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      <title>BLOGGING MY MIND by LUISA FERNANDA MARTINEZ PATIÑO</title>
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      <description>DESCRIPTIVO</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2020-11-26 14:50:11 UTC</pubDate>
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         <title>AUSENCIA</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>Nuevamente me permito evocarte. Nuevamente me permito capturar tu esencia. Esa que tuve entre mis brazos lo mismo que de eterno tiene un suspiro. Vuelves a mí cada día de forma constante pero efímera. No quiero que esa presencia tuya que aún vive en lo más recóndito de mi corazón me desarme a plena luz. Son pocas las veces que me permito tenerte conmigo lo suficiente como para sentir mis ojos arder y mi cara quebrarse en el inminente mar desbocado. Puedo ser fuerte en el día con las diferentes distracciones que el mundo ofrece. Pero ¿cómo negarme a la noche? Ah. La amarga noche. Llega con un tsunami de imágenes y sentimientos que me ahogan en el silencio. Nadie más puede entender mi dolor. Nadie me podrá ayudar jamás a superarte pero es ese mismo dolor interminable el que me reconforta. Está ahí para decirme que nunca te olvidaré. El amor tan desgarrador que sentí cuando estreché tu cuerpo con el mío será el mismo amor que sentiré al recordarlo cada día de lo que me resta de vida. Todo eso porque te amo. Te amo como nadie puede imaginar. Te amo como nadie jamás en el mundo te podrá amar. Sin importar donde te encuentres tú y yo sabemos que eres mío. Solo mío. Solo yo tengo el derecho de recordarte y aferrarme a lo que en su momento fue y no fue. Solo yo entiendo lo que fue tenerte y no tenerte. Después de tantos años por fin acepto que nunca volverás a mí en la misma forma en que en su momento nos encontramos. Pero mantengo una firme esperanza en que algún día lejano o cercano volverás a mis brazos y todo será como debió ser. Todo aquello superará las pobres escenas que mi desolada imaginación puede crear. Eres mi único consuelo. Todo lo que resta es esperar.</div>]]></description>
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         <pubDate>2020-11-30 04:28:44 UTC</pubDate>
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         <title>Ring Ring</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>—¿Aló?<br><br></div><div>—¿Samantha?<br><br></div><div>—…<br><br></div><div>—Sam, sé que estás ahí.<br><br></div><div>—Lo siento, está equivocado.<br><br></div><div>—No, no lo estoy. Y no cuelgues, por favor.<br><br></div><div>—¿Qué quieres, Andrés? ¿Y cómo conseguiste este número?<br><br></div><div>—Eso no importa. Tenemos que hablar.<br><br></div><div>—Yo no tengo nada que hablar contigo ni con nadie. Todo quedó muy claro ese día.<br><br></div><div>—Estuvo mal, lo admito. Pero por favor, escúchame. Solo una oportunidad, es todo lo que pido.<br><br></div><div>—Recuerdo que te supliqué de rodillas que me dieras la oportunidad de hablar y explicarte lo que había pasado.<br><br></div><div>—Está bien, no lo hagas por mí. He hablado con Jenny y con Sergio, ellos quieren verte. Se sienten mal por lo que pasó.<br><br></div><div>—Diles que tampoco tengo nada que hablar con ellos.<br><br></div><div>—¿Por qué eres así? ¡Ellos no te hicieron nada!<br><br></div><div>—¡Pero tampoco impidieron que hicieras lo que hiciste conmigo!<br><br></div><div>—Lo que hiciste no estuvo bien, fue grave.<br><br></div><div>—¡Por Dios! Andrés, solo dejé la universidad porque no estaba a gusto con esa carrera y no iba a desperdiciar varios años de mi vida en algo que no me hacía feliz. ¡No lo trates como si fuera un crimen, porque no lo es!<br><br></div><div>—Sam, tú sabes todo lo que hizo papá por ti luego de que mamá muriera. No fue justo que desistieras, así como así.<br><br></div><div>—¿Así como así? ¡Tú no sabes nada! Si me hubieras dado la oportunidad de hablar te habrías dado cuenta de que había reunido hasta el último centavo de lo que papá invirtió en esa universidad y planeaba devolvérselo ¡No contaba con que tuviera un infarto antes de poder hacerlo!<br><br></div><div>—…<br><br></div><div>—¿Qué pasa? ¿Ya no dices nada?