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      <title>trabajo final de ERE agustinologia de 10º- segundo periodo by Efrain Steven Reyes Espinosa</title>
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      <description>Hecho con una rápida sonrisa</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2022-01-21 02:53:52 UTC</pubDate>
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         <title>Libro primero</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006002277</link>
         <description><![CDATA[<div>I. Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido ya predicado.<br>II.&nbsp; Si llegara a descender a los infiernos se que ahí estarías tu.<br>III. ¿Te abarcan, acaso, el cielo y la tierra por el hecho de que los llenas? bien, que los llenas y aún sobra por no poderte abrazar? sobra de ti, una vez lleno el cielo y la tierra?&nbsp; y si se dice que te derramas sobre nosotros, Pero las cosas todas que llenas, ¿las llenas todas con todo tu ser o, tal vez, por no poderte contener totalmente todas, contienen una parte de ti? contienen todas y al mismo tiempo o, más bien, cada una la suya, mayor las mayores y estás todo en todas partes, sin que haya cosa alguna que te contenga totalmente?<br>IV.&nbsp; Amas y no sientes pasión; tienes celos y estás seguro; te arrepientes y no sientes dolor; te aíras y estás tranquilo; cambias de acciones, pero no de plan; recibes lo que encuentras y nunca has perdido nada; nunca estás pobre y te gozas con las ganancias.<br>V. ¿Y qué soy yo para ti, para que me mandes que te ame y si no lo hago te aíres contra mí y me amenaces con ingentes miserias? ¿Acaso es ya pequeña la misma miseria de no amarte? ¡Ay de mí!<br>Di a mi alma: Yo soy tu salvación.&nbsp;<br>VI. Tú lo sabes, Señor. ¿Acaso no he confesado ante ti mis delitos contra mí, y tú has remitido la impiedad de mi corazón? No quiero contender en juicio contigo, que eres la Verdad, y no quiero engañarme a mí mismo, para que no se engañe a sí misma mi iniquidad.<br>VII. Permíteme que hable por la misericordia de mi pueblo.<br>VIII. Poco a poco comencé a darme cuenta dónde estaba y a querer dar a conocer mis deseos a quienes me los podían satisfacer, aunque realmente no podía, porque aquéllos estaban dentro y éstos fuera, y por ningún sentido podían entrar en mi alma. Mas si no era complacido, bien porque no me habían entendido, bien porque me era dañino, me indignaba.<br>IX. Mira aquí mi infancia que hace ya mucho tiempo mas sin embargo yo aun sigo vivo aunque vacío.<br>X.&nbsp; Entonces al final de mi infancia yo siempre buscaba la manera de dar a conocer mis sentimientos<br>XI. ¡Ay de los pecados de los hombres! hombre, y tú te compadeces de él por haberlo hecho, aunque no el pecado que hay en él.&nbsp; ¿Quién me recordará el pecado de mi infancia, ya que nadie está delante de ti limpio ¿Acaso cualquier pequeñito o párvulo de hoy, en quien veo lo que no recuerdo ¿Acaso en desear con ansia el pecho Porque si ahora hiciera yo esto, no con el pecho, sino con la comida propia de eran dignas de reprensión las cosas que yo hacía.<br>XII. Cuánto mejor me hubiera sido recibir pronto la salud y que mis cuidados y los de los míos se hubieran empleado en poner sobre seguro bajo tu tutela la salud recibida de mi.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 02:14:57 UTC</pubDate>
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         <title>Segundo libro</title>
         <author>efrainreyes1</author>
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         <description><![CDATA[<div>I.&nbsp; Porque hubo un tiempo de mi adolescencia en que ardí en deseos de hartarme de las hermosura, y me volví podredumbre ante tus ojos por agradarme a mí y desear agradar a las personas.<br>II. todos mis goces ilícitos para que buscara así el gozo sin contrariedades y, cuando yo lo hallara, en modo alguno lo hallara fuera de ti, Señor; fuera de ti, que provocas el dolor para educar, y hieres para sanar, y nos das muerte para que no muramos sin ti.&nbsp; Pero ¿dónde estaba yo? Ni aun los míos se cuidaron de recogerme en el matrimonio al verme caer en ella; su cuidado fue sólo de que aprendiera a componer discursos magníficos.<br>III. En este mismo año se interrumpieron mis estudios, cuando estaba en Madaura, ciudad vecina, a la que había ido a estudiar literatura y oratoria, en tanto que se hacían los preparativos necesarios para el viaje más largo a Cartago, más por animosa resolución de mi padre que por la abundancia de sus bienes, pues era un vecino muy modesto de Tagaste.<br>IV.&nbsp; Al contrario, cuando cierto día, en los baños públicos, ese padre me vió que llegaba a la pubertad y que estaba revestido de una inquieta adolescencia, como si se gozara ya pensando en los nietos, se fue alegre a contárselo a mi madre; alegre por la embriaguez con que el mundo se olvida de ti, su Creador, y ama en tu lugar a la criatura, y que nace del vino invisible de su perversa y mal inclinada voluntad a las cosas de abajo.&nbsp; Mas para este tiempo habías empezado ya a levantar en el corazón de mi madre tu templo y el principio de tu morada santa, pues mi padre no era más que catecúmeno, y esto desde hacía poco.&nbsp;<br>V. realidad eran tuyas, aunque yo no lo sabía, y por eso creía que tú callabas y que era ella la que me hablaba, siendo tú despreciado por mí en ella; por mí, su hijo, hijo de tu sierva y mis coetáneos de ser menos desvergonzado que ellos cuando les oía jactarse de sus maldades y gloriarse tanto cuanto más indecentes eran, agradando hacerlas no solo por el deleite de las mismas, sino también por ser alabado.&nbsp; Y, sin embargo, por no ser reprochado me hacía más vicioso, y cuando no más vil, por el hecho de ser más casto.&nbsp;<br>VI. Porque la soberanía imita la altura, mas tú eres el único que estás sobre todas las cosas, ¡oh Dios excelso! Y la ambición, ¿qué busca, sino honores y gloria, siendo tú el único sobre todas las cosas digno de ser honrado y glorificado eternamente? los tiranos quiere ser temida; pero ¿quién ha de ser temido, sino el solo Dios, a cuyo poder caricias de los desenfrenados buscan ser amadas; pero nada hay más cariñoso que tu caridad, ni que se ame con mayor provecho que tu verdad, sobre todas las cosas hermosa y quien conoce en sumo grado todas las cosas.