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      <title>ESEM I: Hola , esperemos que con estas actividades extra, puedan cursar y concluir con éxito su curso de 5o grado. Solo sigue las indicaciones, y no olvides que todas estas actividades tendran un valor porcentual y será la evidencia de que entregarón a su Portafolio. by fernando historia</title>
      <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8</link>
      <description></description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2015-11-14 00:13:24 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2023-04-18 09:27:45 UTC</lastBuildDate>
      <webMaster>hello@padlet.com</webMaster>
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      <item>
         <title>Estimado alumno/alumna, antes de subir tu cuadro lee perfectamente las instrucciones y la lista de cotejo con la que seras evaluada para que no exista ninguna duda de como se te evaluará.</title>
         <author>ferchocante41</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/84060106</link>
         <description><![CDATA[<p><b>ANTOLOGIA DEL </b><b style="font-size: 13px;">PROGRAMA </b><b style="font-size: 13px;">ENTORNO Y </b><b style="font-size: 13px;">PROYECTO DE VIDA (ESEM-I)</b></p><p><b>Bloque III</b></p><p><b>“</b><b><u>DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO”</u></b></p>
<p><b style="font-size: 13px;">QUINTO SEMESTRE   </b><b style="font-size: 13px;">CIENCIAS SOCIALES</b></p>
<table>
 <tbody><tr>
  <td><b style="font-size: 13px;">Referencia bibliográfica</b><span style="font-size: 13px;">: CRESPO, José Antonio.&nbsp; “Democracia, acción Ciudadana Vida</span><p>  Cotidiana, en: Los Derechos Humanos” México, Centro de Investigaciones
  Interdisciplinarias en Humanidades, UNAM.&nbsp; pp. 81-113.</p></td></tr></tbody></table><p><b>Instrucciones</b>: <b>Elaborar un cuadro ilustrado con las principales
características de la democracia.</b> Para ello,&nbsp; leerán el texto “<i>Democracia,
Acción ciudadana y vida cotidiana</i>” de&nbsp; de José Antonio Crespo, página
(81-113) y <b>realizarán las</b> actividades solicitadas en el&nbsp;<b><i>andamio 10</i>.Propósito</b>:
Que el alumno identifique las características de la democracia en toda acción
ciudadana.</p>
<p><b>“DEMOCRACIA,
ACCIÓN CIUDADANA&nbsp; Y VIDA COTIDIANA”</b></p>
<p><b>INTRODUCCIÓN</b></p>
<p>La democracia política suele ser
entendida, en general como la forma de organización del poder público orientaba
a prevenir, dentro de lo posible, el abuso del poder por parte de quienes lo
detectan, para conciliar en algún grado satisfactorio la contradicción natural
entre los intereses particulares de los gobernantes y el interés global de la
comunidad
social.&nbsp;</p>

<p>Los diversos arreglos institucionales
de la democracia político-representativa, como es la separación de
poderes,&nbsp; los límites constitucionales al ejercicio del poder, la
universidad de la ley, la descentralización administrativa, el sufragio libre
como mecanismo de selección de gobernantes, la circulación periódica de las
élites, la libertad de expresión e información, etcétera, no son sino los
medios más idóneos encontrados hasta ahora para facilitar la responsabilidad
pública de los gobernantes. Cuando existen tales mecanismos, es posible inducir
a los gobernantes a ejercer el poder dentro de ciertos límites que resulten
tolerables al conjunto de la llamada sociedad civil, es decir, aquella parte de
la comunidad política que no está integrada de manera formal a las
instituciones estatales.&nbsp;</p>

<p>La democracia pretende desarrollar un
complejo institucional tal, que el interés personalista de los gobernantes y
políticos logre equilibrarse con el bienestar ciudadano. Así bajo las reglas de
la democracia, la conducta más racional para el interés particular de un
gobernante será aquella que para el interés particular de un gobernante será
aquella que en condiciones normales también convenga más el resto de la
ciudanía, al menos como tendencia general. Por eso es que la pluralidad
política y libre competencia constituyen un requisito para que el esquema
funcione, al menos en una medida aceptable. Las reglas del libre mercado
económico, que señalan que conforme&nbsp; haya una pluralidad de competidores
se puede moderar el beneficio de los oferentes en protección de los
consumidores, operan de manera parecida en la democracia política, la cual
después de todo no es sino la expresión política del liberalismo.</p>

<p>El propósito de este trabajo es
reflexionar, a partir del enfoque realista de la democracia y con base en
evidencia empírica disponible, acerca de la importancia que tiene la
participación ciudadana en la instauración y mantenimiento de un régimen
democrático. Se verá, además de qué manera en México tales principios generales
están fundamentalmente desvirtuados, dadas las peculiaridades del sistema
político mexicano, concebidos básicamente como un autoritarismo, pero
relativamente más flexibles, adaptables e institucionalizados. Esta situación
genera un problema básico desde el puto de vista ciudadano: la necesidad de
movilización para frenar el abuso de poder se hace menos urgente&nbsp; que en
otros autoritarismos más represivos, pero, paradójicamente, el nivel de
movilización para obligar al régimen a su democratización es mayor, dadas las
fugas y válvulas de escape de la que dispone el régimen priista, fenómeno que
contribuye frente al empuje ciudadano.</p>

<p>Hay dos premisas esenciales que
subyacen en la filosofía política de la
democracia.&nbsp;
&nbsp;</p>

<p><b>1)</b>&nbsp;Las
democracia política, vista desde la corriente del realismo político (en cuya
tradición se ubican alguno de los más destacados teóricos de las democracia
moderna como Maquiavelo, John Locke, Thomas Jefferson y James Madison),
presupone una naturaleza humana predominantemente individualista, egoísta y
racional, cuya motivación fundamental responde a las necesidades y ambiciones
personales. .La corriente realista reconoce ciertamente excepciones, pero al
serlo, no pueden ser tomadas como fundamento de una organización social de
vastas proporciones.</p>

<p>&nbsp;El sistema de controles, frenos y
balanzas, característico de la democracia, responden precisamente a esta
tendencia egoísta de la mayoría de los seres humanos. “Si los hombres fueran
ángeles- dice Madison- ningún gobierno sería necesario.” No siéndolo, es
necesario limitar el ejerció del poder, y establecer un sistema institucional
del que se deriven consecuencias, positivas o negativas, al desempeño político
de los gobernantes. Ésa es la esencia de la democracia. Incluso, “si los
ángeles gobernaran a los hombres – otra vez Madison- no se requería de ningún
control externo o interno sobre el gobierno”.&nbsp;</p>

<p><b>2)</b>&nbsp;La
segunda idea central de la democracia es que el individuo constituye el centro
y el objeto primordial de la actividad política y, por supuesto, de la
democracia. En este sentido, la democracia trata de salvaguardar los derechos y
el bienestar de cada uno de los miembros de la comunidad política frente a sus
congéneres y el Estado. En principio la mejor forma de salvaguardar el interés
personal, es permitiendo que cada quien tome las decisiones que le competen y
le afectan, o participe en aquella que repercutirán en toda la colectividad de
la que forma parte. Pero en una sociedad compleja eso se ha mostrado poco menos
que imposible, además de que, en ciertas condiciones, sería perjudicial para la
vida política, de ahí que el ideal democrático de la participación directa de
todos los ciudadanos hubiese de adaptarse a los nacientes Estados nacionales de
siglo XVII, a través de la democracia representativa. Esta presupone la
extracción temporal de una reducida élite popularmente electa y políticamente
responsable ante la ciudadanía, para tomar las decisiones colectivas y de
carácter público.</p>

<p>Esta segunda conclusión surgió a partir
de la siguiente secuencia lógica:&nbsp;<b>a)</b>&nbsp;Mientras más amplia y
compleja es&nbsp; la comunidad a gobernarse, mayores son los costos&nbsp; de la
participación&nbsp; de todos&nbsp; los componentes ( en términos del tiempo y
el esfuerzo necesarios para adoptar una decisión), al grado en que mas&nbsp;
allá de cierto punto, la toma de decisiones se vuelve no solo poco rentable,
sino imposible. Esa parálisis vuelve no sólo poco rentable, sino imposible. Esa
parálisis equivale a la anarquía, entendida como ingobernabilidad e
inestabilidad social.&nbsp; De ahí la conveniencia- incluso necesidad-
disminuir el cuerpo facultado para tomar decisiones.&nbsp;<b>b)</b>&nbsp;Por
otro lado, mientras menor esa la élite encargada de tales funciones públicas,
mayor será la probabilidad de que se tomen decisiones que favorezcan a unos
pocos, relegando el interés de la mayoría precisamente; la mayoría excluida, la
ciudanía común. Se establece así de&nbsp; un continuo de participación
ciudadana, uno de cuyos polos es&nbsp; la participación de todos, lo que
provocará la parálisis en organismos complejos y el otro aparece con la
participación de uno solo (o un grupo reducido), que decide por todos. En este
último caso, el riesgo que se tomen decisiones que le favorecen a él,&nbsp; a
despecho del interés de los demás, es considerable (a no ser que ese
individuo&nbsp; o grupo que represente unas de las épocas excepciones al
egoísmo humano, como era el rey filósofo que pinto Platón en su República).</p>

<p>En la gráfica 1 puede observase que el
punto de equilibrio que idealmente eliminaría las desventajas&nbsp; de los
extremos en que se encuentra (es decir, la anarquía y el despotismo)&nbsp; los
provee la democracia representativa. Esta proporciona mecanismos apropiados de
selección de una élite gobernante en forma libre y competitiva, de modo&nbsp;
que sea posible llegar&nbsp; a decisiones (es decir, que haya&nbsp;
gobernabilidad), y al mismo tiempo la pone bajo&nbsp; cierto control del resto
de los ciudadanos (es decir,&nbsp; lo hace responsables públicamente).</p>

<p>Esto son los objetivos clásicos de la
representación política a través de mecanismo que obliguen a los&nbsp;
representantes a tomar en cuenta las demandas e intereses de la colectividad
general, o al menos del sector social que los eligió. Las tendencias
predominantemente particularista de los individuos genera la enorme posibilidad
de que&nbsp; una vez electo, los representantes&nbsp; den olvido a las
desmandas e intereses de sus representados. De ahí la necesidad de dispositivos
adicionales para garantizar el cumplimientos de su compromiso público, como la
división de poderes, la libertad de información y la renovación periódica de
los cargos de elección popular. Se establecen así estímulos y castigos de tipo
legal y político a la actuación de cada representante de modo que se ve
obligado a considerar el interés ciudadanos en el ejercicio del poder.</p>

<p>Sin embargo, este esquema solo puede
funcionar, en principio, si se mantiene un nivel determinado de participación
ciudadana, ni muy alto ni muy bajo. Si dicho nivel es muy alto, sobreviene la
ingobernabilidad, y si es muy bajo,&nbsp; el despotismo será la consecuencia
más probable, pese a que la estructura institucional sea formalmente
democrática. En este último caso, el proceso de vigilancias sobres los
gobernantes quedará desvirtuados, y estos podrán ejercer el poder con impunidad
y de manera particularista. El equilibrio democrático, como todos los
equilibrios, es el más difícil de conseguir y sobre todo mantener. De ahí la rareza
de las democracias en la historia. La acción gubernamental en cualquier tipo de
régimen político, por su propia esencia,&nbsp; tiende a ir en sentido contrario
a la participación ciudadana plenamente autónoma, por lo que suele favorecer,
consciente o inconscientemente, el desarrollo del despotismo. Dicha tendencias
de los gobiernos ha de ser contrarrestada con la acción cívica de la ciudanía
para salvaguardar&nbsp; sus intereses básicos frente a los particulares de los
gobernantes. La&nbsp; democracia prevalece cuando&nbsp; existe un equilibrio
mínimo entre estas dos tendencias opuestas.&nbsp; Cuando una de ellas prevalece
por encima de la otra, se caerá en alguno de los dos extremos mencionados.</p>