<br><br></div><div>—Sam, yo…<br><br></div><div>—No, tú nada. Tú te callas. Si de verdad fueras esa persona impecable y refinada que siempre te jactaste de ser, no me hubieras tirado a la calle como a un perro ¡En ese momento yo seguía siendo tu hermana!<br><br></div><div>—¡No pensé bien lo que hacía! Creí que te podrías estar aprovechando de lo que hacía papá por ti…<br><br></div><div>—Claro, la culpa es de la hermana adoptada.<br><br></div><div>—Llevabas tan solo dos años con nosotros, creí que…<br><br></div><div>—Lo que más me sorprende es que tales acusaciones vengan de ti.<br><br></div><div>—Sam…<br><br></div><div>—Porque ten en cuenta, Andrés, que, aunque haya sido hace más tiempo, a ti también te adoptaron.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-01-08 01:29:23 UTC</pubDate>
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         <title>¡ÉSTA ES MI CASA!</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
         <link>https://padlet.com/luisamartinezpatino/53uqf9v5gtpogfns/wish/1118326137</link>
         <description><![CDATA[<div><br>Me he quedado en el auto. Llevo como mínimo media hora aquí, sin saber qué hacer o a donde ir. No quiero ver a nadie, en especial a Eduardo y a Sofía. Siento que siempre están restregando su amor de recién casados en mi cara, con sus suaves besos mal disimulados cuando creen que no estoy viendo, con esas casi imperceptibles caricias de cómplices amantes. Incluso me molesta que se agarren de la mano, mostrando sus alianzas de matrimonio.<br>Me duele, y odio ese dolor que aprieta mi pecho y odio el sentir tanta envidia de ellos, porque tienen todo lo que yo perdí, lo que no volveré a disfrutar. Puede que sea consciente de que mi desgracia no es su culpa, pero no me importa. Los odio porque son felices y yo sigo sumido en este pozo profundo e insufrible de depresión.<br>Mi celular vibra contra mi costado, en el bolsillo de mi traje. No quiero responder, pero sé que si no lo hago, quien sea que llame puede pensar lo peor. Ya he pasado por eso, todos mis familiares y conocidos buscándome, tratando de impedir que suceda una tragedia que ni en mis momentos más bajos ha pasado por mi cabeza.<br>Con los ojos cerrados contesto la llamada. Casi me estoy preparando para rechazar nuevamente una invitación a comer del feliz matrimonio, pero es la suave voz de Ana la que me habla al oído, con su aún marcado acento, no acostumbrada aún a estar en una región diferente. <br>—¿Dónde estás? <br>—En casa. <br>—Mentira. <br>—¿Cómo sabes que es mentira? <br>—Tu jefe me llamó, dijo que hace bastante rato te envió a casa y aún no salís del estacionamiento. <br>—Estoy bien, solo necesitaba un respiro. Ya me voy. <br>—Vení a mi casa, pedí comida china. —Y cuelga.<br>Oh, Ana, mi dulce hermanita. No sé en qué momento te volviste tan madura, tan grande. Y no sé en qué momento decidiste que yo sería tu responsabilidad. Deberías estar fuera con tus amigas, no cuidándome como a tu bebé. Deberías estar saliendo con chicos o yendo a cine, no preocupándote de si me alimento o no.<br>Casi me siento a la defensiva cuando toco a su puerta, sabiendo lo que se avecina. Como siempre me recibe con todo el amor del mundo, desbordando de su ser su usual alegría que contrasta con mi decadente humor.<br>Habla, habla y habla, quizá esperando alguna reacción de mi parte con alguna de sus historias. Yo me limito a mirar mi comida, moviéndola de aquí para allá y tomando valor para tragar algo de vez en cuando.<br>—¿Estás escuchándome?<br>—Claro.<br>—Mentira, ¿Qué fue lo último que dije?<br>—Lo de tu amiga Carol.<br>—Eso fue hace quince minutos.<br>—No es cierto.<br>—¿Tomaste ya tu medicamento?<br>—No necesito más antidepresivos.<br>—Eso dicen los que necesitan antidepresivos.<br>—Ya sabes cómo me ponen. Los efectos secundarios son lo peor. Me van a volver loco.<br>—Pero son por tu bien.<br>—No los quiero.<br>—No te pregunté si los querés o no.<br>—Los tomaré en mi casa. Ya me voy.<br>—No, no lo harás. Tomátelas aquí.<br>—Me ponen fuera de lugar y debo conducir.<br>—Tu casa no está tan lejos, estoy segura de que llegarás antes de que siquiera empiecen a hacer efecto.<br>—No hagas eso, Ana.<br>—¿Hacer qué?<br>—Comportarte como si fueras mi madre.