<?xml version="1.0"?>
<rss version="2.0">
   <channel>
      <title>&quot;El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha&quot; by Evelyn Zamora</title>
      <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw</link>
      <description>Aquí encontrarás información general para comenzar con el tema.</description>
      <language>en-us</language>
      <pubDate>2016-12-10 21:51:36 UTC</pubDate>
      <lastBuildDate>2021-04-08 15:39:44 UTC</lastBuildDate>
      <webMaster>hello@padlet.com</webMaster>
      <image>
         <url>https://padletuploads.blob.core.windows.net/aws/138533969/8e242517ebf98d513cfde41f9d0996d5/video1.png</url>
      </image>
      <item>
         <title>Don Quijote de la Mancha.</title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/142966893</link>
         <description><![CDATA[<div>Introducción a la obra</div>]]></description>
         <enclosure url="https://www.youtube.com/watch?v=hVHcABu50sU" />
         <pubDate>2016-12-10 22:24:19 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/142966893</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Preguntas sobre el capítulo 1</title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/465694490</link>
         <description><![CDATA[<div><br></div><div>1. ¿Quién escribió el texto?</div><div>2. Identifica su estructura externa.</div><div>3. ¿A qué género literario pertenece?</div><div>4. ¿Cómo puedo clasificar el título? Justifica tu respuesta.</div><div>5. ¿En qué lugar se desarrollan los hechos?</div><div>6. ¿Cuáles son las características del protagonista?</div><div>7. ¿Con quién vive?</div><div>8. ¿Por qué decide armarse caballero?</div><div>9. ¿Qué elementos necesita para armarse caballero?</div><div>10. ¿En qué época está ambientada la obra? Justifica tu respuesta.</div><div>11. ¿Qué tema o temas se plantean en este capítulo? Fundamenta con citas de texto.</div><div>12. ¿Qué elementos destacan la situación económico- social del protagonista?</div><div>13. ¿En qué momento se manifiesta “la locura” del hidalgo? Justifica tu respuesta empleando citas textuales.</div><div>14. Identifica, explica y analiza los recursos literarios que aparecen en el siguiente fragmento:</div><div><em>“En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro...”</em></div><div>15. ¿Qué importancia crees que adquiere el proceso de creación de los nombres: el de su caballo, el de su dama y el suyo? Fundamenta tu respuesta.</div><div>&nbsp;<br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2020-03-19 02:49:46 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/465694490</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Película completa</title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/465696207</link>
         <description><![CDATA[<div>año 2000</div>]]></description>
         <enclosure url="https://www.youtube.com/watch?v=hjR5g3mbkcw" />
         <pubDate>2020-03-19 02:53:39 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/465696207</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Texto</title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/465698936</link>
         <description><![CDATA[<div>Haciendo clic en los números te llevará a las notas.<br><strong>CAPÍTULO PRIMERO</strong><em><br> Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo</em><a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn1"><sup>I</sup></a><em> don Quijote de la Mancha</em><a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np1n"><sup>1</sup></a></div><div>En un lugar de la Mancha<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np2n"><sup>2</sup></a>, de cuyo nombre no quiero acordarme<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np3n"><sup>3</sup></a>, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np4n"><sup>4</sup></a>. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np5n"><sup>5</sup></a>, duelos y quebrantos los sábados<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np6n"><sup>6</sup></a>, lantejas los viernes<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np7n"><sup>7</sup></a>, algún palomino de añadidura los domingos<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np8n"><sup>8</sup></a>, consumían las tres partes de su hacienda<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np9n"><sup>9</sup></a>. El resto della concluían sayo de velarte<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np10n"><sup>10</sup></a>, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np11n"><sup>11</sup></a>, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np12n"><sup>12</sup></a>. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np13n"><sup>13</sup></a>. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np14n"><sup>14</sup></a>. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np15n"><sup>15</sup></a>, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn2"><sup>II</sup></a> se deja entender que se llamaba «Quijana»<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn3"><sup>III</sup></a><sup>, </sup><a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np16n"><sup>16</sup></a>. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.</div><div>Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np17n"><sup>17</sup></a>, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn4"><sup>IV</sup></a> leer<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np18n"><sup>18</sup></a>, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bien<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn5"><sup>V</sup></a> como los que compuso el famoso Feliciano de Silva<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np19n"><sup>19</sup></a>, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np20n"><sup>20</sup></a>, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura»<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np21n"><sup>21</sup></a>. Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza...»<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np22n"><sup>22</sup></a></div><div>Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np23n"><sup>23</sup></a>. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra como allí se promete<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np24n"><sup>24</sup></a>; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np25n"><sup>25</sup></a>, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Cigüenza—<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np26n"><sup>26</sup></a> sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np27n"><sup>27</sup></a>; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np28n"><sup>28</sup></a>, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo, que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np29n"><sup>29</sup></a>.</div><div>En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np30n"><sup>30</sup></a>, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np31n"><sup>31</sup></a>. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn6"><sup>VI</sup></a> que leía<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np32n"><sup>32</sup></a>, que para él no había otra historia más cierta en el mundo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np33n"><sup>33</sup></a>. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de solo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np34n"><sup>34</sup></a>. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán, el encantado<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np35n"><sup>35</sup></a>, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#acn7"><sup>VII</sup></a>, el hijo de la Tierra, entre los brazos<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np36n"><sup>36</sup></a>. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np37n"><sup>37</sup></a>. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np38n"><sup>38</sup></a>. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/default.htm#np39n"><sup>39</sup></a>, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura.</div><div>En efeto, rematado ya su juicio<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np40n"><sup>40</sup></a>, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np41n"><sup>41</sup></a>, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np42n"><sup>42</sup></a>, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np43n"><sup>43</sup></a>, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos del imperio de Trapisonda<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np44n"><sup>44</sup></a>; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np45n"><sup>45</sup></a>, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero  que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn8"><sup>VIII</sup></a> de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo; pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np46n"><sup>46</sup></a>; mas a esto suplió su industria<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np47n"><sup>47</sup></a>, porque de cartones hizo un modo de media celada que, encajada con el morrión, hacían<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn9"><sup>IX</sup></a> una apariencia de celada entera<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np48n"><sup>48</sup></a>. Es verdad que, para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np49n"><sup>49</sup></a>, sacó su espada<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np50n"><sup>50</sup></a> y le dio dos golpes<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np51n"><sup>51</sup></a>, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np52n"><sup>52</sup></a>, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.</div><div>Fue luego a ver su rocín<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn10"><sup>X</sup></a>, y aunque tenía más cuartos que un real<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np53n"><sup>53</sup></a> y más tachas que el caballo de Gonela, que «tantum pellis et ossa fuit»<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np54n"><sup>54</sup></a>, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np55n"><sup>55</sup></a>; porque —según se decía él a sí mesmo— no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np56n"><sup>56</sup></a>; y ansí procuraba acomodársele, de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn11"><sup>XI</sup></a> famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn12"><sup>XII</sup></a> que ya profesaba<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np57n"><sup>57</sup></a>; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np58n"><sup>58</sup></a>, al fin le vino a llamar «Rocinante», nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np59n"><sup>59</sup></a>.</div><div>Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar «don Quijote»<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np60n"><sup>60</sup></a>; de donde, como queda dicho<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn13"><sup>XIII</sup></a>, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que sin duda se debía de llamar «Quijada» , y no «Quesada», como otros quisieron decir<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np61n"><sup>61</sup></a>. Pero acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse «Amadís» a secas<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np62n"><sup>62</sup></a>, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn14"><sup>XIV</sup></a>, y se llamó «Amadís de Gaula»<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np63n"><sup>63</sup></a>, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse «don Quijote de la Mancha», con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.