatura después de abandonar esa trampa de agua helada. Aún así le sostuvo la mirada porque no podía hablar debido a cómo su cuerpo se sacudía por el frío sin resultar inentendible.&nbsp;<br>— Podrías haber muerto — le susurró molesta. Abuelita tenía razón, sí había hombres que necesitaban ser protegidos, en éste caso de su propia estupidez. Hasta un niño sabía que no debía entrar al agua con esa temperatura.&nbsp;<br>— Confíe en tu palabra, dijiste que no estaba fría — ¿Sabías que estamos en un cementerio? — susurró mientras aún temblaba y mantenía su mirada en la suya. Movió sus manos heladas para tomar las suyas, las observó como si buscara la fuente de calor — muchos siglos atrás — ella lo sabía pero lo dejó continuar — sería un buen lugar para morir — comenzaba a entender su humor aunque en ese momento fuera algo retorcido y sonrió.<br>— Pero los hombres lo olvidaron, ya nadie viene a visitar a sus antepasados.<br>— ¿Visitas a los tuyos?<br>Por alguna razón quiso decirle que los suyos siempre estaban con ella, como una voz susurrante en su interior o todo lo que la rodeaba. Creía que su capacidad de transformarse se debía a algo que la precedía, que ahora estaba en su sangre y sus huesos, que en lugares como aquel podía sentirlo resonando en sus oídos. Pero no respondió, sólo asintió.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-16 20:53:22 UTC</pubDate>
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