<br>—Bueno, alguien tiene que hacerlo. Ya ni a ella la visitas. <br>—No lo soporto<br>—No hay razón para que seas tan malo con ella. Aunque no lo creas, a todos no duele; no fuiste el único que perdió a Noelia.<br>—No la menciones<br>—Era mi cuñada<br>—¡Te dije que no la menciones!<br>—¡Era mi mejor amiga!<br>—¡Cállate!<br>—¡Pedílo amablemente y tal vez lo haga! ¡Nada te cuesta!<br>—No quiero que nadie más diga su nombre.<br>—Tomáte las pastillas<br>—Bien, las tomaré. Sólo hazme un favor y cállate.<br>La conozco, debe estar regocijándose internamente por haberme hecho ceder. Hace el recorrido hasta la cocina y vuelve luego de unos segundos con un vaso de agua. Su postura es firme; quiere ver por ella misma que de verdad las tomo. Lo hago.<br>—Andá con cuidado, Hugo. Sabes que te amo.<br>Me abraza y me quedo ahí de pie, inmóvil. Antes solía amar este tipo de contacto con mi familia, besos, abrazos, mimos. Ahora no los quiero, me hacen enojar. Salgo rápido. Lo único que me apetece es estar solo en mi casa con el sabor agridulce de los recuerdos.<br>Conduzco lentamente. La noche ha caído en la ciudad y el tráfico hora pico está fatal. Ya empiezo a sentir los primeros rastros de una insoportable fatiga que acrecienta con cada minuto aquí varado. Por fin, después de lo que me parece una eternidad, el tráfico se mueve y consigo salir de la horda. <br>Llego a mi casa y estaciono. No tengo intención de ir a abrir la puerta del garaje para entrar el carro. Hoy se quedará fuera, total que este es un barrio de acomodados y nunca pasa nada. Me estiro hacia los asientos traseros listo para coger el saco de mi traje y mi portafolio, pero no están. Los debo haber dejado en casa de mi hermana en mi afán de huir. Abro el cajón de la guantera y saco el duplicado de llaves que Noelia insistió tantas veces que dejara ahí para casos de emergencia.<br>“Gracias, amor”. Pronuncio en voz alta aquellas palabras con tanta dulzura, pero solo me escucha la nada, y al darme cuenta de ello tengo que tomar una larga respiración y cerrar mis ojos para tratar de calmar el picor de que amenaza con volverse un mar de lágrimas. <br>Hago el recorrido hacia la puerta de entrada, pero cuando voy a abrir siento que hay algo fuera de lugar. Por debajo de la puerta se ve algo de luz asomándose desde el interior. Yo nunca dejo las luces encendidas, principalmente porque nunca las uso. <br>Abro la puerta lo más silenciosamente posible y entro. También se oye algo de ruido, varias voces, estruendos y música de fondo. Debe ser el televisor, lo que me dice nuevamente que algo extraño sucede. Camino por el pasillo los pocos pasos que me llevarán a la sala de estar y no creo lo que veo.<br>En mi sala, en mi sillón verde, con los pies sobre mi mesa de centro, con mi ropa y comiéndose algo que probablemente es mi comida, hay un hombre, un total desconocido.<br>Su mirada se posa en mí después de unos cuantos segundos y supongo que mi cara debe ser el reflejo de la suya en este momento. Me mira con los ojos y la boca bien abiertos, con asombro y total desconcierto.<br>—¿Quién es usted y cómo entró a mi casa?<br>El desconocido hace la pregunta y yo siento que la cabeza me da vueltas, debo agarrarme de la pared para no irme al suelo.<br>—Responda. Quién es y cómo entró a mi casa.<br>Se levanta de mi sillón y su postura rígida se posa a pocos pasos de mí.<br>—Yo debería hacerle esa pregunta. Ésta es mi casa. No sé usted quién es ni qué quiere pero será mejor que se largue antes de que llame a la policía.<br>—Está loco, ésta casa es mía, yo vivo aquí, llevo más de quince años viviendo aquí.<br>Mi respiración está cada vez más agitada, la ansiedad empieza a tomar el control de mi cuerpo, me siento mareado y confuso y la fatiga aún no disminuye.<br>—Ésta casa la compré con mi esposa antes de casarnos, hace más de siete años.<br>—Mira, hombre. De verdad no sé de qué carajos estás hablando.<br>—¿Ve ese diploma de allí? En la pared. Dice Hugo, Hugo Valencia. Ese soy yo. Me gradué de abogado hace unos años.<br>—Deje de mentir, hombre. ¿Estás borracho? ¿Drogado? Tú no eres Hugo, Yo soy Hugo y no sé de qué mujer me hablas.<br>Mi visión se empieza  tornar borrosa y siento miedo. <br>—¿Tiene algún tipo de identificación? Quizá así pueda ayudarlo, tal vez contactar algún familiar que venga a buscarlo.