<p>La dificultad de mantener la&nbsp;
democracia aumenta si se toma en cuenta que&nbsp; incluso dentro del modelo
democrático en la sociedad de masas de la era moderna, prevalece la tendencia a
concentrar los hilos de poder&nbsp; en pocas manos, de modo que se aplica la
famosa “ley de hierro de la oligarquía”&nbsp; del sociólogo Alemán Robert
Michels, que solo una regular participación ciudadana puede mitigar, para
conciliar de manera más o menos suficiente el interés personal de gobernantes y
ciudadanos. Surge la paradoja de que, siendo la ciudadanía&nbsp; el objeto
central de la democracia, su carácter representativo deja en pequeñas elites el
mayor peso en las funciones gubernamentales. Por diversas razones la ciudadanía
se encuentra en una situación menos favorable para la promoción y defensa de
sus intereses frente al Estado, y con toda la teoría democrática&nbsp; insiste
en la necesidad vital de cierto grado&nbsp; de participación ciudadana para la
sobrevivencia de&nbsp; este&nbsp; régimen y su funcionamiento
satisfactorio.</p>

<p><b>LA ELITIZACIÓN DE LA POLÍTICA</b></p>

<p>En las organizaciones complejas -y no
solo en ellas- existe una tendencia a constreñir la participación política a
ciertos grupos&nbsp; e individuos en exclusión fundamental del resto de sus
miembros. Los diversos teóricos de las élites (entre los que destaca&nbsp;
Gaetano Mosca, Wilfredo Pareto , Robert Michels, y en más de un sentido Max Weber)
estudiaron con profundidad esta tendencia hacia&nbsp; la concentración de los
medios necesarios&nbsp; para gobernar en pocas manos, y su utilización para la
preservación en el poder. Si acaso, una elite política podría ser sustituida
por otra, pero difícilmente por la comunidad general. Son diversos los
elementos que contribuyen a explicar esta tendencia elitista de la política. En
principio, hay algunos individuos mejor dispuestos para el ejercicio del
liderazgo, y más motivados&nbsp; que otros para buscar el poder y sus
beneficios con concomitantes.</p>
<p>Por otro lado, la búsqueda del poder
exige cierto precio, que no todos estarían dispuestos a pagar: tiempo, energía,
riesgos, esfuerzo, y la disposición&nbsp; a recurrir a cualquier medio
necesario para alcanzar el poder por encima de escrúpulos morales, todos ellos
son costos de la competencia política, señalados por diversos filósofos
realistas. Los escrúpulos y la moral humanista o parecen ser los mejores
consejeros para el éxito político, salvo en condiciones excepcionales. Los
riesgos que en ciertas circunstancias deben&nbsp;correrse&nbsp; pueden
llegar&nbsp; también a ser llevados. Maquiavelo recomendaba alejarse del poder
a quien deseara llevar una vida honesta y cristiana, pues la lucha política
exigía medios frecuentemente alejados de la ética y el humanismo:</p>

<p>Son estos medios crudelísimos, no sólo
anticristianos sino inhumanos; todos deben evitarlos prefiriendo la vida&nbsp;
de ciudadano a ser rey a costa de tanta destrucción del hombre. Quien no quiera
seguir este buen camino&nbsp; y desee conservar la dominación, necesita
ejecutar dichas maldades.</p>

<p>Todo lo anterior sugiere la existencia
de algo así como una “selección natural” del liderazgo político, en el que sólo
unos cuantos individuos tienen las aptitudes y/o la disposición emocional
necesarias para gobernar, y asumir los riesgos y costos que ello implica. De
modo que la mayor parte de ciudadanos, incluso en los regímenes democráticos,
opta por la autoexclusión para ser dirigentes políticos o
gobernantes.&nbsp;
&nbsp;</p>

<p>Las características de las
organizaciones sociales, sobre todo complejas y amplias, las necesidad de
concentrar&nbsp; en pocas manos las funciones decisorias para imprimirles
eficacia, la dificultad para allegarse la información relevante y oportuna,
hace otro tanto para excluir a la mayoría ciudadana del centro de las
decisiones políticas. Hay algo más: Thomas Hobbes&nbsp; apuntaba en su Leviatán
que la racionalidad individual y colectiva aconsejaban la búsqueda del orden
social y la protección frente a los demás,&nbsp; aunque ello suponga pagar un
precio en libertad individual, en favor de un Estado eficaz. Si el Estado a su
vez cayera en abuso y arbitrariedad, ello era preferible para cada individuo en
lo particular, siempre y cuando no rebasara cierto límite de tolerancia para el
conjunto de los ciudadanos. De ser así, volvería a ser mejor&nbsp; el caos y la
ingobernabilidad a la tiranía, al menos en lo que se configurase un nuevo
gobierno. Esto es, siempre y cuando un Estado no abuse demasiado de su poder,
será más racional apoyarlo, o tolerarlo, que caer en el desorden. A partir de
ello, puede explicarse que, históricamente, los periodos de estabilidad,
incluso bajo regímenes despóticos, son más prolongados a los periodos de
ingobernabilidad y violencia civil. También ayuda a comprender el porqué,
después de periodos de convulsión&nbsp; revolucionaria, la tendencia ciudadana
acaba por apoyar el surgimiento de un poder fuertemente centralizado y
monopólico.</p>

<p>Todo esto facilita que la balanza de la
participación tienda a desequilibrarse a uno de sus lados: la baja
participación, que favorece el abuso de poder por parte de sus detentadores. El
único antídoto para equilibrar la balanza, previniendo el abuso de poder es,
evidentemente,&nbsp; el incremento de la participación ciudadana, al grado en
que los gobernantes no puedan hacer lo que les plazca, o soslayen los intereses
colectivos sin pagar un precio por ello.</p>

<p>Pero el ciudadano medio, no dedicado a
la política ni interesado mayormente en ejerce directamente el poder, puede
encontrar pocos estímulos y grandes dificultades para desplegar esa
participación. Los costos de ello pueden percibirse como superiores&nbsp; a los
beneficios esperados de la actividad política, al contrario de lo que ocurre
con los políticos profesionales, que esperan, y frecuentemente reciben, altos
dividendos de su participación. De ahí que surja un círculo vicioso de no fácil
disolución, favorable al despotismo y contrario al interés del ciudadano medio.
Se puede decir, en resumen, que la actividad política genera una fuerte
tendencia hacia la concentración del poder que favorece el descuido de los
intereses colectivos por parte de los gobernantes en turno.</p>

<p>El valor de la democracia política
consiste en que propone un ordenamiento institucional tal, que logra reducir
significativamente al nivel necesario la participación ciudadana para prevenir,
de manera sustancial, el abuso del poder y la arbitrariedad por parte de
quienes controlan el Estados.&nbsp;
&nbsp;Esto
es, gracias a la democracia, es posible mantener un nivel&nbsp; mínimo
suficiente de responsabilidad pública con un nivel relativamente bajo de
participación ciudadana. Sin embargo, la instauración y consolidación de tal
ordenamiento requiere, a su vez, de condiciones políticas especificas, y suele
exigir en un principio grandes costos y esfuerzos por parte de la ciudadanía.
Es decir, un nivel relativamente alto de participación&nbsp; política es
necesario en un punto de evolución política, para después hacer prescindible,
siempre relativamente, una participación cotidiana e intensa por parte de los ciudadanos.
Esto es, una democracia eficaz, una ves en marcha, logra reducir
significativamente los costos individuales de la participación, pero al mismo
tiempo disminuye la urgencia de la misma. Debe por tanto buscar un punto de
equilibrio, en donde la motivación del ciudadano medio para participar coincida
con su disposición mínima para
ello.&nbsp;</p>

<p><b>LA MOTIVACIÓN DE LOS CIUDADANOS</b></p>

<p>Al hacer la distinción entre ciudadanía
por un lado, y&nbsp; gobierno por otro, y al señalar las tendencias de los
gobernantes a utilizar su posición política en provecho propio, no hay la
intención maniquea&nbsp; que a veces aparece en la literatura de los movimientos
populares y democráticos. La ciudadanía o el pueblo no necesariamente están
sacralizados con un manto de honestidad, altruismo y elevados ideales, frente
al particularismo y mezquindad de los políticos profesionales. Los ciudadanos
también suelen buscar sus intereses más personales&nbsp; e inmediatos. Si los
políticos tienden a abusar del poder, no es por otra razón más que comparten,
como otros ciudadanos, grandes ambiciones personales, pero desde el poder
pueden buscar su satisfacción, más fácilmente que fuera de él. El cálculo
racional del costo-beneficio tiene un papel fundamental en la explicación de la
conducta política de grupos e individuos, estén en el poder o no.</p>

<p>La tendencia hacia la relativa
despolitización ciudadana que aparecen en distintos estudios empíricos incluso
en los países&nbsp; democráticos, se debe en parte a que la relación de
costo-beneficio es distinta entre los políticos profesionales el ciudadano
común. El primero puede esperar enormes beneficios de su actividad política: en
dinero, influencia, poder y prestigio. El segundo, en cambio, en condiciones
normales, probablemente espere beneficiarse de manera menor e indirecta de su
acción cívica, sobre todo en sociedades complejas. Ello depende, desde luego,
de varios factores, como son la estructura política vigente, el nivel
socioeconómico del ciudadano en cuestión, su ocupación profesional, la
coyuntura político-social por la que atraviesa su país, etcétera. Pero en
términos generales, el ciudadano común, incluso en un régimen democrático, tenderá
a dedicarse más de su tiempo y esfuerzo a una actividad que le rinda beneficios
más sustanciales y directos, que a la política, si ésta ofrece beneficios
indirectos y difusos. Si bien esta actividad no está relacionada directamente
con la política, entonces su participación cívica tendrá a ser baja, incluso
quizá nula.</p>

<p>En este sentido, la participación
política ha sido idealizada por diversos enfoques teóricos como algo inherente
a la naturaleza humana, como un resultado óptimo de la modernidad social, o
como consecuencia de los más altos ideales de los individuos. La participación
política se ha presentado como un fin en sí mismo, un bien deseado por los
todos los individuos bajo cualquier circunstancia. La lucha democrática de los
pueblos aparece en esta óptica como la conquista de ese derecho perenne los
individuos. Sin embargo, desde la perspectiva realista, la participación
política es un medio para promover los interese personales o colectivos más
inmediatos, que exige un costo para quien la despliega. Ese costo solo será
asumido cuando se percibe como una inversión con altas probabilidades de ser
redituable. De lo contrario, los ciudadanos rehúyen la participación, pues
puede resultar sumamente gravosa desde una perspectiva personal, en tiempo, esfuerzo,
riesgos, etcétera.</p>

<p>De modo que, en lo posible los
ciudadanos en general tienden a reducir la participación a sus niveles mínimos
necesarios para obtener lo que buscan si los intereses personales fueran
protegidos y promovidos por alguna instancia superior que no exigiera la
necesidad de participar, la mayoría quizá optaría por una menor presencia por
una menor presencia en la arena política. La participación en términos
generales es entonces más que de un objetivo&nbsp;<i>per se</i>, de un medio
necesario - aunque costos- para la satisfacción de las demandas sociales y la
promoción de los intereses personales (o colectivos pero vinculados al
bienestar de los participantes). Evidentemente hay excepciones, ciudadanos que
dedican más tiempo del necesario a la actividad política, movidos tal vez x un
interés indirecto en ella (un pasa tiempo estimulante), por altos ideales
abstractos de libertad, democracia y justicia, o incluso altruismo y
solidaridad hacia grupos desprotegidos en algún sentido. Pero tales casos son
atípicos, por lo que no pueden ser tomados como eje de una filosofía de la
participación política es así más probable que las grandes exposiciones cívicas
populares a lo largo de la historia, que han derivado en la instauración de un
régimen democrático socialmente orientado, deban explicarse más por un hartazgo
hacia el despotismo en lo mayoría de los ciudadanos movilizados, por un exceso
de abuso de poder por parte de gobiernos autocráticos, y por una situación
cívica intolerable, que por el deseo consiente y razonado de conquistar el
derecho a la participación política regular, o por altos ideales internalizados
en los sectores movilizados. La desprotección de los intereses personales por
parte de los gobiernos no democráticos puede provocar el impulso racional de
participar para cambiar las cosas. Pero dados los costos y riesgos que ello
representa, sobre todo en regímenes despóticos, la profundidad del
agravio-económico, político o social- provocado por los gobernantes, tiene que
ser sumamente elevado. En tal caso, el individuo sentirá como más costosa la
inercia y la conformidad con el orden de cosas, que los riesgos de movilizarse
en del&nbsp; régimen en que vive.</p>