&nbsp; cubren con el nombre de sencillez e inocencia, porque no hallan nada más sencillo que tú; La flojera desea hacerse pasar por descanso; pero ¿qué descanso cierto hay fuera del El lujo desea ser llamado saciedad y abundancia; pero tú solo eres la plenitud y la generosidad; pero sólo tú eres el verdadero y generosísimo dador de todos los bienes.&nbsp; avaricia quiere poseer muchas cosas; pero tú solo las posees todas.&nbsp; la excelencia; pero ¿qué hay más excelente que tú? contrarias a lo que uno ama y desea tener seguro; mas ¿qué en ti de nuevo o repentino?, La tristeza se abate con las cosas perdidas, con que solía gozarse la codicia, y no Así es como fornica el alma: cuando se aparta de ti, busca fuera de ti lo que no Pero aun imitándote así indican que tú eres el Creador de toda criatura y, por tanto, que no hay lugar adonde uno se aparte de modo absoluto de ti.&nbsp;<br>VII.¿Qué daré en retorno al Señor por poder recordar mi memoria todas estas cosas sin que tiemble ya mi alma por ellas? Te amaré, Señor, y te daré gracias y confesaré tu nombre por haberme perdonado Confieso que todos me han sido ya perdonados, así los cometidos voluntariamente como los que dejé de hacer por tu favor.&nbsp; como si hubiera necesitado menos de tu misericordia, por la que perdonas los pecados a los mismo médico que le preservó a él de caer enfermo; o más bien, de que no enfermara tanto.&nbsp; Antes, sí, debe amarte tanto y aún más que yo; porque el mismo que me sanó a mí de tantas<br>.&nbsp;<br>.&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 02:34:37 UTC</pubDate>
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         <title>Libro tercero</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006018941</link>
         <description><![CDATA[<div>I. Llegué a Cartago, y por todas partes chisporroteaba en torno mío un hervidero de amores impuros. Todavía no amaba, pero amaba amar y con secreta indigencia me odiaba a mí mismo por verme menos indigente. Y por eso mi alma no se hallaba bien, y, herida, se arrojaba fuera de sí, ávida de restregarse miserablemente con el contacto de las cosas sensibles, las cuales, si no tuvieran alma, no serían ciertamente dignas de amor.<br>Y con ser tan torpe y deshonesto, deseaba con afán, rebosante de vanidad, pasar por elegante y cortés.<br>III. Con todo, tú sabes, Señor, que era mucho más calmado que los demás y totalmente ajeno a las perversiones de los trastornados –nombre siniestro y diabólico que ha logrado convertirse en distintivo de urbanidad–, y entre los cuales vivía con impúdico pudor, por no como ser uno de ellos. Nada hay más parecido que este hecho a los hechos de los demonios, por lo que ningún nombre les cuadra mejor que el de trastornados o perversores, por ser ellos antes trastornados y pervertidos totalmente por los espíritus malignos, que así los burlan y engañan, sin saberlo, en aquello mismo en que desean reírse y engañar a los demás.<br>IV. Mas, siguiendo el orden usado en la enseñanza de tales estudios, llegué a un libro de un cierto Cicerón, cuyo lenguaje casi todos admiran, aunque no así su contenido. Este libro contiene una exhortación suya a la filosofía, y se llama el Hortensio. Tal libro cambio mis afectos y mudó hacia ti, Señor, mis súplicas e hizo que mis votos y deseos fueran otros. De repente apareció a mis ojos vil toda esperanza vana, y con el increíble ardor de mi corazón suspiraba por la inmortalidad de la sabiduría, y comencé a levantarme para volver a ti.<br>V. Mas he aquí que veo algo no hecho para los soberbios ni clara para los pequeños, sino en la entrada baja y sublime en su interior y velada por los misterios, y yo no era tal que pudiera entrar por ella o agachar la cabeza a su ingreso. Mi hinchazón rechazaba su estilo y mi mente no penetraba su interior.<br>VI.&nbsp; De este modo vine a dar con unos hombres delirantes de soberbia, carnales y charlatanes, en cuya boca hay lazos diabólicos y una mezcla viscosa hecha con las sílabas de tu nombre, del de nuestro Señor Jesucristo y del de nuestro Paráclito y Consolador, el Espíritu Santo. Estos nombres no se apartaban de sus bocas, pero sólo en el sonido y ruido de la boca, pues en lo demás su corazón estaba vacío de toda verdad.&nbsp;<br>VII. Tampoco sabía que Dios fuera espíritu y que no tenía miembros a lo largo ni a lo ancho, ni cantidad material alguna, porque la cantidad o masa es siempre menor en la parte que en el todo, y, aun dado que fuera infinita, siempre sería menor la contenida en el espacio de una parte que la extendida por el infinito, por lo demás, no puede estar en todas partes como el espíritu, como Dios. También ignoraba totalmente qué es aquello que hay en nosotros según lo cual somos y con verdad se nos llama en la Escritura imagen de Dios.<br>VIII. o mismo ha de decirse de los delitos cometidos por deseo de hacer daño, sea por afrenta o sea por injuria; y ambas cosas, o por deseo de venganza, como ocurre entre enemigos; o por alcanzar algún bien sin trabajar, como el ladrón que roba al viajero; o por evitar algún mal, como el que teme; o por envidia, como acontece al desgraciado con el que es más dichoso, o al que ha prosperado y teme se le iguale o le pesa de haberlo sido ya; o por el solo deleite, como el espectador de juegos de gladiadores; o el que se ríe y burla de los demás.<br>Pero ¿qué pecados puede haber en ti, que no sufres corrupción? ¿O qué crímenes pueden cometerse contra ti, a quien nadie puede hacer daño? Pero lo que tú castigas es lo que los hombres cometen contra sí, porque hasta cuando pecan contra ti obran impíamente contra sus almas y su iniquidad se engaña a sí misma, ya corrompiendo y pervirtiendo su naturaleza –la que has hecho y ordenado tú–, ya sea usando inmoderadamente las cosas permitidas, ya sea deseando ardientemente las no permitidas, según el uso que es contra naturaleza.