<br>Llevo mi mano a mi costado, buscando los bolsillos de mi traje, pero al sentir el vacío recuerdo que no tengo nada, que dejé todas mis cosas en casa de… ¿Quién?<br>—No tengo mis cosas, las dejé en otra parte.<br>—¿Dónde?<br>—No recuerdo.<br>—Largo de mi casa.<br>—¡Ésta es mi casa!<br>—¡Largo!<br>—Ésta casa es mía. Mía y de Noelia. Ella quería esta casa y no pude negarme. Queríamos empezar una familia aquí.<br>—¿Noelia es su esposa?<br>—Sí<br>—¿Dónde está?<br>Noelia… ¿Dónde estás, amor mío?<br>—Tampoco lo sé.<br>—Es todo, voy a llamar a la policía. Quién sabe de qué loquero se escapó.<br>Camina a paso firme hacia la mesa de la esquina donde se encuentra el teléfono y lo recuerdo, recuerdo la foto, aquella que mi Noelia adoraba y yo tanto odiaba, pero insistió tanto en que debíamos dejarla que al final cedí. Como puedo, avanzo con pasos torpes y con algunos tropezones y agarro su brazo.<br>—Noelia, ella puso nuestra foto ahí.<br>Lo miro a los ojos y creo ver algo de miedo en su mirada, pero de nuevo mi visión se torna borrosa y todo vuelve a dar vueltas, tengo sueño y solo quiero irme a mi cama, pienso que eso será lo que haré en cuanto le muestre a este extraño la foto y compruebe que soy yo quien vive aquí, que yo no soy el intruso. Sin embargo, cuando bajo la vista a la mesa, no hay nada, no hay ninguna foto. Quizá se cayó. Caigo al piso, arrodillado, y empiezo a tantear con las manos buscando el cuadro de la foto. Debe estar en alguna parte, ésta es mi casa, no estoy loco, no quiero creer que de verdad ya me volví loco. Mis ojos vuelven a picar, pero esta vez no consigo dejar de lado las lágrimas; mis ojos se empapan rápidamente y empiezo a sentir humedad que baja por mis mejillas, pasa por mis labios y se amontona en mi barbilla. Escucho gemidos quejumbrosos, llenos de dolor y desesperación, y es solo unos segundos después que descubro que son míos. La situación me supera.<br>—Estaba aquí, lo juro.<br>No reconozco mi propia voz, está ronca y las palabras salen entrecortadas por el llanto. El hombre desconocido, que dice llamarse Hugo, me mira sin saber qué hacer. Yo sigo arrodillado, llorando, patético, pero no puedo evitarlo, no soy capaz de hacer nada más. <br>¿Por qué, Noelia, por qué me has dejado?<br>—Está muerta.<br>— ¿Quién está muerta?<br>—Noelia, mi esposa. Está muerta.<br>—En serio, ya váyase de mi casa.<br>Se acerca y agarra el teléfono. Es cuando escucho que empieza a marcar números que tomo fuerzas de donde no tengo para levantarme, tropiezo unas cuantas veces pero logro mantenerme en pie lo suficiente para llegar a la puerta de entrada. Escucho que el hombre habla y no quiero que la policía me lleve, justo ahora no sé ni quien soy, no sé qué hago aquí y no puedo recordar en donde ni con quien estaba antes de venir aquí. Si ésta no es mi casa ¿Cómo terminé en este lugar? Sigo con sueño y no dejo de pensar en mi cama, pero no sé dónde está. Todo apunta a que no es aquí.<br>El frío de la noche me golpea con fuerza, otro fuerte mareo me desestabiliza y decido sentarme un momento en el borde de la acera esperando que mi mente pueda despejarse un poco. <br>—Buenas noches, don Hugo.<br>Un hombre pasa por mi lado y me saluda. No respondo. Está oscuro, me pudo confundir con el hombre dentro de la casa; pero se detiene, quizá para verme mejor en mi momento de miseria.<br>—Don Hugo ¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda en algo?<br>—Hugo está adentro de la casa.<br>—¿Qué dice? ¿Se siente mal, don Hugo?<br>—No me llame así. Hugo está en la casa, déjeme solo.<br>—¿Quién está en la casa?<br>—Pues quién más va a ser, el dueño.<br>—Usted es el dueño de la casa, don Hugo ¿Dónde está su hermana?<br>—No sé.<br>—Venga, déjese ayudar don Hugo. Entremos a la casa.<br>—Si entro, él va a llamar a la policía<br>—¿Él quien? ¿Hay alguien en su casa?<br>—Sí. Hugo, el dueño.<br>Por más que lo rechazo, el señor no deja de repetir que debemos entrar a la casa. Finalmente cedo, si voy acompañado por su vecino quizá el tal Hugo no llame a la policía. El hombre me ayuda a levantarme de la acera y cuando doy la vuelta hacia la fachada de la casa me doy cuenta de algo.