<p><b>El mito de la participación política</b></p>

<p>Las teorías clásicas del desarrollo
político han establecido una relación directa entre la modernización social, el
desarrollo económico y la participación política. En efecto, las variables
asociadas a los primeros dos procesos suelen estar vinculadas a una mayor
disposición y facilidad para la participación. Se puede decir que mientras
mayor es la inserción personal en la modernidad social y más alto es el nivel
socioeconómico, de los costos de la participación política suelen disminuir, y
las retribuciones de ellas pueden incrementarse.</p>

<p>Numerosos estudiosos empíricos han
comprobado que en efecto dicha relación causal existe sobre todo en los países
industriales, donde surgieron tales enfoques teóricos, pero no sólo en ellos.
También en países en modernización, la población más escolarizada, informada,
urbanas y pudiente suele tener mejores armas para la participación política
autónoma, y obtener un mejor provecho de ella. Ello llevó a pensar a&nbsp;
diversos estudios clásicos que, conforme avanzara la modernización social y se
elevara el nivel de vida de los ciudadanos, la participación política se iría
incrementando hasta alcanzar, en algún momento, a la mayoría de la población.
La intensidad de esa participación también se incrementaría, pues estaríamos
frente a una ciudadanía mejor informada, más escolarizada, con un mejor nivel
de vida, y por tanto, más consiente políticamente.</p>

<p>La participación creciente, conforme se
modernizara la sociedad, permitiría a instaurar en un primer momento un régimen
democrático, mismo que estimularía todavía más la participación ciudadana,
hasta acercarse al ideal de la democracia participativa o directa, en la que
todos los ciudadanos toman parte de las decisiones que les afectan, con
conocimiento de causa satisfactorio.</p>

<p>Esta hipótesis, lógica a todas luces a
partir de sus propias premisas, ha dado lugar sin embargo a una visión
altamente idealizada de la participación política en las sociedades modernas,
que no parece encontrar pleno eco en la realidad. Como es bien sabido, en las
sociedades modernas, los ciudadanos tienen altas lagunas de información
política, muy lejanas a las que presentan las élites gubernamentales de su
mismo país y de los profesionales de la política. La distancia entre un grupo y
otro sólo es ligeramente menor de la que prevalece en sociedades menos
desarrollas. Por otra parte, la disposición a la participación a la
participación en tales sociedades tampoco corresponde a lo que el modelo ideal
espera. La participación es selectiva, intermitente y suele ser de poca
intensidad, salvo en momentos cruciales en que se ven amenazados los intereses
personales.</p>

<p>Que la participación en si misma no
representa un móvil para la ciudadanía, lo refleja el hecho que en algunas
democracias la legislación hace de la asistencia a las urnas una obligación,
cuyo incumplimiento se sanciona legalmente. En tales casos, el nivel de
sufragio es consistentemente superior al de aquellos países que no tienen tal
requerimiento. Igualmente, cuando el Estado asume la responsabilidad del
registro ciudadano para los comicios, en lugar de que tal proceso corra
exclusivamente por cuenta de los ciudadanos, el nivel de votación es superior.
En Estados Unidos la abstención no está penalizada, y la obligación de
registrarse es exclusiva del ciudadano, lo que explica en parte que en ese país
se registre una de las tasas de participación electoral más bajas (que orbita
por el 56 por ciento, si bien en los comicios legislativos de 1990 sólo
participó el 36 por ciento del electorado).</p>

<p>De nuevo, los ciudadanos establecen un
cálculo racional para asistir o no a las urnas. Cuando por alguna razón se
elevan los costos de sufragar, así sea en pequeños montos, ello suele reducir
drásticamente los niveles de asistencia a las urnas. Y viceversa, cuando algo
muy importante está en juego en las elecciones, entonces las participación
generalmente se eleva. Pero, ello no sólo sucede en los países
industrializados, sino también en los de menor desarrollo; por ejemplo, cuando
atraviesan por una fase de democratización política.</p>

<p>En la realidad, las cosas parecen ser a
la inversa de lo que se pensaba sobre la relación existente entre democracia y
nivel de participación política, en lo que podríamos llamar el “modelo real” de
dicha participación. Si bien es cierto que existe una relación causal directa
entre modernización social y participación política, de modo que en las
primeras etapas de aquélla se registra un claro aumento en la participación,
ello responde a la necesidad que siente la población de involucrarse en alguna
forma de acción política para defender sus intereses frente a un régimen
autocrático, poco democrático, excluyente de las mayorías o negligente frente
al interés ciudadano. Al mismo tiempo, la modernización va dando los elementos
para desplegar una mayor y más eficaz participación cívica, de modo que los indicadores
de inclusión individual, en el proceso modernizador están directamente
relacionados con una tasa mayor de participación. Ello suele explicarse a
partir del menor costo de votar para los sectores que disponen de mayores
ingresos, más información y escolaridad, ubicación en zonas urbanas,
ocupaciones no manuales, etcétera.</p>

<p>Esto último puede llevar, bajo ciertas
condiciones, a la instauración de un régimen democrático, el cual, en la medida
en que se consolida y se hace eficaz, permite a la población disminuir su
participación, “despolitizarse” en alguna medida, sin que ello implique que los
intereses particulares de la ciudadanía queden desprotegidos nuevamente. Es
cierto que los niveles de presencia en las urnas, en los regímenes
democráticos, suelen ser elevados en la mayoría de los casos, por ello se
explica en parte a los bajos costos de dicha actividad, aunada al esfuerzo que
suelen hacer los gobiernos para disminuir todavía más el esfuerzo requerido, y
alentar así a los ciudadanos a asistir a las urnas. Pero la participación
electoral es, como se dijo, relativamente menos exigente y penosa que otras
formas de participación. Se puede decir entonces que las democracias no
provocan la caída total de la participación; simplifican y la facilitan, haciéndola
más institucional y menos intensa que en los periodos de cambio político. La
participación no institucional, que suele ser fundamental en regímenes
despóticos para lograr resultados, siendo más costosa y riesgosa, tiende a la
baja en los regímenes democráticos, y es sustituida gradualmente por lo menos
exigente participación institucional. La racionalidad de cada uno de estos
tipos de participación cambia según el sistema político en que se despliegue.</p>

<p>Precisamente porque el nuevo régimen,
con su institucionalidad específica, permite vigilar la acción de los
gobernantes, es que el ciudadano medio puede “retirarse” en&nbsp; cierta medida
de la arena política, para retomar a la esfera de lo privado. Los costos de
participar, que pese al ambiente democrático siguen existiendo para el
ciudadano común y la menor urgencia de su intensa presencia para la salvaguarda
de sus intereses, establecen una nueva relación de costo- beneficio, en la que
lo racional para cada individuo es, en condiciones normales, dedicarse en menor
grado a la política, salvo que ésta constituya o esté íntimamente relacionada
con su fuente de ingresos o profesión. Solo cuando el ciudadano ve alterada su
situación, de modo que sus intereses básicos son amenazados de alguna forma
entonces intensificará con toda seguridad su presencia en la arena política,
aunque probablemente dentro del marco legal, y excepcionalmente por fuera de
las instituciones.</p>

<p>Evidentemente, un régimen democrático
no puede prescindir de toda participación ciudadana, según se había señalado,
por lo cual el nivel de la misma no desciende completamente una vez que la
democracia a quedado instituida y más o menos consolidad. La participación
cívica suele estar como quiera por encima de la que prevalecía en los sistemas
tradicionales o en las primeras fases de modernización social. La democracia
mantiene una reserva de participación suficiente para no morir de “inanición”
política, y evitar el mal logro de sus propósitos básicos (lo que la haría caer
nuevamente en una forma de despotismo).</p>

<p>Sin embargo, y paradójicamente una
democracia eficaz no exige el mismo nivel de participación para su
instauración. Los mecanismos que la caracterizan de encargan, de alguna forma,
de hacer el trabajo por la ciudadanía, pidiendo de ella tan solo su activa
intervención en situaciones especiales, y proveer regularmente el impulso
básico al régimen democrático el cuál no le exige demasiado tiempo o esfuerzo.
Este esfuerzo menor, de cualquier manera será desplegado por la ciudadanía sólo
si se establece, en su experiencia, una clara relación entre el ejercicio
democrático y su bienestar (lo que ocurre, aunque no siempre, en regímenes
democráticos consistente y eficaces). De lo contrario, ni si quiera esa mínima
actividad política entrará en la agenda regular del ciudadano en cuestión.</p>

<p><b>Participación ciudadana y transición
democrática: el caso de México</b></p>

<p>Los diversos regímenes de corte
antidemocrático pueden, en principio sobrevivir durante largos periodos, bajo
ciertas condiciones. Una de ellas es precisamente la ausencia de una fuerte
movilización ciudadana que se exprese en contra del régimen en cuestión. Si
dicha movilización no existe, o se mantiene en niveles bajos- y por ende
controlable por el régimen- este podría prolongarse indefinidamente, si otras
variables permanecen constantes. No es casual que los regímenes políticos de
las sociedades tradicionales, así fueran altamente despóticos y autoritarios
mostraran mayor longevidad que los autoritarismos en modernización en que la
tendencia participativa suele acompañar a dicho proceso de ahí que los
autoritarismo de todo tipo tomen medidas para desmovilizar la ciudadanía hasta
donde les es posible, como un medio para su autopreservación. Si la sociedad se
encuentra políticamente movilizada por alguna razón, como el haber
experimentado un movimiento nacionalista de independencia o una revolución
social, los regímenes heredados de tales movimientos tendrán a incorporar a la
ciudadanía movilizada a través de masas controladas directamente por el Estado.
En realidad, se trata de una forma más sutil, y por cierto más eficaz, de
mediatización del impulso popular, que la simple represión. Incluso, con tal
proceso de incorporación, el régimen así instaurado cobra fuerza frente a la
disidencia posible, pues ésta tendrá mayores dificultades para derrocarlo. Por
ello, los autoritarismos que logran institucionalizar parte de la movilización
ciudadana suelen tener mayor continuidad que las que no lo hacen.</p>

<p><b>PARTICIPACION&nbsp;
CIUDADANA Y TRANSICION DEMOCRATICA: EL CASO DE MEXICO.</b></p>

<p>Los
diversos regímenes de corte antidemocrático pueden, en principio, sobrevivir
durante largos periodos, bajo ciertas condiciones. Una de ellas es precisamente
la ausencia de una fuerte movilización ciudadana que se exprese en contra del
régimen en cuestión. Si dicha movilización no existe,&nbsp; o se mantiene en
niveles bajos ---y por ende controlables por el régimen— éste podría
prolongarse indefinidamente, si otras variables permanecen constantes. No es
casual que los regímenes políticos de las sociedades tradicionales, así fueran
altamente despóticos y autoritarios, mostraran mayor longevidad que los
autoritarismos en modernización, en que la tendencia participativa suele
acompañar a dicho proceso.</p>

<p>De
ahí que los autoritarismos de todo tipo tomen medidas para desmovilizar a la
ciudadanía, hasta donde les es posible, como un medio para la autopreservación.
Si la sociedad se encuentra políticamente movilizada por alguna razón, como el
haber experimentado un movimiento nacionalista de independencia o una revolución
social, los regímenes herederos de tales movimientos tenderán a incorporar a la
ciudadanía movilizada, a través de instituciones de masas controladas
directamente por el Estado. En realidad, se trata de una forma más sutil, y por
cierto más eficaz, de mediatización del impulso popular, que la simple
represión. Incluso, con tal proceso de incorporación, el régimen así instaurado
cobra fuerza frente a la disidencia posible, pues ésta tendrá mayores
dificultades para derrocarlo. Por ello, los autoritarismos que logran
institucionalizar parte de la movilización ciudadana suelen tener mayor
continuidad que las que no lo hacen.</p>

<p>Tanto
en un caso como en otro, la instauración de un régimen democrático suele
exigir, por parte de la ciudadanía, un elevado nivel de participación política
autónoma y con un claro signo antirégimen. Además, dicha movilización requiere
de una intensidad mayor que la que exige la preservación&nbsp; de una
democracia ya instaurada, como se dijo antes. Ello se debe a la resistencia que
ofrecerán las élites autoritarias para conservar su poder intacto, y la
consecuente disposición de recurrir a cualquier medio para evitar ese
desenlace. Los costos y riesgos que debe asumir cada ciudadano en una empresa
semejante explican por qué a veces los autoritarismos duran incluso décadas.
Sin embargo, los abusos y arbitrariedades propias de la antidemocracia provocan
que, llegado a cierto punto, los ciudadanos prefieran pagar ese precio que
seguir permitiendo la sobrevivencia del despotismo.</p>