<br>Y todo esto se hace cuando eres abandonado tú, fuente de vida, único y verdadero Creador y Rector del universo, y con soberbia privada se ama en la parte una falsa unidad.<br>X. Desconocedor yo de estas cosas, me reía de aquellos tus santos siervos y profetas. Pero ¿qué hacía yo cuando me reía de ellos, sino hacer que tú te rieses de mí, dejándome caer insensiblemente y poco a poco en tales ridiculeces hasta que llegara a creer que el higo, cuando se le arranca, llora lágrimas de leche juntamente con su madre el árbol, y que si algún santo de la secta comía dicho higo, arrancado no por delito propio, sino ajeno, y lo mezclaba con sus entrañas, después, gimiendo y eructando, exhalaba ángeles en la oración y aún partículas de Dios. Aquellas partículas del sumo y verdadero Dios hubieren estado ligadas siempre a aquel fruto de no ser libertadas por el diente y vientre del santo Electo.<br>XI. ntre tanto, mi madre, fiel sierva tuya, lloraba por mí ante ti mucho más que las demás madres suelen llorar la muerte corporal de sus hijos, porque ella veía mi muerte con la fe y espíritu que había recibido de ti. Éste, como le preguntase la causa de su tristeza y de sus lágrimas diarias, no por aprender, como ocurre ordinariamente, sino para instruirla, y ella a su vez le respondiese que era mi perdición lo que lloraba, le mandó y amonestó para su tranquilidad que atendiese y viera cómo donde ella estaba allí estaba yo también.<br><br>Confieso, Señor, y muchas veces lo he dicho, que, por lo que yo me acuerdo, me movió más esta respuesta de mi atenta madre, por no haberse turbado con una explicación errónea tan verosímil y haber visto lo que se debía ver –y que yo ciertamente no había visto antes que ella me lo dijese–, que el mismo sueño con el cual anunciaste a esta piadosa mujer, con mucho tiempo de antelación, a fin de consolarla en su inquietud presente, un gozo que no había de realizarse sino mucho tiempo después.<br>XII. También por este mismo tiempo le diste otra respuesta, a lo que yo recuerdo me urgen más que te confiese y otras muchas porque no las recuerdo–; diste, digo, otra y ejercitado en tus Escrituras, a quien como ella rogase que se dignara hablar conmigo, para ignorantes con algunas cuestioncillas, como ella misma le había indicado: «Dejadle estar – Y al mismo tiempo le contó cómo siendo él niño había copiar casi todos sus escritos; y cómo él mismo, sin necesidad de nadie que le argumentase<br>.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 02:45:16 UTC</pubDate>
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         <title>Libro cuarto</title>
         <author>efrainreyes1</author>
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         <description><![CDATA[<div>III. Así, pues, no cesaba de consultar a aquellos impostores llamados astrólogos, porque no usaban en sus adivinaciones casi ningún sacrificio ni dirigían conjuro alguno a ningún espíritu, lo que también condena y rechaza, con razón, la piedad cristiana y verdadera. Porque lo bueno es confesarte a ti, Señor, y decirte: Ten misericordia de mí y sana mi alma, porque ha pecado contra ti, y no abusar de tu indulgencia para pecar más libremente, sino tener presente la sentencia del Señor: He aquí que has sido ya sanado; no vuelvas a pecar más, no sea que te suceda algo peor. Palabras cuya eficacia pretenden destruir los astrólogos diciendo: «De los cielos viene la necesidad de pecar», y «esto lo hizo<br>IV. Muy dulce. Hasta había logrado apartarle de la verdadera fe, no muy bien hermanada y arraigada todavía en su adolescencia, inclinándole hacia aquellas fábulas supersticiosas y perjudiciales, por las que me lloraba mi madre. Conmigo erraba ya aquel hombre en espíritu, sin que mi alma pudiera vivir sin él. Mas he aquí que, estando tú muy cerca de la espalda de tus siervos fugitivos, ¡oh Dios de las venganzas y, a la vez, fuente de las misericordias, que nos conviertes a ti por modos sorprendentes!, he aquí que tú le arrebataste de esta vida cuando apenas había gozado un año de su amistad, más dulce para mí que todas las dulzuras de aquella mi vida.<br>V.&nbsp; corazón a tu boca para que me digas por qué el llanto es dulce a los miserables? inmutable en ti, en tanto que nos dejas a nosotros ser zarandeados por nuestras pruebas? ¿Acaso esto es dulce en sí porque esperamos ser escuchados de ti; pero ¿podía decirse lo mismo del dolor de lo perdido o del llanto en que estaba yo lágrimas, sino que me contentaba con dolerme y llorar, porque era miserable y había ¿Acaso también el llanto, cosa amarga de suyo, nos es deleitoso cuando por el hastío aborrecemos aquellas cosas que antes nos eran gratas?<br>VI. Era yo miserable, como lo es toda alma prisionera del amor de las cosas temporales, que se siente despedazar cuando las pierde, sintiendo entonces su miseria, por la que es miserable aun antes de que las pierda. Y tan miserable era que aún más que a aquel amigo queridísimo, yo amaba la misma vida miserable.<br>VII. Llevaba mi alma rota, ensangrentada, y que no soportaba ser llevada por mí, pero no hallaba dónde ponerla. Y si apartaba de esto a mi alma, luego me abrumaba la pesada carga de mi miseria. Y si me esforzaba por apoyar sobre él mi alma para que descansara, luego resbalaba como quien pisa en falso y caía de nuevo sobre mí, siendo yo para mí mismo una morada infeliz, en donde ni podía estar ni me era posible salir.<br>IX. Esto es lo que se ama en los amigos; y de tal modo se ama, que la conciencia humana se considera rea de culpa si no ama al que le ama, o no corresponde al que le amó primero, sin buscar de él otra cosa exterior que tales signos de benevolencia. Bienaventurado el que te ama a ti, Señor; y al amigo en ti, y al enemigo por ti.<br>Mas porque te deja, ¿adónde va o adónde huye, sino de ti sereno a ti airado? Pero ¿dónde no hallará tu ley para su castigo? Porque tu ley es la verdad, y la verdad, tú.<br>XII. Si te agradan los cuerpos, alaba a Dios en ellos y revierte tu amor sobre su artífice, no sea que le desagrades en las mismas cosas que te agradan. Ámalas, pues, en él y arrastra contigo hacia él a cuantos puedas y diles: «A éste amemos»; él es el que ha hecho estas cosas y no está lejos de aquí.