</div><div>Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn15"><sup>XV</sup></a> <a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np64n"><sup>64</sup></a>, se dio a entender<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np65n"><sup>65</sup></a> que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np66n"><sup>66</sup></a>. Decíase él:</div><div>—Si yo<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn16"><sup>XVI</sup></a>, por malos de mis pecados<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np67n"><sup>67</sup></a>, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np68n"><sup>68</sup></a>, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np69n"><sup>69</sup></a>, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np70n"><sup>70</sup></a>, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np71n"><sup>71</sup></a>, y diga con voz humilde y rendida:<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn17"><sup>XVII</sup></a> «Yo, señora<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn18"><sup>XVIII</sup></a>, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np72n"><sup>72</sup></a>, a quien venció en singular batalla<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np73n"><sup>73</sup></a> el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra merced<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn19"><sup>XIX</sup></a>, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»?<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np74n"><sup>74</sup></a></div><div>¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#acn20"><sup>XX</sup></a> dello<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np75n"><sup>75</sup></a>. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto<a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/cap01_02.htm#np76n"><sup>76</sup></a>.</div><div><a href="https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte1/cap01/nota_cap_01.htm">Lectura comentada (Francisco Rico y Joaquín Forradellas)</a></div><div>  </div><div><strong>Centro Virtual Cervantes</strong> © Instituto Cervantes, 1997-2020. Reservados todos los derechos. <a href="mailto:cvc@cervantes.es"><strong>cvc@cervantes.es</strong></a></div><div><br></div><div>El Instituto Cervantes utiliza cookies propias y de terceros para facilitar, mejorar y optimizar la experiencia del usuario, por motivos de seguridad, y para conocer sus hábitos de navegación. Recuerde que,cookies</div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2020-03-19 03:00:04 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/465698936</guid>
      </item>
      <item>
         <title>Texto</title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/473322196</link>
         <description><![CDATA[<div><strong><br>Capítulo III<br></strong><br></div><div><em>Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en armarse caballero<br> <br> </em></div><div><br> <br> </div><div>Y así, fatigado deste pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena; la cual acabada, llamó al ventero y, encerrándose con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole:</div><div>-No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano.</div><div>El ventero, que vio a su huésped a sus pies y oyó semejantes razones, estaba confuso mirándole, sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con él que se levantase, y jamás quiso, hasta que le hubo de decir que él le otorgaba el don que le pedía.</div><div>-No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío -respondió don Quijote-; y así, os digo que el don que os he pedido y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado es que mañana en aquel día me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro castillo velaré las armas, y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado.</div><div>El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué reír aquella noche, determinó de seguirle el humor; y así, le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia mostraba; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo, y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies y sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes, en pago de su buen deseo. Díjole también que en aquel su castillo no había capilla alguna donde poder velar las armas, porque estaba derribada para hacerla de nuevo; pero que, en caso de necesidad, él sabía que se podían velar dondequiera, y que aquella noche las podría velar en un patio del castillo; que a la mañana, siendo Dios servido, se harían las debidas ceremonias, de manera que él quedase armado caballero, y tan caballero, que no pudiese ser más en el mundo.</div><div>Preguntóle si traía dineros; respondió don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. a esto dijo el ventero que se engañaba: que, puesto caso que en las historias no se escribía, por haberles parecido a los autores dellas que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trujeron; y así, tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese sucederles; y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de ungüentos para curar las heridas que recebían, porque no todas veces en los campos y desiertos donde se combatían y salían heridos había quien los curase, si ya no era que tenían algún sabio encantador por amigo, que luego los socorría, trayendo por el aire, en alguna nube, alguna doncella o enano con alguna redoma de agua de tal virtud, que en gustando alguna gota della, luego al punto quedaban sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno hubiesen tenido; mas que, en tanto que esto no hubiese, tuvieron los pasados caballeros por cosa acertada que sus escuderos fuesen proveídos de dineros y de otras cosas necesarias, como eran hilas y ungüentos para curarse; y cuando sucedía que los tales caballeros no tenían escuderos (que eran pocas y raras veces), ellos mesmos lo llevaban todo en unas alforjas muy sutiles, que casi no se parecían, a las ancas del caballo, como que era otra cosa de más importancia; porque, no siendo por ocasión semejante, esto de llevar alforjas no fue muy admitido entre los caballeros andantes; y por esto le daba por consejo, pues aún se lo podía mandar como a su ahijado, que tan presto lo había de ser, que no caminase de allí adelante sin dineros y sin las prevenciones referidas, y que vería cuán bien se hallaba con ellas cuando menos se pensase.</div><div>Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba, con toda puntualidad, y así, se dio luego orden como velase las armas en un corral grande que a un lado de la venta estaba; y recogiéndolas don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba, y, embrazando su adarga, asió de su lanza, y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche.</div><div>Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su huésped, la vela de las armas y la armazón de caballería que esperaba. Admiráronse de tan extraño género de locura y fuéronselo a mirar desde lejos, y vieron que, con sosegado ademán, unas veces se paseaba; otras, arrimado a su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen espacio dellas. Acabó de cerrar la noche; pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos. Antojósele en esto a uno de los arrieros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue menester quitar las armas de don Quijote, que estaban sobre la pila; el cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo:</div><div>-¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada! Mira lo que haces y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento.</div><div>No se curó el arriero destas razones (y fuera mejor que se curara, porque fuera curarse en salud); antes, trabando de las correas, las arrojó gran trecho de sí. Lo cual visto por don Quijote, alzó los ojos al cielo y, puesto el pensamiento (a lo que pareció) en su señora Dulcinea, dijo:</div><div>-Acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece: no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo.</div><div>Y diciendo éstas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alzó la lanza a dos manos y dio con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, que le derribó en el suelo, tan maltrecho, que si segundara con otro, no tuviera necesidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogió sus armas y tornó a pasearse con el mismo reposo que primero. Desde allí a poco, sin saberse lo que había pasado (porque aún estaba aturdido el arriero), llegó otro con la mesma intención de dar agua a sus mulos y, llegando a quitar las armas para desembarazar la pila, sin hablar don Quijote palabra y sin pedir favor a nadie, soltó otra vez la adarga y alzó otra vez la lanza y, sin hacerla pedazos, hizo más de tres la cabeza del segundo arriero, porque se la abrió por cuatro. Al ruido acudió toda la gente de la venta, y entre ellos el ventero. Viendo esto don Quijote, embrazó su adarga y, puesta mano a su espada, dijo:</div><div>-¡Oh señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo.</div><div>Con esto cobró, a su parecer, tanto ánimo, que si le acometieran todos los arrieros del mundo, no volviera el pie atrás. Los compañeros de los heridos, que tales los vieron, comenzaron desde lejos a llover piedras sobre don Quijote, el cual, lo mejor que podía, se reparaba con su adarga, y no se osaba apartar de la pila, por no desamparar las armas. El ventero daba voces que le dejasen, porque ya les había dicho como era loco, y que por loco se libraría, aunque los matase a todos. También don Quijote las daba, mayores, llamándolos de alevosos y traidores, y que el señor del castillo era un follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentía que se tratasen los andantes caballeros; y que si él hubiera recebido la orden de caballería, que él le diera a entender su alevosía: -pero de vosotros, soez y baja canalla, no hago caso alguno: tirad, llegad, venid, y ofendedme en cuanto pudiéredes; que vosotros veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía.</div><div>Decía esto con tanto brío y denuedo, que infundió un terrible temor en los que le acometían; y así por esto como por las persuasiones del ventero, le dejaron de tirar, y él dejó retirar a los heridos y tornó a la vela de sus armas, con la misma quietud y sosiego que primero.</div><div>No le parecieron bien al ventero las burlas de su huésped, y determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese. Y así, llegándose a él, se desculpó de la insolencia que aquella gente baja con él había usado, sin que él supiese cosa alguna; pero que bien castigados quedaban de su atrevimiento. Díjole como ya le había dicho que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba de hacer tampoco era necesaria; que todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo, según él tenía noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer; y que ya había cumplido con lo que tocaba al velar de las armas, que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más que él había estado más de cuatro. Todo se lo creyó don Quijote, y dijo que él estaba allí pronto para obedecerle, y que concluyese con la mayor brevedad que pudiese; porque si fuese otra vez acometido y se viese armado caballero, no pensaba dejar persona viva en el castillo, eceto aquéllas que él le mandase, a quien por su respeto dejaría.</div><div>Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino adonde don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas; y, leyendo en su manual (como que decía alguna devota oración), en mitad de la leyenda alzó la mano y diole sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su mesma espada, un gentil espaldazaro, siempre murmurando entre dientes, como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenían la risa a raya. Al ceñirle la espada, dijo la buena señora:</div><div>-Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en lides.</div><div>Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quién quedaba obligado por la merced recebida, porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa, y que era hija de un remendón natural de Toledo que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya, y que dondequiera que ella estuviese le serviría y le tendría por señor. Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió, y la otra le calzó la espuela; con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de la espada. Preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.</div><div>Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no vio la hora don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras; y, ensillando luego a Rocinante, subió en él y, abrazando a su huésped, le dijo cosas tan extrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado caballero, que no es posible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retóricas, aunque con más breves palabras, respondió a las suyas y, sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buen hora.</div><div><br> <br> <br> </div><div> <br><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2020-03-24 18:16:05 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/473322196</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/473324383</link>