<p>Con
todo, la movilización ciudadana debe concentrarse en determinado lapso, que no
puede ser prolongado. Para derrocar al régimen autocrático y sustituirlo por
otro democrático. Los momentos en que tal aglutinación cívica es posible son
escasos, debido a los altos costos personales que implica una movilización
directa contra el régimen. Pero a falta de dispositivos de seguridad
completamente eficaces por parte de los autoritarismos, tarde&nbsp; o temprano
surgen las condiciones para ese evento. La historia política de los regímenes
antidemocráticos así lo demuestra.</p>

<p>En
los últimos años, hemos sido testigos de la caída de diversos&nbsp; regímenes
antidemocráticos, lo mismo autoritarios que totalitarios. Los que no han caído,
de cualquier manera enfrentan enormes dificultades para perpetuar su
continuidad. Es de suponer que o pasará mucho tiempo antes de que enfrentan una
crisis decisiva que los sustituya por democracias o, en el peor de los casos,
por otros autoritarismos de distinto signo ideológico o configuración
institucional. Lo sorprendente del proceso reciente de democratización mundial,
es que también ha alcanzado a los regímenes que mejor resguardados estaban
contra la movilización democrática de sus respectivos ciudadanos, a partir de
sus complejos institucionales; es decir, de los regímenes de partido de Estado,
que ciertamente resistieron mucho más tiempo que otros autoritarismos menos
institucionalizados.</p>

<p>El
régimen político mexicano, en cambio, ha mostrado una capacidad para sortear
los desafíos derivados de su propia crisis de continuidad, acentuada por las
enormes dificultades económicas que surgieron abruptamente en 1982, al terminar
el gobierno de José López Portillo. Tal estallido es consecuencia del
agotamiento del modelo de desarrollo económico “hacia adentro”, instaurado
desde la década de los cuarenta, y que desde los años setenta empezó a mostrar
sus límites.</p>

<p>El
descontento ciudadano provocado por las penalidades de la crisis económica,
aunado a la evidencia de los abusos y arbitrariedades de la clase oficial,
fueron una palanca para estimular la participación político-electoral de vastos
sectores ciudadanos a los largo del gobierno de Miguel de la Madrid, proceso
que culminó en el mayor desafío electoral al que se ha enfrentado el régimen
revolucionario, en julio de 1988. ES en ese momento en el que quizá más se
acercaron las condiciones de ruptura institucional y, sin embargo, la movilización
poselectoral no contó con la intensidad y extensión que han mostrado otros
movimientos democráticos frente a sus respectivos autoritarismos.</p>

<p>No
sólo el régimen priísta logró resistir el embate electoral de ese año, con
dificultades y altos costos de legitimidad y credibilidad, sino que tres años
después, logró configurar un panorama totalmente distinto y altamente favorable
para su recuperación (o al menos un importante respiro). En cambio, en ese
lapso, cayeron numerosos regímenes de partido único o casi único, mientras que
otros enfrentaban grandes dificultades para sostenerse. En uno u otro caso se
encontraron los regímenes políticos de China, Argelia, Albania, Alemania
Federal, Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Nicaragua, Rumania, Cuba,
Bulgaria y Unión Soviética. Frente a las crisis enfrentadas por éstos, la
“debacle electoral” del PRI en 1988 resulta relativamente inofensiva.</p>

<p>Evidentemente,
la pregunta obligada es que tiene el régimen priísta que, pese a su centralismo
y verticalidad política, y su antidemocracia, ha podido relegar tan
notoriamente su crisis de continuidad. La respuesta ha de buscarse en diversas
variables, tanto internas como externas. Pero sin duda alguna que una parte
decisiva de la explicación radica en el carácter relativamente flexible, móvil
y tolerante del autoritarismo mexicano. Y de ello puede derivarse que la
movilización ciudadana autónoma, fundamental para impulsar u obligar la
transición a la democracia o la ruptura del régimen priísta, se ha mantenido en
niveles relativamente bajos.</p>

<p>Una
de las claves reside en la existencia de un sistema electoral formalmente
competitivo, que ha estimulado y permitido la celebración puntual de comicios
entre distintos partidos legalmente reconocidos. Aunque a diferencia de los
regímenes democráticos, las elecciones en México no reúnen las condiciones de
plena competencia y equidad entre los diversos contendientes, y en donde
difícilmente se puede hablar de una votación claramente libre y secreta, no por
ello representan solamente una coartada formal o retórica al autoritarismo
realmente imperante, aunque ciertamente lo es,&nbsp; y bastante eficaz. Más
allá de eso, las elecciones en México han constituido un canal de expresión del
descontento ciudadano. Y en ciertos casos de mayor conflictividad, han
representado una importante válvula de escape a la tensión política derivada de
la dominación autoritaria. Podría afirmarse que de no haber habido elecciones
en la posrevolución, la tensión política y el descontento ciudadano se habrían
acumulado en algún momento y explotado con intensidad, provocando la caída del
autoritarismo, tal y como ha ocurrido con otros regímenes sin competencia
partidista ni elecciones.</p>

<p>Las
elecciones proporcionan al ciudadano medio una alternativa de participación y
de manifestación del descontento, que exige menos sacrificios y riesgos que
otras formas de expresión política, incluso en regímenes democráticos, y que
desvía y aminora el malestar ciudadano. Si después de los comicios persiste el
descontento, y éste es mayor que el temor a enfrentar al régimen de manera más
abierta, entonces sobrevienen las movilizaciones poselectorales, muchas de las
cuales han terminado en represión y violencia, si bien algunas han logrado lo
que se habían propuesto, o parte de ello. De cualquier modo, incluso cuando se
logra algún éxito en la movilización poselectoral, los sacrificios que ésta
exige aparecen a veces como desproporcionados. Las condiciones para que la
ciudadanía coloque en el poder a un candidato que no es el oficial son
sumamente más complicadas que las requeridas en los sistemas democráticos. Tal
como lo señalo el líder perredista de Tabasco, Manuel López Obrador, cuando
culminó su “Éxodo por la Democracia” en la capital del país, y tras el cual el
PRD logró algunos triunfos parciales:</p>

<p>En
este país, para que se respete el voto y se haga caso de las demandas
ciudadanas hace falta que se caminen mil quilómetros; en este país sólo hay
respeto a los derechos políticos de la sociedad, cuando el pueblo mismo tiene
que sacrificarse…&nbsp;</p>

<p>Pero
la&nbsp; tónica hasta ahora es que los conflictos electorales que rebasan la
línea institucional, se concentran en algún punto geográfico específico,
normalmente aislado del resto del país. A veces, coinciden tales
manifestaciones en más de una entidad política, pero casi siempre se mantienen
como minoría. Los conflictos se van rotando de acuerdo&nbsp; con el calendario
electoral, por lo que dífilamente coinciden en un solo momento, lo que
generaría un fuerte desafío al régimen. Es pues la relativa flexibilidad del
régimen mexicano y su elevada institucionalidad formalmente democrática, lo que
le ha permitido aislar relativamente los movimientos del descontento y
protesta, no sólo electoral, sino también los derivados de otros problemas
políticos.</p>

<p>&nbsp;En
tantos estos desafíos quedan confinados a un solo sector social o a una región
demográfica, han&nbsp; podido ser&nbsp; reprimidos o solucionados de manera
intermedia, o incluso total, sin que ello ponga en peligro al régimen en su
conjunto, pues el potencial de desafío de tales movimientos dífilamente llegan
al grado en que verdaderamente el régimen vea su continuidad en posibilidad
real de ser amenazada.</p>

<p>Ante
desafíos de cierta magnitud (como el del movimiento estudiantil de 1968),&nbsp;
la respuesta ha sido la represión oportuna, antes de que el conflicto pudiera
alcanzar a otros grupos sociales o regiones geográficas. El momento en que más
ha coincidido el descontento ciudadano, tanto geográfica como socialmente, es
quizá durante los comicios presidenciales de 1968. Sin embargo, como se dijo,
no alcanzó la intensidad suficiente para provocar una ruptura al régimen, si
bien es cierto que le propinó un duro golpe.</p>

<p>Los
conflictos poselectorales regionales ( como los generados en San Luis Potosí y
Guanajuato, en agosto de 1991, y constantemente en diversos comicios
municipales) pueden ser resultados a través de concesiones relativamente
menores, que permiten al régimen seguir en pie. En esos casos, además de que
los movimientos no alcanzan la fuerza y la extensión suficiente como para poder
derrocar al régimen, están orientados por peticiones limitadas de los
manifestantes, entre las cuales no está la plena democratización del régimen,
sino sólo el reconocimiento de un triunfo en particular. Por&nbsp; lo mismo,
cuando dicha demanda queda total o parcialmente satisfecha, la movilización
desaparece, o disminuye significativamente, sin que ello se haya traducido
todavía en un cabal régimen democrático.</p>

<p>La
relativa eficacia del sistema electoral mexicano para canalizar y desviar la
protesta por las urnas, obliga a que sea por ahí por donde pueda darse un
desafío decisivo al autoritarismo mexicano. Pero paradójicamente ello requiere
de una elevada participación electoral antirrégimen, además de la disposición
de los votantes opositores para defender su voto, una vez que este haya sido
burlado. Quizá el régimen priísta puede soportar mayores niveles de
movilización en su contra que otros autoritarismos menos institucionalizados;
también, esa propia institucionalización, con sus dispositivos de seguridad y
válvulas de escape, tiende a desahogar la tensión de modo que nunca llegue a
grados peligrosos para su estabilidad y continuidad.</p>

<p>Evidentemente,
el nivel de agravio ciudadano que se requiere para que tales condiciones se
produzcan ha de ser sumamente elevado, incluso mayor que el existente en 1988.
La volatilidad del electorado y su disposición a “exonerar” el régimen cuando
éste responde o parece hacerlo a sus expectativas más directas, quedó más o
menos comprobado en los comicios&nbsp; legislativos de 1991, por más que se
hayan registrado nuevamente numerosas irregularidades, mismas que evitaron el
consenso de los participantes. En todo caso, lo que importa desde nuestra
perspectiva es que no hubo una reacción ciudadana de protesta por los fraudes
denunciados, salvo en algunos puntos del país en donde podemos asumir que el
nivel de descontento ciudadano era bastante superior al experimentado por el
resto de los mexicanos en ese momento.</p>

<p>Que
la disposición a la movilización es sumamente reducida lo refleja una encuesta
aplicada en 1991 en el Distrito federal. A la pregunta de cuál sería su
reacción ante una convocatoria para defender el voto, el 26 por ciento
respondió que no le prestaría la menor atención; el 60 por ciento dijo que
únicamente seguiría los acontecimientos los acontecimientos a través de los
medios, y solo un 14 por ciento expresó que acudiría a los mítines. Esto es
normal considerando que los costos de esa forma de expresión son mucho más
elevados que la asistencia a las urnas. A veces implica el riesgo de ser
afectado en la libertad o integridad personal.</p>

<p>La
encuesta sugiere además que la disposición a la movilización está directamente
relacionada con el malestar ciudadano y no con la conformidad, según se dijo.
Quienes no sienten que haya necesidad de cambios, o no sienten afectados sus
intereses, tienen una menor disposición a la movilización. Así, de quienes
manifestaron no darle&nbsp; ninguna importancia a los mítines de protesta, el 7
por ciento correspondió a los del PRD, el 23 por ciento a los del PAN y el 61
por ciento a los del PRI. Si se toma el nivel de ingreso, los de clase marginal
asistirían al mitin en un 16 por ciento, mientras que sólo un 9 por ciento de
los de ingreso más alto lo harían.</p>

<p>Después
de la experiencia de 1991, parece claro que cuando permea en la ciudadanía un
optimismo razonable sobre el futuro económico y social del país, entonces la
oposición tiene poco que ganar, al menos en las condiciones&nbsp; de poca
competitividad real. Ello se explica en parte por la jerarquía valorativa de la
mayoría de los ciudadanos, que prioriza los asuntos más inmediatos y vinculados
con su vida personal, y relega los ideales más abstractos.</p>