<br>Mas he aquí que él está donde se gusta la verdad: en lo más íntimo del corazón; pero el corazón se ha alejado de él.<br>XIII. ¿Qué es lo que nos atrae y aficiona a las cosas que amamos? (. ) ¿Luego amo en el hombre lo que yo no quiero ser, siendo, no obstante, fáciles de contar son sus cabellos que sus afectos y los movimientos de su corazón.&nbsp; Yo me esforzaba por llegar a ti, mas era rechazado por ti para que gustase de la ¿Y qué mayor soberbia que afirmar con mudable y reconociéndome tal –pues si quería ser sabio era por hacerme de peor mejor–, prefería, sin embargo, juzgarte mudable antes que no ser yo lo que eres tú.<br>XVI. Tú sabes, Señor Dios mío, cómo sin ayuda de maestro entendí cuanto leí de retórica, dialéctica, geometría, música, y aritmética, porque también la prontitud de entender y la agudeza en el discernir son dones tuyos.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 02:54:34 UTC</pubDate>
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         <title>Libro quinto</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006027042</link>
         <description><![CDATA[<div>Recibe, Señor, el sacrificio de mis Confesiones de mano de mi lengua, que tú formaste y moviste para que confesase tu nombre, y sana todos mis huesos y digan: Señor, porque no hay corazón cerrado que pueda sustraerse a tu mirada ni hay dureza de hombre confiese tus misericordias para que te alabe.&nbsp; todas del universo, ni los espíritus todos con su boca vuelta hacia ti, ni los animales y cosas corporales por boca de los que las contemplan, a fin de que, apoyándose en estas cosas que Huyeron, sí, por no verte a ti, que les estaba viendo, para, cegados, tropezar contigo, que no abandonas ninguna cosa de las que has hecho; para tropezar contigo, había llegado a Cartago uno de los obispos maniqueos, por nombre Fausto, gran lazo del también yo ensalzaba, sabíala, sin embargo, distinguir de la verdad de las cosas, que eran de las viandas de ciencia que en él me servía aquel tan renombrado Fausto.&nbsp; Y como yo había leído muchas cosas de los largas fábulas del maniqueísmo, pareciéndome más probables las dichas por aquéllos, que llegaron a conocer las cosas del mundo, aunque no dieron con su Criador; porque tú eres grande, Señor, y miras las cosas humildes, y conoces de lejos las elevadas, y no te acercas (. ) Por donde él, descaminado en esto, habló mucho sobre estas cosas, para que, convencido de ignorante por los que las conocen bien, se viera claramente el crédito que Porque no fue que él quiso ser estimado en poco, antes tuvo empeño en persuadir a los demás de que tenía en sí personalmente y en la plenitud de de error al hablar del cielo y de las estrellas, y del curso del sol y de la luna, aunque tales vanidad de soberbia que pretendiera se las tomasen como salidas de boca de una persona cabeza de aquellos a quienes persuadía tales cosas, y en tal forma que los que le siguiesen creyeran que seguían no a un hombre cualquiera, sino a tu Espíritu Santo, ¿quién no juzgará Porque los demás maniqueos con quienes yo por casualidad topaba, no sabiendo responder a las cuestiones que les facilísimamente todas aquellas mis dificultades y aun otras mayores que se me ocurrieran Tan pronto como llegó pude experimentar que se trataba de un hombre simpático, de grata conversación y que gorjeaba más dulcemente que los otros las mismas cosas que éstos yo los oídos hartos de tales cosas, y ni me parecían mejores por estar mejor dichas, ni más No eran, no, buenos valuadores de las cosas quienes me recomendaban a Fausto como a un hombre sabio y prudente porque les deleitaba con su facundia, al revés de otra clase de hombres que más de una vez hube de experimentar .&nbsp;</div><div>&nbsp;Sin embargo, me molestaba que en las reuniones de los oyentes no se me permitiera presentarle mis dudas y departir con él el cuidado de las cuestiones que me lugar más oportunos para tales discusiones, presentándole algunas objeciones de las que me hacían más fuerza; mas conocí al punto que era un hombre totalmente ayuno de las artes Así que cuando comprendí claramente que era un ignorante en aquellas artes en las que yo le creía muy aventajado, comencé</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 02:59:13 UTC</pubDate>
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         <title>Libro sexto </title>
         <author>efrainreyes1</author>
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         <description><![CDATA[<div>No cesan ni callan tus alabanzas las criaturas todas del universo, ni los espíritus todos con su boca vuelta hacia ti, ni los animales y cosas corporales por boca de los que las contemplan, a fin de que, apoyándose en estas cosas que tú has hecho, se levante hacia ti nuestra alma de su laxitud y pase a ti, su hacedor admirable, donde está la hartura y verdadera fortaleza. Así que, sorprendido de error al hablar del cielo y de las estrellas, y del curso del sol y de la luna, aunque tales cosas no pertenezcan a la doctrina de la religión, claramente se descubre ser sacrílego su atrevimiento al decir cosas no sólo ignoradas, sino también falsas, y esto con tan vesana vanidad de soberbia que pretendiera se las tomasen como salidas de boca de una persona divina. Ya tenía yo los oídos hartos de tales cosas, y ni me parecían mejores por estar mejor dichas, ni más verdaderas por estar mejor expuestas, ni su alma más sabia por ser más agraciado su rostro y pulido su lenguaje. Aun por esto me agradó mucho más por ser la modestia de un alma que se conoce más hermosa que las mismas cosas que deseba conocer.<br><br>Cometen además con increíble estupidez multitud de insolencias, que deberían ser castigadas por las leyes, de no patrocinarles la costumbre, la cual los muestra tanto más, miserables cuanto cometen ya como lícito lo que no lo será nunca por tu ley eterna, y creen hacer impunemente tales cosas, cuando la ceguedad con que las hacen es su mayor castigo, padeciendo ellos incomparablemente mayores males de los que hacen.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:05:45 UTC</pubDate>