<br>No hay luces encendidas, todo está en una completa oscuridad y la puerta de entrada está abierta. El hombre me sostiene del brazo todo el camino del antejardín; lo dejo, quizá si no lo hiciera ya estaría yo en el suelo. Entramos y me quedo viendo fijamente el sillón de la sala de estar. El hombre enciende la luz y no hay rastros del hombre, de la comida, de nada.<br>—Espéreme aquí, don Hugo, Voy a revisar la casa.<br>Se va por el pasillo que lleva a la cocina. Si ésta no es mi casa… ¿Cómo sé que en esa dirección queda la cocina? Miro las paredes, algunas fotos de un hombre que tiene mi rostro con una hermosa mujer que reconozco como mi Noelia, están colgadas en la pared; y en la mesita del fondo, donde se encuentra el teléfono, está la foto, aquella foto que odiaba pero que ya no, porque mi Noelia la amaba.<br>Luego de unos minutos vuelve el mismo hombre… Don Alfonso, quien vive al lado. Me mira con compasión y finalmente dice:<br>—Don Hugo, aquí no hay nadie. La casa está vacía.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-01-24 09:37:17 UTC</pubDate>
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         <title>EL CRIADERO</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>Ya va a llegar. Por Dios, va a llegar y la cena no está lista. Falta poco. <em>¿Dónde están los niños? </em>Mierda.<br><br></div><div>—¿Niños? <br><br></div><div>Silencio.<br><br></div><div>Dejo la sopa en bajo y me dirijo a los cuartos. Entro al primero. La bebé sigue dormida en su cuna. Salgo. No los veo ni los oigo <em>¡La sopa!</em> Corro devuelta a la cocina. <em>¡Ya va a llegar! </em>Doy la vuelta por la sala y algo llama mi atención. Movimiento. Me acerco y tres pares de pies, dos un poquito más grandes que los otros, me saludan desde bajo la mesa de centro.<br><br></div><div>—¿Cómo entraron ahí?<br><br></div><div>Toco los piesitos más grandes y oigo las risas de mi hija de dos años y mi hijo de tres. Ellos salen y yo debo ayudar a salir al bebé de casi un año. Está sucio. No sé cómo lo metieron ahí ni cómo hicieron para que estuviera callado por tanto tiempo.<br><br></div><div>—¡Escondidas!<br><br></div><div>—Mami nos encontró rápido.<br><br></div><div>Van a salir corriendo, pero los detengo. Sé que quieren seguir jugando, pero…<br><br></div><div>—Niños, necesito que me ayuden. Papá va a llegar y saben que se enoja si ve este desorden. Recojan un poco los juguetes y limpien un poco a su hermano. En un momento vamos a cenar.<br><br></div><div>Sus caritas se arrugaron desde que mencioné a su papá. Éste es el peor momento del día tanto para ellos como para mí. Aún así, veo cómo empiezan a hacer lo que les pedí.<br><br></div><div>Corro a la cocina. Doy los últimos toques a la sopa. Hay que poner la mesa. Escucho el ruido de un carro. <em>¡Llegó! </em>Siempre es horrible esa sensación de vacío en mi estómago y la corriente que me recorre la espina dorsal.<br><br></div><div> Algo toca mi pie. El bebé gaguea y me estira sus manitos, hace un puchero y su carita se pone roja. Va a llorar. La puerta de la entrada se abre y lo levanto del suelo. Mis otros dos hijos vienen a mí y se refugian detrás de mis piernas mientras ven a su papá entrar. Él no mira nadie ni dice nada. Se sienta a la cabecera de la mesa.<br><br></div><div>—Espero que hoy no me vengas otra vez con el cuento de que la cena no está lista.<br><br></div><div>—No. Ya la traigo.<br><br></div><div>Dejo al bebé en su sillita-comedor y mis hijos van a sus lugares con cautela. Vuelvo a la cocina, reviso que todo esté en orden. Llevo la comida a la mesa y escucho un llanto muy particular que viene del cuarto. Se despertó la bebé. <em>¡Mierda! </em>Voy a dejar la olla rápido en la mesa para ir al cuarto, pero un agarrón fuerte en mi brazo me detiene.<br><br></div><div>—Primero mi comida. Luego la niña.<br><br></div><div>Volteo para ver a mi hijo y él entiende mi súplica silenciosa. Se levanta y corre al cuarto. Agarro el plato para empezar a servir y escucho un “¿Otra vez sopa?”, pero lo ignoro. La bebé sigue llorando y el bebé en la sillita se pone inquieto. Mi hija solo me mira expectante.<br><br></div><div>—Ya, ve a callarla.<br><br></div><div>Corro al cuarto y veo a mi hijo tratando de calmar a la bebé poniendo una manito en su pancita mientras con la otra mueve un sonajero.<br><br></div><div>—Mami, no sirve.