<p>La
política despierta menos interés que todo los demás temas seleccionados,
incluso que la diversión. Esta falta de interés en la política concuerda con
----y seguramente en parte se debe a---- la desconfianza que prevalece en
relación con ella y los políticos. Así, en México, las instituciones sociales
que gozan de menos confianza en la ciudadanía son la policía (la cara más
visible del poder) y los políticos. La experiencia electoral de 1991 ---año en
que el PRI&nbsp; pudo recuperarse significativamente a través de medios menos
burdos, si bien no completamente democráticos--- llevó a la oposición a
concluir que el problema es menos la vigilancia del fraude tradicional, que la
separación estructural del PRI respecto del Estado (con todo, la vigilancia
sigue elevando los costos del fraude). Pero, al mismo tiempo, la oposición
carece de la fuerza política para obligar al gobierno a aceptar tan fundamental
reforma, al menos en el corto plazo. En los primeros tres años del gobierno
salinista, la oposición también aprendió que el Estado, con sus enormes
recursos es capaz tanto&nbsp; de desmovilizar a la ciudadanía en ciertas
circunstancias, como de movilizarla, pero a favor de su partido. La hipótesis
de que a mayor participación electoral mayores problemas para el PRI,
probablemente sigue siendo cierta, pero a condición de que se especifique en
qué circunstancias es válida. Ahora sabemos que una fuerte participación
electoral, incluso entre los sectores modernos, puede también fortalecer al
régimen, dejando a la oposición&nbsp; en una impotencia casi total. Ello
depende de las condiciones en que se celebre cada elección concreta, las
estrategias y los recursos utilizados por el propio PRI, así como la ayuda que
recibe el Estado y la forma de canalizarla.</p>

<p><b>PERSPECTIVAS DE DEMOCRATIZACION EN MEXICO POR LA
VIA ELECTORAL.</b></p>

<p>De
lo anterior puede derivarse que es posible esperar que un desafío electoral
capaz de transformar o derrocar al régimen priísta (es decir, obligarlo a
reconocer los resultados, incluso si éstos le son desfavorables, o intentar
imponer fallidamente&nbsp; unos resultados que le sean favorables), sólo&nbsp;
podría darse cuando el descontento aglutine a diversos sectores sociales en la
mayor parte del país, de manera simultánea; algo parecido a lo ocurrido en 1988,
pero ciertamente con mayor intensidad y decisión por parte de la ciudadanía
para exigir el respeto de su votación, con todo los riesgos personales y
sociales que ello implica.</p>

<p>Un
importante esfuerzo para vincular los distintos movimientos ciudadanos en el
país, en materia política o electoral, es el Movimiento&nbsp; Ciudadano por la
Democracia, encabezado por el doctor Salvador Nava y fundado a fines de 1991.
Dicha asociación pretende establecer una red de apoyos mutuos entre distintas
organizaciones y movimientos regionales en pos de una democracia más genuina,
no sólo en el ámbito electoral sino también en el institucional. Para ello, se
plantea seguir estrategias pacíficas de presión, que buscan reducir los costos
ciudadanos de la participación democrática, incluso cuando haya que incurrir en
acciones de resistencia y desobediencia civil.</p>

<p>Un
escenario de alta movilización ciudadana en contra del régimen no es fácil de
imaginar en México, al menos a partir de su trayectoria en los últimos cuatro
años. Y ello se requeriría para lograr una verdadera democratización a corto
plazo, ante la reticencia de élite autoritaria para dar pasos más decisivos en
esa dirección. Por supuesto, no es válida la afirmación de que tal evento no
puede suceder en el futuro porque no haya ocurrido en el pasado (la reciente
experiencia de la Unión Soviética y&nbsp; otros regímenes de partido único lo
refleja con claridad). Pero en todo caso no debe dejarse pasar la aclaración de
que las condiciones para que ello ocurra serían de alguna forma excepcionales y
requerirían una situación fuera de lo normal.</p>

<p>Las
posibilidades de derrotar al régimen en las urnas bajo tales condiciones, no
parecen muy altas. Ello depende en alto grado del nivel de participación
electoral en contra del partido oficial. La pregunta que había que hacer es
bajo que condiciones la ciudadanía se volcara en las urnas a emitir un voto en
contra del PRI, haciendo además el esfuerzo adicional de vigilar y defender su
voto. La experiencia de 1988 sugiere que ello no depende de las
transformaciones de la cultura política, como se supuso poco después de los
comicios de ese año sino más bien del nivel de descontento ciudadano con el
despeño general del régimen, tanto económico como político. La falta de
democracia no parece ser la causa que movilice a la mayoría ciudadana en contra
del régimen, lo que no significa que los mexicanos no consideren a esta forma
de gobierno como una mejor alternativa; quizá solo implica que no siempre la
consideran indispensable, y sobre todo, que no están dispuestos a hacer el
esfuerzo que requiere.</p>

<p>Sin
embargo, en 1988 muchos ciudadanos sí realizaron dicho esfuerzo, al menos en
parte. Ello lleva a pensar que la situación económica tiene un peso decisivo en
la movilización ciudadana. De nuevo, eso no significa necesariamente que otros
aspectos de la vida salgan de su esfera de interés. Pero probablemente la
crisis económica contribuye a catalizar cualquier inconformidad y descontento
de origen político o social subyacente en el ánimo ciudadano. Y si las cosas no
van mal en lo económico, o no se perciben de esa manera,&nbsp; entonces
probablemente el malestar pueda perder intensidad, aunque no desaparezca. Es
probable, por tanto, que una movilización electoral anti régimen semejante o
más intensa a la de 1988, fuera consecuencia de un nuevo tropiezo de la
situación económica, si ello sucede. El comportamiento de la economía en los
próximos años, se perfila como una variable decisiva en el rumbo de la
transición democrática. Si las cosas van bien, es probable que el régimen
aumente su margen de maniobra, y puedan prolongar durante más tiempo su
tradicional hegemonía aunque cediendo cada vez más espacios a la oposición.</p>

<p>Si
la situación se agrava en el plano económico, entonces la presión ciudadana
sobre el régimen quizá le resultará no controlable. Frente a ello, pueden venir
dos reacciones posibles de la élite oficial: una clara apertura, asumiendo sus
riesgos, o una mayor resistencia al cambio, poniendo en tal caso al régimen al
borde de la ruptura. En todo caso, está pendiente en la percepción ciudadana,
la nítida relación causal entre democracia y vida cotidiana, que motive a los
ciudadanos a hacer el esfuerzo requerido para la instauración de un régimen
plenamente democrático, para después poder confiar en que sus intereses
fundamentales estarán mejor protegidos, sin que deba salir a la calle
diariamente y a arriesgar su integridad personal en defensa de sus derechos
básicos.</p>


<p><b>COLEGIO
DE BACHILLERES</b></p>

<p><b>PROYECTO
Y ENTORNO DE VIDA</b></p>

<p><b>BLOQUE
TEMATICO 3. DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO</b></p>
<p><b>ANDAMIO
COGNITIVO 10.</b></p>
<p><b>NOMBRE DEL ALUMNO(S): ________________________________________
GRUPO: ____________</b></p>

<p><b>INSTRUCCIONES</b>: Conforme a la lectura anterior contesta las
4&nbsp; preguntas&nbsp; del andamio siguiente.</p>
<table>
 <tbody><tr>
  <td>
  <p><b>ANDAMIO
  COGNITIVO 10 BLOQUE 3</b></p>
  </td>
 </tr>
 <tr>
  <td>
  
  <p><b>1.</b><b>¿Qué
  entiende por democracia?</b></p>
  
  
  
  </td>
  
 </tr>
 <tr>
  <td>
  
  <p><b>2.</b><b>¿Qué
  significa la democracia representativa?</b></p>
  
  
  
  </td>
  
 </tr>
 <tr>
  <td>
  
  <p><b>3.</b><b>¿Cuándo se
  dejan atrás los regímenes autoritarios?</b></p>
  
  
  
  </td>
  
 </tr>
 <tr>
  <td>
  
  <p><b>4.</b><b>¿A qué
  régimen de gobierno da origen la participación ciudadana?</b></p>
  
  
  