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         <title>Libro sexto</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006033348</link>
         <description><![CDATA[<div>Ya había venido a mi lado la madre, fuerte por su piedad, siguiéndome por mar y tierra, segura de ti en todos los peligros tanto, que hasta en las tormentas que padecieron en el mar era ella quien animaba a los marineros-siendo así que suelen ser éstos quienes animan a los navegantes desconocedores del mar cuando se turban-, prometiéndoles que llegarían con felicidad al término de su viaje, porque así se lo habías prometido tú en una visión. Antes bien, porque estaba cierta de que le habías de dar lo que restaba -pues 1e habías prometido concedérselo todo-, me respondió con mucho sosiego y con el corazón lleno de confianza, que ella creía, en Cristo que antes de salir de esta vida me había de ver católico fiel. cuando me encontraba con él solía muchas veces prorrumpir en alabanzas de ella, felicitándome por tener tal madre, ignorando él qué hijo tenía ella en mí, que dudaba de todas aquellas cosas y creía era imposible hallar la verdadera senda de la vida. Ya había hecho la petición, ya se me había concedido la demanda, sobre todo siendo mi madre la que principalmente se movía en esto, esperando que una vez casado sería regenerado por las aguas saludables del bautismo, alegrándose de verme cada día más apto para éste y que se cumplían con mi fe sus votos y tus promesas.<br><br>De aquí vuelta otra vez a nuestros suspiros y gemidos y a caminar por las anchas y trilladas sendas del siglo, porque había en nuestro corazón muchos pensamientos, mas tu consejo permanece eternamente. Entre tanto multiplicábanse mis pecados, y, arrancada de mi lado, como un impedimento para el matrimonio, aquella con quien yo solía partir mi lecho, mi corazón, sajado por aquella parte que le estaba pegado, me había quedado llagado y manaba sangre.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:10:47 UTC</pubDate>
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         <title>Libro séptimo</title>
         <author>efrainreyes1</author>
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         <description><![CDATA[<div>Pero tampoco yo, aun cuando afirmaba y creía firmemente que tú, nuestro Señor y Dios verdadero, creador de nuestras almas y de nuestros cuerpos, y no sólo de nuestras almas y de nuestros cuerpos, sino también de todos los seres y cosas, eras incontaminable, inalterable y bajo ningún concepto mudable, tenía por averiguada y explicada la causa del mal. Sin embargo, cualquiera que ella fuese, veía que debía buscarse de modo que no me viera obligado por su causa a creer mudable a Dios inmutable, no fuera que llegara a ser yo mismo lo que buscaba. Y en ellos leí-no ciertamente con estas palabras, pero sí sustancialmente lo mismo, apoyado con muchas y diversas razones-que en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios. Y Dios era el Verbo, Este estaba desde el principio en Dios.<br><br>Mas que el vino a casa propia y los suyos no le recibieron, y que a cuantos le recibieron les dio potestad de hacerse hijos de Dios creyendo en su nombre, no lo leí allí. También leí allí que el Verbo, Dios, no nació de carne ni de sangre, ni por voluntad de varón, ni por voluntad de carne, sino de Dios. Hijo tiene la forma del Padre y que no fue rapiña juzgarse igual a Dios por tener la misma naturaleza que él. Mas no puse los ojos en los ídolos de los egipcios, a quienes ofrecían tu oro los que mudaron la verdad de Dios en mentira y dieron culto y sirvieron a la criatura más bien que al creador.<br><br>Mas para mí el bien está en adherirme a Dios, porque, si no permanezco en él, tampoco podré permanecer en mí. Y porque no hiciste todas las cosas iguales, por eso todas ellas son, porque cada una por sí es buena y todas juntas muy buenas, porque nuestro Dios hizo todas las cosas buenas en extremo. Pero yo, que no era humilde, no tenía a Jesús humilde por mi Dios, ni sabía de qué cosa pudiera ser maestra su flaqueza.<br><br></div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:13:16 UTC</pubDate>
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         <title>Libro octavo</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006037363</link>
         <description><![CDATA[<div>&nbsp;Bendito sea el Señor, en el cielo Tus palabras, Señor, se habían pegado a mis entrañas y por todas partes me veía como en espejo, y así no tenía ya la menor duda sobre la sustancia incorruptible, por proceder de ella toda sustancia; ni lo que deseaba era estar más cierto de ti, sino más estable Simpliciano, que aparecía a mis ojos como un buen siervo tuyo y en el que brillaba tu Había, oído también de él que desde su juventud vivía devotísimamente y como entonces era ya anciano, parecíame que en edad tan larga, empleada en el estudio de tu vida Por eso quería yo conferir con él mis inquietudes, para que me indicase qué método de vida todavía fuertemente ligado a la mujer; y como el Apóstol no me prohibía casarme, bien que me exhortara a seguir lo mejor al desear vivísimamente que todos los hombres fueran como él, yo ,como más flaco, escogía el partido más fácil, y por esta causa me volvía tardo en las aquellas cosas que yo no quería padecer algo inherente a la vida conyugal, a la cual Había oído de boca de la Verdad que hay eunucos que se han mutilado a sí mismos por el reino de los cielos, bien que añadió que lo haga quien pueda hacerlo .&nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:17:41 UTC</pubDate>
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         <title>Libro noveno</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006038215</link>