<br><br></div><div>Agarro a la bebé, quien inmediatamente busca mi pecho. Miro a mi hijo.<br><br></div><div>—Ven, vamos a comer.<br><br></div><div>Salimos del cuarto y se oye un estruendo acompañado de gritos y llanto.<br><br></div><div>—Maldita sea! No puedo estar tranquilo en mi propia casa por culpa de estos…<br><br></div><div>—¿Qué pasa?<br><br></div><div>—¡Tus hijos! ¡Eso pasa!<br><br></div><div>—¿Mis…? ¿Mis qué?<br><br></div><div>—¡Tus hijos!<br><br></div><div>—¡Nuestros hijos!<br><br></div><div>—¡Yo nunca quise hijos!<br><br></div><div>—¡Pero ahora los tienes!<br><br></div><div>—¡Esta no es la vida que yo quería!<br><br></div><div>—¡Pues adivina qué, tampoco es la mía! Pero es la que tengo.<br><br></div><div>—Voy a comer fuera.<br><br></div><div>Sale. La bebé y mi hijo, que todavía va sujeto a mi mano, lloran. Trato de calmarlos mientras voy al comedor. También hay un espectáculo de llanto por parte del bebé y mi hija. Ella corre y se abraza a mi pierna. El bebé me llama y estira sus brazos. Veo al rincón y hay sopa regada por todo el suelo y la pared junto a los restos de un plato resquebrajado.<br><br></div><div>—¿Qué pasó aquí?<br><br></div><div>Hablo con voz lo más serena posible, tratando de frenar mis propias ganas de llorar. Mi hija me ve con sus ojitos húmedos y señala al bebé llorón e inquieto en la sillita.<br><br></div><div>—<em>Manito</em> hizo popó.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-01-26 19:47:49 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>Lo miro. Lentamente se acerca a mí por el mugriento y maloliente callejón. La iluminación es pobre, su rostro no está a la vista y solo me quedo ahí, inmóvil.<br>—¿Quién es usted? ¿Qué quiere?<br>Está más cerca. A unos metros. Y recién ahora, que la luz de la farola sobre mí lo toca fugazmente, es que noto que cojea.<br>—¿Quién es usted? ¡Hable!<br>Sigue acercándose. Miro a mi alrededor y entre la basura localizo una botella que bien podría servirme. Me tambaleo un poco y mi vista se pone algo borrosa. Tanteo y logro dar con ella. La tomo del cuello y vuelvo a ponerme bajo a luz de la farola. Me siento más seguro bajo la luz, aunque haga queme duelan los ojos y me palpite la cabeza.<br>El extraño llega al borde del aro de luz reflejado en el suelo. Quietud. Solo está ahí. De repente, un grito profundo, tétrico y desgarrador me corta la respiración. El extraño cae de rodillas. Eleva sus manos y agarra con fuerza y rabia la tela de una capucha que cubre su cabeza. Reniega, gime y grita con dolor y furia.<br>—¡Libérame!<br>—¿Qué?<br>La capucha cae hacia atrás y por fin veo su rostro. Pánico. Está desfigurado. Su cara no tiene forma, parece no tener ojos, está hinchado y está lleno de tumultos como si bajo su piel tuviera mil tumores que lo van consumiendo. ¿¡Qué es esto!?<br>No me da tiempo de pensar, corre hacia mí y me congelo. Quiero gritar, pero nada sale. Estoy en el suelo, pero no siento golpe. Me siento, miro alrededor. No hay nadie. Mojado. Mi mano está empapada, hay un charco junto a mí y parece provenir de mi pantalón. Intento levantarme y en el proceso veo mi reflejo en ese charco turbio de orina. No puedo creerlo. Grito. Mi cara está bien, tengo mis ojos y mis facciones son las mismas, pero reconozco claramente el rostro desfigurado de aquel hombre en el mío y no cabe duda. Soy yo.</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-02-27 00:35:48 UTC</pubDate>
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         <title>ÚLTIMAS PALABRAS...</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>Ésta es una carta para mí misma, me la debo después de tanto tiempo. Mi vida se va a acabar inevitablemente en unos días y es momento de parar de buscar en otras personas lo que en estos días voy a aprovechar para darme a mí misma.