  </td>
  
 </tr>
</tbody></table>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2015-11-30 22:27:28 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/84060106</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Lista de Cotejo  de Cuadro Comparativo y andamio 10 fecha de entrega 5 de diciembre 12 de la noche.</title>
         <author>ferchocante41</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/84060572</link>
         <description><![CDATA[<p><b>Lista de Cotejo.</b></p><table><tbody><tr><td><p><b>Instrucciones:</b>&nbsp;Marque&nbsp;✔&nbsp; en sí, si el estudiante muestra el criterio, marque&nbsp;✔&nbsp; en No, si el estudiante no muestra el criterio.</p></td></tr><tr><td><p><b>Contenido</b></p></td><td><p><b>Sí</b></p></td><td><p><b>No</b></p></td></tr><tr><td><p>Resume los puntos clave en el cuadro comparativo y andamio 10</p></td></tr><tr><td><p>En el andamio 10, contesta las 4 preguntas</p></td></tr><tr><td><p>En el cuadro destaca el valor de la democracia y estado de derecho</p></td></tr><tr><td><p>Proporciona una conclusión</p></td></tr><tr><td><p>Demuestra un grado de dominio del tema</p></td></tr><tr><td><p><b>Presentación</b></p></td></tr><tr><td><p>Tiene título a su informe</p></td></tr><tr><td><p>El lenguaje con el que presenta su&nbsp;informe es claro</p></td></tr><tr><td><p>Contiene los datos de identificación</p></td></tr><tr><td></td></tr><tr><td><p><b>Actitud</b></p></td></tr><tr><td><p>Valora la libertad para organizar y expresar sus ideas de forma respetuosa</p></td></tr><tr><td><p>Incorpora los recursos tecnológicos disponibles en su localidad e institución</p></td></tr><tr><td><p><b>Observación:</b></p></td></tr></tbody></table>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2015-11-30 22:32:53 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/84060572</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Profesor: Fernando Rodríguez Moreno</title>
         <author>ferchocante41</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/84607613</link>
         <description><![CDATA[<p>Checa el siguiente video para reforzar El tema de Democracia y Estado de Derecho</p>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2015-12-03 02:12:53 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/84607613</guid>
      </item>
      <item>
         <title>DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO- Democracia, acción ciudadana y vida cotidiana.</title>
         <author>estrella_lizbeth_999</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/85092951</link>
         <description><![CDATA[<p></p><p><b>COLEGIO DE BACHILLERES PLANTEL 20 DEL VALLE "MATIAS ROMERO"</b></p><p><b>PROYECTO Y ENTORNO DE VIDA</b></p><p><b>BLOQUE TEMATICO 3. DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO</b></p><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 10.</b></p><p><b>NOMBRE DEL ALUMNO(S): Mosqueda Labra Lizbeth Gpe GRUPO: 559</b></p><p><b>INSTRUCCIONES</b>: Conforme a la lectura anterior contesta las 4  preguntas  del andamio siguiente.</p><table><tbody><tr><td><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 10 BLOQUE 3</b></p></td></tr><tr><td><p><b>1.</b><b>¿Qué entiende por democracia?  </b></p><p>Es de alguna forma u otra, realizar una serie de cambios, llevando a cabo un proceso, por el cual se necesita un orden, también se toman en cuenta, las opiniones de los ciudadanos, que se verán implicados, por el echo de formar parte de dicha sociedad. En las imágenes, se muestra a una serie de personas, opinando a través de los cambios que se quieren realizar en su sociedad, pero para eso, ellos realizan una junta para lograr llegar a una solución que no afecte, pero que convenga para todos los involucrados. En la imagen de la  forma de votar, es lo mismo, solo que ya se realiza a nivel nacional, para promover la satisfacción de los mexicanos a nivel electoral.</p></td></tr><tr><td><p><b>2.</b><b>¿Qué significa la democracia representativa? </b></p><p>Es el sistema de gobierno, que quiere realizar la transformación de una sociedad, este gobierno necesita enfrentarse a los problemas o agravios públicos, y a través de los poderes públicos suelen tener a la gente en mejor comportamiento, sin tener que utilizar otros recursos, como el chantaje, aunque muchas veces se utiliza de esa forma.</p></td></tr><tr><td><p><b>3.</b><b>¿Cuándo se dejan atrás los regímenes autoritarios? </b></p><p>Cuando la sociedad pueda actuar con mayor ética, utilizando los valores y de forma consiente, que la gente no siempre es como uno quiere, pero que todo se hace con un mismo fin, un fin que resulte satisfactorio para todos. A nivel económico-social.</p></td></tr><tr><td><p><b>4.</b><b>¿A qué régimen de gobierno da origen la participación ciudadana?</b></p><p>Al Estado de Derecho y Democracia, ya que el estado de derecho es regido por leyes y no por voluntad del que manda, se caracteriza por defender sus derechos y las garantías, en cambio la democracia, se necesita voluntad propia para realizar o más bien poder reafirmar sus derechos de sus ciudadanos.</p><p>ya que Para empezar, parte de la democracia; comienza a partir de un punto importante, dado que ya cheque el vídeo, los influyentes aquí son, los poderes judicial y ejecutivo, de allí imparten lo que tiene que permitirse  o no, a través de las leyes, iniciando la participación ciudadana, es una forma de apoyare incorporarnos para un bien común, un bien satisfactorio.</p></td></tr></tbody></table><p></p>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-06 00:17:40 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>Democracia y Estado de derecho.&amp;nbsp;</title>
         <author>andysh_miranda</author>
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         <description><![CDATA[<p>Igualmente como mi compañera Lesly lo dijo, yo también quisiera agradecer  por la oportunidad y el apoyo que nos brinda, gracias profesor. (: </p>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-06 10:26:11 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>andysh_miranda</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/85103412</link>
         <description><![CDATA[<p>Este es mi cuadro comparativo. </p>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-06 10:36:08 UTC</pubDate>
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         <title>Lesly Lilian Romero Chapero &amp;nbsp;ESEM DEMOCRACIA Y &amp;nbsp;ESTADO DE DERECHO &amp;nbsp;</title>
         <author>ferchocante41</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/85354244</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2015-12-07 23:20:50 UTC</pubDate>
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      <item>
         <title>sotres arriaga frida samara grupo:559&amp;nbsp;</title>
         <author>ferchocante41</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/85354856</link>
         <description><![CDATA[]]></description>
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         <pubDate>2015-12-07 23:28:11 UTC</pubDate>
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      </item>
      <item>
         <title>ACTIVIDAD NUMERO 2: FECHA DE CIERRE DOMINGO 13 DE DICIEMBRE</title>
         <author>ferchocante41</author>
         <link>https://padlet.com/ferchocante41/3j2j1f00dcc8/wish/85365808</link>
         <description><![CDATA[<p><p><b>&nbsp; &nbsp; &nbsp;COLEGIO DE BACHILLERES&nbsp;</b></p><p><b>PROYECTO Y ENTORNO DE VIDA</b></p><p><b>BLOQUE TEMATICO 3. DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO</b></p><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 11.</b></p><p><b>NOMBRE DEL ALUMNO(S): ________________________________________ GRUPO: ____________</b></p><p><b>INSTRUCCIONES</b>: Realiza la lectura&nbsp; de Touraine, Alain ¿Qué es la democracia?, México, FCE, 1995, pp. 42-46, 87-90.&nbsp;<b>Propósito</b>: Reflexionar y argumentar el papel del ciudadano en un Estado democrático.</p><table><tbody><tr><td><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 11.</b></p></td></tr><tr><td><p><b>¿Explica por qué un Estado democrático es el que permite y alienta la constitución del ciudadano?</b></p></td></tr><tr><td><p><b>¿Qué relación existe entre los movimientos sociales y la democracia?</b></p></td></tr></tbody></table><table><tbody><tr><td><p><b>Referencia Bibliográfica</b>: Ibarra Guell, Pedro, Manual de sociedad civil y movimientos sociales, Madrid, Síntesis, 2005, pp. 77-91</p></td></tr></tbody></table><p><b>Instrucciones:&nbsp;</b>Lee con detenimiento el siguiente&nbsp; texto sobre&nbsp; los movimientos sociales; subraya lo más importante con relación a las organizaciones democráticas, y contesta el andamio 12.</p><p><b><i>¿QUÉ SON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES?</i></b></p><p><b>Introducción</b></p><p>En este primer capítulo sobre los movimientos sociales se llevará a cabo&nbsp;<i>un proceso definitorio</i>&nbsp;de esta forma de acción colectiva. Para ello se utilizarán dos acercamientos.&nbsp;<i>Uno más descriptivo</i>, y otro&nbsp;<i>más reflexivo</i>&nbsp;(y más breve).</p><p>Por lo que se refiere al enfoque descriptivo se realizará, en primer lugar, una breve reflexión sobre el sentido que tiene el delimitar, el precisar, un concepto como el de los movimientos sociales. Esto es, porque resulta útil definir este concepto social&nbsp; y político.</p><p>A continuación se hará un breve repaso histórico sobre los movimientos sociales, a partir de una primera delimitación de estas formas de acción social. Seguidamente,&nbsp; será aún más delimitado el concepto, tratando para ello de compararlo con otras formas de acción colectiva. Con los partidos políticos y los grupos de interés, y con otras formas de acción colectiva especialmente cercanas a los movimientos sociales, tales como son las ONGs&nbsp; y los grupos de interés público. Finalmente, se establecerá una definición del concepto que, se adelanta, tendrá carácter abierto y dinámico.</p><p>El segundo enfoque contendrá dos sucintas reflexiones&nbsp;<i>abiertas</i>&nbsp;sobre “el sentido” (alguno de los sentidos, alguna de las grandes referencias) de los movimientos sociales.</p><p><b><i>1. Sobre la funcionalidad de las definiciones</i></b></p><p>A primera vista, puede decirse que todo aquello que se mueve en la sociedad es un movimiento social.</p><p><b><i>1.1&nbsp;</i></b><b><i>Un acercamiento desde lo obvio</i></b></p><p>Así, cualquier grupo que hace algo, que se reúne, que reclama, que protesta, etc. Es un movimiento social. Bajo esta genérica, aunque –se adelanta-, superficial perspectiva, serían movimientos sociales todas las asociaciones, organizaciones, entidades que no son Estado. Desde un grupo de empresarios que reclama reducción de impuestos hasta un grupo de ecologistas que exige el cierre de fábricas contaminantes, pasando por un club de jugadores de ajedrez y una sociedad gastronómica. Conjuntos de personas que hacen “cosas” en la sociedad, son, sin más, movimientos sociales. Esta concepción coincidiría prácticamente con la que en un capítulo anterior se ha hecho respecto a la sociedad civil. Es evidente que este concepto no es el adecuado. Los movimientos sociales, tal como se verá, no se corresponden con cualquier forma de acción colectiva.</p><p><b><i>1.2&nbsp; Las virtudes definitorias</i></b></p><p>Pero quizá no resulte tan evidente la necesidad de precisar este concepto. Efectivamente, se puede considerar que las clasificaciones que se hacen desde el análisis político, sobre los fenómenos sociales y políticos, no tienen excesiva utilidad. Sólo sirven para demostrar que quien los hace tiene una cierta capacidad de análisis. Pero que tales clasificaciones no nos ayudan a comprender (en un sentido muy amplio del término) la realidad. En este caso, la realidad política.</p><p>Debe rechazarse esta actitud minimizadora del interés de clasificar, ordenar y definir la&nbsp; realidad. Así, se debe ser riguroso en las definiciones, porque sólo así puede comprenderse mejor lo que pasa en la sociedad en su relación con la política. En este caso, comprender mejor por qué algunos ciudadanos se mueven, cómo y por qué lo hacen y qué quieren unos y otros al movilizarse. Y, además, es necesario adquirir esta comprensión no sólo para tener una buena radiografía de la sociedad sino también y sobre todo, para poder establecer algunas&nbsp;<i>predicciones políticas</i>. Se supone que uno de los objetivos de la ciencia política es el de establecer algunas normas, pautas generales, sobre previsibles conductas políticas. Acercando nuestro escenario de análisis, poder afirmar que, en caso de que se den determinados comportamientos sociales que buscan objetivos políticos (tipos de protesta, tipos de organización social, etc.) resulta previsible que se produzcan determinadas políticas públicas.</p><p><b><i>1.3 Predicciones erróneas…evitables</i></b></p><p>Bajo esta perspectiva, el evitar la precisión definitoria puede llevarnos a errores de diseño y de pronóstico. Imagínese que, siguiendo la genérica definición anterior, se afirma que movimientos sociales son todas las asociaciones de todo tipo que existen en la sociedad. Al mismo tiempo se comprueba que ha crecido el número de asociaciones y asociados. Y opérese con el supuesto de que todo lo que genéricamente se denomina como movimientos sociales tiene como objetivo presionar al Estado, movilizarse contra el poder político para lograr las reivindicaciones. Con un cuadro así, debería predecirse que ese aumento asociativo perturbará los procesos de decisión política y las políticas públicas; generará una convulsión en el poder político, en su necesidad de atender crecientes y múltiples demandas, de negociar con múltiples actores o de “frenar” las exigencias de los mismos. Sin embargo, es muy probable que esta predicción fuese equivocada. Así, si se averiguase, quiénes eran, en concreto, esas nuevas asociaciones que irrumpían en el escenario social, se comprobaría que, en su inmensa mayoría, eran grupos deportivos o de ocio, de defensa de intereses muy limitados y sin ninguna potencialidad ni pretensión de agitación o movilización social. Asociaciones nada conflictivas y, por tanto, nada de influyentes en un eventual cambio del panorama político. En consecuencia, el poder político, con tal aumento asociativo, organizaría sus procesos de decisiones exactamente igual que en tiempos anteriores.