         <description><![CDATA[<div>Tal vez dirá alguno de tus siervos, mis hermanos, que pequé en esto, porque, estando ya con el corazón lleno de deseos de servirte, soporté estar una hora más siquiera sentado en la cátedra de la mentira. Allí vive –porque ¿qué otro lugar convenía a un alma como esa?–, allí vive, de donde salía preguntarme muchas cosas a mi, hombrecillo inexperto. Tú, que haces morar en una misma casa a los de un solo corazón, nos uniste también a Evodio, joven de nuestro municipio, quien, militando como «agente de negocios», antes que nosotros se había convertido a ti y se había bautizado y, abandonada la milicia del siglo, se había alistado en la tuya. Mas no callaré lo que mi alma me sugiera de aquella, tu sierva, que me engendró en la carne para que naciera a la luz temporal, y en su corazón para que naciera a la luz eterna.<br><br>Tal era aquélla, adoctrinada por ti, maestro interior, en la escuela de su corazón. Por último, consiguió también ganar para ti a su marido al fin de su vida, no teniendo que lamentar en él siendo fiel lo que había tolerado siendo infiel. Estando ya inminente el día en que había de salir de esta vida –que tú, Señor, conocías, y nosotros ignorábamos–, sucedió a lo que yo creo, disponiéndolo tú por tus modos ocultos, que nos hallásemos solos yo y ella apoyados sobre una ventana, desde donde se contemplaba un huerto o jardín que había dentro de la casa, allí en Ostia Tiberina, donde, apartados de las turbas, después de las fatigas de un largo viaje, cogíamos fuerzas para la navegación. Abríamos anhelosos la boca de nuestro corazón hacia aquellos raudales soberanos de tu fuente –de la fuente de vida que está en ti– para que, rociados según nuestra capacidad, nos formásemos de algún modo una idea de algo tan grande.<br><br>Y como llegara nuestro discurso a la conclusión de que cualquier deleite de los sentidos carnales, aunque sea el más grande, revestido del mayor esplendor corpóreo, ante el gozo de aquella vida no sólo no es digno de comparación, sino nisiquiera de ser mencionado, levantándonos con un afecto más ardiente hacia el que es siempre el mismo, recorrimos gradualmente todos los seres corpóreos, hasta el mismo cielo, desde donde el sol y la luna envían sus rayos a la tierra. « Una sola cosa había por la que deseaba detenerme un poco en esta vida, y era verte cristiano católico antes de morir. Mas yo, ¡oh Dios invisible!, meditando en los dones que tú infundes en el corazón de tus fieles y en los frutos admirables que de ellos nacen, me gozaba y te daba gracias recordando lo que sabía del gran cuidado que había tenido siempre de su sepulcro, adquirido y preparado junto al cuerpo de su marido. Porque así como había vivido con él concordísimamente, así quería también –cosa muy propia del alma humana menos deseosa de las cosas divinas– tener aquella dicha y que los hombres recordasen cómo, después de su viaje transmarino, se le había concedido la gracia de que una misma tierra cubriese el polvo conjunto de ambos cónyuges.<br><br>Así, pues, a los nueve días de su enfermedad, a los cincuenta y seis años de su edad y treinta y tres de la mía, fue libertada del cuerpo aquella alma religiosa y pía. Cerraba yo sus ojos, mas una tristeza inmensa afluía a mi corazón, y ya iba a resolverse en lágrimas, cuando al punto mis ojos, al violento imperio de mi alma, reabsorbían su fuente hasta secarla, padeciendo con tal lucha de modo imponderable. De ese modo era también reprimido aquello que había en mí de pueril, y me provocaba al llanto, con la voz juvenil, la voz del corazón, y callaba.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:19:04 UTC</pubDate>
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         <title>Libro decimo</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006039129</link>
         <description><![CDATA[<div>Pregunté a la tierra y me dijo: «No soy yo»; y todas las cosas que hay en ella me confesaron lo mismo.&nbsp; reptiles de alma viva, y me respondieron: «No somos tu Dios; búscale sobre nosotros. » Interrogué a las auras que respiramos, y el aire todo, con sus moradores, me dijo: «Engáñase Anaxímenes: yo no soy tu Dios. » Pregunté al cielo, al sol, a la luna y a las «Tampoco somos nosotros el Dios que buscas», me respondieron.&nbsp;</div><div>&nbsp;Dije entonces a todas las cosas que están fuera de las puertas de mi carne: «Decidme algo de mi Dios, ya que vosotras no lo sois; decidme algo de él. » Y exclamaron todas con hombre. » He aquí, pues, que tengo en mí prestos un cuerpo y un alma; la una, interior; el ¿Por cuál de éstos es por donde debí yo buscar a mi Dios, a quien ya había buscado por los cuerpos desde la tierra al cielo, hasta donde pude enviar los mensajeros Mejor, sin duda, es el elemento interior, porque a él es a quien comunican sus noticias todos los mensajeros corporales, como a presidente y juez, de las respuestas del cielo, de la tierra y de todas las cosas que en ellos se encierran, cuando dicen: El hombre interior es quien conoce estas cosas por ministerio del exterior; yo interior conozco estas cosas; yo, Yo-Alma, por medio del sentido pueden, sí, interrogarla, por percibir por las cosas visibles las invisibles de Dios; más responden éstas a los que interrogan, sino a los que juzgan; ni cambian de voz, esto es, de de una manera y a otro de otra; sino que, apareciendo a ambos, es muda para el uno y habladora para el otro, o mejor dicho, habla a todos, mas sólo aquellos la entienden que Dios el cielo, ni la tierra, ni cuerpo alguno. » Y esto mismo dice la naturaleza de éstos, a quien advierte que la mole es menor en la parte que en el todo.&nbsp;</div><div>&nbsp;Por esta razón eres tú mejor que éstos; a ti te digo; ¡oh alma!, porque tú vivificas la ¿Qué es, por tanto, lo que amo cuando amo yo a mi Dios? Por mi alma misma subiré, pues, a él.&nbsp; Traspasaré esta virtud mía por la que estoy unido al cuerpo y llena su organismo de vida, pues no hallo en ella a mi Dios. &nbsp;</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:20:39 UTC</pubDate>
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         <title>Libro undécimo</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006041021</link>