<br><br></div><div>Escribo esta carta para la Luisa de 15 años, como un imposible viaje en el tiempo, una advertencia que sé que me gustaría recibir porque de haber sido así, no estaría ahora triste por no haberlo conseguido. Porque ahora creo que por fin ha llegado el momento en que me puedo permitir sentir libremente lástima de mí, es el momento en el que me puedo abrazar sin culpa y dejando salir todos los remordimientos que en el fondo guardo Así que, comienzo:<br><br></div><div>Querida yo del pasado, sé lo que sientes, sé lo que pasa en tu vida y sé lo que incesantemente pasa por tu cabeza; sé que sientes que sobre ti recaen tantas cargas que te ahogan y te ponen cada vez más cerca del suelo, estás a punto de tocar fondo. Por todo eso, decido dejarte mis últimas palabras a ti. Porque me encantaría decirte “Detente”. Toda la vida hemos estado en la búsqueda de una sola cosa, Cariño, ese algo que siempre hemos sentido que nos hace falta y que hemos tratado de encontrar incluso en los peores lugares posibles, llevándonos al final nada más que dolor y decepción. Deja de buscar por fuera, y empieza a dártelo a ti misma porque créeme, no lo encontrarás nunca; y así, cuando llegues al momento en el que ahora me encuentro, no sentirás que has desperdiciado tu vida en algo sin sentido, y quizá pudieras pasar estos últimos tres días haciendo algo diferente que dándote consuelo. Ojalá pudieras leer esta carta, pero como sé que no podrás, no me queda de otra más que llorar por mí, por ti, y compadecer el momento tan amargo que te espera.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-03 20:09:26 UTC</pubDate>
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         <title>DUELO...</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>Perder alguien a quien has querido es de las cosas más difíciles por la que tendrás que pasar; ese vacío, esa ausencia que deja alguien en tu vida y esa sensación de que algo te falta, que sin ese algo tu felicidad no está completa y el pensar que nunca lo vas a poder recuperar, que tendrás que afrontar el resto de tu vida con eso... Pero el tiempo pasa, empiezas a ver las cosas de formas diferentes, aceptas que así es la vida, que la de esa persona se acabó, su tiempo pasó, pero el tuyo sigue, que tú estás vivo y debes seguir adelante. Empiezas a valorar la vida y la disfrutas; esa persona sigue en tu mente y en tu corazón, y aún así tu panorama se vuelve más brillante, lleno de amor y no de dolor...<br>Sin embargo ¿Cómo se afronta el duelo por la pérdida de ti mismo? Ese momento cuando por fin reflexionas y te das cuenta que estar vivo, solo significa actuar en automático. Tu cuerpo vive, respira, tiene funciones cerebrales, el corazón late... Pero tú no estás ahí. Te das cuenta de la diferencia que hay entre "vivir" y "sobrevivir", y lo que tú has estado haciendo es lo segundo. Llegas al estado que queda luego de sobre-analizar las cosas, tu realidad; recuerdas los sueños que te movían cuando eras más joven, quizás niño, y no puedes parar de preguntarte cuándo cambió eso, en qué momento perdiste esas visiones y cuando dejaste de ser fiel a ti mismo. ¿Qué estabas buscando que dejaste todo lo demás de lado? ¿Cuál era el sentido que perseguiste por tanto tiempo? Ahí te das cuenta que no lo sabes, no lo recuerdas; tal vez no era tan importante. No sabes cuán fue que tus ensoñaciones murieron y se llevaron consigo una importante parte de ti. Te pierdes en la vida, estás muerto. ¿Hay algo más desgarrador en el mundo que ver a una persona total y completamente desesperanzada? Porque se dice que la esperanza es lo último que se pierde, mas no que no se pierde nunca. Sientes lástima por ti mismo y entras en etapa de duelo, y aunque sabes que debes tratar de superarlo como cualquier otro duelo, este panorama se ve peor que cualquier otro, parece imposible de sobrellevar. Y quizá lo sea, quien sabe cuantos suicidios ha habido por esta misma causa, personas que ya no se encontraron...<br>Sientes que necesitas apoyo, quieres pedir ayuda a gritos, pero no puedes; ninguna palabra sale de tu boca, eres incapaz de hablar y no sabes por qué. Entonces llega tu padre luego de que tu madre le dijera que lloras todo el día y te dice "Creí que eras fuerte" y el golpe en el pecho viene de forma tan súbita y dolorosa junto con otros miles de recuerdos incluso de tu infancia donde tuviste que asumir roles que no te correspondían, donde tenías que ser la hermana mayor, donde tenías que ser la de carácter fuerte y donde tenías que hacerte cargo de tu familia para que estuvieran bien y todo porque eres la que no se deja llevar por los sentimientos.