         <description><![CDATA[<div><strong>Preguntas sobre el capítulo 3</strong><br><br></div><div>1)      Busca y registra en tu cuaderno eran los pasos a seguir para armarse caballero en Edad Media.</div><div>2)      Explica las diferencias entre la realidad y lo que hace Quijote.</div><div>3)      ¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre el ventero y el protagonista?</div><div> </div><div><strong>Debes tener en cuenta realizar un texto coherente e incluir y explicar los recursos que aparezcan.<br></strong><br></div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2020-03-24 18:17:09 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/473324383</guid>
      </item>
      <item>
         <title></title>
         <author>evezam2010</author>
         <link>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/495250037</link>
         <description><![CDATA[<div>Solución del ejercicio sobre el capítulo 3:</div><div> </div><div>1) Busca y registra en tu cuaderno cuales eran los pasos a seguir para armarse caballero en Edad Media.</div><div> </div><div>Ser de cuna noble.</div><div>Tienes que tener buena posición económica para mantener a tu caballo, armadura y armas que necesitaban los caballeros para proteger las tierras de su señor.</div><div>Debes haber nacido varón.</div><div>Hay que aprender de los padres de lo que significa ser caballero, los modales y las costumbres.</div><div>A la edad de siete años un niño podría convertirse en paje, las tareas domésticas incluían servir como mozo y ayudar durante las comidas del señor.</div><div>Debía aprender a montar, a cazar, usar armas y el manejo de la espada, le enseñaban religión, razonamiento y agudeza mental.</div><div>A los catorce se convertía en escudero, los escuderos eran los aprendices de caballeros. El escudero ayudaba al caballero a ponerse la armadura y a mantenerlas, debía aprender a nadar y a escalar, también aprendían heráldica que eran símbolos de su casa y de otros nobles.</div><div>A los veintiún años un escudero que muestre ser digno de las lecciones es armado caballero.</div><div>Pasos de la ceremonia para el nombramiento como caballero:</div><div>-El escudo y la espada que el caballero va a usar serían colocados en el altar de la capilla y el aspirante estaría arrodillado o rezando por diez horas.</div><div>–A la mañana siguiente se celebra una misa con un sermón sobre las obligaciones de un caballero, el sacerdote bendecía el escudo y la espada y se los entregaba al mecenas. Dos mecenas presentaban al caballero ante el noble señor. Delante de él el caballero juraba lealtad. Luego el noble que presidía la ceremonia presentaba al caballero con la espada y el escudo, y le tocaba el hombro con la parte plana de la espada pronunciando las siguientes palabras ¨Te nombro a ti Sir (el nombre del caballero).</div><div> </div><div>2) Explica las diferencias entre la realidad y lo que hace Quijote.</div><div> </div><div>El personaje principal ve un castillo en lugar de la venta. Su locura no sólo lo lleva a ver otra realidad sino también a escuchar trompetas al llegar al lugar.</div><div> </div><div>Don Quijote era un hombre viejo para la época, su grafopeya no correspondía con un joven y fuerte caballero. No cumplió con el entrenamiento previo que llevaba años.</div><div>Quijote no buscó un noble que lo nombrara caballero, sino que le pidió al ventero, persona que no poseía la autoridad para hacerlo, ni tenía etopeyicamente la condición moral para hacerlo.</div><div>No veló las armas en una capilla, las iba a velar en un patio del ¨castillo¨ que era el patio del ventero. Tampoco puso las armas en un altar sino que las puso en el medio de un pozo, no veló sus armas por diez horas solo las veló por cuatro. </div><div>Lo nombró caballero el ventero, junto a la Tolosa y la Molinera, prostitutas de la venta, las que Quijote confunde con damas de la corte. </div><div>“Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción” </div><div> </div><div>3) ¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre el ventero y el protagonista?</div><div> </div><div>Podemos ver algunas similitudes entre los personajes como por ejemplos que ambos son inteligentes, también que son personas adultas, a su vez observamos que ambos tienen conocimiento sobre las leyes de la caballería.</div><div>En las diferencias vemos que Don Quijote etopeyicamente es estudioso, culto, decidido lo vemos a través de esta cita:</div><div> <em>“No me levantaré jamás de donde estoy”</em> cuando se arrodilla ante el ventero para que lo nombre caballero. A su vez vemos su valentía cuando se enfrenta a los arrieros:<em> “mira lo que haces y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento.” </em></div><div>Sus ideales son altos en pos del beneficio de los necesitados sin importarle su propio bienestar, en cambio el ventero era irónico y astuto porque le gustaba reírse de Don Quijote. En su juventud y mediante de varias metáforas nos damos cuenta que había sido un ladrón, se aprovechaba de las mujeres y de los jóvenes inocentes para robarlos. </div><div><em>“ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos”.</em></div><div>El verdadero motivo que lo mueve al ventero es el económico, pero Quijote <em>“no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído” </em></div><div> Podemos identificar una gran antítesis entre los personajes en este sentido, Quijote es un personaje honorable y su objetivo es ayudar a los demás mientras que el ventero solo piensa en él y su provecho.</div><div> </div><div> </div><div> </div>]]></description>
         <enclosure url="" />
         <pubDate>2020-04-06 16:33:19 UTC</pubDate>
         <guid>https://padlet.com/evezam2010/21ye6xvhuixw/wish/495250037</guid>
      </item>
   </channel>
</rss>