         <description><![CDATA[<div>Mas si la mente volandera de alguno, vagando por las imágenes de los tiempos anteriores , se admirase de que tú, Dios omnipotente, y omnicreante, y omniteniente, artífice del cielo y de la tierra, dejaste pasar un sinnúmero de’ siglos antes de que hicieses tan gran obra, despierte y advierta que admira cosas falsas. Y, sin embargo, decimos «tiempo largo» y «tiempo breve», lo cual no podemos decirlo más que del tiempo pasado y futuro. Compónese éste, en efecto, de veinticuatro horas entre las nocturnas y diurnas, de las cuales la primera tiene como futuras las restantes, y la última como pasadas todas las demás, y cualquiera de las intermedias tiene delante de ella pretéritas y después de ella futuras. Porque, si se detuviese, podría dividirse en pretérito y futuro, y el presente no tiene espacio ninguno.<br><br>Y, sin embargo, Señor, sentimos los intervalos de los tiempos y los comparamos entre sí, y decirnos que unos son más largos y otros más breves. Luego existen las cosas futuras y las pretéritas. Porque, si son las cosas futuras y pretéritas, quiero saber dónde están. Luego cuando se dice que se ven las cosas futuras, no se ven estas mismas, que todavía no son, esto es, las cosas que son futuras, sino a lo más sus causas o signos, que existen ya, y por consiguiente ya no son futuras, sino presentes a los que las ven, y por medio de ellos, concebidos en el alma, son predichos los futuros.<br><br>Dije poco antes que nosotros medimos los tiempos cuando pasan, de modo que podamos decir que este tiempo es doble respecto de otro sencillo, o que este tiempo es igual que aquel otro, y si hay alguna otra cosa que podamos anunciar midiendo las partes del tiempo. Por lo cual, como decía, medimos los tiempos cuando pasan. Luego va de lo que aún no es, pasa por lo que carece de espacio y va a lo que ya no es. Pero tampoco podemos medir el espacio que es nulo.<br><br>Y hablamos «de tiempo y de tiempo» y «de tiempos y tiempos», y «¿en cuánto tiempo dijo aquél esto?», «¿en cuánto tiempo hizo esto aquél ?», y « ¡cuán largo tiempo hace que no vi aquello!», y «esta sílaba tiene doble tiempo respecto de aquella otra breve sencilla». Si fuese lo segundo, no sería un día si hiciese el recorrido de salida a salida en el breve espacio de una hora, sino que tendría el sol que dar veinticuatro vueltas para formar un día. Y si fuesen ambas cosas, ni aquél se llamaría día, en el supuesto que el sol realizara su giro en el espacio de una hora, ni tampoco éste, en el caso en que cesando el sol transcurriese tanto tiempo cuanto éste suele emplear en su recorrido de mañana a mañana. Pero ni aun así llegaremos a una medida fija del tiempo, porque puede suceder que un verso más breve suene durante más largo espacio de tiempo, si se pronuncia más lentamente, que otro más largo, si se recita más aprisa.<br><br>Porque pasando se extendía en cierto espacio de tiempo en que podía ser medida, por no tener el presente espacio alguno. Por esta razón, la voz que no ha sido aún terminada no puede ser medida, de modo que se diga «qué larga o breve es», o denominarse igual a otra, ni sencilla o doble, o cosa semejante, respecto de otra. Y, sin embargo, medimos los tiempos, no aquellos que aún no son, ni aquellos que ya no son, ni aquellos que no se extienden con alguna duración, ni aquellos que no tienen términos. No medimos, pues, ni los tiempos futuros, ni los pretéritos, ni los presentes, ni los que corren.<br><br>Y, sin embargo, medimos los tiempos. En tanto que un sentido fino las acusa, yo mido la sílaba larga por la breve, y noto que la contiene justamente dos veces. Pero cuando suena una despues de otra, si la primera es breve y larga la segunda, ¿cómo podré retener la breve y cómo la aplicaré a la larga para ver que la contiene justamente dos veces, siendo así que la larga no empieza a sonar hasta que no cesa de sonar la breve? Y la misma larga, ¿por ventura la mido presente, siendo así que no la puedo medir sino terminada? y, sin embargo, su terminación es su preterición. Ciertamente que si existe un alma dotada de tanta ciencia presciencia, para quien sean conocidas todas las cosas, pasadas y futuras, como lo es para mí un canto conocidísimo, esta alma es extraordinariamente admirable y estupenda hasta el horror, puesto que nada se le oculta de cuanto se ha realizado y ha de realizarse en los siglos, al modo como no se me oculta a mí, cuando recito dicho canto, qué y cuánto ha pasado de él desde el principio, qué y cuánto resta de él hasta terminar.<br><br>Mas lejos de mí pensar que tú, creador del universo, creador de las almas y de los cuerpos, sí, lejos de mí pensar que tú conozcas así todas las cosas futuras y pretéritas. Porque no sucede en ti, inconmutablemente eterno, esto es, creador verdaderamente eterno de las inteligencias, algo de lo que sucede en el que recita u oye recitar un canto conocido, que con la expectación de las palabras futuras y la memoria de las pasadas varía el afecto y se distiende el sentido.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:24:06 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Libro duodécimo</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006041559</link>
         <description><![CDATA[<div>Y, sin embargo, ¡oh Dios mío, encumbramiento de mi humildad y descanso de mi trabajo, que escuchas mis confesiones y perdonas mis pecados!, puesto que me mandas que ame a mi prójimo como a mí mismo, no puedo creer de tu fidelísimo siervo Moisés que recibiese menos de tu don de lo que yo hubiera optado y deseado me concedieras a mí si hubiera nacido en el tiempo en que él nació y hubiera sido puesto en su lugar, para que por el ministerio de mi corazón y de mi lengua fuesen dispensadas aquellas Letras, que después habían de ser de tanto provecho a todos los pueblos y tanto habían de prevalecer en todo. el orbe por su excelsa autoridad sobre las palabras de todas las falsas y soberbias doctrinas. Hágase tal cosa y tal cosa fue hecha, piensan en palabras comenzadas y terminadas, que sonaron algún tiempo y que pasaron, después de cuyo tránsito comenzó al punto a existir lo que se ordenó que existiese. En las cuales cosas, todavía como pequeños animales, mientras es llevada su flaqueza en este humildísimo género de palabras como en un seno materno, es edificada saludablemente su fe, a fin de que tengan por cierto y retengan que Dios ha hecho todas las naturalezas que sus sentidos contemplan en admirable variedad.