</p><p>Por el contrario, imagínese que tales nuevas asociaciones representan movimientos sociales “verdaderos”. Grupos sociales que, como luego se verá, si tienen estrategias más conflictivas y objetivos más transformadores. Tal constatación llevará a pronosticar, con relativo margen de acierto, que está cambiando la cultura política de la sociedad y que probablemente aumente la movilización social. Y también, como consecuencia de uno y otro cambio de tendencia, podría considerarse que van a transformarse los procesos de decisión política.</p><p>Precisar, clasificar, ordenar y definir la realidad política y social no sólo es una virtud académica, sino algo que resulta útil para entender la política. Lo que ocurre en la misma y lo que puede ocurrir.</p><p><b><i>2.&nbsp; Una primera delimitación</i></b></p><p>La descripción anterior excluye el concepto de movimientos sociales a un amplio conjunto de organizaciones o agrupaciones sociales. Sin embargo, una delimitación que todavía sólo haga referencia a los objetivos puede incluir bajo ella a significativas formas de acción colectiva que, por otro lado, y de forma habitual, no son consideradas como movimientos sociales.</p><p>Efectivamente, por ejemplo, los partidos políticos también se organizan en y desde la sociedad, y pretenden modificar intereses, necesidades y derechos sociales. Y los grupos de interés, sin duda, buscan la satisfacción precisamente la satisfacción de los intereses de los miembros del grupo, que, más allá de la calificación que a nosotros nos merezcan, son considerados por sus demandas como fundamentales. Resulta muy difícil poder asumir que un partido político nacional y una agrupación de empresarios que busca protección a sus intereses económicos sean movimientos sociales. Pero, si sólo se opera con el criterio delimitador de los objetivos, formalmente deben ser considerados como tales.</p><p>En consecuencia, debe ahora establecerse un nuevo proceso de delimitación y definición de los movimientos sociales, teniendo en cuenta precisamente sus diferencias con las otras dos grandes formas de acción colectiva: los partidos políticos y los grupos de interés.</p><p>Para hacerlo no parece necesario recordar qué es un partido político, pero quizá si convenga hacer una pequeña descripción de qué es un grupo de interés. Una forma de acción colectiva que agrupa a un conjunto de personas, que, organizándose formalmente (y habitualmente con estructura jerárquica), presionan, con medios convencionales, al poder político para obtener determinados beneficios destinados a los miembros del grupo.</p><p><b><i>2.1 Un cuadro sobre las diferencias entre partidos políticos, movimientos sociales&nbsp; grupos de interés y ONGs.</i></b></p><table><tbody><tr><td><p>ASPECTOS</p></td><td><p>PARTIDOS POLITICOS</p></td><td><p>GRUPOS DE INTERES</p></td><td><p>ONGs</p></td><td><p>MOVIMIENTOS SOCIALES</p></td></tr><tr><td><p>1.&nbsp;Orientación hacia el poder político.</p></td><td><p>Ejercerlo</p></td><td><p>Presionarlo</p></td><td><p>-------------</p></td><td><p>Cambiarlo</p></td></tr><tr><td><p>2.&nbsp;Relaciones con los partidos e instituciones políticas.</p></td><td><p>-----------</p></td><td><p>Complementarias</p></td><td><p>Complementaria</p></td><td><p>Conflictiva</p></td></tr><tr><td><p>3.&nbsp;Organización</p></td><td><p>Jerárquica</p><p>Formalizada</p></td><td><p>Formalizada</p></td><td><p>Formal, Horizontal y participación</p></td><td><p>Horizontal, Informal, Red comunitaria</p></td></tr><tr><td><p>4.&nbsp;Intereses/grupos representados.</p></td><td><p>Indeterminados</p><p>determinados</p></td><td><p>Determinados</p></td><td><p>Indeterminados</p></td><td><p>Indeterminados</p><p>Determinados</p></td></tr><tr><td><p>5.&nbsp;Medios de acción</p></td><td><p>Electorales</p></td><td><p>Convencionales</p></td><td><p>Convencionales</p></td><td><p>No convencionales</p></td></tr><tr><td><p>6.&nbsp;Tipos de acción colectiva.</p></td><td><p>Agregar intereses generales</p></td><td><p>Agregar intereses sectoriales</p></td><td><p>Intereses sectoriales</p></td><td><p>Intereses junto con identidad colectiva</p></td></tr><tr><td><p>7.&nbsp;Estrategia</p></td><td><p>Competencia</p></td><td><p>Cooperación</p></td><td><p>Cooperación</p></td><td><p>Conflicto</p></td></tr><tr><td><p>8.&nbsp;Objetivos finales</p></td><td><p>Sistémicos</p></td><td><p>Asistémicos</p></td><td><p>Cambiar la coyuntura, paliar los efectos producidos por la injusticia</p></td><td><p>Antisistémicos</p></td></tr></tbody></table><p><b><i>2.2 Orientaciones y relaciones con el poder político</i></b></p><p>Un partido político tiene vocación de ejercer el poder político. Un movimiento social demanda&nbsp;<i>al</i>&nbsp;poder político que establezca determinados cambios en la sociedad. Uno –el partido- está orientado a ejercer el poder. Sin embargo, los movimientos sociales no son ajenos al mundo cruzado y conformado por el poder político. Parten de la constatación de que el poder es ajeno u hostil. Pero no pretenden que el poder desaparezca o vivir ellos al margen del poder. Pretenden que el poder político, realmente existente, cambie y actúe a favor de sus&nbsp; demandas.</p><p>Se destacan ahora las tensiones y conflictos&nbsp;<i>internos&nbsp;</i>en los que se ve inmerso el movimiento social como consecuencia de sus relaciones con el poder político. Un movimiento social mantiene una relación ambivalente con el poder. Sabe que tiene que exigirle, que demandarle, pero al mismo tiempo sabe que debe discutir y, eventualmente, negociar con él, supone parecerse a él, aceptar sus reglas de juego, de lógica en los procedimientos de toma de decisiones. Y ese acercamiento, es eventual integración en su espacio de juego, puede desvirtuar tanto sus estrategias de movilización como la autonomía y el “cuidado” de su identidad colectiva. Por eso, los movimientos sociales están dispuestos a presionar – a comprometerse al máximo- en las etapas de la demanda; en todo aquello que sea necesario para que el poder político&nbsp;<i>tenga en cuenta</i>&nbsp;las pretensiones, las demandas del movimiento. Pero tendrá muy serios recelos para participar en los procedimientos y escenarios políticos decisorios porque no querrá sentirse copartícipe de las decisiones.</p><p>Los grupos de interés presentan un comportamiento más sencillo. A los grupos de interés lo que les preocupa es que el poder político tome decisiones acordes&nbsp; a los intereses que ellos representan. Y para ello, están dispuestos a situarse en el mejor espacio posible para obtener una adecuada respuesta a sus intereses. Un grupo de interés presionará al máximo en la fase de canalización de sus demandas. Pero si puede – si le dejan- tratará de estar presente en la decisión. A un grupo de interés no le genera ningún problema el ser identificado con el poder político. No tiene una visión alternativa (ni siquiera crítica) sobre lo político. Su problema es cómo conseguir la concreta materialización de concretos intereses de sus concretos y muy definidos representados. Y si ese objetivo acaban tomando decisiones conjuntas con el poder político, ello no es asunto que les genere disensiones o crisis internas. Todo lo contrario. Será para ello motivo de auténtica satisfacción.</p><p><b><i>2.3 Organización/Acción: la identidad colectiva</i></b></p><p>Los movimientos funcionan ante el resto de la sociedad como una clase especial de médium cuya función principal es sacar a la luz lo que el sistema no dice por sí mismo, la cuota de silencio, de violencia, de arbitrariedad que siempre subyace en los códigos dominantes. Los movimientos son medios que nos hablan a través de la acción… su papel como intermediarios entre los dilemas del sistema y de la vida diaria de las personas se manifiestan principalmente en lo que hace: su mensaje central consiste en el hecho de que existen y actúan… A través de lo que hacen y de su forma de hacerlo, los movimientos anuncian que existen otros caminos, que siempre habrá otra forma de enfocar un asunto y que las necesidades de los individuos o de los grupos no pueden reducirse a la definición que de ellos hace el poder. Por consiguiente la acción de los movimientos se plantea en el ámbito de los símbolos y la comunicación (Melucci, 1994: 145-146).</p><p>En los partidos existe una estructura organizativa que, al margen de sus orígenes y renovación democrática, funciona de forma vertical. En un partido no todo el mundo puede tomar todas las decisiones y, por supuesto, no todo el mundo participa por igual en los distintos procesos de decisión.</p><p>Por el contrario, en un movimiento social, las tendencias organizativas dominantes son diferentes. Predomina la horizontalidad en la toma de decisiones. Se supone que todo el mundo debe, o al menos puede, decidir sobre todo, y los derechos y los deberes de los participantes no suelen estar regulados. Prima la buena fe sobre la eficacia y la informalidad. La plasticidad organizativa es la regla, nunca la excepción. Las diferencias organizativas con los grupos de interés también son manifiestas. El grupo de interés tan sólo pretende ser eficaz en la exigencia de sus demandas, para lo que establecerán una organización formal y preferiblemente vertical. Para el movimiento<i>, la cuestión organizativa no sólo es un medio sino un fin en sí mismo</i>. Su propuesta, fundamentada en la participación, pudiera ser discutible desde el paradigma de la eficacia. Pero les resulta necesaria desde la necesidad de vivir y moverse en la sociedad, como un grupo que de alguna forma se afirma diferente.</p><p>La afirmación anterior señala uno de los rasgos característicos de los movimientos sociales. Los mismos presentan una&nbsp;<i>identidad colectiva</i>&nbsp;que les diferencia de los partidos políticos y grupos de interés. Un movimiento social es también un proceso de construcción de una identidad colectiva. Un deseo, una afirmación y una práctica social, de ver,&nbsp; interpretar, estar, y comportarse colectivamente de forma diferenciada, en el mundo. Los miembros de un movimiento social tienden a ver la realidad, y, en muchos casos, a vivirla cotidianamente, a través del prisma que les otorga su pertenencia al movimiento social en general, y en particular a la identidad colectiva construida por el mismo.</p><p>En los grupos de interés tal búsqueda de identidad colectiva prácticamente no existe y, por lo que se refiere a los partidos políticos, es incuestionable que algunos de ellos –especialmente los partidos comunistas, socialdemócratas y nacionalistas- conformaron también estas identidades colectivas. Hoy resulta muy dudosa la persistencia de la misma.</p><p><b><i>2.4 El movimiento/red</i></b></p><p>Normalmente, un movimiento social es un movimiento amplio, una familia/red de movimientos. Y hasta en ocasiones se vive como un movimiento/comunidad. Desde esta perspectiva, el movimiento&nbsp;<i>viene definido por los lazos</i>&nbsp;que unen – y al mismo tiempo comparten- un conjunto de individuos, grupos, movimientos locales o limitados a una sola reivindicación (¡y hay partidos políticos ligados – por razones instrumentales- a la red!). Los que participan en esa comunidad/movimiento tienden más a identificarse con la cultura y los objetivos generales de la red, del conjunto del movimiento, que con el concreto grupo del movimiento en el que desarrollan habitualmente su activismo.</p><p>Dos ejemplos sobre esta concepción del movimiento como una red:&nbsp;<i>el movimiento sindical</i>&nbsp;y el&nbsp;<i>movimiento ecologista</i>&nbsp;alemán.</p><p>El movimiento obrero, hoy en día, incluiría en su seno no sólo a los grupos de trabajadores que eventualmente se movilizan para conseguir sus reivindicaciones sino también a las organizaciones sindicales estables. Éstas siguen formando parte de la familia/movimiento obrero, en cuanto que al margen de la defensa específica de los intereses de sus afiliados se sienten concernidas, y de alguna forma actúan en consecuencia, por los derechos y anhelos de la clase trabajadora. Comparten una cierta identidad común de clase y también, al margen de las relaciones formales que establezcan entre sí o con movimientos irregulares de trabajadores, tratan de adecuar sus acciones colectivas a los intereses y estrategias de esos&nbsp; otros grupos.</p><p>La existencia de esta red/movimiento obrero evidentemente no quiere decir que todos los sindicatos formen parte de la red. Sin duda, existen sindicatos radicalmente corporativos cuyo único ideario única estrategia es la defensa de los intereses de sus afiliados.</p><p>Si se desciende a un ejemplo más limitado territorialmente y observamos el caso del movimiento ecologista alemán, que se articula con gran fuerza a partir de los años setenta, observamos que en un primer momento el propio partido político verde alemán es una parte de dicho movimiento. Y ello es así en cuanto que mantiene una relación horizontal y comparte identidad con las demás organizaciones sociales, regulares e irregulares, del movimiento. Hoy en día, ya no resulta posible hacer esta afirmación en cuanto que el partido se ha “salido”, cultural y relacionalmente, de la familia del movimiento verde.</p><p>También son concluyentes las divergencias en los&nbsp;<i>medios de acción</i>. Lo característico de los grupos de&nbsp; interés es el uso de medios convencionales (escritos, reuniones con autoridades, etc.) y, por el contrario, los movimientos priorizan las acciones no – o menos- convencionales (manifestaciones, encierros, etc.).</p><p><b><i>2.5 Intereses representados</i></b></p><p>Una diferencia entre partidos y movimientos que no exige demasiadas explicaciones es la que describe&nbsp;<i>cómo</i>&nbsp;se representan los intereses de uno y otro. El partido canaliza electoralmente los intereses, y el movimiento lo hace como acabamos de señalar, con medios no convencionales – huelgas, manifestaciones, eventualmente acciones violentas, etc.- y en ningún caso por medio de la vía electoral.