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      <title>Ecuaristía by Gustavo Manuel García Orellana</title>
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      <description>El domingo y la eucaristía y la eucaristía, anticipo del reino de Dios en plenitud</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2021-08-02 15:52:08 UTC</pubDate>
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         <title>El domingo y la eucaristía</title>
         <author>17025139</author>
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         <description><![CDATA[<div>Sentido de la Misa del domingo<br>La gente va menos a Misa que hace unos años. ¿Por qué? "Creo que depende mucho de la experiencia y tradición familiar y social de la que participa cada persona", dice una mujer que comenzó a ir con sus padres a Misa y que después, al profundizar en la fe, vio que "empezaba a tener otro sentido, un sentido de compromiso, me sentí más implicada... descubrí el valor de la Eucaristía como un encuentro con Cristo..."<br><strong>a) Hemos de conocer lo esencial de la vida<br></strong>Muchas veces vamos por la vida buscando la felicidad, y no la encontramos... más tarde, nos damos cuenta de que estaba allí al lado, en las cosas pequeñas de cada día, en las cosas obvias (que son las que olvidamos más fácilmente, y así nos va...) como el sentido religioso, su sentido trascendente (olvidamos las cosas que no tienen sentido de beneficio práctico con la excusa de que "no sirven para nada", cuando son las que más sirven).<br><strong>b) La necesidad de dar culto a Dios está en lo más profundo de nuestro interior<br></strong>Cuando no le damos salida religiosa, se proyecta en formas de supersticiones varias, idolatrías de todo tipo, sectas variopintas pero peligrosas algunas de ellas, o una apatía brutal por la que no se ve sentido a nada...). Estamos en una época de "complejidad", en la que hay avances técnicos de todo tipo (nuclear, genético, informática...) y en medio del estado de bienestar, muchos de nuestros compañeros de viaje están prisioneros de la angustia ante el futuro, tienen miedos, incluso miedo a vivir. La religión pertenece a las cosas importantes de la vida.<br><strong>c) Redescubrir el domingo es algo vital<br></strong>Una educación que para muchos viene desde la infancia: "para mí, ir a Misa es una cosa tan natural como el respirar o el querer. Desde pequeños nos acostumbramos, y la Misa del domingo formaba parte de nuestra vida. Unos días íbamos más a gusto y otros no, pero no lo dejábamos". Mucho más teniendo en cuenta que la "motivación sociológica" cuenta mucho, y se encontrarán los hijos en una sociedad en la que hay unas modas -verdaderas dictaduras culturales- en la que ir a Misa "no está bien visto", y el adolescente queda coaccionado por el "qué dirán", "no van los jóvenes".</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-02 15:59:16 UTC</pubDate>
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         <title>La eucaristía, anticipo del reino de Dios en plenitud</title>
         <author>17025139</author>
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         <description><![CDATA[<div><strong>1.-</strong> "En la liturgia terrena participamos, pregustándola, en la celeste" (SC n.8; cfr GS n. 38). Estas palabras tan límpidas y esenciales del Concilio Vaticano II nos presentan una dimensión fundamental de la Eucaristía: su ser «futurae gloriae pignus», prenda de la gloria futura, según una bella expresión de la tradición cristiana (cfr SC n. 47). La comunión con Cristo que ahora vivimos mientras somos peregrinos y viandantes en los caminos de la historia anticipa el encuentro supremo del día en que «nosotros seremos semejantes a él, porque lo veremos como él es» (1 Job 3,2). <br><strong>2.</strong> Es este también el sentido profundo del maná dado por Dios en las estepas del Sinaí, «alimento de los ángeles», capaz de procurar toda delicia y satisfacer todo gusto, manifestación de la dulzura (de Dios) hacia sus hijos (cfr Sap 16,20-21).&nbsp; Es él quien nos hace gustar en la Eucaristía el doble sabor del alimento del peregrino y alimento de la plenitud mesiánica en la eternidad (cfr Is 25,6).&nbsp; Como Cristo ha vivido en la carne permaneciendo en la gloria de Hijo de Dios, así la Eucaristía es presencia divina y trascendente, comunión con lo eterno, signo de la «compenetración entre ciudad terrena y ciudad celeste» (GS n.40). La Eucaristía, memorial de la Pascua de Cristo, es por su naturaleza aportadora de lo eterno y de lo infinito en la historia humana.<br><strong>3.-</strong> Este aspecto que abre la Eucaristía al futuro de Dios, aún dejándola anclada en la realidad presente, es ilustrado por las palabras que Jesús pronuncia sobre el cáliz del vino en la última cena (cfr Lc 22,20; 1Cor 11,25). Marcos y Mateo evocan en aquellas mismas palabras la alianza en la sangre de los sacrificios del Sinaí (cfr Mc 14,24; Mt 26,28; cfr Es 24,8). Lucas y Pablo, en cambio, revelan el cumplimiento de la “nueva alianza” anunciada por el profeta Jeremías: «He aqupí que vendrán días –dice el Señor– en los que con la Casa de Israel y de Judá yo haré una nueva alianza, no como la alianza hecha con vuestros padres» (31,31-32). <br>Son todavía Lucas y Pablo quienes subrayan que la Eucaristía es anticipación del horizonte de luz gloriosa propia del reino de Dios. Antes de la Ultima Cena, Jesús declara: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con vosotros, antes de mi pasión; porque os digo: no la comeré más hasta que se cumpla en el reino de Dios. <br><strong>4.-</strong> El cuarto evangelista, Juan, exalta esta tensión de la Eucaristía hacia la plenitud del reino de Dios en el discurso sobre el «pan de vida», que Jesús tiene en la sinagoga de Cafarnaum. El símbolo por el tomado como punto de referencia bíblica es, como ya se sugería, el del maná ofrecido por Dios a Israel peregrino en el desierto. A propósito de la Eucaristía, Jesús afirma solemnemente: «Si uno come de este pan vivirá eternamente (…). Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día (…). Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron. Quien come de este pan vivirá para siempre» (Juan 6,51.54.58). La «vida eterna», en el lenguaje del cuarto evangelio, es la misma vida divina que traspasa las fronteras del tiempo. <br><strong>5.-</strong> A esta luz –como decía sugestivamente un teólogo ruso, Sergej Bulgakov– «la liturgia es el cielo sobre la tierra». Por esto en la Carta Apostólica Dies Domini, retomando las palabras de Pablo VI, he exhortado a los cristianos a no descuidar «este encuentro, este banquete que Cristo nos prepara en su amor. ¡Que la participación en él sea al mismo tiempo dignísima y alegre! Es el Cristo, crucificado y glorificado, quien pasa en medio de sus discípulos, para arrastrarlos juntos en la renovación de su resurrección. Es el culmen, aqui abajo, de la alianza de amor entre Dios y su pueblo: signo y fuente de alegría cristiana, etapa de la fiesta eterna» (Gaudete in Domino, conclusión; Dies Domini 58).</div>]]></description>
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         <pubDate>2021-08-02 16:04:38 UTC</pubDate>
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