&nbsp;<br>En este punto empiezas a ver que te perdiste hace más tiempo del que pensaste, que ese ser inocente y lleno de energía y esperanza murió hace mucho y no te queda de otra más que sentir lástima de ti misma, abrazarte, tratar de consolarte y prometerte que algún día las cosas serás diferentes. Llegará el día en que digas "No más", y aunque ya no puedas recuperar ese alguien que alguna vez fuiste, podrás crear a alguien nuevo y podrás sentirte satisfecha y orgullosa de tí. Mirarás atrás y verás todo lo que tuviste que aguantar y valorarás más el quien pudiste llegar a ser...<br>Y mientras ese día llega, debes seguir luchando. Atraviesa tu duelo, llora lo que tengas que llorar, deja salir los sentimientos que tengan que salir, sí lo que tengas que decir, y sigue adelante.<br><br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-06 04:04:22 UTC</pubDate>
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         <title>HABLANDO DE DUELO...</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[<div>Mi canción favorita de todos los tiempos. Aún tiene el poder de erizar cada centímetro de mi piel y me transmite tanto sentimiento que me es totalmente indescriptible la experiencia.</div>]]></description>
         <enclosure url="https://youtu.be/dpmAY059TTY" />
         <pubDate>2021-04-06 20:10:26 UTC</pubDate>
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         <title>JOVEN LLORANDO. GEORGE CLAUSEN, 1916</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
         <link>https://padlet.com/luisamartinezpatino/53uqf9v5gtpogfns/wish/1389045616</link>
         <description><![CDATA[<div>Joven llora la pérdida de su esposo sobre su tumba, en mitad de un campo de batalla de la primera guerra mundial</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-06 20:43:41 UTC</pubDate>
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         <title>INCÓGNITA</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
         <link>https://padlet.com/luisamartinezpatino/53uqf9v5gtpogfns/wish/1389079009</link>
         <description><![CDATA[<div>Porque se me va el tiempo y el espacio nombrando las quejumbrosas amonestaciones de un cuerpo gastado, sobreviviente del cáncer, nombraré lo esencial, por difícil que me sea. Dígame usted, curioso lector ¿Cómo ella puede soportar el incesable dolor dado por la deficiencia renal? Porque no sabemos. ¿Cómo puede mantener lúcida cuando el azúcar en su sistema se descontrola tan ferozmente gracias a la incurable diabetes? Tampoco entendemos. ¿Cómo es que aún puede caminar&nbsp; y mantenerse en pie durante el día en una cocina? Ni los médicos lo explican. ¿Cómo es que después de tanta droga inyectada en las débiles venas de sus manos, aún las conserva? Es un misterio. ¿Cómo aguanta las innumerables noches en un hospital donde los médicos se limitan a ver la enfermedad y no al paciente?...<br><br></div><div>Y aunque en ocasiones las dolencias ganen y hagan que en las noches las lágrimas corran libres por sus mejillas, ella se las arregla para no desfallecer, para no perder la compostura, para levantarse cada mañana a luchar por su hogar, para seguir siendo ese apoyo constante para su familia, hermanos, hijos, nietos … Dígame usted, lector si todo esto que cuento con gran nostalgia no le parece algo digno de admirar.<br><br></div><div>Aquel que se atreva a decir que ésta mujer no tiene un don o un poder especial recorriendo su cuerpo y&nbsp; su alma, es porque, o bien no sabe leer y no comprende el extraño código que forman estas letras que hoy escribo, o da una lectura tan superficial que no permite que mis palabras, tan cargadas de sentimiento como lo están, penetren y conmuevan su corazón.<br><br></div><div>Su fatigado cuerpo tiene ya sesenta y un años ¿Cuánto tiempo más podré disfrutar de su presencia, sus caricias o su voz? Es una pregunta a la cual no le quiero encontrar respuesta.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2021-04-06 20:56:19 UTC</pubDate>
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         <title>Cuentito para pasar el rato.</title>
         <author>luisamartinezpatino</author>
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         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2023-09-03 01:05:28 UTC</pubDate>
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