</p><p>Algo más complejo resulta delimitar qué intereses – cualitativa y cuantitativamente- representan unos y otros. En un principio parecería que los modernos partidos políticos pretenden representar intereses muy genéricos, indeterminados; pretenden armonizar todo tipo de intereses (individuales, colectivos y también de determinados colectivos) de toda la población. Por el contrario, los movimientos sociales representan limitados intereses de concretos grupos sociales. Sin embargo, también se produce en los movimientos sociales un proceso de indeterminación, de universalización de intereses. Así, un movimiento ecologista que vas más allá de resolver su conflicto medioambiental local, tiende a atribuirse con sus demandas (el calentamiento de la tierra, por ejemplo) la defensa de la humanidad entera.</p><p>En su relación con los grupos de interés, debe señalarse que en los movimientos sociales existe un proceso de autoarrogamiento en la representación de intereses colectivos, mientras que en los grupos de interés este proceso de representación de intereses colectivos, mientras que en los grupos de interés este proceso de representación sigue ciertas reglas formales. Un movimiento ecologista, por ejemplo, decide que él representa los interese medioambientales de una determinada comunidad, al margen de cómo, cuándo y por quién hayan sido expresados dichos intereses. Y un sindicato de pilotos de aviones sólo decide que sus afiliados expresamente han decidido que decida.</p><p>Por otro lado los supuestos beneficiarios de la acción pública de un movimiento son en un principio, bastante indeterminados. Los vecinos, los jóvenes, las mujeres, los trabajadores, los marginados sociales. Al mismo tiempo, y como vimos al compararlos con los partidos políticos, en los movimientos puede aparecer un segundo beneficiario: la humanidad entera. Indeterminación y eventual globalización no aparecen en los grupos de interés, donde los beneficiarios son una concreta, identificable y limitada categoría de individuos.</p><p><b><i>2.6 La estrategia conflictiva</i></b></p><p>Lo característico de los movimientos sociales es la utilización de los medios no convencionales. El repertorio de estos medios ha ido variando a lo largo de la historia, pero lo que es evidente es que al margen de su mayor o menor legalidad, los medios de acción&nbsp;<i>prioritarios</i>&nbsp;empleados por&nbsp; los movimientos sociales expresan una cierta desconfianza respecto a los canales reivindicativos más “normalizados”. A los movimientos sociales les preocupa la legitimidad de sus acciones. No les importa que el poder político, su receptor, las considere poco cooperativas, poco “correctas”, excesivamente conflictivas. Lo que les interesa es si las mismas son vistas como legitimas por la sociedad, si esta las comprende, acepta y, eventualmente, apoya.</p><p>Este carácter conflictivo de los medios empleados da paso a una afirmación, que quizá se haya dado por supuesta, pero que en cualquier caso conviene explicitar. Si un grupo de interés se mueve en el terreno de la c<i>ooperación</i>&nbsp;y&nbsp; un partido&nbsp;<i>compite&nbsp;</i>por el poder, la estrategia central de un movimiento social es la del&nbsp;<i>conflicto</i>. Un conflicto identitario y, desde luego, un conflicto con el poder político. Porque frecuentemente no se le permite cooperar, porque casi siempre, y en cualquier caso, cree que logrará antes y mejor sus objetivos con la opción conflictiva que con la cooperativa.</p><p><b><i>2. 7 El horizonte anti sistémico</i></b></p><p>Se afirma que lo que define a los movimientos sociales es que los conflictos que plantean son inabsorbibles por el Sistema (específicamente por el sistema político). O dicho de otra forma, que lo que pretenden los movimientos sociales es romper los límites del sistema. Esta pretensión sin duda les diferencia de los otros actores colectivos. Un grupo de interés nunca planteará una reivindicación antisistémica. Es más, está más allá de su razón de ser el sentirse preocupado por el mantenimiento del sistema, aspecto que, salvo excepciones, sí les preocupa a los partidos políticos. La asignación rupturista a los movimientos sociales es, sin embargo, algo dudosa, porque no es obvio que éste sea un rasgo expresa y sistemáticamente asumido y defendido siempre por los mismos.</p><p>Todos los movimientos sociales (desde el obrero al de los derechos humanos, pasando por el ecologista) analizados en su ciclo total, en su evolución completa, presentan en la fase, normalmente de formación y despliegue del movimiento/comunidad (del movimiento&nbsp;<i>en</i>&nbsp;red)&nbsp; síntomas de alternatividad antisistémica. Proclaman que sus propuestas sirven para la solución global de todos problemas de la convivencia humana y exigen que el sistema rompa sus reglas de juego para atender a sus reivindicaciones. Síntomas alternativos. Y síntomas de que el movimiento está en un momento de intensa construcción y afirmación de su identidad colectiva.</p><p>Pero no siempre todo ciclo vital de un movimiento está caracterizado por la expresión de esos síntomas. Se puede decir que lo habitual es que en su fase constitutiva y ascendente todos los movimientos tiendan a presentarse con los rasgos alternativos, antisistémicos. Y en fases posteriores, de estabilidad o declive, estos rasgos se van debilitando, convirtiéndose el movimiento en un grupo más convencional tanto desde la perspectiva organizativa como desde la cultural. En consecuencia, se puede afirmar que no hay distintos movimientos sociales, unos nuevos y otros viejos, sino que todos los movimientos sociales, dependiendo de la coyuntura, pueden ser –y suelen ser—viejos (convencionales) o nuevos (alternativos).</p><p><b><i>3. Una segunda delimitación</i></b></p><p>Como se apuntaba, hay un conjunto de formas de acción colectiva –las ONGs- que pueden también considerarse movimientos sociales. Establecer las diferencias y semejanzas con estas organizaciones “hermanas” de los movimientos sociales puede ayudar a dar una definición más adecuada de los mismos. Una definición que, en la medida en que de alguna forma incluya esas otras formas de organización, tendrá un carácter dinámico y flexible.</p><p><b><i>3.1 Movimientos sociales y ONGs. Un cuadro general</i></b></p><p>Las ONGs no son grupos de interés en el sentido estricto del término. Lo son en cuanto a sus formas organizativas y de acción. Pero no lo son en un aspecto sustancial. En los intereses que representan y defienden. Una ONG, un grupo que quiere cooperar para el desarrollo de una comunidad agrícola desfavorecida en un país del tercer mundo, o un grupo que lucha contra las vejaciones racistas que sufren los emigrantes, no actúa para beneficio de sus socios o adheridos. Pretende representar los intereses, quebrar los agravios, de individuos y grupos que no están en la ONG. Sus objetivos son en este aspecto públicos, situados más allá de los privados intereses de sus componentes. Por eso también se puede denominar a las ONGs como&nbsp;<i>grupos de interés público</i>.</p><p>&nbsp;Es desde esta nueva división y perspectiva como se compara ahora por un lado a los movimientos sociales en general y, por otro, a las ONGs en general.</p><p><b><i>3.2 Explicación de las diferencias y semejanzas.</i></b></p><p>No se van a describir en profundidad todas estas diferencias en la medida en que algunas pueden ser deducidas directamente del cuadro. Sin embargo, sería útil hacer alguna precisión. Las ONGs muestran ciertos rasgos similares a los de los grupos de interés, pero también comparten (<i>las características que aparecen en cursiva</i>) ciertas características con los que hemos denominado el conjunto de los movimientos sociales. Por otro lado, en algunas de las categorías las diferencias no son las taxativas sino sólo de intensidad. Así, examinando las variables, vemos que:</p><p>&nbsp; -Respecto al concepto de&nbsp;<i>bien que es construido y a los intereses representados</i>, prevalecen las similitudes sobre las diferencias. Las ONGs también defienden que solamente desde la práctica de la solidaridad es posible demandar el bien colectivo, y extienden esta definición de la solidaridad a la forma en que&nbsp;<i>el bien buscado debe ser disfrutado</i>; el desarrollo económico de los desfavorecidos, la paz, etc., son bienes para la comunidad, que no deben ser divididos ni individualmente asignados.</p><p>&nbsp; -Lo mismo vale para los&nbsp;<i>intereses representados</i>. Independientemente de si el proceso de evolución tiende hacia una mayor determinación y sectorialización, es evidente que no constituyen la agregación de concretos y delimitados intereses de los miembros del movimiento, a la manera en que aparecen los grupos de interés.</p><p>&nbsp; -La distancia se incrementa en las otras categorías. Estos&nbsp; movimientos son tan sólo “formalmente” comunitarios, siendo su&nbsp;<i>identidad</i>&nbsp;débil y compartida con otras identidades colectivas o individuales. Como resultado de ello, no son movimientos con una excesiva vocación comunitaria; aceptan como algo natural la diversificación y atomización de la sociedad actual y no persiguen el recrear un mundo a imagen y&nbsp; semejanza de su identidad colectiva y su comunidad.</p><p>&nbsp; -En las cuatro categorías siguientes, las similitudes y diferencias están mezcladas. Las ONGs solidarias mantienen algunas –aunque muy genéricas- convicciones críticas; no se&nbsp;<i>organizan&nbsp;</i>en forma jerárquica (para ellos la participación es una opción razonable) pero tienden a elegir&nbsp;<i>medios</i>&nbsp;convencionales y su estrategia básica es la de&nbsp;<i>cooperación</i>.</p><p>&nbsp; -Finalmente, hay que recordar algo que ha sido ya referido en el lugar adecuado: estos movimientos no son&nbsp;<i>antisistema</i>. No sería adecuado afirmar que son conservadores, Pero sus reivindicaciones y sus prácticas, en principio, no cuestionan las estructuras básicas del sistema.&nbsp;</p><p><b>&nbsp; COLEGIO DE BACHILLERES&nbsp;</b></p><p><b>PROYECTO Y ENTORNO DE VIDA</b></p><p><b>BLOQUE TEMATICO 3. DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO</b></p><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 12.</b></p><p><b>NOMBRE DEL ALUMNO(S): ________________________________________ GRUPO: ____________</b></p><p><b>INSTRUCCIONES:&nbsp;</b>Leer y analizar la lectura de Ibarra, Pedro. Manual de la Sociedad Civil y Movimientos Sociales, Madrid, Síntesis, 2005, pp. 77-91.&nbsp;<b>Propósito:</b>&nbsp;Caracterizar las diferentes organizaciones que participan en&nbsp; la construcción de la democracia, y anotar dos&nbsp; ejemplos de cada una de ellas.</p><table><tbody><tr><td><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 12.</b></p></td></tr><tr><td><p><b>ORGANIZACIONES</b></p></td><td><p><b>CARACTERISTICAS Y EJEMPLO(S)</b></p></td></tr><tr><td><p><b>Movimientos Sociales</b></p></td></tr><tr><td><p><b>ONGs</b></p></td></tr><tr><td><p><b>Partidos Políticos</b></p></td></tr><tr><td><p><b>Grupos de Interés</b></p></td></tr></tbody></table></p>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-08 02:20:22 UTC</pubDate>
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         <title>¿QUE ES LA DEMOCRACIA, Y  CUALES SON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES?</title>
         <author>estrella_lizbeth_999</author>
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         <description><![CDATA[<p><b>COLEGIO DE BACHILLERES&nbsp;</b></p><p><b>PROYECTO Y ENTORNO DE VIDA</b></p><p><b>BLOQUE TEMATICO 3. DEMOCRACIA Y ESTADO DE DERECHO</b></p><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 11.</b></p><p><b>NOMBRE DEL ALUMNO(S):Mosqueda Labra Lizbeth Gpe GRUPO:559</b></p><p><b>INSTRUCCIONES</b>: Realiza la lectura&nbsp; de Touraine, Alain ¿Qué es la democracia?, México, FCE, 1995, pp. 42-46, 87-90.&nbsp;<b>Propósito</b>: Reflexionar y argumentar el papel del ciudadano en un Estado democrático.</p><table><tbody><tr><td><p><b>ANDAMIO COGNITIVO 11.</b></p></td></tr><tr><td><p><b>¿Explica por qué un Estado democrático es el que permite y alienta la constitución del ciudadano?</b></p><p><b>Ayuda en la cuestión de apoyar la cuestión de la organización , para lograr un fin lucrativo que convenga para las personas que influyan en el problema. Influye en el propósito de querer cambiar la forma de pensar de los individuos.</b></p><p><b>Infiere en las cuestiones de política con la constitución para resolver las cuestiones de tener una solución efectiva.&nbsp;</b></p></td></tr><tr><td><p><b>¿Qué relación existe entre los movimientos sociales y la democracia?</b></p><p><b>La relación no es mucha , ya que son cuestiones distintas por que la democracia es aquella que se realiza a través de una organización a base de una buena representación a la que se quiera llegar, y los movimientos sociales, son las personas que estar inconformes con la cuestión de la decisión que se haya tomado anteriormente, su reacción de inconformidad la realizan a través de marchas, un ejemplo sería cuando se realizaron las marchas para que Enrique Peña Nieto renunciara al poder de la presidencia, cosa que no dio resultado, pero se vio la diferencia, o algunos cambios que quizas queríamos como sociedad.</b></p></td></tr></tbody></table>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-11 05:26:23 UTC</pubDate>
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         <title>¿QUE ES LA DEMOCRACIA, Y  CUALES SON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES?</title>
         <author>andysh_miranda</author>
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         <description><![CDATA[<p>Hola profesor, buen día.  Espero que tenga un bonito inicio de semana.  </p>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-14 00:03:28 UTC</pubDate>
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         <title>sotres arriaga frida samara</title>
         <author>samararomina21</author>
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         <pubDate>2015-12-14 00:35:32 UTC</pubDate>
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         <title>¿QUE ES LA DEMOCRACIA, Y  CUALES SON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES?</title>
         <author>andysh_miranda</author>
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         <description><![CDATA[<p>Profesor espero que tenga unas lindas vacaciones (: </p>]]></description>
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         <pubDate>2015-12-14 05:47:50 UTC</pubDate>
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         <title></title>
         <author>ferchocante41</author>
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