<br><br>Pero hay otros para quienes estas palabras no son ya nido, sino cerrado plantel, en las que ven frutos ocultos, y vuelan gozosos, y gorjean buscándolos, y los arrancan. Porque, cuando leen u oyen estas palabras, ven, ¡oh Dios eterno!, que todos los tiempos pasados y futuros son superados por tu permanencia estable, que no hay nada en la creación temporal que tú no hayas hecho, y que, sin cambiar en lo más mínimo ni nacer en ti una voluntad que antes no existiera, por ser tu voluntad una cosa contigo, hiciste todas las cosas, no semejanza tuya sustancial, forma de todas las cosas, sino una desemejanza sacada de la nada, informe, la cual habría de ser luego formada por tu semejanza, retornando a ti, Uno, en la medida ordenada de su capacidad, cuanto a cada una de las cosas se le ha dado dentro de su género. Pero aquel que no entiende de otro modo las palabras «en el principio hizo» que si dijese «primeramente hizo», no tiene manera de entender verazmente las palabras cielo y tierra, sino entendiéndolas de la materia del cielo y de la tierra, esto es, de toda la creación, o lo que es lo mismo, de la creación inteligible y corporal.<br><br>Mas a los pequeñuelos de grandes esperanzas no les aterran estas palabras de tu libro, sencillamente sublimes y copiosamente breves. Mas todos los que en estas palabras han dicho y visto cosas verdaderas, amémonos mutuamente y al mismo tiempo amémoste a ti, Señor Dios nuestro, fuente de toda verdad, si es que tenemos sed de ésta y no de cosas vanas, Y en cuanto a tu siervo, dispensador de esta Escritura, lleno de tu Espíritu, honrémosle de tal modo que creamos que, cuando tú le inspirabas al escribir estas cosas, tenía la vista puesta en aquello que principalísimamente sobresale en ellas por la luz de la verdad y el fruto de la utilidad.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:25:06 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>Libro decimotercero</title>
         <author>efrainreyes1</author>
         <link>https://padlet.com/efrainreyes1/3xze46gidfol8oye/wish/2006042745</link>
         <description><![CDATA[<div>Mas su bien está en adherirse a ti siempre, para que con la aversión no pierda la luz que alcanzó con la conversión, y vuelva a caer en aquella vida semejante al abismo tenebroso. Porque también nosotros, que en cuanto al alma somos creación espiritual, apartados de ti, nuestra luz, «fuimos algún tiempo en esta vida tinieblas», y aun al presente luchamos contra los restos de esta nuestra oscuridad, hasta ser justicia tuya, en tu Unico, como montes de Dios, ya que antes fuimos juicios tuyos, como abismo profundo. Pero así como no había merecido de ti ser tal la vida que pudiera ser iluminada, así tampoco, siendo ya, pudo merecer de ti el ser iluminada. Mas tu Espíritu bueno era sobrellevado sobre las aguas, no llevado por ellas, como si en ellas descansara.<br><br>Porque en quienes se dice que descansa tu espíritu, a estos tales les hace descansar en sí. Mas tu voluntad era sobrellevada incorruptible e incontaminable, bastándose ella misma en sí para sí, sobre aquella vida que habías creado, y para la cual no es lo mismo vivir que vivir felizmente, porque vive aun flotando en su oscuridad, y a la que resta convertirse a aquel por quien ha sido hecha, y vivir más y más en la fuente de la vida, y ver en su luz la luz, y así perfeccionarse, ilustrarse y ser feliz. Muchas cosas hemos dicho ya del cielo del cielo, y de la tierra invisible e incompuesta, y del abismo tenebroso según la defectibilidad vagarosa de la informidad espiritual en que hubiera permanecido si no se hubiese convertido a aquel que la había dado aquella especie de vida y mediante la iluminación se hubiese hecho vida hermosa y llegado a ser cielo del cielo de aquel que después fue hecho entre agua y agua. No puedo medir a ciencia cierta cuánto me falta del amor para que sea bastante, a fin de que mi vida corra entre tus abrazos y no me aparte hasta que sea escondida en lo escondido de tu rostro.<br><br>El amor nos levanta a allí y tu Espíritu bueno exalta nuestra humildad de las puertas de la muerte. Vea, por tanto, quien pueda, en estas tres cosas, cuán inseparable sea la vida, siendo una la vida, y una la mente, y una la esencia, y cuán, finalmente, inseparable de ella la distinción, no obstante que existe la distinción. También nosotros las vemos, y nos parecen todas muy buenas. Siete veces he contado que dice la Escritura que viste que era bueno lo que creaste, y la octava nos dices que viste todas las cosas que hiciste y que no sólo eran buenas, sino muy buenas, todas ellas en conjunto.<br><br>Locos, dicen estas cosas porque no ven tus obras a través de tu Espíritu, ni te conocen en ellas. Mas los que las ven a través de tu Espíritu, tú eres quien las ves en ellos. Y, por tanto, cuando ellos ven que son buenas, tú eres quien ve que son buenas, y cualesquiera que por ti lea plazcan, tú eres quien les place en ellas, y los que por tu Espíritu nos placen, a ti te placen en nosotros. Espíritu de Dios.<br><br>Así, cuanto ven en el Espíritu de Dios que es bueno, no son ellos, sino es Dios el que ve que es bueno. Vemos estas cosas, cada una por sí buena y todas juntas muy buenas. También consideramos la significación por qué cosas quisiste que éstas fueren hechas con tal orden o con tal orden descritas, y vimos, por ser cada cosa buena y todas juntas muy buenas, significada en tu Verbo, en tu Unico, el cielo y la tierra, la cabeza y cuerpo de la Iglesia, en la predestinación anterior a todos los tiempos sin mañana ni tarde. Luego encendiste ciertos luminares en el firmamento, tus santos, que tienen palabra de vida, y, llenos de dones espirituales, brillan con soberana autoridad.<br><br>Vemos todas estas cosas y todas son muy buenas, porque tú las ves en nosotros, tú que nos diste el Espíritu con que las viéramos y en ellas te amáramos.</div>]]></description>
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         <pubDate>2022-01-22 03:27:18 UTC</pubDate>
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